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Posts Tagged ‘budismo zen’

Cabecera cuentos zen II

Le ha llegado el momento

Ikkyu, el maestro Zen, era muy listo incluso de joven. Su maestro tenía una valiosa taza de té, una rara antigüedad. Sucedió que Ikkyu rompió esta taza. Al oír los pasos de su maestro, escondió los trozos detrás de su espalda con una mano. Cuando el maestro apareció, Ikkyu le preguntó: ¿Por qué tiene que morir la gente?

“Es natural,” explicaba el maestro, “todas las cosas tienen que morir, pues son finitas.”

Ikkyu le mostró a su maestro los trozos de la valiosa taza, añadiendo: “Le ha llegado el momento a tu taza”.

buda atardecer

El noble cabezahueca

Dos maestros Zen, Daigu y Gudo, fueron invitados a visitar a un señor feudal. Al llegar, Gudo le dijo al noble: “Se ve que eres de naturaleza sabia, y tienes una habilidad innata para aprender Zen.”

“Tonterías,” dijo Daigu, “¿por qué adulas a este cabezahueca?” Quizás sea un noble, pero no tiene ni idea de Zen.

De este modo, en lugar de construir un templo para Gudo, el señor feudal lo construyó para Daigu, y estudió Zen con él.

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No trabajo, no comida

Hyakujo, el maestro Zen chino, solía trabajar con sus alumnos incluso cuando llego a los ochenta. Podaba los jardines, barría los patios y realizaba otras tareas necesarias.

Los alumnos sentían ver trabajar tan duramente a su ya anciano maestro. Pero ellos sabían que él no escucharía sus consejos y no dejaría de trabajar, así que le escondieron sus herramientas.

Aquel día, el maestro no comió. Al siguiente día, tampoco, ni al siguiente a éste. “Quizás se haya enfadado porque le escondimos las herramientas”, pensaron los alumnos, “será mejor que las pongamos en su sitio de nuevo”.

Al día siguiente, el maestro trabajó y comió igual que antes. Por la tarde, les dio una lección: “No trabajo, no comida”

buda dorado

El ladrón que se convirtió en discípulo

Una tarde, mientras Shichiri Kojun estaba recitando sutras, entró un ladrón con una afilada espada y le pidió su dinero o su vida.

Shichiri le dijo: “No me distraigas, puedes encontrar dinero en ese cajón”, y continuo con sus rezos.

Un momento más tarde paró y dijo: “No lo cojas todo, necesito un poco para ir a pagar unos impuestos mañana.”

El ladrón lo cogió casi todo y se dispuso a marcharse.

“Dale las gracias a quien te hace un regalo”, añadió Shichiri. El hombre le dio las gracias y se fue.

Unos días mas tarde detuvieron al ladrón, y entre otras cosas confesó la ofensa que le hizo a Shichiri. Cuando este fue llamado a testificar, dijo:

“Este hombre no es ningún ladrón, al menos en lo que a mí me toca. Yo le di a él el dinero, y él me dio las gracias.”

Cuando el ladrón cumplió su sentencia y salió de la cárcel, fue a ver a Shichiri y se convirtió en su discípulo.

Letras japonesas

La mano de mokusen

Mokunsen Hiki vivía en un templo en la provincia de Tamba. Uno de sus seguidores le visitó, quejándose de lo derrochadora que era su esposa.

Mokusen visitó a la esposa y le mostró su puño cerrado.

“¿Qué quieres decir?”, preguntó la sorprendida mujer.

“Supón que mi puño estuviese siempre así, ¿cómo lo llamarías?”

“Deforme”, contestó la mujer

Entonces Mokunsen abrió la palma de la mano, bien extendida, y de nuevo pregunto:

“¿Y ahora?”

“Otro tipo de deformidad”, respondió la mujer

“Si eres capaz de entender eso”, dijo finalmente Mokusen, “entonces eres una buena esposa”. Y dicho esto se marchó.

Desde entonces, la esposa ayudo a su marido tanto a gastar como a ahorrar

buda rayos

Aprender a callar

Los estudiantes de las escuelas Tendai, solían estudiar la meditación antes de que el Zen llegase a Japón. Cuatro de ellos, que eran íntimos amigos, se prometieron observar siete días de silencio.

El primer día, todos permanecieron en silencio. Su meditación empezaba con buen pie, pero al caer la noche las lámparas de aceite se estaban apagando, y uno de los estudiantes no pudo reprimir decirle a un sirviente: “Arregla esas lámparas”. Un segundo estudiante, sorprendido de oír al primero dijo: “Se supone que no podemos decir palabra alguna”.

“Los dos sois idiotas, ¿Por qué habéis hablado?”, preguntó el tercero.

“Soy el único que no ha hablado”, concluyó el cuarto.

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Tarjeta de visita

Keichu, el gran maestro Zen de la era Meiji, era el cabeza de Tofuku, una catedral en Kyoto. Un día el gobernador de Kyoto fue a visitarle por primera vez.

