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LA PRUEBA INTERIOR: SOBRE LA NATURALEZA DE LA EXPERIENCIA – Por: Óscar García Rodríguez

LA PRUEBA INTERIOR: SOBRE LA

NATURALEZA DE LA EXPERIENCIA

♣ ♣ 

Por: Óscar García Rodríguez

♣ ♣ ♣

 

Todo viene de dentro.

Todo vuelve al interior.

Todo se mantiene en el centro.

«El Mensaje Reencontrado», Louis Cattiaux

LA VERDAD ESTÁ DENTRO

Todos aquellos seres humanos conscientes, autorealizados o iluminados, que a lo largo de la historia se convirtieron en las grandes referencias espirituales de la humanidad, subrayaron que la verdad que instintivamente desde siempre añoramos y buscamos, reside en el corazón de nuestra intimidad. Recordemos aquella vieja fábula que cuenta que, en el principio, la Divinidad escondió la esencia espiritual en el interior del ser humano, porque sabía que ese sería el último lugar en el que  fuésemos a buscar.

En los «Upanishads» hindúes un mantra declara: “El que está en el Sol también está en el hombre”. Un antiguo poema Zen del s. IX, expresa: “No busquéis el camino en los otros, en un lugar lejano; el camino está bajo nuestros pies”. La Biblia enseña: “El reino de Dios está dentro”. Como vemos, no importa a qué fuente de sabiduría, ancestral o no, acudamos, el acuerdo es unánime: la perfección permanece oculta dentro de cada uno de nosotros.

CONÓCETE A TI MISMO

El filósofo griego Sócrates tomó como divisa para su escuela – otros también lo hicieron – la expresión «Nosce te Ipsum» (Conócete a ti mismo), que se encontraba grabada en el frontispicio del templo del Oráculo de Delfos. De ahí que Sócrates proclamase:

“Sólo el conocimiento que llega de dentro es el verdadero conocimiento“.

En el mismo sentido se expresó otro espíritu despierto contemporáneo, el escritor malagueño Cayetano Arroyo (1953 – 1991):

“Llegar a ser “Tú Mismo“ – escribió – es luchar contra la mecanicidad de “dejarse llevar” como consecuencia de tu comodidad, tu herencia, tu educación, tus circunstancias… Cuando entres por la puerta de la “conciencia de Sí” a tu morada interna, verás que este mundo que te presentan los ojos es tan transitorio e insignificante como un lirio marchito en un jardín. Como una gota de agua en una tormenta. Y, sin embargo, es el espejo donde te puedes ver.”


Cayetano Arroyo Flores

LA REALIDAD  QUE SIEMPRE ES

Hay un fondo de realidad permanente sobre el que todo acontece, una fuente eterna desde la cual todo se manifiesta, a partir de la cual todo toma existencia fluyendo para exteriorizarse adquiriendo dimensionalidad. Es ésta la fuente desde donde lo Uno se hace Diverso sin perder, por ello, unidad.

A ese fondo eterno, ámbito que reúne todo potencial existible, lo denominamos Conciencia Universal o, simplemente, el Ser. 

Este fragmento de un pasaje del «Tao Te king», de Lao Tse, da cuenta de esta comprensión:

“Antes aún que el cielo y la tierra ya existía un ser

 inexpresable. Es un ser vacío y silencioso, libre,

inmutable y solitario. Se encuentra en todas partes

 y es inagotable. Puede que sea la Madre del universo.

No sé su nombre, pero lo llamo Tao…“

VIVIENDO DORMIDOS

A lo largo de mucho tiempo (incluso vidas completas) los seres humanos vivimos en una especie de sueño prolongado en total inconsciencia de nuestra realidad, tristes sonámbulos guiados únicamente por procesos automatizados de origen educativo, tradicional, ambiental… Pero esto necesariamente llegará a su fin un día, porque nuestro destino  es despertar.

Sobre esta cuestión el médico y escritor escocés Maurice Nicoll (1884 – 1953) reflexiona lúcidamente en su obra «Comentarios Psicológicos»:

 “¿Cuál es la verdadera explicación de lo que está sucediendo en el mundo?… Que la gente no es consciente, está dormida y actúa en su sueño. Y hasta cuando la gente siente un atisbo de esta situación, no sabe cómo despertar del sueño o qué hacer. Sin embargo, desde la creación del mundo se les dijo a los hombres que estaban dormidos y que debían despertar… la gente no lo entiende o piensa que es una metáfora cuando es literalmente la verdad… Y nada puede cambiar en la vida a menos que se empiece a despertar.”

Maurice Nicoll

 Alguien de la categoría espiritual del maestro sufí Sayj Ahmad Al-Alawi (1869 – 1933) nos dice:

«Existe una jerarquía entre los que están velados: los que están velados con respecto a su Señor,  y los que están velados con respecto a sí mismos.  Y el que está velado con respecto a sí mismo  tiene un velo más espeso que el que está velado con respecto a su Señor.»

LA APARICIÓN DE LA EXPERIENCIA Y SU PAPEL

Cada ser humano, conforme a su estado emocional básico (reflejo de su estado evolutivo), modula automáticamente cada circunstancia que vive y su mente le asigna un significado, conformándose así el plano de los sentimientos (por eso designamos a los sentimientos con la expresión “emociones informadas”). Estos, a su vez, vuelven a realimentar la mente generando “memorias-programas”. Con todo ello elaboramos interiormente una imagen de la realidad la que, con el poder mental de crear lo que creemos, proyectamos como una plantilla  sobre el mundo. Esto explica que unos mismos hechos puedan ser vistos de manera muy diferente por personas distintas, pues la conciencia personal de cada cual, en su interacción con el Ser, genera un patrón de interferencia o experiencia subjetiva, allí donde ambas se solapan.

 

LA EXPERIENCIA RELATIVA COMO VERDAD CONTEXTUAL

La experiencia (relativa o subjetiva) consiste, por tanto, en ese patrón que emerge desde el interior y que reconocemos sobre el fondo de lo real, al producirse una interacción con el material de lo vivido modulado por nuestro nivel de conciencia, lo que determina su amplitud y profundidad. De ahí que la experiencia también podría ser descrita como el patrón de interferencia entre “nuestra realidad ” y “la realidad“. Esto significa que usualmente la experiencia es un formato de realidad asimilable por la conciencia personal del individuo en un momento dado.

Es evidente, pues, que el mundo interno y el mundo externo de los seres humanos se corresponden, son representaciones el uno del otro y, en cierto sentido, se «causan» mutuamente. Por eso podemos afirmar que “siempre estamos el mundo que vemos.“

ORIGEN DE LA MECANICIDAD HUMANA: LA FRAGMENTACIÓN PSICOLÓGICA

El ser humano ordinario carece de unidad, no es una sola voz sino una cacofonía. Los humanos nos expresamos ordinarimente como una multitud de “yoes“ que se desconocen mutuamente y suponen – cada uno – ser el eje central del universo humano. A partir de esa creencia el hacer humano se convierte en una sucesión de escenificaciones automáticas sin guion unitario  ni actor protagonista.

La base de dichos “yoes” procede del mundo instintivo heredado de la fase precendente a la  humana, del reino animal. Pero en la nueva etapa cada instinto, liberado de sus límites naturales, se informa con las vivencias humanas y adquiere una memoria-conciencia que ansía permanecer. Según la demanda percibida en la vida individual, la respuesta adaptativa que cualquiera de ellos representa se activa automáticamente como garantizador  de una existencia  de la que se cree centro nuclear.

Y es que el ser humano representa la fase del desarrollo de la vida  en la que ésta adquiere una mente individualizada. No es casual que el término inglés “man” (hombre) derive de la raíz sánscrita “men”, que en latín originó la palabra “mens” (mente), de donde la toma nuestro idioma. Por tanto el hombre (el ser humano) es el ser que tiene mente individualizada, y por ello está en condiciones de llegar a ser responsable y libre, al disponer ya de una conciencia, ese íntimo ámbito donde se registran todas las vivencias personales con sus causas y efectos. No confundir, pues, con la consciencia, que es  la experiencia del “darse cuenta“.

