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EL CAMINO DEL CORAZÓN

                                                            Por: Dr. David R. Hawkins

Instrucción

Podría parecer que la información acerca de la conciencia y la estructura y función del pensamiento y la percepción, son principalmente de valor para los buscadores espirituales que han elegido el camino de la no-dualidad (Advaita) (1). Estos temas, sin embargo, tienen un valor igualmente grande para el aspirante que ha elegido el camino de la devoción del corazón. En la práctica, sin embargo, la mayoría de los buscadores combinan estos caminos, y es principalmente una cuestión de énfasis o de estilo de práctica.

El objetivo principal del camino del corazón es llegar a ese nivel de conciencia llamado Amor Incondicional. La energía de la inspiración y la devoción facilita la entrega de los posicionamientos y resulta en la confianza en la gracia de Dios. Aunque este proceso parece conceptualmente simple, como todo el mundo ha encontrado por experiencia, a menudo es más difícil de lo que habrían esperado. El devoto sincero descubre que el esforzarse por el amor incondicional tiene la desagradable facultad de aflorar lo contrario del objetivo al que te has dedicado. Esto está representado en el conciso dicho espiritual “El amor atrae lo opuesto.”

Hay que recordar que el amor y la paz son las mayores amenazas para el “ego”, que se defiende recurriendo a las atrincheradas posiciones que se encuentran ocultas en el inconsciente. Estas actitudes sin amor han surgido de la biológica aún presente, orientada a la supervivencia del cerebro animal que surgen en la infancia, donde las presiones paternas y de la sociedad les obligaron a pasar a la clandestinidad por los mecanismos psicológicos conocidos del ego: la represión, la negación, la supresión, la reacción a la formación, la proyección y la racionalización.

Estos mecanismos auto-ejecutados se aplican a las diversas sub-personalidades, así como a la identidad principal del yo. Las creencias y las emociones se vuelven programadas por el aporte de la sociedad, la historia, la cultura, los compañeros, la iglesia, la escuela, los padres y, ahora, muy importante, los medios de comunicación. Todo lo anterior está fuertemente influenciado y, en cada caso, facilitado o dificultado por el ADN, los factores genéticos, las hormonas de la madre, y el destino biológico innato. El rango de opciones es incluso alineado con la estructura corporal, como en los llamados somatotipos (endomorfo, mesomorfo, ectomorfo).

También hay, obviamente, muchos factores más que influyen en la personalidad y el contenido del ego, como el nivel de Cociente Intelectual, el estatus socio-económico, la clase, la salud, la geografía, el entorno, el cuidado en la infancia y otros. Estos factores, sin embargo, son visibles, y el tema es estudiado por muchas ramas de la ciencia y la investigación.

Tal vez de mayor alcance por su efecto total, es el factor invisible del karma “heredado” y sus influencias multitudinarias e insospechadas. Nacer un ser humano con un ego es ya un profundo “acontecimiento kármico”.

Uno puede ver el ego espiritual como la manifestación actual de su karma, así que “deshacer el ego” es lo mismo que resolver el propio karma porque son operativamente uno y lo mismo. Si el término “karma” no es aceptable, puedes utilizar el término “inconsciente” en su lugar.

A pesar de que los obstáculos a superar serán los mismos si se los considera desde el punto de vista del karma o de lo inconsciente, una importante excepción es que el estudiante que ha hecho alguna investigación sobre sus propios antecedentes kármicos, se liberará de mucha autocompasión, resentimiento e ira, de las ingenuamente asumidas “injusticias” de la vida.

La investigación kármica se hace mejor cuando las respuestas específicas necesitan aclaración. Estos descubrimientos pueden ser de gran ayuda y salvar años, o incluso vidas, de trabajo espiritual estéril. El valor básico de la investigación kármica es que la información derivada, luego recontextualiza el problema, lo coloca en el escenario en el que surgió y facilita su resolución.

La investigación de vidas pasadas revela, a menudo, el origen de sucesos recurrentes en la vida o temas. Los mecanismos psicológicos del ego más frecuentemente encontrados son:

1. Deshacer.- Repites patrones del pasado para tener la oportunidad de tomar mejores decisiones en esta ocasión.

2. Reacción a la Formación.- Tomas un punto de vista en el extremo opuesto o posicionamiento en esta vida para mantener su opuesto reprimido y fuera de la conciencia.

3. Proyección.- Lo que es doloroso para uno mismo es proyectado sobre los demás.

4. Retorno de lo reprimido – En esta vida, lo que hiciste a los demás lo sufres ahora al contrario, como víctima.

5. Negación.- Las motivaciones y pensamientos son totalmente reprimidos y calificados como “no míos”.

Aunque lo anterior pueda parecer una opinión simplista de la psicología básica, estos conceptos deben estar disponibles para un rápido acceso, ya que estos mecanismos están implicados en la purificación espiritual. A menos que los fundamentos sean descubiertos, pueden pasar grandes periodos de tiempo para superar muchas de las características de la personalidad que pueden traer culpa, vergüenza y sufrimiento al devoto espiritual que está atravesando la purificación espiritual.

