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Archive for the ‘Testimonio’ Category

Por: Óscar M. García

En los momentos en que somos capaces de acallar los “ruidos” que día a día nos saturan, llega el SILENCIO. Desde ahí la VOZ INTERIOR encuentra la posibilidad de manifestarse. Entonces las comprensiones instantáneas, las impresiones directas, las imágenes luminosas – es decir, la intuición espiritual – asoman, aportando la energía de la CERTIDUMBRE.


 

 

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Por: Óscar M. García

En los momentos en que somos capaces de acallar los “ruidos” que día a día nos saturan, llega el SILENCIO. Desde ahí la VOZ INTERIOR encuentra la posibilidad de manifestarse. Entonces las comprensiones instantáneas, las impresiones directas, las imágenes luminosas – es decir, la intuición espiritual – asoman, aportando la energía de la CERTIDUMBRE.


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LA EXPERIENCIA VIRTUAL QUE REDUCE

EL MIEDO A LA MUERTE

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Por: Angie

 http://www.rewisor.com/la-experiencia-virtual-que-reduce-el-miedo-a-la-muerte/

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Un equipo de investigadores liderado por Mel Slater, de la Universitat de Barcelona, han desarrollado un experimento de Realidad Virtual para crear la ilusión de vivir la experiencia de estar separado de tu propio cuerpo y ayudar así a perder el miedo a la muerte.

El experimento se realizó a 32 voluntarios. Lo primero fue hacerles sentir que el cuerpo virtual que veían (a través de las gafas) era suyo haciendo coincidir los movimientos reales de los voluntarios con los del cuerpo virtual. Cuando una bola virtual se dejaba caer sobre el pie del cuerpo virtual, una vibración se activaba en la piel real de la persona; una técnica similar a la ilusión de la mano de goma haciendo que las personas sientan que un cuerpo es suyo a pesar de que saben que no puede serlo.

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Una vez experimentado eso, el siguiente paso fue cambiar el punto de vista del paciente el cual ellos veían como parecía que flotaban lejos del cuerpo virtual observándolo desde arriba. A partir de ahí, cuando las bolas se dejaron caer sobre el cuerpo virtual sólo la mitad de ellos recibió la vibración. Los que aún así la sintieron les parecía que seguían conectados al cuerpo.

Tras terminar el experimento, con su conciencia separada del cuerpo virtual, respondieron a un cuestionario para evaluar su temor a la muerte. Los que se habían sentido completamente desconectados de su cuerpo (los que no habían recibido ninguna vibración tras cambiarles el punto de vista) aseguraron haber reducido significativamente el miedo a morir.

Aunque Slater cree que es poco probable que la experiencia haya cambiado los sentimientos de los voluntarios acerca de la muerte, piensa que la experiencia podría producir la sensación de que la conciencia de los individuos está separada de su cuerpo físico y, por ello, tener la sensación de que es posible sobrevivir más allá de la muerte.

Esta experiencia es similar a algunas que han vivido personas que han superado una insuficiencia cardíaca, quienes han descrito haber visto la habitación del hospital desde el techo durante momentos críticos.

De momento no se sabe si éste método (u otros similares) podrían ayudar a consolar a personas con enfermedades terminales o cuando sus vidas se ven perjudicadas por fuerte miedo a la muerte.

“Nuestra idea era que si pudiéramos poner a las personas en una situación que ilustra la posibilidad de que su conciencia está fuera de su cuerpo, esto proporcionaría una evidencia implícita (pero no necesariamente creencia explícita) de que la supervivencia más allá del cuerpo es posible y la reducción del miedo a la muerte.”

 


¿QUIÉN ES MEL SLATER?

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Mel Slater dirije el eventoLab en Barcelona, grupo de informática ubicado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. Las investigaciones de dicho grupo se vinculan tanto al lado técnico, en relación con los nuevos avances en gráficos de computadora y trabajo relacionado con la realidad virtual, y al lado científico relacionado con la representación y presencia del cuerpo Según Mel Slater, los principales intereses que le mueven son la investigación para ampliar radicalmente los límites de la realidad virtual, así como las aplicaciones que implican simulaciones de situaciones difíciles o imposibles de realizar en la realidad física, incluso hasta el punto de transformar el propio cuerpo del participante. Esta investigación limita con la neurociencia en el área de la representación corporal, tratando con la cuestión de cómo el cerebro representa al cuerpo, cómo se hace una distinción entre lo que es y lo que no forma parte del cuerpo. También le interesa el tena de la presencia en la realidad virtual. ¿En qué condiciones las personas tienden a responder de manera realista a situaciones y eventos virtuales? Ha distinguido así entre dos dimensiones  de esta “ilusión de lugar”, la fuerte ilusión de estar en el lugar virtual y la “plausilibilidad”, la ilusión de que los acontecimientos que están ocurriendo allí, realmente están sucediendo. 

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DESENCARNACIÓN DE UN ENTRAÑABLE COMPAÑERO ESPÍRITA: JOSÉ DE LA TORRE LEÓN

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Hay personas que siempre, en presencia o en evocación mental cuando están ausentes, en vida física o en vida más allá del plano material, nos despiertan una sonrisa, y que exclusivamente asociamos a imágenes amables, imágenes y emociones de cercanía y calidez humana. Es el caso del hermano espírita que nos ocupa, José de La Torre León, quien ha desencarnado en su Montilla natal (Córdoba, España) el pasado 11 de diembre de 2016.

José de la Torre fue el alma moral del «Centro Espírita Amor y Progreso» de Montilla y presidente del mismo desde 1992, destacándose como animador incansable de uno de los Centros Espíritas de más larga trayectoria y presencia constante en el actual panorama espírita español. Fue también el ideólogo y fundador de la Asociación Espírita Andaluza Amalia Domingo Soler, de la que fue primer tesorero (2000), fundador (junto con otros) de la Asociación Internacional para el Progreso del Espiritismo (AIPE) de la que fue vicepresidente y posterior vicepresidente honorífico, colaboró en la fundación y legalización de la Asociación Espírita Española (previa a la fundación de la actual Federación Espírita Española) de la mano de su tío Antonio de la Torre Requena (anterior presidente del C.E. Amor y Progreso), promovió y organizó el primer minicongreso de la Federación Espírita Española (previo de los actuales congresos federativos)

Su figura física será muy extrañada por todos los que tuvimos el inmenso placer de conocerle y tratarle durante años. Su presencia en congresos y eventos espírita de todo tipo era algo siempre esperado y deseado, sus efusivos abrazos un regalo, su palabra amable y alentadora un chute de energía positiva.

Querido hermano José, recibe nuestro más sincero sentimiento de agradecimiento en la patria espiritual en que ahora desenvuelves tu buen hacer. Gracias por todo lo que de ti recibimos y, anticipadamente, también por todo lo que, seguro, seguiremos recibiendo desde tu Ser.

♣ ♣ ♣

EN RECUERDO DE JOSÉ DE LA TORRE

♣ 

Hermano José, alta torre con misión de faro,

fuiste abrazo acogedor en figura de patriarca,

cimiento de hogar, fuerte olivo bajo el cielo,

profundas raíces sostuvieron tu arca.

En tu sitial ondeó la bandera de la humildad,

cual almazara de luz, destilabas amor.

Tus manos portaron el fulgor del sembrador,

esparciendo sin cesar semillas de hermandad.

Pionero de un mundo fundado en la verdad,

uniste orillas alejadas tendiendo puentes,

borrando diferencias que creyeron ser frentes,

en tu corazón latía el futuro de la humanidad.

Amigo José, hombre eterno de mirada infinita,

fue la sencillez la corona de tu certidumbre,

siempre guiado por la brújula de un mañana,

que en tus ojos eran vida y activo presente.

Hoy, cuando entre los afines haces tu escenario,

trabajas en disipar las sombras de la mente,

porque cuando la libertad espera en el horizonte

bien sabemos que la esencia es lo único necesario.

***

Óscar García – Diciembre 2016

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LA VIDA EXTRA-CORPORAL

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Capítulo I del libro “Nuestra Última Aventura: una guía racional    

para la Muerte y el Más Allá”, de E. Lester Smith

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Este libro está escrito especialmente para las personas del mundo occidental, la mayoría de las cuales pertenecen a una u otra rama de la fe cristiana. Algunas de un modo sincero, otras, de un modo nominal, y hay otras que son francamente agnósticas. Tendré, pues, que empezar tratando de convenceros de que la vida consciente es realmente posible fuera del cuerpo físico.

Es algo triste. Si estuviera escribiendo para otras regiones del mundo, donde se profesan otras religiones, no tendría necesidad de hacerlo. Pues en estas religiones ya se habla de la vida después de la muerte y los fieles creen en ello. Si sois cristianos sinceros diréis que también habla de ella el cristianismo. Cierto, pero ¿se enseña de un modo efectivo? ¿Se cree en ello? Forma parte del ceremonial religioso de los funerales, pero de otro modo el tema suele evitarse, tanto por parte de la Iglesia como por parte de los creyentes. Toda la información de que se dispone estos días es escasa y muy confusa, especialmente en las Iglesias protestantes, y muy raramente se habla de ello. Existe una desconcertante conspiración de silencio.

Afortunadamente, no necesito pediros que confiéis en lo que yo os digo. Tenéis a vuestra disposición numerosas pruebas y todo ha sido analizado de un modo científico. Pero no se conoce lo suficiente y no podemos afirmar que todas las pruebas hayan sido aceptadas por la mayoría de los científicos. Me parece una lástima, porque yo soy uno de ellos y sé que actualmente la gente tiende a creerse más las palabras de los científicos que las de los ministros de la religión. Pero a la mayoría de los científicos no les interesa, porque estas ideas no concuerdan con sus actuales convicciones, y desechan las ideas sin ni siquiera estudiarlas. Los científicos, en general, no son investigadores de la verdad, ni tienen una mente tan abierta como se suele creer. Pero ésta es otra historia.

