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Posts Tagged ‘Daniel Suárez Artazu’

INTRODUCCIÓN

En la época gloriosa del Espiritismo español anterior al drama de la guerra civil de 1936, mucho se publicó para hacer llegar al pueblo el ideario liberador, los principios de sabiduría y los horizontes de progreso que la doctrina de los espíritus proponía a la consideración del entendimiento de hombres y mujeres de buena voluntad. Fue muy frecuente, entre estas publicaciones que vieron la luz en aquellas décadas, la aparición de hojas volanderas y folletos varios con declaraciones y alternativas del movimiento espírita ante las diversas problemáticas sociales, así como textos de discursos, conferencias y, en ocasiones, de comunicaciones mediúmnicas que por la importancia de su contenido, merecieron el esfuerzo de aparecer impresas.

Muchas de estas sencillas publicaciones, en buena medida directamente conectadas a la actualidad de entonces, han llegado hasta nosotros, otras, desgraciadamente, no. Entre las primeras figuran las dos comunicaciones complementarias que reproducimos seguidamente.

Atribuidas a los espíritus de Marieta y Cervantes, fueron recibidas por intermedio del conocido médium Daniel Suárez Artazu en la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza, una de las más importantes de aquella época, y publicadas en forma de folleto por la misma Sociedad en 1873, en la editorial Juan Torrents, de Barcelona, con el título “Ventajas del Espiritismo, por los espíritus de Marietta y Cervantes”. En años posteriores se volvió a reeditar, como, por ejemplo, lo hizo la editorial Maucci (Barcelona, 1900).

Sin dejar de reconocer que algunas expresiones tienen el gusto y el tono de la época, su contenido sigue plenamente vigente y merecen una lectura detenida en este siglo XXI, a lo que invitamos a nuestros amigos y visitantes.

Idafe

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Retratos mediúmnicos de Cervantes yMarietta

I

Oíd y sabréis, tal cual os podré decir y tal cual podréis comprender las ventajas del Espiritismo.

En el infinito lleno de materia y espíritu, nada muere.

Lo que en la encarnación llamáis muerte en la materia, no es más que la descomposición de un Ser perfecto, para perfeccionarse más

Lo que en la erraticidad llamamos muerte, en el espíritu no es más que su inmersión en la materia para depurarse mejor.

Cuando los encarnados decís que la materia muere, no os apercibís de que un espíritu recobra su libertad; cuando los desencarnados decimos que un espíritu muere, apenas recordamos que a la materia anima.

La descomposición de la materia da vida al espíritu y la encarnación del espíritu en la materia da vida a ésta.

Y de esta acción y reacción de materia y espíritu, resulta la verdadera vida, la mejor manera de ser, la perfección y el progreso.

Los mundos, el hombre y todos los demás seres mueren al parecer; el espíritu sujeto a la materia parece que se asfixia en ella. No. La materia y el espíritu se necesitan, se buscan, se combinan, salen de sí mismos, y se separan para buscar sus centros y llegar a ellos más depurados, más perfectos.

El espíritu perfeccionado busca materia perfeccionada a su altura.

El ser orgánico que se llama hombre, tiene espíritu perfecto, que responde a la perfección de su organismo.

El espíritu que en el hombre vive, encuentra en él condiciones para desarrollar y poner en actividad la idea que de Dios tiene.

Rudo fue el hombre en su principio, pero de generación en generación se perfecciona. Rudas fueron también sus ideas, ruda la idea de Dios; pero como de siglo en siglo más y más se perfeccionan, hoy la idea de Dios en el hombre es más verdadera, más digna, más elevada.

A tal idea de Dios, tal culto y tal religión.

La idea ruda y mezquina de Dios, produjo dioses rudos y mezquinos que se codeaban con los hombres, dioses a la altura del hombre, dioses que veía y tocaba, y que siendo hechura de sus propias manos, tenían para su desgracia todas sus pasiones y ninguna de sus virtudes.