Su ayudante le trajo la tarjeta del gobernador, en la que se podía leer:

-Kitagki, Gobernador de Kyoto

“No tengo nada que hablar con esta persona,” dijo Keishu a su ayudante, “dile que se vaya de aquí.”

El ayudante devolvió de nuevo la tarjeta al gobernador entre disculpas. “Ha sido culpa mía”, dijo el gobernador, y con un bolígrafo tachó las palabas ‘Gobernador de Kyoto’. “Pregúntale de nuevo a tu maestro.”

“¿Oh es Kitagaki?”, exclamó el maestro al ver la tarjeta por segunda vez. “Me gustaría verle”.

buda flor estrecho

Una parábola

Buddha narro una parábola en sutra:

Un hombre que viajaba por el campo se encontró con un tigre. Corrió, y el tigre detrás. Acercándose a un precipicio, se agarró a la raíz de una viña que allí crecía y comenzó a descender por el precipicio. El tigre lo observaba desde el borde. El hombre miró al fondo del precipicio y descubrió otro tigre acechando para comerle. Solo la viña lo sujetaba.

Dos ratones, uno negro y otro blanco, poco a poco empezaron a roer la viña. El hombre vio una apetitosa fresa cerca de él. Sujetándose a la viña con una sola mano, cogió la fresa. ¡Qué dulce estaba!

buda flores

Lluvia de flores

Subhuti era el discípulo de Buddha. El era capaz entender la potencia de la nada, el punto de vista en el cual nada existe sino en su relación entre objetividad y subjetividad.

Un día, Subhuti, en un ánimo de sublime vacío, estaba sentado bajo un árbol. Flores empezaron a caer a su alrededor.

“Te alabamos por tu discurso sobre la nada”, le susurraron los dioses.

“Pero yo no he dicho una palabra sobre la nada.”, contestó Subhuti.

“No has hablado de la nada, y no hemos oído nada”, respondieron los dioses.

“Este es el verdadero vacío.” Y llovieron flores sobre Subhuti.

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El fantasma

Una joven esposa cayó enferma y estaba a punto de morir. “Te amo tanto”, le dijo a su marido, “no quiero dejarte. Si yo falto, no quiero que busques a ninguna otra mujer. Si lo haces, volveré como un fantasma y te hare la vida imposible”.

La mujer no tardó en fallecer. El marido respeto su voluntad los tres primeros meses, pero luego conoció otra mujer y cayó profundamente enamorado. Se prometieron en matrimonio.

Inmediatamente después de comprometerse, el fantasma de la mujer se le apareció cada noche al hombre, echándole en cara el no haber cumplido su promesa. El fantasma era muy listo. Ella podía decirle con exactitud todo lo que había entre él y su nuevo amor. Si él le hacia un regalo a su amada, el fantasma lo podía describir con detalle. Podía repetir conversaciones enteras una y otra vez durante toda la noche, impidiéndole conciliar el sueño. Le aconsejaron preguntar a un maestro Zen que vivía cerca de la aldea. Al final, desesperado, acudió al maestro en busca de ayuda.

“Tu antigua mujer se ha convertido en un fantasma y sabe todo lo que haces.”, comentaba el maestro. “Hagas lo que hagas y digas lo que digas, ella lo sabe. Cualquier regalo que le hagas a tu nuevo amor, ella lo conoce. Debe de ser un fantasma muy sabio. Deberías admirarla. La próxima vez que se te aparezca, dile que ella sabe tanto que no puedes esconderle nada, y que si te responde a una sola pregunta, romperás tu compromiso y permanecerás soltero.”

“¿Qué pregunta debo hacerle?”, preguntó el hombre.

El maestro contestó: “Mete la mano en un saco de lentejas y saca un buen puñado. Entonces pregúntale cuantas lentejas tienes en tu puño. Si no es capaz de contestarte, sabrás que ella no es más que una imaginación tuya, y no te molestará más.”

La siguiente noche, cuando el fantasma se le volvió a aparecer, el hombre le dijo que ella sabía tanto que no podía esconderle nada.

“Claro que si,”, respondió el fantasma, “de hecho sé que fuiste a ver a ese maestro zen hoy.”

“Y ya que sabes tanto,” dijo el hombre, “¡dime cuantas lentejas tengo en mi mano!

Y ya no hubo fantasma para responder la pregunta.

postal japonesa

Gudo y el emperador

El emperador Goyozei estudiaba Zen con el maestro Gudo. Un día le pregunto:

“En el Zen, esta mente es Buda, ¿correcto?”

“Si digo que si, creerás que lo entiendes sin entenderlo. Pero si digo que no, contradeciría un hecho que otros conocen muy bien.”

Otro día, el emperador le preguntó:

“¿A dónde va un hombre iluminado cuando muere?”

Gudo le respondió: “No lo sé.”

“¿Por qué no lo sabes?”, le preguntó de nuevo el emperador.

“Porque todavía no he muerto”, respondió Gudo.

