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Oscar informal 2Muy recientemente, el diario digital LaPalmaAhora.com, ha realizado una entrevista al Presidente del Grupo Espírita de La Palma, Oscar García Rodríguez, en la cual vierte acertadas opiniones y puntualizaciones necesarias en torno a varios aspectos del Espiritismo que suelen ser muy mal entendidos por el público lego y aún por parte de algunos que se identifican como partícipes de la filosofía espiritistista. Si quieres leerla en su totalidad, clica en el siguiente enlace:  http://www.lapalmaahora.com/articulo/sociedad/-la-muerte-no-existe-en-ese-aparente-fin-dejamos-el-traje-de-carne-y-continuamos-viviendo-en-otro-plano-existencial/20130709223955007462.html

consciencia

¿QUÉ ES “ESPIRITUAL”?

Dr. David R. Hawkins

Muchas personas suelen confundir lo “espiritual” con lo “religioso”, e incluso con lo sobrenatural, o los dominios “astrales”. Pero, de hecho, se trata de cosas bastante diferentes, y esta confusión a menudo deriva en conflictos sociales e incertidumbre.

(…) La religión divide y está basada en el poder secular, mientras que la espiritualidad une y no tiene organización en el mundo. (…) Puede ser sectaria y dividir a las personas en grupos conflictivos, a menudo con graves consecuencias para la civilización y para la vida misma, tal como podemos ver en la historia.

El poder de los grupos verdaderamente espirituales se origina únicamente por la veracidad de sus enseñanzas, y no disponen de ningún poder terrenal significativo, edificios, riquezas, o dirigentes reinantes. Generalmente, en la espiritualidad, las ideas centrales que mantienen unido al grupo son habitualmente las del amor, el perdón, la paz, la gratitud, el agradecimiento, el no-materialismo, y la no-crítica.

Normalmente, la religión, en su esencia, tuvo originalmente un núcleo de espiritualidad que, no obstante, termina por sumergirse y perderse de vista. De otro modo, la guerra, por ejemplo, tendría pocas oportunidades de, incluso, suceder.

La verdad espiritual, por tanto, es universalmente verdadera y no sufre variaciones, sea cual sea el tiempo o el lugar. Siempre trae paz, armonía, acuerdo, amor, compasión y misericordia. La verdad puede ser identificada por estas cualidades. Todo lo demás son invenciones del ego.

♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦

FUENTE: “El Ojo del Yo”, por el Dr. David R. Hawkins (extracto)

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Introducción

Al margen de las referencias históricas a hechos concretos que eran palpitante actualidad cuando fueron redactadas las siguientes líneas, las comprensiones que Lanza del Vasto, su autor, nos transmite, son plenamente aplicables a las actuales circunstancias por las que atraviesa el planeta.

Teniéndolas como base me permito, incluso, avanzar una previsión, lo que no me va a convertir en profeta, no hay mérito alguno en ello, puesto que la psicología de la masa humana es lo más previsible que existe. Es ésta: hoy en día se extiende como la pólvora la idea de una supuesta amenaza global que toma cuerpo, principalmente, en el terrorismo extremista de signo islamista. El cariz de las decisiones que están adoptando los grandes poderes políticos mundiales, servidores de oscuros intereses económicos y clasistas va a provocar justamente lo contrario de lo que se proclama pretender (pura mentira, una fachada), es decir un recrudecimiento y extensión de terrorismo extremista, de uno o de otro signo. Y si no comprendemos rápidamente, las respuestas subsiguientes irán en la misma línea de restricciones de más y más libertades individuales, alentadas por el espejismo de una ilusoria “seguridad”. Una cercenación de libertades ni siquiera necesitará ser impuesta, sino que hasta será inicialmente solicitada y aclamada por la propia masa humana, la cual ignora que obedece ciegamente, cual manada, a un programa de intereses ocultos finamente insertado en la conciencia colectiva durante generaciones para su oportuna activación a conveniencia de los “poderosos”.

De esta forma, los grandes dirigentes mundiales podrían acumular un poder como jamás detentaron y se sentirán justificados y con las manos libres para aplicar nuevas medidas coercitivas que conllevarán una más profunda supresión de derechos y libertades. Se iniciaría de esta forma una cadena de “justificadas decisiones” (siempre por “nuestro bien”, ¡claro está! ¡quién lo dudaría!), que nos enfocaría en una espiral descendente y sin salida hacia el caos de una guerra total… Salvo que, antes, la propia naturaleza, harta de nosotros (es una forma de hablar) y buscando su propio equilibrio, se encargue de proporcionarnos un estremecimiento de tal calibre, que nos obligue a una profunda mirada dentro de nosotros mismos, lo que, finalmente, haga despertar a una mayoría cualificada de seres humanos.

Advertimos a los lectores que todos los subrayados del texto son nuestros. Queremos así llamar la atención hacia un contenido que invitamos a reflexionar e interiorizar.

Idafe


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FRENTE A LAS LEYES Y FATALIDADES DE LA HISTORIA

Por: Lanza del Vasto (1901 – 1981)

Los fascistas se han opuesto a los soviéticos asumiendo el mismo sistema comunista: confiscación por el estado de las empresas privadas, centralismo, mecanización, movilización secreta y utilización de todas las fuerzas y recursos del país.

A causa de la exaltación nacional e imperialista —típico del sistema fascista— los alemanes invadieron injustamente Rusia. Los rusos, inflamados de idéntica exaltación, en perfecta contradicción con los principios de la Tercera Internacional, encontraron el empuje necesario para arrojar de sus tierras a los alemanes e invadir los territorios vecinos.