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Podría empezar con la pregunta de qué suponéis vosotros que ocurre cuando os dormís. Lo que llamamos la conciencia vigílica queda entonces en suspenso, pero ¿podéis creer que Vosotros, vuestro verdadero yo, ha quedado inconsciente? Eso significaría que, virtualmente, dejáis de existir mientras dormís y que volvéis a nacer, por así decirlo, al despertaros. Yo podría decir que los sueños son una prueba de las actividades extra-corporales. Pero no lo haré. Tengo una base más firme sobre la que apoyar mi caso. Los sueños suelen ser incoherentes, fantasías inconexas, y es fácil imaginar que han sido simplemente elaborados por el cerebro, partiendo de recuerdos antiguos y recientes, cuando éste se halla libre del control consciente.

Y esto me lleva directamente a otra argumentación. Si vosotros sentís, como yo, que el cerebro está realmente bajo control durante la vida despierta, entonces ¿quién o qué lo está controlando?

Naturalmente Vosotros, pero ¿quiénes sois vosotros? Utilizado en ese sentido, «vosotros», seguramente tiene que significar algún ente inmaterial, alguna entidad adicional al cuerpo físico. Para algunos de vosotros, y espero que para la mayoría, lo que digo es bastante obvio. Aunque lo creáis así, muchos científicos materialistas creen realmente que el cuerpo y el cerebro son suficientes para explicar todo el hombre. En el siglo pasado expresaron crudamente esta idea con las palabras «el cerebro segrega el pensamiento del mismo modo que el hígado segrega la bilis». Hoy en día lo hacen de un modo más delicado, pero el significado es el mismo; la mente y el cerebro no son más que aspectos distintos de una y de la misma cosa, según proclaman estos científicos. Además, dado que nuestra civilización está basada con tanto éxito en la ciencia y en la tecnología, mucha gente cree que los científicos deben tener razón y, por lo tanto, adoptan sus ideas.

Wilder Penfield, un distinguido neurocirujano americano, empezó con estas creencias. Dedicó su carrera hacia una exhaustiva investigación sobre el cerebro y sobre la cirugía cerebral con el fin de aliviar la epilepsia y otras enfermedades debidas a un cerebro dañado. Su propia experiencia en el curso de este trabajo le obligó, a regañadientes al principio, a darse cuenta de que la mente es una entidad separada e inmaterial que dirige y usa el cerebro y el cuerpo para sus propios fines. Comparando el cerebro con una computadora llegó a la conclusión de que la mente es algo similar al programador, al ser humano inteligente que manipula la computadora electrónica como una máquina para hacer cálculos rápidos.

Cuando se retiró, Penfield escribió un libro maravilloso: “Los Misterios de la Mente”, en el que describe los numerosos episodios que le llevaron a su «conversión».

Sir John Eccles, un científico inglés todavía más distinguido y que pasó toda su vida estudiando el cerebro, tuvo la misma experiencia. Al final de su vida también escribió un magnífico libro en colaboración con el filósofo Sir Karl Popper: “El Yo y su Cerebro”.

Hacia el final escribió: «Me veo obligado a creer en lo que podríamos llamar un origen sobrenatural de mi única mente autoconsciente o de mi única yoidad o alma… Gracias a esta especie de creación sobrenatural, escapo de la increíble improbabilidad de que la unicidad de mi propio yo esté determinada genéticamente.»

Si queréis seguir el pensamiento de los científicos, entonces hacedlo con personas como ellos. Los dos se hallaban en la situación más favorable para descubrir la verdad del problema mente-cerebro, y ambos tuvieron el valor de formular nuevas conclusiones y de admitir que al principio se habían equivocado.

No he querido basarme antes en los sueños para demostrar la teoría de un cuerpo superfísico. Pero hay dos tipos de sueños que algunas personas tienen de vez en cuando, e incluso regularmente, que nos dan pruebas de ello. El primero es un sueño muy vívido en el que nos encontramos con nuestra madre, u otro pariente próximo o amigo que ha muerto. Casi siempre esta persona muerta parece muy contenta, muy feliz y en perfectas condiciones, como al principio de su vida. A veces, al despertarnos, recordamos un mensaje o una conversación, pero generalmente tenemos la sensación de una feliz comunión. Yo creo que esto representa lo que podríamos llamar «un sueño real», un encuentro real en el otro mundo entre el durmiente en su cuerpo sutil y la persona «muerta» en el suyo.

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El otro tipo es lo que se denomina un sueño lúcido. La palabra «lúcido» no significa que el sueño sea especialmente claro y brillante; significa que el que sueña se da cuenta durante el sueño de que está soñando. En otras palabras, la lucidez no es visual, sino intelectual. En los sueños lúcidos pensáis y actuáis del mismo modo que lo hacéis en la vida normal. Tenéis cierto control sobre el curso del sueño. Estos sueños son suficientemente conocidos como para que se haya publicado al menos un libro sobre el tema, “Los Sueños Lúcidos”, de Celia Green, del Instituto de Investigaciones Psicofísicas. Está basado en materiales de los que dispone este Instituto y en otros materiales más, procedentes de libros sobre temas más amplios. En este tipo de sueño soléis ser conscientes de que os halláis en una especie de cuerpo que claramente no es el cuerpo físico normal, sólido y pesado. Por ejemplo, puede flotar o volar sin ningún esfuerzo. Saltar y volar son rasgos comunes de los sueños lúcidos, tal como demuestran los dos ejemplos siguientes. El primero pertenece al libro de Celia Green:

“Había una época en que tenía sueños lúcidos con mucha frecuencia. Me resultaba muy interesante hacer cosas que no podría haber hecho en la vida normal. Por ejemplo, entraba en las tiendas y no sabía si eran tiendas de verdad, y si alguien se daría cuenta de que robaba algo. Me gustaba saltar desde una gran altura en aquellos sueños. Podía ser en mi piso o en cualquier otro edificio. Pero no había peligro alguno, y era muy agradable saltar desde la ventana. Sin embargo, acabé por asustarme y dejé la práctica, porque tenía miedo de llegar a pensar que estaba soñando cuando no fuera verdad y que pudiera tirarme desde una ventana de verdad.”

En el segundo ejemplo, citado por el escritor ruso Ouspensky, se ve claramente que casi todos los sentidos normales pueden aparecer funcionando en estos sueños.

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P. D. Ouspensky

“Oigo su paso cauteloso y les observo desde la ventana de una casa alta de Galata, en Constantinopla, situada en un estrecho callejón que da al antiguo muelle y al Cuerno de Oro, con sus barcas y vapores, y los minaretes de Estambul detrás de ellos. Los soldados romanos siguen avanzando en apretadas filas por el callejón. Oigo su pesado paso mesurado, y veo como el sol reluce sobre sus cascos. De repente me aparto del marco de la ventana en la que me apoyaba, y en la misma posición reclinada voy volando lentamente por encima del callejón, por encima de las casas, y luego por encima del Cuerno de Oro, en dirección a Estambul. Siento el olor del mar, el viento y el calor del sol.”

A diferencia de los sueños normales, los sueños lúcidos suelen recordarse claramente al despertar, pero podéis tener uno de ellos y olvidarlo. En caso de tener alguno, tratad de no quedar atrapados emocionalmente, en cuyo caso el sueño terminará de inmediato.

Hay que procurar, por todos los medios, evitar el conflicto emocional. El ejemplo final, de Oliver Fox, se refiere a este punto y también menciona el sentido del gusto, el único sentido que no incluía el ejemplo de Ouspensky.

“Era muy difícil mantener el papel de observador impersonal en aquel extraño Mundo de los Sueños, y darse cuenta de que si dejaba que mis emociones dominaran mi control mental, el sueño acabaría abruptamente. Entraba en un restaurante, pedía unos platos, y me despertaba al primer bocado… Conocía a una señora fascinadora y llegaba a hablar con ella un poco, pero el simple pensamiento de un posible abrazo era fatal.”

El sueño lúcido se funde con un tipo de experiencia ligeramente distinta y más conocida. Es la que llamamos «experiencia extracorporal», o según otros, «proyección astral», o más sencillamente «separación». Suele empezar a partir del estado de vigilia sin apenas rompimiento alguno con la conciencia. Es como si quedarais dormidos, pero permaneciendo «despiertos» en un cuerpo diferente, en un mundo diferente, o en un tipo de espacio diferente. Sin embargo, estas experiencias pueden empezar a partir del sueño normal, o a partir de la inconsciencia causada por la anestesia en una operación, o a partir de una conmoción debida a una caída o a cualquier otro accidente. En este estado de separación, probablemente seáis más conscientes de vosotros mismos en el cuerpo inmaterial que no en un sueño lúcido, y con mucha frecuencia podréis mirar vuestro propio cuerpo físico desde fuera. En casos menos corrientes no es ni siquiera necesario que este cuerpo normal esté inconsciente; puede continuar con lo que estaba haciendo antes de ocurrir la separación: hablar, cantar, escribir a máquina, caminar, incluso conducir un coche o una moto. Pero vosotros, con cierto sentido del Yo, del verdadero Yo, estáis siempre en el cuerpo separado. Podéis observar vuestro cuerpo normal, que sigue hablando con sensatez o que sigue actuando como si perteneciese a otra persona. Podéis contemplarlo de un modo objetivo, criticando su manera de hablar o lo que está diciendo, por ejemplo.