La investigación kármica/inconsciente es también gratificante, ya que revela que un rasgo específico o suceso surge en un contexto específico – tiempo y lugar – y pierde su energía negativa cuando se ve de nuevo. En el momento en que fue registrado en la conciencia de una “vida anterior”, el ego había exaltado un juicio erróneo basado en un posicionamiento, que luego persistió sin ser curado por la auto-comprensión.

Al mirar en el pasado, es preciso recordar que en siglos anteriores el nivel global de la conciencia de la humanidad estaba por debajo de 190 (2), lo que está por debajo de la Integridad. Por tanto, la vida fue barata, la violencia y la brutalidad eran normales, y la ignorancia prevalecía. Al nivel de conciencia 190, las ejecuciones en masa podían ser fácilmente racionalizadas como, por ejemplo, que se hacían por el bien de la revolución, el país, la causa, la Iglesia, etc. Las mismas acciones, así como sus débiles excusas, no serían aceptadas de manera favorable en el mundo actual, donde el nivel de conciencia ha avanzado globalmente al 207 y tiende a ser de 400s en los países civilizados.

Imagen Mapa Escala de la Conciencia

Cuando uno mira la Escala de la Conciencia, se hace evidente que un nivel específico implica que lo que está por debajo de nuestro nivel actual de funcionamiento ha sido trascendido, al menos de manera importante, y que los niveles superiores presentan el material a ser comprendido y trascendido. Por ejemplo, si una persona está generalmente amando y es capaz del verdadero amor (lo que aplica sólo al cinco por ciento de la población), entonces pueden asumir que su calibración está aproximadamente en el nivel de 500. El siguiente paso sería el de transformar esa capacidad de amar al nivel del Amor Incondicional (que calibra a 540).

Esto significaría buscar las excepciones para amar, que se basan en los posicionamientos, tales como los juicios de bueno/malo, culpable/inocente, merece/no merecen, y el recorrido general de los resentimientos. Estos revelarán los pares de opuestos, cuyos posicionamientos son fácilmente descubiertos. Los bloqueos a aprender esto, entonces son descubiertos debido a la función de la percepción en sí misma. A menudo, los buscadores inspirados tratan de forzarse a amar lo no amado y perdonar a los culpables. Esto se hace imposible debido a que la “mala” gente está siendo percibida como mala; por tanto, el éxito significa trascender la dualidad creada por los posicionamientos de la dualidad. Es útil recordar que la mayoría de las personas no pueden ser diferentes de lo que son, porque están dirigidas por un sinfín de programas y sistemas de creencias.

La razón de que la mente reniegue de la propia tendencia negativa es por la culpa y la vergüenza. Cuando una tendencia es entendida y recontextualiza, ya no se ve tan horrible y, por tanto, ya no tiene que ser reprimida.

Es interesante recordar la herencia biológica y presumir que todo lo que pasó en una vida anterior o tiempo, se compone principalmente de instintos primitivos, lo que Freud llamó el “Id”. Uno puede suponer que la matriz subyacente de mucha negatividad tiene que ver con impulsos e instintos primordiales que son narcisistas, animales, rudos e incivilizados. El primitivo animal interior es, por supuesto, totalmente inexperto y aborda los extremos, y sus instintos predadores no tienen piedad. Piensa en términos de muerte, asesinato, y tomando lo que uno quiere por la violencia, la violación, la violencia hacia los objetos sexuales, masacrando al rival y odiando a todos los que frustran la satisfacción de sus instintos, los cuales quedan marcados como el enemigo. Si la mente percibe que esos pensamientos e impulsos son los “míos”, entonces reacciona con culpa, miedo, negación y proyección.

El trabajo espiritual implica no sólo saber acerca de Dios, sino también “conocer tu propia santidad” (3). Con la adecuada comprensión, el camino del corazón y el camino de la mente se mezclan en cada prójimo, donde los propios términos son simplemente productos de la percepción. En realidad, no hay separación entre mente y corazón. Se podría decir que el corazón tiene una mente propia, y la mente tiene un corazón propio. Al final, ellos son uno y lo mismo en la Totalidad del Ser.

