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Posts Tagged ‘Dejar ir el camino de la entrega’

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INTRODUCCIÓN

Decía Carl Gustav Jung: “Lo que niegas, te somete; lo que aceptas, te transforma”. Porque cuando nuestra conciencia llega al nivel de la aceptación, significa que se ha abandonado el territorio del miedo y, por consiguiente, el efecto del sufrimiento innecesario, y la realidad percibida cambia de forma radical.

Aceptar también supone sentir y admitir implícitamente que somos capaces, empezamos a empoderarnos y a ver con más amabilidad a los demás, porque nos vamos perdonando a nosotros mismos.

La aceptación es antesala de la paz y desde allí comienza a atisbarse el horizonte del amor.

Si nos sentimos capaces de agradecer sinceramente por todo lo que pasa en nuestra vida, sin otorgar calificativos a las situaciones vividas, dejando a un lado cualquier juicio de valor, es que estamos llegando al nivel de la aceptación. No nos olvidemos de agradecer también por ello.

El mundo sólo puede cambiar desde nuestro propio interior. Y es que desde el nivel de la aceptación es cuando empieza a amanecer el futuro.

Idafe

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EN EL NIVEL DE LA ACEPTACIÓN

En la aceptación, disfrutamos de la experiencia de la armonía. Nos sentimos como si los acontecimientos estuvieran fluyendo. Nos sentimos seguros.

Podemos estar al servicio de los demás sin sentimiento de auto-sacrificio. Existe el sentimiento “estoy bien”, “estás bien”, y “no pasa nada”. Es un sentimiento de pertenencia, conexión, plenitud, amor, comprensión y sensación de ser comprendidos. Es un sentimiento de cariño, calidez y autoestima. Debido a la seguridad de este estado, podemos permitirnos ser indulgentes, apacibles y naturales. Hay alegría y nos sentimos “en sintonía” y relajados. Se da la sensación de que todo está bien sólo para nosotros.

Todo es perfecto tal como es

En el estado de la aceptación, existe la sensación de que nada necesita ser cambiado. Todo es hermoso y perfecto de la manera que es. El mundo está para ser disfrutado. Hay compasión por los demás y por todos los seres vivos.

En este estado estamos automáticamente nutriendo y apoyando a los demás sin ninguna sensación de sacrificio. Debido a la seguridad interior y la sensación de abundancia, hay generosidad y facilidad para dar sin expectativas de retorno o necesidad de guardar registro, como el de: “Esto es lo que hago por ti”. Cuando estamos en un estado de aceptación, amamos a nuestros amigos en lugar de ser críticos, y estamos dispuestos a amar a pesar de sus limitaciones, las cuales estamos dispuestos a pasar por alto.

La manera en la que la gente se nos presenta a partir de este espacio, es que todo el mundo está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene en ese momento. Vemos que toda la vida está evolucionando hacia su perfección y estamos en sintonía con las leyes del universo y de la conciencia.

En este estado realmente comenzamos a entender el amor. En el nivel de la aceptación, el amor se experimenta como un estado estable, una condición permanente de una relación. El origen del amor es visto dentro de nosotros mismos, emanando de nuestra propia naturaleza y llegando a incluir a otros. En el estado del deseo, por el contrario, hablamos de estar “enamorados” como origen de la felicidad y se piensa que el amor está fuera de nosotros mismos.

Cuando estamos en el nivel de energía inferior del deseo, buscamos ser amados. Parece que sea algo a “conseguir”. En el nivel de la aceptación, sin embargo, irradiamos nuestro amor naturalmente desde la esencia de nuestro ser, porque muchos de los bloqueos de la consciencia han sido entregados.

Descubrimos que este amor es nuestra naturaleza interior y que aparece espontánea y automáticamente cuando los bloqueos son eliminados.