Durante el tiempo que dure esta experiencia no tenéis ningún interés especial por ese cuerpo ordinario y ninguna conexión personal en la conciencia con aquello que esté haciendo. Os sentís felices y vívidamente conscientes en vuestro cuerpo separado, excepto en raros ejemplos de conciencia dual. Naturalmente, tiene que existir una conexión, so pena de que el cuerpo se duerma o se desvanezca, o actúe claramente como un simple autómata. Lo que pasa es que, generalmente, no sois conscientes de la sensación, parece que os encontráis completamente al exterior. Sin embargo, es mucho más corriente que la separación empiece cuando estáis en la cama o descansando en una silla.

Me gustaría poder escribir de una manera consciente sobre mis propias experiencias en la separación, pero son demasiado insignificantes para tener relevancia. Hay ejemplos mucho mejores que podéis encontrar en numerosos libros sobre el tema. Para vosotros, mis propias experiencias no son importantes, pero para mí son cruciales. Me permiten escribir partiendo de una experiencia personal vívida, totalmente incuestionable. No se trata de una cuestión de fe. Yo sé, sin posibilidad de duda, que tengo este segundo cuerpo superfísico. Y como supongo que no soy único, creo firmemente que vosotros y todos los demás tenéis este cuerpo, aunque no seáis todavía conscientes de ello. Pero, de hecho, probablemente seáis ya conscientes de él, aunque no sea de este modo tan aparatoso. La mayoría de la gente civilizada no vive demasiado en su cuerpo físico. Centran sus intereses especialmente en niveles superiores y tienden a vivir en sus emociones y pensamientos. Si reflexionamos sobre esto os daréis cuenta de que cuando estáis atrapados por la emoción, o cuando algo os obliga a pensar en profundidad, en esos momentos apenas si os dais cuenta de vuestro cuerpo. Estáis conscientes en otro reino, en otro estado del ser, efectivamente en un cuerpo sutil y no físico. Volveré a insistir en este razonamiento más adelante.

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Entretanto, tenemos pruebas más fehacientes de personas que nos cuentan sus experiencias sobre la separación o experiencia extra-corporal. Ya he mencionado el libro de Celia Green, “Sueños Lúcidos”. Ha escrito otro llamado “Experiencias Extra-corporales” que analiza estos hechos extraños desde todos los ángulos. Es un libro interesante que, a diferencia del otro, no está basado en ninguna publicación previa. Pidió, a través de la prensa y la radio, que todo aquel que hubiera tenido tales experiencias le escribiera. Los cientos de personas que le escribieron recibieron un cuestionario para rellenar. Se recibieron 326 respuestas, a las cuales se mandó un segundo cuestionario que fue contestado por 251 personas. El libro está basado en todas estas experiencias. Tenemos, pues, unas 300 personas corrientes, que no sólo tuvieron esas extrañas experiencias, sino que también oyeron o leyeron la petición y sintieron el interés suficiente como para rellenar cuestionarios. Por ello, esto no debe ser más que una pequeña muestra. Hay muchos miles de personas entre nosotros que han experimentado la separación en algún momento, pero que rara vez la mencionan, por miedo a parecer excéntricos o diferentes. Más adelante mencionaré a otro autor que consiguió recoger más de 800 casos. Parece, pues, después de todo, que estos sueños no son tan extraños.

Lo primero que diría sobre este estado de separación es que suele recordarse siempre como una condición de deliciosa libertad y felicidad. Mucha gente lo acepta inmediatamente y se deleitan con la experiencia. Otros, hay que admitirlo, quedan perplejos y asustados por su novedad. Puede incluso que se pregunten si han muerto. O bien, tras disfrutar un rato con su aventura, de repente se sienten perdidos y no saben si serán capaces de regresar. Yo lo sé porqué a mí me ha ocurrido. En realidad, estos temores no tienen fundamento; en cuanto se siente miedo, el cuerpo separado queda automáticamente atraído por el físico con el que vuelve a unirse y la persona se despierta, a veces con un sobresalto, recordando lo que ha ocurrido. Después de unas cuantas experiencias como ésta, ya sabes qué esperar, y que no hay razón para sentir miedo.

El otro punto importante es que la mayoría de estas personas son conscientes de estar en un cuerpo sutil que suele parecerse muchísimo a su cuerpo físico corriente. Puede parecer más joven por estar libre de cualquier incapacidad de las que obligan al cuerpo normal, por la edad, enfermedad o accidente. Si ha perdido un miembro, por ejemplo, el cuerpo sutil vuelve a estar entero. Suele aparecer vestido con la ropa o el pijama que en aquel momento esté llevando en realidad, o con alguna otra prenda que lleve habitualmente. Hay personas que se ven envueltas en una tenue vestimenta, generalmente blanca. Este es el modo en que suelen aparecer los fantasmas. ¿Es eso tan extraño? ¿No se os ocurre pensar que en ese estado de separación sois un fantasma? Si conseguís haceros visible a cualquier otra persona viva (lo cual no suele ser posible) os considerarán un fantasma y se preguntarán si estáis muertos.

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Ocasionalmente, la aparición parece tan real que puede confundirse con una persona real en su cuerpo físico, hasta que desaparece o atraviesa una pared y se va. Otra característica común es que muchas personas miran hacia atrás y ven su propio cuerpo echado en la cama, o sentado en una silla, ya veces despierto y trabajando. Su reacción no suele ser la de alarmarse, o escandalizarse, sino que adoptan una actitud bastante indiferente, «mira, éste soy yo, éste es el aspecto que ofrezco ante los demás». Lo que resulta sorprendente es la falta de interés que muchas personas sienten por su cuerpo físico inerte, por su habitáculo normal. La razón es que su conciencia está casi totalmente centrada en su cuerpo separado; y es éste el que se siente realmente vivo, mientras que el otro no tiene más interés que el de un abrigo que se cuelga al entrar en una casa caliente.

“Yo no sentía ningún interés por mi cuerpo físico, ni por mi vida física. Sólo quería seguir y prolongar aquel estado feliz de existencia donde todo era más brillante, más vívido y más real que todo lo que había conocido antes”. Celia Green, “Experiencias Extra-Corporales.”

Para aquellos que lo han experimentado, esta capacidad de mirar atrás y adelante de un cuerpo a otro es una prueba irrefutable de que realmente poseen este segundo cuerpo en el que la vida puede continuar independientemente del marco físico. Estas personas insistieron en la cualidad «positiva» del desapego que experimentaron, y no en la resignación. Algunos se sintieron muy interesados por su experiencia, pero no se involucraron emocionalmente. Es muy fácil que la emoción impulse el retorno. El interés fue descrito como «académico», «crítico» o «interés y fascinación objetivos». «Los problemas de la vida cotidiana son muy triviales», «Fue como si todas las preocupaciones de mi vida hubiesen desaparecido». Pero algunas personas sienten compasión por sus cuerpos sufrientes.

El pensamiento y la memoria persisten en la forma separada, frecuentemente más agudizados que en la vida despierta. El mero hecho de pensar en otro lugar basta para volar hacia allí casi al instante. La separación es causada, en ocasiones, por la tensión, cuando nos damos cuenta de un peligro inminente, como el que nos ilustra el siguiente caso; ocurrió antes de que la persona chocara realmente contra el suelo en su caída.

“Mi experiencia tuvo lugar en «Harrison’s Rocks», un pequeño acantilado rocoso del sur de Londres. Después de dormir durante la noche, me levanté un domingo por la mañana y, creo recordar que sin comer nada, empecé a escalar las rocas en solitario. A unos quince o veinte pies por encima del suelo resbalé y caí. Objetivamente la altura no era muy grande, pero creo que me asusté mucho por el posible dolor o la muerte y por un momento abandoné la idea de vivir. Mientras caía, me parecía estar a unos cinco o diez pies de las rocas, viendo como mi cuerpo caía. Recuerdo vagamente que me hubiera gustado investigar aquella extraña sensación girando al otro lado de mi cuerpo para mirarlo. Cuando dí contra el suelo el dolor fue lo que me preocupó de inmediato; me había torcido gravemente los dos tobillos”. Celia Green, “Experiencias Extra-Corporales.”

Resulta difícil describir las percepciones sensoriales del cuerpo sutil. Evidentemente, una vez separado, no puede utilizar los órganos ni los sentidos del cuerpo físico; ni tampoco tiene un duplicado de sus sentidos, aunque pudiéramos creerlo así después de leer narraciones sobre algunas experiencias de separación. Únicamente los observadores más experimentados reconocen que el cuerpo sutil adquiere conciencia de sus alrededores de un modo totalmente diferente y único, es como si tuviese un único órgano sensorial que combina las capacidades de los otros cinco sentidos normales, incluso más. Tal vez no haya ningún órgano sensorial localizado, pero todo el cuerpo es sensible y receptivo. Pero ¿cómo podemos describirlo? No tenemos palabras para ello. Se ha usado el término sinestesia, como la síntesis de todos los sentidos, pero no resulta muy útil en las narraciones de estas experiencias. Por eso, lo que casi todos los escritores hacen, incluso aquellos que comprenden bien la situación, es utilizar palabras familiares como ver, sentir, oír, etc. Pero al leer estas explicaciones tendríamos que imaginar estas palabras entre comillas, pues no tienen su significado ordinario. Están usadas en un sentido imaginario. Si alguien dice: «estaba fuera de mi cuerpo y ví un ángel», mentalmente deberíais traducir la frase en algo como «Estaba fuera de mi cuerpo físico, y en mi cuerpo sutil adquirí consciencia de un Ser.