Pero perfeccionándose el hombre y elevando su pensamiento más y más, su Dios también fue subiendo, hasta sentarse en el cielo.

II

Ese cielo del que apenas percibís algunos puntos luminosos, todo es materia.

Y si adquiriendo la extraordinaria velocidad del rayo de luz, os fuera fácil salvar sus distancias inmensas, por mucho que os remontarais, siempre veríais un cielo suspendido a incalculable distancia: materia sobre vuestras cabezas, materia y materia bajo vuestros pies.

El cielo de vuestros ojos materiales, materia es. La materia es una verdad que sentís latir en vosotros mismos y que veis girar en el infinito.

El espíritu es otra verdad que sentís pensar en vosotros y que presentís en la eternidad.

Pero no basta presentir: es preciso ver.

Si sentís la materia en vosotros y en el infinito la veis, al espíritu lo sentís, pero en la eternidad no lo veis.

Lo que se siente y no se ve, no satisface a la comprensión; no basta, pues, presentir: es preciso ver.

El Espiritismo tiende a enseñar el cielo del espíritu con su luz esencial, que es la inteligencia, como Ia luz esencial de la materia os enseña el cielo material que os cubre.

Por eso eI Espiritismo es luz.

Luz que ilumina un cielo, en el que por mucho que se remonte el pensamiento, siempre encontrará cielo eternamente encima y abajo eternamente cielo.

Sentís, pero no veis el cielo del espíritu; el Espiritismo os lo enseñará y lo veréis.

Pero veréis, no como los ojos materiales ven lo que sólo pueden alcanzar: veréis, como la inteligencia ve, lo que sabe penetrar.

Tenéis inteligencia, es decir, luz; aplicadla y veréis.

III

Todas las religiones han creído decir su última y primera palabra; el Espiritismo dijo su primera y sabe que jamás dirá la última.

Todas las religiones salvan o condenan; el Espiritismo salva siempre.

Todas las religiones vengan y castigan el mal; el Espiritismo no lo venga ni castiga; lo corrige y enmienda.

Todas las religiones tienen hijos privilegiados; para eI Espiritismo no hay ser que no lo sea.

Todas Ias religiones tienen cielos, más allá de los cuales nada mejor existe; el Espiritismo tiene un cielo para cada cielo.

Todas las religiones son exclusivas: ninguna otra creencia cabe dentro de las suyas; el Espiritismo no rechaza ninguna para corregirlas.

Muchas religiones castigan la materia como despreciable; el Espiritismo enseña a conservarla como cosa digna.

Muchas religiones, con la ciencia riñen; el Espiritismo se asienta en ella.

Todas las religiones no dan al espíritu más morada que la tierra entre dos límites: uno de placer y otro de pena eterna; el Espiritismo le da por morada el universo sin límites de felicidad y gloria.

Todas las religiones maldicen a quien las daña y contradice; el Espiritismo no ha por qué, y asegura felicidad para todos.

Todas las religiones definen a su Dios, de lo que resulta un definido humano: el Espiritismo no lo define, porque nada humano puede definir lo que está fuera de humanidad.

Todas las religiones prometen; el Espiritismo promete y asegura a todos.

Las promesas de muchas reIigiones son limitadas; las del Espiritismo, no.

Los adeptos de muchas religiones, obedecen; los del Espiritismo, cumplen.

Muchas religiones castigan a quienes no obedecen sus mandatos, que, a pesar del castigo, pueden quedar no cumplidos; el Espiritismo obliga a cumplir, haciendo ver la falta.

Muchas religiones se hacen obedecer más bien por el terror; el Espiritismo, siempre por amor al bien.

Muchas religiones llenan; el Espiritismo rebosa.

Todas las religiones tienen vacíos dondequiera que lo desconocido está; el Espiritismo sólo ve llenos que algún día espera llegar a conocer.