♥ ♥ ♥

NOTAS DEL GRUPO ESPÍRITA DE LA PALMA:
1) Bajo diferentes denominaciones, en las distintas tradiciones espirituales se habla de los dos senderos básicos para nuestra evolución interior o, si se quiere decir así, que llevan a Dios, como son el del corazón (el amor, la devoción, el servicio desinteresado, el sometimiento, el culto y la adoración) o el de la mente, llamado “Advaita” o sendero de la no dualidad en los Vedas.
Advaita” es una palabra del sánscrito que significa “no dos”. Advaita no es una filosofía ni una religión, es una experiencia en la que no existe separación entre sujeto y objeto, un “yo” y el resto del universo, un “yo” y Dios. 
2) Para mayor entendimiento, invitamos al lector a que lea las diferentes entradas que encontrará en este mismo blog sobre varios aspectos del trabajo y legado del Dr. David R. Hawkins. Sin embargo, recordaremos que una de sus mayores aportaciones es el Mapa de la Escala Calibrada de la Conciencia (que reproducimos en esta entrada), una herramienta muy útil para entender el proceso evolutivo de la conciencia, sus diferentes estados y correspondencias.
3) Entiéndase en el sentido de integridad e inocencia intrínsecas.

♥ ♥ ♥

FUENTE: Fragmento del capítulo 19 de la obra “Yo, Realidad y Subjetividad”, del Dr. David R. Hawkins, titulado precisamente como esta entrada.

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INTRODUCCIÓN

¿Qué pasa en la vida de un ser humano que ha alcanzado el estado de iluminación espiritual? ¿Volverá a ser la misma de antes? ¿Cómo puede “encajar” en el mundo alguien que ha experimentado un estado de ese calibre? El Dr. David R. Hawkins, nos transmitió su experiencia de iluminación en el libro “El Ojo del Yo”. Esta entrada, por tanto, viene a ser continuación inmediata de la anterior inserta en este mismo blog bajo el título “ILUMINACIÓN”. Léase pues como una segunda entrega de la misma. Y a quien no  haya hecho esa lectura previa, le invitamos a que lo haga para situar lo que sigue en su contexto preciso.

Nuestra intención es continuar con este mismo tema en sucesivas entradas procedentes de la misma fuente.

A todos los buscadores espirituales nos debe de interesar el testimonio de un contemporáneo que ha vivido un estado al que aspiramos, y que ha encontrado las palabras adecuadas para poderlo transmitir y hacérnoslo comprensible, en la medida de la capacidad y estado de conciencia de cada cual, y así permitirnos atisbar el horizonte de ulteriores etapas de nuestro destino, aquello que es patrimonio de cada ser humano por naturaleza.

Que cada cual consulte su voz interna para calibrar la validez de estas palabras. Yo lo he hecho y, al menos para mi Ser interno, ellas rezuman CERTIDUMBRE.

Idafe

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DESPUÉS DE LA ILUMINACIÓN:

EL REGRESO A LA VIDA TERRESTRE

Por: Dr. David R. Hawkins

El mundo de la percepción había sido reemplazado. La identidad había pasado de ser un sujeto limitado (un «yo» personal) a un contexto ilimitado.

Todo se había transformado y revelaba belleza, perfección, amor e inocencia. Todos los rostros brillaban con el resplandor de la belleza interior. Todas las plantas se manifestaban como una forma artística. Todo objeto era una escultura perfecta.

Todo existe sin esfuerzo en su propio lugar, y todo está secuenciado en la sincronicidad. Lo milagroso no tiene interrupción. Los detalles de la vida se acomodan misteriosamente, espontáneamente. La energía de la Presencia consigue sin esfuerzo lo aparentemente imposible y genera fenómenos que el mundo ordinario consideraría milagrosos.

A lo largo de un periodo de varios años, tuvieron lugar de forma regular y espontánea lo que se denomina normalmente como fenómenos psíquicos. Fenómenos como la clarividencia, la visión a distancia (la capacidad de ver lo que está por delante), la telepatía y la psicometría eran del todo comunes. Había un conocimiento automático de lo que las personas pensaban y sentían antes de que hablaran.

El amor divino prevalecía como un poder organizador y era el estadio omnipresente sobre el cual tenían lugar todos los fenómenos.

El cuerpo físico

Una energía sumamente poderosa ascendía por la espina dorsal y la espalda y se concentraba en el cerebro en función de donde se ponía la atención. Luego, la energía pasaba por la cara y descendía hasta la región del corazón. Esta energía era exquisita y, a veces, fluía hacia el mundo exterior, allá donde había seres humanos afligidos.

