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LA EXPERIENCIA VIRTUAL QUE REDUCE

EL MIEDO A LA MUERTE

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Por: Angie

 http://www.rewisor.com/la-experiencia-virtual-que-reduce-el-miedo-a-la-muerte/

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Un equipo de investigadores liderado por Mel Slater, de la Universitat de Barcelona, han desarrollado un experimento de Realidad Virtual para crear la ilusión de vivir la experiencia de estar separado de tu propio cuerpo y ayudar así a perder el miedo a la muerte.

El experimento se realizó a 32 voluntarios. Lo primero fue hacerles sentir que el cuerpo virtual que veían (a través de las gafas) era suyo haciendo coincidir los movimientos reales de los voluntarios con los del cuerpo virtual. Cuando una bola virtual se dejaba caer sobre el pie del cuerpo virtual, una vibración se activaba en la piel real de la persona; una técnica similar a la ilusión de la mano de goma haciendo que las personas sientan que un cuerpo es suyo a pesar de que saben que no puede serlo.

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Una vez experimentado eso, el siguiente paso fue cambiar el punto de vista del paciente el cual ellos veían como parecía que flotaban lejos del cuerpo virtual observándolo desde arriba. A partir de ahí, cuando las bolas se dejaron caer sobre el cuerpo virtual sólo la mitad de ellos recibió la vibración. Los que aún así la sintieron les parecía que seguían conectados al cuerpo.

Tras terminar el experimento, con su conciencia separada del cuerpo virtual, respondieron a un cuestionario para evaluar su temor a la muerte. Los que se habían sentido completamente desconectados de su cuerpo (los que no habían recibido ninguna vibración tras cambiarles el punto de vista) aseguraron haber reducido significativamente el miedo a morir.

Aunque Slater cree que es poco probable que la experiencia haya cambiado los sentimientos de los voluntarios acerca de la muerte, piensa que la experiencia podría producir la sensación de que la conciencia de los individuos está separada de su cuerpo físico y, por ello, tener la sensación de que es posible sobrevivir más allá de la muerte.

Esta experiencia es similar a algunas que han vivido personas que han superado una insuficiencia cardíaca, quienes han descrito haber visto la habitación del hospital desde el techo durante momentos críticos.

De momento no se sabe si éste método (u otros similares) podrían ayudar a consolar a personas con enfermedades terminales o cuando sus vidas se ven perjudicadas por fuerte miedo a la muerte.

“Nuestra idea era que si pudiéramos poner a las personas en una situación que ilustra la posibilidad de que su conciencia está fuera de su cuerpo, esto proporcionaría una evidencia implícita (pero no necesariamente creencia explícita) de que la supervivencia más allá del cuerpo es posible y la reducción del miedo a la muerte.”

 


¿QUIÉN ES MEL SLATER?

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Mel Slater dirije el eventoLab en Barcelona, grupo de informática ubicado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. Las investigaciones de dicho grupo se vinculan tanto al lado técnico, en relación con los nuevos avances en gráficos de computadora y trabajo relacionado con la realidad virtual, y al lado científico relacionado con la representación y presencia del cuerpo Según Mel Slater, los principales intereses que le mueven son la investigación para ampliar radicalmente los límites de la realidad virtual, así como las aplicaciones que implican simulaciones de situaciones difíciles o imposibles de realizar en la realidad física, incluso hasta el punto de transformar el propio cuerpo del participante. Esta investigación limita con la neurociencia en el área de la representación corporal, tratando con la cuestión de cómo el cerebro representa al cuerpo, cómo se hace una distinción entre lo que es y lo que no forma parte del cuerpo. También le interesa el tena de la presencia en la realidad virtual. ¿En qué condiciones las personas tienden a responder de manera realista a situaciones y eventos virtuales? Ha distinguido así entre dos dimensiones  de esta “ilusión de lugar”, la fuerte ilusión de estar en el lugar virtual y la “plausilibilidad”, la ilusión de que los acontecimientos que están ocurriendo allí, realmente están sucediendo. 

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CUANDO LA SOCIEDAD ESTÁ A PUNTO

DE PERDER SU VIDA ESENCIAL

El Wen-tzu, conocido también con el título honorífico de Comprender los misterios, es uno de los grandes libros básicos del taoísmo, escrito hace más de dos mil años. Siguiendo la tradición de Lao Tse, Chuang-tzu y los Maestros de Huainan, el Wen-tzu abarca toda la gama del pensamiento y de la práctica taoísta. Olvidado durante mucho tiempo por todo el mundo excepto por los iniciados.

El Wen-tzu presenta una visión del taoísmo que es muy diferente de la proyectada por los eruditos occidentales y que está más de acuerdo con las concepciones taoístas. Su compilación se atribuye a un discípulo de Lao Tse, el famoso autor del clásico Tao Te King, y la mayor parte de su contenido se atribuye al mismo Lao Tse. La atribución de autoría en el antiguo taoísmo era generalmente simbólica más que histórica. Los nombres pueden referirse no sólo a supuestas personas individuales, sino también a escuelas y a tradiciones asociadas a los individuos o a sus círculos.

Según la tradición taoísta, el antiguo sabio Lao Tse no era un individuo aislado, sino que era miembro de un círculo esotérico. Se cree que tuvo varios discípulos, a cada uno de los cuales transmitió una serie de antiguas enseñanzas taoístas. El libro conocido como el Wen-tzu constituye una de estas series, una elaboración de las enseñanzas del Tao Te King en un conjunto de discursos atribuidos al antiguo maestro Lao Tse.

FUENTE: Extractado de la Introducción a la versión publicada en español, escrita por Thomas Cleary

 

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Del Wen-tzu traemos aquí uno de los comentarios o enseñanzas atribuidas a Lao Tse. Leed con detenimiento y el que sea capaz de ver, que vea. Mirad a vuestro alrededor, mirad vuestro interior, mirad sobre las cosas y los sucesos desde el silencio, mirad el sentido de los aconteceres del día a día. Comprended dónde estamos y hacia donde vamos y actuad en consecuencia según el grado de responsabilidad que podáis asumir: un tiempo muere, un nuevo tiempo asoma por el horizonte, pero entre medio todo se desmonta, pues siendo el solar el mismo, la vieja casa se derrumba necesariamente y será convertida en escombros para poder edificar allí mismo un nuevo hogar.

                                                                                                  Idafe

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Retrato idealizado de Lao Tse

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Lao Tse dijo:

Cuando la sociedad está a punto de perder su vida esencial, es como la emergencia de la energía negativa: el liderazgo es ignorante, se descuida el Camino, muere la virtud. Se emprenden proyectos que no están en armonía con la Naturaleza, se dan órdenes que constituyen una violación de las cuatro estaciones. El verano y el otoño disminuyen su armonía, el cielo y la tierra son exprimidos de su virtud. Los gobernantes en sus tronos están incómodos, los grandes se ocultan y no hablan, los ministros promueven las ideas de los que están arriba incluso en detrimento de la normalidad. La gente extraña a sus parientes, pero recibe a los villanos, utiliza el halago para estratagemas secretas; se compite por mantener gobernantes corruptos, acompañándolos en su caos para llegar a sus propias metas.

En consecuencia, gobernantes y gobernados están reñidos y mantienen relaciones amistosas cuando se aparta a los familiares y éstos no permanecen juntos. En los campos no hay brotes erguidos, en las calles no hay paseantes. Se extraen las arenas auríferas, se cogen las piedras preciosas, se capturan las tortugas por sus conchas y se les saca las entrañas. Se practica la adivinación cada día; el mundo entero está desunido. Los gobernantes locales establecen leyes que difieren entre sí, y cultivan costumbres antagónicas.

Sacan la raíz y abandonan la base, elaborando códigos penales para endurecerlos y hacerlos rigurosos, luchando con armas, exterminando al pueblo llano, asesinando a su mayor parte. Levantan ejércitos y causan problemas, atacando las ciudades y matando al azar, derribando lo elevado y poniendo en peligro lo seguro. Fabrican grandes vehículos de asalto y fortalezas reforzadas para repeler tropas de combate, y hacen que sus batallones vayan a misiones mortales. Contra un formidable enemigo, de cien que van, sólo uno regresa; quienes llegan a hacerse una reputación para sí mismos tal vez consigan parte del territorio anexionado, pero esto cuesta cien mil muertos en combate, además de innumerables adultos y niños que mueren de hambre y frío.

Después de esto, el mundo nunca puede estar en paz en su vida esencial y disfrutar sus maneras de actuar habituales. Así, las personas conscientes y los sabios se elevan y la mantienen con la virtud del Camino, y la ayudan con humanidad y justicia. Quienes están cerca promueven su sabiduría, mientras quienes están a distancia toman su virtud a pecho. El mundo se funde en uno, y los descendientes se ayudan unos a otros generación tras generación para liberarse de los comienzos de la traición, detener la persuasión ilógica, eliminar las leyes crueles, liberarse de los deberes que causan problemas y arduos deberes, detener los efectos del rumor y de la murmuración, cerrar las puertas al partidismo, minar los cocientes de inteligencia para adaptarse a la normalidad general, ignorar el cuerpo y disminuir el intelecto para comulgar ampliamente con lo desconocido y diferenciado, al igual que cada cosa retorna a su raíz.

Incluso los sabios no pueden crear un tiempo; lo que hacen es evitar perder el tiempo cuando éste llega. Esta es la razón por la que no mueren.

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EL ESPIRITISMO COMO UNA FORMA DE “ESPIRITUALIDAD”

No es frecuente encontrar entre los investigadores que se acercan al Movimiento Espiritista para estudiar algún aspecto de entre las diversas manifestaciones de su devenir histórico, una postura ecuánime y que se ajuste a los hechos acaecidos y a los documentos originales, teniendo como referencia lógica de partida el sello matriz que Allan Kardec, como codificador, dejó establecido como carta de naturaleza. No es frecuente, repito, trabajos y análisis objetivos de investigadores que ofrezcan una visión apartada de posiciones estereotipadas, cuando no claramente lastradas de acentuados prejuicios.

Esto era raro antes y sigue siendo infrecuente hoy. Por eso resulta gratificante, una auténtica bocanada de aire fresco, encontrar comentarios como el que traemos a colación, del que es autora Zulema Frolow de la Fuente, que aparece inserto en un trabajo universitario (Universidad de Cantabria) que lleva por título «’El Sagrado Ministerio de la Mujer”: Maternidad y Educación en el Espiritismo y la Teosofía».

Y aún nos congratula más comprobar que cuando miradas desprejuiciadas se acercan al Espiritismo sin anteojeras, son capaces de asimilar la esencia de sus conceptos a veces más profundamente que muchos de los que se dicen “espíritas”, entre los que un no despreciable número se incorporan a sus filas arrastrando una larga colección de atavismos de los que no saben o no quieren desprenderse.

Esto es lo que resalta una y otra vez a lo largo y a lo ancho del improductivo debate que se viene sosteniendo periódicamente en el seno del movimiento espírita entre los que lo ven como una ciencia de implicaciones filosóficas y consecuencias morales, entre los que me encuentro –visión que, a nuestro juicio, está en plena sintonía con Kardec – y quienes haciendo malabarismos argumentales, más voluntaristas que lógicos y fundamentados, intentan por todos los medios conservar el substantivo “religión” inextricablemente asociado al concepto “Espiritismo”.

