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EL DESARROLLO ESPIRITUAL

Y LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS

Roberto Assagioli (Venecia, 27 de febrero de 1888 – Capolona d’Arezzo, 23 de Agosto de 1974) fue un psiquiatra y pensador italiano, pionero de la psicología humanista y transpersonal, creador de la psicosíntesis,  la cual es un enfoque integral para el desarrollo humano, un método de autoformación y una escuela de psicología y psicoterapia. La Psicosíntesis constituye un enfoque de carácter holístico cuyo objetivo es el desarrollo de la persona en forma dinámica y el progresivo establecimiento de la armonía, la integración y transformación de los distintos elementos de la personalidad.

El siguiente texto es la trascripción de una conferencia dada por el Dr. Roberto Assagioli en la Tercera Sesión de Verano en el Centro Internacional de Investigación Espiritual en Ascona, Suiza, en Agosto de 1932. Traducción de la Revista Beacon, que publica Lucis Trust .


El desarrollo espiritual del hombre es una larga y ardua aventura. Un viaje a través de tierras extrañas, llena de sorpresas, dificultades y hasta de peligros. En realidad, no es nada menos que pasar del reino humano al reino espiritual.

Involucra una purificación drástica y la completa transmutación de todos los elementos normales y puramente “humanos” de la personalidad, el despertar de una serie de facultades que antes yacían dormidas, la elevación de la conciencia a un nuevo reino y el funcionamiento en una nueva dimensión interna.

En efecto, deberíamos comparar al hombre, tal como era antes de iniciar esta conquista, con el que llega a ser cuando ha alcanzado la cima de la perfección espiritual y no encontramos prácticamente nada de la anterior personalidad porque son dos seres completamente diferentes. No nos debería sorprender, por lo tanto, que un cambio tan completo, que una transformación tan fundamental esté marcada por diversas etapas críticas y que no sea raro que vayan acompañadas por varios problemas nerviosos, emocionales y mentales.

Estos desórdenes nerviosos, aunque puedan aparecer, ante la observación clínica objetiva del doctor, como una presentación de los mismos síntomas debidos a otras causas, realmente tienen otro significado y valor y necesitan un tratamiento muy diferente.

Las enfermedades, debidas a causas espirituales, se están presentando con mayor frecuencia en la actualidad y a medida que el número de personas que se encaminan, consciente o inconscientemente , hacia una vida superior, es mucho mayor que antes. Es más, debido al gran desarrollo y complejidad de la personalidad y, específicamente, a una mente más crítica del hombre moderno, el desarrollo espiritual ha llegado a ser un proceso más difícil y complejo. En muchos casos, en el pasado, una conversión moral o una simple devoción completamente entregada a un maestro divino o salvador, o rendirse completa y amorosamente a Dios, era suficiente para abrir las puertas que conducían a la conciencia y unión divina.

Por otro lado, el reajuste del hombre moderno es más completo y bien equilibrado, pues requiere de la regeneración de toda la personalidad, que incluya una mente bien desarrollada y alerta, evitando así la parcialidad de un desarrollo puramente devocional.

Por estas razones, pienso que hacer un repaso general al desarrollo de las condiciones nerviosas que aparecen en las diferentes etapas de la realización espiritual , puede ser de interés y servir de utilidad y dar algunas claves para su tratamiento apropiado.

Podríamos clasificar, para mayor claridad, cinco puntos críticos en el sendero interno:Las crisis que preceden al despertar espiritual.

1.- Las crisis que preceden al despertar espiritual.

2.-Las crisis provocadas por el despertar espiritual.

3.-Las reacciones al despertar espiritual.

4.- Las etapas del proceso de transmutación.

5.- La “Noche Oscura del Alma”.

Pasemos ahora a examinarlas brevemente:

1.- Para entender completamente, las extrañas experiencias que generalmente preceden al despertar del alma , debemos repasar algunas de las características del hombre común.

Uno podría decir que éste “se deja vivir”, en lugar de vivir. Toma la vida como llega y no se preocupa con el problema del significado, valor y objetivo. Si pertenece al tipo común sin evolución, se dedica a la satisfacción de sus deseos personales, busca el placer de los sentidos, volverse rico y satisfacer sus ambiciones. Si está más desarrollado, subordina su satisfacción personal al cumplimiento de los deberes familiares y sociales que se le asignan, sin molestarse en comprender sobre qué base reposan esas obligaciones, o de qué origen proceden. Se puede considerar a sí mismo como una persona “religiosa” y creyente en Dios, pero su religión es meramente exterior y convencional y cuando se ajusta a los preceptos de su iglesia y toma parte en sus ritos, siente que ha cumplido con todo lo que se le pide. En pocas palabras, implícitamente cree en la realidad absoluta de la vida ordinaria y está fuertemente apegado a los bienes terrenales, a los que atribuye un valor positivo; de este modo, prácticamente considera esta vida como “un fin en sí mismo .” Aunque crea en un futuro cielo, dicha creencia es completamente teórica y académica, como se comprueba por el hecho de que se esfuerza al máximo para merecer el disfrute de ese maravilloso cielo.

Pero puede suceder que este “hombre común” sea sorprendido y perturbado por un repentino o lento cambio en su vida interior. Esto puede ocurrir después de una serie de disgustos; frecuentemente después de un choque emocional, como la pérdida de un pariente amado o un amigo muy querido. Pero algunas veces ocurre sin una causa aparente y en medio del gozo de completa salud y prosperidad. A menudo, el cambio comienza con un sentido de descontento, de vacío, de carencia de algo no material y definido; es algo vago y evasivo, imposible de describir.

A esto se agrega, en diferentes grados, un sentido de la irrealidad, de la vanidad de la vida común: todos los asuntos personales, que antes absorbieron gran parte de su atención e interés, parecen retraerse a un segundo plano, hasta perder su importancia y valor. Surgen nuevos problemas; el individuo comienza a preguntarse sobre el origen y el propósito de la vida; y sobre la razón de muchas cosas que antes tomaba como algo casual, como el significado de su propio sufrimiento y del de los demás y de qué justificación hay para tanta desigualdad en el destino de los hombres.

Cuando se alcanza este punto, comienzan a aparecer los malentendidos y errores. Muchos, que no comprenden la importancia de estos nuevos estados mentales, les miran como caprichos anormales estúpidos y extravagancias mentales. El temor a convertirse en un desequilibrado, le hace luchar combatiéndolos de varias maneras. Hacen esfuerzos para readaptarse a la realidad de la vida ordinaria que parece escaparse de ellos. A menudo se meten en un torbellino de actividad externa, buscando nuevas ocupaciones, estímulos y sensaciones. Por estos y otros medios, logran aliviar su condición perturbada por cierto tiempo, pero son incapaces de librarse completamente. Aquello continúa fermentándose en el interior de su ser, socavando las bases de su existencia ordinaria y, fácilmente, irrumpe de nuevo, quizás después de un largo tiempo, con intensidad renovada. El estado de agitación se torna más y más doloroso y la sensación de vacío interior más intolerable. El individuo se siente aniquilado. Todo lo que constituyó su vida, ahora le parece un sueño; se desvanece como una sombra, en tanto que la nueva vida aún no llega. En realidad, ignora que esa luz existe, o no cree que pueda ser posible poseerla.

Frecuentemente sucede que, en este estado de perturbación, sobreviene una crisis moral más definida: la conciencia despierta y se vuelve más sensible ; aparece en el individuo un nuevo sentido de responsabilidad y se siente oprimido por un denso sentido de culpa, de remordimiento por el mal cometido y se juzga a sí mismo con severidad, volviéndose presa de un profundo desaliento.

En este punto, no es extraño que la mente contemple la idea del suicidio. Para el hombre mismo, pareciera que la aniquilación física fuera la única conclusión lógica para este derrumbe y desintegración.

La anterior descripción constituye, únicamente, un delineamiento general de dichas experiencias. En realidad existen amplias y profundas experiencias entre los diversos individuos. Hay muchos que no alcanzan la fase más aguda, mientras que otros llegan a ella rápidamente. Algunos son asaltados por las dudas intelectuales y problemas metafísicos; en otros la depresión emocional o la crisis moral es el rasgo más pronunciado.

Las diferentes manifestaciones de la crisis espiritual tienen mucha semejanza con algunos síntomas que los doctores consideran característicos de las enfermedades nerviosas llamadas neurastenia y psicastenia. En realidad, una de las principales características de esta última, es lo que el profesor Pierre Yanet, acertadamente, llama “la pérdida de la función de la realidad” y a otra la

llama “ despersonalización ”. La semejanza se hace aún mayor por el hecho de que la tensión de la crisis espiritual produce también fácilmente síntomas físicos como tensión nerviosa, insomnio y varios problemas digestivos y circulatorios.

2.- La apertura del canal entre la personalidad y el alma y el flujo de luz, alegría y energía que la acompaña, a menudo produce una maravillosa liberación. Los conflictos y el sufrimiento precedentes se desvanecen y desaparecen los síntomas nerviosos y físicos que produjeron, a veces con sorprendente rapidez, confirmando así el hecho de que no se debían a causas orgánicas, sino que eran el producto directo de un conflicto interno. En tales casos, el despertar espiritual significa una cura real. Pero en los casos donde la personalidad es más defectuosa en ciertos aspectos, pueden sobrevenir diferentes incidentes y hasta verdaderas enfermedades. Esto sucede, por ejemplo, cuando la mente no está bien equilibrada, o las emociones son incontroladas, cuando la naturaleza síquica está sobre-desarrollada o el sistema nervioso demasiado sensible. En casos donde la afluencia de energía espiritual es sobrecogedora por su rapidez y fuerza.

Cuando la mente es demasiado débil para aguantar la iluminación, o cuando hay una tendencia al egoísmo y la vanidad, la experiencia se interpreta erróneamente y hay, por decir, “ una confusión de planos ”. La distinción entre la verdad absoluta y relativa, entre el alma y la personalidad, es borrosa y la fuerza espiritual tiende a alimentar e inflar el ego personal.

Yo conocí un ejemplo impactante de dicho efecto desastroso hace algunos años en el Hospital Psiquiátrico de Ancona. Uno de los internos, un hombrecito corriente, antiguo fotógrafo, suave y persistentemente declaraba que él era “Dios”. Alrededor de esta idea central, construyó una serie de fantásticos engaños, acerca de huestes celestiales bajo su mando. Aparte de esto, era el tipo más pacífico, bondadoso y considerado que uno pudiera imaginar, siempre listo para ayudar a los doctores y pacientes. Era tan confiable y coordinado en sus actos, que el asistente de la farmacia le confiaba la preparación de las medicinas y las llaves de la farmacia. El único lapso en su comportamiento perfecto era que algunas veces robaba azúcar para darle placer a alguno de los internos del asilo.