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No puedo describir exactamente lo que ocurrió. Fue como si le viera, pero era algo mucho más importante que la visión terrenal. También sabía que era un Ser Espiritual bondadoso, de gran esplendor, que había venido para ayudarme. En parte, me recordaba las descripciones de los ángeles que había leído, pero era mucho más glorioso y más bondadoso de lo que hubiera podido imaginar.»

Es en gran parte esta clase de concienciación lo que hace que la vida «del otro lado» sea al principio tan desconcertante, pero también mucho más vívida y más satisfactoria que nuestras experiencias terrenas. En comparación, éstas parecen primitivas, a pesar de las capacidades verdaderamente maravillosas del oído y de los ojos, en combinación con el cerebro. Otra capacidad del estado «desencarnado» es la habilidad de «ver» en todas direcciones y no sólo desde la posición que ocupan los ojos, y ver los dos lados de un objeto simultáneamente. Esto explica el ocasional giro al revés de un objeto cuando se regresa al cuerpo. El número «78» puede recordarse como «87 » por la dificultad de distinguir la derecha y la izquierda. También es posible ver en la oscuridad cuando uno está fuera del cuerpo, y ver a través de los objetos, o ver su exterior y su interior al mismo tiempo. El sentido del tiempo también puede ser distinto al del estado normal de vigilia.

Varias personas han intentado visitar a un amigo cuando salían de su cuerpo. Generalmente, el amigo no es consciente de su visitante, pero a veces la presencia se ve o se siente como una impresión.

La psicokinesis, es decir, el movimiento físico de objetos mediante el pensamiento o mediante el cuerpo separado, no suele ser posible. La persona es a menudo consciente de que su mano sutil atraviesa el objeto que quiere mover sin afectarlo en absoluto. Similarmente, la forma separada puede atravesar un techo o una pared sin ninguna dificultad, pero a menudo la persona está inhibida por su experiencia normal y no intenta estos experimentos.

Hace cincuenta años o más, varios escritores quisieron explicar la sorprendente naturaleza del plano astral (1) sugiriendo que es un mundo de cuatro dimensiones, en lugar de las tres dimensiones del mundo normal. Para ayudarnos a visualizar la situación presentaron una analogía. Se nos hacía imaginar una raza de hombres planos, sin grosor alguno, confinados en un mundo plano bidimensional. (2D) Para ellos, nuestro mundo normal tridimensional (3D) sería tan desconcertante como un mundo cuatridimensional (4D) pudiera serlo para nosotros. La analogía, sin embargo, no era muy convincente, porque casi es más difícil imaginar hombres bidimensionales que hombres cuatridimensionales. Creo que la razón es que estamos rodeados por representaciones del mundo tridimensional en superficies planas bidimensionales, y tenemos dibujos, cuadros, fotografías y ahora imágenes televisivas. Con ayuda de la perspectiva y la colaboración de los ojos, el cerebro y la mente, no tenemos dificultad alguna para imaginar la dimensión que falta, la de la profundidad.

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Creo que hay una analogía mejor, la del dibujo de la sombra o silueta. Si, por ejemplo, el perfil de la cabeza de una persona está iluminado por una sola luz concentrada puede proyectar una sombra delineada sobre una pared blanca, y entonces, tendréis una verdadera proyección bidimensional de la cabeza de esa persona.

Si fuera un desconocido, os costaría mucho imaginar qué aspecto tiene esa persona realmente, pues la silueta no da una indicación de la profundidad como lo hace el dibujo. Creo que esta analogía nos permite apreciar mejor nuestra dificultad para imaginar la profundidad todavía mayor, la complejidad y amplia visión de la imagen astral. Normalmente, nosotros percibimos desde un punto fijo, el de nuestros ojos, y todo cuanto vemos de un objeto sólido es la parte de una superficie externa visible desde ese punto de vista.

No estoy sugiriendo que el otro mundo sea realmente cuatridimensional en un sentido literal (geométrico). Hay otra explicación de sus propiedades que encuentro más satisfactoria. Pero la idea de una cuarta dimensión imaginaria puede ser útil para algunas personas.

Otros libros que tratan sobre el tema incluyen recopilaciones de casos, especialmente Crookall y otros libros que explican las propias incursiones repetidas del autor en este otro mundo. Tal vez el más conocido de éstos sea uno que fue publicado en 1929 por Muldoon y Carrington, “La Proyección del Cuerpo Astral”. Muldoon vivía en una parte rural de los Estados Unidos y experimentaba lo que él llama proyecciones astrales, desde los doce años. Tenía sólo veinticinco cuando empezó a escribir su libro, animado por el otro autor, un famoso escritor de temas ocultos. Por entonces, ya había tenido cientos de estas experiencias, algunas espontáneas y otras inducidas deliberadamente. La separación le era muy fácil, y escribe con la convicción de que la mayoría de la gente puede experimentarla por sí misma siguiendo su técnica. En la práctica no resulta ni mucho menos tan sencilla como él supone. Admite que puede ser difícil para personas de salud robusta. Sorprendentemente, afirma que la separación es más fácil cuando el cuerpo está fatigado, enfermo o viejo: él inducía un estado adecuado de pasividad reduciendo el ritmo de los latidos de su corazón, algo que podía hacer a voluntad, pero algo poco común. Luego, se recomienda la relajación del cuerpo, mientras se mantiene la mente alerta pensando en la proyección e imaginando con todas las fuerzas cómo el cuerpo astral se eleva por encima de la forma física que yace en la cama. Pero el estado emocional debe ser de tranquilidad y sin miedo. Sin embargo, para Muldoon, la proyección con plena conciencia era a veces una experiencia desagradable, acompañada de una sensación vibratoria de arriba a abajo, y de dolor en la nuca.

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Otros practicantes, especialmente Monroe (véase más adelante) han mencionado fuertes ruidos extraños en los oídos, como ruidos de rugidos y ráfagas de viento. Es preferible, dice este autor, dormirse normalmente y luego «despertarse» en una conciencia astral. Entonces, uno puede despertarse del todo directamente desde ese estado, o puede volver a caer primero en el sueño normal. El despertar directo desde la conciencia astral, especialmente si se debe al miedo, puede ser desagradable e incluso doloroso, pues los cuerpos quedan repentinamente «en coincidencia», como dice Muldoon. El resultado es una «repercusión» que sacude el cuerpo.

Yo mismo suelo tener ligeras repercusiones cuando intento dormirme con la mente todavía activa. Supongo que me adormezco y tengo que volver al instante para terminar el curso de mis pensamientos. De cualquier modo, esta noción del paso desde el sueño a la conciencia astral tiene algo familiar: esto es lo que muchos de nosotros hacemos por la noche, pero al despertar, raramente recordamos nuestras excursiones. En realidad, la separación en sí no es nada inusual, pero hemos de aprender a recordarlo, cosa todavía poco común. Muldoon afirma que a partir de observaciones de su familia y amigos en estado de separación, el cuerpo sutil se separa normalmente del cuerpo físico durante el sueño. Pero, generalmente, se mantiene a una distancia de un pie por encima del cuerpo dormido, quedando en un estado parecido al sueño, mientras los dos cuerpos van reorganizándose, por así decirlo, para el trabajo del día siguiente. A veces el cuerpo sutil puede vagar un poco, envuelto en sus propios pensamientos y fijándose poco en lo que le rodea. Pero otras personas están totalmente «despiertas» en el plano astral, aunque raramente recuerdan sus viajes por la mañana.

Tal vez sea éste el mecanismo protector de la Naturaleza: en la conciencia despierta ya tenemos suficientes preocupaciones como para cargarnos con el peso de nuestras actividades nocturnas. Estas personas tienen, por así decirlo, la doble personalidad de Jekill y Hyde, pero es muy probable que sea el doctor Jekill quien se encuentra activo por la noche en misiones altruistas. Más adelante volveré a tocar este tema.

Muchos autores han hablado de un «cordón de plata» que conecta el cuerpo físico con el cuerpo sutil. Muldoon siempre fue consciente del «cordón de plata» que los unía. No solamente podía verlo, sino que podía sentirlo como un cable, aparentemente blando y elástico, pero sólido. También sentía una especie de tirón elástico del cordón, que tendía a atraerlo hacia el cuerpo, y su tensión parecía aumentar hasta que se alejaba unos diez o veinte pies de su cuerpo. Pero en cuanto conseguía rebasar esta distancia, el cordón se hacía más fino convirtiéndose en un hilo y dejaba de tirarle hacia atrás. Sin embargo, cuando llegaba el momento de finalizar la separación, el cordón volvía siempre a atraerlo hacia atrás. Si alguna vez tenéis esta experiencia, tratad de recordar que es imposible perderse. El cordón os volverá siempre al lugar, sanos y salvos. Se nos dice que únicamente al morir se corta finalmente ese cordón.

Las máximas experiencias de Muldoon eran, en su mayoría, monótonas. Se encontraba en un mundo muy parecido al mundo normal en que vivía, en un cuerpo igual a su cuerpo físico, con la excepción de que era ligero y podía viajar libremente. Una de sus experiencias más interesantes y convincentes fue cuando visitó una extraña casa, viajando en proyección astral. Pudo fijarse en su situación, en una ciudad cercana y memorizar detalles de su interior. Vio a la familia que vivía allí, incluyendo a una niña de su misma edad aproximadamente que estaba cosiendo. Más tarde, una vez despierto, encontró a aquella niña y la reconoció, presentándose y describiendo detalles de su casa que ella confirmó inmediatamente. Se hicieron amigos y se dispusieron a llevar a cabo algunos experimentos en la proyección astral.