La conciencia personal consiste en «memorias vivenciales», es decir, patrones emocionales asociados a imágenes mentales que les dotan de significado. Porque la conciencia personal al archivar vivencias y no experiencias, contiene la contabilidad subjetiva de lo que “creemos” haber vivido. Esas “memoria” incluyen respuestas adaptativas reactivas, lo que implica que la conciencia personal esté determinada por algo parecido a programas informáticos semiautónomos – los referidos “yoes o personalidades“ – que parecen marcar una dirección unitaria a la vida individual, al amparo de una superestructura ilusoria que no es más que pura suposición mental – el YO-EGO – de naturaleza básicamente mecánica, bajo cuyo sueño únicamente podemos ser unos autómatas.

Este Yo-Ego es, pues, un sucedáneo del Ser, un ente ficticio, un espejismo mental que ocupa el espacio donde se enseñorea la ignorancia humana, mera excrecencia psíquica apoyada en programas instintivos, memorias e interpretaciones subjetivas automatizadas.

La estructura instintiva heredada por el reino humano representa la respuesta adaptativa, inteligente y global, del propósito de la Creación a los retos representados por las variadas condiciones que definen los nichos vitales del planeta. Y si bien en la fase animal cada instinto era una respuesta acotada a un cierto contexto existencial, en la humana, cuando se hace patente la totalidad de la respuesta instintiva de la vida, salta por los aires cualquier límite o restricción.

Entonces se presenta un nuevo paradigma que está destinado a ser regido por un principio superior, aquel que constituye el potencial propio del género humano: la conciencia iluminada, es decir, la consciencia.

ALGO MÁS SOBRE LA MENTE  Y LA MEMORIA

El plano mental es una de las dimensiones de la naturaleza, sede de todos los códigos de la forma. Nuestra mente individual representa una terminal de la mente universal, de la que realmente no ha estado ni estará nunca separada.

La memoria, función de la mente que registra lo vivido en cualquiera de sus estratos (subconsciente, inconsciente o consciente), no es, como ya se dijo, una suma de experiencias, sino el archivo subjetivo de todo lo que creemos haber experimentado. Es así como la memoria, cuya referencia siempre es el pasado, se convierte en el principal basamento de la conciencia personal. Esto es algo muy distinto a la consciencia, cuyo ámbito natural es el presente.

Esa ilusoria entidad Yo-Ego, al venir informada con la pulsión interna de mantener la existencia, está programada para intentar sortear cualquier circunstancia que perciba como una amenaza al existir. Por eso el propósito del funcionamiento obsesivo del Yo-Ego es obtener el control total para así responder a dicha pulsión y exorcizar su miedo a la muerte (a la posibilidad de no existir), lo cual desemboca en la fiebre del hacer.

De ahí que Adi Sankaracharia, legendario maestro espiritual hindú del S. VIII, dijese en su obra «Atmabhoda»:

“La acción no puede destruir la ignorancia porque la primera no está en conflicto con la segunda. Tan solo la comprensión que otorga el conocimiento es capaz de destruir la ignorancia, como tan solo la luz es capaz de diluir la densa oscuridad”.

Cuando la vida humana está bajo el comando del Yo-Ego, nuestro hacer es puramente mecánico. No obstante, hay una forma de salir de este círculo vicioso, y se llama ATENCIÓN.

Atender es como mirar sin las gafas del juicio, prejuicios y postjuicios, porque no se parte de un posicionamiento que suponga el aferramiento a una parcela de la realidad percibida, convertida en parte de “mi“, que se tenga que defender.

Con esa actitud se está en disposición de observar en libertad para impregnarse con la esencia de lo observado, sin pasarlo por el filtro discriminador de las memorias; así se puede comenzar a “ver“ la realidad tal como es. Esta es la mirada del niño, de la inocencia, la mirada de quien no está lastrado por ninguna identidad.

Visto el papel esencial de la mente como núcleo del Yo-Ego, ese proyectador del espejismo separatista en que creemos vivir, el místico y poeta persa Rumi (1207 – 1273) exclamaba:

“¡Decapítate a ti mismo!…  Disuelve tu cuerpo

entero en Visión: ¡vuélvete ver, ver, ver!”.

El autor inglés Douglas Harding (1909 – 2007) en su obra «No Tener Cabeza», va en la misma dirección al decir: “La luz irrumpe en ámbitos secretos.  Cuando la lógica muere, la verdad salta a través del ojo.”

EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA

Repetimos: la Conciencia Universal o Ser es el ámbito donde confluye todo el potencial posible y existible, en tanto la Consciencia es condición que se adquiere al iluminarse dicho ámbito. Esto equivaldría a un despertar cuya fuente nutricia es la experiencia. Ésta sería la «substancia» que permite que el potencial del Ser se revele, active y convierta en poder.

El proceso de evolución de la conciencia que conduce al despertar del sueño de la mecanicidad comienza, pues, con la atención, la que sólo puede darse al cobijo del silencio mental. El siguiente nivel se produce con el entendimiento, mediante el que se vislumbra la trama de vínculos que configura la estructura básica de la realidad. Un posterior salto adelante se da con la comprensión, donde es la totalidad de los detalles la que se aprehende, permitiendo la elaboración de una imagen completa de la realidad observada… Pero la imagen  no es aún la realidad, sino apenas su reflejo

Tras la comprensión llegará el acto, que se deriva esencialmente de un desarraigo del Ego, de un abandono del conocimiento, de un dejar de hacer o no-acción (no confundir con la inacción, que es una forma de acción por omisión). El acto es manifestación a-causal y espontánea del Ser, y cuando los actos se hacen fluidos y permanentes, es el Ser el que se hace presente en el mundo como pura presenciación o seridad.

Cada uno de esos pasos entre fases no se produce a través de una gradación continua y previsible sino mediante saltos de naturaleza cuántica. Son espontáneos e instantáneos y cada uno tiene, virtualmente, un valor infinito. Al respecto traigo aquí, como ejemplo, un pasaje de «El Libro de los Espíritus». En el Ítem 597, Allan Kardec pregunta a los espíritus sobre el alma de los animales y si se parece a la humana, a lo que ellos le responden:

“Si así lo queréis, también es un alma, esto depende del sentido que se dé a esta palabra; pero es inferior a la del hombre. Del alma de los animales a la del hombre, va tanta diferencia como del alma humana a Dios”.

«NO-ACCIÓN» O ACTUAR SIN HACER

 En el «Tao Te King», de Lao Tse, obra fundamental del Taoísmo, podemos leer un texto que algunos comprenden y muchos otros aún no:

“Por el estudio se acumula día a día. Por el Tao se disminuye día a día. Disminuyendo cada vez más se llega a la no-acción. Por la no-acción nada se deja sin hacer.

El mundo siempre se ha ganado sin acción. La acción no es suficiente para ganar el mundo.”

El Acto es no-acción y, en consecuencia, no implica una subyugación al mundo (no es reactividad) ni una sobreimposición sobre el mundo (no es voluntarismo). El Acto es, sencillamente, la presencia del Ser en el mundo creándolo.

El Ser destila Actos tan naturalmente como una flor esparce su aroma en el ambiente, son fruto de su condición. El Acto es la formalización espontánea e instantánea de la consciencia.

Y es que la esencia del camino espiritual es permitir que la Realidad se realice, que lo que Es, exista, o en palabras del chamán Don Juan a Carlos Castaneda, “ser uno con el Intento”. Esta actitud a-mental, no dirigista ni discriminativa, no impositiva ni reactiva, limpia de deseos, sin pretensión, sin intención, sin objetivo, espontánea, no activa y creativa, es el sello del puro Acto, el sello del Ser expresándose a demanda del aquí-ahora y en el aquí-ahora.

El Acto, en consecuencia, no es otra cosa que la auto-realización del Ser por su poder intrínseco.

Martin Heidegger

En la famosa «Carta sobre el Humanismo», escrita por el filósofo alemán Martin Heidegger (1889 – 1976), se puede leer algo que implícitamente define la esencia de eso que hemos dado en denominar ACTO. Dice allí:

“Estamos muy lejos de pensar la esencia del actuar… Sólo se conoce el actuar como la producción de un efecto, cuya realidad se estima en función de su utilidad. Pero la esencia del actuar es el llevar a cabo. Llevar a cabo significa desplegar algo en la plenitud de su esencia, guiar hacia ella, producere. Por eso, en realidad sólo se puede llevar a cabo lo que ya es (y) lo que ante todo «es» es el ser.”