Esto es lo que los grandes maestros quieren decir con nuestra verdadera esencia interior, nuestro verdadero Ser. Es objetivo de nuestro Ser interior es trascender el ego, que se compone de todos nuestros sentimientos negativos, programas y pensamientos, por lo que somos capaces de experimentar la esencia interior.

Hay muchos caminos que nos llevan al estado de aceptación, y esta es la puerta que nos conduce finalmente a los siguientes estados más elevados, descritos como los niveles de conciencia del amor y de la paz. Para muchas personas que han estado entregando durante un tiempo, este objetivo último reemplaza progresivamente a todos las demás. Morar en los estados del amor incondicional y la paz imperturbable, se convierte en una meta interior más importante que cualquier otro logro.

La aceptación del Ser y de los demás

En el nivel de la aceptación, debido al gran cambio en la forma en que percibimos a los demás, ahora nos volvemos conscientes de la inocencia interior más allá de la desesperación y las luchas impulsadas por el miedo, que nos han oscurecido a nosotros y a nuestros vecinos, amigos y familia. Los grandes maestros han dicho que la negatividad que vemos en una persona o en la sociedad, se debe en realidad a la ceguera, la ignorancia y la inconsciencia. Esta inocencia interior, una vez que es percibida en los demás, también se percibe en nosotros mismos. Todo lo que hicimos fue porque simplemente no supimos hacer nada mejor en ese momento. Si hubiéramos sabido hacerlo mejor en ese momento, lo habríamos hecho. “Pareció una buena idea en ese momento”, decimos. Vemos la misma ceguera operando en los demás, y podemos ver más allá de sus defectos de carácter y ver en él al niño inocente.

Una vez que vemos nuestra inocencia, hay una identificación con los demás y dejamos de sentirnos solos y estresados. Somos capaces de ver la inocencia incluso tras un arrebato o comportamientos aparentemente horribles. Vemos el interior de una persona y vemos al animal asustado que simplemente no conoce nada mejor. Somos conscientes de que, si se sienten acorralados, seguramente nos atacarán y morderán. Es solo que no se dan cuenta de que nuestras intenciones son pacíficas, por lo que se erizan salvajemente.

En el estado de la aceptación, es posible perdonar nuestro propio pasado, así como el de los demás, y sanar los resentimientos del pasado. También es posible ver el don oculto de los sucesos pasados sobre los que hemos estado resentidos, incluyendo su posible significado kármico. A partir de este nivel, es posible crear un contexto diferente desde el que ver el pasado y, por tanto, sanarlo. Con la realización final del nivel de la aceptación, nos sentimos seguros sobre el futuro y podemos pasar a los niveles del amor y de la paz. La razón y la lógica se convierten en herramientas para el cumplimiento de ese potencial.

Otra de las características del nivel de la aceptación, es que ya no estamos preocupados por los juicios moralistas de lo “bueno” y lo “malo”. Simplemente se vuelve evidente lo que funciona y lo que no funciona. Es fácil ver lo que es destructivo y lo que es óptimo, sin juzgar nada como “malo”. Se elimina la culpa, que acompaña a todos los juicios contra los demás y contra nosotros mismos. Vemos entonces el significado de la frase: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”.

En la aceptación hemos dejado la culpabilidad interna que condenaba, incluso, nuestros impulsos humanos más básicos. Podemos disfrutar de nuestra condición física sin la aversión moralista o la auto-gratificación compulsiva.

Aceptamos que los demás han llegado a su conocimiento de la vida y sus puntos de vista éticos de una manera que tenga sentido para ellos, incluso si sus creencias y comportamientos son muy diferentes de los nuestros. Cuando vemos la inocencia en todo el mundo, realmente podemos cumplir el “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y así el dejar ir nos ha permitido alcanzar una meta elevada, sin siquiera el intento consciente de ello.

El nivel de la aceptación se caracteriza por una actitud desinteresada y de servicio. Esto es consecuencia de la entrega de los sentimientos negativos que crea el pequeño yo, lo que elimina nuestra identificación con él. En cambio, la armonía y la paz interior son experimentadas como la naturaleza de nuestro Ser superior. Debido a que se ha renunciado a los programas negativos, se da la aparición de una mayor creatividad, inspiración e intuición.