La GESTAPO (1) tomó de la GEPEU (2) sus métodos de delación y tortura. Torturan a los prisioneros de guerra en Indochina para arrancarles informaciones estratégicas y la razón de tal infamia es que el enemigo comete el mismo error.

En cuanto a esta técnica científica de la mentira que se llama propaganda, la practican todos los partidos y nunca se sabe quien se lleva la palma.

Las mismas personas que en el 14 y en el 39 gritaban indignadas al conocer el bombardeo de una ciudad y la masacre de una población desarmada, ingenuamente se alegraban en el 44 del aplastamiento de las ciudades alemanas bajo toneladas de bombas, de la muerte de millares de inocentes por la asfixia o el incendio y del hundimiento de hospitales y catedrales.

Lo que pretendo decir es que las costumbres más inhumanas y los hábitos mentales más detestables pasan automáticamente de un régimen a otro, que el contagio se efectúa en el combate y basta con que uno de los contendientes tome la delantera para dejar de ser preferible al precedente.

Quienes piensen que el desencadenamiento de la violencia es algo bueno en cuanto que distiende las querellas y finalmente quedan resueltas, equivocan el enfoque. Y, en primer lugar, se engañan con el término desencadenamiento. Se trata de un encadenamiento, pues la injusticia atrae la venganza y la victoria de uno llama al desquite del otro. La violencia engendra violencia en un continuo vaivén que mantiene el acaloramiento mutuo.

Hace siglo y medio que las revoluciones se encadenan con las guerras y el desgaste no ha cesado de crecer. Y se debe a que, en este mundo profundamente justo los efectos siguen a las causas impecablemente. En tanto los hombres no encuentren otro medio de afirmarse que desbordando, hasta que el desbordamiento de otro les contenga y sumerja, es preciso que las mareas de sangre sigan la regularidad de una ley natural. Los que piensan que el cúmulo de cadáveres y ruinas es el único sistema de establecer la justicia y la paz, se hacen una falsa imagen de la justicia del Todopoderoso y la realidad se encarga de desmentirles a cada paso.

¿No habéis notado que el resultado de revoluciones y guerras decepciona a quienes las han concebido y emprendido? Pues es natural que los hechos no respondan al sueño y que las ideas más sublimes se deformen un poco al realizarse, puesto que nada humano es perfecto. Más aún, nada habréis comprendido si no os percatáis de la sobrenatural broma de la historia, a saber: al final, revoluciones y guerras terminan en lo contrario de lo que pretendan y se burlan de los objetivos que los jefes habían propuesto a sus pueblos a fin de estimularles.

La Revolución francesa quería suprimir los privilegios del Antiguo Régimen y establecer la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad entre los hombres. Diez años después, había originado el Imperio que restableció todas las desigualdades y obligaciones del Antiguo Régimen, considerablemente agravadas y fundadas en la exclusiva legitimación de la fuerza y del azar. Europa se hallaba devastada por una serie de guerras y Francia estaba vencida y extenuada. La II y III Repúblicas reemplazaron el fasto de los nobles por el lujo de los ricos, e inauguraron dos nuevas maneras de explotar a las gentes y oprimirlas: la mecanización y la colonización.

Los imperios de Alemania y Austria se precipitaron en la guerra del 14 porque podían sorprender en su desorden a los países vecinos y aprovecharse de ellos. La guerra los convirtió en dos pequeñas repúblicas hambrientas y quebradas. El Imperio de Rusia entró en la contienda pues no veía otro medio de frenar la revolución que le amenazaba, y a consecuencia de la guerra la revolución se le echó encima y lo abatió. Franceses, ingleses y americanos se han dedicado a guerrear para defender las libertades democráticas y abrir mercado a sus productos. Su victoria ha permitido, o si no provocado, el advenimiento del Comunismo, del Fascismo y del Nacional-Socialismo, regímenes dictatoriales y autárquicos.

Los móviles de la revolución bolchevique eran una justa retribución del trabajo e igual distribución de los bienes de la tierra, la reconciliación de los pueblos y la abolición de los ejércitos. Y resultó ser la más aplastante dictadura autocrática, económica y militar que ningún pueblo haya sufrido.

La última guerra ha comenzado casi en los mismos términos que la precedente y ha terminado del mismo modo.

Ingleses y americanos, ensañándose en aniquilar Alemania, se dieron de cara con los rusos, potencia más temible, más exclusiva, más cerrada aún y mucho más hostil a su hegemonía. Si permitieran sublevarse a Alemania, una tercera guerra comenzaría en idénticos términos que la anterior.

Este encadenamiento de absurdos tiene una perfecta lógica.

¿Cómo una prosecución de violencias y azares puede conducir automáticamente a la justicia?

Decidme, ¿cómo puede haber Paz en este mundo si nadie la quiere?

Pues en la guerra, no es la Paz lo que se quiere, sino la victoria, cosa completamente diferente. Y durante la Paz, no es la Paz lo que se intenta conservar, sino el reposo, el provecho y la comodidad, cosas muy distintas a la Paz.

Decidme, ¿qué hacen por la justicia y la paz los buenos y apacibles ciudadanos?

Éstos obedecen a las leyes de su país. Ahora bien, en el país donde la ley es fuerte y es respetada, se vive al abrigo del bandolerismo y de la guerra civil. Se puede decir por tanto que se asegura una manera de justicia y de paz.