LIBERÁNDONOS DEL CONOCIMIENTO

Alguien que ejerció en mi vida la función de catalizador, ayudándome a enfocar la atención en varias cosas esenciales, solía decir que “todo es fácil cuando se comprende“. Solicito a quienes no capten inmediatamente el mensaje que sigue, un poco de paciencia y atención para poder comprender.

Sri Nisargadatta Maharaj

El Acto es el idioma en que habla la sabiduría; la acción es el grito de la ignorancia. Decía un maestro espiritual contemporáneo como Sri Nisargadatta Maharaj:

“El descubrimiento de la verdad está en discernir lo falso. Puede conocer lo que no es. Lo que es, sólo puede serlo.”

Y en «Yo soy Eso», añadía: “La muerte de la mente  es el nacimiento de la sabiduría.”

Mil trescientos años atrás (S. VII) Sri Sankaracharia, otro gran maestro del espíritu originario, como Nisargadatta, de la India, dejó escrito la misma enseñanza en su obra «La Joya del Discernimiento»:

“La ignorancia no existe más que en la mente, porque la ignorancia no es más que la mente misma. Cuando la mente desaparece, desaparece la ignorancia; y cuando la mente se manifiesta, se manifiesta su propia  naturaleza, que es la ignorancia y la confusión.”

El conocimiento no es más que un relato conceptualizado, una representación mental de lo aparente, y “parecer” no es lo mismo que “Ser”. Pero cuando empezamos a “saborear” (“saber” viene de la misma raíz etimológica que “sabor”) la realidad que Es mediante la experiencia, lo que se despierta es algo muy distinto: la SABIDURÍA.

El conocimiento es algo acumulativo que se alcanza progresivamente a través de un proceso arduo y finalmente se tiene. La sabiduría, por el contrario, es algo a lo que nos abrimos, algo que llega nosotros no como el producto consecuente a un esfuerzo, sino como un estallido de claridad instantánea al vaciarse la mente de las sombras de los contenidos conceptuales. De ahí que la sabiduría no se la puede poseer sino, todo lo más, que se la encarne o vehiculice, pues representa una transferencia osmótica desde el Ser hacia la existencia.

Anthony de Mello

Mientras que el conocimiento es el producto de una suma, la sabiduría – el reconocimiento o “recuerdo de sí“ – es el producto de una resta. “Dios sólo se lo encuentra por un proceso de sustracción”, decía Anthony de Mello (1931 – 1987), quien en un cuento presenta a un Maestro espiritual que al ser preguntado sobre qué hacía él con sus discípulos, responde:

“Lo mismo que hace un escultor con la estatua de un tigre: toma un bloque de mármol y le quita a golpes todo lo que no se parece a un tigre.“

El conocimiento, atrincherado como memoria, es sólo el residuo de lo no experimentado, el escombro desechado por el escultor, todo aquello que no es tigre en el bloque de mármol.

EL VERDADERO SABER

Por su parte Jean Klein (1912 – 1998) en «¿Quién soy Yo?», declara:

“Debemos distinguir entre aprender, acumular conocimiento y entender, o conocer el discernimiento inmediato de nuestra verdadera naturaleza. La apropiación de datos es necesaria cuando se estudia un oficio, un instrumento, una lengua y demás. Pero no podemos adquirir lo que fundamentalmente somos. Sólo podemos reconocerlo.“

Jean Klein

Reconocer (volver a conocer) es lo mismo que  recordarse a sí mismo (adquirir consciencia), al resintonizarnos  e integrarnos en la unidad esencial. Por eso el maestro taoísta Chuang Tzu (s. IV a. C.) decía: “El gran conocimiento lo ve todo en uno; el poco conocimiento se deshace en la multiplicidad.“

Ese «gran conocimiento» es la sabiduría que se alcanza con la comprensión espontánea e instantánea, donde los pensamientos dejan de articularse en una serie secuencial, con aprehensión «inmediata», fuera de análisis, reflexiones o interpretaciones, sin deliberación ni pasos intermedios entre propuestas previas y conclusiones finales, que es lo propio de la lógica mecanicista lineal.

IGNORANCIA ILUMINADA

El desaparecido neurofisiólogo mejicano Jacobo Grinberg aludía a la sabiduría del Ser con la expresión «Ignorancia Iluminada», que es una bellísima y casi inmejorable manera de decirlo. En uno de los poemas que integran su obra «Cantos de Ignorancia Iluminada», proclama:

“No dispongo de memorias

situaciones y heredades.”

Jacobo Grinberg

Y en versos de otro poema de la misma obra, que  podrían ser continuación natural de los anteriores, expresa:

“Surge entonces la Realidad

del saberme iluminado

en total ignorancia.”

He aquí definida la naturaleza de la Sabiduría sin conocimiento: la de una  ignorancia iluminada.

Pero, ¿por qué esto tendría que ser y sólo podría ser así?  Porque solo hay un “sitio“ que pueda contener la totalidad: el VACÍO.

En este sentido Jacobo Grinberg ser expresa con gran profundidad en su obra “Fluir en el Sin Yo”:

“Liberarse es salirse del yo, dejarlo atrás para fluir en El. En esa condición se cura y se es curado. Aparece la sabiduría y la ignorancia se diluye en su propio jugo. Se recupera la fe y se recobra el Poder. Todo contesta y todo se vive en plenitud y con misterio. Ignorancia Iluminada se llama ese estado bendito, en el cual todo es nuevo como la visión para un bebé recién nacido. Frescura en todo y silencio lleno de Luz adentro.“

LA VOZ DE LA SABIDURÍA

La espontaneidad silenciosa es la voz de la sabiduría sin conocimiento, de la ignorancia iluminada. Porque siempre es lo espontáneo una respuesta no premeditada ni calculada, carente de referencias, sin memoria, sin objetivos y libre, que salta a la existencia sin intermediaciones. Nada creativo saldrá jamás de lo deliberado o reflexionado, porque se  estructura a partir de contenidos previamente almacenados. De lo registrado no puede surgir más que una voz vieja y distorsionada por los posicionamientos y las interpretaciones, desprovista de presencia, realidad y vida. Pero en la iluminación no se acude ya a recursos personales, pues tú no puedes poseer la sabiduría, ella es la que te posee a ti y tú solo le das voz.

“En la meditación existe un instante en el cual el Observador se conecta con el silencio (que) es en realidad una conexión con el Todo. Aquí es donde funciona la intuición y la sensación de poseer un colosal caudal de conocimientos es real. El Observador se conecta con su origen al lograr el silencio, y el silencio es Infinito en posibilidades. En ese punto se establece el contacto con Dios y se dialoga con él.“

 «Los Chamanes de México (Vol. 6): La Voz del Ver»,  Jacobo Grinberg

 OBSERVACIÓN DE SÍ

La posibilidad de despertar adquiriendo consciencia de sí, comienza mediante la “observación de sí”, tratando de retener la sensación “Yo soy“ o “yo estoy aquí”, nada más. ¿Simple? La verdad es simple, nosotros solemos complicarlo todo.

Según ciertos autores y escuelas, el ser humano solo puede recordarse a sí mismo a través de un prolongado esfuerzo. Pero esto, como veremos, puede abordarse de otro modo.

Con la técnica del “dejar ir” que el Dr. David R. Hawkins explica en su libro «Dejar Ir, el Camino de la Entrega», se nos propone un enfoque distinto que si bien parece algo nuevo, es muy viejo. No consiste tanto en “conquistar” la consciencia – lo cual exigiría un esfuerzo ímprobo- sino en desarraigar las resistencias que nos mantienen inconscientes para permitir que el recuerdo de sí aflore solo. Desde esta perspectiva la “observación de sí” consistiría en reconocer los estados emocionales de bajo poder que provocan los pensamientos negativos sin rechazarlos, proyectarlos, suprimirlos o expresarlos. Se nos invita a sentirlos plenamente sin etiquetarlos, para luego dejar que su energía se difumine tal como un globo se desinfla al perder gas.