El emperador dejó de preguntar cosas que su mente no podía alcanzar a comprender. Así, Gudo golpeó el suelo con su mano, como para despertarlo, ¡y el emperador se iluminó!

Después de iluminarse, el emperador respetó el Zen y al viejo Gudo más que nunca, e incluso le permitió vestir su gorro en los días de invierno dentro de palacio. Cuando Gudo llegó a los ochenta, solía quedarse dormido en mitad de una clase, y entonces el emperador salía silenciosamente de la habitación, para dejar que el viejo cuerpo de su querido maestro obtuviese el descanso que necesitaba.

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El verdadero milagro

Cuando Bankei estaba enseñando en el templo de Trymon, un monje Shinshu, que creía en la salvación a través de la repetición del nombre del Buddha del amor, estaba celoso de su gran audiencia y quería tener un debate con él.

Bankei estaba en el medio de un sermón cuando el monje apareció, pero creo tanto revuelo que Bankei dejó su discurso y preguntó a qué se debía todo aquel ruido.

“El fundador de nuestra secta”, empezó el monje, “tiene tales poderes milagrosos que puede mover un pincel a un lado del río, y escribir el sagrado nombre de Amida sobre un papel sujetado por un ayudante en la otra orilla. ¿Puedes tú hacer semejantes cosas?”

Bankei respondió tranquilamente: “Quizás tu lince sea capaz de hacer semejante truco, pero ese no es el camino del Zen. Mi milagro es que cuando tengo hambre, como, y cuando tengo sed, bebo.”

Té

Miso fresco

El monje y cocinero Dairyo, del monasterio de Bankei, decidió un día que debería velar por la salud del maestro, y darlo solamente miso freso, una pasta hecha con semillas de soja y trigo, que solía pudrirse con facilidad. Bankei, al darse cuenta de que su miso era más fresco que el de sus alumnos preguntó: “¿Quien es el cocinero hoy?”

Dairyo fue enviado a ver al maestro. Una vez delante de él, le dijo que acorde con su edad y posición, su comida debería de ser la mejor y debería comer solo miso muy fresco. Bankei dijo al cocinero: “Así que piensas que no debería comer en absoluto”. Al decir esto, se levantó y se encerró en su habitación.

Dairyo se sentó fuera de la puerta de su maestro, pidiéndole su perdón. Bankei no contestó ni una vez. Siete días pasaron, y maestro y alumno no se movieron.

Finalmente, desesperado, otro alumno le gritó: “Quizás usted esté muy bien ahí dentro maestro, pero este joven discípulo tiene que comer algo, ¡No puede estar sin comer eternamente!”

Al oír esto, Bankei abrió la puerta. Estaba sonriendo. Le dijo a Dairyo: “Insisto en comer lo mismo que el último de mis seguidores. Cuando te conviertas en maestro, no quiero que olvides esto.”

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Tragarse la culpa

Sucedió un día que se retrasaron los preparativos para la cena del maestro de Zen Soto, llamado Fungai, y sus seguidores. Con las prisas, el cocinero salió al jardín y cortó algunas verduras para hacer unas sopas, sin darse cuenta de que también había cortado parte de una serpiente.

Los seguidores de Fungai encontraron la sopa deliciosa. Pero cuando el maestro encontró la cabeza de serpiente en su bol, hizo llamar al cocinero. “¿Qué es esto?”, demandó el maestro sosteniendo la cabeza de serpiente en su mano.

“Oh, gracias maestro”, respondió el cocinero, tomando la cabeza y tragándosela rápidamente

Buda cuadrículas

El sudor de Kasan

Le pidieron a Kasan que oficiase el funeral de un señor feudal.

El nunca antes había conocido a señores y nobles, y estaba nervioso. Cuando la ceremonia comenzó, Kasan sudaba profusamente.

Al terminar esta, volvió a su templo y reunió a todos sus alumnos. Kasan confesó que no estaba cualificado para ser maestro, pues no era capaz de mantener su Zen frente a un distinguido público al igual que lo hacía en el templo. Kasan dejó su posición y se convirtió en alumno de otro maestro. Después de ocho años, volvió con sus alumnos, iluminado.

cerezo japonés

La Luna no puede ser robada

Ryokan, el maestro Zen, llevaba la vida más sencilla posible en su pequeño refugio en la montaña. Una tarde, un ladrón entro en su refugio y no encontró absolutamente nada de valor.

Ryokan volvió y lo pillo. “Has caminado mucho para visitarme”, le dijo al ladrón, “y no deberías irte con las manos vacías. Por favor toma mis ropas como regalo.”

El ladrón estaba perplejo. Tomo las ropas y se marchó de allí.

Ryokan se sentó desnudo a contemplar la Luna.”Pobre amigo”, musitó, “ojala pudiera haberle dado esta preciosa luna.”

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Cabecera cuentos Zen

En manos del destino

Un gran guerrero japonés llamado Nobunaga, decidió atacar al enemigo pese a tener solo una décima parte de los hombres de que disponía éste. El sabía que la victoria sería suya, pero sus soldados dudaban.