Para abrazar muchas religiones es preciso cerrar los ojos y cruzar los brazos; para abrazar eI Espiritismo es preciso extender los brazos y abrir los ojos.

Para escuchar la verdad que entrañan muchas religiones, es necesario inclinar la frente y cegar la razón; para escuchar las verdades del Espiritismo, es necesario mirar al cielo y desplegar la inteligencia.

Muchas religiones hablan; el Espiritismo hace hablar.

Muchas religiones, al adorar, piden, porque creen en el bien y en el mal; en el Espiritismo, la adoración es gratitud, porque sólo cree en el bien.

Muchas religiones rechazan lo que no es obra suya; el Espiritismo recibe para corregir.

El paganismo embrutece; el judaísmo humaniza; el mahometismo embriaga; el cristianismo civiliza, y el Espiritismo eleva.

El pagano toca a su Dios; el judío le siente; el mahometano sueña en él; el cristiano le ama; el espiritista le ensalza.

Para el pagano cualquier cosa es Dios, para el judío es Señor; para el mahometano es Alá; para el cristiano es Padre; para el espiritista es Dios.

IV

Adiós.

Todo lo que decir pudiera, que es mucho, os lo dirá la ciencia, que busca la verdad en todas sus manifestaciones.

Decid a todos aquellos que no estén con vosotros, que si la virtud es su norte, vosotros estáis con ellos.

Decid a aquel que virtuoso sea, que aun cuando no nos reconozca, nosotros le reconocemos.

Decid, en fin, que amamos al bueno; que procuramos corregir al malo. Nada más.

Espíritus más elevados vendrán a convenceros mejor; yo sólo sé ofreceros esta prueba más de lo mucho que os amo.- MARIETTA.

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I

El hombre ve al hombre, le oye y le toca.

No puede dudar de que el hombre exista.

Aún cuando duda, aún cuando cierra sus ojos, tapa sus oídos y esconde sus manos, una voz interior se levanta y le dice: «Yo soy.»

El hombre no puede negarse, no puede negar al hombre.

El hombre sabe que cerca de él y fuera de él hay algo. Sabe que un mundo, del cual depende, le sostiene.

El hombre ve más allá del mundo que habita, millones de mundos, cuyos movimientos, revoluciones y leyes que los rigen estudia, y observa la gran armonía y la Influencia que con el suyo tienen. El hombre ve en el espacio un más allá grande, inmenso, y presiente un más allá más gigantesco e inconmensurable, y de más allá en más allá, presiente el infinito. El hombre ve en sí mismo algo verdadero; ve cerca algo, también, exacto, ve en el espacio mucho más verdadero, y presiente más allá y más allá mucho más exacto, que, a medida que se dilata, es más y más verdadero; y así, de verdad en verdad, presiente la única y exacta verdad. El hombre, en sí mismo, ve algo bello, ve bellezas que le rodean y ve en el espacio mucho más belleza y remontándose de belleza en beIleza, presiente más allá la gran belleza.

El hombre siente en sí algo grande, algo exacto y algo bello que le guía hacia ese más allá inmensamente grande, cumplidamente exacto y grandemente bello.

El hombre se ve obligado a marchar hacia ese más allá; impulsado con la fuerza de su inteligencia, hacia lo grande; con la medida de su razón, hacia lo exacto; y hacia lo bello, con los movimientos de su corazón.

Aún cuando el hombre se detenga un momento y dude, su inteligencia habla, su razón mide y su corazón late. Y es que lo grande, lo exacto y lo bello, que existen más allá fuera de la mirada del hombre, le atraen y le llaman; y la inteligencia, la razón y el sentimiento de lo bello, chispas despendidas de aquel gran todo, responden.

II

Todas las creencias han inventado un más allá absurdo, un más allá mezquino para la inteligencia, para la razón y el sentimiento.

Todas las creencias combatidas por la inteligencia, negadas por la razón y censuradas por el sentimiento, han intentado detener a la inteligencia que vuela, a la razón que discurre y al sentimiento que crea.