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Robert Monroe

Otro autor que ha escrito sobre sus numerosas experiencias extracorporales es Monroe, un ingeniero en electrónica y un ejecutivo. De repente, empezó a tener estas experiencias que continuaron y fueron haciéndose más interesantes cada vez. Como era una persona del campo científico, se ofreció para reconocimientos médicos y experimentos científicos, y describió sus observaciones de un modo más científico que la mayoría de los otros autores. Sus experiencias en lo que él llama Locale I, que se parece mucho al mundo ordinario, eran realmente similares a las de otras personas. Pero en su Locale II, encontró un mundo menos familiar en el que tuvo muchas aventuras, conoció a mucha gente interesante y «conversó» con ellos, generalmente mediante una especie de telepatía, sin palabras. El tiempo y el lugar parecían actuar de modo diferente. Ante su menor deseo, se encontraba en otra localidad. Además de escribir un libro, “Viajes Extracorporales”, Monroe siguió sus propias experiencias, elaborando unas técnicas para inducir la misma condición en otros voluntarios. Era consciente de unas sensaciones vibratorias en el cuerpo y de unos sonidos en los oídos, como unos fuertes rugidos, precisamente antes de abandonar el cuerpo. Hacía relajar a los voluntarios en un colchón de agua, con unos auriculares estereofónicos en las orejas, y a través de ellos les transmitía varios sonidos. Un tono puro en su oído, y un tono ligeramente diferente en el otro se combinaban en el cerebro para producir un tono vibratorio bajo. Un «sonido blanco» a todo volumen para simular el rugido, más unas campanas del templo y otros sonidos más musicales, era suficiente para conseguir que la mayoría de las personas saliesen de su cuerpo. Sin embargo, conservaban cierto grado de conciencia dual, podían dictar sus experiencias a una grabadora mientras sucedían. Oí decir que había tenido éxito en 600 personas, pero gran parte de su material tenía que ser analizado todavía. Más interesante aún, es que Monroe ha formado un Grupo de Exploradores, formado por sus mejores sujetos, que se dedican a examinar repetidamente estos otros mundos.

Además, cuando uno de ellos se halla «fuera» y narra una extraña experiencia, puede mandarse allí un segundo miembro del equipo para que le encuentre y confirme su observación. El hecho de que las experiencias puedan ser compartidas es especialmente significativo y demuestra que es mucho menos probable que sean alucinaciones de cualquier clase. En principio me preocupaba un poco pensar que tantas personas parecían tener sus propias experiencias únicas. Pero tampoco es realmente sorprendente, pues si cien visitantes del espacio fuesen enviados a distintos puntos separados de la tierra, contarían cien historias distintas de sus aventuras. No hay razón para suponer que los otros mundos sean más uniformes que nuestro mundo conocido.

En su libro “La Vida Mística” Whiteman habla extensamente de sus propias experiencias espontáneas que se cuentan a miles. Whiteman es catedrático de Universidad y también ha sometido sus experiencias al análisis y clasificación científicos. Describe varios tipos distintos de separación y llega a la conclusión de que el grado de separación depende del grado de conquista sobre las fijaciones emocionales e intelectuales. En sus separaciones no se limitaba a aquellos reinos o espacios parecidos a la tierra, como la mayoría de la gente. El describe espacios superiores de creciente pureza y espiritualidad. Las experiencias más elevadas de Whiteman eran comparables a las de los famosos místicos cristianos y a las de los más experimentados yoguis hindúes. De éstas hablaré en un capítulo posterior. Sin embargo, la actitud espiritual de Whiteman respecto a sus experiencias es digna de mención. Eran todas espontáneas. Nunca intentó inducir la separación, aunque a veces trató de modificarla con la intención de elevar su conciencia a niveles espirituales superiores, a través del Amor y la Obediencia. Consideraba cada acontecimiento como algo que se le otorgaba para aumentar su comprensión, y él ha pagado estos regalos escribiendo libros para guiar a otros hacia la vida espiritual.

Volviendo a los compiladores de experiencias extracorporales de otras personas, debo mencionar que tres libros escritos por Crookall hablan de no menos de 800 casos. Con algunas excepciones que pertenecen al capítulo siguiente, no añaden mucho a la información que he recogido de otras fuentes. Pero lo que más me interesó fue el título de su último libro “Lo que Ocurre Cuando Morirnos”. Como voy a intentar demostrar, éste es un título presuntuoso y confuso. Según mi modo de pensar, trata sólo de lo que puede suponerse que ocurre a algunas personas durante los primeros minutos u horas después del «despertar» al otro lado. Sin embargo, este título del libro plantea una cuestión importante: ¿podemos asumir que las experiencias extracorporales durante la vida física son una premonición exacta de la vida después de la muerte?

El leer sobre estas experiencias puede no ser convincente; es posible despreciarlas considerándolas sueños o alucinaciones, a pesar de los 2.000 casos o más que se han podido recoger y de los muchos miles que deben haberse conservado como algo privado y precioso. Pero incluso una sola experiencia vívida personal de vida en un cuerpo separado, y más todavía si el cuerpo físico también se ve, es totalmente convincente. Es decir, proporciona una prueba irrefutable, por experiencia directa, de que es posible funcionar en este «Cuerpo de Luz», como podemos llamarle. Si una persona piensa en todo esto, probablemente reflexionará y dirá: ¿Sí tengo este otro cuerpo -y sé ahora que lo tengo- entonces cuando me muera ¿qué va a impedirme seguir viviendo conscientemente en este cuerpo? Verdaderamente ¿qué? Es difícil contrarrestar un argumento así.

Personalmente yo estoy de acuerdo con esa persona, aunque por lo que he leído, supongo que habrá algunas diferencias de detalle en la calidad de la vida después de la muerte, en comparación con los breves episodios extracorporales. Particularmente creo que, a medida que nos vamos familiarizando con las condiciones después de la muerte, la vida se abre y florece de un modo que pocos han experimentado durante su vida sobre la tierra. Si no estáis convencidos todavía, leed al menos el siguiente capítulo que ofrece pruebas más directas.

 

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INTRODUCCIÓN

¿Cuántas veces nos inmoviliza la incapacidad para tomar una decisión? ¿Cómo podemos tomar una determinación que nos conduzca con seguridad a una finalidad constructiva? ¿Cómo “saber” lo que debo hacer? ¿Verdad que todos nos hemos encontrado alguna vez ante este dilema?

Mario Rodríguez Cobos o Silo ( 1938 – 2010) nos da en esta conferencia una clave para disolver nuestras dudas ante una disyuntiva vital. La herramienta que nos describe, sondear el registro interno, nos puede ayudar mucho en las decisiones claves de nuestra vida. No dejemos en manos de otro nuestra responsabilidad y, sobre todo, no nos hagamos responsables de las decisiones que otros deben tomar libremente; en caso contrario, si los resultados no son los esperados, nos veremos inmersos en una maraña de reproches y justificaciones inmovilizadores.

                                                                                                 Idafe


¿QUÉ ES LO QUE DEBO HACER?(1)

LA ACCIÓN VÁLIDA

Charla ofrecida por Mario Rodríguez Cobos (Silo) ante un Grupo de Estudios en Las Palmas de Gran Canaria, el 29 de septiembre de 1978.

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¿Cuál es la acción válida? A esta pregunta se ha respondido, o se ha tratado de responder, de distintos modos y casi siempre teniendo en cuenta la bondad o la maldad de la acción. Se ha tratado de responder a lo válido de la acción. Es decir, se han dado respuestas a lo que desde antiguo ha sido conocido como lo ético o lo moral. Durante muchos años nos preocupamos por consultar acerca de qué era lo moral, qué era lo inmoral, lo bueno y lo malo. Pero, básicamente, nos interesó saber qué era lo válido en la acción. Nos fueron respondiendo de distinto modo. Hubo respuestas religiosas, hubo respuestas jurídicas, hubo respuestas ideológicas. En todas esas respuestas, se nos decía que las personas debían hacer las cosas de un modo y también evitar hacer las cosas de otro modo. Para nosotros era muy importante obtener una clara respuesta sobre este punto. Era de mucha importancia por cuanto el quehacer humano, según tenga una dirección o tenga otra, desarrolla también una forma de vida distinta. Todo se acomoda en la vida humana según la dirección. Si mi dirección al futuro es de un tipo, mi presente se acomoda también a él. De manera que estas preguntas en torno a lo válido, lo inválido, lo bueno, lo malo, afectan no solo al futuro del ser humano, sino que afectan su presente. Afectan no solo al individuo, afectan a los conjuntos humanos, afectan a los pueblos.

Diferentes posturas religiosas daban su solución. Así pues, para los creyentes de determinadas religiones había que cumplir con ciertas leyes, con ciertos preceptos, inspirados por Dios. Eso era válido para los creyentes de esas religiones. Es más: distintas religiones daban distintos preceptos. Algunas indicaban que no debía realizarse determinadas acciones, para evitar cierta vuelta de los acontecimientos; otras religiones lo indicaban para evitar un infierno. Y a veces no coincidían tampoco estas religiones, que en principio eran universales, no coincidían en sus preceptos y en sus mandatos. Pero lo más preocupante de todo esto consistía en que ocurría en áreas del mundo donde muchísimos de esos habitantes no podían cumplir, aun queriendo de muy buena fe, no podían cumplir con esos preceptos, con esos mandamientos, porque no los sentían. De manera que los no creyentes – que también para las religiones son hijos de Dios –, no podían cumplir esos mandatos, como si estuvieran dejados de esa mano de Dios. Una religión, si es universal, debe serlo no porque ocupe geográficamente el mundo. Básicamente debe ser universal porque ocupe el corazón del ser humano, independientemente de su condición, independientemente de su latitud. Así pues, las religiones, en su respuesta ética, nos presentaban ciertas dificultades.