Un doctor materialista probablemente lo consideraría como un caso común de ilusión, pero yo pienso que existe una interpretación más verdadera y profunda de la locura de este hombre. Desde el punto de vista metafísico puramente, su afirmación básica es muy correcta; a la luz de la filosofía Vedanta no existe otra realidad que el “Absoluto”. Brahma, y cada pupilo de los instructores de Vedanta se vincula con el Absoluto y se une intrépidamente en la afirmación: Aham evam param Brahmán (verdaderamente soy el supremo Brama). El error fatal del hombre era que atribuía los atributos de Dios a su yo personal no regenerado y sacaba fantásticas e infantiles consecuencias de este hecho. Filosóficamente hablando, su error podría ser descrito como una confusión entre la verdad Absoluta y relativa, entre el punto de vista metafísico y personal.

Este es un caso extremo, pero ejemplos más o menos pronunciados de dicha confusión no son escasos entre personas que son deslumbradas por el contacto con una verdad espiritual, que es demasiado grande para captarla y asimilarla de manera adecuada, con su poder mental.

Probablemente todos conocemos algunos casos de estos y que se pueden encontrar en todos los cultos y movimientos espirituales.

Esta “confusión de planos” a menudo podría ser evitada, creo, si las doctrinas metafísicas se presentaran con mayor calidad y sabias advertencias . Cuando el error se infiltra, es inútil tratar de convencer al individuo de que está completamente equivocado o ridiculizar su ilusión; esto sólo despierta su oposición y resentimiento. La mejor manera es simpatizar con él, admitiendo la verdad final de su creencia, pero luego señalarle donde reside el error y entrenar su mente para hacer las distinciones necesarias. En otros casos, la súbita irrupción de la iluminación produce un trastorno que se expresa en reacciones intensas y desordenadas: llantos y gritos, cantos y toda clase de explosiones histéricas.

Quienes pertenecen al tipo activo y agresivo, frecuentemente son impulsados a desempeñar el papel de profeta o salvador, por la excitación del despertar y a fundar una nueva secta caracterizada a menudo por el fanatismo y el proselitismo.

En algunos tipos desequilibrados y neuróticos, existe un despertar del psiquismo. Tienen visiones, generalmente de seres exaltados, o pueden escuchar voces, o empiezan a escribir automáticamente, tomando los mensajes literalmente y obedeciéndolos sin reserva. La calidad de dichos mensajes es muy diversa. Algunas veces contienen hermosas enseñanzas, pero siempre deben ser examinadas con máxima discriminación y cuidado, sin considerar su origen anormal o las demandas del transmisor. Se debe ejercer reserva especial con los mensajes que contienen órdenes y ordenan ciega obediencia, o los que tienden a exaltar la personalidad de quien los recibe. Los verdaderos maestros espirituales nunca usan esos métodos.

Aparte de la autenticidad y el valor de los mensajes, permitir tales actividades psíquicas ocasiona daño a la salud y perjudica el control emocional y mental. Existen otra clase de poderes superiores que son el resultado de un desarrollo y realización espiritual, los cuales son ejercidos concientemente y totalmente controlados por el alma.

3.- Las reacciones que nos ocuparán en esta sección se desarrollan y generalmente ocurren después de cierto tiempo de haber despertado.

Como dije, un despertar espiritual armónico se caracteriza por una sensación de gozo e iluminación mental que trae consigo la visión interna del significado y propósito de la vida. Desecha muchas dudas, ofrece la solución a muchos problemas y proporciona un sentido de seguridad interior. Al mismo tiempo se percibe que la Vida es Una y un gran aflujo de amor espiritual penetra en el individuo despierto hacia sus semejantes y a toda la creación. En realidad, no hay nada más refrescante y delicioso que la contemplación de un neófito revelando tal “estado de gracia”. La antigua personalidad, con sus aristas y características desagradables, pareciera haberse desvanecido y un nuevo amoroso y adorable individuo nos sonríe y también al mundo, lleno de anhelo por complacer, servir y de compartir sus riquezas espirituales recién adquiridas, pues le es casi imposible contener tanta abundancia. Tal estado de beatitud tiene diversa duración, pero está sujeto a pasar. El yo inferior sólo estaba temporalmente subyugado y aturdido, pero no muerto ni transformado. El flujo de luz y amor espiritual es rítmico, como todo lo demás en el universo y,después de cierto tiempo, disminuye o cesa, el reflujo sigue al flujo.

Esta es una experiencia muy dolorosa para el neófito y es apta, en algunos casos, para producir reacciones fuertes y ocasionar serios problemas. El yo inferior vuelve a despertar y se afirma con fuerza renovada. Todas las rocas y desechos que habían sido cubiertos y disimulados por la marea alta, surgen nuevamente.

El hombre, cuya conciencia moral se ha vuelto más refinada y exigente, cuya sed de perfección se ha vuelto más intensa, juzga a su personalidad con mayor severidad y se condena con renovada vehemencia, siendo propenso a alimentar la errónea creencia de haber caído más bajo que antes . Algunas veces sucede que las tendencias e impulsos inferiores, que yacían dormidos en el subconsciente, son vitalizados por la irrupción de la energía superior, o agitados en una fuerte oposición, por la consagración espiritual del alma que despierta, porque constituyen una amenaza y un reto para ella. (Esto corresponde a lo que H. Blavatsky describe en la Doctrina Secreta como “la fiebre del voto”, que afecta a muchos aspirantes).

En ocasiones la reacción llega tan lejos que, el individuo llega a negar la realidad y el valor de su reciente experiencia espiritual. Las dudas y la crítica penetran en su mente y es tentado a considerar toda la situación como una ilusión, fantasía o una embriaguez sentimental. Se vuelve amargado y sarcástico, se ridiculiza a sí mismo y a los demás y hasta llega a dar la espalda a sus ideales y aspiraciones espirituales. Pero, no importa cuán duro se trate, ya no regresa a su antiguo estado; “ ha contemplado la visión” y su belleza y atractivo permanece con él, a pesar de sus esfuerzos para suprimirlo. No puede aceptar la vida corriente de antes, o satisfacerse con ella. Una nostalgia divina lo asedia y no le deja en paz.

Algunas veces la reacción ofrece un carácter más patológico; los arranques de depresión, desespero y tentaciones de suicidio pueden constituir un verdadero problema . El tratamiento apropiado, en dicha crisis, consiste en impartir una comprensión clara de su naturaleza y explicarle que la única salida es superarla . Debemos aclararle al “paciente” que ese estado de gracia que experimentó, no puede durar para siempre y que la reacción era inevitable. Es como si hubiese realizado un enorme vuelo a las iluminadas cimas de las montañas y allí hubiera entendido su gloria y vastedad y la belleza del panorama que se extiende abajo pero, después del viaje, uno regresa al lugar de partida y se tiene que ascender, paso a paso, el empinado sendero que conduce a las alturas.

La realización de que este descenso o “caída” es un hecho natural, proporciona un gran alivio a la mente y anima al peregrino a asumir la ardua tarea que tiene frente a sí, en el sendero hacia la Realidad.

4.- Ahora nos ocuparemos de la fase en la cual el aspirante reconoce que las condiciones necesarias que se deben cumplir y el precio a pagar para el elevado logro de la unión con la Realidad Divina, son la transmutación y total regeneración de la personalidad.

Es un proceso largo y de muchas facetas, que incluye etapas de purificación activa, con el fin de remover los obstáculos para el flujo y actuación de las fuerzas espirituales; las etapas del desarrollo y la construcción de las facultades que moran dormidas o sin desarrollar y las fases en las cuales, el yo personal, tiene que permanecer quieto, dejando actuar al espíritu, soportando la presión y el dolor inevitable del proceso.

Es un período extraordinario, lleno de cambios o alteraciones entre la luz y la oscuridad, entre la alegría y el sufrimiento.

Las energías y la atención del aspirante, a menudo, están enfocadas en su tarea, que es poder arreglárselas con los problemas y actividades, para que la vida normal no sea perjudicada, que observada desde afuera y medida en términos de la eficiencia común, parece haberse deteriorado y estar menos capacitado que antes. Los juicios superficiales e injustos de los bien intencionados, pero no iluminados amigos y médicos, no le perdonan, y se constituye en el blanco de comentarios sarcásticos y espinosos, acerca de los resultados “maravillosos” de los ideales y aspiraciones espirituales, que lo hacen débil e ineficaz en la vida práctica. Dichos comentarios, a veces son muy dolorosos para el sensible aspirante. A veces llega a ser influido por ellos y se convierte en presa de la duda y el desaliento.

Este proceso llega a ser una de las pruebas del Sendero y una lección para transformar la susceptibilidad personal en estabilidad, independencia de juicio y desapego. Los aspirantes deberían aceptarlo alegremente y aprovecharlo como una oportunidad para adquirir fortaleza. Si, de otro lado, las personas que rodean al aspirante son iluminadas y comprenden, pueden ser de gran ayuda y protegerlo de la fricción y el sufrimiento innecesario.

En realidad, es un período de transición. Un paso de un antiguo estado, sin haber alcanzado el nuevo; una etapa intermedia en la cual, como adecuadamente lo ha expresado un maestro, “ uno está viendo doble ”. Esta condición es similar a la de la oruga que pasa por el proceso de transformación hacia la alada mariposa; el insecto ha de pasar por la etapa de crisálida, que es una condición de desintegración e impotencia. Pero el aspirante, generalmente, no tiene el privilegio del capullo protector, para pasar el proceso de transformación en soledad y paz. Particularmente y en la actualidad, ha de permanecer donde está y continuar desempeñando sus obligaciones familiares, profesionales y sociales, tan bien como le sea posible, como si nada estuviera ocurriendo. Su problema es similar al que se enfrentaron los expertos ingenieros encargados de reconstruir y ampliar una estación muy congestionada de Londres, sin interrumpir el tráfico ni por una hora.

No es de sorprender, entonces, que tal trabajo, difícil y complicado, pudiera producir ciertos problemas mentales y nerviosos, en forma de cansancio nervioso, insomnio, depresión emocional, aridez, agitación mental e inquietud. Estos a su vez, debido a la gran influencia que tiene la mente sobre el cuerpo emocional, fácilmente pueden producir los más variados síntomas y desórdenes físicos.

En el tratamiento de esos casos, se debe reconocer la verdadera causa y dirigirse a ella, porque todos los remedios externos y meramente físicos pueden ayudar a aliviar los síntomas, neutralizando los peores resultados pero, obviamente, no pueden curar radicalmente la condición.