Todas las creencias, impulsadas también hacia ese más allá escondido antes y después del tiempo y del espacio, han dicho haberlo encontrado, siendo así que el más allá huye allá todavía, por más que la inteligencia se esfuerce y crea haberlo encontrado.

Ese más allá se nos presenta de algún modo: corremos a buscarlo, llegamos a encontrarlo y se nos presenta más allá todavía, a incalculable distancia.; corremos de nuevo, llegamos, y más allá lo vemos. Así, de más allá en más allá, el Universo camina. ¿A dónde? Dios lo sabe.

Dios, ¡ah!, cuanto más se piensa en Él, más inaccesible se hace a la inteligencia. Dios está más allá cuanto más allá se vaya.

Todas las creencias han dicho: «Dios está allí», Ha llegado el momento en que basta decir: «Por aquí se va a Dios». ¿Y quién lo dice? El Espiritismo.

Todas las creencias pensaron encontrar el fin, objeto y destino de la creación; el Espiritismo sólo intenta buscar el principio de la senda que hacia el todo grande, bello y verdadero, guía. Todas las creencias han sido audaces en sus investigaciones, que dieron por resultado limitados fines; el Espiritismo, modesto en sus principios, sus fines serán grandiosos, ilimitados. Todas las creencias han pretendido saber el principio; el Espiritismo pretende empezar y sabe que concluir no es dado. Todas las creencias llegaron un límite, más allá del cual, suponen, en un principio, a Dios, entre el principio y la nada, y en fin, a Dios, entre una creación limitada. El Espiritismo presiente a Dios, en el pasado, entre una obra sin principio, y en el porvenir, cada vez a mayor distancia, sobre lo más grande, más bello y más verdadero. Pretender de un solo golpe describir el pasado, tocar el presente y saber el objeto del provenir, es pretensión, tan sólo, de añejas preocupaciones.

El Espiritismo describe el pasado, por lo que ve con la inteligencia; toca el presente, por lo que alcanza con la razón, y sabe el objeto del porvenir, por lo que siente con el corazón.

La inteligencia, la razón y el sentimiento, unidos, ven a gran distancia y con mirada segura, en el tiempo y en el espacio.

Entender, razonar y sentir es preciso unirlos para ver con seguridad y claro. La inteligencia, sin la razón, se pierde; sin el sentimiento, se fatiga; la razón, sin la inteligencia, se tuerce; sin el sentimiento, desvaría; el sentimiento, sin la inteligencia, se confunde; sin la razón, se precipita.

Todas las creencias, por no haber unido estas tres grandes facultades del hombre, se han visto obligadas ha encerrarse en estrechos límites para detener su vuelo, que tiende a remontarse por todas partes; el Espiritismo, uniéndolas, no encuentra límites, y va midiendo la grandeza infinita de la obra de Dios, en razón del cuadrado de las distancias que va descubriendo.

III

Es la ley impuesta a todas las cosas, marchar por distinta vía, según sus funciones, hacia un mismo y grandioso fin.

Detenerse, es fácil; difícil, detenerse mucho; dejar de marchar, imposible.

Todas las creencias se han detenido, pero ya se han detenido demasiado, y ha llegado el momento en que es preciso marchar.

El Espiritismo es la avanzada de todas las creencias que la marcha rompen: la humanidad vendrá después.

El Espiritismo es la continuación del principio que al más allá conduce.

Quien dando vuelo a la inteligencia quiera ser obrero razonable de la continuación de un principio que desde el pasado trabajado viene, verá más pronto el más allá que se presiente.

La humanidad ha venido subiendo trabajosamente por la vertiente de los tiempos: Moisés, con la ley en la mano, la condujo a la falda de la gran montaña, sobre la cual se extiende la bóveda de lo desconocido. Jesús, con su moral inquebrantable, la condujo a la cima y Ie enseñó el cielo. Obedezca la humanidad su voz y siga su camino, lanzándose al espacio.