Consultamos entonces a otros formadores de conducta: los sistemas jurídicos. Éstos son formadores, son moldeadores de conducta. Los sistemas jurídicos establecen, de algún modo, aquello que debe hacerse o debe evitarse en el comportamiento de relación, en el comportamiento social. Existen códigos de todo tipo para reglar las relaciones. Hay hasta códigos penales, que prevén la punición para determinados delitos, es decir, para comportamientos considerados no sociales, o asociales, o antisociales. Los sistemas jurídicos también han tratado de dar su respuesta a la conducta humana, en lo que hace al buen o mal comportamiento. Y así como las religiones han dado su respuesta, y está bien, y está bien para sus creyentes, también los sistemas jurídicos han dado su respuesta, y está bien para un momento histórico dado, está bien para un tipo de organización social dado, pero nada dice al individuo que debe cumplir con una determinada conducta. Porque la gente razonable, sin duda advierte que es interesante que exista una regulación de la conducta social, a fin de evitar un caos total. Pero ésta es una técnica de organización social, no es una justificación de la moral. Y por cierto que según su desarrollo y según su concepción, las distintas comunidades humanas tienen normas de conducta jurídicamente regladas, que a veces se oponen. Los sistemas jurídicos no tienen validez universal. Sirven para un momento, para un tipo de estructura, pero no sirven para todos los seres humanos, ni sirven para todos los momentos y todas las latitudes; y lo más importante de todo, nada dicen al individuo acerca de lo bueno y lo malo.

También consultamos a las ideologías. Las ideologías son más amigas de los desarrollos y bastante más vistosas en sus explicaciones que los chatos sistemas legales, o tal vez que los preceptos o las leyes traídas desde las alturas. Algunas doctrinas explicaban que el ser humano es una suerte de animal rapaz, es un ser que se desarrolla a costa de todo y que debe abrirse paso a pesar de todo, a pesar inclusive de los otros seres humanos. Una suerte de voluntad de poderío es la que está detrás de esa moral. De algún modo esa moral que puede parecer romántica, es sin embargo exitista, y nada dice al individuo en cuanto a que las cosas le salgan mal en sus pretensiones de voluntad de poderío.

Hay otro tipo de ideología que nos dice: por cuanto todo en la naturaleza está en evolución, y el ser humano mismo es producto de esta evolución, y el ser humano es el reflejo de las condiciones que se dan en un momento dado, su comportamiento va a mostrar el tipo de sociedad en que vive. Así pues, una clase va a tener un tipo de moral y otra va a tener otro tipo de moral. De esta manera, la moral está determinada por las condiciones objetivas, por las relaciones sociales y por el modo de producción. No hay que preocuparse mucho, por cuanto uno hace lo que mecánicamente está impulsado a hacer aunque, por razones publicitarias, se hable de la moral de una clase o la moral de otra. Limitándonos al desarrollo mecánico, yo hago lo que hago porque estoy impulsado en tal sentido. ¿Dónde está el bueno y dónde está el malo? Hay solamente un choque mecánico de partículas en marcha.

Otras singulares ideologías nos decían cosas como éstas: la moral es una presión social que sirve para contener la fuerza de los impulsos y esta contención que efectúa es una suerte de súper-yo, esta comprensión que hace en el caldero de la conciencia permite que aquellos impulsos básicos se vayan sublimando, vayan tomando cierta dirección…

De modo que nuestro pobre amigo, que ve pasar a unos y a otros con sus ideologías, se sienta de pronto en la acera y dice: “qué es lo que yo debo hacer, porque acá me presiona un conjunto social, yo tengo impulsos y parece que éstos se pueden sublimar, siempre que yo sea artista. De otro modo, o me tiendo en el sofá del psicoanalista o terminaré en la neurosis”. Así pues, la moral en realidad es una forma de control de estas presiones que, sin embargo, a veces desbordan el caldero.

Otras ideologías, también psicológicas, explicaron lo bueno y lo malo según la adaptación. Una moral conductual adaptativa, algo que permite encajar en un conjunto y en la medida en que uno desencaja de ese conjunto, se segrega de ese conjunto, tiene problemas. Así que más vale andar “derechito”, y encajar bien en el conjunto. La moral, entonces, nos dice qué es lo bueno y qué es lo malo, de acuerdo con la adaptación que debe establecer el individuo, de acuerdo con el encaje que el individuo tenga en su medio. Y está bien… es otra ideología.

Pero en las épocas de las grandes fatigas culturales, como sucedió ya repetidamente en otras civilizaciones, surgen las respuestas cortas, inmediatas, acerca de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Me estoy refiriendo a las llamadas “escuelas morales de decadencia”. En distintas culturas (ya en su ocaso), surgen suertes de moralistas que muy rápidamente tratan de acomodar sus comportamientos como buenamente pueden, a fin de dar una dirección a su vida. Están algunos que dicen más o menos esto: “La vida no tiene ningún sentido, y como no tiene ningún sentido, puedo hacer cuanto me plazca… si puedo”. Otros dicen: “Como la vida no tiene mucho sentido, debo hacer aquellas cosas que me satisfacen, que me hacen sentir bien, a costa de todo lo otro”. Algunos más afirman: “Ya que estoy en una mala situación y hasta la misma vida es sufrimiento, debo hacer las cosas guardando ciertas formas. Debo hacer las cosas como un estoico”. Así se llaman esas escuelas de la decadencia: las escuelas estoicas.

Detrás de estas escuelas, aunque sean respuestas de emergencia, hay también ideología. Está, parece, la ideología básica de que todo ha perdido sentido, y se responde de urgencia a esa pérdida de sentido. Actualmente, por ejemplo, se pretende justificar la acción con una teoría del absurdo, en donde aparece de contrabando el “compromiso”. Sucede que estoy comprometido con eso, y por tanto debo cumplir. Se trata de una especie de coacción bancaria. Es difícil comprender que pueda establecer un compromiso si el mundo en que vivo es absurdo y termina en la nada. Por otra parte, esto no otorga ninguna convicción al que declama tal postura.

Así pues, las religiones, los sistemas jurídicos, los sistemas ideológicos, las escuelas morales de la decadencia, han trabajado para dar respuesta a este serio problema de la conducta, para establecer una moral, para establecer una ética, porque todos ellos han advertido la importancia que tiene la justificación o no justificación de un acto.

¿Cuál es la base de la acción válida? La base de la acción válida no está dada por las ideologías, ni por los mandatos religiosos, ni por las creencias, ni por la regulación social. Aún cuando todas estas cosas sean de mucha importancia, la base de la acción válida no está dada por ninguna de ellas, sino que está dada por el registro interno de la acción. Hay una diferencia fundamental entre la valoración que parece provenir del exterior, y esta valoración que se hace de la acción por el registro que el ser humano tiene de lo que precisamente hace.

¿Y cuál es el registro de la acción válida? El registro de la acción válida es aquel que se experimenta como unitivo; es aquel que da al mismo tiempo sensación de crecimiento interno, y es por último aquél que se desea repetir porque tiene “sabor” de continuidad en el tiempo. Examinaremos estos aspectos de modo separado.

El registro de unidad interna, por una parte, y la continuidad en el tiempo, por otra parte.

Frente a una situación difícil, puedo yo responder de un modo o de otro. Si soy hostigado, por ejemplo, puedo responder violentamente y frente a esa irritación que me produce el estímulo externo, y esta tensión que me provoca, puedo distenderme, puedo reaccionar violentamente y al hacerlo experimentar una sensación de alivio. Me distiendo. Así pues, y aparentemente, se ha cumplido la primera condición de la acción válida: frente a un estímulo irritante, lo saco de enfrente y al hacerlo me distiendo y al distenderme tengo un registro unitivo.

La acción válida no puede justificarse simplemente por la distensión en ese instante, porque no se continúa en el tiempo sino que produce lo contrario. En el momento A produzco la distensión al reaccionar del modo comentado; en el momento B, no estoy para nada de acuerdo con lo que hice. Esto me produce contradicción. Esa distensión no es unitiva por cuanto el momento posterior contradice al primero. Es necesario que cumpla, además, con el requisito de la unidad en el tiempo, sin presentar fisuras, sin presentar contradicción. Podríamos presentar numerosos ejemplos en donde esto de la acción válida para un instante no lo es para el siguiente y el sujeto no puede, cabalmente, tratar de prolongar ese tipo de actitud porque no registra unidad sino contradicción.

Pero hay otro punto: el del registro de una suerte de sensación de crecimiento interno. Hay numerosas acciones que todos efectuamos durante el día, determinadas tensiones que aliviamos distendiendo. Estas no son acciones que tengan que ver con lo moral. Las realizamos y nos distendemos y nos provoca un cierto placer, pero ahí quedan. Y si nuevamente surgiera una tensión, nuevamente la descargaríamos con esa suerte de efecto de condensador, en donde sube una carga y al llegar a ciertos límites se la descarga. Y así, con este efecto condensador de cargar y descargar, nos da la impresión de que estuviéramos metidos en una eterna rueda de repeticiones de actos, en donde en el momento en que se produce esa descarga de tensión, la sensación resulta placentera, pero nos deja un extraño sabor percibir que si la vida fuera simplemente eso – una rueda de repeticiones, de placeres y dolores – la vida, claro, no pasaría del absurdo. Y hoy, frente a esta tensión, provoco esta descarga. Y mañana del mismo modo… sucediéndose la rueda de las acciones, como el día y la noche, continuamente, independientemente de toda intención humana, independiente toda elección humana.