Algunas veces el problema es ocasionado o agravado por un esfuerzo personal exagerado para forzar el desarrollo superior, produciendo represión en lugar de transformación de los elementos inferiores, con la indebida intensificación del conflicto y la tensión nerviosa y mental consecuente.

El aspirante debe comprender que el trabajo fundamental siempre es realizado por el alma y sus energías y que su principal tarea es atraer esas energías mediante la aspiración, meditación y correcta actitud, y luego permitirles realizar el trabajo de purificación y adaptación dentro de él. Él necesita captar el profundo significado del sabio mandato contenido en La Luz en el Sendero, Segunda Parte:

1.- Permanece a un lado cuando te aproximes a la batalla y, aunque luches, no seas el guerrero.

2.- Busca al Guerrero y déjalo batallar en ti.

3.- Toma sus órdenes y obedécelas.

4.- Obedécele, no como si fuera un general, sino como si fueras tú mismo y sus palabras fueran la declaración de tus deseos secretos; por que él eres tú mismo, pero más sabio y más fuerte que tú mismo. Búscale, más en la fiebre y la prisa de la batalla puedes pasar de largo; y él no te reconocerá a menos que tú le conozcas. Si tu clamor alcanza a su oído, entonces él peleará en ti, y llenará el profundo vacío interno. Y si esto ocurre, entonces puedes ir de principio a fin y batallar sereno y sin enfado, permaneciendo a un lado y dejándole batallar por ti. Luego será imposible que asestes un golpe erróneamente. Pero si no lo buscas, si pasas de lado, entonces no habrá salvación para ti. Tu cerebro vacilará, tu corazón dudará y en el polvo del campo de batalla, tu vista y tus sentidos fallarán y no distinguirás tus amigos de tus enemigos. Él eres tú mismo. Y aún así, eres finito y propenso a errar; él es eterno y está asegurado. Él es la eterna verdad. Una vez haya entrado en ti y llegue a ser tu Guerrero, nunca jamás te abandonará; y en el día de la gran paz llegará a ser uno contigo”.

Una dificultad diferente y, en cierto sentido, opuesta, confronta al aspirante durante los períodos en los cuales, el flujo de fuerza espiritual procedente del alma es fácil y abundante. Si no se controla sabiamente, se puede dispersar en febril excitación y actividad . O, por lo contrario, se puede tener en mucha expectativa y quedar inexpresado, de modo que se acumula y a través de su fuerte presión y alto voltaje puede dañar los cuerpos sutiles y el físico, así como una corriente muy fuerte puede producir un cortocircuito, quemando los fusibles y derritiendo los alambres.

La verdadera solución es utilizar las energías espirituales constructiva y armónicamente en el trabajo de la regeneración interna, por medio de la expresión creativa y el servicio fructífero, de acuerdo con las condiciones y oportunidades del individuo.

Pueden surgir otras dificultades a partir de las diferentes cualidades de las fuerzas que entran en juego. La cualidad de la energía del alma (técnicamente denominada el Rayo del Ego, puede ser diferente de aquel predominante en la personalidad). Frecuentemente esto produce un período de conflicto entre ambos y puede ocasionar diversas enfermedades nerviosas, hasta el momento en que se efectúa una adaptación.

5.- Cuando el proceso de transformación alcanza su clímax, su etapa decisiva, está marcado por un período de intenso sufrimiento y oscuridad, llamado por los místicos cristianos, “la noche oscura del alma”. La angustia mental y la gran depresión que le acompañan, tiene gran semejanza a los síntomas de la enfermedad mental que los siquiatras llaman “psicosis depresiva” o “melancolía”. Estos síntomas son, principalmente: un estado emocional de desesperación, un agudo sentido de inutilidad, una auto- desaprobación y auto-acusación sistemática, la impresión de estar cruzando el infierno llega a ser tan vívida que produce la ilusión de estar eternamente condenado, un agudo y doloroso sentido de impotencia intelectual, pérdida del poder de voluntad y autocontrol e incapacidad y disgusto para la acción.

Algunos de estos síntomas pueden aparecer en forma moderada durante las primeras etapas, pero no se deben confundir con la verdadera “noche oscura del alma”.

Como lo expresó Adela Curtis en su vívido estilo:

“ Sientes como si no fueras nada más que un hueco; un inmenso e insondable vacío de dolor, en el cual se hubiera vertido toda la creación y aún continuara vacío, clamando por Dios. Por supuesto, todos creemos que estamos en esta etapa mucho antes de que tengamos una verdadera visión de ella. Cualquier estado de insatisfacción se puede interpretar como fuera ella, como lo descubriremos cuando estemos en presencia de la cosa real y recordemos las innumerables imitaciones absurdas que nos engañaron, con el cuestionamiento: ¡cómo Dios podría descuidar una sed y un hambre como la nuestra!”

Esta extraña y terrible experiencia interna no es solamente un estado patológico; tiene una causa espiritual específica y un gran propósito espiritual. La causa ha sido explicada por Platón y por San Juan de la Cruz mediante la misma analogía.

Platon , en su famosa alegoría de la “caverna oscura”, contenida en el Séptimo Libro de su República, compara a los hombres no iluminados con los prisioneros en una caverna o cueva oscura, y dice:

“En un principio, cuando ninguno de ellos está liberado, es impulsado súbitamente a pararse, volver la cabeza y caminar hacia la luz, él sufrirá terribles dolores; el brillo le molestará y será incapaz de ver las realidades de la cuales, en su anterior estado, había percibido las sombras .”

San Juan de la Cruz utiliza palabras curiosamente similares. “El yo está en la oscuridad, porque está enceguecido por una Luz mayor que la que puede soportar. Entre más clara sea la luz, más enceguece los ojos del búho, y entre más fuertes los rayos del sol, más enceguece los órganos visuales; venciéndolos por razón de su debilidad y privándolos de su facultad de ver. De igual modo, la Luz Divina de la contemplación, al impactar sobre el alma aún no perfectamente iluminada, ocasiona oscuridad espiritual; no sólo porque sobrepasa su fuerza, sino por la enceguece y priva de sus percepciones naturales… Así como los ojos, debilitados y nublados por los humores, padecen dolor cuando la luz clara los impacta; así el alma, por razón de su impureza, sufre grandemente cuando la Luz Divina brilla sobre ella. Y cuando los rayos de esta luz pura brillan sobre el alma, para expulsar las impurezas, el alma se percibe tan poco limpia y tan miserable, que pareciera como si Dios Se hubiera puesto en su contra, y como si ella misma estuviera contra Dios. ¡Maravillosa y lastimosa visión! Tan grandes son las debilidades e impurezas del alma, que la mano de Dios, tan suave y gentil, se siente fuerte y opresiva, aunque no esté presionando ni asentándose sobre ella, sino sólo tocándola, y eso, también, de la manera más misericordiosa; porque Él toca al alma, no para castigarla, sino para recargarla con Sus gracias .”

Evelyn Underhill explicó muy claramente el propósito de la “noche oscura”:

“La función de este proceso, en el Sendero Místico, es curar al alma de la tendencia innata a buscar y reposar en los goces espirituales; confundir la Realidad con el gozo dado por la contemplación de la Realidad. Es en la consumación de ese ordenamiento de amores enfermizos, donde la translación de los valores, inició el Sendero del Purgatorio. El yo que asciende debe abandonar esas satisfacciones infantiles, hacer su amor totalmente desinteresado, fuerte y valiente y abandonar toda traza de glotonería espiritual. La suprema condición, para la participación del hombre en la Realidad, es un total abandono de los cánones personales, de esa búsqueda trivial y egoísta del éxito personal que pervierte el gran movimiento de la Luz Afluyente.

En la Iluminación, el alma, bañada por la Luz increada, identificó la Naturaleza Divina con la Luz Divina y la dulzura que disfrutó entonces. Su conciencia de lo trascendente se ha manifestado, principalmente, como un aumento de visión y goce personal. De esta manera, en ese estado de desprendimiento, “el Yo, el Mi, lo Mío”, aunque espiritualizados, aún permanecen intactos. La mortificación de los sentidos fue más que compensada por la rica y feliz vida que esta mortificación confirió al alma. Pero antes de que ocurra la unión real y permanente con el Absoluto; antes de que todo el yo aprenda a vivir en estos elevados niveles donde, estando totalmente entregado a la Infinita Voluntad, puede ser completamente transmutado en Dios y fusionado en la gran vida del Todo; esta vida separada, esta dependencia de los goces personales, deben ser desechadas…

Los diversos tormentos y desolaciones de la Noche Oscura constituyen esta última y drástica purgación del Espíritu; la eliminación de la separatividad, la aniquilación de la individualidad, aunque todo ese yo ahora reclame su derecho a ser el Amor de Dios.”

La “noche oscura del alma” en su última y más elevada etapa, corresponde a lo que ha sido denominado la “crucifixión mística”; la muerte y resurrección que realmente marca la desintegración de la personalidad, el “antiguo Adán” y el triunfo del alma, el “nuevo Cristo”.

Muchas dificultades serias que, a veces, llegan a ser enfermedades, se deben a una causa especial y tienen su origen fuera de la personalidad del sufriente. Esta causa es la “sustitución mística”, por medio de la cual un alma ardiente, amorosa y generosa, se atrae el sufrimiento interno y hasta los síntomas físicos de otra persona (transferencia). Esto puede sonar extraño y casi increíble en un principio, pero una investigación más cercana, mostrará que realmente es solo un ejemplo extremo de asumir, por medio de la simpatía, la condición de otra persona, que hemos experimentado muchos, algunas veces. La distinción importante es que en el caso de la “sustitución mística”, se puede lograr tanto en sentido personal como general. Los ejemplos de lo anterior no son raros en las vidas de los Místicos y Santos cristianos.

El caso más familiar probablemente es el de Santa Teresa de España , que dice en su autobiografía que asumió la intensa tentación de un sacerdote que, tan pronto como Santa Teresa comenzó a experimentar su tormento, inmediatamente quedó liberado de ella.

El caso más extremo y dramático es quizás el de Santa Lyduina de Schiedam, que logró atraerse una serie de graves enfermedades. Su historia extraordinaria ha sido gráficamente descrita por el novelista francés, Huysmans.

La “sustitución mística” general consiste en ofrecer compensación por medio del propio sufrimiento, por los sufrimientos y errores de la humanidad en general. Las órdenes religiosas más austeras y contemplativas, como los Trapenses y los Carmelitas, hacen esto regularmente.