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD

Esto implica tener que comprender el estado de identificación, ya que el mismo nos incapacita para el “recuerdo de sí”. Creer que somos “parte” y que estamos apartes, impide que sintamos la unidad, condición concomitante al “recuerdo de sí.” Sobre esta cuestión, el escritor ruso P. D. Ouspensky comenta en su trabajo «La Conciencia»: 

“La “identificación” es un curioso estado en el que el hombre pasa la mitad de su vida, estando en estado de sueño la otra mitad… se identifica con todo: con lo que dice, con lo que siente, con lo que cree, con lo que no cree, con lo que desea, con lo que no desea, con lo que le atrae, con lo que le repele. Todo se convierte en él o, mejor dicho, él se convierte en ello. Se convierte en lo que le gusta y en lo que le disgusta… En estado de identificación el hombre es incapaz de separarse del objeto de su identificación… En estado de identificación es cuando el hombre tiene menos control sobre sus reacciones mecánicas.”

INDIVIDUALIDAD CONTRA IDENTIDAD

La individualidad es lo opuesto a la identidad. Te reconoces como individuo al adquirir consciencia de la unidad. Eres, así, un todo, una completitud que no demanda ninguna identidad, ningún “otro“ ante quien autoafirmarse, porque la plena individualidad no necesita distingirse, marcar fronteras, trazar límites, determinar diferenciaciones, confirmarse ni justificarse. Es, sabe que es, y basta.

Abraham Maslow en «El Hombre Autorrealizado» estudió las llamadas «experiencias-cumbre», que podemos denominar también como “momentos de recuerdo de sí”. Dice que ellas representan “la cima de la unicidad, individualidad e idiosincrasia.” Añadiendo de seguido: “Si las personas son en principio distintas las unas de las otras, son más puramente distintas en las experiencias-cumbre (aquí) los individuos se hacen menos intercambiables. Sea lo que sea aquello que son en el fondo, cualquier cosa que la palabra «yo único» signifique, lo son con mayor intensidad en las experiencias-cumbre.“

Jacobo Grinberg en «La Luz Angelmática» alude de forma genial al origen de esa sentida «totalidad-unidad-individualidad»: “Lo individualizado es la focalización concentrada del todo en un punto.”

Es decir, la individualidad sería un “modo” de la totalidad dotado de conciencia.

CONSCIENCIA  DE SÍ

La conciencia objetiva o, simplemente, la consciencia (recuerdo de sí) supone la experiencia directa al vincularse con la no identificación, que es cuando nos disolvemos a nosotros mismos en las cosas y las cosas se disuelven en nosotros (cesación de la dualidad sujeto-objeto). O, si se quiere decir de otra forma, de la entrega de las identidades y la aparición plena de la individualidad, esa que sólo vive en un tiempo unificado: la eternidad. Me encanta como Jacobo Grinberg expresa esta comprensión en otra frase que considero imperecedera: “El recuerdo lo hace el tiempo que contiene a todos los tiempos.”

RECORDARSE A SÍ MISMO COMO SER

Teniendo en cuenta que el “recuerdo de sí” no es otra cosa que la “consciencia de sí”, podemos decir que los descubrimientos internos son realmente revelaciones, y toda revelación, como tal “recuerdo de sí”, representa la exteriorización del Ser.

La memoria, esa suma de patrones automatizados de  comportamientos cuyo producto final es la entelequia Yo-Ego, constituye el fundamento de la vida mecánica y representa la principal resistencia para el “recuerdo de sí”, donde se prescinde  de la memoria personal.

Cuando se empieza a trascender el Yo-Ego, el resultado que sobreviene no es otro que el “recuerdo de sí” con el despertar el Ser. Dicho de otro modo: con la entrega de la Conciencia-Yo,  amanece la Consciencia-Ser.

En el estado de “recuerdo de sí” todo está presente y disponible. La sola evocación trae a la existencia lo evocado y lo hace tangible,  presente y vivaz. Entonces ya no existe más la dualidad sujeto-objeto, solo la experiencia y el observador de la misma. Finalmente ambos se funden en lo único real, la Conciencia Iluminada.

A esto es a lo que alude Louis Pauwels en su obra “Gurdjieff”:

“El hombre despierto, cuando nombra alguna cosa, le confiere la existencia absoluta.”

El “recuerdo de sí” supone la liberación final de la ignorancia, la ilusión y la auto-esclavitud, porque mientras la conciencia conoce que existe, la consciencia sabe que ES. Esto significa en palabras de J. Grinberg en su obra «Meditación Autoalusiva» “llegar al propio Ser, aquel que lo incluye todo, pero que no se identifica con nada, aquel que lo puede observar todo, pero que no puede ser abarcado por ningún esquema mental, analítico o intelectual.“

LOS TRES OJOS DEL ALMA

El mundo que se presenta a nuestros sentidos y a la mente  no es más que una apariencia. Materia, información y energía, las tres propiedades del mundo concreto, son expresiones intercambiables de algo unitario que subyace a todo ello: la Conciencia.

El camino hacia la consciencia puede tomar como eje cualquiera de esas tres expresiones citadas (materia-voluntad, información-mente, o energía-sensibilidad).

De ahí que en la tradición teólógica cristiana San Buenaventura (1217 – 1274) afirmase que los seres humanos disponen, por lo menos, de tres formas de adquirir conocimiento, de «tres ojos», parafraseando a Hugo de San Víctor, otro místico famoso: el «ojo de la carne», por medio del cual percibimos el mundo externo del espacio, el tiempo y los objetos; el «ojo de la razón», que nos permite alcanzar el conocimiento de la filosofía, de la lógica y de la mente; y el «ojo de la contemplación», por el cual tenemos acceso a las realidades trascendentes.

San Buenaventura

El «ojo de la carne» tiene como base la voluntad y se vierte como práctica y acción (empirismo), cuyo desarrollo más evidente es la ciencia moderna, especialmente la técnica. El «ojo de la razón» es la vía especulativa propia de la filosofía y de la lógica mental, que intenta reconocer las formas que adopta la realidad mediante la abstracción (racionalismo).  El «ojo de la contemplación» es la vía del corazón, de la sensibilidad, que intenta conectar con el sentido de lo existente sintonizando con su condición interna o estado energético. Cada una de estas perspectivas es útil y permite avanzar, pero pronto se hace evidente su limitación consubstancial (parcialidad) y la necesidad de converger hacia una visión holística, que recupere la unidad propia del Ser. No olvidemos que “el objetivo del camino espiritual es el estado de total integración llamado iluminación o autorrealización”.

Nos recuerda Savita Taylor en «El Camino del Desplegar» que “el objetivo del camino espiritual es el estado de total integración que es llamado iluminación o autorrealización”. Que independientemente de la duración de ese camino “la iluminación viene en un fogonazo”, y que “la autorrealización es justo eso: una iluminación. Una realización repentina, que incluye todo de la verdadera naturaleza del ser y de la naturaleza ilusoria del débil reflejo del ser que llamamos el ego. El velo final es apartado y la fuerza completa de la luz pura interior brilla a través, sin trabas, dentro de nuestro ser completo.“

CUANDO LA FÍSICA CUÁNTICA NOS SITÚA  MÁS ALLÁ  DE LA LÓGICA LINEAL     

Con la Mecánica Cuántica nos hemos ido familiarizando con conceptos tan “extraños“ como: dualidad onda-partícula; principio de incertidumbre; superposición; entrelazamiento; efecto túnel… Y resulta muy curioso que rastros de lo que hizo revolverse en sus lechos a tantos físicos, se encuentren en los relatos de la experiencias de los místicos y  las creaciones de los poetas.

La Mecánica Cuántica, considerada por muchos como la teoría física más exitosa de la historia por la coincidencia entre sus predicciones calculadas y  los resultados experimentales, quebró algunos consensos perceptivos y supuso un reto tremendo para el entendimiento humano por sus planteamientos paradójicos, ajenos a la forma habitual en que funciona la razón. Einstein le tenía gran resistencia, nunca la aceptó y trató de desmontarla. Decía que la Mecánica Cuántica era igual a “matemática más magia negra”.