No tenemos ningún interés en continuar con ese debate, puesto que el tema para nuestra conciencia está sumamente claro, y sólo en algunos casos lo abordaremos sosegadamente cuando haya demandas que vengan planteadas en las formas fraternales que debemos emplear, en toda ocasión, entre nosotros los espiritistas, sin ánimo de polemizar. Únicamente resaltaremos formulaciones argumentales que se relacionan con esta cuestión si vienen expresadas con nitidez, altura filosófica y elevación ética y creamos que aporten algo de luz al asunto. Para ello tengamos en cuenta estas palabras que a modo de sabia advertencia y consejo nos dejó el filósofo chino Confucio (551 a. C. – 479 a. C.) alertando de las trampas de la mente cuando se ve azuzada por las emociones y las querencias:

«¿Sabes cómo llega a zozobrar la virtud y por dónde se escurre la sabiduría? La virtud zozobra en la fama y la sabiduría se va en los debates».

El trabajo de Zulema Frolow de la Fuente – «’El Sagrado Ministerio de la Mujer”: Maternidad y Educación en el Espiritismo y la Teosofía» – contempla el análisis en paralelo de dos movimientos contemporáneos, el Espiritismo y la Teosofía, que surgieron casi a un mismo tiempo y que mantienen coincidencias y también algunas divergencias, aunque hubiera personalidades que bebieran a la vez de ambas fuentes sin por ello encontrar diferencias irreconciliables, incluso en España.

He aquí, sin más dilación, el comentario que nos ha suscitado la redacción de estas notas

Nótese que calificamos el espiritismo y la Teosofía de espiritualidades y no de religiones. La diferencia es sustancial y aclaratoria…. La religión asume la Verdad como monolítica, central, dogmática, mecanismo indispensable para consolidar la conformidad, la aceptación –o imposición- y la adaptación de los comportamientos; su rigidez impide los cuestionamientos que, de existir, son percibidos como amenazas de disgregación. Por su parte, la espiritualidad favorece la inspiración, la creatividad y la transformación de la conducta en la medida en que es considerada como un fenómeno individual, e identificada con la trascendencia personal, la supraconciencia, la sensibilidad y la utilidad para promover conductas que permitan resistir las situaciones de injusticia. En este sentido, provee de significados a la situación en la que se vive y promueve la posibilidad de esperar un cambio de la misma. Tiene un cierto sentido crítico que permite la elaboración y la transformación de las experiencias cotidianas ya que no es elaborada de forma homogénea de manera que, en su interior, caben diversas posibilidades de interpretación.”

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LA VIDA EXTRA-CORPORAL

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Capítulo I del libro “Nuestra Última Aventura: una guía racional    

para la Muerte y el Más Allá”, de E. Lester Smith

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Este libro está escrito especialmente para las personas del mundo occidental, la mayoría de las cuales pertenecen a una u otra rama de la fe cristiana. Algunas de un modo sincero, otras, de un modo nominal, y hay otras que son francamente agnósticas. Tendré, pues, que empezar tratando de convenceros de que la vida consciente es realmente posible fuera del cuerpo físico.

Es algo triste. Si estuviera escribiendo para otras regiones del mundo, donde se profesan otras religiones, no tendría necesidad de hacerlo. Pues en estas religiones ya se habla de la vida después de la muerte y los fieles creen en ello. Si sois cristianos sinceros diréis que también habla de ella el cristianismo. Cierto, pero ¿se enseña de un modo efectivo? ¿Se cree en ello? Forma parte del ceremonial religioso de los funerales, pero de otro modo el tema suele evitarse, tanto por parte de la Iglesia como por parte de los creyentes. Toda la información de que se dispone estos días es escasa y muy confusa, especialmente en las Iglesias protestantes, y muy raramente se habla de ello. Existe una desconcertante conspiración de silencio.

Afortunadamente, no necesito pediros que confiéis en lo que yo os digo. Tenéis a vuestra disposición numerosas pruebas y todo ha sido analizado de un modo científico. Pero no se conoce lo suficiente y no podemos afirmar que todas las pruebas hayan sido aceptadas por la mayoría de los científicos. Me parece una lástima, porque yo soy uno de ellos y sé que actualmente la gente tiende a creerse más las palabras de los científicos que las de los ministros de la religión. Pero a la mayoría de los científicos no les interesa, porque estas ideas no concuerdan con sus actuales convicciones, y desechan las ideas sin ni siquiera estudiarlas. Los científicos, en general, no son investigadores de la verdad, ni tienen una mente tan abierta como se suele creer. Pero ésta es otra historia.

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Podría empezar con la pregunta de qué suponéis vosotros que ocurre cuando os dormís. Lo que llamamos la conciencia vigílica queda entonces en suspenso, pero ¿podéis creer que Vosotros, vuestro verdadero yo, ha quedado inconsciente? Eso significaría que, virtualmente, dejáis de existir mientras dormís y que volvéis a nacer, por así decirlo, al despertaros. Yo podría decir que los sueños son una prueba de las actividades extra-corporales. Pero no lo haré. Tengo una base más firme sobre la que apoyar mi caso. Los sueños suelen ser incoherentes, fantasías inconexas, y es fácil imaginar que han sido simplemente elaborados por el cerebro, partiendo de recuerdos antiguos y recientes, cuando éste se halla libre del control consciente.

Y esto me lleva directamente a otra argumentación. Si vosotros sentís, como yo, que el cerebro está realmente bajo control durante la vida despierta, entonces ¿quién o qué lo está controlando?

Naturalmente Vosotros, pero ¿quiénes sois vosotros? Utilizado en ese sentido, «vosotros», seguramente tiene que significar algún ente inmaterial, alguna entidad adicional al cuerpo físico. Para algunos de vosotros, y espero que para la mayoría, lo que digo es bastante obvio. Aunque lo creáis así, muchos científicos materialistas creen realmente que el cuerpo y el cerebro son suficientes para explicar todo el hombre. En el siglo pasado expresaron crudamente esta idea con las palabras «el cerebro segrega el pensamiento del mismo modo que el hígado segrega la bilis». Hoy en día lo hacen de un modo más delicado, pero el significado es el mismo; la mente y el cerebro no son más que aspectos distintos de una y de la misma cosa, según proclaman estos científicos. Además, dado que nuestra civilización está basada con tanto éxito en la ciencia y en la tecnología, mucha gente cree que los científicos deben tener razón y, por lo tanto, adoptan sus ideas.

Wilder Penfield, un distinguido neurocirujano americano, empezó con estas creencias. Dedicó su carrera hacia una exhaustiva investigación sobre el cerebro y sobre la cirugía cerebral con el fin de aliviar la epilepsia y otras enfermedades debidas a un cerebro dañado. Su propia experiencia en el curso de este trabajo le obligó, a regañadientes al principio, a darse cuenta de que la mente es una entidad separada e inmaterial que dirige y usa el cerebro y el cuerpo para sus propios fines. Comparando el cerebro con una computadora llegó a la conclusión de que la mente es algo similar al programador, al ser humano inteligente que manipula la computadora electrónica como una máquina para hacer cálculos rápidos.

Cuando se retiró, Penfield escribió un libro maravilloso: “Los Misterios de la Mente”, en el que describe los numerosos episodios que le llevaron a su «conversión».

Sir John Eccles, un científico inglés todavía más distinguido y que pasó toda su vida estudiando el cerebro, tuvo la misma experiencia. Al final de su vida también escribió un magnífico libro en colaboración con el filósofo Sir Karl Popper: “El Yo y su Cerebro”.

Hacia el final escribió: «Me veo obligado a creer en lo que podríamos llamar un origen sobrenatural de mi única mente autoconsciente o de mi única yoidad o alma… Gracias a esta especie de creación sobrenatural, escapo de la increíble improbabilidad de que la unicidad de mi propio yo esté determinada genéticamente.»

Si queréis seguir el pensamiento de los científicos, entonces hacedlo con personas como ellos. Los dos se hallaban en la situación más favorable para descubrir la verdad del problema mente-cerebro, y ambos tuvieron el valor de formular nuevas conclusiones y de admitir que al principio se habían equivocado.

No he querido basarme antes en los sueños para demostrar la teoría de un cuerpo superfísico. Pero hay dos tipos de sueños que algunas personas tienen de vez en cuando, e incluso regularmente, que nos dan pruebas de ello. El primero es un sueño muy vívido en el que nos encontramos con nuestra madre, u otro pariente próximo o amigo que ha muerto. Casi siempre esta persona muerta parece muy contenta, muy feliz y en perfectas condiciones, como al principio de su vida. A veces, al despertarnos, recordamos un mensaje o una conversación, pero generalmente tenemos la sensación de una feliz comunión. Yo creo que esto representa lo que podríamos llamar «un sueño real», un encuentro real en el otro mundo entre el durmiente en su cuerpo sutil y la persona «muerta» en el suyo.

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El otro tipo es lo que se denomina un sueño lúcido. La palabra «lúcido» no significa que el sueño sea especialmente claro y brillante; significa que el que sueña se da cuenta durante el sueño de que está soñando. En otras palabras, la lucidez no es visual, sino intelectual. En los sueños lúcidos pensáis y actuáis del mismo modo que lo hacéis en la vida normal. Tenéis cierto control sobre el curso del sueño. Estos sueños son suficientemente conocidos como para que se haya publicado al menos un libro sobre el tema, “Los Sueños Lúcidos”, de Celia Green, del Instituto de Investigaciones Psicofísicas. Está basado en materiales de los que dispone este Instituto y en otros materiales más, procedentes de libros sobre temas más amplios. En este tipo de sueño soléis ser conscientes de que os halláis en una especie de cuerpo que claramente no es el cuerpo físico normal, sólido y pesado. Por ejemplo, puede flotar o volar sin ningún esfuerzo. Saltar y volar son rasgos comunes de los sueños lúcidos, tal como demuestran los dos ejemplos siguientes. El primero pertenece al libro de Celia Green:

“Había una época en que tenía sueños lúcidos con mucha frecuencia. Me resultaba muy interesante hacer cosas que no podría haber hecho en la vida normal. Por ejemplo, entraba en las tiendas y no sabía si eran tiendas de verdad, y si alguien se daría cuenta de que robaba algo. Me gustaba saltar desde una gran altura en aquellos sueños. Podía ser en mi piso o en cualquier otro edificio. Pero no había peligro alguno, y era muy agradable saltar desde la ventana. Sin embargo, acabé por asustarme y dejé la práctica, porque tenía miedo de llegar a pensar que estaba soñando cuando no fuera verdad y que pudiera tirarme desde una ventana de verdad.”

En el segundo ejemplo, citado por el escritor ruso Ouspensky, se ve claramente que casi todos los sentidos normales pueden aparecer funcionando en estos sueños.