Un experimento interesante de esta clase, hecho por un grupo de hombres profanos en colaboración con los Carmelitas de San Remo, ha sido relatado por Montague Summers en su artículo sobre la Sustitución Mística. Él describe los efectos así:

“Las experiencias síquicas de los místicos fueron muy notables. Entre otras cosas, todos sufrieron, durante el período de su oblación, de una intensa laxitud mental y aridez espiritual, lo cual era prueba segura de que la sustitución había sido aceptada y que aún continuaba. Es más, se puede notar que este estado psicológico empezó abruptamente en cada caso, después de haber realizado la oblación, incrementándose a cada hora la incomodidad interior y el dolor, sin tener alivio o una advertencia, hasta cuando la nube oscura se dispersaba repentinamente, y en un momento era seguida por la luz del sol de la paz interna y las consolaciones que eran más dulces que la desolación antecedente, por el contraste .”

En Oriente, esta actividad espiritual es realizada de manera diferente, pero con una abnegación, no menos incondicional y heroica. La encontramos expresada en el voto con el cual se consagra el mismo Bodhisatwa, o futuro Buda, a renunciar a la bendición del Nirvana y entrega todo Su Ser para el bien de la totalidad.

“Con el mérito de todos mis bienes, aspiro a aliviar los dolores de todas las criaturas, ser medicina, doctor, sirviente de todos aquellos que estén enfermos mientras exista la enfermedad, a ser yo mismo alimento y bebida durante la hambruna, a ser un tesoro inagotable para el pobre y el sirviente, quien los surta con todo lo que carecen. Renuncio, sin consideración a mí mismo, a la vida en todas sus reencarnaciones, todas mis pertenencias, todo el mérito logrado hasta ahora y en el futuro, para obtener la salvación de todas las criaturas… quiero ser protector de quienes no tienen a nadie, guía para los viajeros, para aquellos que desean alcanzar la otra orilla. Quiero ser un bote o un puente, una lámpara para quienes están en la oscuridad, un lecho para quienes quieran descansar, un armario para quienes necesiten uno… como los elementos: tierra, agua, aire y fuego están en cada forma al servicio de las innumerables criaturas que pueblan la vastedad del mundo, que así pueda Yo, en cada forma y en todo el mundo, contribuir a la vida de todo cuanto existe hasta que todas las criaturas hayan sido liberadas .”

Esto es lo que hacen los Grandes Seres que en Oriente son llamados Mahatmas, que renuncian a la gloria para aliviar, compartiendo, los dolores y sufrimientos de la humanidad.

“¡Ay de mí! Cuando una vez hayas llegado a ser como la nieve pura del valle de las montañas, frío e inerte al contacto, tibio y protector de la semilla que duerme en la profundidad de su seno, es ahora cuando la nieve que debe recibir la quemante helada, las ráfagas del norte, protegiendo así de su cruel y cortante diente a la tierra que contiene la cosecha prometida, la cosecha que alimentará a los hambrientos.

Recluido para vivir a través de los futuros Palpas, ignorado y sin la gratitud de los hombres, encajado como una piedra dentro de otras piedras incontables que forman el Muro de Protección -(se refiere a la enseñanza de que los esfuerzos acumulados de muchas generaciones de yoghis, santos, adeptos y especialmente de los nirmanakayas, han creado, por así decir, un muro de protección alrededor de la humanidad, que protege a la humanidad de males aún mayores)-, tal es tu futuro si pasas la séptima puerta. Construida con las manos de muchos Maestros de Compasión, elevado consus torturas, encementado con su sangre, protege a la humanidad, desde que el hombre es hombre, protegiéndolo de posterior y una miseria y dolor mucho mayor .”

Con las fuertes demandas, los sacrificios heroicos de la “sustitución mística” y el sufrimiento que involucra, puede desalentar a muchos aspirantes. Quiero aclarar que “la sustitución mística” es una vocación especial, un método particular de servicio, para ser utilizado sólo por aquellos que se sientan impulsados a ello y que sientan que tienen la suficiente entereza y resistencia para soportar sus pruebas. No todos los aspirantes tienen que utilizar este método, hay otras formas de servicio, menos extenuantes y exigentes, que son igual de útiles y necesarias para la elevación general de la humanidad. Le recomendaría, a quienes sientan el generoso impulso hacia la “sustitución mística”, que procedan con ella muy cuidadosa y gradualmente y probar muchas veces su fortaleza y el poder de resistir, para aguantar las reacciones intensas y casi insoportables.

El mismo Libro de los Preceptos de Oro que contiene las sublimes palabras que acabamos de citar, nos advierten muy sabiamente:

“Si no puedes ser el sol, entonces sé el humilde planeta. Siempre, si eres privado de brillar como el sol del medio día sobre los montes cubiertos de nieve y de pureza eterna, entonces elige, ¡Oh!, neófito, un curso más humilde.

 Señala el camino, aunque tenuemente, y perdido entre la hueste, como lo hace la estrella de la noche, a aquellos que huellan el camino en la oscuridad… Proporciona luz y consuelo a los peregrinos fatigados, y busca a quienes saben menos que tú; a quienes en su desolación lastimosa, se sienten privados del pan que alimenta la sombra, sin un Maestro, esperanza o consuelo, permíteles escuchar la Ley.”

El tema que elegí me ha obligado a tratar, casi exclusivamente, el lado más oscuro y doloroso del desarrollo espiritual, pero por ningún medio deseo dar énfasis indebido a su aspecto patológico, ni dar la impresión de que quienes están en el sendero de la realización espiritual, son más propensos a ser afectados por los problemas nerviosos que las personas comunes.

Por lo tanto, deseo establecer muy claramente los siguientes puntos:

1.- En muchos casos, el desarrollo espiritual es logrado de manera gradual y mucho más armónica que lo que he descrito anteriormente, y por lo tanto, las dificultades internas y las diversas etapas son superadas sin ocasionar reacción física severa o producir síntomas definidos.

2.- Los problemas nerviosos y mentales de la persona promedio, a menudo son más serios e intensos y más difícil para ellos aguantar y para los doctores curar, que los de los aspirantes. Ellos son ocasionados mayormente por los violentos conflictos entre sus bajas pasiones, o impulsos subconscientes y la personalidad conciente; o por la rebelión contra las condiciones y personas, debido a sus deseos egoístas.

Encontramos que algunos de ellos corresponden a la interpretación de Freud (que de ninguna manera es válida para todos); otros a la fórmula de Adler, etc. A menudo es difícil curarlos  satisfactoriamente, porque su lado superior todavía no ha despertado y hay poco a lo cual recurrir para inducirlos a realizar los sacrificios necesarios o someterlos a la necesaria disciplina para producir el requerido ajuste.

3.- Los problemas nerviosos y mentales del aspirante, no importa cuán serios puedan parecer, son reacciones temporales , sub-productos, por así decir, de un proceso orgánico de crecimiento interno y regeneración. Por eso, a menudo desaparecen espontáneamente cuando termina la crisis que los ha originado, o ceden más fácilmente al tratamiento adecuado.

4.- Los sufrimientos del místico, ocasionados por las oscilaciones descendentes, en el flujo de la marea espiritual, son bien compensados, no sólo por períodos de elevación interna, sino también por el recuerdo del gran Propósito y Meta de la búsqueda.

Esta visión de la gloria es una inspiración poderosa, un consuelo infalible y una fuente constante de fortaleza y valor. Por lo tanto, deberíamos afirmar este punto especial, recordando esa visión, tan vívida y frecuentemente como nos sea posible y uno de los mayores servicios que podemos prestar a nuestros compañeros de camino es ayudarles a hacer lo mismo.

Podemos visualizar la gloria y la beatitud del logro individual e imaginarnos el esplendor del hombre espiritual, del alma liberada, el conquistador de los tres mundos del esfuerzo humano, participando concientemente del conocimiento, el poder y la beatitud de la Vida una. Podemos contemplarlo en un sentido más amplio como la gloria del Reino de Dios cumplida en la tierra; la visión de la humanidad redimida, de toda la creación regenerada y regocijándose en la manifestación de las perfecciones de Dios.

Visiones como estas son las que han capacitado a los grandes místicos y santos a soportar sonrientes las torturas internas o el martirio físico y lo que hizo exclamar a San Francisco: “ tan grande es el bien que espero, que cada dolor es un gozo para mí ”.

Considerando ahora la cuestión más estrictamente, desde el punto de vista médico y psicológico , deberíamos comprender que, mientras los problemas que acompaña a las diversas etapas del desarrollo espiritual son en su apariencia externa muy similares y, algunas veces, idénticos a los que afectan a los pacientes comunes, sus causas e importancia son muy diferentes ; de hecho, en cierto sentido, son opuestos, y diferente el tratamiento correspondiente.

Los síntomas nerviosos del paciente común , generalmente tienen un carácter regresivo. El paciente logra hacer una de las adaptaciones internas y externas que hace parte del desarrollo normal de la personalidad. Puede que tenga éxito liberándose de un apego emocional a los padres, que persiste, más tarde en la vida, como dependencia infantil sobre ellos u otros individuos, que se vuelven un sustituto.

Algunas veces es la resistencia a suplir las necesidades de la familia común y la vida social, o la incapacidad de arreglárselas con las dificultades, lo que los hace buscar refugio inconcientemente en una enfermedad e invalidez nerviosa.

En otros casos, se debe a un choque emocional de alguna clase; a una desilusión o duelo que no pueden o no desean aceptar, a lo cual reaccionan con un colapso nervioso y síntomas mentales. En todos estos casos encontramos, como característica común, un conflicto entre la personalidad conciente y ciertas partes de sus elementos inferiores e subconscientes, con la victoria final de estos últimos.

Las dificultades producidas por la tensión y el conflicto del desarrollo espiritual tienen, por el contrario, un carácter progresivo específico . La descripción que hemos dado de ellos, indican claramente que son el resultado de conflictos y desajustes temporales entre la personalidad y las energías superiores que fluyen desde el alma. Es obvio que el tratamiento apropiado para las dos categorías debe ser diferente.

En la primera categoría, el problema terapéutico consiste en ayudar al paciente a alcanzar el estado normal de la persona común; eliminando las represiones e inhibiciones, los temores y apegos; ayudándoles a pasar del egocentrismo, del turbio estado de ensoñación y del punto de vista y evaluación distorsionada emocionalmente, hasta una consideración objetiva, sana y racional de la vida normal; un reconocimiento de sus deberes y una correcta apreciación de los demás individuos. Los elementos concientes y subconscientes contrastantes, parcialmente no desarrollados y no coordinados, han de ser armonizados e integrados en una psicosíntesis personal.