Pero hacemos bien en decir «una manera», pues se trata de una apariencia, e incluso de una máscara.

La paz y la justicia externas constituyen un velo protector para que el fraude, el abuso y la ambición hagan libremente su juego. Los siete pecados capitales sacan la lengua y muestran el trasero impunemente ante la ley. Los hábiles se sirven de la ley para despojar a los inocentes. Las fortunas se apoyan sobre la ley para mantener durante generaciones los privilegios y pretensiones más inaceptables. Formas siempre nuevas de servidumbre de una clase u otra se fundan abiertamente en las leyes. Los ambiciosos no tienen necesidad de emplear la fuerza cuando les basta con utilizar la ley como si fuera un carro de guerra para aplastar a sus enemigos. Tales son los límites interiores de la ley. Y se comprenderán mejor al descubrir que, en efecto, la ley no pretende mantener la paz y la justicia, sino mantener la propiedad y el poder, lo que es completamente diferente.

En cuanto a los límites exteriores de la ley, aún son más palpables, ya que están señalados por las fronteras del país. Al otro lado de la frontera rige probablemente una ley parecida, aunque se sostenga en un poder distinto. Esta similitud permite los viajes e intercambios, los cuales ayudan a constatar que las leyes de la paz y de la justicia son iguales para todos los hombres, pero en ningún sitio coinciden con la ley de los estados.

La guerra manifiesta el límite de las leyes del estado, su naturaleza y sus reveses, muestra que no tienen ninguna relación con las leyes de la justicia y de la paz.

Pues las leyes del estado son, con mucho, las que transforman de un golpe a todos los buenos y apacibles ciudadanos en soldados encarnizados; por obediencia y sumisión a la ley, por abnegación y coraje, por disciplina, puntualidad y valor, todos los hombres de buena voluntad llegan a sembrar en un solo día más cadáveres, ruinas y desechos de los que pudieran cometer en cien años todos los bandidos del mundo.

Cuando un estado declara la guerra a otro, todos los ciudadanos del otro estado están fuera de la ley. Cada estado obliga a los suyos a ver a los del otro como bandoleros y a perseguirlos y ejecutarlos como tales.

He aquí a los buenos ciudadanos de ambos bandos investidos de una función justiciera, y obligados —para cumplirla— a dar la razón a la opinión del adversario que los mirará como bandoleros.

Cuantos piensan que el odio es la causa de la guerra se equivocan completamente. A lo sumo es su inevitable consecuencia. Quienes la atribuyan a la ambición, al orgullo, al espíritu de lucro y rapiña y a la excitación de los malos instintos, en parte se equivocan.

Las causas de la guerra son de diversos órdenes y planos. Unas naturales, otras artificiales, otras ocasionales y otras más profundas. Pero la causa moral de la guerra es la obediencia incondicional a las leyes del estado, es la confusión de la ley del estado con la ley moral.

La moral del buen ciudadano tiene una relación mínima con el ejercicio de las virtudes y la adquisición de la conciencia. Es una adaptación a Ias exigencias de la comodidad, de la conveniencia y de la costumbre. También es una moral de doble cara y de doble filo, una moral que bascula en el momento preciso, que se da la vuelta como el guante, es decir, nada tiene que ver con la verdad.

Cuantos queráis aprender a practicar la no-violencia, sabed a quienes tendréis en la oposición. No serán los violentos, ni los malvados y malhechores. Tampoco los indiferentes, ni los escépticos. No, amigos, chocaréis con los buenos. Son ellos, los que apoyados en la ley, os denunciarán como traidores y os atacarán como a rebeldes, son ellos los que armados hasta los dientes, os declararán peligrosos. Sí, ellos, los buenos, y creerán hacer bien, que defienden la patria y el honor, creerán servir a Dios.

Y no sin razón os mirarán como a grandes perturbadores y como a enemigos públicos, pues tenéis en las manos un arma capaz de hacer trizas todas sus armas, una potencia capaz de echar por tierra aquello que consolida su seguridad en la paz y su victoria en la guerra.

Lo que os digo parece de una jactancia inaudita cuando miramos a los formidables imperios en lucha, las pasiones desbordadas de los pueblos y de las masas, el incalculable trabajo de las máquinas en marcha, los millones de hombres armados y en fila, con sus cañones, sus bombas, Ias irresistibles fatalidades de la historia… Y nosotros, pobres hombres, ¡soñamos al querer resistir solos frente a todo esto!

Pensad, sin embargo, que por muy inhumanos y sobrehumanos que parezcan y sean estos sistemas, por muy invulnerables que resulten en apariencia y por fuera, siempre tienen su punto débil y origen en el hombre, en el pobre hombrecillo, nuestro semejante. Pues él es quien los ha concebido y diseñado, y basta con que les retire su apoyo un instante para que todo su atractivo caiga en la nada. Este pobre hombrecillo de corazón cambiante y cabeza confusa…

No os enredéis en los engranajes de la periferia, en combates exteriores; no conseguiréis nada y seréis engullidos. Id derechos al corazón y a la cabeza y alcanzaréis a la vez todo el conjunto.

Imaginaos que debéis detener un colosal martillo pilón y que os han dicho: con vuestras manos lo pararéis.

«¡Tanto peor para mis manos!», os diréis, y en un empuje sublime e irreflexivo, tenderéis las manos contra la máquina que las aplastará.

Así han actuado hasta ahora los objetores de conciencia ante el martillo pilón de la guerra.