De camino, hicieron una parada en una ermita Shinto, y dijo a sus hombres: “Después de visitar el altar, lanzaré una moneda. Si sale cara, ganaremos. Si sale cruz, perderemos. El destino nos tiene en su mano.”

Nobunaga entro al altar y ofreció una silenciosa plegaria. Después salió y lanzó una moneda al aire delante de sus hombres. Salió cara. Sus hombres tenían tantas ganas de luchar que ganaron la batalla fácilmente.

“Nadie puede cambiar el destino”, le dijo su ayudante después de la batalla.

“Desde luego que no”, dijo Nobunaga, mostrándole una moneda trucada, que tenía cara a ambos lados.

Piedras y flor

Ama abiertamente

Veinte monjes y una monja meditaban con cierto maestro Zen.

Eshun era muy hermosa aunque tuviese la cabeza afeitada y vistiese de forma muy sencilla. Varios monjes se enamoraron secretamente de ella. Uno de ellos llegó a escribirle una carta de amor, insistiendo en que tuviesen una cita

Eshun no contestó. Al día siguiente el maestro dio una clase al grupo y una vez hubo acabado, Eshun se levantó. Dirigiéndose a quien le había escrito la carta, dijo: “Si de verdad me amas tanto, ven y dímelo aquí y ahora.”

Flores y fondo rojo

El bien y el mal

Cuando Bankei celebraba su semana de reclusión y meditación, muchos alumnos de todo Japón acudían. Durante una de esas semanas, un alumno fue sorprendido robando. Bankei fue informado del asunto con la petición de que el alumno debía de ser expulsado, pero Bankei lo ignoró.

Por segunda vez sorprendieron al mismo alumno robando, y de nuevo lo llevaron ante Bankei, quien volvió a dejarlo pasar por alto. Esto enfadó mucho al resto de alumnos, que firmaron una petición para que el ladrón fuera castigado con la expulsión. Si el maestro no lo hacía, amenazaban con irse todos en bloque.

Cuando Bankei leyó la petición llamó a todos los alumnos delante suya. “Sois alumnos inteligentes”, les dijo, “sabéis lo que está bien y lo que está mal. Podéis ir a otro sitio a estudiar si así lo deseáis. Pero este pobre alumno mío ni siquiera distingue el bien del mal. Si yo no le enseño, ¿quién lo hará? Voy a dejarle permanecer aquí aunque todos los demás os marchéis.”

Un torrente de lágrimas broto de los ojos del alumno que había robado. Todo deseo de volverlo a hacer había desaparecido.

Geisha

Lo más valioso del mundo

Sozan, un maestro Zen chino, se encontró una vez con esta pregunta de un estudiante: “¿Qué es lo más valioso del mundo?”

El maestro respondió: “La cabeza de un gato muerto”.

“¿Porqué es la cabeza de un gato muerto la cosa más valiosa del mundo?”, preguntó el estudiante.

Sozan respondió: “Porque nadie puede ponerle precio”.

Monje en meditación

Un golpe de Zen

Hakuin solía hablarles a sus discípulos sobre una mujer mayor que tenía una tienda de té, alabando su entendimiento del Zen. Los estudiantes se negaban a creerle, y solían ir a la tienda a comprobarlo por ellos mismos.

Cuando la mujer los veía entrar, podía saber de un vistazo si venían a por té o a fisgonear sobre su entendimiento del Zen. En el primer caso, los atendía con gusto. En el segundo, les pedía a los alumnos que les siguiesen a la trastienda. En el instante en que les obedecía, los golpeaba con un hierro para atizar el fuego.

Nueve de cada diez no escapaban sin un golpe.

Cañas

La voz de la felicidad

Después de que Bankei dejase este mundo, un ciego que vivía cerca del templo del maestro le dijo a un amigo:

“Como soy ciego, no puedo ver la expresión de una persona al hablar, y por lo tanto tengo que juzgar la personalidad por el tono de voz. Normalmente, cuando oigo a alguien felicitar a otro por algún éxito, también oigo un secreto tono de envidia. Cuando oigo palabras de condolencia, también oigo un pequeño tono de satisfacción en la desgracia ajena.”

“Pero en toda mi vida, la voz que oí de Bankei siempre fue sincera. Si él expresaba su alegría, alegría era todo lo que oía, si expresaba tristeza, tristeza era todo lo que oía.”

Monje

Recitando sutras

Un granjero le pidió a un monje Tendai que recitase sutras por su mujer, que acababa de fallecer. Cuando hubo terminado, le preguntó el granjero: “¿Cree que mi mujer se beneficiará de esto?”

“No solo tu mujer, sino todos los seres se benefician cuando se recitan sutras.”, contestó el monje.

“Si dices que todos los seres se benefician,” dijo el granjero, “mi mujer podría estar débil y otros se aprovecharían de ella, llevándose lo que le corresponde. Por favor, recite sutras solo para ella.”

El monje le explicó que el deseo de los budistas era ofrecer bendiciones y buenos deseos para todos los seres vivos.