 La tarea terapéutica de la segunda categoría, en cambio, es llegar a un ajuste armónico, mediante la asimilación apropiada y una integración de las energías superiores afluyentes con los elementos normales pre-existentes ; esto es, de lograr un alineamiento entre el alma y la personalidad, una psicosíntesis espiritual alrededor de un centro superior.

De esto se deduce que el tratamiento apropiado para el primer grupo no sólo es inapropiado sino, a menudo, definitivamente dañino para el paciente del segundo grupo. Su parte es doblemente difícil si cae en las manos de un doctor que no entienda y aprecie la naturaleza espiritual del hombre, que ignore o niegue la posibilidad del desarrollo espiritual. (Esto aplica no solo al médico materialista, sino a los seguidores de algunas escuelas modernas muy difundidas de psicoterapia, como la de Freud). El médico ridiculizará las aspiraciones espirituales inciertas del paciente como si fueran meras fantasías, o puede interpretarlas de manera inferior y burda. De esta manera el paciente es persuadido de que hace bien endureciendo la coraza de su personalidad, cerrándola contra el insistente llamado del alma. Por supuesto, esto solo puede agravar la condición, intensificar el conflicto y retardar la solución correcta.

Por otro lado, un doctor que esté en el sendero espiritual o que, al menos, tenga claro entendimiento y actitud de simpatía hacia los logros y realidades espirituales, puede ser de gran ayuda para el paciente. Si, como a menudo es el caso, éste está en la etapa de insatisfacción, inquietud, si ha perdido su interés por la vida, si la existencia cotidiana ha perdido su atractivo y aún no vislumbra la realidad superior, si busca alivio en la dirección errónea, vagando de aquí para allá por avenidas ciegas, entonces la revelación de la verdadera causa de su problema y la indicación de la bella solución que espera, puede obrar milagros en producir el despertar interno, que en sí mismo constituye la curación. Este es uno de los resultados más gratificantes y felices para el doctor y el paciente.

Cuando el aspirante está en la segunda etapa, la del feliz baño en la luz espiritual y los gozosos vuelos hacia los niveles superiores de conciencia, se puede brindar gran asistencia explicándole la verdadera función y la naturaleza de este estado y advirtiéndole, con delicadeza, que necesariamente es una etapa temporal; describiéndole las vicisitudes de la búsqueda . Así, quedará preparado para el momento en que suceda la reacción y se puede evitar mucho sufrimiento debido a lo inesperado de la caída y a las dudas y desalientos consecuentes.

Cuando no se ha dado dicha advertencia y el paciente es tratado durante la reacción, se le puede explicar su naturaleza temporal y brindar mucho alivio y aliento, mostrándole ejemplos de personas que estuvieron en situación similar y salieron de ella.

En la cuarta etapa de los “incidentes del ascenso”, que es el más largo y complicado de todos, el trabajo del asistente es más complejo. Algunos de los puntos más importantes de este trabajo son:

  1. Iluminar al paciente sobre lo que está sucediendo y mostrarle la correcta actitud ante ello.

  2. Enseñarle a controlar , las tendencias inferiores que surjan del subconsciente.

  3. Iniciarlo en la técnica de la transmutación de las energías psicológicas.

  4. Ayudarle a utilizar apropiadamente las energías espirituales que afluyen desde el alma.

  5. Guiarlo y cooperar con él en el trabajo general de reconstrucción de su personalidad , de la psicosíntesis espiritual.

En la quinta etapa, “la noche oscura del alma”, es más difícil brindar cualquier asistencia por la misma naturaleza que envuelve al individuo en un manto de oscuridad y dolor que lo cierra a toda ayuda efectiva. Cuando se trata con este caso, la única manera de brindar ayuda es asegurarle incesantemente que ese estado es transitorio y que de ninguna forma puede ser permanente y sin esperanza, como el paciente tiende a creer. Asegurarle, con firme convicción, el inmenso y especial valor de la crisis, y que merece la pena soportarla, no importa cuán terrible sea; inducirlo a soportarla y aceptarla en su interior con calmada resignación y paciencia. Esta ayuda puede ser más efectiva, dándole con detalles, ejemplos y descripciones de otros que han atravesado esas experiencias, como Santa Teresa, Suso y el profundo análisis hecho por San Juan de la Cruz.

En todo este trabajo, el tratamiento psicológico y espiritual no excluye el tratamiento físico apropiado, que debe ser complementario, pero no puedo ahora entrar en esa parte del tema, excepto para indicar que debería consistir especialmente en prescribir una dieta apropiada, correcta cantidad y clase de descanso, relajación y contacto con la naturaleza y los medios médicos que puedan aliviar los dolores y fortalecer la resistencia nerviosa.

En algunos casos, el tratamiento es complicado por el hecho de que existe una mezcla de síntomas regresivos y progresivos. Estos son los casos de evolución interna irregular. Dichas personas pueden alcanzar un nivel espiritual con una parte de su personalidad y, aún así, quedar inválidas por otro lado, debido a ciertas fijaciones infantiles o por estar bajo el hechizo de un complejo subconsciente. Hasta se podría decir que, un análisis más exhaustivo muestra que la mayoría de quienes están hollando el sendero espiritual, muestran remanentes de este tipo. Esto no contradice nuestra aseveración anterior de que, en la mayoría de casos, se encuentra frecuentemente, una causa regresiva o progresiva que determina la condición. Sin embargo, se debe tener presente la posibilidad de cierta mezcla de las dos tendencias y hacer un examen e interpretación muy cuidadosa de cada síntoma, para acertar con la verdadera causa y el correcto tratamiento.

Por todo lo anteriormente dicho, es evidente que para tratar los problemas nerviosos y mentales que acompañan el desarrollo espiritual, se requiere tanto de entrenamiento como aptitud, es decir la capacidad del especialista nervioso y el psicólogo, como la del estudiante serio, o aún mejor, del viajero experimentado en el sendero espiritual . Este doble entrenamiento, en el presente, se combina raramente y, por esto, considerando el creciente número de individuos que requieren dicho tratamiento, se está volviendo urgente que muchos de los que desean servir a la humanidad remediando sus grandes necesidades, deban ser inducidos a calificar para esta tarea.

El trabajo debería ser facilitado, también formando a un cuerpo de enfermeros y asistentes entrenados, que pudieran colaborar inteligentemente, con estos servidores, en algunos detalles del tratamiento.

Sería de considerable beneficio también, que la parte más inteligente del público sea mejor informada de los hechos generales que se relacionan con este tema, para hacer más fácil la tarea del paciente y del doctor, en lugar de obstruir y volver el proceso aún más complicado por la ignorancia, el prejuicio y hasta la oposición activa, como generalmente ha sido el caso hasta ahora. Esto se refiere particularmente a la familia y parientes del paciente.

Cuando este triple trabajo de iluminación haya sido logrado entre los doctores, enfermeros y el público, se evitará una gran cantidad de sufrimiento y demoras innecesarias y muchos fervientes peregrinos alcanzarán más fácil y rápidamente la elevada meta de su esfuerzo: la unión con la Realidad Divina.

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¿QUÉ ES UNA EMERGENCIA ESPIRITUAL?

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Capítulo uno de la obra “En busca del Ser: Guía para el crecimiento personal”, por Christina Grof y Stanislav Grof

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Christina y Stanislav Grof

«Y como todos aquellos que se desmayan por un exceso de placer y alegría, ella permanece como inconsciente en los brazos divinos y el pecho divino. Ya no le importa nada excepto abandonarse a esta alegría, alimentada por la leche divina… Esta embriaguez celestial en la que se deleita y se aterroriza a un tiempo… esta locura santa…»   Santa Teresa de Ávila – “Pensamientos sobre el Amor de Dios”.

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Aunque los valores espirituales han sido en general reemplazados por consideraciones materialistas o sencillamente ignorados en la sociedad moderna, ahora se hace cada vez más evidente que el deseo de trascendencia y la necesidad de un desarrollo interno son aspectos básicos y normales de la naturaleza humana.

Los estados místicos pueden ser profundamente curativos y tener un importante impacto positivo en la vida de quien los experimenta. Es más: muchos episodios difíciles en los estados alterados de conciencia pueden considerarse crisis de transformación y de apertura espiritual. Las experiencias tormentosas de este tipo — emergencias espirituales, como las hemos llamado— han sido descritas en repetidas ocasiones en textos sagrados de todas las épocas como momentos duros en el sendero místico. Las emergencias espirituales pueden definirse como etapas críticas y difíciles de atravesar en una profunda transformación psicológica que abarca todo nuestro ser. Se dan como estados alterados de conciencia, e implican emociones intensas, visiones y otros cambios sensoriales, pensamientos extraños y diversas manifestaciones físicas. Estos episodios suelen estar relacionados con cuestiones espirituales; incluyen secuencias de muerte y renacimiento psicológico, experiencias que parecen ser recuerdos de vidas pasadas, sentimientos de unidad con el universo, encuentros con diversos seres mitológicos y motivos similares.

¿QUÉ DESENCADENA UNA EMERGENCIA ESPIRITUAL?

En la mayoría de los casos se puede identificar la situación que disparó la crisis de transformación: puede ser un factor físico primario como una enfermedad, un accidente, una operación, un cansancio físico extremo o una prolongada falta de sueño. Circunstancias como éstas son capaces de bajar la resistencia psicológica al debilitar al cuerpo y, además, al funcionar como poderosos recordatorios de la muerte y la fragilidad de la vida humana. El ejemplo más dramático en esta categoría es la emergencia espiritual que sigue a una experiencia cercana a la muerte asociada a una grave crisis biológica, lo que permite acceder a experiencias trascendentales muy profundas. En las mujeres, una crisis de transformación puede ser desencadenada por la combinación del estrés físico y emocional durante el parto. Ya que dar a luz es una situación en la que existe el peligro de perder la propia vida, hay un elemento de muerte en cada nacimiento; esta experiencia lleva así a la madre a las fronteras mismas de la existencia individual: su comienzo y su fin. Esta es también la zona intermedia entre lo personal y lo transpersonal. En algunas instancias, un aborto natural o provocado puede jugar el mismo papel. A veces una transformación psicoespiritual puede comenzar durante relaciones amorosas intensas y emocionalmente desbordantes. El sexo también tiene una dimensión transpersonal importante: por un lado, es un vehículo para trascender la mortalidad biológica porque es capaz de producir una nueva vida; por el otro, nene una profunda conexión con la muerte. De hecho, los franceses llaman ‘ pequeña muerte” al orgasmo. Una unión sexual que se da en el contexto de un lazo emocional poderoso puede convertirse en una profunda experiencia mística: todas las fronteras individuales parecen disolverse y la pareja se siente reconectada con su origen divino. Además de ser la unión biológica de dos seres humanos, una situación de este tipo puede ser experimentada como la unión de los principios femenino y masculino, y alcanzar dimensiones divinas. La profunda relación entre sexualidad y espiritualidad es conocida y cultivada en las tradiciones espirituales tántricas.