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P. D. Ouspensky

“Oigo su paso cauteloso y les observo desde la ventana de una casa alta de Galata, en Constantinopla, situada en un estrecho callejón que da al antiguo muelle y al Cuerno de Oro, con sus barcas y vapores, y los minaretes de Estambul detrás de ellos. Los soldados romanos siguen avanzando en apretadas filas por el callejón. Oigo su pesado paso mesurado, y veo como el sol reluce sobre sus cascos. De repente me aparto del marco de la ventana en la que me apoyaba, y en la misma posición reclinada voy volando lentamente por encima del callejón, por encima de las casas, y luego por encima del Cuerno de Oro, en dirección a Estambul. Siento el olor del mar, el viento y el calor del sol.”

A diferencia de los sueños normales, los sueños lúcidos suelen recordarse claramente al despertar, pero podéis tener uno de ellos y olvidarlo. En caso de tener alguno, tratad de no quedar atrapados emocionalmente, en cuyo caso el sueño terminará de inmediato.

Hay que procurar, por todos los medios, evitar el conflicto emocional. El ejemplo final, de Oliver Fox, se refiere a este punto y también menciona el sentido del gusto, el único sentido que no incluía el ejemplo de Ouspensky.

“Era muy difícil mantener el papel de observador impersonal en aquel extraño Mundo de los Sueños, y darse cuenta de que si dejaba que mis emociones dominaran mi control mental, el sueño acabaría abruptamente. Entraba en un restaurante, pedía unos platos, y me despertaba al primer bocado… Conocía a una señora fascinadora y llegaba a hablar con ella un poco, pero el simple pensamiento de un posible abrazo era fatal.”

El sueño lúcido se funde con un tipo de experiencia ligeramente distinta y más conocida. Es la que llamamos «experiencia extracorporal», o según otros, «proyección astral», o más sencillamente «separación». Suele empezar a partir del estado de vigilia sin apenas rompimiento alguno con la conciencia. Es como si quedarais dormidos, pero permaneciendo «despiertos» en un cuerpo diferente, en un mundo diferente, o en un tipo de espacio diferente. Sin embargo, estas experiencias pueden empezar a partir del sueño normal, o a partir de la inconsciencia causada por la anestesia en una operación, o a partir de una conmoción debida a una caída o a cualquier otro accidente. En este estado de separación, probablemente seáis más conscientes de vosotros mismos en el cuerpo inmaterial que no en un sueño lúcido, y con mucha frecuencia podréis mirar vuestro propio cuerpo físico desde fuera. En casos menos corrientes no es ni siquiera necesario que este cuerpo normal esté inconsciente; puede continuar con lo que estaba haciendo antes de ocurrir la separación: hablar, cantar, escribir a máquina, caminar, incluso conducir un coche o una moto. Pero vosotros, con cierto sentido del Yo, del verdadero Yo, estáis siempre en el cuerpo separado. Podéis observar vuestro cuerpo normal, que sigue hablando con sensatez o que sigue actuando como si perteneciese a otra persona. Podéis contemplarlo de un modo objetivo, criticando su manera de hablar o lo que está diciendo, por ejemplo.

Durante el tiempo que dure esta experiencia no tenéis ningún interés especial por ese cuerpo ordinario y ninguna conexión personal en la conciencia con aquello que esté haciendo. Os sentís felices y vívidamente conscientes en vuestro cuerpo separado, excepto en raros ejemplos de conciencia dual. Naturalmente, tiene que existir una conexión, so pena de que el cuerpo se duerma o se desvanezca, o actúe claramente como un simple autómata. Lo que pasa es que, generalmente, no sois conscientes de la sensación, parece que os encontráis completamente al exterior. Sin embargo, es mucho más corriente que la separación empiece cuando estáis en la cama o descansando en una silla.

Me gustaría poder escribir de una manera consciente sobre mis propias experiencias en la separación, pero son demasiado insignificantes para tener relevancia. Hay ejemplos mucho mejores que podéis encontrar en numerosos libros sobre el tema. Para vosotros, mis propias experiencias no son importantes, pero para mí son cruciales. Me permiten escribir partiendo de una experiencia personal vívida, totalmente incuestionable. No se trata de una cuestión de fe. Yo sé, sin posibilidad de duda, que tengo este segundo cuerpo superfísico. Y como supongo que no soy único, creo firmemente que vosotros y todos los demás tenéis este cuerpo, aunque no seáis todavía conscientes de ello. Pero, de hecho, probablemente seáis ya conscientes de él, aunque no sea de este modo tan aparatoso. La mayoría de la gente civilizada no vive demasiado en su cuerpo físico. Centran sus intereses especialmente en niveles superiores y tienden a vivir en sus emociones y pensamientos. Si reflexionamos sobre esto os daréis cuenta de que cuando estáis atrapados por la emoción, o cuando algo os obliga a pensar en profundidad, en esos momentos apenas si os dais cuenta de vuestro cuerpo. Estáis conscientes en otro reino, en otro estado del ser, efectivamente en un cuerpo sutil y no físico. Volveré a insistir en este razonamiento más adelante.

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Entretanto, tenemos pruebas más fehacientes de personas que nos cuentan sus experiencias sobre la separación o experiencia extra-corporal. Ya he mencionado el libro de Celia Green, “Sueños Lúcidos”. Ha escrito otro llamado “Experiencias Extra-corporales” que analiza estos hechos extraños desde todos los ángulos. Es un libro interesante que, a diferencia del otro, no está basado en ninguna publicación previa. Pidió, a través de la prensa y la radio, que todo aquel que hubiera tenido tales experiencias le escribiera. Los cientos de personas que le escribieron recibieron un cuestionario para rellenar. Se recibieron 326 respuestas, a las cuales se mandó un segundo cuestionario que fue contestado por 251 personas. El libro está basado en todas estas experiencias. Tenemos, pues, unas 300 personas corrientes, que no sólo tuvieron esas extrañas experiencias, sino que también oyeron o leyeron la petición y sintieron el interés suficiente como para rellenar cuestionarios. Por ello, esto no debe ser más que una pequeña muestra. Hay muchos miles de personas entre nosotros que han experimentado la separación en algún momento, pero que rara vez la mencionan, por miedo a parecer excéntricos o diferentes. Más adelante mencionaré a otro autor que consiguió recoger más de 800 casos. Parece, pues, después de todo, que estos sueños no son tan extraños.

Lo primero que diría sobre este estado de separación es que suele recordarse siempre como una condición de deliciosa libertad y felicidad. Mucha gente lo acepta inmediatamente y se deleitan con la experiencia. Otros, hay que admitirlo, quedan perplejos y asustados por su novedad. Puede incluso que se pregunten si han muerto. O bien, tras disfrutar un rato con su aventura, de repente se sienten perdidos y no saben si serán capaces de regresar. Yo lo sé porqué a mí me ha ocurrido. En realidad, estos temores no tienen fundamento; en cuanto se siente miedo, el cuerpo separado queda automáticamente atraído por el físico con el que vuelve a unirse y la persona se despierta, a veces con un sobresalto, recordando lo que ha ocurrido. Después de unas cuantas experiencias como ésta, ya sabes qué esperar, y que no hay razón para sentir miedo.

El otro punto importante es que la mayoría de estas personas son conscientes de estar en un cuerpo sutil que suele parecerse muchísimo a su cuerpo físico corriente. Puede parecer más joven por estar libre de cualquier incapacidad de las que obligan al cuerpo normal, por la edad, enfermedad o accidente. Si ha perdido un miembro, por ejemplo, el cuerpo sutil vuelve a estar entero. Suele aparecer vestido con la ropa o el pijama que en aquel momento esté llevando en realidad, o con alguna otra prenda que lleve habitualmente. Hay personas que se ven envueltas en una tenue vestimenta, generalmente blanca. Este es el modo en que suelen aparecer los fantasmas. ¿Es eso tan extraño? ¿No se os ocurre pensar que en ese estado de separación sois un fantasma? Si conseguís haceros visible a cualquier otra persona viva (lo cual no suele ser posible) os considerarán un fantasma y se preguntarán si estáis muertos.

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Ocasionalmente, la aparición parece tan real que puede confundirse con una persona real en su cuerpo físico, hasta que desaparece o atraviesa una pared y se va. Otra característica común es que muchas personas miran hacia atrás y ven su propio cuerpo echado en la cama, o sentado en una silla, ya veces despierto y trabajando. Su reacción no suele ser la de alarmarse, o escandalizarse, sino que adoptan una actitud bastante indiferente, «mira, éste soy yo, éste es el aspecto que ofrezco ante los demás». Lo que resulta sorprendente es la falta de interés que muchas personas sienten por su cuerpo físico inerte, por su habitáculo normal. La razón es que su conciencia está casi totalmente centrada en su cuerpo separado; y es éste el que se siente realmente vivo, mientras que el otro no tiene más interés que el de un abrigo que se cuelga al entrar en una casa caliente.

“Yo no sentía ningún interés por mi cuerpo físico, ni por mi vida física. Sólo quería seguir y prolongar aquel estado feliz de existencia donde todo era más brillante, más vívido y más real que todo lo que había conocido antes”. Celia Green, “Experiencias Extra-Corporales.”

Para aquellos que lo han experimentado, esta capacidad de mirar atrás y adelante de un cuerpo a otro es una prueba irrefutable de que realmente poseen este segundo cuerpo en el que la vida puede continuar independientemente del marco físico. Estas personas insistieron en la cualidad «positiva» del desapego que experimentaron, y no en la resignación. Algunos se sintieron muy interesados por su experiencia, pero no se involucraron emocionalmente. Es muy fácil que la emoción impulse el retorno. El interés fue descrito como «académico», «crítico» o «interés y fascinación objetivos». «Los problemas de la vida cotidiana son muy triviales», «Fue como si todas las preocupaciones de mi vida hubiesen desaparecido». Pero algunas personas sienten compasión por sus cuerpos sufrientes.

El pensamiento y la memoria persisten en la forma separada, frecuentemente más agudizados que en la vida despierta. El mero hecho de pensar en otro lugar basta para volar hacia allí casi al instante. La separación es causada, en ocasiones, por la tensión, cuando nos damos cuenta de un peligro inminente, como el que nos ilustra el siguiente caso; ocurrió antes de que la persona chocara realmente contra el suelo en su caída.

“Mi experiencia tuvo lugar en «Harrison’s Rocks», un pequeño acantilado rocoso del sur de Londres. Después de dormir durante la noche, me levanté un domingo por la mañana y, creo recordar que sin comer nada, empecé a escalar las rocas en solitario. A unos quince o veinte pies por encima del suelo resbalé y caí. Objetivamente la altura no era muy grande, pero creo que me asusté mucho por el posible dolor o la muerte y por un momento abandoné la idea de vivir. Mientras caía, me parecía estar a unos cinco o diez pies de las rocas, viendo como mi cuerpo caía. Recuerdo vagamente que me hubiera gustado investigar aquella extraña sensación girando al otro lado de mi cuerpo para mirarlo. Cuando dí contra el suelo el dolor fue lo que me preocupó de inmediato; me había torcido gravemente los dos tobillos”. Celia Green, “Experiencias Extra-Corporales.”