SECUENCIALIDAD Y LINEALIDAD 

Observemos la evolución de cualquier proceso y cómo se producen los cambios desde el inicio al final del mismo. Intentemos encontrar, en cada caso, las fases intermedias o tránsitos entre fases y luego los puntos medios de esos mismos tránsitos… Intentemos hacer esto indefinidamente…  ¿A dónde nos conducirá esta búsqueda?

Al ver una película, las escenas se suceden dándonos la sensación de una historia continua. Pero en realidad estamos viendo una ilusión consistente en una serie intermitente de planos o imágenes proyectados a una cierta velocidad, instantes que nuestro cerebro “une“ provocando la ilusión de la continuidad. En la vida esta apariencia de flujo es la que nos da la apreciación de la línea temporal pasado-presente-futuro y, por tanto, de la interpretación causalista. Pero, ¿qué hay entre un instante y otro instante? En realidad una discontinuidad o salto; la continuidad es una ilusión y la ciencia física lo ha constatado fehacientemente.

UNA REALIDAD DISCONTINUA

Esto contradice la vieja premisa de la ciencia clásica: “La naturaleza no da saltos”. Con los descubrimiento de la Física Cuántica puede afirmarse que la naturaleza sí que da saltos y que lo que es una ilusión es la continuidad, la linealidad de un flujo constante.

¿Pero cuál es el fundamento que hace que todos los procesos en la realidad – y a partir de ahí todo cambio y evolución, incluyendo el acceso a nuevos niveles de conciencia – sean necesariamente espontáneos e instantáneos? Pues la ley, verificada experimentalmente, que afirma que los procesos de la realidad están cuantificados. Esto significa que el paso de un estado energético (y/o información, y/o substancia) a otro, se realiza sin pasar por etapas intermedias. Los tránsitos graduales son sólo apariencias.

Max Planck

La física de los albores del siglo veinte, afirmaba que la energía podía expresarse en un abanico de infinitas longitudes de onda.  Pero a comienzos del s. XX, el físico alemán Max Planck (1858 – 1947) planteó que la energía solo podía expresarse en múltiplos de una constante,  que en la naturaleza no existían expresiones continuas de energía sino “exclusivamente” manifestaciones en ciertos niveles discretos o “cuantos”, siempre múltiplos de un coeficiente que él mismo logró calcular y que, en su reconocimiento, se denominó “Constante de Planck“.”.

La propuesta fue inicialmente sólo un recurso matemático, que intentaba encontrar una manera de explicar y predecir ciertos hechos que en aquel entonces no encajaban en las teorías clásicas de la física, los cuales venían siendo considerados  flecos residuales de una visión que se estimaba acabada. Tal era así que el recurso ni siquiera gustaba a su mismo promotor. Todo ello inició una revolución que llevó a establecer un conjunto de nuevos principios en el mundo de las partículas subatómicas, que se denominó justamente “mecánica cuántica”.

SIN CAUSAS Y SIN PORQUÉS

Y si la linealidad y el causalismo son resultado de una apariencia, los “porqués“ no son más que constructos o artificios del sueño causal cuando el Yo-Ego se percibe impotente al enfrentarse con el misterio de lo real. Con ese ánimo comprensivo desde el que se sabe que lo que Es – el Qué – es sin causa y sin razón – sin Porqué -, el poeta místico Johann Scheffler (1624 – 1677), más conocido como Angelo Silesio, escribiría bellísimamente en «El Peregrino Querubínico»:

“La rosa es sin porqué,

florece porque florece”.

EL SABER INTUITIVO

La intuición es “la aprehensión inmediata de un objeto sin la intermediación de ningún tipo de proceso racional”. Spinoza la llamaba “scientia intuitiva”, y la consideraba como la tercera y más elevada forma de conocimiento: la percepción de algo “exclusivamente a través de su esencia”. Emerson resalta su carácter espontáneo y representativo de la sabiduría primigenia.

El saber intuitivo no se alcanza a través de métodos indirectos, lógicos o racionales, es directo e inmediato, producto de la unión del observador con “la cosa en sí”, pues en la esfera del saber intuitivo deja de haber separación entre conocedor y conocido, entre sujeto y objeto.

La «intuición» resulta de un funcionamiento no-dual que está más allá de la mente, pues el funcionamiento dual es la propia esencia de la mente, tal como se dice en el viejo poema taoísta conocido como «Hsin-hsin Ming»: “El conflicto entre el bien y el mal es la enfermedad de la mente”.

Lo intuitivo no tiene nada que ver con lo deducible ni con lo inferible, no es lógico, no es lineal ni predictible, no es accesible mediante un sistema o con el uso de cualquier tipo de tecnología espiritual. Tampoco es voluntario y, por tanto, no hay acciones, técnicas o caminos que puedan llevarnos hasta ahí, y ni siquiera puede ser considerado un objetivo o una meta. Es, sobre todo, un regalo y un don de la conciencia que se va iluminando.

De ahí que la intuición ocurra espontáneamente y al producirse, sea totalizadora, completa, llegando saturada de claridad interior, de energía y de verdad. En el momento en que la intuición se activa sabemos sin un Yo que sepa, pues nos hemos convertido en el saber.

La intuición es la puerta de acceso al mundo de la “conciencia consciente”, al mundo de la sabiduría, pero nadie tiene la llave de  dicha puerta ni su apertura puede controlarse, simplemente ocurre.

La intuición aparece en el silencio de la mente, cuando ella se convierte en un espejo al que nada se fija, libre de apegos y de aversiones, que recibe sin identificarse, que permite en y a través de su superficie aquietada e inmaculada, el afloramiento de la realidad tal como ES.

DESPUÉS DE LA MENTE

En conclusión: la mente nunca podrá darnos lo que no tiene en sus registros mnemónicos, ni la conciencia  personal lo que ella no es aún ni puede extraer de sus archivos vivenciales.  Es por eso que los cambios reales se producen sólo cuando la mente se rinde y calla, y el Yo-Ego ve desactivados sus programas, filtrándose el Ser como presencia.

Eliminadas así las resistencias, el oculto potencial infinito latente puede entonces emerger y te cambia en el Ahora y el Aquí, es decir, instantáneamente.

Trascender los límites en los que hemos vivido y entrar en un nuevo nivel, deriva de aquellas experiencias capaces de aportarnos la cantidad de “energía-información-substancia” (consciencia) que se ocultaba tras nuestros bloqueos disueltos, lo que da lugar a la reformulación del mundo externo al reflejar el nuevo cosmos interno que se ha configurado en nosotros.  Esto se manifiesta no de forma gradualizada sino repentinamente, pues no hay acontecer que no sea, en esencia, súbito.

SÓLO ERES CUANDO ERES NADIE

 El Yo-Ego, la personalidad, epítome de la dualidad y la separatividad, mantiene la ilusión de su permanencia en base a la auto-justificación de ser causa y la auto-atribución del mérito. Ser “algo“ distinto, separado, definido, perimetrado e identificable es su pulsión. Se afirma en la reactividad frente a algo o contra algo.

De ahí que Siddharameshwar Maharaj (1888 – 1936) en «Enseñanzas sobre el Estado sin Estado», dijese:

“A menos que se extinga el «yo», no puede verse el Cielo… Erradicad de vuestra mente que sois algún «yo» particular… El que dice «yo soy el que experimenta», permanece aún en la ilusión.”

Es lo mismo que remarca Ramesh S. Balsekar en «El Buscador es lo Buscado»:

“El despertar no puede darse en tanto persista la idea de que uno es alguien que busca”.

 También está implícito en estas palabras que el Maestro Echkhart (1260 – 1327) escribió hace más de 600 años:

“Cuanto menos hay de sí mismo, más hay de Sí mismo“.

 Así como en lo que Nisargadatta en «Yo Soy Eso», asevera:

“Para ser no debe ser nadie.”

La consciencia total sólo puede florecer en el seno de la individualidad, en la pura existencia sin identidad particular, como una suerte de onda estable en el campo de la conciencia. De ahí que la individualidad pueda compararse a una especie de solitón.