Hay acciones, sin embargo, que tal vez muy pocas veces hayamos realizado en nuestras vidas. Son acciones que nos dan gran unidad en el momento. Son acciones que nos dan, además, registro de que algo ha mejorado en nosotros, cuando hemos hecho eso. Y son acciones que nos dan una propuesta a futuro, en el sentido de que si pudiéramos repetirlas, algo iría creciendo, algo iría mejorando. Son acciones que nos dan unidad, sensación de crecimiento interno, y continuidad en el tiempo. Esos son los registros de la acción válida.

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Nosotros nunca hemos dicho que esto sea mejor o peor, o deba coercitivamente hacerse: hemos dado más bien las propuestas y los sistemas de registros que corresponden a esas propuestas. Hemos hablado de las acciones que crean unidad, o crean contradicción. Y, por último, hemos hablado del perfeccionamiento de la acción válida, por la repetición de esos actos. Como para cerrar un sistema de registros de acciones válidas, hemos dicho: “Si repites tus actos de unidad interna, ya nada podrá detenerte”. Esto último habla no sólo del registro de unidad, de la sensación de crecimiento, de la continuidad en el tiempo. Eso habla del mejoramiento de la acción válida. Porque, es claro, no todas las cosas nos salen bien en los intentos. Muchas veces tratamos de hacer cosas interesantes y no salen tan bien. Nos damos cuenta que esas cosas pueden mejorar. También la acción válida puede perfeccionarse. La repetición de aquellos actos que dan unidad y crecimiento y continuidad en el tiempo, constituyen el mejoramiento de la misma acción válida. Esto es posible.

Nosotros, en principios muy generales, hemos dado los registros de la acción válida. Hay un principio mayor, conocido como La Regla de Oro. Este principio dice así: “Trata a los demás como quieres que te traten a ti”. Este principio no es cosa nueva, tiene milenios. Ha aguantado el paso del tiempo en distintas regiones, en distintas culturas. Es un principio universalmente válido. Se ha formulado de distintas maneras; se lo ha considerado por el aspecto negativo, diciendo algo así como: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Es otro enfoque de la misma idea. O bien, se ha dicho: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Es otro enfoque. Claro que, no es exactamente lo mismo que decir “trata a los demás como quieres que te traten”. Y está bien, y desde antiguo se ha hablado de este principio. Es el más grande de los principios morales. Es el más grande de los principios de la acción válida. Pero, ¿cómo quiero que me traten a mí? Porque se da por sentado que será bueno tratar a los demás como uno quisiera que lo trataran a uno mismo. ¿Y cómo quiero que me traten? Tendré que responder a eso diciendo que si me tratan de un modo me hacen mal y si me tratan de otro me hacen bien. Tendré que responder acerca de lo bueno y de lo malo. Tendré que volver a la eterna rueda de definir la acción válida, según una u otra teoría, según una u otra religión. Para mi será buena una cosa, para otra persona no será lo mismo. Y no faltará alguno que tratará muy mal a otro, aplicando el mismo principio; porque sucede que a él le gustará que lo traten mal.

Está muy bien este Principio que habla así del tratamiento del otro, según lo bueno para uno, pero estará mejor saber qué es lo bueno para uno. Así las cosas, nos interesa ir a la base de la acción válida y la base de la acción válida está en el registro que se obtiene de ella.

Si digo: “debo tratar a los demás como quiero que me traten”, inmediatamente me pregunto: “¿por qué?”. Habrá algún proceso en uno, habrá alguna forma en el funcionamiento de la mente, que crea problemas en uno cuando uno trata mal a los otros. Y, ¿cómo puede ser ese funcionamiento? Si yo veo a alguien en muy mala condición, o veo a alguien de pronto que sufre un corte, o una herida, algo resuena en mí. ¿Cómo puede resonar en mí algo que le está sucediendo al otro? ¡Es casi mágico! Sucede que alguien sufre un accidente y experimento casi físicamente el registro del accidente en otro. Ustedes son estudiosos de estos fenómenos, saben bien que a toda percepción corresponde una imagen, y comprenden que algunas imágenes pueden tensar ciertos puntos así como otras pueden distenderlos. Si a toda percepción va correspondiendo una representación y de esa representación se tiene a su vez registro, es decir, una nueva sensación, entonces no es tan difícil entender cómo al percibir un fenómeno, y al corresponderse la imagen interna con ese fenómeno (al movilizarse esta imagen), tenga a su vez sensación en distintas partes de mi cuerpo o de mi intracuerpo, que se han modificado por acción de la imagen anterior. Me siento identificado cuando alguien sufre un corte, porque a la percepción visual de tal fenómeno, le corresponde un disparo de imagen visual, y correlativamente un disparo de imágenes cenestésicas y táctiles de las cuales, además, tengo una nueva sensación que termina provocando en mí el registro del corte del otro. No será bueno que trate yo a los demás de mala manera, porque al efectuar este tipo de actividad tengo el correspondiente registro.

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Hablaremos casi técnicamente. Para ello vamos a simular el funcionamiento de circuitos por pasos aun cuando sabemos que la estructura de la conciencia procede como una totalidad. Bien, una cosa es el primer circuito que corresponde a la percepción, representación, nueva toma de la representación y sensación interna. Y otra cosa es el segundo circuito, que tiene que ver con la acción y que significa algo así: de toda acción que lanzo hacia el mundo, tengo también registro interno. Esa toma de realimentación es, por ejemplo, la que me permite aprender haciendo cosas. Si no hubiera en mí una toma de realimentación de los movimientos que estoy haciendo, jamás podría perfeccionarlos. Yo aprendo a escribir a máquina por repetición, es decir, voy grabando actos entre acierto y error. Pero puedo grabar actos únicamente si los realizo. De tal modo que es desde el hacer, desde donde tengo registro. Permítanme esta digresión: hay un prejuicio grande que a veces ha invadido el campo de la pedagogía. Según esta creencia se aprende por pensar en lugar de hacer. Ciertamente, se aprende porque se tiene la recepción del dato, pero tal dato no queda simplemente memorizado sino que siempre se corresponde con una imagen que, a su vez, moviliza una nueva actividad: coteja, rechaza, etc., y esto muestra la continua actividad de la conciencia y no una supuesta pasividad en la cual se aloja simplemente el dato. Esta realimentación es la que nos permite decir: “me equivoqué de tecla”. Así voy registrando la sensación del acierto y del error; así voy perfeccionando el registro del acierto, así se va fluidificando, y así se va automatizando la correcta acción del escribir a máquina. Estamos hablando de un segundo circuito. El primero se refería al dolor en el otro que yo registro en mí; el segundo circuito habla del registro que tengo de la acción que produzco.

Ustedes conocen las diferencias que existen entre los actos llamados catárticos y los actos transferenciales. Los actos catárticos se refieren básicamente a las descargas de tensiones y ahí quedan. Los actos transferenciales, diversamente, permiten trasladar cargas internas, integrar contenidos, y facilitar el buen funcionamiento psíquico. Sabemos que allí donde hay islas de contenidos mentales, contenidos que no se comunican entre sí, hay dificultades para la conciencia. Si se piensa en una dirección, por ejemplo, pero se siente en otra, y finalmente se actúa en otra diferente, comprendemos que esto no encaja y que el registro no es pleno. Parece que únicamente cuando tendemos puentes entre los contenidos internos, el funcionamiento psíquico se integra y permite avanzar unos pasos más. Se conocen técnicas transferenciales muy útiles que movilizan y transforman a determinadas imágenes problemáticas. Un ejemplo de esa técnica está presentado en forma literaria en las “Experiencias guiadas” (2) Pero también sabemos que la acción, y no solo el trabajo de las imágenes, puede operar fenómenos transferenciales y fenómenos auto-transferenciales. No será lo mismo un tipo de acción que otra. Habrá acciones que permitan integrar contenidos internos y habrá acciones tremendamente desintegradoras. Determinadas acciones producen en el ser humano tal carga de pesar, tal arrepentimiento y división interna, tal profundo desasosiego, que esta persona jamás quisiera volver a repetirlas. Y, desafortunadamente, han quedado tales acciones fuertemente ligadas al pasado. Aunque no se repitieran tales acciones en el futuro, seguirían presionando desde el pasado sin resolverse, sin entregarse, sin permitir que la conciencia traslade, transfiera, integre sus contenidos, y permita al sujeto esa sensación de crecimiento interno de la que hemos hablado anteriormente.

No es indiferente la acción que se realiza en el mundo. Hay acciones de las que se tiene registro de unidad, y acciones que dan registro de contradicción, de desintegración. Si se estudia esto cuidadosamente y a la luz de lo que se sabe en materia de fenómenos catárticos y transferenciales, este asunto (de la acción en el mundo, en lo que hace a la integración y desarrollo de los contenidos), quedará mucho más claro. Pero, desde luego, toda esta simulación de los circuitos para comprender el significado de la acción válida es un tema complicado. Entre tanto, nuestro amigo sigue diciendo: “¿Y yo qué hago?” Nosotros registramos como unitivo y valioso llevar a ese que está sentado en la acera (sin referencia en su vida), estas cosas que mínimamente conocemos, pero en palabras y en hechos sencillos. Si nadie hace esto por él, nosotros lo haremos (como tantas otras cosas que permitirán superar el dolor y el sufrimiento). Al proceder así, trabajaremos también para nosotros mismos.