Resulta difícil describir las percepciones sensoriales del cuerpo sutil. Evidentemente, una vez separado, no puede utilizar los órganos ni los sentidos del cuerpo físico; ni tampoco tiene un duplicado de sus sentidos, aunque pudiéramos creerlo así después de leer narraciones sobre algunas experiencias de separación. Únicamente los observadores más experimentados reconocen que el cuerpo sutil adquiere conciencia de sus alrededores de un modo totalmente diferente y único, es como si tuviese un único órgano sensorial que combina las capacidades de los otros cinco sentidos normales, incluso más. Tal vez no haya ningún órgano sensorial localizado, pero todo el cuerpo es sensible y receptivo. Pero ¿cómo podemos describirlo? No tenemos palabras para ello. Se ha usado el término sinestesia, como la síntesis de todos los sentidos, pero no resulta muy útil en las narraciones de estas experiencias. Por eso, lo que casi todos los escritores hacen, incluso aquellos que comprenden bien la situación, es utilizar palabras familiares como ver, sentir, oír, etc. Pero al leer estas explicaciones tendríamos que imaginar estas palabras entre comillas, pues no tienen su significado ordinario. Están usadas en un sentido imaginario. Si alguien dice: «estaba fuera de mi cuerpo y ví un ángel», mentalmente deberíais traducir la frase en algo como «Estaba fuera de mi cuerpo físico, y en mi cuerpo sutil adquirí consciencia de un Ser.

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No puedo describir exactamente lo que ocurrió. Fue como si le viera, pero era algo mucho más importante que la visión terrenal. También sabía que era un Ser Espiritual bondadoso, de gran esplendor, que había venido para ayudarme. En parte, me recordaba las descripciones de los ángeles que había leído, pero era mucho más glorioso y más bondadoso de lo que hubiera podido imaginar.»

Es en gran parte esta clase de concienciación lo que hace que la vida «del otro lado» sea al principio tan desconcertante, pero también mucho más vívida y más satisfactoria que nuestras experiencias terrenas. En comparación, éstas parecen primitivas, a pesar de las capacidades verdaderamente maravillosas del oído y de los ojos, en combinación con el cerebro. Otra capacidad del estado «desencarnado» es la habilidad de «ver» en todas direcciones y no sólo desde la posición que ocupan los ojos, y ver los dos lados de un objeto simultáneamente. Esto explica el ocasional giro al revés de un objeto cuando se regresa al cuerpo. El número «78» puede recordarse como «87 » por la dificultad de distinguir la derecha y la izquierda. También es posible ver en la oscuridad cuando uno está fuera del cuerpo, y ver a través de los objetos, o ver su exterior y su interior al mismo tiempo. El sentido del tiempo también puede ser distinto al del estado normal de vigilia.

Varias personas han intentado visitar a un amigo cuando salían de su cuerpo. Generalmente, el amigo no es consciente de su visitante, pero a veces la presencia se ve o se siente como una impresión.

La psicokinesis, es decir, el movimiento físico de objetos mediante el pensamiento o mediante el cuerpo separado, no suele ser posible. La persona es a menudo consciente de que su mano sutil atraviesa el objeto que quiere mover sin afectarlo en absoluto. Similarmente, la forma separada puede atravesar un techo o una pared sin ninguna dificultad, pero a menudo la persona está inhibida por su experiencia normal y no intenta estos experimentos.

Hace cincuenta años o más, varios escritores quisieron explicar la sorprendente naturaleza del plano astral (1) sugiriendo que es un mundo de cuatro dimensiones, en lugar de las tres dimensiones del mundo normal. Para ayudarnos a visualizar la situación presentaron una analogía. Se nos hacía imaginar una raza de hombres planos, sin grosor alguno, confinados en un mundo plano bidimensional. (2D) Para ellos, nuestro mundo normal tridimensional (3D) sería tan desconcertante como un mundo cuatridimensional (4D) pudiera serlo para nosotros. La analogía, sin embargo, no era muy convincente, porque casi es más difícil imaginar hombres bidimensionales que hombres cuatridimensionales. Creo que la razón es que estamos rodeados por representaciones del mundo tridimensional en superficies planas bidimensionales, y tenemos dibujos, cuadros, fotografías y ahora imágenes televisivas. Con ayuda de la perspectiva y la colaboración de los ojos, el cerebro y la mente, no tenemos dificultad alguna para imaginar la dimensión que falta, la de la profundidad.

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Creo que hay una analogía mejor, la del dibujo de la sombra o silueta. Si, por ejemplo, el perfil de la cabeza de una persona está iluminado por una sola luz concentrada puede proyectar una sombra delineada sobre una pared blanca, y entonces, tendréis una verdadera proyección bidimensional de la cabeza de esa persona.

Si fuera un desconocido, os costaría mucho imaginar qué aspecto tiene esa persona realmente, pues la silueta no da una indicación de la profundidad como lo hace el dibujo. Creo que esta analogía nos permite apreciar mejor nuestra dificultad para imaginar la profundidad todavía mayor, la complejidad y amplia visión de la imagen astral. Normalmente, nosotros percibimos desde un punto fijo, el de nuestros ojos, y todo cuanto vemos de un objeto sólido es la parte de una superficie externa visible desde ese punto de vista.

No estoy sugiriendo que el otro mundo sea realmente cuatridimensional en un sentido literal (geométrico). Hay otra explicación de sus propiedades que encuentro más satisfactoria. Pero la idea de una cuarta dimensión imaginaria puede ser útil para algunas personas.

Otros libros que tratan sobre el tema incluyen recopilaciones de casos, especialmente Crookall y otros libros que explican las propias incursiones repetidas del autor en este otro mundo. Tal vez el más conocido de éstos sea uno que fue publicado en 1929 por Muldoon y Carrington, “La Proyección del Cuerpo Astral”. Muldoon vivía en una parte rural de los Estados Unidos y experimentaba lo que él llama proyecciones astrales, desde los doce años. Tenía sólo veinticinco cuando empezó a escribir su libro, animado por el otro autor, un famoso escritor de temas ocultos. Por entonces, ya había tenido cientos de estas experiencias, algunas espontáneas y otras inducidas deliberadamente. La separación le era muy fácil, y escribe con la convicción de que la mayoría de la gente puede experimentarla por sí misma siguiendo su técnica. En la práctica no resulta ni mucho menos tan sencilla como él supone. Admite que puede ser difícil para personas de salud robusta. Sorprendentemente, afirma que la separación es más fácil cuando el cuerpo está fatigado, enfermo o viejo: él inducía un estado adecuado de pasividad reduciendo el ritmo de los latidos de su corazón, algo que podía hacer a voluntad, pero algo poco común. Luego, se recomienda la relajación del cuerpo, mientras se mantiene la mente alerta pensando en la proyección e imaginando con todas las fuerzas cómo el cuerpo astral se eleva por encima de la forma física que yace en la cama. Pero el estado emocional debe ser de tranquilidad y sin miedo. Sin embargo, para Muldoon, la proyección con plena conciencia era a veces una experiencia desagradable, acompañada de una sensación vibratoria de arriba a abajo, y de dolor en la nuca.

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Otros practicantes, especialmente Monroe (véase más adelante) han mencionado fuertes ruidos extraños en los oídos, como ruidos de rugidos y ráfagas de viento. Es preferible, dice este autor, dormirse normalmente y luego «despertarse» en una conciencia astral. Entonces, uno puede despertarse del todo directamente desde ese estado, o puede volver a caer primero en el sueño normal. El despertar directo desde la conciencia astral, especialmente si se debe al miedo, puede ser desagradable e incluso doloroso, pues los cuerpos quedan repentinamente «en coincidencia», como dice Muldoon. El resultado es una «repercusión» que sacude el cuerpo.

Yo mismo suelo tener ligeras repercusiones cuando intento dormirme con la mente todavía activa. Supongo que me adormezco y tengo que volver al instante para terminar el curso de mis pensamientos. De cualquier modo, esta noción del paso desde el sueño a la conciencia astral tiene algo familiar: esto es lo que muchos de nosotros hacemos por la noche, pero al despertar, raramente recordamos nuestras excursiones. En realidad, la separación en sí no es nada inusual, pero hemos de aprender a recordarlo, cosa todavía poco común. Muldoon afirma que a partir de observaciones de su familia y amigos en estado de separación, el cuerpo sutil se separa normalmente del cuerpo físico durante el sueño. Pero, generalmente, se mantiene a una distancia de un pie por encima del cuerpo dormido, quedando en un estado parecido al sueño, mientras los dos cuerpos van reorganizándose, por así decirlo, para el trabajo del día siguiente. A veces el cuerpo sutil puede vagar un poco, envuelto en sus propios pensamientos y fijándose poco en lo que le rodea. Pero otras personas están totalmente «despiertas» en el plano astral, aunque raramente recuerdan sus viajes por la mañana.

Tal vez sea éste el mecanismo protector de la Naturaleza: en la conciencia despierta ya tenemos suficientes preocupaciones como para cargarnos con el peso de nuestras actividades nocturnas. Estas personas tienen, por así decirlo, la doble personalidad de Jekill y Hyde, pero es muy probable que sea el doctor Jekill quien se encuentra activo por la noche en misiones altruistas. Más adelante volveré a tocar este tema.

Muchos autores han hablado de un «cordón de plata» que conecta el cuerpo físico con el cuerpo sutil. Muldoon siempre fue consciente del «cordón de plata» que los unía. No solamente podía verlo, sino que podía sentirlo como un cable, aparentemente blando y elástico, pero sólido. También sentía una especie de tirón elástico del cordón, que tendía a atraerlo hacia el cuerpo, y su tensión parecía aumentar hasta que se alejaba unos diez o veinte pies de su cuerpo. Pero en cuanto conseguía rebasar esta distancia, el cordón se hacía más fino convirtiéndose en un hilo y dejaba de tirarle hacia atrás. Sin embargo, cuando llegaba el momento de finalizar la separación, el cordón volvía siempre a atraerlo hacia atrás. Si alguna vez tenéis esta experiencia, tratad de recordar que es imposible perderse. El cordón os volverá siempre al lugar, sanos y salvos. Se nos dice que únicamente al morir se corta finalmente ese cordón.

Las máximas experiencias de Muldoon eran, en su mayoría, monótonas. Se encontraba en un mundo muy parecido al mundo normal en que vivía, en un cuerpo igual a su cuerpo físico, con la excepción de que era ligero y podía viajar libremente. Una de sus experiencias más interesantes y convincentes fue cuando visitó una extraña casa, viajando en proyección astral. Pudo fijarse en su situación, en una ciudad cercana y memorizar detalles de su interior. Vio a la familia que vivía allí, incluyendo a una niña de su misma edad aproximadamente que estaba cosiendo. Más tarde, una vez despierto, encontró a aquella niña y la reconoció, presentándose y describiendo detalles de su casa que ella confirmó inmediatamente. Se hicieron amigos y se dispusieron a llevar a cabo algunos experimentos en la proyección astral.