Una vez, mientras conducía por una lejana autopista, la energía empezó a derramarse desde el corazón y se extendió por la siguiente curva de la autopista. De allí, la energía se derramó sobre el lugar en el que terminaba de acaecer un accidente. La energía tuvo un efecto curativo sobre todos los que allí estaban. Después de un rato, la energía pareció haber cumplido su propósito y, súbitamente, se detuvo. No muchos kilómetros después, en la misma autopista, empezó a repetirse lo mismo. De nuevo, una energía deliciosa y exquisita se derramó desde la región del corazón y se extendió por la carretera alrededor de kilómetro y medio hasta llegar a otra curva. Allí acababa de ocurrir otro accidente. De hecho, las ruedas del automóvil aun estaban girando. La energía se estaba derramando entre los pasajeros del vehículo. Era como si se les estuviera transmitiendo una energía angélica a las angustiadas personas, que estaban rezando.

the_universe_at_my_hands_by_gabiangelo-d6erksiEn otra ocasión, la presencia curativa tuvo lugar mientras paseaba por las calles de Chicago. Esta vez, la energía se derramó entre un grupo de muchachos jóvenes que estaban a punto de pelearse. Cuando la energía los envolvió, fueron retirándose poco a poco, relajándose, y se pusieron a reír. Poco después se separaban, punto en el cual el flujo de energía se detuvo.

El aura energética que emanaba de la Presencia tenía una capacidad infinita. La gente quería sentarse en sus inmediaciones porque, en aquel campo de energía, entraban automáticamente en un estado de dicha o en un estado superior de consciencia, y sentían el amor divino, la dicha y la curación. En él, las personas que estaban alteradas se calmaban y recuperaban el bienestar.

582739_10150715703433058_1350315676_nEl cuerpo que anteriormente yo consideraba como «mío», se curaba ahora de diversas dolencias. Sorprendentemente, ahora veía bien sin llevar gafas. Aquella visión mermada había hecho preciso el uso de lentes trifocales desde los doce años. La capacidad de ver bien sin gafas, incluso a distancia, llegó de repente, sin advertencia previa, y fue una sorpresa agradable. Cuando sucedió, se hizo evidente que las facultades sensoriales estaban en función de la consciencia en sí, y no del cuerpo. Después, vino el recuerdo de la experiencia de estar «fuera del cuerpo, durante la cual se hizo patente que la capacidad para ver y escuchar iba con el cuerpo «etérico» y no estaba conectada en modo alguno con el cuerpo físico, que se encontraba a cierta distancia, en otro lugar.

Parecía que las enfermedades físicas eran ciertamente el resultado de un sistema de creencias negativo, y que el cuerpo podía cambiar literalmente como consecuencia del cambio en el patrón de creencias. Uno solo está realmente sujeto a lo que sustenta en su mente (un hecho bastante conocido es el de que muchas personas se han recuperado casi de cualquier enfermedad conocida siguiendo un sendero espiritual).

Las propiedades aparentemente milagrosas y la capacidad de la energía divina y los fenómenos que generaba eran intrínsecos a ese campo de energía y en modo alguno eran personales. Sucedían espontáneamente, y parecían hacerlo con ocasión de alguna necesidad en algún lugar del mundo.

También resultaba interesante ver que muchas personas normales que presenciaban estos fenómenos optaban por negarlos y por desestimar totalmente lo que habían presenciado, como si aquello estuviera tan completamente fuera del sistema perceptivo del ego y de sus creencias de lo que era posible o no. Si se les preguntaba acerca de los fenómenos, las personas elaboraban rápidamente algún tipo de nacionalización, de una forma parecida a los pacientes que han estado hipnotizados y se fabrican una respuesta plausible cuando se les pide que expliquen un comportamiento post-hipnótico. En cambio, las personas que estaban bastante evolucionadas espiritualmente aceptaban la ocurrencia de fenómenos milagrosos sin hacer ningún comentario, como si fuera una parte natural de sus vidas.

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Tras la transformación principal de la conciencia, la Presencia determina todas las acciones y los acontecimientos. Se establece una alteración permanente de la consciencia, una alteración que está presente constantemente en la quietud y el silencio, aun cuando el cuerpo hable o se mueva en el mundo. Con los años, y con esfuerzo, se desarrolla la capacidad para concentrarse en distintos niveles de verdad, tal como se requiere eventualmente para poder funcionar en el mundo. Si se permite esto, la Paz silenciosa embarga por completo y sumerge en un estado de una dicha serena e infinita. Al retirarse el interés por el mundo exterior y por las funciones ordinarias de la percepción, ese estado de dicha infinita prevalece, pero se puede reducir a través de una concentración intensa en el mundo ordinario. El Yo está más allá del tiempo y de la forma y, dentro de él, la conciencia ordinaria es potencialmente capaz de funcionar simultáneamente de un modo mundano.

Era difícil considerar el mundo de la percepción ordinaria como algo real, y era difícil, por tanto, tomársela en serio. Esto llevaba a una especie de capacidad permanente para ver el mundo con humor. La vida ordinaria parecía una comedía interminable, hasta el punto de que la misma seriedad resultaba cómica. Hubo que sofocar las expresiones de humor, pues había personas incapaces de aceptarlas debido a que se hallaban profundamente implicadas en el mundo perceptivo de la negatividad.