Piensan que su ejemplo cundirá con el tiempo y que algún día millares y millares de manos detendrán la máquina, pero las diez toneladas de acero que caen sobre el yunque triturarán sin estremecerse a cuantas manos se presenten.

Yo os digo: haced lo que enseña la Desobediencia Civil y la No-Violencia, la posesión, el conocimiento y el don de sí; incluso no necesitaréis toda la mano para detener la máquina, con un dedo basta. Pues esto os conducirá a una cabina lateral; allí, os indicará un cuadro y la palanca que apretaréis con la punta del dedo. Al punto, se hará un silencio asombroso, como por encanto el martillo quedará suspendido. No es nada milagroso ni difícil. Basta saber dónde poner la mano y cortar la corriente.

Vosotros, si queréis adquirir el derecho a llamaros objetores de conciencia, si queréis serlo de modo eficaz, adquirid primero la conciencia.

Quien trabaja por adquirir la conciencia se ve transportado al corazón, a la cabeza y tiene las palancas de mando al alcance de la mano.

Quien adquiere conciencia puede ayudar a los otros a adquirirla y les dará la llave para salir de todos sus problemas.

Estos grandes desórdenes exteriores que llamamos guerra y revolución se deben menos a una mala voluntad y malos instintos que a la buena voluntad mal esclarecida. Proceden de aquello que se invoca como justificación de todas las faltas: la irresponsabilidad de la inconsciencia.

Cuando consideramos el conjunto de prejuicios y tópicos que originan las agitaciones públicas y de los cuales observamos su increíble inconsecuencia, no nos cuesta trabajo concluir que los hombres que creen en ellos y se agitan en este círculo cerrado están dormidos.

¡Despertadles! Pero primero, despertaos. Los encadenamientos mecánicos e intelectuales de la historia se alejarán de vosotros como pesadillas.

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NOTAS:
1) Policía secreta oficial de la Alemania nazi.
2) Policía política de la antigua Unión Soviética

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FUENTE: capítulo 2 de la obra “La Locura de Noé”, de Lanza del Vasto

LAS VOCES DEL SILENCIO (LV)

Por: Óscar M. García

En los momentos en que somos capaces de acallar los “ruidos” que día a día nos saturan, llega el SILENCIO. Desde ahí la VOZ INTERIOR encuentra la posibilidad de manifestarse. Entonces las comprensiones instantáneas, las impresiones directas, las imágenes luminosas – es decir, la intuición espiritual – asoman, aportando la energía de la CERTIDUMBRE.


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INTRODUCCIÓN

En la época gloriosa del Espiritismo español anterior al drama de la guerra civil de 1936, mucho se publicó para hacer llegar al pueblo el ideario liberador, los principios de sabiduría y los horizontes de progreso que la doctrina de los espíritus proponía a la consideración del entendimiento de hombres y mujeres de buena voluntad. Fue muy frecuente, entre estas publicaciones que vieron la luz en aquellas décadas, la aparición de hojas volanderas y folletos varios con declaraciones y alternativas del movimiento espírita ante las diversas problemáticas sociales, así como textos de discursos, conferencias y, en ocasiones, de comunicaciones mediúmnicas que por la importancia de su contenido, merecieron el esfuerzo de aparecer impresas.

Muchas de estas sencillas publicaciones, en buena medida directamente conectadas a la actualidad de entonces, han llegado hasta nosotros, otras, desgraciadamente, no. Entre las primeras figuran las dos comunicaciones complementarias que reproducimos seguidamente.

Atribuidas a los espíritus de Marieta y Cervantes, fueron recibidas por intermedio del conocido médium Daniel Suárez Artazu en la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza, una de las más importantes de aquella época, y publicadas en forma de folleto por la misma Sociedad en 1873, en la editorial Juan Torrents, de Barcelona, con el título “Ventajas del Espiritismo, por los espíritus de Marietta y Cervantes”. En años posteriores se volvió a reeditar, como, por ejemplo, lo hizo la editorial Maucci (Barcelona, 1900).

Sin dejar de reconocer que algunas expresiones tienen el gusto y el tono de la época, su contenido sigue plenamente vigente y merecen una lectura detenida en este siglo XXI, a lo que invitamos a nuestros amigos y visitantes.

Idafe

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Retratos mediúmnicos de Cervantes yMarietta

I

Oíd y sabréis, tal cual os podré decir y tal cual podréis comprender las ventajas del Espiritismo.

En el infinito lleno de materia y espíritu, nada muere.

Lo que en la encarnación llamáis muerte en la materia, no es más que la descomposición de un Ser perfecto, para perfeccionarse más

Lo que en la erraticidad llamamos muerte, en el espíritu no es más que su inmersión en la materia para depurarse mejor.

Cuando los encarnados decís que la materia muere, no os apercibís de que un espíritu recobra su libertad; cuando los desencarnados decimos que un espíritu muere, apenas recordamos que a la materia anima.

La descomposición de la materia da vida al espíritu y la encarnación del espíritu en la materia da vida a ésta.

Y de esta acción y reacción de materia y espíritu, resulta la verdadera vida, la mejor manera de ser, la perfección y el progreso.

Los mundos, el hombre y todos los demás seres mueren al parecer; el espíritu sujeto a la materia parece que se asfixia en ella. No. La materia y el espíritu se necesitan, se buscan, se combinan, salen de sí mismos, y se separan para buscar sus centros y llegar a ellos más depurados, más perfectos.