Hay la certeza de que nuestras propias necesidades serán satisfechas; por lo tanto, hay un cambio en las relaciones de modo que la atención se centra en el bienestar y la felicidad de los demás. Esto se ve facilitado por el hecho de que, en este nivel, ya no hay ninguna necesidad en forma de dependencia de otras personas, ya que no hay nada que sintamos que necesitemos “obtener” de ellos. En una relación de cariñosa aceptación, a las imperfecciones menores ya no se le da una importancia grave y son pasadas por alto.

En la aceptación hay una creciente despreocupación por “el hacer”, y un creciente enfoque sobre la cualidad de ser, y la perfección de nuestra propia capacidad interna para ser generosos y amar. Aunque los sentimientos negativos todavía pueden surgir, son menos frecuentes y se manejan con mayor facilidad. En general, el funcionamiento es ahora muy fácil, y las actividades diarias se vuelven casi imperceptibles debido a su menor esfuerzo.

La responsabilidad personal

El sello distintivo de este estado es la toma de la responsabilidad de nuestra propia conciencia. El interés por la meditación y los diversos métodos de la contemplación interior es común. Los asuntos espirituales y éticos se vuelven importantes. Podemos, por ejemplo, asistir a retiros religiosos si somos religiosos, o podemos comprometernos con lo espiritual o con los esfuerzos humanitarios si nos orientamos a esas esferas.

El mundo se ve armonioso y cualquier alteración de esa apariencia es observada como una proyección de nuestros propios conflictos internos. En este nivel, se da la consciencia de que todos los sentimientos negativos son nuestros propios problemas, y ya no hay que buscar más su resolución fuera de nosotros mismos.

Hay una seriedad en cuanto al crecimiento de nuestra propia conciencia y auto-consciencia, y un centrarse en perfeccionar la cualidad de esa misma conciencia. En este nivel podemos empezar a desarrollar un interés por la filosofía, la investigación científica y los clásicos espirituales que exploran el potencial más elevado de la mente y el espíritu humano. Lo que se vuelve cada vez más importante es en lo que nos estamos convirtiendo, y no lo que tenemos o hacemos. En este nivel asumimos el reto de cumplir con nuestro potencial interior de grandeza, y fomentar el potencial y los sueños de los demás.

Si testamos el músculo en este estado(1), lo probamos fortalecido; somos relativamente inmunes a las influencias negativas tales como el debilitamiento de las vibraciones de las luces fluorescentes, los tejidos sintéticos, o los edulcorantes artificiales. Se da un fuerte compromiso con la salud y el bienestar, y el mejorarnos a todos los niveles. Los problemas de salud son, a menudo, considerados como problemas en los niveles psicológicos, emocionales o mentales, y se buscaron y encontraron los recursos que ayudaron a resolver las cuestiones en todos esos niveles. El poder de la auto-sanación está ahora disponible.

En la aceptación tenemos la libertad de estar en el presente. Una vez que hemos aceptado nuestra propia naturaleza verdadera y las formas en las que el universo se refleja en nuestro mundo, ya no hay arrepentimiento por el pasado, ni tampoco existe el miedo al futuro. El miedo al futuro no existe más cuando el pasado se ha curado. Esto se debe a que, en la habitual ego-orientación del estado de conciencia, el ego tiende a proyectar el pasado sobre el futuro, y un pasado que es visto negativamente se convierte en miedo cuando es proyectado sobre un imaginario futuro. Nuestro dejar ir de las energías inferiores de la culpa, el miedo, la ira y el orgullo, han aliviado el peso del pasado y despejado las nubes sobre el futuro. Afrontamos el presente con optimismo y estamos agradecidos de estar vivos. Vemos que el ayer se fue, el mañana no ha llegado todavía, y que sólo tenemos el hoy.