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Robert Monroe

Otro autor que ha escrito sobre sus numerosas experiencias extracorporales es Monroe, un ingeniero en electrónica y un ejecutivo. De repente, empezó a tener estas experiencias que continuaron y fueron haciéndose más interesantes cada vez. Como era una persona del campo científico, se ofreció para reconocimientos médicos y experimentos científicos, y describió sus observaciones de un modo más científico que la mayoría de los otros autores. Sus experiencias en lo que él llama Locale I, que se parece mucho al mundo ordinario, eran realmente similares a las de otras personas. Pero en su Locale II, encontró un mundo menos familiar en el que tuvo muchas aventuras, conoció a mucha gente interesante y «conversó» con ellos, generalmente mediante una especie de telepatía, sin palabras. El tiempo y el lugar parecían actuar de modo diferente. Ante su menor deseo, se encontraba en otra localidad. Además de escribir un libro, “Viajes Extracorporales”, Monroe siguió sus propias experiencias, elaborando unas técnicas para inducir la misma condición en otros voluntarios. Era consciente de unas sensaciones vibratorias en el cuerpo y de unos sonidos en los oídos, como unos fuertes rugidos, precisamente antes de abandonar el cuerpo. Hacía relajar a los voluntarios en un colchón de agua, con unos auriculares estereofónicos en las orejas, y a través de ellos les transmitía varios sonidos. Un tono puro en su oído, y un tono ligeramente diferente en el otro se combinaban en el cerebro para producir un tono vibratorio bajo. Un «sonido blanco» a todo volumen para simular el rugido, más unas campanas del templo y otros sonidos más musicales, era suficiente para conseguir que la mayoría de las personas saliesen de su cuerpo. Sin embargo, conservaban cierto grado de conciencia dual, podían dictar sus experiencias a una grabadora mientras sucedían. Oí decir que había tenido éxito en 600 personas, pero gran parte de su material tenía que ser analizado todavía. Más interesante aún, es que Monroe ha formado un Grupo de Exploradores, formado por sus mejores sujetos, que se dedican a examinar repetidamente estos otros mundos.

Además, cuando uno de ellos se halla «fuera» y narra una extraña experiencia, puede mandarse allí un segundo miembro del equipo para que le encuentre y confirme su observación. El hecho de que las experiencias puedan ser compartidas es especialmente significativo y demuestra que es mucho menos probable que sean alucinaciones de cualquier clase. En principio me preocupaba un poco pensar que tantas personas parecían tener sus propias experiencias únicas. Pero tampoco es realmente sorprendente, pues si cien visitantes del espacio fuesen enviados a distintos puntos separados de la tierra, contarían cien historias distintas de sus aventuras. No hay razón para suponer que los otros mundos sean más uniformes que nuestro mundo conocido.

En su libro “La Vida Mística” Whiteman habla extensamente de sus propias experiencias espontáneas que se cuentan a miles. Whiteman es catedrático de Universidad y también ha sometido sus experiencias al análisis y clasificación científicos. Describe varios tipos distintos de separación y llega a la conclusión de que el grado de separación depende del grado de conquista sobre las fijaciones emocionales e intelectuales. En sus separaciones no se limitaba a aquellos reinos o espacios parecidos a la tierra, como la mayoría de la gente. El describe espacios superiores de creciente pureza y espiritualidad. Las experiencias más elevadas de Whiteman eran comparables a las de los famosos místicos cristianos y a las de los más experimentados yoguis hindúes. De éstas hablaré en un capítulo posterior. Sin embargo, la actitud espiritual de Whiteman respecto a sus experiencias es digna de mención. Eran todas espontáneas. Nunca intentó inducir la separación, aunque a veces trató de modificarla con la intención de elevar su conciencia a niveles espirituales superiores, a través del Amor y la Obediencia. Consideraba cada acontecimiento como algo que se le otorgaba para aumentar su comprensión, y él ha pagado estos regalos escribiendo libros para guiar a otros hacia la vida espiritual.

Volviendo a los compiladores de experiencias extracorporales de otras personas, debo mencionar que tres libros escritos por Crookall hablan de no menos de 800 casos. Con algunas excepciones que pertenecen al capítulo siguiente, no añaden mucho a la información que he recogido de otras fuentes. Pero lo que más me interesó fue el título de su último libro “Lo que Ocurre Cuando Morirnos”. Como voy a intentar demostrar, éste es un título presuntuoso y confuso. Según mi modo de pensar, trata sólo de lo que puede suponerse que ocurre a algunas personas durante los primeros minutos u horas después del «despertar» al otro lado. Sin embargo, este título del libro plantea una cuestión importante: ¿podemos asumir que las experiencias extracorporales durante la vida física son una premonición exacta de la vida después de la muerte?

El leer sobre estas experiencias puede no ser convincente; es posible despreciarlas considerándolas sueños o alucinaciones, a pesar de los 2.000 casos o más que se han podido recoger y de los muchos miles que deben haberse conservado como algo privado y precioso. Pero incluso una sola experiencia vívida personal de vida en un cuerpo separado, y más todavía si el cuerpo físico también se ve, es totalmente convincente. Es decir, proporciona una prueba irrefutable, por experiencia directa, de que es posible funcionar en este «Cuerpo de Luz», como podemos llamarle. Si una persona piensa en todo esto, probablemente reflexionará y dirá: ¿Sí tengo este otro cuerpo -y sé ahora que lo tengo- entonces cuando me muera ¿qué va a impedirme seguir viviendo conscientemente en este cuerpo? Verdaderamente ¿qué? Es difícil contrarrestar un argumento así.

Personalmente yo estoy de acuerdo con esa persona, aunque por lo que he leído, supongo que habrá algunas diferencias de detalle en la calidad de la vida después de la muerte, en comparación con los breves episodios extracorporales. Particularmente creo que, a medida que nos vamos familiarizando con las condiciones después de la muerte, la vida se abre y florece de un modo que pocos han experimentado durante su vida sobre la tierra. Si no estáis convencidos todavía, leed al menos el siguiente capítulo que ofrece pruebas más directas.

 

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Introducción

Al margen de las referencias históricas a hechos concretos que eran palpitante actualidad cuando fueron redactadas las siguientes líneas, las comprensiones que Lanza del Vasto, su autor, nos transmite, son plenamente aplicables a las actuales circunstancias por las que atraviesa el planeta.

Teniéndolas como base me permito, incluso, avanzar una previsión, lo que no me va a convertir en profeta, no hay mérito alguno en ello, puesto que la psicología de la masa humana es lo más previsible que existe. Es ésta: hoy en día se extiende como la pólvora la idea de una supuesta amenaza global que toma cuerpo, principalmente, en el terrorismo extremista de signo islamista. El cariz de las decisiones que están adoptando los grandes poderes políticos mundiales, servidores de oscuros intereses económicos y clasistas, va a provocar justamente lo contrario de lo que se dice pretender (pura mentira, una fachada), es decir un recrudecimiento y extensión del terrorismo extremista, de uno o de otro signo. Y si no comprendemos rápidamente, las respuestas subsiguientes irán en la misma línea de restricciones de más y más libertades individuales, alentadas por el espejismo de una ilusoria “seguridad”. Una cercenación de libertades ni siquiera necesitará ser impuesta, sino que hasta será inicialmente solicitada y aclamada por la propia masa humana, la cual ignora que obedece ciegamente, cual manada, a un programa de intereses ocultos finamente insertado en la conciencia colectiva durante generaciones para su oportuna activación a conveniencia de los “poderosos”.

De esta forma, los grandes dirigentes mundiales podrían acumular un poder como jamás detentaron y se sentirán justificados y con las manos libres para aplicar nuevas medidas coercitivas que conllevarán una más profunda supresión de derechos y libertades. Se iniciaría de esta forma una cadena de “justificadas decisiones” (siempre por “nuestro bien”, ¡claro está! ¡quién lo dudaría!), que nos enfocaría en una espiral descendente y sin salida hacia el caos de una guerra total… Salvo que, antes, la propia naturaleza, harta de nosotros (es una forma de hablar) y buscando su propio equilibrio, se encargue de proporcionarnos un estremecimiento de tal calibre, que nos obligue a una profunda mirada dentro de nosotros mismos, lo que, finalmente, haga despertar a una mayoría cualificada de seres humanos.

Advertimos a los lectores que todos los subrayados del texto son nuestros. Queremos así llamar la atención hacia un contenido que invitamos a reflexionar e interiorizar.

Idafe


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FRENTE A LAS LEYES Y FATALIDADES DE LA HISTORIA

Por: Lanza del Vasto (1901 – 1981)

Los fascistas se han opuesto a los soviéticos asumiendo el mismo sistema comunista: confiscación por el estado de las empresas privadas, centralismo, mecanización, movilización secreta y utilización de todas las fuerzas y recursos del país.

A causa de la exaltación nacional e imperialista —típico del sistema fascista— los alemanes invadieron injustamente Rusia. Los rusos, inflamados de idéntica exaltación, en perfecta contradicción con los principios de la Tercera Internacional, encontraron el empuje necesario para arrojar de sus tierras a los alemanes e invadir los territorios vecinos.

La GESTAPO (1) tomó de la GEPEU (2) sus métodos de delación y tortura. Torturan a los prisioneros de guerra en Indochina para arrancarles informaciones estratégicas y la razón de tal infamia es que el enemigo comete el mismo error.

En cuanto a esta técnica científica de la mentira que se llama propaganda, la practican todos los partidos y nunca se sabe quien se lleva la palma.

Las mismas personas que en el 14 y en el 39 gritaban indignadas al conocer el bombardeo de una ciudad y la masacre de una población desarmada, ingenuamente se alegraban en el 44 del aplastamiento de las ciudades alemanas bajo toneladas de bombas, de la muerte de millares de inocentes por la asfixia o el incendio y del hundimiento de hospitales y catedrales.

Lo que pretendo decir es que las costumbres más inhumanas y los hábitos mentales más detestables pasan automáticamente de un régimen a otro, que el contagio se efectúa en el combate y basta con que uno de los contendientes tome la delantera para dejar de ser preferible al precedente.

Quienes piensen que el desencadenamiento de la violencia es algo bueno en cuanto que distiende las querellas y finalmente quedan resueltas, equivocan el enfoque. Y, en primer lugar, se engañan con el término desencadenamiento. Se trata de un encadenamiento, pues la injusticia atrae la venganza y la victoria de uno llama al desquite del otro. La violencia engendra violencia en un continuo vaivén que mantiene el acaloramiento mutuo.

Hace siglo y medio que las revoluciones se encadenan con las guerras y el desgaste no ha cesado de crecer. Y se debe a que, en este mundo profundamente justo los efectos siguen a las causas impecablemente. En tanto los hombres no encuentren otro medio de afirmarse que desbordando, hasta que el desbordamiento de otro les contenga y sumerja, es preciso que las mareas de sangre sigan la regularidad de una ley natural. Los que piensan que el cúmulo de cadáveres y ruinas es el único sistema de establecer la justicia y la paz, se hacen una falsa imagen de la justicia del Todopoderoso y la realidad se encarga de desmentirles a cada paso.

¿No habéis notado que el resultado de revoluciones y guerras decepciona a quienes las han concebido y emprendido? Pues es natural que los hechos no respondan al sueño y que las ideas más sublimes se deformen un poco al realizarse, puesto que nada humano es perfecto. Más aún, nada habréis comprendido si no os percatáis de la sobrenatural broma de la historia, a saber: al final, revoluciones y guerras terminan en lo contrario de lo que pretendan y se burlan de los objetivos que los jefes habían propuesto a sus pueblos a fin de estimularles.