Adiós. No me propuse herir la inteligencia, es imposible: sólo intento moverla con la razón, ya que Marietta lo supo hacer tan admirablemente con el sentimiento. CERVANTES.

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ANTONIO QUINTANA Y LLARENA (1821-1911)

 Por: Óscar García Rodríguez

Antonio Rómulo José María de Quintana y Llarena, fue un militar, político y espiritista canario natural de Las Palmas de Gran Canaria, hijo del que fuera coronel del Regimiento Provincial de Las Palmas, D. José Quintana y Llarena (1781-1869). En la carrera de las armas alcanzó el grado de coronel de Artillería, como su progenitor. Casó con María Dolores León y Joven, hija del Coronel Francisco María de León y Falcón (1795-1857).

Fue director de la Sociedad de Amigos del País de Las Palmas. Resultó elegido diputado a Cortes por su ciudad natal en las elecciones del 24 de agosto de 1872, las mismas en que igualmente fue elegido diputado el Marqués de La Florida, si bien éste por la circunscripción de La Orotava (Tenerife) y ambos por el Partido Radical. Los dos votarían a favor de la proclamación de la Primera República española tras el reinado de D. Amadeo de Saboya.

Después de la Revolución de septiembre de 1868, al constituirse en Santa Cruz de Tenerife, el 5 de octubre de ese año, la Junta de Gobierno Superior de Canarias,  Antonio y Quintana y Llarena, en ausencia por viaje a la Península del Brigadier Muñoz, se encargó del Gobierno Militar de la plaza.

Portada de la obra MariettaAntonio Quintana y Llarena era miembro de la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza en 1870, cuando se recibió en dicho centro espiritista, a través de la mediumnidad del gallego Daniel Suárez Artazu, la primera parte de una de las joyas de la literatura mediúmnica escrita en España, “Marietta, páginas de dos Existencias”, que vería la luz en la capital aragonesa a finales de aquel mismo año. Su nombre figura al pie de la dedicatoria que encabezaba aquella primera edición, entre los de los 31 restantes integrantes de la Sociedad.

Copiamos la “Dedicatoria” de la primera edición publicada por la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza en homenaje a “a los elevados espíritus de Marietta y Estrella”, que dice así:

“Al frente de estas páginas, que hemos tenido la gloria de ser los elegidos para recibir en depósito, queremos ofreceros, por los elevados pensamientos que en ellas habéis vertido, esta prueba de nuestra admiración y respeto, que sí es pequeña por lo que valéis, es grande por la efusión con es ofrecida. Zaragoza 22 de noviembre de 1870.— Presidente honorario, el Teniente General, Joaquín Bassols.— Presidente, Teniente Coronel Capitán de Ingenieros, Saturnino Fernández de Acellana.— Primer Vicepresidente, Diputado provincial, Abogado y propietario, Manuel Sinués.— Segundo Vicepresidente, Magistrado, León Cenarro.— Secretario, Comandante Capitán de Infantería, Patricio Morales.— Periodista, Antonio Torres Solanot y Casas, Vizconde de Torres-Solanot.— Comandante de Infantería, Miguel Ibáñez.— Empleado, José Dea.— Comandante Capitán de Artillería, Joaquín Bassols.— Mecánico y propietario, Agustín Castellví.– Coronel Capitán de Ingenieros, Antonio Llotge.— Brigadier, Fernando Primo de Rivera.— Teniente, Eduardo Camacho.— Mecánico, Bartolomé Castellvi.— Capitán graduado, César Bassols.– Artista, Eduardo López del Plano.— Capitán Teniente, Domingo Román.— Abogado y propietario, Mariano Lapuente.— Abogado y propietario, Mariano Sorolla.— Abogado, Lucio de la Escosura.— Empleado, Arturo Bandragen de Puig-Samper. —Propietanio, Juan Navarro.— Abogado, Gregorio Cenarro.— Capitán de Infantería, Vicente Mas.– Empleado, Melitón Cenarro.— Coronel de E. M., Eusebio Ruiz.— Artista, Amadeo Navarro.— Comerciante, Indalecio Martín.– Artista, Ramón Gálvez.— Coronel de Artillería, Antonio Quintana y Llarena.— Abogado, Propietario, Manuel Rozas Pomar.— Teniente Coronel de Artillería, Bernardo Echaluce.— Empleado, Daniel Suárez.— Comandante de Infantería, Santiago Bassols.