En resumen, pues, el nivel de conciencia de la aceptación es el que todos deseamos alcanzar, ya que nos permite encontrar la libertad de la mayoría de problemas de la vida y de experimentar satisfacción y felicidad.

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FUENTE: El texto de este artículo corresponde al capítulo 10 de la obra “Dejar Ir, el Camino de la Entrega”, del Dr. David R. Hawkins. Su título original esa «Aceptación», pero para esta entrada hemos optado por cambiarlo por el que figura en el encabezamiento, con el fin de darle una mayor contextualización.
Todos los subrayados del texto son nuestros.
NOTAS:
1) Test de kinesiología.

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Presentación

El escrito que les traemos aquí es obra del Dr. David R. Hawkins (1927 – 2012), un destacado médico psiquiatra norteamericano que en las últimas décadas de su vida se dedicó de manera incansable a divulgar la preeminencia de la conciencia como factor directriz de la vida humana y que es el trasfondo de toda realidad. Su propia existencia fue un laboratorio de experimentación y él mismo prueba viviente de sus asertos, que terminó por enseñar a cuantos le quisieran escuchar. Constituye el capítulo 19 de su obra «Dejar Ir, el Camino de la Entrega», y su título original es Médico, Cúrate a ti mismo. Nosotros hemos preferido cambiarlo en esta entrada por el de ENFERMO, CÚRATE A TI MISMO.

Como apéndice complementario, hemos visto oportuno incluir un apartado que extraemos del capítulo 14 de la misma obra, el cual habla de creencias y actitudes que nos predisponen a padecer enfermedades.

El contenido es un maravilloso regalo que queremos compartir con todos, en especial con quienes padeciendo en estos momentos alguna dolencia, se encuentran en condiciones de comprenderlo y recibirlo. Que cada cual saque las conclusiones pertinentes y derive sus propias aplicaciones, el resultado que se puede obtener es la propia sanación. ¿No creéis que merece la pena?

(más…)

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INTRODUCCIÓN

Merece la pena que dediques atención al tema que traemos a tu consideración en la presente entrada: la CULPA. Reflexiona en silencio sobre ello y toma las medidas oportunas para recuperar tu libertad.

El texto que reproducimos seguidamente, constituye uno de los apartados del capítulo 6 de la obra “Dejar Ir, el Camino de la Entrega”, del Dr. David R. Hawkins, un libro que no es la primera vez que traemos a colación a este blog y que volvemos a recomendar sin dudarlo.

¿Qué nombre debemos dar a aquellos que enseñaron durante generaciones y aún enseñan – causando hoy solo tristeza y pena – la que posiblemente haya sido la mayor abominación jamás tramada para esclavizar las conciencias de los seres humanos: la culpa máxima en forma del llamado “pecado original”? Parece inconcebible que alguna vez una creencia semejante se haya señoreado de la conciencia de un amplio sector de la humanidad.

La culpa cabecera

Una forma particular de miedo es lo que llamamos culpa. La culpa está siempre asociada a una sensación de injusticia y castigo potencial, ya sea real o una fantasía. Si el castigo no se recibe en el mundo exterior, se expresa como autocastigo a nivel emocional. La culpa acompaña todas las emociones negativas y, así, donde hay miedo, hay culpa. Si piensas en un pensamiento culpable y tienes a alguien para probar su fortaleza muscular, verá que el músculo se debilita al instante. Sus hemisferios cerebrales se ha desincronizado y todos tus meridianos energéticos se han desequilibrado. La naturaleza, por tanto, dice que la culpa es destructiva.

Si la culpa es tan destructiva, entonces ¿por qué hay tantas alabanzas atribuidas a ella? ¿Por qué los llamados expertos ven la culpa como beneficiosa? Por ejemplo, un psiquiatra escribió un artículo en una revista en la que alababa la culpa, diciendo: “La culpa es buena para ti”. Después, calificó la afirmación de “culpa apropiada”. Echemos un vistazo a todo lo que realmente rodea la culpa y veamos si estamos de acuerdo o no.