“Esas son buenas enseñanzas,” dijo el granjero, “pero, por favor, haga una excepción. Tengo un mal vecino que me trata injustamente. Por favor exclúyale de todos esos seres vivos.”

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Zen en cada minuto

Los estudiantes de Zen permanecen con su maestro al menos diez años antes de poder enseñar a otros. Nan-in fue visitado por Tenno, el cual tras haber superado su periodo de aprendizaje, se había convertido en profesor. El día estaba lluvioso, así que Tenno calzaba zuecos y llevaba paraguas. Después de darle la bienvenida, Nan-in le dijo: “Supongo que has dejado tus zuecos en la entrada. Me gustaría saber si tu paraguas esta a la izquierda o a la derecha de los zuecos.”

Tenno, confundido, no supo que decir. Se dio cuenta de que no podía mantener su Zen consigo cada minuto. Se hizo alumno de Nan-in y estudió seis años más para alcanzar su Zen-en-cada-minuto.

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Tres tipos de discípulos

Un maestro Zen llamado Gettan, vivió al final de la era Tokugawa. El solía decir: “Hay tres tipos de discípulos: los que imparten Zen a otros, los que cuidan de los templos y altares, y por ultimo están los sacos de arroz y las perchas andantes.”

Gasan expresó la misma idea. Cuando estudiaba Tekisui, su maestro era muy severo. A veces incluso le pegaba. Otros estudiantes no toleraban semejantes métodos y abandonaban.

Gasan se quedó, pensando: un mal discípulo utiliza la influencia del maestro. Un discípulo justo admira la amabilidad del maestro. Un buen discípulo crece fuerte bajo la disciplina del maestro.

Pájaro y flores

Mal genio

Un estudiante de Zen fue a ver a Bankei: “Maestro, tengo un mal genio incontrolable. ¿Cómo podría curarme?”

“Tienes algo muy raro”, contesto Bankei, “déjame verlo”.

“Ahora mismo no puedo mostrártelo”, respondió el alumno.

“¿Cuando me lo podrás mostrar?”, pregunto Bankei.

“Me sale de repente”, respondió el estudiante.

“Entonces,” concluyo Bankei, “no debe de ser tu verdadera naturaleza. Si lo fuera, podrías mostrármelo en cualquier momento. Cuando naciste no lo tenías, y tus padres no te lo dieron. Piensa en eso.”

arco zen

El farol

Hace mucho tiempo en Japón, solían usarse faroles hechos con bambú y papel, llevando dentro una vela. Un hombre ciego, al acabar de visitar a un amigo, este le ofreció llevar consigo un farol de vuelta a casa.

“No me hace falta ningún farol,” dijo, “oscuridad o luz es lo mismo para mí.”

“Ya sé que no necesitan un farol para encontrar tu camino,” respondió el amigo, “pero si no llevas uno, alguien podría chocarse contigo, así que debes llevar uno.”

De este modo el ciego tomo el farol y partió hacia su casa. No había andado mucho cuando alguien se chocó de frente con él.

“¡Mira por dónde vas!”, exclamó el ciego, “¿Acaso no ves este farol?”

“Tu farol se ha apagado, hermano”, respondió el extraño.

BONSAI DIBUJO

Soldados de la humanidad

Una vez, una división del ejército japonés se enzarzó en una batalla con una guerrilla, y algunos de los oficiales consideraron necesario establecer un campamento en el templo de Gasan.

Gasan le dijo al cocinero: “Los oficiales comerán la misma comida sencilla que comemos nosotros”.

Esto enfadó mucho a los militares, pues estaban acostumbrados a un trato preferente. Uno fue a ver a Gasan y le dijo: “¿Quién te crees que somos? Somos soldados, sacrificamos nuestras vidas por nuestro país. ¿Por qué no nos tratas con respeto?”

Gasan le respondió tranquilamente: “¿Quién te crees que somos? Somos soldados de la humanidad, nuestro objetivo es salvar a todos los seres vivos.”

Koan

Arrestar al Buda de piedra

Un comerciante que llevaba cincuenta rollos de algodón sobre sus hombros paró a descansar del caluroso día bajo un techado. Sobre él se encontraba una gran estatua de un Buda. Allí se quedo dormido, y cuando despertó sus mercancías habían desaparecido. Inmediatamente informo a la policía.

Un juez llamado O-oka inició una investigación. “Ese Buda de piedra debe de haberte robado tus mercancías”, concluyo el juez. “Se supone que debe de velar por el bienestar de la gente, pero no ha cumplido su sagrada tarea. Arréstenlo.”

La policía arresto al Buda de piedra y lo llevaron a juicio. Un numeroso grupo de curiosos siguió a la policía y al Buda de piedra para conocer que sentencia le impondría el juez.

Cuando O-oka subió a su estrado, grito encolerizado a la multitud: “¿Pero qué derecho tenéis para entrar a unos tribunales riendo y haciendo burla de esta manera? Habéis interrumpido un juicio, y por lo tanto seréis multados y puede que arrestados.”