La Revolución francesa quería suprimir los privilegios del Antiguo Régimen y establecer la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad entre los hombres. Diez años después, había originado el Imperio que restableció todas las desigualdades y obligaciones del Antiguo Régimen, considerablemente agravadas y fundadas en la exclusiva legitimación de la fuerza y del azar. Europa se hallaba devastada por una serie de guerras y Francia estaba vencida y extenuada. La II y III Repúblicas reemplazaron el fasto de los nobles por el lujo de los ricos, e inauguraron dos nuevas maneras de explotar a las gentes y oprimirlas: la mecanización y la colonización.

Los imperios de Alemania y Austria se precipitaron en la guerra del 14 porque podían sorprender en su desorden a los países vecinos y aprovecharse de ellos. La guerra los convirtió en dos pequeñas repúblicas hambrientas y quebradas. El Imperio de Rusia entró en la contienda pues no veía otro medio de frenar la revolución que le amenazaba, y a consecuencia de la guerra la revolución se le echó encima y lo abatió. Franceses, ingleses y americanos se han dedicado a guerrear para defender las libertades democráticas y abrir mercado a sus productos. Su victoria ha permitido, o si no provocado, el advenimiento del Comunismo, del Fascismo y del Nacional-Socialismo, regímenes dictatoriales y autárquicos.

Los móviles de la revolución bolchevique eran una justa retribución del trabajo e igual distribución de los bienes de la tierra, la reconciliación de los pueblos y la abolición de los ejércitos. Y resultó ser la más aplastante dictadura autocrática, económica y militar que ningún pueblo haya sufrido.

La última guerra ha comenzado casi en los mismos términos que la precedente y ha terminado del mismo modo.

Ingleses y americanos, ensañándose en aniquilar Alemania, se dieron de cara con los rusos, potencia más temible, más exclusiva, más cerrada aún y mucho más hostil a su hegemonía. Si permitieran sublevarse a Alemania, una tercera guerra comenzaría en idénticos términos que la anterior.

Este encadenamiento de absurdos tiene una perfecta lógica.

¿Cómo una prosecución de violencias y azares puede conducir automáticamente a la justicia?

Decidme, ¿cómo puede haber Paz en este mundo si nadie la quiere?

Pues en la guerra, no es la Paz lo que se quiere, sino la victoria, cosa completamente diferente. Y durante la Paz, no es la Paz lo que se intenta conservar, sino el reposo, el provecho y la comodidad, cosas muy distintas a la Paz.

Decidme, ¿qué hacen por la justicia y la paz los buenos y apacibles ciudadanos?

Éstos obedecen a las leyes de su país. Ahora bien, en el país donde la ley es fuerte y es respetada, se vive al abrigo del bandolerismo y de la guerra civil. Se puede decir por tanto que se asegura una manera de justicia y de paz.

Pero hacemos bien en decir «una manera», pues se trata de una apariencia, e incluso de una máscara.

La paz y la justicia externas constituyen un velo protector para que el fraude, el abuso y la ambición hagan libremente su juego. Los siete pecados capitales sacan la lengua y muestran el trasero impunemente ante la ley. Los hábiles se sirven de la ley para despojar a los inocentes. Las fortunas se apoyan sobre la ley para mantener durante generaciones los privilegios y pretensiones más inaceptables. Formas siempre nuevas de servidumbre de una clase u otra se fundan abiertamente en las leyes. Los ambiciosos no tienen necesidad de emplear la fuerza cuando les basta con utilizar la ley como si fuera un carro de guerra para aplastar a sus enemigos. Tales son los límites interiores de la ley. Y se comprenderán mejor al descubrir que, en efecto, la ley no pretende mantener la paz y la justicia, sino mantener la propiedad y el poder, lo que es completamente diferente.

En cuanto a los límites exteriores de la ley, aún son más palpables, ya que están señalados por las fronteras del país. Al otro lado de la frontera rige probablemente una ley parecida, aunque se sostenga en un poder distinto. Esta similitud permite los viajes e intercambios, los cuales ayudan a constatar que las leyes de la paz y de la justicia son iguales para todos los hombres, pero en ningún sitio coinciden con la ley de los estados.

La guerra manifiesta el límite de las leyes del estado, su naturaleza y sus reveses, muestra que no tienen ninguna relación con las leyes de la justicia y de la paz.

Pues las leyes del estado son, con mucho, las que transforman de un golpe a todos los buenos y apacibles ciudadanos en soldados encarnizados; por obediencia y sumisión a la ley, por abnegación y coraje, por disciplina, puntualidad y valor, todos los hombres de buena voluntad llegan a sembrar en un solo día más cadáveres, ruinas y desechos de los que pudieran cometer en cien años todos los bandidos del mundo.

Cuando un estado declara la guerra a otro, todos los ciudadanos del otro estado están fuera de la ley. Cada estado obliga a los suyos a ver a los del otro como bandoleros y a perseguirlos y ejecutarlos como tales.

He aquí a los buenos ciudadanos de ambos bandos investidos de una función justiciera, y obligados —para cumplirla— a dar la razón a la opinión del adversario que los mirará como bandoleros.

Cuantos piensan que el odio es la causa de la guerra se equivocan completamente. A lo sumo es su inevitable consecuencia. Quienes la atribuyan a la ambición, al orgullo, al espíritu de lucro y rapiña y a la excitación de los malos instintos, en parte se equivocan.

Las causas de la guerra son de diversos órdenes y planos. Unas naturales, otras artificiales, otras ocasionales y otras más profundas. Pero la causa moral de la guerra es la obediencia incondicional a las leyes del estado, es la confusión de la ley del estado con la ley moral.

La moral del buen ciudadano tiene una relación mínima con el ejercicio de las virtudes y la adquisición de la conciencia. Es una adaptación a Ias exigencias de la comodidad, de la conveniencia y de la costumbre. También es una moral de doble cara y de doble filo, una moral que bascula en el momento preciso, que se da la vuelta como el guante, es decir, nada tiene que ver con la verdad.

Cuantos queráis aprender a practicar la no-violencia, sabed a quienes tendréis en la oposición. No serán los violentos, ni los malvados y malhechores. Tampoco los indiferentes, ni los escépticos. No, amigos, chocaréis con los buenos. Son ellos, los que apoyados en la ley, os denunciarán como traidores y os atacarán como a rebeldes, son ellos los que armados hasta los dientes, os declararán peligrosos. Sí, ellos, los buenos, y creerán hacer bien, que defienden la patria y el honor, creerán servir a Dios.

Y no sin razón os mirarán como a grandes perturbadores y como a enemigos públicos, pues tenéis en las manos un arma capaz de hacer trizas todas sus armas, una potencia capaz de echar por tierra aquello que consolida su seguridad en la paz y su victoria en la guerra.

Lo que os digo parece de una jactancia inaudita cuando miramos a los formidables imperios en lucha, las pasiones desbordadas de los pueblos y de las masas, el incalculable trabajo de las máquinas en marcha, los millones de hombres armados y en fila, con sus cañones, sus bombas, Ias irresistibles fatalidades de la historia… Y nosotros, pobres hombres, ¡soñamos al querer resistir solos frente a todo esto!

Pensad, sin embargo, que por muy inhumanos y sobrehumanos que parezcan y sean estos sistemas, por muy invulnerables que resulten en apariencia y por fuera, siempre tienen su punto débil y origen en el hombre, en el pobre hombrecillo, nuestro semejante. Pues él es quien los ha concebido y diseñado, y basta con que les retire su apoyo un instante para que todo su atractivo caiga en la nada. Este pobre hombrecillo de corazón cambiante y cabeza confusa…

No os enredéis en los engranajes de la periferia, en combates exteriores; no conseguiréis nada y seréis engullidos. Id derechos al corazón y a la cabeza y alcanzaréis a la vez todo el conjunto.

Imaginaos que debéis detener un colosal martillo pilón y que os han dicho: con vuestras manos lo pararéis.

«¡Tanto peor para mis manos!», os diréis, y en un empuje sublime e irreflexivo, tenderéis las manos contra la máquina que las aplastará.

Así han actuado hasta ahora los objetores de conciencia ante el martillo pilón de la guerra.

Piensan que su ejemplo cundirá con el tiempo y que algún día millares y millares de manos detendrán la máquina, pero las diez toneladas de acero que caen sobre el yunque triturarán sin estremecerse a cuantas manos se presenten.

Yo os digo: haced lo que enseña la Desobediencia Civil y la No-Violencia, la posesión, el conocimiento y el don de sí; incluso no necesitaréis toda la mano para detener la máquina, con un dedo basta. Pues esto os conducirá a una cabina lateral; allí, os indicará un cuadro y la palanca que apretaréis con la punta del dedo. Al punto, se hará un silencio asombroso, como por encanto el martillo quedará suspendido. No es nada milagroso ni difícil. Basta saber dónde poner la mano y cortar la corriente.

Vosotros, si queréis adquirir el derecho a llamaros objetores de conciencia, si queréis serlo de modo eficaz, adquirid primero la conciencia.

Quien trabaja por adquirir la conciencia se ve transportado al corazón, a la cabeza y tiene las palancas de mando al alcance de la mano.

Quien adquiere conciencia puede ayudar a los otros a adquirirla y les dará la llave para salir de todos sus problemas.

Estos grandes desórdenes exteriores que llamamos guerra y revolución se deben menos a una mala voluntad y malos instintos que a la buena voluntad mal esclarecida. Proceden de aquello que se invoca como justificación de todas las faltas: la irresponsabilidad de la inconsciencia.

Cuando consideramos el conjunto de prejuicios y tópicos que originan las agitaciones públicas y de los cuales observamos su increíble inconsecuencia, no nos cuesta trabajo concluir que los hombres que creen en ellos y se agitan en este círculo cerrado están dormidos.

¡Despertadles! Pero primero, despertaos. Los encadenamientos mecánicos e intelectuales de la historia se alejarán de vosotros como pesadillas.

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NOTAS:
1) Policía secreta oficial de la Alemania nazi.
2) Policía política de la antigua Unión Soviética

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FUENTE: capítulo 2 de la obra “La Locura de Noé”, de Lanza del Vasto

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INTRODUCCIÓN

En la época gloriosa del Espiritismo español anterior al drama de la guerra civil de 1936, mucho se publicó para hacer llegar al pueblo el ideario liberador, los principios de sabiduría y los horizontes de progreso que la doctrina de los espíritus proponía a la consideración del entendimiento de hombres y mujeres de buena voluntad. Fue muy frecuente, entre estas publicaciones que vieron la luz en aquellas décadas, la aparición de hojas volanderas y folletos varios con declaraciones y alternativas del movimiento espírita ante las diversas problemáticas sociales, así como textos de discursos, conferencias y, en ocasiones, de comunicaciones mediúmnicas que por la importancia de su contenido, merecieron el esfuerzo de aparecer impresas.