Al cruzar la calle, miras a ambos lados para ver si se acerca algún coche. ¿Cómo se llegó a esto? Cuando eras un niño, te dijeron que era “malo” cruzar la calle.

Vemos así que la culpa es en realidad un sustitutivo del sentido de la realidad en una mente que no está desarrollada, como la de un niño. Se trata de un comportamiento aprendido que es supuestamente práctico: para prevenir un error mayor o la repetición de un error. El noventa y nueve por ciento de la culpa no tiene nada que ver con la realidad. De hecho, las personas más piadosas, mansas y sencillas están a menudo llenas de culpa. La culpa es en realidad una auto-condena y auto-invalidación de nuestra valoración y valor como ser humano.

La culpa es tan frecuente como el miedo, y nos sentimos culpables sin importar lo que estemos haciendo. Una parte de nuestra mente dice que realmente deberíamos estar haciendo otra cosa. O, lo que en realidad estamos haciendo en este momento, deberíamos estar haciéndolo “mejor”. Nosotros “deberíamos” estar obteniendo una mejor puntuación en el golf. Nosotros “deberíamos” estar leyendo un libro en lugar de ver la televisión. Nosotros “deberíamos” hacer mejor el amor. Cocinar mejor. Correr más rápido. Crecer más alto. Ser más fuertes. Ser más inteligentes. Ser más educados. Entre el miedo a la vida y el miedo a la muerte está la culpa del momento. Tratamos de escapar de la culpa permaneciendo inconscientes a ella mediante la supresión, la represión, proyectándola en los demás, y escapando.

Permanecer inconscientes a la culpa (represión), sin embargo, no la resuelve. La culpa reaparece en forma de autocastigo y a través de accidentes, mala fortuna, la pérdida de puestos de trabajo y las relaciones, los trastornos físicos y enfermedades, el cansancio, el agotamiento, y las múltiples formas que la mente ingenia y que llevan a la pérdida del placer, la alegría y la vitalidad.

La culpa representa la muerte igual que el amor representa la vida. La culpa es parte del yo más pequeño y subyace a nuestra voluntad de creer en cosas negativas sobre nosotros mismos. La felicidad y la alegría del día a día son inmediatamente destruidas por un comentario negativo de un familiar, amigo o vecino. Es improbable que existiera la enfermedad física sin culpa, y la culpa es una negación de nuestra inocencia intrínseca interior.

¿Por qué compramos tanta basura? ¿No es por nuestra inocencia? ¿No será porque, a medida que crecíamos, confiábamos en que lo que los demás nos decían era verdad? E incluso en la actualidad, ¿todavía confiamos en que lo que los demás nos están diciendo es la verdad? ¿No será que hemos comprado un montón de mentiras y estamos dispuestos a comprar otro montón desde la ingenuidad de nuestra inocencia interior? ¿No será esa inocencia interior la razón misma de que podamos ser explotados? De hecho, cuando miramos en lo profundo de nosotros mismos, ¿no es porque desde nuestra inocencia nos creemos culpables?

Es debido a nuestra propia inocencia interior que hemos adquirido toda la negatividad del mundo y le hemos permitido acabar con nuestra vitalidad, destruir nuestra consciencia de quienes realmente somos, y vendernos a la patética pequeñez en la que nos hemos establecido. ¿No es nuestra inocencia de recién nacido la que no puede defenderse y, sin capacidad de discernimiento, sólo pudo permitirse ser programada, como un ordenador?

Veamos que significa esto para volvernos conscientes. Oímos hablar de los programas de toma de conciencia y de los seminarios de fin de semana para expandir nuestra conciencia. ¿Qué quiere decir esto? ¿Obtener algunas nuevas fórmulas complicadas? ¿Ser programados con la idea de cualquier otro sobre la verdad mística?