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En otros casos, el comienzo de una emergencia espiritual puede rastrearse hasta hallar una experiencia emocional muy fuerte, en especial una implique una gran pérdida, tal vez el fin de una relación amorosa importante, un divorcio, la muerte de un hijo, un padre u otro pariente cercano. Con menor frecuencia, el acontecimiento desencadenante es un desastre financiero inesperado, una serie de fracasos o la pérdida de un trabajo. En algunas personas la gota que rebalsa el vaso puede ser la experiencia con una droga alteradora de la conciencia, o una sesión de psicoterapia intensa. Se conocen casos en los que una crisis de transformación comenzó en tus Sillón de dentista con la extracción de una muela utilizando oxido nitroso. La era de la experimentación descontrolada con drogas psicodélicas catapultó a mucha gente hacia la apertura espiritual, y a algunos de ellos hacia la emergencia espiritual. También hemos visto casos en los que una droga recetada por razones de salud fue el factor desencadenante. Una sesión de hipnosis llevada a cabo con la intención de aliviar un terrible dolor de cabeza puede inesperadamente producir una experiencia de muerte y renacimiento, recuerdos de vidas pasadas y otros dominios espirituales de la psique que resultaran difíciles de asimilar. Lo mismo ocurre con sesiones de psicoterapia experiencial que no se resuelven éxitosamente.

La amplia variedad de aparentes desencadenantes de la emergencia espiritual sugiere que lo más importante es la predisposición del individuo para la transformación interna, mucho más que los estímulos externos. Pero si buscamos un común denominador o un camino final en las situaciones desencadenantes, encontraremos que todas estas situaciones conllevan un cambio radical en el equilibrio entre los procesos conscientes e inconscientes. Algo ocurre que favorece el funcionamiento del inconsciente al extremo de que éste supera las percepciones comunes.

En ocasiones, las defensas del ego pueden verse debilitadas por una agresión biológica; en otros casos, un trauma psicológico interfiere con los esfuerzos de la persona, orientados hacia lo externo, redirigiéndola hacia su mundo interior. El catalizador más importante de una emergencia espiritual es un profundo compromiso con distintas prácticas espirituales. De hecho, muchas de estas han sido diseñadas para facilitar la experiencia mística al aislar al buscador de las influencias externas y orientarlo hacia su inundo interior. Es fácil de imaginar el impulso espiritual que surge de las formas activas de la adoración religiosa, como bailar en trance, los giros sufíes, la percusión de tambores, las salmodias o las letanías. Pero las crisis de transformación también pueden comenzar de manera menos dramática como la meditación sentada o en movimiento, la contemplación y la oración devocional. En la medida en que disciplinas espirituales tanto orientales como occidentales ganan popularidad, más y más gente parece experimentar crisis de transformación relacionadas directamente con sus prácticas. Se han puesto en contacto con nosotros en repetidas ocasiones personas cuyas experiencias ocurrieron durante la práctica de la meditación zen, la meditación budista vipassana, el Yoga Kundalini, los ejercicios sufíes, la oración cristiana o la contemplación monástica.

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¿QUÉ ES EL SURGIMIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD?

Para comprender el problema de la emergencia espiritual, uno debe verlo en el contexto más amplio del surgimiento de la espiritualidad, como la complicación de un proceso de evolución que lleva a una forma de vida más madura y realizada. Las enseñanzas místicas de todos los tiempos giran alrededor de la idea de que la sola búsqueda de bienes y meras materiales no expresa en absoluto el potencial del ser humano. De acuerdo con este punto de vista, la humanidad es una parte integral de la energía creadora y la inteligencia del cosmos, y es, de alguna forma, idéntica y conmensurable con él. El descubrimiento de la propia naturaleza divina puede conducir a una forma de ser, tanto a escala individual como colectiva, incomparablemente superior a lo que se considera normal. El filósofo neoplatónico Plotino lo sintetizó de esta manera: “La humanidad está a mitad de camino entre los dioses y las bestias”.

Muchos sistemas espirituales han descrito niveles y estados mentales más altos que conducen a la realización de la propia naturaleza divina y a la conciencia de Dios. Este espectro del ser es caracterizado por un aumento progresivo en la sutileza y el refinamiento, un menor grado de densidad, una mayor percepción abarcadora y una mayor participación en la inteligencia cósmica. El sistema más conocido que refleja las posibilidades del desarrollo de la conciencia es la idea india de los siete chakras, o centros de energía psíquica. Los chakras están ubicados en diferentes niveles del eje central del organismo humano, en el llamado cuerpo energético o “cuerpo sutil”. El grado de apertura u obstrucción de los chakras de una persona determina la forma en la que vive el mundo y se relaciona con él. Los tres chakras inferiores gobiernan las fuerzas que impulsan el comportamiento humano antes del despertar espiritual —el instinto de supervivencia, la sexualidad, la agresión, la competitividad y el consumismo—. Los chakras superiores representan el potencial de experimentar y llegar a niveles del ser cada vez más imbuidos de la conciencia cósmica y la percepción espiritual.

En términos generales, el surgimiento de la espiritualidad puede definirse como el paso de un individuo a una forma de ser más expandida, lo que entraña una mayor salud emocional o psicosomática, una mayor libertad en las elecciones personales, un sentido de profunda conexión con las otras personas, la naturaleza y el cosmos. Una parte importante de es te desarrollo lo constituye el aumento de la percepción de la dimensión espiritual de la propia vida y el esquema universal de las cosas. Todos los seres humanos poseen la característica innata de ser capaces de desarrollar su espiritualidad. La capacidad de crecer espiritualmente es tan natural como la disposición de nuestros cuerpos hacia el crecimiento físico, y el renacimiento espiritual es una parte tan normal de la vida humana como el nacimiento biológico. Como el nacimiento, durante siglos el surgimiento de la espiritualidad ha sido considerado por muchas culturas como una parte intrínseca de la vida; y, así como el nacimiento, también ha sido patologizado en la sociedad moderna. Las experiencias que ocurren durante este proceso abarcan un amplio espectro de profundidad e intensidad, yendo desde lo muy suave hasta lo desbordante y perturbador.

DEL SURGIMIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD A LA EMERGENCIA ESPIRITUAL

Los procesos del despertar espiritual son tan sutiles y graduales que suelen volverse casi imperceptibles. Luego de un período de meses o años, una persona mira hacia atrás y se da cuenta de que su comprensión del mundo, sus valores, sus parámetros éticos y estrategias de vida han cambiado profundamente. Tal vez el cambio comience con la lectura de un libro que transmita un mensaje tan claro y convincente que sea imposible de ignorar. Se deseará saber y conocer más; luego, por coincidencia, su autor dará una conferencia en esa ciudad. Así, se conocerán otras personas que comparten ese entusiasmo, se descubrirán otros libros y se concurrirá a más conferencias y talleres. ¡Ha comenzado el viaje espiritual! En otras ocasiones, la percepción de lo espiritual se introduce en la vida como una percepción más profunda, distinta de las situaciones de la vida cotidiana. Tal vez, alguien entre en la catedral de Chartres con un tour y, súbitamente, se sienta desbordado por el coro y la música del órgano, por el juego de la luz en los vitrales, por la grandeza de las arcadas góticas. El recuerdo de ese gozo y la sensación de estar conectado con algo más grande que uno mismo permanece.

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Transformaciones similares de la percepción han ocurrido durante una travesía en un bote de goma a través de la majestuosa belleza del Gran Cañón del Colorado, o en cualquier otro ambiente natural impresionante. Para muchos, la puerta a los dominios trascendentales se ha abierto a través del arte. Ninguna de estas personas podrá volver a considerarse a sí mismo como un ser aislado. Han tenido experiencias vívidas y convincentes que los transportaron más allá de las restricciones de su cuerpo físico y de un concepto limitado de si mismos hacia una conexión con algo externo a ellos. No obstante, cuando el surgimiento de la espiritualidad es muy rápido y dramático, este proceso natural puede devenir en una crisis y transformarse en una emergencia espiritual. La gente en tales crisis se ve bombardeada por experiencias internas que desafían sus viejas creencias y formas de vida, y su relación con la realidad puede cambiar con mucha rapidez. De golpe se sienten incómodos en un mundo antes conocido y es probable que hasta les resulte difícil enfrentar las exigencias de la vida cotidiana. Tal vez tengan graves problemas para distinguir su mundo interior de visiones del mundo exterior de la realidad cotidiana, así como es también factible que experimenten potentes energías que les recorren el cuerpo y les causan temblores incontrolables. Llenos de miedo y resistencia, lo más probable es que gasten mucho tiempo y emergía en tratar de controlar lo que sienten como un acontecimiento interno arrollador. Quizás se sientan impulsados a hablar de sus experiencias y percepciones con cualquiera, y parezcan estar desconectados de la realidad, partidos o con delirios mesiánicos. Sin embargo, cuando se les ofrece comprensión y guía, en general cooperan y están agradecidos por tener a alguien con quien compartir su travesía.

El criterio básico para constatar cuándo el surgimiento de la espiritualidad se ha convertido en una emergencia espiritual está resumido en la Tabla 1. Debería destacarse que el surgimiento de la espiritualidad y la emergencia espiritual representan un continuum no siempre fácil de diferenciar. A lo largo de este libro, utilizaremos el término emergencia espiritual por considerarlo conveniente y para simplificar, aunque en ocasiones hablaremos de situaciones que, para ciertas personas y en condiciones específicas, responden mejor ‘a la categoría del surgimiento de la espiritualidad.

EL POTENCIAL CURATIVO DE LAS EMERGENCIAS ESPIRITUALES

Aun los más dramáticos y difíciles episodios de una emergencia espiritual son etapas naturales en el proceso de la apertura espiritual; pueden ser benéficos si las circunstancias son favorables. La activación de la psique que caracteriza a tales crisis entraña una limpieza total de viejos re cuerdos y fijaciones traumáticas. Este proceso es, por su misma naturaleza, potencialmente curativo y transformador. Sin embargo, tanto es el material psicológico que sale a la superficie desde los distintos niveles del inconsciente que interfiere con el funcionamiento cotidiano de la persona que lo experimenta. Por lo tanto, no es la naturaleza ni el contenido de estas experiencias sino su contexto lo que las hace parecer patológicas.