Recordemos que los solitones son, en Física, entidades ondulatorias localizadas con propiedades de estabilidad que se propagan sin deformarse en un medio no lineal, comportándose como partículas. Existe un tipo especial de solitones espacio-temporales denominados “balas de luz”, consistentes en pulsos de energía electromagnética que pueden confinarse en las tres dimensiones del espacio y en el tiempo, sin disiparse o colapsarse.

La individualidad se presentaría, pues, allí donde «lo mismo no es igual», según una feliz expresión del filósofo Martín Heidegger que aplico al caso que nos ocupa. Llegaríamos así a la consciencia de sí en el seno del Todo, es decir, a la consciencia como sustrato de la individualidad.

¿MERECIMIENTO O CONVERSIÓN?

 Comenta Eckhart Tolle en «Practicando el Poder del Ahora»:

“Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia Fuente y regresa a casa, a lo No Manifestado.“

Eckhart Tolle

La corriente hacia fuera se dirige hacia la existencia, hacia la dimensionalidad, lo mensurable, distinguible y separado. Es la vía de la manifestación. La corriente hacia dentro nos vuelve al Ser, a la unidad, a la adimensionalidad, a lo inmensurable e inefable. Es la vía de regreso a la conciencia iluminada por medio de la experiencia, que es el proceso que nos permite despertar a la autonomía de la responsabilidad. Y con la creciente responsabilidad cada quien construye su espacio de libertad con sus actos, que es el idioma en que habla la realidad interior. Entonces comprendemos que nuestra vida es siempre el reflejo de aquello en lo que nos hemos convertido.

Pero tenemos que darnos permiso a nosotros mismos para ser distintos y adquirir otro “estar”, para renacer mediante una auto-conversión, dejando de llenar nuestra vida de justificaciones y argumentarios mentales que nos excusan para mantenernos en la relativa comodidad de la inconsciencia.

Así es como hemos creado todo tipo de dualidades antagónicas: lo “bueno” y lo “malo”; los “cielos” y los “infiernos”; lo “moral” y lo “inmoral”; lo “justo” y lo “injusto”; los “méritos” y los “pecados”…

A la consciencia no se accede como resultado de una ganancia ni a través de una conquista, sino que es el producto de una correspondencia, no es un mérito sino una sintonía con la eterna realidad del Ser.

PRUEBA INTEGRAL – EXPERIENCIA INTEGRAL

 Atendiendo a todo lo visto hasta aquí:

“No puede haber ninguna prueba de la Realidad que no sea serla.“

 «El Buscador es lo Buscado», Nisargadatta  (1897 – 1981)

Por tanto:

“La experiencia del Sí mismo es la única prueba. Todo lo demás es engaño, ilusión.“

 «Amrut Laya, Enseñanzas sobre el  Estado sin Estado» – Shri  Sadguru Maharaj (1888 – 1936):

En definitiva:

 “La experiencia de la Unidad es la experiencia de la Realidad.”

«Meditación Autoalusiva», Jacobo Grinberg

UNA PUERTA DE DOBLE SENTIDO

Hemos estado hablando de la naturaleza de la experiencia, el factor que ilumina la conciencia, y de los actos, la voz del Ser en el mundo. Bien comprendidos ambos aspectos son las dos caras de una misma moneda, forman una única realidad vista desde puntos opuestos. De hecho no puede existir el uno sin el otro.

Por eso un ser humano con la conciencia iluminada se convierte en una puerta de doble sentido, que comunica dos ámbitos: el de la unidad esencial del Ser, de un lado, y el de la realidad  manifiesta, el mundo, de otro. Cuando la puerta se abre desde el mundo hacia el Ser, surge la experiencia; cuando se abre desde  el Ser hacia el mundo, brota el acto.  El sentido de la apertura depende de la actitud íntima que adopte el ser consciente, receptora o dadora. Y como todo lo que se recibe cobra pleno sentido sólo cuando se da, esa puerta puede continuar funcionando siempre que sus goznes se mantengan engrasados mediante la entrega.

DOS ÚLTIMOS APORTES PRÁCTICOS: 

 1°. ¿Quién sufre?

Llegado el momento preciso, la experiencia se abre paso y fructifica como revelación, Nosotros únicamente podemos constatarla siendo sus testigos, condición que permite la experienciación. Pero la experiencia completa solo puede hacerse presente en total ausencia de percepciones e interpretaciones, sobre la base de la ecuanimidad – virtud suprema del corazón- tras liberarnos de los filtros condicionantes de las memorias y con la mente silenciada.

El dolor es memoria genética; el sufrimiento es memoria psicológica. La mente, sustentada en la memoria, se proyecta al futuro como un explorador obsesivo que busca anticiparse en un intento baldío por controlar el devenir, lo que termina por sustraernos del presente y nos hace vivir en los escombros del pasado o en la fantasía del futuro.

Realmente sólo puede sufrir la personalidad; el YO-Esencia, el Ser, el espíritu, es inviolable, inmarcesible, inatacable e inasible para el sufrimiento. Siempre es un «quien» (una identidad) el/la que sufre, y mientras haya un «quien» el ser humano será permeable al sufrimiento. Cuando todos los «quien» desaparezcan, el sufrimiento se esfumará. Sé nadie y el sufrimiento se extinguirá por falta de base sustentadora.

2°. El inmenso poder de elegir la respuesta

No hay nada en este mundo o en el otro, que nos obligue a ofrecer una respuesta prefijada o estereotipada a las situaciones que nos ocurren. Uno de los más grandes logros de la comprensión y la consciencia es el descubrimiento del poder de elegir la respuesta, la libertad de vivir descondicionados.

Un ser despierto puede ser desconcertante e indescifrable para los sistematizados autómatas. Como  ha  dejado de ser reactivo es imprevisible, no puede ser manipulado, no se siente “obligado“ a nada, no tiene “deberes“, carece de “culpas“, no se apropia de “méritos“, no espera nada de nadie y nada exige a otros, sólo a sí mismo. En la forma de vivir de un ser humano despierto no existen “agarres“ para los mecanismos reactivos de aquellos con que se relaciona. Un ser humano despierto ya no es ni lógico ni ilógico, situado  fuera de  esa  dicotomía  es a-lógico y, por tanto,  libre y creativo.

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EL PODER DE LA NO INTENCIÓN

Atendiendo a la petición de varias personas, comparto la presentación de la conferencia que realizamos en el Grupo Espírita de La Palma el pasado viernes 21 de julio, por si pudiera servir como puntos de meditación para cualquiera de nuestros amigos/as visitantes.

Incluimos un video final con la canción de Franco Battiato “Centro de gravedad permanente”, que también formó parte de la presentación.

 


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cambio-personal

INTRODUCCIÓN

Decía Carl Gustav Jung: “Lo que niegas, te somete; lo que aceptas, te transforma”. Porque cuando nuestra conciencia llega al nivel de la aceptación, significa que se ha abandonado el territorio del miedo y, por consiguiente, el efecto del sufrimiento innecesario, y la realidad percibida cambia de forma radical.

Aceptar también supone sentir y admitir implícitamente que somos capaces, empezamos a empoderarnos y a ver con más amabilidad a los demás, porque nos vamos perdonando a nosotros mismos.

La aceptación es antesala de la paz y desde allí comienza a atisbarse el horizonte del amor.

Si nos sentimos capaces de agradecer sinceramente por todo lo que pasa en nuestra vida, sin otorgar calificativos a las situaciones vividas, dejando a un lado cualquier juicio de valor, es que estamos llegando al nivel de la aceptación. No nos olvidemos de agradecer también por ello.

El mundo sólo puede cambiar desde nuestro propio interior. Y es que desde el nivel de la aceptación es cuando empieza a amanecer el futuro.

Idafe

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EN EL NIVEL DE LA ACEPTACIÓN

En la aceptación, disfrutamos de la experiencia de la armonía. Nos sentimos como si los acontecimientos estuvieran fluyendo. Nos sentimos seguros.

Podemos estar al servicio de los demás sin sentimiento de auto-sacrificio. Existe el sentimiento “estoy bien”, “estás bien”, y “no pasa nada”. Es un sentimiento de pertenencia, conexión, plenitud, amor, comprensión y sensación de ser comprendidos. Es un sentimiento de cariño, calidez y autoestima. Debido a la seguridad de este estado, podemos permitirnos ser indulgentes, apacibles y naturales. Hay alegría y nos sentimos “en sintonía” y relajados. Se da la sensación de que todo está bien sólo para nosotros.