La mayoría de los programas sobre la conciencia se reducen a este punto esencial: volvernos conscientes de lo que estamos comprando, de lo que estamos aceptando diariamente. Echemos un vistazo a lo que ya ha sido programado en nosotros y comencemos a cuestionarlo, desarmarlo y dejarlo.

Despertemos y liberémonos de la explotación y esclavitud de la programación negativa del mundo. Veremos que es, un intento por parte de otros de controlarnos; explotarnos; sacarnos nuestro dinero, nuestros servicios, nuestra energía, nuestras lealtades; y captar nuestra mente. Los mecanismos por los que esto sucede fueron bellamente ejemplificados en la película, Tron, en la que la función del “control central” era la de esclavizar mediante la programación progresiva.

Cuando vemos la verdad de cómo nos programan, veremos que somos como un puro ordenador, en blanco. Somos el espacio inocente en el que la programación se está produciendo. Cuando veamos todo esto, nos enfadaremos. ¡La ira es mejor que la resignación, la apatía, la depresión y el dolor! Significa tomar las riendas de nuestra mente, en lugar de entregarlas a la

televisión, los periódicos, las revistas, los vecinos, las conversaciones en el metro, las observaciones casuales de la camarera, la basura de dentro y la basura de fuera. Lo qué entró en nuestros bancos de memoria era basura, y cuando veamos esto, tendremos mucho menos miedo. Disfrutaremos empezando a dejar que los sentimientos surjan, viéndolos como lo que son, limpiando toda la basura, y dejándola ir toda.

Una vez que nos observemos profundamente y encontremos esa inocencia innata interior, dejaremos de odiarnos. Dejaremos de condenarnos y dejaremos de condenar a los demás y sus sutiles intentos de invalidar nuestro valor como seres humanos. Es hora de retomar nuestro propio poder y dejar de darlo a cualquier estafador que pase sacudiendo nuestros miedos para sacarnos un poco de dinero suelto de nuestro bolsillo o nos esclavice para su causa, viviendo de nuestra energía. Es fácil alejarse de todo ese miedo porque ahora tenemos el poder de elección.

Tememos que el viaje del descubrimiento interior nos llevará a una verdad terrible, horrible. En su programación de nuestras mentes, esta es una de las barreras que el mundo ha establecido para impedir la búsqueda de la verdad real. Hay una cosa que el mundo no quiere que nos enteremos y es la verdad acerca de nosotros mismos. ¿Por qué? Porque entonces seremos libres. Ya no podremos ser controlados, manipulados, explotados, agotados, esclavizados, encarcelados, vilipendiados, o desprovistos de nuestro poder. Por lo tanto, el viaje interior de descubrimiento está envuelto en un aura de misterio y premoniciones.

¿Cuál es la verdad acerca de este viaje? La verdad real es que a medida que avancemos hacia el interior y descartemos una ilusión tras otra, una mentira tras otra, un programa negativo tras otro, se vuelven más y más ligeros. La consciencia de la presencia del amor se vuelve más y más fuerte. Nos sentiremos más y más ligeros. La vida se vive con menor esfuerzo.

Cada gran maestro desde el principio de los tiempos, ha dicho que hay que observar el interior y encontrar la verdad, porque la verdad de lo que realmente somos nos hará libres. Si lo que ha de ser encontrado dentro de nosotros mismos fuera algo que nos fuera a hacernos sentir culpables, algo corrupto, malo y negativo, entonces todos los grandes maestros del mundo no nos aconsejarían mirar ahí. Por el contrario, nos dirían que lo evitáramos a toda costa. Descubriremos que todas las cosas que el mundo llama “el mal” están justo en la superficie; están justo en la parte superior, en la capa más superficial, externa y delgada. Debajo de esos errores hay malentendidos. No somos corruptos, sólo ignorantes.