El gentío se disculpó discretamente. “Entonces deberé imponeros una sanción”, dijo el juez, “pero la anularé en caso de que traigáis un rollo de algodón aquí cada uno. Cualquiera que no lo haga antes de tres días, será arrestado.”

El comerciante reconoció fácilmente uno de los rollos como suyo, y de esta manera pudieron arrestar al ladrón. El mercader recuperó su mercancía, y el juez devolvió a los ciudadanos las suyas.

Templo Zen

El Buda de la nariz negra

Una monja que buscaba la iluminación, hizo una estatua de Buda y la cubrió con pan de oro. A cualquier sitio que fuera, llevaba su Buda dorado consigo.

Pasaron los años, y siguió llevando el Buda. La monja fue a vivir a un pequeño templo en el campo, donde había muchos Budas, cada uno en su altar particular.

La monja quería quemar incienso para su Buda particular. Pero la idea de que el perfume se extendiese a los otros Budas no le gustaba. Se creó una pequeña mampara, tal que el incienso ascendería solo para su estatua. Esto hizo que la nariz del Buda dorado se ennegreciese, haciéndolo particularmente feo.

Buda dorado acostado

Prosperar de verdad

Un hombre rico le pidió una vez a Sengai que escribiese unos versos para la prosperidad de su familia. Un símbolo que pudiera ser pasado de generación en generación.

Sengai tomo una gran hoja de papel y escribió:

“El padre muere, el hijo muere, el nieto muere.”

El hombre rico se enfado muchísimo: “¡Te he pedido que escribas algo para la felicidad de mi familia! ¿Por qué te ríes de mi?”

“No pretendía reírme de ti”, explicó Sengai, “Si antes que tu mueras lo hiciese tu hijo, esto te causaría gran dolor. Si tu nieto muriese antes que tú y tu hijo, a ambos os partiría el corazón. Si en tu familia, generación tras generación muriesen en el orden que he escrito, seguirían el curso natural de la vida. Yo a esto lo llamo, prosperar de verdad.”

Casa japonesa

Carta a un moribundo

Bassui escribió la siguiente carta a uno de sus discípulos que estaba a punto de morir.

“La esencia de tu mente no nació, y por esto no podrá nunca morir. No es una existencia que pueda caducar. No es un vacío ni un hueco. No tiene forma ni color. No disfruta de placeres y no sufre dolores.”

“Sé que estás muy enfermo. Como un buen estudiante de Zen, estas afrontando tu enfermedad de frente. Quizás no sepas exactamente quien está sufriendo, pero pregúntate esto: ¿cuál es la esencia de esta mente? Piensa solo en esto. No necesitaras nada más. Tu final, que nunca acaba, es como un copo de nieve disolviéndose en aire puro.

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Mirando el arcoiris

INTRODUCCIÓN

Jacobo Grinberg, el genial científico

Jacobo GrinbergJacobo Grinberg-Zylberbaum, uno de los más lúcidos e intrépidos científicos mexicanos, nacido en 1946, desapareció misteriosamente en 1994. Como legado dejó, además de su ejemplar actitud ante el estudio científico de la conciencia y múltiples fenómenos “etéreos”, la fundación del Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia y más de cincuenta libros, así como innumerables estudios e investigaciones. Grinberg egresó de la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde cursó la carrera de Psicología, y entre otros estudios de posgrado obtuvo un doctorado en el New York Medical College, durante el cual se dedicó principalmente a llevar un registro electrofisiológico del cerebro humano expuesto a estímulos geométricos. Se dice que a los 12 años Grinberg decidió estudiar la mente humana a raíz de que su madre falleciera de un derrame cerebral. A partir de entonces comenzaría una admirable trayectoria que lo llevaría a confrontar la mente, a través del minucioso estudio, hasta consagrar una comunión con ella y entender que a fin de cuentas esta representaba el pulso catalizador por medio del cual el ser humano construye lo que conocemos como realidad.

Una de las etapas más populares de la carrera profesional de Grinberg fue el trabajo realizado junto con la legendaria curandera mexicana Pachita, con quien trabajó, desde una perspectiva científica, en la evaluación metodológica de las manifestaciones de conciencia en el ser humano. A partir de estas experiencias escribió el más popular de sus libros, Pachita, Milagro Mexicano. En la introducción de esta obra, Grinberg justificó así su publicación que para muchos puso en riesgo su prestigio científico y, sin embargo, terminó por ser una pieza fundamental para que la ciencia se permitiese relajar sus viejos tabúes y disponerse a estudiar aquellas facetas de la “realidad” que permanecían a la sombra de la mirada de los científicos.