Estados similares no sólo serían aceptables sino también deseables en psicoterapia experiencial con una guía experta, pero su larga duración —a diferencia de las sesiones terapéuticas, estas experiencias pueden durar días o hasta semanas— requiere que se tomen medidas especiales. Teniendo presentes estas consideraciones, creamos el término “emergencia espiritual”. Implica un juego de palabras: la palabra emergencia, sugiere una súbita crisis, proviene del latín emergere (surgir, elevarse, aparecer). Esta palabra indica así una situación precaria, pero también la posibilidad de elevarse a un estado más alto del ser. El pictograma chino para crisis representa perfectamente esta idea: está compuesto de dos signos primarios, uno de los cuales significa “peligro”, mientras que el Otro significa “oportunidad”.

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Reconocer la naturaleza dual de la emergencia espiritual —peligro y oportunidad— tiene importantes consecuencias teóricas y prácticas. Si se las comprende correctamente y se las trata como un estadio difícil en un proceso natural de desarrollo, las emergencias espirituales pueden conducir a una curación a nivel emocional y psicosomático, a cambios profundos y positivos de la personalidad y a la solución de muchos de los problemas de la vida. Antes de proseguir explorando la idea de la emergencia espiritual y lo que ésta implica, es necesario aclarar algunos de los conceptos básicos que utilizaremos. Los principales temas a aclarar son el rol del inconsciente en la psicoterapia, la espiritualidad y su relación con la religión, y, sobre todo, la naturaleza del conjunto de experiencias que la psicología moderna llama “transpersonales”.

TABLA 1.

DIFERENCIAS ENTRE EL SURGIMIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD Y LA EMERGENCIA ESPIRITUAL

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La vida del ser humano entraña muchos desafíos biológicos y psicológicos, así como también experiencias traumáticas. Durante la infancia, a menudo se dan enfermedades, heridas, operaciones y una variedad de agresiones emocionales. El mismo proceso de salir a este mundo en el nacimiento significa un gran trauma físico y psicológico que dura muchas horas y hasta días. Algunos de nosotros hemos sufrido graves crisis durante nuestra gestación: enfermedades o estrés emocional en la madre, distintas influencias tóxicas, y aun el peligro de un aborto natural o intencional. Se olvidan o reprimen muchos de estos recuerdos, pero no pierden su importancia psicológica; es más, quedan grabados profundamente en nuestro interior y pueden ejercer una influencia poderosa en nuestras vidas.

INCONSCIENTE, PSICOTERAPIA Y CURACIÓN

Fue el fundador del psicoanálisis, el psiquiatra austriaco Sigmund Freud, quien presentó por primera vez evidencia convincente de que nuestra psique no se limita a los procesos que nosotros percibimos, sino que existen vastas regiones que permanecen detrás del umbral de la con ciencia la mayor parte del tiempo. Freud llamó a esta dimensión de la psique “el inconsciente”. Des cubrió que los recuerdos reprimidos y olvidados de la infancia y períodos posteriores a ésta pueden salir a la superficie en pesadillas perturbadoras. También son una fuente importante de distintos desórdenes emocionales y psicosomáticos y pueden causar diversas formas de comportamiento irracional e interferir con el desarrollo satisfactorio de nuestra vida. Durante el proceso terapéutico —al que Freud llamó psicoanálisis—, las asociaciones libres del paciente y las interpretaciones brindadas por el psiquiatra ayudan a traer este material inconsciente a la conciencia y a reducir su influencia perturbadora en la vida cotidiana.

La contribución de Freud a la psicología y a la psicoterapia fue revolucionaria y precursora. Sin embargo, su modelo teórico quedó limitado a la biografía postnatal: él intentó basar la explicación de todos los procesos psicológicos en la vida después del nacimiento. De la misma manera, su técnica terapéutica de intercambio verbal era una herramienta relativa mente débil para penetrar en el inconsciente, y un método lento que in sumía una gran cantidad de tiempo para curar y transformar. Uno de los discípulos de Freud, el renegado psicoanalítico Otto Rank, llevó a este modelo considerablemente más lejos al atraer la atención de los círculos profesionales sobre la importancia psicológica del trauma del nacimiento. Las observaciones de Rank, que pasaron inadvertidas durante muchos años, han sido confirmadas plenamente en las últimas tres décadas por parte de varias psicoterapias experienciales. En los últimos años ha habido conferencias dedicadas a los problemas de la psicología pre y perinatal en especial, una disciplina que estudia la influencia que ejercen en la mente humana las experiencias que ocurren antes y durante el parto.

La investigación del discípulo suizo de Freud, Carl Gustav Jung, cosechó conclusiones tan asombrosas y revolucionarias que aún no han sido completamente asimiladas y aceptadas en los círculos académicos. Jung llegó a la conclusión de que el inconsciente humano contiene más que lo derivado de la historia individual. Además del “inconsciente individual” freudiano, también hay un “inconsciente colectivo”, que contiene los recuerdos y la herencia cultural de toda la humanidad. De acuerdo con Jung, los patrones universales y primordiales del inconsciente colectivo o “arquetipos” son de naturaleza mitológica. Las experiencias que tienen que ver con esta dimensión arquetípica de la psique imparten un sentido de lo sagrado o “numinoso”, en los términos de Jung. Cuando se permite que los contenidos altamente cargados emocionalmente del inconsciente salgan a la superficie, se experimenten en plenitud y se asimilen a lo consciente, pierden el poder de influir sobre nosotros en forma negativa. Este proceso es la meta principal de las psicoterapias profundas. Algunas de las escuelas más antiguas obtienen este logro a través de un diálogo terapéutico; las innovaciones más recientes incluyen acercamientos que facilitan la experiencia física y emocional del material previamente inconsciente.

Algo similar ocurre durante las emergencias espirituales, pero en forma espontánea y a menudo por causas desconocidas. En ocasiones, la cantidad de material inconsciente que emerge de los niveles más profundos de la psique es tan grande que una persona puede llegar a tener dificultad para manejarse eficazmente en su vida diaria. Sin en t a pesar de sus manifestaciones dramáticas, este acontecimiento tormentoso es esencialmente un intento del organismo de simplificar su funcionamiento, dejar de lado viejas fijaciones y programas negativos y curarse a si mismo. Una persona que comprende esto y cuenta con un buen sistema de apoyo es capaz de cooperar con el proceso y beneficiarse con el.

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ESPIRITUALIDAD, RELIGION Y LA EXPERIENCIA DE LO DIVINO

Para evitar confusiones, nos gustaría describir lo que nosotros comprendemos por el término espiritualidad y en qué sentido lo utilizaremos. La palabra espiritualidad debería reservarse para situaciones que entrañan una experiencia personal de ciertas dimensiones de la realidad que les dan a la propia vida y existencia en general una cualidad numinosa. CG. Jung utilizaba el termino numinoso para describir una experiencia de lo sagrado, lo santo o lo extraordinario. La espiritualidad es algo que caracteriza la relación del individuo con el universo y no requiere necesariamente de una estructura formal, un ritual colectivo o la mediación de un sacerdote. En contraste la religión es una forma de actividad grupal organizada que puede o un conducir a una verdadera espiritualidad, de acuerdo con el grado en que provea un contexto propicio para el descubrimiento personal de las dimensiones numinosas de la realidad. Mientras que en la cuna de todas las grandes religiones se hallan las revelaciones visionarias de sus fundadores, profetas y santos, en muchas instancias las religiones han perdido la conexión con este núcleo vital a través del tiempo.

La palabra moderna para designar la experiencia directa de las realidades espirituales es “transpersonal”, lo que significa que trasciende la forma usual de percibir e interpretar al mundo desde la posición de un individuo o cuerpo-ego separado de aquél. Existe una disciplina enteramente nueva, la psicología transpersonal, que se especializa en experiencias de este tipo y lo que estas implican. Las conclusiones del estudio de los estados transpersonales de conciencia son de vital importancia para el concepto de emergencia espiritual. Los estados que entrañan un encuentro personal con las dimensiones numinosas de la existencia pueden dividirse en dos grandes categorías. En la primera hallamos las experiencias de lo “Divino inmanente”, o percepciones de la inteligencia divina que se expresa a sí misma en el mundo de la realidad diaria. Toda la creación —gente, animales, plantas y objetos inanimados- — aparece permeada por la misma esencia cósmica y luz divina. Una persona, en este estado, de pronto ve que todo en el universo es una manifestación y una expresión de la misma energía cósmica creadora, y que la separación y los límites son ilusorios. Las experiencias de la segunda categoría no representan una percepción diferente de lo ya conocido, sino que revelan una gama más amplia de dimensiones de la realidad ocultas a la percepción humana, e inaccesibles en un estado normal de conciencia. Nos referiremos a éstas como experiencias de lo “Divino trascendente”. Un ejemplo típico seria una visión de Dios como una fuente radiante de luz que posee una belleza sobrenatural, o la sensación de fusión e identificación con Dios percibido de esta manera. Las visiones de seres arquetípicos como deidades, demonios, héroes legendarios y guías espirituales también pertenecen a esta categoría. Otras experiencias abarcan no sólo entidades individuales sobre humanas sino reinos mitológicos enteros, como cielos, infiernos y purgatorios, o diversos paisajes y regiones desconocidas.

Lo que nos interesa en este punto son las consecuencias prácticas de los encuentros personales con las realidades espirituales. Para las personas que lo han vivido la existencia de lo inmanente y trascendente divino no es una cuestión de creencias infundadas sino un hecho basado en una experiencia directa, tal como nuestra actitud hacia la realidad material de nuestra vida cotidiana se basa en percepciones sensoriales de primera mano. Por el contrario, una creencia es una opinión sobre la naturaleza de la realidad basada en una forma específica de educación, adoctrinamiento o lecturas religiosas; carece de una certificación experimental.

Tales estados transpersonales pueden ejercer una influencia benéfica de transformación en aquellos que los experimentan. Es probable que alivien diferentes desórdenes emocionales y psicosomáticos, así como también dificultades en las relaciones interpersonales. Asimismo, son capaces de reducir las tendencias agresivas, mejorar la autoimagen, incrementar la tolerancia hacia los demás y elevar la calidad de vida. Entre otros efectos posteriores positivos se halla una profunda sensación de conexión con la gente y la naturaleza. Estos cambios de actitud y comportamiento son consecuencias naturales de las experiencias transpersonales; el individuo los acepta y abraza voluntariamente, sin ser forzado por mandatos, preceptos, órdenes o amenazas de castigo externas. Una espiritualidad de este tipo, basada en una revelación directa personal, es muy usual en las ramas místicas de todas las grandes religiones y sus órdenes monásticas, que utilizan la meditación, las letanías, la oración y otras prácticas para inducir estos estados transpersonales de la mente. Hemos visto en repetidas ocasiones cómo las experiencias espontáneas durante una emergencia espiritual tienen un potencial similar si se dan en un contexto de comprensión y apoyo.