A medida que la cantidad de miedo culpable y energía que le acompaña sean negados, nos daremos cuenta de que las enfermedades físicas y los síntomas comenzarán a desaparecer. La capacidad de amarnos en forma de aumento de

la autoestima regresa y con ella viene la capacidad de amar a los demás. Ser liberados de la culpa trae consigo una renovación de la energía vital. Esto puede ser observado dramáticamente en muchas personas que son convertidas a través de la experiencia religiosa. La repentina liberación de la culpa a través del mecanismo del perdón es responsable de miles de recuperaciones de enfermedades graves y avanzadas. Si estamos o no de acuerdo con su concepto religioso es irrelevante. Lo importante a destacar es que el alivio de la culpa se acompaña de un resurgir de la energía de la vida, el bienestar y la salud física.

Cuando se trata de sanarnos a nosotros mismos y aumentar nuestra propia salud emocional, “vale la pena ser paranoico”. Nos volvemos conscientes de todos los traficantes de culpas en nuestra vida y sus influencias deletéreas.

Podemos preguntarnos, ¿no podríamos lograr la misma motivación o comportamiento por amor y no por temor y culpa? ¿Es la culpa la única razón por la que no apuñalamos a nuestro prójimo? ¿Por qué no podría ser que nos negáramos a apuñalar a nuestro prójimo porque lo amamos y cuidamos de él como otro ser humano que es intrínsecamente inocente y que está luchando por crecer, pero que puede cometer errores en el camino de la misma manera que nosotros, nosotros mismos, lo hemos hecho? ¿No seguiríamos las enseñanzas religiosas, dondequiera que estén, más eficazmente si lo hiciéramos por amor y aprecio, en lugar de por la culpa y el miedo? Nos podemos preguntar, ¿qué es realmente necesario culpar de todos modos? ¿Qué posible servicio obtendremos de ello? ¿Somos tan miserablemente estúpidos que sólo nos portamos bien por la culpa? ¿Somos tan inconscientes? ¿No puede la consideración por los sentimientos de los demás reemplazar a la culpa como motivación para la conducta humana apropiada?

Al examinar estas cuestiones y analizar sus orígenes sociales, vemos que la Edad Media está lejos de haber terminado. La Inquisición se ha limitado a tomar formas nuevas y más sutiles de crueldad. Hemos adquirido sin saberlo, un sistema de negatividad que está actualmente recorriendo el planeta. Hacer el mal y hacer culpables es en realidad una forma de crueldad, ¿no? Hemos permitido a los demás que nos programaran con métodos de auto-tortura, y podemos ver que hemos tomado represalias al invitar a otros a torturarse como respuesta a ello. Hemos permitido ser manipulados por la culpa, y le dimos la vuelta y usamos ese mismo mecanismo de la culpa para tratar de explotar y controlar a otros.

El grado en que no nos hemos permitido experimentar la realidad de nuestro verdadero Ser está representado por nuestro resentimiento hacia aquellos que si lo han hecho. Nos ofende su vitalidad en las áreas en las que nos sentimos discapacitados. Esta verdad aleccionadora está representada en la historia de un hombre que caminaba por la playa y se encontró con un pescador con un cubo lleno de cangrejos. Le dijo al pescador, “cubre el cubo de cangrejos o se saldrán.” “No,” dijo el sabio y viejo pescador. “No hay necesidad de ello. Ya ves, cuando un cangrejo llega a lo alto del cubo para salir, los otros cangrejos le agarran y tiran de él. Así que no hay necesidad de cubrirlos.”

A medida que sigamos dejando ir, cada vez más ligeros, y cada vez más libres, por desgracia, veremos que la naturaleza del mundo es como el cubo de cangrejos. Y, después, toda la extensión de su negatividad se hará evidente. Cuando nos volvamos totalmente conscientes de la factura de los bienes que nos han vendido, es muy probable que sintamos ira y un fuerte deseo de liberarnos de las ataduras de la negatividad.

 

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