Todo es perfecto tal como es

En el estado de la aceptación, existe la sensación de que nada necesita ser cambiado. Todo es hermoso y perfecto de la manera que es. El mundo está para ser disfrutado. Hay compasión por los demás y por todos los seres vivos.

En este estado estamos automáticamente nutriendo y apoyando a los demás sin ninguna sensación de sacrificio. Debido a la seguridad interior y la sensación de abundancia, hay generosidad y facilidad para dar sin expectativas de retorno o necesidad de guardar registro, como el de: “Esto es lo que hago por ti”. Cuando estamos en un estado de aceptación, amamos a nuestros amigos en lugar de ser críticos, y estamos dispuestos a amar a pesar de sus limitaciones, las cuales estamos dispuestos a pasar por alto.

La manera en la que la gente se nos presenta a partir de este espacio, es que todo el mundo está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene en ese momento. Vemos que toda la vida está evolucionando hacia su perfección y estamos en sintonía con las leyes del universo y de la conciencia.

En este estado realmente comenzamos a entender el amor. En el nivel de la aceptación, el amor se experimenta como un estado estable, una condición permanente de una relación. El origen del amor es visto dentro de nosotros mismos, emanando de nuestra propia naturaleza y llegando a incluir a otros. En el estado del deseo, por el contrario, hablamos de estar “enamorados” como origen de la felicidad y se piensa que el amor está fuera de nosotros mismos.

Cuando estamos en el nivel de energía inferior del deseo, buscamos ser amados. Parece que sea algo a “conseguir”. En el nivel de la aceptación, sin embargo, irradiamos nuestro amor naturalmente desde la esencia de nuestro ser, porque muchos de los bloqueos de la consciencia han sido entregados.

Descubrimos que este amor es nuestra naturaleza interior y que aparece espontánea y automáticamente cuando los bloqueos son eliminados.

Esto es lo que los grandes maestros quieren decir con nuestra verdadera esencia interior, nuestro verdadero Ser. Es objetivo de nuestro Ser interior es trascender el ego, que se compone de todos nuestros sentimientos negativos, programas y pensamientos, por lo que somos capaces de experimentar la esencia interior.

Hay muchos caminos que nos llevan al estado de aceptación, y esta es la puerta que nos conduce finalmente a los siguientes estados más elevados, descritos como los niveles de conciencia del amor y de la paz. Para muchas personas que han estado entregando durante un tiempo, este objetivo último reemplaza progresivamente a todos las demás. Morar en los estados del amor incondicional y la paz imperturbable, se convierte en una meta interior más importante que cualquier otro logro.

La aceptación del Ser y de los demás

En el nivel de la aceptación, debido al gran cambio en la forma en que percibimos a los demás, ahora nos volvemos conscientes de la inocencia interior más allá de la desesperación y las luchas impulsadas por el miedo, que nos han oscurecido a nosotros y a nuestros vecinos, amigos y familia. Los grandes maestros han dicho que la negatividad que vemos en una persona o en la sociedad, se debe en realidad a la ceguera, la ignorancia y la inconsciencia. Esta inocencia interior, una vez que es percibida en los demás, también se percibe en nosotros mismos. Todo lo que hicimos fue porque simplemente no supimos hacer nada mejor en ese momento. Si hubiéramos sabido hacerlo mejor en ese momento, lo habríamos hecho. “Pareció una buena idea en ese momento”, decimos. Vemos la misma ceguera operando en los demás, y podemos ver más allá de sus defectos de carácter y ver en él al niño inocente.

Una vez que vemos nuestra inocencia, hay una identificación con los demás y dejamos de sentirnos solos y estresados. Somos capaces de ver la inocencia incluso tras un arrebato o comportamientos aparentemente horribles. Vemos el interior de una persona y vemos al animal asustado que simplemente no conoce nada mejor. Somos conscientes de que, si se sienten acorralados, seguramente nos atacarán y morderán. Es solo que no se dan cuenta de que nuestras intenciones son pacíficas, por lo que se erizan salvajemente.

En el estado de la aceptación, es posible perdonar nuestro propio pasado, así como el de los demás, y sanar los resentimientos del pasado. También es posible ver el don oculto de los sucesos pasados sobre los que hemos estado resentidos, incluyendo su posible significado kármico. A partir de este nivel, es posible crear un contexto diferente desde el que ver el pasado y, por tanto, sanarlo. Con la realización final del nivel de la aceptación, nos sentimos seguros sobre el futuro y podemos pasar a los niveles del amor y de la paz. La razón y la lógica se convierten en herramientas para el cumplimiento de ese potencial.

Otra de las características del nivel de la aceptación, es que ya no estamos preocupados por los juicios moralistas de lo “bueno” y lo “malo”. Simplemente se vuelve evidente lo que funciona y lo que no funciona. Es fácil ver lo que es destructivo y lo que es óptimo, sin juzgar nada como “malo”. Se elimina la culpa, que acompaña a todos los juicios contra los demás y contra nosotros mismos. Vemos entonces el significado de la frase: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”.

En la aceptación hemos dejado la culpabilidad interna que condenaba, incluso, nuestros impulsos humanos más básicos. Podemos disfrutar de nuestra condición física sin la aversión moralista o la auto-gratificación compulsiva.

Aceptamos que los demás han llegado a su conocimiento de la vida y sus puntos de vista éticos de una manera que tenga sentido para ellos, incluso si sus creencias y comportamientos son muy diferentes de los nuestros. Cuando vemos la inocencia en todo el mundo, realmente podemos cumplir el “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y así el dejar ir nos ha permitido alcanzar una meta elevada, sin siquiera el intento consciente de ello.

El nivel de la aceptación se caracteriza por una actitud desinteresada y de servicio. Esto es consecuencia de la entrega de los sentimientos negativos que crea el pequeño yo, lo que elimina nuestra identificación con él. En cambio, la armonía y la paz interior son experimentadas como la naturaleza de nuestro Ser superior. Debido a que se ha renunciado a los programas negativos, se da la aparición de una mayor creatividad, inspiración e intuición.

Hay la certeza de que nuestras propias necesidades serán satisfechas; por lo tanto, hay un cambio en las relaciones de modo que la atención se centra en el bienestar y la felicidad de los demás. Esto se ve facilitado por el hecho de que, en este nivel, ya no hay ninguna necesidad en forma de dependencia de otras personas, ya que no hay nada que sintamos que necesitemos “obtener” de ellos. En una relación de cariñosa aceptación, a las imperfecciones menores ya no se le da una importancia grave y son pasadas por alto.

En la aceptación hay una creciente despreocupación por “el hacer”, y un creciente enfoque sobre la cualidad de ser, y la perfección de nuestra propia capacidad interna para ser generosos y amar. Aunque los sentimientos negativos todavía pueden surgir, son menos frecuentes y se manejan con mayor facilidad. En general, el funcionamiento es ahora muy fácil, y las actividades diarias se vuelven casi imperceptibles debido a su menor esfuerzo.

La responsabilidad personal

El sello distintivo de este estado es la toma de la responsabilidad de nuestra propia conciencia. El interés por la meditación y los diversos métodos de la contemplación interior es común. Los asuntos espirituales y éticos se vuelven importantes. Podemos, por ejemplo, asistir a retiros religiosos si somos religiosos, o podemos comprometernos con lo espiritual o con los esfuerzos humanitarios si nos orientamos a esas esferas.

El mundo se ve armonioso y cualquier alteración de esa apariencia es observada como una proyección de nuestros propios conflictos internos. En este nivel, se da la consciencia de que todos los sentimientos negativos son nuestros propios problemas, y ya no hay que buscar más su resolución fuera de nosotros mismos.

Hay una seriedad en cuanto al crecimiento de nuestra propia conciencia y auto-consciencia, y un centrarse en perfeccionar la cualidad de esa misma conciencia. En este nivel podemos empezar a desarrollar un interés por la filosofía, la investigación científica y los clásicos espirituales que exploran el potencial más elevado de la mente y el espíritu humano. Lo que se vuelve cada vez más importante es en lo que nos estamos convirtiendo, y no lo que tenemos o hacemos. En este nivel asumimos el reto de cumplir con nuestro potencial interior de grandeza, y fomentar el potencial y los sueños de los demás.