La mayoría de la gente parece tener intereses creados en la negatividad de su mundo perceptivo, y se resisten a dejarla en favor de una conciencia de nivel superior. Hay gente que parece obtener una gran satisfacción en su ira, en su resentimiento, en sus remordimientos y en su interminable compasión por sí misma, de modo que se resisten activamente a entrar en esos niveles de comprensión, de perdón o de compasión. La negatividad parece tener suficientes ventajas como para perpetuar formas de pensamiento que son obviamente ilógicas y autocomplacientes, del mismo modo que los políticos distorsionan la verdad con el fin de obtener votos, o que los que persiguen a los criminales eliminan evidencias de la inocencia del acusado con el fin de obtener una condena. Cuando se renuncia a estas «ventajas» negativas, el mundo se convierte en la interminable presencia de una belleza y una perfección intensas, y el amor domina toda la vida. Todo es luminoso, y la dicha de su esencia divina se irradia al exterior a través de su omnipresente informalidad, que viene expresada en el mundo perceptivo como forma. Ya no es necesario «saber» nada, porque no hace falta saber nada cuando uno es en realidad todo cuanto existe. La mente, en su estado ordinario, conoce meramente esto o aquello. Pero eso ya no hace falta cuando uno es todo lo que se puede ser. La Identidad, que sustituyó a la antigua sensación de «yo», no tiene partes ni divisiones. Nada queda fuera de su Totalidad, y el yo se ha convertido en la esencia, no diferente de la esencia de todo. En la no dualidad, no hay conocedor ni conocido, porque ambos se han convertido en una y misma cosa. Nada está incompleto. La omnisciencia es la propia totalidad. No existe deseo por el próximo segundo de experimentación que impulsa a la mente ordinaria, que de instante en instante se siente siempre incompleta.

Hombre ante puerta cósmica

El sentido de totalidad prevalece con los sentidos físicos. El deseo y la anticipación desaparecen y surge el placer de la actividad en sí. Dado que se ha detenido la experiencia del tiempo, no hay experiencia alguna de sucesión de acontecimientos que haya que anticipar o lamentar. Cada instante es completo y total en sí mismo. El estado de seridad (1) sustituye a toda sensación de pasado, presente o futuro de tal manera que no hay nada que anticipar o que intentar controlar. Esto forma parte de ese profundo estado de paz y serenidad. Toda necesidad y todo deseo se detienen con el cese de cualquier sensación de tiempo. La Presencia, con su infinita serenidad, ha desplazado toda actividad mental y emocional. El cuerpo se auto-perpetúa, se convierte en no más que otra propiedad de la naturaleza que funciona en respuesta al flujo de las circunstancias. Nada se mueve o actúa independientemente del universo total. En una concordancia absoluta, todo vive, se mueve y tiene su existencia en la más absoluta perfección, belleza y armonía del «Todo lo que es».

La motivación, como fundamento de toda acción, ha desaparecido. Los fenómenos de la vida son ahora de una dimensión diferente, y se observan como si uno estuviera en un reino diferente. Todo sucede por sí mismo en ese estado de serenidad y silencio interior, activado por el amor, que se expresa a través del universo y de todo lo que hay en él. La belleza de la vida resplandece como un gozo y una felicidad infinitos, una paz infinita y más allá de toda emoción. La paz de Dios es tan completa y total que no queda nada que se pueda desear o querer. Incluso ha cesado la «experienciacion». En la dualidad está el experimentador y, por otra parte, lo que se experimenta. En la no dualidad, esto se convierte en «Todo lo que es», de tal modo que no existe separación en el tiempo, el espacio o la experiencia subjetiva entre el experimentador y lo que se experimenta.

En la no dualidad de la conciencia, ni siquiera se da ya la secuencia, y la conciencia sustituye a la experienciación. Ya no se experimentan «instantes», dado que solo hay un Ahora constante. El movimiento parece como de cámara lenta, como si estuviera suspendido fuera del tiempo. Nada es imperfecto. Nada se mueve o cambia en realidad; no se da ningún tipo de acontecimiento. En lugar de una secuencia, lo que hay es la observación de que todo se halla en un estado de despliegue, y que toda forma no es más que un fenómeno transitorio creado por la percepción y los hábitos de observación de la mente. En realidad, todo viene a ser una expresión de la potencialidad infinita del universo. Los estadios evolutivos son las consecuencias de las circunstancias, pero no vienen provocados por ellas. Las circunstancias justifican las apariciones, y los fenómenos, en sus cambios, no son en realidad más que el resultado de un punto de observación arbitrario.