En la introducción, decíamos, escribió: “Hace  años tuve la suerte de conocer a Pachita; recibir sus enseñanzas, compartir su trabajo y acompañarla en sus exploraciones. Esa mujer extraordinaria modificó mi percepción de la realidad y me puso en contacto directo con un mundo lleno de magia y poder. Fui testigo de una serie de acontecimientos asombrosos y me obligué a escribir acerca de ellos con la mayor exactitud posible. Este libro es el resultado de ese trabajo. Describo lo que vi tal como sucedió, sin modificaciones y con toda veracidad. Pachita era capaz de realizar verdaderos milagros modificando el espacio-tiempo y la materia, al grado de poder materializar objetos, realizar trasplantes de órganos, diagnosticar enfermedades y curar a los enfermos que por cientos acudían a pedirle ayuda”.

A partir de su trabajo con Pachita, que culminó en 1988, Grinberg desdoblaría su experiencia con la curandera mexicana para construir una de sus teorías más representativas, la Teoría Sintérgica. Posteriormente profundizó en el estudio de las frecuencias energéticas que manifiesta el ser humano durante estados meditativos, las cuales son medibles —y por lo tanto comprobables. Su vanguardista manera de abordar científicamente diversos aspectos de los mundos metafísicos a los que está expuesto el ser humano atrajo el interés de agencias militares de Estados Unidos, mismas que en repetidas ocasiones intentaron hacerse de los servicios de Grinberg, recibiendo invariablemente una negativa por parte del investigador.

La Teoría Sintérgica y la Dermoóptica

Entre algunos de los estudios que encabezó Jacobo Grinberg, ya fuese dentro del Instituto Nacional Para el Estudio de la Conciencia, fundado por él mismo al interior de la UNAM, o de manera independiente, se encontraban intrigantes temáticas en torno a la relación de la mente con la materia. Desde ortodoxos análisis y evaluaciones prácticas de las aptitudes paranormales de brujos, yogis y chamanes, hasta la posibilidad de entrenar a niños propensos al desarrollo de herramientas cognitivas calificadas como “extra-sensoriales”. Otro de los temas que más tiempo de trabajo le ocupó a Grinberg fue la telepatía, entendiendo este fenómeno como la transmisión precisa de información entre dos cerebros separados en el tiempo y/o el espacio.

dermoComo resultado de estas investigaciones Grinberg acuñó novedosas teorías. Su Teoría Sintérgica, la cual se refiere a una especie de matriz holográfica, llamada lattice, que todo lo abarca (y la cual recuerda a los campos morfogenéticos propuestos por Sheldrake o al concepto de “orden implicado” acuñado por David Bohm). Al interior de este campo informacional nada está separado, es una especie de éter hiperinformativo a partir del cual nuestro cerebro debe decodificar hebras de conocimiento a través de distintas aptitudes cognitivas. Y el resultado de este proceso es lo que cada uno de nosotros concebimos como la “realidad”: «La realidad es percibida como resultado de una decodificación que lleva a cabo nuestro cerebro a partir de una estructura pre-espacial, y como tal involucra la interpretación realizada por el aparato de nuestra mente-cerebro», afirmaba Grinberg. Además, de acuerdo con el científico mexicano, esta matriz representaba algo así como una proyección holográfica del Aleph de Borges, por lo que en todos sus puntos convergía la información completa del Cosmos, y aquel que fuese capaz de entrenarse con las habilidades necesarias para entablar una interacción consciente con esta matriz, podría acceder a un estado permanente de iluminación “informativa”.

“El descubrimiento reciente acerca de la relación entre la actividad cerebral y la fuerza gravitacional… y la demostración experimental de la existencia de una comunicación directa entre seres humanos correlativa con un incremento de la coherencia cerebral forma parte del cuerpo de evidencias experimentales que… apoyan lo que comenzó siendo pura- mente hipotético, esto es, la existencia del campo neuronal y la conceptuación del mismo como campo unificado…. postulo que la experiencia es la interacción del campo neuronal con la estructura energética del espacio. A ésta última la bautizo con el término de sintergia y postulo una similitud entre la organización sintérgica del espacio y la organización cerebral. El campo neuronal afecta y altera la organización sintérgica, y en cierto nivel de funcionamiento es uno con ella, de tal forma que el producto de la actividad cerebral se confunde con el resto de la creación. Quien se siente unido al todo en sus múltiples manifestaciones, sabe que su cuerpo las contiene en tal forma que en su percepción del mun- do no existe lo interno y lo externo como dos reinos independientes pero interconectados, ni tampoco el observador u lo observado como dos realidades separadas y dicotomizadas; mas bien, una es la realidad y ésta no admite separaciones.” señaló Grinberg en el segundo libro de la serie Psicofisiología de la Conciencia, “El Cerebro Consciente” (1979a – p. 5)