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NOTAS:
1) Nos hemos permitido la libertad de introducir un antetítulo a este artículo, fin de hacer más clarificador para el lector desde el comienzo la intención del texto.
2) Título de una obra con ejercicios prácticos de la que es autor Silo.

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NOTA INTRODUCTORIA

Quienes llevamos muchos años participando en el Grupo Espírita de La Palma, conservamos muy vivo en el recuerdo, imborrable diríamos mejor, la imagen y la labor de compañeros nuestros que si bien hoy ya no están físicamente entre nosotros, fueron maestros indiscutibles, modelos en los que inspirarnos, ventanas del amor en el mundo, y que pasado el tiempo cobran un significado trascendente al ser más conscientes de la huella que dejaron. Conocerlos fue para nosotros un regalo, tratarlos y compartir tareas y esfuerzos un orgullo, recordarlos ahora, es un deber y un honor.

Uno de esos maestros fue para nosotros ROMUALDO SEGURA PICHER. Desde su Alcoy natal, se trasladó a la isla de La Palma, donde fundó familia y moró muchos años. Ya hace más de una década que dejó su envoltura corporal, pero su dimensión intelectual y moral, su compromiso y humildad, siguen muy presentes en el corazón de los que tuvimos la fortuna de compartir su amistad. Por eso y aprovechando las fechas en que nos encontramos de tránsito entre dos anualidades, queremos traer aquí uno de sus escritos (no será el último de su autoría que insertemos en este blog) que él realizase y leyese en una de nuestra habituales reuniones próximas a cada fin de año, donde hacemos revisión de las tareas grupales de los meses precedentes y en un clima de fraternidad y sana alegría, compartimos ideas, sentimientos, anhelos y vituallas.

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REFLEXIONES PARA UN NUEVO AÑO QUE EMPIEZA

Por: Romualdo Segura Picher

Cada año es un ciclo de vida marcado por las cuatro estaciones y cada entrada de año estrenamos un nuevo ciclo. Todos los seres humanos deberíamos hacer propósito de Vida Nueva en el inicio de un nuevo año. Esto, por lo menos, es lo que aconseja un refrán que vengo oyendo desde niño y que dice así: “Año nuevo, vida nueva”. Esto aparentemente tan sencillo, es en realidad muy difícil de realizar. ¿Por que? Porque hay pocos seres humanos verdaderamente interesados en hacerlo si tenemos en cuenta la gran masa de personas que constituimos la humanidad.

Hay en las personas dos actividades de vida posibles, que se pueden ver si nos tomamos el trabajo de observar. Una es la actividad mecánica, vida repetitiva que se hace por costumbre establecida y es mantenida por rutina, de la cual somos, en general, inconscientes. La otra es la vida creadora, porque es una actividad que siempre esta creando “algo nuevo”, cosas, objetos de uso y de consumo, servicios, máquinas, en fin todas aquellos elementos que de una forma u otra contribuyen a aumentar nuestro confort, nuestra seguridad y comodidad en la vida mate­rial. También podemos incluir dentro de esta denominación a las creaciones literarias, artísticas, científicas, las Bellas Artes y todo cuanto contribuya a que el ser humano se eleve por encima del plano de la animalidad; esto es, cultivo de valores humanos o espirituales.

Crear es dar vida a “algo” que sirva para la mejor expresión o desenvolvimiento de la vida. Una vida iluminada por la Razón y el Amor es verdaderamente Vida, es decir, creación. Porque Crear es dar Luz y Amor, la luz ilumina, el Amor propulsa. La Vida Universal es inmensurable llama que se renueva constantemente en novedosas formas y expresiones. La vida del ser humano solo es parcialmente creadora mientras no se haya realizado en totalidad como Ser Humano. Él forma parte de la Llama Eterna de la Vida; él es un destello de esa Llama, él es Centro Creador, él es un Generador de Amor y Luz constituido a imagen y semejanza del Padre Universal.

Creo que todos deberíamos hacer unas reflexiones al entrar en un año nuevo y hacer un esfuerzo para hacer entrar nuestras vidas en una etapa de renovación, de vida nueva, de claridad. La renovación a que me refiero es fundamental, pues es aquella que produce transformación o cambio profundo en el sentido del Ser, en la dirección de la vida, del Ser y del Hacer. Para entender esto, es preciso que cada cual se conteste dos preguntas: ¿Qué soy? ¿Qué hago? Si contestamos la primera, veremos que somos seres humanos en vía de realización, veremos que no somos animales (aunque hagamos muchas animaladas aún, al identificarnos con la parte animal), no lo somos porque tenemos Inteligencia y facultad autoconsciente, porque tenemos poder Creador, o sea capacidad para crear o destruir, para conocer y conocernos, (cosa que no tiene el animal), somos un reino Superior al animal, o un “destello” del Creador o de Dios. Si contestarnos a la segunda pregunta, averiguaremos lo que hacernos, en qué actividades estamos enfrascados, y si lo que hacemos es creativo, luminoso, liberador, armonioso, pacífico, amoroso, unificador… o lo contrario.

Concluido este breve preámbulo, estamos ahora en condiciones de afrontar el tema Año Nuevo, Vida Nueva. San Pablo en una de sus epístolas nos dice: “Transformaros por la renovación de vuestra mente.” Esto tiene un sentido básico, pues nadie puede renovarse o renovar su vida, si no cambia “su pensar”, o sea, la índole de sus pensamientos. Es nuestra forma de pensar lo que nos hace ser viejos o nos abre la posibilidad de ser seres humanos nuevos iniciando un cambio.

¿Qué es lo viejo en el hombre? Todas aquellas actividades primarias que ha vivido y que sigue repitiendo inconscientemente de forma mecánica porque se han constituido en hábitos de pensar, de sentir y de actuar. Y muchos de nuestros pensamientos, hechos hábito, son dañinos, son verdaderos venenos psicológicos, como “Todos buscan dañarme”, “La gente me humilla”, “Nadie me aprecia” “No confío en nadie”, “Yo valgo más que todos”, “Tengo que tener seguridad”, etc. Esta es la tendencia “vieja”, la que suscita desconfianza, miedo, rivalidad, astucia y afán de poder, lo cual entraña violencia, conflictos y enfrentamientos que conducen a la guerra. Esto ha sido la base de nuestro pasado, viejo pasado donde hemos cultivado, activado y mantenido valores animales, que son los que ahora nos estorban y nos impiden hacer una Vida Nueva. Esa es la vida vieja que debemos abandonar renovando nuestra mente, cambiando nuestra intencionalidad, la que nos empuja a buscar constantemente el provecho propio sin importarnos el daño que podamos causar a los demás.

Toda vida es antes proyecto, y si no hacemos un nuevo proyecto o propósito, no habrá vida Nueva. Necesitamos en verdad esa vida nueva más que nunca, pero para que sea radicalmente nueva, tiene que, obviamente, dejar de ser vieja. Si la rivalidad y la guerra fueron en el pasado necesarias para poner en relación a los pueblos y continentes, para forjar los caracteres nacionales y relacionar y fusionar culturas, hoy ya no son necesarias; es más, son un obstáculo para la unificación de la humanidad y el establecimiento de correctas relaciones humanas.

¿Es que necesitamos devastar totalmente el planeta para comprender que nuestro destino como humanidad es entendernos? Si seguimos los viejos derroteros impulsados por los rivalismos – ya sean individuales, nacionales, o internacionales -, el enfrentamiento será inevitable y la implacable destrucción nos aguarda. De nada servirá que oremos por la paz si no somos pacíficos, pues seguiremos generando conflictos y causas de confrontaciones. Por eso, la entrada de un Año Nuevo tendría que ser la iniciación de un cambio de actitud en los individuos y en las políticas de las naciones. Lamentablemente esto es aún una utopía pero no un imposible, aunque por el momento parece improbable.

Con motivo de la entrada de un Año Nuevo es costumbre desear felicidad y prosperidad a todos. Eso es bueno, pero no basta, si queremos que la vida sea nueva en nosotros es preciso que nuestras actividades estén orientadas hacia el respeto de la Libertad de cada ser humano, hacia la paz, hacia la Justicia. Porque la Igualdad ante la Ley solo existe en la Ley divina, y este ES el ÚNICO CAMINO para que surja la fraternidad entre los humanos. Somos una humanidad que cojea, por ello no anda correctamente, pues estamos cojos de AMOR. La, gran mayoría de los pueblos están cansados de guerras y desean la Paz, y si los gobernantes tienen alguna duda al respecto que se lo pregunten a sus pueblos respectivos con un plebiscito. Son los viejos y bastardos intereses que un grupo de gentes retorcidas y siniestras desea mantener para conservar las viejas actitudes y las estructuras de la explotación y la degradación humanas. Esto puede conducirnos hacia un genocidio.

La Ley de Vida para la humanidad es la ley de la Inteligencia y del Amor, de la cual surge el Poder Creador. Esa Ley Divina ya la expresó Jesús hace 2.000 años: “Amaos los unos a los otros como yo os amo”. Sólo podemos decir, ante las horas angustiosas que están viviendo los pueblos de la Tierra por las terribles amenazas que pesan sobre todos, que sólo cumpliendo esa ley divina de Amor, habrá posibilidad de vernos libres de las tribulaciones que nos atenazan, de instaurar un orden nuevo y de ofrecer, por tanto, a las generaciones venideras un mundo adecuado para que puedan alcanzar su “destino”, que no es otro que realizarse como SERES HUMANOS COMPLETOS.

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