PresenciaDesde el punto de vista de la singularidad, parece haber multiplicidad, pero desde la omnipresencia de la multiplicidad simultánea, solo existe la singularidad de la unidad. La omnipresencia echa abajo cualquier artefacto perceptivo, tanto de singularidad como de multiplicidad. En realidad, ni siquiera existen las circunstancias. No hay ni «aquí» ni «allí»; no hay ni «ahora» ni «después»; no hay ni «pasado» ni «futuro»; no hay ni «completo» ni «incompleto», no hay un «llegar a ser», por cuanto cada cosa es ya y totalmente auto-existente. Hasta el tiempo, en sí, es un punto de observación arbitrario, al igual que la velocidad de la luz. Nuestro habitual empeño por describir el universo se puede ver no como una descripción del universo, sino como una descripción desde puntos de observación arbitrarlos, no siendo ciertamente otra cosa que un mapa del modo ordinario en que funciona la mente.

Lo que se describe en realidad no es un universo objetivo y existente en sí, sino meramente las categorías de la actividad de la mente y las estructuras y formas de su procesamiento secuencial. De ahí que las limitaciones de la ciencia estén preordenadas por las limitaciones que le impone el mundo perceptivo de la dualidad. La percepción está limitada de por sí, en el sentido de que solo sabe «acerca de», en lugar de saber. No se espera que la ciencia vaya más allá de los límites de la percepción, ni tampoco habría que culparla por ello. La ciencia solo puede llevarnos hasta el umbral de la consciencia, la cual no depende en absoluto de la percepción. En la actualidad, la ciencia avanza a través de la intuición científica y la lógica, y las pruebas vienen después. Normalmente, denominamos creatividad a estos saltos intuitivos, una creatividad que supera a la lógica y potencia los avances. Así, el descubrimiento es el verdadero manantial de la evolución de la sociedad.

En el estado de Consciencia, la mente se queda en silencio. El pensamiento lógico o secuencial se detiene y, en su lugar, hay silencio y serenidad, así como un despliegue continuo y sin esfuerzo, una presentación que se manifiesta como revelación. El acto del conocimiento se despliega por sí mismo, y la divinidad de «Todo lo que es» brilla silenciosamente, evidente y resplandeciente en su propia esencia. Todo se manifiesta en una revelación completa y continua. No hay nada que buscar ni conseguir, pues todo es ya íntegro y total. Toda acción aparente tiene lugar por sí sola.

Tras la acción, no hay actor, dado que la entidad mítica que uno siempre supuso que constituía el manantial de la experiencia ha desaparecido y se ha disuelto en la unidad absoluta del universo. El Yo, en su totalidad e integridad, está más allá y antes que todos los mundos, universos o tiempos, sin depender de nada ni estar causado por nada. El Yo está más allá de la existencia, no está sujeto a la existencia ni a la no existencia, a principio ni final, a tiempo ni espacio. Ni siquiera se le puede incluir en los conceptos de «es» o «no es». El Yo no es manifiesto ni no manifiesto, y está más allá de cualquier dimensión implícita por tal categorización de conceptos.

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Hicieron falta algunos ajustes importantes para poder operar de forma convincente en el mundo de la experiencia ordinaria. Hay una continuidad y unidad entre los «reinos» de la dualidad y la no dualidad, y la no dualidad impregna completamente la dualidad. El límite de la dualidad es, ciertamente, el límite de la conciencia, un límite que parece ser una consecuencia del enfoque.

Los seres humanos se ven inocentes debido a la extrema inconsciencia de su verdadera realidad. En este estado, están dirigidos por los programas de su ilusorio sistema de creencias. Pero, al mismo tiempo, la pureza del espíritu brilla igual que su intrínseca belleza.

En términos actuales, se podría decir que la gente está dirigida por sus programas de software, de los cuales no son conscientes. Todas las personas se hallan en un proceso de evolución de la consciencia, habiendo unas más evolucionadas que otras. Cada una de ellas representa el despliegue de la consciencia bajo unas circunstancias diferentes, y de ahí que ofrezcan diferentes niveles de apariencia. Es como si cada persona estuviera cautiva en determinado nivel y no pudiera pasar a otro nivel sin el consentimiento, la decisión y el acuerdo de la voluntad. Por hacer una comparación, la inocencia intrínseca podría entenderse si vemos a la persona como el hardware y a sus acciones y sus creencias como el software. El hardware no se ve afectado por los programas del software, programas que el hardware sigue ciegamente sin tener conciencia de su importancia o de las consecuencias de tales acciones. En términos clásicos, a esos programas inconscientes de software se les ha llamado «karma».

El estado en el cual operan las personas normales no implica ninguna falta o defecto moral, pues no representan más que las posibilidades de los Campos de consciencia expresándose a través de cada entidad viva. Aunque en realidad no hay «buenos» ni «malos», es obvio que todas las acciones tienen consecuencias. Más allá de las diferencias aparentes, lo único que hay es la realidad del Yo único brillando en tanto que fuente de vida en todo lo que vive; cada entidad vive en el fotograma congelado de este instante, que es todo lo que hay realmente más allá de su conciencia.