Esta primera parte fue editada por la Sociedad Progreso Espiritista y se imprimió en la Imprenta de Calixto Ariño (Zaragoza). La segunda parte de se recibió en Madrid en la Sociedad Espiritista Española, en donde se integraron la mayor parte de los miembros de la Sociedad Progreso Espiritista, que se habían  trasladado a la capital española

En la Sociedad zaragozana abundaba el elemento militar, no en vano fue fundad por el General Joaquín Bassols y Marañosa, uno de los grandes adalides del Espiritismo español en sus primeros tiempos.

Desconocemos, por ahora, si la vinculación con el Espiritismo de Antonio Quintana y Llarena continuó en los años subsiguientes. En cualquier forma, fue partícipe directo de las famosas sesiones donde se recibió a dictado de los espíritus la preciosa novela a que nos referimos, obra que deberían leer y conocer todos los espiritistas españoles de hoy.

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Presentación

Tenemos el placer de compartir con todos los espiritistas y visitantes de este blog un notable artículo del que es autor Fabián Palasí Martín -una de las más altas personalidades del espiritismo español- que contiene importantes datos históricos del espiritismo en Aragón. El mismo fue una colaboración que se insertó en el libro “Biografías, Artículos y Datos espiritistas”, recopilados por Eduardo E. García y publicado por la Revista Psicológica La Irradiación (Madrid, 1896), páginas 190-198.

Hay un deber ineludible para los espiritistas españoles, y es procurar no perder -y en lo posible recuperar- las huellas de la senda por donde transcurrieron las ideas a la que somos tan afectos y sus protagonistas en nuestro país, a pesar de los tremendos vacíos que la convulsa historia de España ha provocado en la memoria colectiva de la mano de las intransigencias políticas que cercenaron por largos periodos la normal y libre expresión de las ideas entre los españoles.

Los espiritistas españoles de hoy en día tenemos que recordarnos y transmitir esta memoria a las generaciones venideras por respeto a los grandes pioneros que jalonaron con sus luminosas presencias las edades pasadas, y también por respeto a nosotros mismos. Esperamos que este artículo que recuperamos sea una buena contribución para alcanzar ese objetivo.  

 Oscar  M. García Rodríguez                                                                                                PRESIDENTE DEL GRUPO ESPÍRITA DE LA PALMA

Mapa situación Aragón

APUNTES PARA LA HISTORIA DEL ESPIRITISMO

Fabián Palasí MartínNo fue la región aragonesa de las últimas en re­cibir la consoladora doctrina espiritista, a pesar de que su situación geográfica, como comarca interior, no es la más á propósito para que a ella afluya esa inmigración extranjera que suele llevar a las ciudades de la costa las primicias de las nuevas ideas.

En 1869, y a raíz de la muerte o desencarnación del maestro Allan Kardec fue nombrado capitán ge­neral de Aragón D. Joaquín Bassols y Marañosa, te­niente general de los ejércitos nacionales. Había co­nocido el. Sr. Bassols el espiritismo durante la emi­gración, y toda la familia participaba de las mismas creencias, siendo médiums dos de sus hijos: Santiago y César.

Las primeras sesiones espiritistas fueron como familiares, y se verificaron en el mismo edificio de la capitanía general. A ellas acudían, además de la fa­milia Bassols, algunos aficionados al espiritismo, y entre ellos (más…)

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