El espíritu perfeccionado busca materia perfeccionada a su altura.

El ser orgánico que se llama hombre, tiene espíritu perfecto, que responde a la perfección de su organismo.

El espíritu que en el hombre vive, encuentra en él condiciones para desarrollar y poner en actividad la idea que de Dios tiene.

Rudo fue el hombre en su principio, pero de generación en generación se perfecciona. Rudas fueron también sus ideas, ruda la idea de Dios; pero como de siglo en siglo más y más se perfeccionan, hoy la idea de Dios en el hombre es más verdadera, más digna, más elevada.

A tal idea de Dios, tal culto y tal religión.

La idea ruda y mezquina de Dios, produjo dioses rudos y mezquinos que se codeaban con los hombres, dioses a la altura del hombre, dioses que veía y tocaba, y que siendo hechura de sus propias manos, tenían para su desgracia todas sus pasiones y ninguna de sus virtudes.

Pero perfeccionándose el hombre y elevando su pensamiento más y más, su Dios también fue subiendo, hasta sentarse en el cielo.

II

Ese cielo del que apenas percibís algunos puntos luminosos, todo es materia.

Y si adquiriendo la extraordinaria velocidad del rayo de luz, os fuera fácil salvar sus distancias inmensas, por mucho que os remontarais, siempre veríais un cielo suspendido a incalculable distancia: materia sobre vuestras cabezas, materia y materia bajo vuestros pies.

El cielo de vuestros ojos materiales, materia es. La materia es una verdad que sentís latir en vosotros mismos y que veis girar en el infinito.

El espíritu es otra verdad que sentís pensar en vosotros y que presentís en la eternidad.

Pero no basta presentir: es preciso ver.

Si sentís la materia en vosotros y en el infinito la veis, al espíritu lo sentís, pero en la eternidad no lo veis.

Lo que se siente y no se ve, no satisface a la comprensión; no basta, pues, presentir: es preciso ver.

El Espiritismo tiende a enseñar el cielo del espíritu con su luz esencial, que es la inteligencia, como Ia luz esencial de la materia os enseña el cielo material que os cubre.

Por eso eI Espiritismo es luz.

Luz que ilumina un cielo, en el que por mucho que se remonte el pensamiento, siempre encontrará cielo eternamente encima y abajo eternamente cielo.

Sentís, pero no veis el cielo del espíritu; el Espiritismo os lo enseñará y lo veréis.

Pero veréis, no como los ojos materiales ven lo que sólo pueden alcanzar: veréis, como la inteligencia ve, lo que sabe penetrar.

Tenéis inteligencia, es decir, luz; aplicadla y veréis.

III

Todas las religiones han creído decir su última y primera palabra; el Espiritismo dijo su primera y sabe que jamás dirá la última.

Todas las religiones salvan o condenan; el Espiritismo salva siempre.

Todas las religiones vengan y castigan el mal; el Espiritismo no lo venga ni castiga; lo corrige y enmienda.

Todas las religiones tienen hijos privilegiados; para eI Espiritismo no hay ser que no lo sea.

Todas Ias religiones tienen cielos, más allá de los cuales nada mejor existe; el Espiritismo tiene un cielo para cada cielo.

Todas las religiones son exclusivas: ninguna otra creencia cabe dentro de las suyas; el Espiritismo no rechaza ninguna para corregirlas.

Muchas religiones castigan la materia como despreciable; el Espiritismo enseña a conservarla como cosa digna.

Muchas religiones, con la ciencia riñen; el Espiritismo se asienta en ella.

Todas las religiones no dan al espíritu más morada que la tierra entre dos límites: uno de placer y otro de pena eterna; el Espiritismo le da por morada el universo sin límites de felicidad y gloria.

Todas las religiones maldicen a quien las daña y contradice; el Espiritismo no ha por qué, y asegura felicidad para todos.

Todas las religiones definen a su Dios, de lo que resulta un definido humano: el Espiritismo no lo define, porque nada humano puede definir lo que está fuera de humanidad.

Todas las religiones prometen; el Espiritismo promete y asegura a todos.

Las promesas de muchas reIigiones son limitadas; las del Espiritismo, no.

Los adeptos de muchas religiones, obedecen; los del Espiritismo, cumplen.

Muchas religiones castigan a quienes no obedecen sus mandatos, que, a pesar del castigo, pueden quedar no cumplidos; el Espiritismo obliga a cumplir, haciendo ver la falta.

Muchas religiones se hacen obedecer más bien por el terror; el Espiritismo, siempre por amor al bien.

Muchas religiones llenan; el Espiritismo rebosa.

Todas las religiones tienen vacíos dondequiera que lo desconocido está; el Espiritismo sólo ve llenos que algún día espera llegar a conocer.

Para abrazar muchas religiones es preciso cerrar los ojos y cruzar los brazos; para abrazar eI Espiritismo es preciso extender los brazos y abrir los ojos.

Para escuchar la verdad que entrañan muchas religiones, es necesario inclinar la frente y cegar la razón; para escuchar las verdades del Espiritismo, es necesario mirar al cielo y desplegar la inteligencia.

Muchas religiones hablan; el Espiritismo hace hablar.

Muchas religiones, al adorar, piden, porque creen en el bien y en el mal; en el Espiritismo, la adoración es gratitud, porque sólo cree en el bien.

Muchas religiones rechazan lo que no es obra suya; el Espiritismo recibe para corregir.