En la no dualidad, no puede haber instante alguno en el que se pueda dar eso que llamamos «problema», «conflicto» o «sufrimiento». Todo esto surge en la anticipación del instante siguiente o en el recuerdo del pasado. El ego parece ser un producto del miedo, y su objetivo es controlar el siguiente instante de experiencia y asegurarse la supervivencia. Parece vacilar entre el miedo al futuro y los lamentos por el pasado; y el deseo y el sentido del tiempo que repele la acción surgen de la ilusión de la carencia. Con la sensación de que todo está completo, el deseo cesa. Todo aquello que cree que es finito teme por su supervivencia, pues esta está sujeta al tiempo y a las ilusiones de la causalidad.

Conexión

En el momento que desaparecieron las motivaciones habituales de la vida, ésta se hizo fácil. Lo que había sido personalidad no era, ahora, más que una vaga propensión que parecía saber cómo imitar un comportamiento normal a partir del recuerdo de estos patrones, pero su discurrir provenía de otra fuente. Lo que previamente se había considerado como algo personal era ahora obviamente impersonal. En primer lugar, el Yo real no podía explicarse a sí mismo ante los demás. Lo que para este Yo era realidad sólida y sustancial, sonaba a abstracto o filosófico cuando se intentaba transmitir con palabras a personas normales que estaban dirigidas por conceptos y patrones de pensamiento secuenciales; lo que para la persona media era algo místico, desde el Yo se veía como una realidad concreta y subjetiva. Llevaba esfuerzo dar energía a los patrones de pensamiento, ordenarlos para poder facilitar la comunicación verbal. El verdadero «Yo» está más allá de la conciencia misma, pero se puede irradiar en la medida en que sea capaz de retirarse de la dicha para sumergirse en la actividad mundanal. El amor se convierte así en el único motivador para la continuidad de la existencia física.

Durante esta transición, el cuerpo sufrió una tensión considerable, como si el sistema nervioso hubiera tenido que soportar más energía de la que estaba diseñado para soportar originalmente. Los nervios solían sentirse como si hubiera un tendido de alta tensión por el cual pasara una corriente de alto voltaje. Con el tiempo, esto hizo necesario mudarse de la gran ciudad y de la vida urbana hasta una pequeña ciudad del oeste que, durante años, venía atrayendo a la gente que se consagraba a una vida espiritual y no materialista. Entonces, la meditación tomó el lugar de las actividades cotidianas y el estado de dicha volvió, como consecuencia de lo que, bien se podría decir, era un modo de vida ascético, por el simple hecho de no haber necesidades ni deseos. Fue una época de olvidarse incluso de comer, como si el cuerpo fuera ciertamente algo periférico o no existiese siquiera. Uno podía pasar por delante de un espejo y sorprenderse de que hubiera incluso una imagen allí. No había interés alguno por los acontecimientos del mundo, circunstancia que duro unos diez años, tiempo de retirada en relación al funcionamiento habitual, con el fin de ajustarse al estado espiritual que había reemplazado a la consciencia anterior.

Un aspecto de este estado de conciencia lo constituyó la capacidad para discernir cosas de mayor trascendencia dentro de los fenómenos que observaba habitualmente. Así, una técnica clínica tan interesante como la kinesiología se reveló como el eslabón Perdido, como un puente entre la mente y el cuerpo, entre lo manifiesto y lo no manifiesto. Ahora se hacía fácilmente visible lo que es invisible. Este fenómeno clínico iba más allá del sistema nervioso autónomo o del sistema de la acupuntura como explicación del vínculo entre psique y soma. Era obvio que la respuesta kinesiológica tenía su origen en la no ubicación de la conciencia, y que sus limitaciones iniciales para la investigación de los fenómenos locales, eran la expresión de las limitaciones de la percepción de los clínicos o experimentadores.

Aunque podamos decir que la dualidad existe gracias a la no dualidad, la kinesiología se mostró como el fenómeno más sencillo y práctico mediante el cual poder sacar partido de esa realidad. Era obvio que se podían calibrar los diferentes campos de energía dentro de la conciencia y que se podían disponer en una escala jerárquica y, si se calibraban numéricamente, se demostraban cabalmente los niveles clásicos de la conciencia tal como se venían definiendo desde el principio de los tiempos.

Ojos

El aspecto más sorprendente del fenómeno, era que permitía registrar instantáneamente la diferencia entre verdad y falsedad. Se trataba de algo que estaba más allá del tiempo y el espacio, y que superaba a la psique humana y a las mentes de las personas involucradas. Era una cualidad universal de la conciencia, del mismo modo que el protoplasma tiene las cualidades universales de reactividad a los estímulos. El protoplasma reacciona involuntariamente tanto a los estímulos nocivos como a los benéficos, y distingue entre ambos. Se aparta de lo que es contrario a la vida y es atraído por aquello que la sustenta. Del mismo modo, y con la velocidad del rayo, los músculos del cuerpo se debilitan de inmediato en ausencia de la verdad y se fortalecen en presencia de ella o de lo que sustenta a la vida.