Muchas de estas sencillas publicaciones, en buena medida directamente conectadas a la actualidad de entonces, han llegado hasta nosotros, otras, desgraciadamente, no. Entre las primeras figuran las dos comunicaciones complementarias que reproducimos seguidamente.

Atribuidas a los espíritus de Marieta y Cervantes, fueron recibidas por intermedio del conocido médium Daniel Suárez Artazu en la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza, una de las más importantes de aquella época, y publicadas en forma de folleto por la misma Sociedad en 1873, en la editorial Juan Torrents, de Barcelona, con el título “Ventajas del Espiritismo, por los espíritus de Marietta y Cervantes”. En años posteriores se volvió a reeditar, como, por ejemplo, lo hizo la editorial Maucci (Barcelona, 1900).

Sin dejar de reconocer que algunas expresiones tienen el gusto y el tono de la época, su contenido sigue plenamente vigente y merecen una lectura detenida en este siglo XXI, a lo que invitamos a nuestros amigos y visitantes.

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Retratos mediúmnicos de Cervantes yMarietta

I

Oíd y sabréis, tal cual os podré decir y tal cual podréis comprender las ventajas del Espiritismo.

En el infinito lleno de materia y espíritu, nada muere.

Lo que en la encarnación llamáis muerte en la materia, no es más que la descomposición de un Ser perfecto, para perfeccionarse más

Lo que en la erraticidad llamamos muerte, en el espíritu no es más que su inmersión en la materia para depurarse mejor.

Cuando los encarnados decís que la materia muere, no os apercibís de que un espíritu recobra su libertad; cuando los desencarnados decimos que un espíritu muere, apenas recordamos que a la materia anima.

La descomposición de la materia da vida al espíritu y la encarnación del espíritu en la materia da vida a ésta.

Y de esta acción y reacción de materia y espíritu, resulta la verdadera vida, la mejor manera de ser, la perfección y el progreso.

Los mundos, el hombre y todos los demás seres mueren al parecer; el espíritu sujeto a la materia parece que se asfixia en ella. No. La materia y el espíritu se necesitan, se buscan, se combinan, salen de sí mismos, y se separan para buscar sus centros y llegar a ellos más depurados, más perfectos.

El espíritu perfeccionado busca materia perfeccionada a su altura.

El ser orgánico que se llama hombre, tiene espíritu perfecto, que responde a la perfección de su organismo.

El espíritu que en el hombre vive, encuentra en él condiciones para desarrollar y poner en actividad la idea que de Dios tiene.

Rudo fue el hombre en su principio, pero de generación en generación se perfecciona. Rudas fueron también sus ideas, ruda la idea de Dios; pero como de siglo en siglo más y más se perfeccionan, hoy la idea de Dios en el hombre es más verdadera, más digna, más elevada.

A tal idea de Dios, tal culto y tal religión.

La idea ruda y mezquina de Dios, produjo dioses rudos y mezquinos que se codeaban con los hombres, dioses a la altura del hombre, dioses que veía y tocaba, y que siendo hechura de sus propias manos, tenían para su desgracia todas sus pasiones y ninguna de sus virtudes.

Pero perfeccionándose el hombre y elevando su pensamiento más y más, su Dios también fue subiendo, hasta sentarse en el cielo.

II

Ese cielo del que apenas percibís algunos puntos luminosos, todo es materia.

Y si adquiriendo la extraordinaria velocidad del rayo de luz, os fuera fácil salvar sus distancias inmensas, por mucho que os remontarais, siempre veríais un cielo suspendido a incalculable distancia: materia sobre vuestras cabezas, materia y materia bajo vuestros pies.

El cielo de vuestros ojos materiales, materia es. La materia es una verdad que sentís latir en vosotros mismos y que veis girar en el infinito.

El espíritu es otra verdad que sentís pensar en vosotros y que presentís en la eternidad.

Pero no basta presentir: es preciso ver.

Si sentís la materia en vosotros y en el infinito la veis, al espíritu lo sentís, pero en la eternidad no lo veis.

Lo que se siente y no se ve, no satisface a la comprensión; no basta, pues, presentir: es preciso ver.

El Espiritismo tiende a enseñar el cielo del espíritu con su luz esencial, que es la inteligencia, como Ia luz esencial de la materia os enseña el cielo material que os cubre.

Por eso eI Espiritismo es luz.

Luz que ilumina un cielo, en el que por mucho que se remonte el pensamiento, siempre encontrará cielo eternamente encima y abajo eternamente cielo.

Sentís, pero no veis el cielo del espíritu; el Espiritismo os lo enseñará y lo veréis.

Pero veréis, no como los ojos materiales ven lo que sólo pueden alcanzar: veréis, como la inteligencia ve, lo que sabe penetrar.

Tenéis inteligencia, es decir, luz; aplicadla y veréis.

III

Todas las religiones han creído decir su última y primera palabra; el Espiritismo dijo su primera y sabe que jamás dirá la última.

Todas las religiones salvan o condenan; el Espiritismo salva siempre.

Todas las religiones vengan y castigan el mal; el Espiritismo no lo venga ni castiga; lo corrige y enmienda.

Todas las religiones tienen hijos privilegiados; para eI Espiritismo no hay ser que no lo sea.

Todas Ias religiones tienen cielos, más allá de los cuales nada mejor existe; el Espiritismo tiene un cielo para cada cielo.

Todas las religiones son exclusivas: ninguna otra creencia cabe dentro de las suyas; el Espiritismo no rechaza ninguna para corregirlas.

Muchas religiones castigan la materia como despreciable; el Espiritismo enseña a conservarla como cosa digna.

Muchas religiones, con la ciencia riñen; el Espiritismo se asienta en ella.

Todas las religiones no dan al espíritu más morada que la tierra entre dos límites: uno de placer y otro de pena eterna; el Espiritismo le da por morada el universo sin límites de felicidad y gloria.

Todas las religiones maldicen a quien las daña y contradice; el Espiritismo no ha por qué, y asegura felicidad para todos.

Todas las religiones definen a su Dios, de lo que resulta un definido humano: el Espiritismo no lo define, porque nada humano puede definir lo que está fuera de humanidad.

Todas las religiones prometen; el Espiritismo promete y asegura a todos.

Las promesas de muchas reIigiones son limitadas; las del Espiritismo, no.

Los adeptos de muchas religiones, obedecen; los del Espiritismo, cumplen.

Muchas religiones castigan a quienes no obedecen sus mandatos, que, a pesar del castigo, pueden quedar no cumplidos; el Espiritismo obliga a cumplir, haciendo ver la falta.

Muchas religiones se hacen obedecer más bien por el terror; el Espiritismo, siempre por amor al bien.

Muchas religiones llenan; el Espiritismo rebosa.

Todas las religiones tienen vacíos dondequiera que lo desconocido está; el Espiritismo sólo ve llenos que algún día espera llegar a conocer.

Para abrazar muchas religiones es preciso cerrar los ojos y cruzar los brazos; para abrazar eI Espiritismo es preciso extender los brazos y abrir los ojos.

Para escuchar la verdad que entrañan muchas religiones, es necesario inclinar la frente y cegar la razón; para escuchar las verdades del Espiritismo, es necesario mirar al cielo y desplegar la inteligencia.

Muchas religiones hablan; el Espiritismo hace hablar.

Muchas religiones, al adorar, piden, porque creen en el bien y en el mal; en el Espiritismo, la adoración es gratitud, porque sólo cree en el bien.

Muchas religiones rechazan lo que no es obra suya; el Espiritismo recibe para corregir.

El paganismo embrutece; el judaísmo humaniza; el mahometismo embriaga; el cristianismo civiliza, y el Espiritismo eleva.

El pagano toca a su Dios; el judío le siente; el mahometano sueña en él; el cristiano le ama; el espiritista le ensalza.

Para el pagano cualquier cosa es Dios, para el judío es Señor; para el mahometano es Alá; para el cristiano es Padre; para el espiritista es Dios.

IV

Adiós.

Todo lo que decir pudiera, que es mucho, os lo dirá la ciencia, que busca la verdad en todas sus manifestaciones.

Decid a todos aquellos que no estén con vosotros, que si la virtud es su norte, vosotros estáis con ellos.

Decid a aquel que virtuoso sea, que aun cuando no nos reconozca, nosotros le reconocemos.

Decid, en fin, que amamos al bueno; que procuramos corregir al malo. Nada más.

Espíritus más elevados vendrán a convenceros mejor; yo sólo sé ofreceros esta prueba más de lo mucho que os amo.- MARIETTA.

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I

El hombre ve al hombre, le oye y le toca.

No puede dudar de que el hombre exista.

Aún cuando duda, aún cuando cierra sus ojos, tapa sus oídos y esconde sus manos, una voz interior se levanta y le dice: «Yo soy.»

El hombre no puede negarse, no puede negar al hombre.

El hombre sabe que cerca de él y fuera de él hay algo. Sabe que un mundo, del cual depende, le sostiene.

El hombre ve más allá del mundo que habita, millones de mundos, cuyos movimientos, revoluciones y leyes que los rigen estudia, y observa la gran armonía y la Influencia que con el suyo tienen. El hombre ve en el espacio un más allá grande, inmenso, y presiente un más allá más gigantesco e inconmensurable, y de más allá en más allá, presiente el infinito. El hombre ve en sí mismo algo verdadero; ve cerca algo, también, exacto, ve en el espacio mucho más verdadero, y presiente más allá y más allá mucho más exacto, que, a medida que se dilata, es más y más verdadero; y así, de verdad en verdad, presiente la única y exacta verdad. El hombre, en sí mismo, ve algo bello, ve bellezas que le rodean y ve en el espacio mucho más belleza y remontándose de belleza en beIleza, presiente más allá la gran belleza.

El hombre siente en sí algo grande, algo exacto y algo bello que le guía hacia ese más allá inmensamente grande, cumplidamente exacto y grandemente bello.

El hombre se ve obligado a marchar hacia ese más allá; impulsado con la fuerza de su inteligencia, hacia lo grande; con la medida de su razón, hacia lo exacto; y hacia lo bello, con los movimientos de su corazón.

Aún cuando el hombre se detenga un momento y dude, su inteligencia habla, su razón mide y su corazón late. Y es que lo grande, lo exacto y lo bello, que existen más allá fuera de la mirada del hombre, le atraen y le llaman; y la inteligencia, la razón y el sentimiento de lo bello, chispas despendidas de aquel gran todo, responden.

II

Todas las creencias han inventado un más allá absurdo, un más allá mezquino para la inteligencia, para la razón y el sentimiento.

Todas las creencias combatidas por la inteligencia, negadas por la razón y censuradas por el sentimiento, han intentado detener a la inteligencia que vuela, a la razón que discurre y al sentimiento que crea.

Todas las creencias, impulsadas también hacia ese más allá escondido antes y después del tiempo y del espacio, han dicho haberlo encontrado, siendo así que el más allá huye allá todavía, por más que la inteligencia se esfuerce y crea haberlo encontrado.

Ese más allá se nos presenta de algún modo: corremos a buscarlo, llegamos a encontrarlo y se nos presenta más allá todavía, a incalculable distancia.; corremos de nuevo, llegamos, y más allá lo vemos. Así, de más allá en más allá, el Universo camina. ¿A dónde? Dios lo sabe.