El paganismo embrutece; el judaísmo humaniza; el mahometismo embriaga; el cristianismo civiliza, y el Espiritismo eleva.

El pagano toca a su Dios; el judío le siente; el mahometano sueña en él; el cristiano le ama; el espiritista le ensalza.

Para el pagano cualquier cosa es Dios, para el judío es Señor; para el mahometano es Alá; para el cristiano es Padre; para el espiritista es Dios.

IV

Adiós.

Todo lo que decir pudiera, que es mucho, os lo dirá la ciencia, que busca la verdad en todas sus manifestaciones.

Decid a todos aquellos que no estén con vosotros, que si la virtud es su norte, vosotros estáis con ellos.

Decid a aquel que virtuoso sea, que aun cuando no nos reconozca, nosotros le reconocemos.

Decid, en fin, que amamos al bueno; que procuramos corregir al malo. Nada más.

Espíritus más elevados vendrán a convenceros mejor; yo sólo sé ofreceros esta prueba más de lo mucho que os amo.- MARIETTA.

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I

El hombre ve al hombre, le oye y le toca.

No puede dudar de que el hombre exista.

Aún cuando duda, aún cuando cierra sus ojos, tapa sus oídos y esconde sus manos, una voz interior se levanta y le dice: «Yo soy.»

El hombre no puede negarse, no puede negar al hombre.

El hombre sabe que cerca de él y fuera de él hay algo. Sabe que un mundo, del cual depende, le sostiene.

El hombre ve más allá del mundo que habita, millones de mundos, cuyos movimientos, revoluciones y leyes que los rigen estudia, y observa la gran armonía y la Influencia que con el suyo tienen. El hombre ve en el espacio un más allá grande, inmenso, y presiente un más allá más gigantesco e inconmensurable, y de más allá en más allá, presiente el infinito. El hombre ve en sí mismo algo verdadero; ve cerca algo, también, exacto, ve en el espacio mucho más verdadero, y presiente más allá y más allá mucho más exacto, que, a medida que se dilata, es más y más verdadero; y así, de verdad en verdad, presiente la única y exacta verdad. El hombre, en sí mismo, ve algo bello, ve bellezas que le rodean y ve en el espacio mucho más belleza y remontándose de belleza en beIleza, presiente más allá la gran belleza.

El hombre siente en sí algo grande, algo exacto y algo bello que le guía hacia ese más allá inmensamente grande, cumplidamente exacto y grandemente bello.

El hombre se ve obligado a marchar hacia ese más allá; impulsado con la fuerza de su inteligencia, hacia lo grande; con la medida de su razón, hacia lo exacto; y hacia lo bello, con los movimientos de su corazón.

Aún cuando el hombre se detenga un momento y dude, su inteligencia habla, su razón mide y su corazón late. Y es que lo grande, lo exacto y lo bello, que existen más allá fuera de la mirada del hombre, le atraen y le llaman; y la inteligencia, la razón y el sentimiento de lo bello, chispas despendidas de aquel gran todo, responden.

II

Todas las creencias han inventado un más allá absurdo, un más allá mezquino para la inteligencia, para la razón y el sentimiento.

Todas las creencias combatidas por la inteligencia, negadas por la razón y censuradas por el sentimiento, han intentado detener a la inteligencia que vuela, a la razón que discurre y al sentimiento que crea.

Todas las creencias, impulsadas también hacia ese más allá escondido antes y después del tiempo y del espacio, han dicho haberlo encontrado, siendo así que el más allá huye allá todavía, por más que la inteligencia se esfuerce y crea haberlo encontrado.

Ese más allá se nos presenta de algún modo: corremos a buscarlo, llegamos a encontrarlo y se nos presenta más allá todavía, a incalculable distancia.; corremos de nuevo, llegamos, y más allá lo vemos. Así, de más allá en más allá, el Universo camina. ¿A dónde? Dios lo sabe.

Dios, ¡ah!, cuanto más se piensa en Él, más inaccesible se hace a la inteligencia. Dios está más allá cuanto más allá se vaya.

Todas las creencias han dicho: «Dios está allí», Ha llegado el momento en que basta decir: «Por aquí se va a Dios». ¿Y quién lo dice? El Espiritismo.

Todas las creencias pensaron encontrar el fin, objeto y destino de la creación; el Espiritismo sólo intenta buscar el principio de la senda que hacia el todo grande, bello y verdadero, guía. Todas las creencias han sido audaces en sus investigaciones, que dieron por resultado limitados fines; el Espiritismo, modesto en sus principios, sus fines serán grandiosos, ilimitados. Todas las creencias han pretendido saber el principio; el Espiritismo pretende empezar y sabe que concluir no es dado. Todas las creencias llegaron un límite, más allá del cual, suponen, en un principio, a Dios, entre el principio y la nada, y en fin, a Dios, entre una creación limitada. El Espiritismo presiente a Dios, en el pasado, entre una obra sin principio, y en el porvenir, cada vez a mayor distancia, sobre lo más grande, más bello y más verdadero. Pretender de un solo golpe describir el pasado, tocar el presente y saber el objeto del provenir, es pretensión, tan sólo, de añejas preocupaciones.

El Espiritismo describe el pasado, por lo que ve con la inteligencia; toca el presente, por lo que alcanza con la razón, y sabe el objeto del porvenir, por lo que siente con el corazón.

La inteligencia, la razón y el sentimiento, unidos, ven a gran distancia y con mirada segura, en el tiempo y en el espacio.