Todo en el mundo, incluso los pensamientos, los conceptos, las sustancias y las imágenes, evoca una respuesta que puede ser demostrada como positiva o negativa. La respuesta no está limitada por el tiempo, el espacio, la distancia o la opinión personal.

Con esta sencilla herramienta, se puede explicar y documentar la naturaleza exacta de todo en el universo, en cualquier momento dado. Todo lo que existe o haya existido, sin excepción, irradia una frecuencia y una vibración que es como una huella permanente en el campo impersonal de la conciencia, y que se puede recuperar a través de esta prueba mediante la misma conciencia.

El universo se revelaba, ya no eran posibles los secretos. Era evidente que se podían contar todos y cada uno de los «cabellos de tu cabeza», y que ni siquiera pasaba desapercibida la caída de un gorrión. Aquel «todo os será revelado» se había convertido en un hecho.

Poder frente a fuerza

La prueba se sometió a estudio en miles de sujetos experimentales, tanto de forma individual como en grupos. Los resultados fueron universalmente concordantes, con independencia de la edad o del estado mental de los sujetos. Las aplicaciones del descubrimiento eran obvias en los campos de las actividades clínicas, la investigación y la enseñanza espiritual.

Los descubrimientos hechos se plasmaron en el libro Power versus Force, así como en una disertación de doctorado publicada con el título de «Qualitative and Quantitative Analysis and Calibration of the Levels of Human Consciousness». El objetivo de los esfuerzos posteriores fue aportar credibilidad adicional y validación científica a los descubrimientos que no eran explicables mediante la lógica o las restricciones de la causalidad newtoniana.

tiempo

Aunque la escala numérica de la conciencia se presenta en forma logarítmica y numérica, los campos de la conciencia a los que se hace referencia son no lineales y se hallan más allá del paradigma newtoniano de la realidad. Esta escala proporciona un vínculo entre lo conocido y lo no conocido, entre lo manifiesto y lo no manifiesto, entre la dualidad y la no dualidad. Constituye una herramienta de tan alto valor que muchas personas sufrían un choque de paradigmas cuando conocían el trabajo. El hecho de que cualquier persona, en cualquier lugar, pueda dilucidar instantáneamente la verdad acerca de alguien, algo o todo en cualquier punto del tiempo o del espacio, constituye un avance gigantesco, y puede resultar inquietante al principio en cuanto al sentido de la realidad que tiene uno, ya que todos piensan que están completamente separados del resto del mundo y que sus pensamientos son algo privado.

Una de las ventajas de esta herramienta de investigación era que se podía utilizar para comprobar la veracidad y la validez de la propia investigación y del trabajo experimental. Así, en Power versus Force, al igual que en este libro, se calibro cada página, cada párrafo, cada afirmación, cada oración, frase y capítulo. El libro se calibró también en su integridad, valorándose en 800, y deduciéndose así que la energía del libro en sí alcanzaría su propia difusión y comunicación. Y así fue, sin ningún tipo de publicidad ni promoción. Se difundió por otros países y continentes, y se tradujo a otros idiomas. Con el tiempo, se difundió el interés y la distribución y, en la actualidad se utiliza en grupos de estudio y en universidades, así como en departamentos de investigación.

En el Mapa de la Escala de la Conciencia, el nivel 600 indica el paso desde el mundo perceptivo de la dualidad al mundo no perceptivo de la no dualidad. Curiosamente, el test kinesiológico y la respuesta misma se calibraron en 600. Esto significa que no hay mucha gente que pueda comprender realmente su verdadera naturaleza, aunque todos puedan aprender a hacer uso de ella de forma práctica.

Imagen Mapa Escala de la Conciencia

El libro Power versus Force provocó el interés, en primer lugar, de personas y grupos de orientación espiritual, así como de sanadores y de personas interesadas en el estudio de la conciencia. Aunque el libro ofrece ventajas muy destacadas para la aplicación de la técnica en muchas áreas del habitual devenir humano, ha habido muy poco interés hasta el momento por parte de aquellas áreas de la sociedad que podrían beneficiarse de inmediato y en alto grado con el uso de la técnica. La sociedad aún no ha descubierto sus profundos beneficios.

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NOTA DE IDAFE:
1. “Seridad”, neologismo creado por el autor para expresar el estado en el que el Ser está presente en la vida de un ser humano de forma continua.
FUENTE: capítulo 2 del libro “El Ojo del Yo”, del Dr. David R. Hawkins, titulado originalmente El Regreso a la Vida Terrestre.

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