Dios, ¡ah!, cuanto más se piensa en Él, más inaccesible se hace a la inteligencia. Dios está más allá cuanto más allá se vaya.

Todas las creencias han dicho: «Dios está allí», Ha llegado el momento en que basta decir: «Por aquí se va a Dios». ¿Y quién lo dice? El Espiritismo.

Todas las creencias pensaron encontrar el fin, objeto y destino de la creación; el Espiritismo sólo intenta buscar el principio de la senda que hacia el todo grande, bello y verdadero, guía. Todas las creencias han sido audaces en sus investigaciones, que dieron por resultado limitados fines; el Espiritismo, modesto en sus principios, sus fines serán grandiosos, ilimitados. Todas las creencias han pretendido saber el principio; el Espiritismo pretende empezar y sabe que concluir no es dado. Todas las creencias llegaron un límite, más allá del cual, suponen, en un principio, a Dios, entre el principio y la nada, y en fin, a Dios, entre una creación limitada. El Espiritismo presiente a Dios, en el pasado, entre una obra sin principio, y en el porvenir, cada vez a mayor distancia, sobre lo más grande, más bello y más verdadero. Pretender de un solo golpe describir el pasado, tocar el presente y saber el objeto del provenir, es pretensión, tan sólo, de añejas preocupaciones.

El Espiritismo describe el pasado, por lo que ve con la inteligencia; toca el presente, por lo que alcanza con la razón, y sabe el objeto del porvenir, por lo que siente con el corazón.

La inteligencia, la razón y el sentimiento, unidos, ven a gran distancia y con mirada segura, en el tiempo y en el espacio.

Entender, razonar y sentir es preciso unirlos para ver con seguridad y claro. La inteligencia, sin la razón, se pierde; sin el sentimiento, se fatiga; la razón, sin la inteligencia, se tuerce; sin el sentimiento, desvaría; el sentimiento, sin la inteligencia, se confunde; sin la razón, se precipita.

Todas las creencias, por no haber unido estas tres grandes facultades del hombre, se han visto obligadas ha encerrarse en estrechos límites para detener su vuelo, que tiende a remontarse por todas partes; el Espiritismo, uniéndolas, no encuentra límites, y va midiendo la grandeza infinita de la obra de Dios, en razón del cuadrado de las distancias que va descubriendo.

III

Es la ley impuesta a todas las cosas, marchar por distinta vía, según sus funciones, hacia un mismo y grandioso fin.

Detenerse, es fácil; difícil, detenerse mucho; dejar de marchar, imposible.

Todas las creencias se han detenido, pero ya se han detenido demasiado, y ha llegado el momento en que es preciso marchar.

El Espiritismo es la avanzada de todas las creencias que la marcha rompen: la humanidad vendrá después.

El Espiritismo es la continuación del principio que al más allá conduce.

Quien dando vuelo a la inteligencia quiera ser obrero razonable de la continuación de un principio que desde el pasado trabajado viene, verá más pronto el más allá que se presiente.

La humanidad ha venido subiendo trabajosamente por la vertiente de los tiempos: Moisés, con la ley en la mano, la condujo a la falda de la gran montaña, sobre la cual se extiende la bóveda de lo desconocido. Jesús, con su moral inquebrantable, la condujo a la cima y Ie enseñó el cielo. Obedezca la humanidad su voz y siga su camino, lanzándose al espacio.

Adiós. No me propuse herir la inteligencia, es imposible: sólo intento moverla con la razón, ya que Marietta lo supo hacer tan admirablemente con el sentimiento. CERVANTES.

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cara-papini1Giovanni Papini (Florencia, 9 de enero de 1881 – íd. 8 de julio de 1956) publica en 1931 “Gog”, primera obra de su autoría que alcanzaría renombre universal. En ella Papini hace una disección cruda y sin piedad de nuestra sociedad, exagerando hasta el máximo sus defectos para llamar más rudamente la atención sobre ellos. Junto con “El Libro Negro”, reanudación de la “Gog” publicada 20 años más tarde, constituyen una antología de como una sociedad puede eludir los deberes a que la obligan las creencias que dicen profesar, refugiándose en la paradoja de cómo la sociedad se deja arrastrar por instintos que debería contener; de cómo la sociedad se convierte en sierva de los malos intereses que dice querer. Todo a través del fantástico diario de un no menos fantástico millonario yanqui, pretendido prototipo de la sociedad producto de la guerra del 14 y desencadenadora de la del 39, y prescindiendo deliberadamente del progreso real operado en la Humanidad.

La obra recoge las peripecias de Gog, su protagonista, un supuesto multimillonario hawaiano que el narrador encuentra en un manicomio, el cual le relata sus experiencias al viajar por el mundo. Su fortuna le permitirá encontrarse, entre otros, con personajes de la talla de Albert Einstein, Henry Ford, Sigmund Freud, Lenin, Edison, H.G. Wells o Ramón Gómez dela Serna.

El diálogo que insertamos refleja el encuentro imaginario entre Gog y Albert Einstein. Es absolutamente sugerente y revelador y nos lleva a preguntarnos profundamente qué es realmente el saber y,  finalmente, a cuestionarnos sobre la consistencia de aquello que creemos saber.

el-pensador-y-el-iluminado

«ALGO SE MUEVE»

Berlín, 30 de Abril

Einstein se ha resignado a recibirme porque le he hecho saber que le tenía reservada la suma de 100.000 marcos, con destino a la Universidad de Jerusalén (Monte Scopus).

Le encontré tocando el violín. Tiene, en efecto, una verdadera cabeza de músico. Al verme, dejó el arco y comenzó a interrogarme.

—¿Es usted matemático?

—No.

—¿Es físico?

—No.

—¿Es astrónomo?

—No.

—¿Es ingeniero?

—No.

—¿Es filósofo?

—No.

—¿Es músico?

—No.

—¿Es periodista?

—No.

– ¿Es israelita?

Tampoco.

—Entonces, ¿por qué desea tanto hablarme? ¿Y por qué ha hecho un donativo tan espléndido a la Universidad hebrea de Palestina?

—Soy un ignorante que desea instruirse y mi donativo no es más que un pretexto para ser admitido y escuchado.

Einstein me perforó con sus ojos negros de artista y pareció reflexionar.

—Le estoy agradecido por el donativo y por la confianza que tiene en mí. Debe convenir, sin embargo, que decirle algo de mis estudios es casi imposible si usted, como dice, no conoce ni las matemáticas ni la física. Yo estoy habituado a proceder con fórmulas que son incomprensibles para los no iniciados, y hasta entre los iniciados son poquísimos los que han conseguido comprenderlas de un modo perfecto. Tenga, pues, la bondad de excusarme…

—No puedo creer —contesté— que un hombre de genio no consiga explicarse con las palabras corrientes. Y mi ignorancia no está, sin embargo, tan absolutamente desprovista de intuición…

—Su modestia —repuso Einstein— y su buena voluntad merecen que haga violencia a mis costumbres. Si algún punto le parece oscuro, le ruego desde, ahora que me excuse. No le hablaré de las dos relatividades formuladas por mí: eso ya es una cosa vieja que puede encontrarse en centenares de libros.

Le diré algo sobre la dirección actual de mi pensamiento.

»Por naturaleza soy enemigo de las dualidades. Dos fenómenos o dos conceptos que parecen opuestos o diversos, me ofenden. Mi mente tiene un objeto máximo: suprimir las diferencias. Obrando así permanezco fiel al espíritu de la conciencia que, desde el tiempo de los griegos, ha aspirado siempre a la unidad. En la vida y en el arte, si se fija usted bien, ocurre lo mismo. El amor tiende a hacer de dos personas un solo ser. La poesía, con el uso perpetuo de la metáfora, que asimila objetos diversos, presupone la identidad de todas las cosas.

»En las ciencias este proceso de unificación ha realizado un paso gigantesco. La astronomía, desde el tiempo de Galileo y de Newton, se ha convertido en una parte de la física. Riemann, el verdadero creador de la geometría no euclídea, ha reducido la geometría clásica a la física; las investigaciones de Nernst y de Max Born han hecho de la química un capítulo de la física; y como Loeb ha reducido la biología a hechos químicos, es fácil deducir que incluso ésta no es, en el fondo, más que un párrafo de la física. Pero en la física existían, hasta hace poco tiempo, datos que parecían irreductibles, manifestaciones distintas de una entidad o de grupos de fenómenos. Como, por ejemplo, el tiempo y el espacio; la masa inerte y la masa pesada, esto es, sujeta a la gravitación; y los fenómenos eléctricos y los magnéticos, a su vez, diversos de los de la luz. En estos últimos años estas manifestaciones se han desvanecido y estas distinciones han sido suprimidas. No solamente, como recordará, he demostrado que el espacio absoluto y el tiempo universal carecen de sentido, sino que he deducido que el espacio y el tiempo son aspectos indisolubles de una sola realidad. Desde hace mucho tiempo, Faraday había establecido la identidad de los fenómenos eléctricos y de los magnéticos, y más tarde, los experimentos de Maxwell y Lorenz han asimilado la luz el electromagnetismo. Permanecían, pues, opuestos, en la física moderna, sólo dos campos: el campo de la gravitación y el campo electromagnético.

Pero he conseguido, finalmente, demostrar que también éstos constituyen dos aspectos de una realidad única. Es mi último descubrimiento: la teoría del campo unitario. Ahora, espacio, tiempo, materia, energía, luz, electricidad, inercia, gravitación, no son más que nombres diversos de una misma homogénea actividad. Todas las ciencias se reducen a la física, y la física se puede ahora reducir a una sola fórmula. Esta fórmula, traducida al lenguaje vulgar, diría poco más o menos así: «Algo se mueve.»

Estas tres palabras son la síntesis última del pensamiento humano.

Einstein se debió de dar cuenta de la expresión de mi rostro, de mi estupor. — ¿Le sorprende —añadió— la aparente sencillez de este resultado supremo? ¿Millares de años de investigaciones y de teorías para llegar a una conclusión que parece un lugar común de la experiencia más vulgar?

Reconozco que no está del todo equivocado. Sin embargo, el esfuerzo de síntesis de tantos genios de la ciencia lleva a esto y a nada más: «Algo se mueve.» Al principio —dice san Juan— era el Verbo. Al principio — contesta Goethe— era la Acción. Al principio y al fin —digo yo— es el Movimiento. No podemos decir ni saber más. Si el fruto final del saber humano le parece una vulgarísima serba, la culpa no es mía. A fuerza de unificar es necesario obtener algo increíblemente sencillo.

Comprendí que Einstein no quería decir nada más. Sentía escrúpulos, indudablemente, de confiar los secretos auténticos de la ciencia a un extraño, a un profano. Porque yo no era tan ingenuo que pudiese creer que aquella fórmula trivial fuese verdaderamente el punto de llegada de tres siglos de pensamiento. Pero no quise mostrarme exigente e indiscreto. Entregué los cien mil marcos prometidos y me despedí, con todos los respetos, del célebre descubridor de la Relatividad.

♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣
FUENTE: del libro  “Gog”, por Giovanni PAPINI.

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