Entender, razonar y sentir es preciso unirlos para ver con seguridad y claro. La inteligencia, sin la razón, se pierde; sin el sentimiento, se fatiga; la razón, sin la inteligencia, se tuerce; sin el sentimiento, desvaría; el sentimiento, sin la inteligencia, se confunde; sin la razón, se precipita.

Todas las creencias, por no haber unido estas tres grandes facultades del hombre, se han visto obligadas ha encerrarse en estrechos límites para detener su vuelo, que tiende a remontarse por todas partes; el Espiritismo, uniéndolas, no encuentra límites, y va midiendo la grandeza infinita de la obra de Dios, en razón del cuadrado de las distancias que va descubriendo.

III

Es la ley impuesta a todas las cosas, marchar por distinta vía, según sus funciones, hacia un mismo y grandioso fin.

Detenerse, es fácil; difícil, detenerse mucho; dejar de marchar, imposible.

Todas las creencias se han detenido, pero ya se han detenido demasiado, y ha llegado el momento en que es preciso marchar.

El Espiritismo es la avanzada de todas las creencias que la marcha rompen: la humanidad vendrá después.

El Espiritismo es la continuación del principio que al más allá conduce.

Quien dando vuelo a la inteligencia quiera ser obrero razonable de la continuación de un principio que desde el pasado trabajado viene, verá más pronto el más allá que se presiente.

La humanidad ha venido subiendo trabajosamente por la vertiente de los tiempos: Moisés, con la ley en la mano, la condujo a la falda de la gran montaña, sobre la cual se extiende la bóveda de lo desconocido. Jesús, con su moral inquebrantable, la condujo a la cima y Ie enseñó el cielo. Obedezca la humanidad su voz y siga su camino, lanzándose al espacio.

Adiós. No me propuse herir la inteligencia, es imposible: sólo intento moverla con la razón, ya que Marietta lo supo hacer tan admirablemente con el sentimiento. CERVANTES.

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UN NUEVO MUNDO DESDE TI

Peregrino por los caminos del mundo,

Si hoy moras en la tristeza, no desalientes,

Pues aunque aún no lo sepas, es tu guía

La invencible determinación de la eternidad.

Siempre fue la oscuridad

Fragua y cuna de la claridad.

La victoria fruto será de tu derrota,

El descubrimiento, corona de tu fracaso,

El saber, cosecha de tu ignorancia.

La renovación, meta de tus crisis.

La grandeza, logro de tu humildad.

La plenitud, horizonte de tu desapego.

La contradicción alumbrará coherencias,

Y desde la culpa renacerás en la inocencia.

Peregrino por los caminos del mundo,

Si hoy moras en la tristeza, no desalientes,

Porque si adquieres el mirar atento

Un asombro continuo impulsará tus pasos

Desde la impenetrable noche

Hasta el limpio rostro del amanecer.

LAS VOCES DEL SILENCIO (LIV)

Por: Óscar M. García

En los momentos en que somos capaces de acallar los “ruidos” que día a día nos saturan, llega el SILENCIO. Desde ahí la VOZ INTERIOR encuentra la posibilidad de manifestarse. Entonces las comprensiones instantáneas, las impresiones directas, las imágenes luminosas – es decir, la intuición espiritual – asoman, aportando la energía de la CERTIDUMBRE.


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cara-papini1Giovanni Papini (Florencia, 9 de enero de 1881 – íd. 8 de julio de 1956) publica en 1931 “Gog”, primera obra de su autoría que alcanzaría renombre universal. En ella Papini hace una disección cruda y sin piedad de nuestra sociedad, exagerando hasta el máximo sus defectos para llamar más rudamente la atención sobre ellos. Junto con “El Libro Negro”, reanudación de la “Gog” publicada 20 años más tarde, constituyen una antología de como una sociedad puede eludir los deberes a que la obligan las creencias que dicen profesar, refugiándose en la paradoja de cómo la sociedad se deja arrastrar por instintos que debería contener; de cómo la sociedad se convierte en sierva de los malos intereses que dice querer. Todo a través del fantástico diario de un no menos fantástico millonario yanqui, pretendido prototipo de la sociedad producto de la guerra del 14 y desencadenadora de la del 39, y prescindiendo deliberadamente del progreso real operado en la Humanidad.

La obra recoge las peripecias de Gog, su protagonista, un supuesto multimillonario hawaiano que el narrador encuentra en un manicomio, el cual le relata sus experiencias al viajar por el mundo. Su fortuna le permitirá encontrarse, entre otros, con personajes de la talla de Albert Einstein, Henry Ford, Sigmund Freud, Lenin, Edison, H.G. Wells o Ramón Gómez dela Serna.

El diálogo que insertamos refleja el encuentro imaginario entre Gog y Albert Einstein. Es absolutamente sugerente y revelador y nos lleva a preguntarnos profundamente qué es realmente el saber y,  finalmente, a cuestionarnos sobre la consistencia de aquello que creemos saber.

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«ALGO SE MUEVE»

Berlín, 30 de Abril

Einstein se ha resignado a recibirme porque le he hecho saber que le tenía reservada la suma de 100.000 marcos, con destino a la Universidad de Jerusalén (Monte Scopus).

Le encontré tocando el violín. Tiene, en efecto, una verdadera cabeza de músico. Al verme, dejó el arco y comenzó a interrogarme.

—¿Es usted matemático?

—No.

—¿Es físico?

—No.

—¿Es astrónomo?

—No.

—¿Es ingeniero?

—No.