visionextraocularOtra teoría especialmente interesante, entre las logradas por Grinberg, es la que se refiere a la visión dermoóptica, una habilidad “extrasensorial” que el científico estuvo trabajando con niños mexicanos (particularmente en la ciudad de Toluca). La dermoóptica “consiste en hacer una lectura sin necesidad de tocar absolutamente nada, solamente con las variaciones dermográficas, con los sensores que tenemos en los pulpejos de los dedos […]. Los niños situaban su mente en el cerebro de otro ser y leían como quien arrastra un disco duro a su ordenador”, dice al respecto el doctor español Fernando Rivera, quien presentó una ponencia en tributo a Grinberg. Básicamente se refiere a la aptitud de percibir imágenes o textos a través de la piel. La percepción dermoóptica funciona a través de la captación de los rayos infrarrojos por medio de los receptores cutáneos, los cuales a su vez estimulan los símbolos visuales que están almacenados en los centros nerviosos. El primer sentido que desarrolló el ser humano es precisamente el tacto, y aparentemente en un principio el tacto cumplía algunas de las funciones que actualmente cubren el resto de los sentidos, los cuales eventualmente surgieron respondiendo a necesidades evolutivas. Grinberg tenía pensado extender los estudios que realizaba en torno a la dermoóptica con niños mexicanos al Tíbet, en donde realizaría algunos talleres con niños de esa región.

Obra

La extensa obra escrita de la que fue (o es) autor el Dr. Jacobo Grinberg Zylberbaum comprende una cincuentena de títulos, entre los que destacamos:

-El Espacio y la Conciencia; Trillas, México 1981

-La Luz Angelmática; EDAMEX, México 1983. INPEC 1988

-En Busca del Ser; INPEC, México 1987 – 1990

-Meditación Autoalusiva; INPEC, México 1987 – 1990

-Retorno a la Luz; SEP, México 1987

-La Expansión del Presente; INPEC, México 1988

-Cantos de Ignorancia Iluminada; INPEC, México 1998

-Los Chamanes de México I: Psicología Autóctona Mexicana; Alpa Corral, México 1987. INPEC 1990

-Los Chamanes de México II: Misticismo Indígena; Alpa Corral, México. 1987

-Los Chamanes de México III: Pachita; INPEC, México 1989. Heptada Madrid España 1990

-Los Chamanes de México IV: La Cosmovisión de los Chamanes; INPEC, México 1988

-Los Chamanes de México V: El Cerebro y los Chamanes; INPEC, México 1989

-Los Chamanes de México VI: La Voz del Ver; INPEC, México 1989

-Los Chamanes de México VII: El Doble; INPEC, México 1990

-La Creación de la Experiencia; Los libros del Comienzo, Madrid España. 1990

-La Conquista del Templo; Heptada, Madrid España 1990

-La Meditación; INPEC, México 1991

-Fluir en el sin yo. INPEC, México, 1991

-La Teoría Sintérgica; INPEC, México 1991

-La Batalla por el Templo; INPEC, México 1991

-La Fuerza Vital del Cielo Anterior;. INPEC, México 1991

-El Prototipo; INPEC, México 1991

-El Sabor de la Iluminación; Sirio 1994

-El YO como idea; INPEC-UNAM. México, 1994.

Esta maravillosa bibliografía debe ser más conocida para que la herencia de un trabajo tan intenso y profundo ilumine el camino de todos aquellos que se buscan a sí mismos.

Les sugerimos e invitamos a que lean y degusten una de estas obras fundamentales, obra en la que se relatan unas asombrosas experiencias que supusieron para el autor un antes y un después en su vida, en sus ideas y, sobre todo, en su conciencia. Nos referimos al libro “Pachita”, que constituye el volumen III de la serie Los Chamanes de México. Dicha obra la pueden descargar en el siguiente enlace:

http://www.transformacionhumana.com/images/Pachita.pdf

HOMENAJE

Próximos a cumplirse 19 años de la “desaparición”, del Dr. Jacobo Grinberg-Zylberbaum, deseamos rendirle un homenaje y recordarle, para lo cual seleccionamos un texto que podría ser muy bien la síntesis de todo un camino, de toda una vida, el sentido y meta de todas las existencias: la iluminación espiritual. Este texto es el capítulo VIII de una de sus obras, “Fluir en el sin yo” (1991), y se titula La Iluminación a la Luz de diversas Tradiciones Espirituales.

DEDICATORIA

Para los que ven, para los que verán;  para los que huelen, para los que olerán; para los que oyen, para los que oirán; para los que saborean, para los que saborearán; para los que sienten, para los que sentirán; para los que intuyen, para los que intuirán; para los que presienten, para los que presentirán; para los que imaginan, para los que imaginarán; para los que están, para los que estarán; para los que son, para los que serán. Para ti, para él, para ella, para TODOS.

Espiral colorida

Por: Jacobo Grinberg-Zylberbaum

LA ILUMINACIÓN A LA LUZ DE DIVERSAS

TRADICIONES ESPIRITUALES

LA REALIDAD Y LAS REALIDADES

Prácticamente, todas las tradiciones Espirituales están de acuerdo en afirmar la existencia de un estado sublime, el cual se conoce como Iluminación.

Este estado acontece como resultado de un establecimiento en la Realidad.

Puesto que existe mucha confusión en relación con el término Realidad, iniciaré este Capítulo con el intento de aclararlo.

En general, se considera que la Realidad es lo que vemos; el mundo externo lleno de objetos y seres vivos. Ciertamente, nadie puede (más…)

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