LAS EMERGENCIAS ESPIRITUALES Y LA PSIQUIATRIA OCCIDENTAL

Desde un punto de vista tradicional, tal vez parezca imposible que experiencias tan dramáticas y desorganizantes como las que constituyen las formas más extremas de la emergencia espiritual puedan ser parte de un proceso natural y, mucho menos, de un proceso curativo que favorezca la evolución. En el modelo médico, las manifestaciones psicológicas y físicas de tales estados son vistas como síntomas de un proceso de enfermedad grave. Se las llama “psicosis”, lo que para el pensamiento psiquiátrico convencional implica “enfermedades de etiología desconocida”. La idea es que un proceso biológico, cuya naturaleza y su causa aún no han sido descubiertas, es responsable no sólo de la aparición de estas experiencias anormales, sino también de su contenido. Que el contenido de estos estados transformadores de la conciencia suela ser místico es considerado como una mayor evidencia aun de que se está ante una enfermedad. La visión del mundo creada por la ciencia occidental que domina nuestra cultura es, en su forma más rígida, incompatible con cualquier noción de espiritualidad. En un universo don de sólo lo tangible, material y mensurable es real, toda forma de fenómeno religioso o místico aparece como producto de la superstición y sugiere la falta de educación, la irracionalidad, y una tendencia hacia el pensamiento mágico primitivo. Cuando ocurren en personas inteligentes y con educación, se atribuyen a una inmadurez emocional y a conflictos infantiles con la autoridad paterna que no han sido resueltos. Las experiencias personales de las realidades espirituales son entonces interpretadas como psicóticas, como manifestaciones de una enfermedad mental. A pesar de que existen muchas excepciones, la psiquiatría y la psicología en general no distinguen entre misticismo y psicopatología. No hay un reconocimiento oficial de que las grandes tradiciones religiosas han estado embarcadas durante siglos en un estudio sistemático de la con ciencia ni de que puedan aportar algo a nuestra comprensión de la psique y la naturaleza humana. De esta forma, los conceptos y las prácticas que se encuentran en el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el Islam y otras tradiciones místicas, basadas en siglos de una profunda exploración y experimentación psicológica, son indiscriminadamente ignorados y dejados de lado, junto con diversas supersticiones y creencias ingenuas de las religiones populares. Esta actitud hacia la espiritualidad en general, y hacia las emergencias espirituales en particular, tiene graves consecuencias prácticas: se considera a las personas que atraviesan crisis de transformación como enfermas mentales y se les da el tratamiento de rutina con medicación inhibidora. Sin embargo, creer que se trata de una enfermedad en el sentido médico no tiene fundamento, ya que hasta el momento no ha habido descubrimientos clínicos o de laboratorio que lo confirmen. Aun si se descubrieran cambios biológicos relevantes, éstos solamente explicarían por qué diversos elementos salen a la superficie en un momento dado desde el inconsciente, pero no explicarían los contenidos en sí mismos. Además, encontrar un factor desencadenante específico de es tos episodios no excluye necesariamente la posibilidad de que el proceso sea curativo. Por ejemplo: en el curso de psicoterapias experienciales profundas y distintos rituales de curación, el material del inconsciente emerge en respuesta a disparadores conocidos, corno un aumento en el ritmo respiratorio, música o sustancias psicoactivas. Además, existen problemas con el diagnóstico clínico de las psicosis y sus diferentes formas. Distintos médicos clínicos e investigadores disienten considerablemente sobre algunos de los aspectos fundamentales, y las posiciones de distintas escuelas de psiquiatría se contradicen entre sí. La clasificación oficial de los desórdenes psiquiátricos también varía de acuerdo con el país, y los antropólogos han demostrado la relatividad cultural de las que son consideradas formas de experiencia y comporta miento normales y aceptables. Si nos acercamos a la emergencia espiritual con el espíritu del modelo médico, la aparición de los síntomas parecería ser el comienzo de una enfermedad, y su intensidad indicaría la seriedad de la situación. De acuerdo con el acercamiento alternativo que aquí sugerimos, los problemas preceden a los síntomas, pero existen en forma latente. La primera aparición de los síntomas es el comienzo del proceso curativo, y su intensidad indica la rapidez de la transformación. Aun en el contexto del modelo médico, una estrategia que se limite a suprimir los síntomas no sería considerada satisfactoria si una intervención más específica y eficaz fuera conocida y estuviera disponible. La importantísima función de la terapia consiste en producir una situación en la que no sea necesario que los síntomas aparezcan, no una situación en la que los síntomas no puedan aparecer. Nadie apreciaría a un mecánico que soluciona el problema de la luz roja de advertencia que aparece en el tablero sacando el cable que se conecta con ella. Es así que existen razones de peso para reconocer la importancia de las emergencias espirituales y extirparlas del mareo de trabajo del modelo médico. En personas que sufren una crisis de transformación de este tipo, el uso insensible de etiquetas patológicas y de distintas medidas represivas, incluyendo el control indiscriminado de los síntomas por medio de la medicación, puede interferir con el potencial positivo del proceso. La consecuente dependencia a largo plazo de los tranquilizantes (con sus conocidos efectos secundarios), la pérdida de la vitalidad y una forma de vida sumisa presentan un penoso contraste con aquellas poco usuales situaciones en las que una crisis de transformación es apoyada y valorada permitiendo su natural finalización. Por esto es extremadamente importante aclarar el concepto de emergencia espiritual y desarrollar acercamientos eficaces y englobadores en su tratamiento, así como sistemas de apoyo adecuados.

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PSICOSIS VERSUS EMERGENCIAS ESPIRITUALES

Una de las preguntas que se realizan con mayor frecuencia al hablar de emergencia espiritual es: ¿Cómo hace uno para distinguir entre una emergencia espiritual y una psicosis? Como hemos señalado, el término psicosis no está definido con exactitud y objetividad en la psiquiatría contemporánea. Hasta que esto ocurra, será imposible brindar una delimitación clara entre estas dos condiciones. En las presentes circunstancias, tiene mucho más sentido preguntar qué características de un estado alterado de conciencia sugieren que se pueden esperar mejores resultados con estrategias alternativas que con un tratamiento basado en el modelo médico. El primer criterio importante es la ausencia de tina enfermedad detectable con las herramientas de diagnóstico existentes. Esto elimina aquellos estados en donde la causa primaria se encuentra en una infección, tina intoxicación, desórdenes metabólicos, tumores, perturbaciones circulatorias o enfermedades degenerativas. Los cambios en la conciencia de las personas que entran en la categoría de emergencia espiritual son cualitativamente diferentes de aquellos asociados a psicosis de origen orgánico, y pueden ser reconocidos con facilidad cuando se cuenta con la suficiente experiencia (para más información, ver la tabla 2 en la página). Como el término emergencia espiritual lo sugiere, las características adicionales de una crisis de transformación son la conciencia de la persona que se ve envuelta en ella de que el proceso está relacionado con cuestiones espirituales críticas de la vida, y su conocimiento del contenido transpersonal de las mismas. Otra particularidad importante es la habilidad de diferenciar hasta un grado considerable entre las experiencias internas y el mundo de la realidad consensuada. El uso sistemático del mecanismo de la proyección —rechazar las experiencias internas como propias y atribuirlas a influencias provenientes de otras personas y circunstancias externas— es un grave obstáculo para el tipo de acercamiento psicológico aquí descrito. La gente que sufre de estados paranoicos graves, alucinaciones acústicas hostiles (“voces”) y fantasías persecutorias, recurrentemente cae en proyecciones de este tipo, de contenidos inconscientes, y actúa bajo su influencia. No se la puede alcanzar con las nuevas estrategias, aun cuando ciertos aspectos de sus experiencias parecen pertenecer a la categoría de la emergencia espiritual. A menos que, gracias a un trabajo terapéutico sistemático se cree una situación en la que haya una percepción adecuada de la naturaleza del proceso y un suficiente grado de confianza, tal vez estas personas requieran medicación supresiva. Las diferencias importantes, tanto en la actitud hacia los procesos in ternos corno hacia el estilo experiencial, pueden ilustrarse describiendo a dos pacientes hipotéticos que le cuentan sus problemas a un psiquiatra; representan los polos opuestos de un continuum de posibilidades. El primero llega a la consulta y relata lo siguiente: “En las tres últimas semanas he estado viviendo toda clase de experiencias extrañas. Mi cuerpo está cargado con una energía increíble que fluye continuamente por mi columna y se atasca en el cóccix, entre los omóplatos y en la base de mi cráneo. A veces es muy doloroso. Me resulta difícil dormir y con frecuencia me despierto en la mitad de la noche transpirando y tremendamente ansioso. Me da la extraña sensación de que acabo de llegar de algún sino lejano pero no sé de dónde. ‘Tengo visiones de situaciones que parecen provenir de otras culturas y otros siglos. No creo en la reencarnación, pero a veces siento como si estuviera recordando cosas de vidas anteriores, como si hubiera vivido antes. Otras veces, veo luces brillantes o imágenes de deidades y demonios, y cosas corno de cuento de hadas. ¿Ha escuchado algo así alguna vez? ¿Qué me esta pasando? ¿Me estoy volviendo loco?”. Esta persona está desconcertada y contundida por una serie de experiencias, pero tiene consciencia de que el proceso es interno, y muestra estar dispuesta a recibir ayuda y consejo. Esto clasifica al proceso como una posible emergencia espiritual y sugiere una buena resolución. El segundo paciente llega con una actitud muy distinta, menos a pedir consejo que a presentar una historia clara, a quejarse y a culpar a otros: ‘Mi vecino quiere matarme. Está bombeando gases tóxicos en mi sótano a través de un conducto que construyó en secreto. Envenena mi comida y mis reservas de agua. No tengo privacidad; puso muchísimos micrófonos en todas partes. Mi salud esta en peligro, mi vida está amenazada. Todo esto es parte de un complot pagado por la Mafia, están ofreciendo abultadas sumas de dinero para librarse de mí. Soy un estorbo para ellos porque mi alto nivel moral se interpone con sus planes”. Cualesquiera sean las causas de esta condición, un paciente en esta categoría no tiene la percepción fundamental de que este estado de cosas tiene que ver con su propia psique. Como resultado, no querrá otra ayuda que la necesaria para luchar contra sus supuestos perseguidores, como iniciar acciones legales o quitar todos los micrófonos de su casa. Es más, probablemente vea al terapeuta como un enemigo potencial más que como una ayuda. Por estas razones será un mal candidato para cualquier trabajo basado en los principios que se desarrollan en este libro.

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