—¿Es filósofo?

—No.

—¿Es músico?

—No.

—¿Es periodista?

—No.

– ¿Es israelita?

Tampoco.

—Entonces, ¿por qué desea tanto hablarme? ¿Y por qué ha hecho un donativo tan espléndido a la Universidad hebrea de Palestina?

—Soy un ignorante que desea instruirse y mi donativo no es más que un pretexto para ser admitido y escuchado.

Einstein me perforó con sus ojos negros de artista y pareció reflexionar.

—Le estoy agradecido por el donativo y por la confianza que tiene en mí. Debe convenir, sin embargo, que decirle algo de mis estudios es casi imposible si usted, como dice, no conoce ni las matemáticas ni la física. Yo estoy habituado a proceder con fórmulas que son incomprensibles para los no iniciados, y hasta entre los iniciados son poquísimos los que han conseguido comprenderlas de un modo perfecto. Tenga, pues, la bondad de excusarme…

—No puedo creer —contesté— que un hombre de genio no consiga explicarse con las palabras corrientes. Y mi ignorancia no está, sin embargo, tan absolutamente desprovista de intuición…

—Su modestia —repuso Einstein— y su buena voluntad merecen que haga violencia a mis costumbres. Si algún punto le parece oscuro, le ruego desde, ahora que me excuse. No le hablaré de las dos relatividades formuladas por mí: eso ya es una cosa vieja que puede encontrarse en centenares de libros.

Le diré algo sobre la dirección actual de mi pensamiento.

»Por naturaleza soy enemigo de las dualidades. Dos fenómenos o dos conceptos que parecen opuestos o diversos, me ofenden. Mi mente tiene un objeto máximo: suprimir las diferencias. Obrando así permanezco fiel al espíritu de la conciencia que, desde el tiempo de los griegos, ha aspirado siempre a la unidad. En la vida y en el arte, si se fija usted bien, ocurre lo mismo. El amor tiende a hacer de dos personas un solo ser. La poesía, con el uso perpetuo de la metáfora, que asimila objetos diversos, presupone la identidad de todas las cosas.

»En las ciencias este proceso de unificación ha realizado un paso gigantesco. La astronomía, desde el tiempo de Galileo y de Newton, se ha convertido en una parte de la física. Riemann, el verdadero creador de la geometría no euclídea, ha reducido la geometría clásica a la física; las investigaciones de Nernst y de Max Born han hecho de la química un capítulo de la física; y como Loeb ha reducido la biología a hechos químicos, es fácil deducir que incluso ésta no es, en el fondo, más que un párrafo de la física. Pero en la física existían, hasta hace poco tiempo, datos que parecían irreductibles, manifestaciones distintas de una entidad o de grupos de fenómenos. Como, por ejemplo, el tiempo y el espacio; la masa inerte y la masa pesada, esto es, sujeta a la gravitación; y los fenómenos eléctricos y los magnéticos, a su vez, diversos de los de la luz. En estos últimos años estas manifestaciones se han desvanecido y estas distinciones han sido suprimidas. No solamente, como recordará, he demostrado que el espacio absoluto y el tiempo universal carecen de sentido, sino que he deducido que el espacio y el tiempo son aspectos indisolubles de una sola realidad. Desde hace mucho tiempo, Faraday había establecido la identidad de los fenómenos eléctricos y de los magnéticos, y más tarde, los experimentos de Maxwell y Lorenz han asimilado la luz el electromagnetismo. Permanecían, pues, opuestos, en la física moderna, sólo dos campos: el campo de la gravitación y el campo electromagnético.

Pero he conseguido, finalmente, demostrar que también éstos constituyen dos aspectos de una realidad única. Es mi último descubrimiento: la teoría del campo unitario. Ahora, espacio, tiempo, materia, energía, luz, electricidad, inercia, gravitación, no son más que nombres diversos de una misma homogénea actividad. Todas las ciencias se reducen a la física, y la física se puede ahora reducir a una sola fórmula. Esta fórmula, traducida al lenguaje vulgar, diría poco más o menos así: «Algo se mueve.»

Estas tres palabras son la síntesis última del pensamiento humano.

Einstein se debió de dar cuenta de la expresión de mi rostro, de mi estupor. — ¿Le sorprende —añadió— la aparente sencillez de este resultado supremo? ¿Millares de años de investigaciones y de teorías para llegar a una conclusión que parece un lugar común de la experiencia más vulgar?

Reconozco que no está del todo equivocado. Sin embargo, el esfuerzo de síntesis de tantos genios de la ciencia lleva a esto y a nada más: «Algo se mueve.» Al principio —dice san Juan— era el Verbo. Al principio — contesta Goethe— era la Acción. Al principio y al fin —digo yo— es el Movimiento. No podemos decir ni saber más. Si el fruto final del saber humano le parece una vulgarísima serba, la culpa no es mía. A fuerza de unificar es necesario obtener algo increíblemente sencillo.

Comprendí que Einstein no quería decir nada más. Sentía escrúpulos, indudablemente, de confiar los secretos auténticos de la ciencia a un extraño, a un profano. Porque yo no era tan ingenuo que pudiese creer que aquella fórmula trivial fuese verdaderamente el punto de llegada de tres siglos de pensamiento. Pero no quise mostrarme exigente e indiscreto. Entregué los cien mil marcos prometidos y me despedí, con todos los respetos, del célebre descubridor de la Relatividad.

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FUENTE: del libro  “Gog”, por Giovanni PAPINI.