Si testamos el músculo en este estado(1), lo probamos fortalecido; somos relativamente inmunes a las influencias negativas tales como el debilitamiento de las vibraciones de las luces fluorescentes, los tejidos sintéticos, o los edulcorantes artificiales. Se da un fuerte compromiso con la salud y el bienestar, y el mejorarnos a todos los niveles. Los problemas de salud son, a menudo, considerados como problemas en los niveles psicológicos, emocionales o mentales, y se buscaron y encontraron los recursos que ayudaron a resolver las cuestiones en todos esos niveles. El poder de la auto-sanación está ahora disponible.

En la aceptación tenemos la libertad de estar en el presente. Una vez que hemos aceptado nuestra propia naturaleza verdadera y las formas en las que el universo se refleja en nuestro mundo, ya no hay arrepentimiento por el pasado, ni tampoco existe el miedo al futuro. El miedo al futuro no existe más cuando el pasado se ha curado. Esto se debe a que, en la habitual ego-orientación del estado de conciencia, el ego tiende a proyectar el pasado sobre el futuro, y un pasado que es visto negativamente se convierte en miedo cuando es proyectado sobre un imaginario futuro. Nuestro dejar ir de las energías inferiores de la culpa, el miedo, la ira y el orgullo, han aliviado el peso del pasado y despejado las nubes sobre el futuro. Afrontamos el presente con optimismo y estamos agradecidos de estar vivos. Vemos que el ayer se fue, el mañana no ha llegado todavía, y que sólo tenemos el hoy.

En resumen, pues, el nivel de conciencia de la aceptación es el que todos deseamos alcanzar, ya que nos permite encontrar la libertad de la mayoría de problemas de la vida y de experimentar satisfacción y felicidad.

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FUENTE: El texto de este artículo corresponde al capítulo 10 de la obra “Dejar Ir, el Camino de la Entrega”, del Dr. David R. Hawkins. Su título original esa «Aceptación», pero para esta entrada hemos optado por cambiarlo por el que figura en el encabezamiento, con el fin de darle una mayor contextualización.
Todos los subrayados del texto son nuestros.
NOTAS:
1) Test de kinesiología.

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consciencia

¿QUÉ ES “ESPIRITUAL”?

Dr. David R. Hawkins

Muchas personas suelen confundir lo “espiritual” con lo “religioso”, e incluso con lo sobrenatural, o los dominios “astrales”. Pero, de hecho, se trata de cosas bastante diferentes, y esta confusión a menudo deriva en conflictos sociales e incertidumbre.

(…) La religión divide y está basada en el poder secular, mientras que la espiritualidad une y no tiene organización en el mundo. (…) Puede ser sectaria y dividir a las personas en grupos conflictivos, a menudo con graves consecuencias para la civilización y para la vida misma, tal como podemos ver en la historia.

El poder de los grupos verdaderamente espirituales se origina únicamente por la veracidad de sus enseñanzas, y no disponen de ningún poder terrenal significativo, edificios, riquezas, o dirigentes reinantes. Generalmente, en la espiritualidad, las ideas centrales que mantienen unido al grupo son habitualmente las del amor, el perdón, la paz, la gratitud, el agradecimiento, el no-materialismo, y la no-crítica.

Normalmente, la religión, en su esencia, tuvo originalmente un núcleo de espiritualidad que, no obstante, termina por sumergirse y perderse de vista. De otro modo, la guerra, por ejemplo, tendría pocas oportunidades de, incluso, suceder.

La verdad espiritual, por tanto, es universalmente verdadera y no sufre variaciones, sea cual sea el tiempo o el lugar. Siempre trae paz, armonía, acuerdo, amor, compasión y misericordia. La verdad puede ser identificada por estas cualidades. Todo lo demás son invenciones del ego.

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FUENTE: “El Ojo del Yo”, por el Dr. David R. Hawkins (extracto)

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emerger a la luz

CÓMO GESTIONAR LAS GRANDES CRISIS EXISTENCIALES

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Capítulo 8 del libro Curación y Recuperación,titulado

“Gestión de Grandes Crisis”,del Dr. David R. Hawkins

docandteddyDr. David R. Hawkins (1927-2012)

Todos nosotros estamos asediados por las grandes crisis de la vida en un momento u otro, pero ¿cuántos de nosotros sabemos cómo manejar la muerte, un divorcio, una separación, la desfiguración, una lesión, los accidentes, las catástrofes y otros acontecimientos graves que dan lugar un agobio emocional? ¿Qué técnicas se pueden utilizar para manejar estas experiencias?

Nos referiremos de nuevo al Mapa de la Conciencia como un punto de referencia para comprender mejor la cuestión. Este Mapa es un modelo matemático que representa el ego humano, al ser (con “s” minúscula). Se incluyen los diversos niveles de la conciencia y sus nombres según la experiencia humana común de la vergüenza, la culpa, la apatía, el sufrimiento, el miedo, el deseo, la ira, el orgullo, el coraje, la voluntad, la aceptación, la razón, el amor y la alegría. A medida que avanzamos hacia la parte superior, nos acercamos más a la verdad. A medida que avanzamos hacia la parte inferior, estaremos cada vez más alejados de la verdad.

Imagen Mapa Escala de la Conciencia

El Mapa muestra unos números que indican la energía o poder relativo de los distintos niveles. Por ejemplo, la Apatía es mucho menos poderosa que el Miedo. El Miedo tiene mucha menos energía que el Coraje, y la Neutralidad tiene menos energía que el Amor. El poder relativo de estas diferentes posiciones refleja diferentes puntos de vista.

Como se mencionó anteriormente, las flechas por debajo del Coraje apuntan hacia abajo, indicando que el efecto es destructivo, no compatible con la vida y en violación de la verdad. En el nivel de la Verdad, que se indica como Coraje, las flechas están en punto neutral. Después, apuntan hacia arriba a medida que avanzamos hacia las áreas de la amorosidad, indicando que esos campos de energía nutren y apoyan la vida y están alineados con la verdad.

En el momento de una experiencia catastrófica aguda, la vida se convierte abruptamente en una pesadilla y uno de repente se siente abrumado por una tormenta emocional. Sin embargo, se disponen de técnicas para manejar estos acontecimientos agudos, para acortar su duración, para aliviar el dolor y el sufrimiento, y para reducir el estrés al mínimo.

Todas estas experiencias importantes de la vida tienen algo en común, ya que todas ellas representan una grave pérdida catastrófica para la mente y una amenaza para la supervivencia. Ellas indican un cambio importante y tienen en común el sentimiento de impotencia debido a su firmeza y permanencia. La mente percibe que está parada y no puede hacer nada al respecto. Es este fenómeno de la permanencia, de estar detenido, que uno es impotente y no puede cambiar el suceso, lo que contribuye a la intensidad de la alteración aguda. Cómo manejemos la situación dependerá de la orientación de uno hacia el tema y su conocimiento de todo el campo de la conciencia.

Todas estas experiencias desatan una tormenta de sentimientos negativos, tales como el shock, la incredulidad, la negación, la ira, la tensión, el sentimiento de culpa, el resentimiento, el estar deshecho o abandonado, la rabia contra Dios y uno mismo, la auto-compasión, la rabia contra el mundo, y la rabia en la familia. Todas estas emociones negativas salen a la superficie y vienen a la vez, a veces en una secuencia, y otras veces combinadas, pero en general, se da un agobio masivo de las emociones negativas de la separación, la pérdida, y la intensidad de toda la experiencia en general.

En primer lugar está la secuencia de shock y luego el resentimiento, la incredulidad y el enfado. La secuenciación de estas emociones varía de experiencia a experiencia y de persona a persona. La secuencia exacta es irrelevante; lo importante es que desatan toda la parte inferior del Mapa de la Conciencia.

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Los campos de energía en la parte inferior del Mapa están en dirección negativa, y cuando uno de estos campos de energía se fortalece, tiende a arrastrar con él al resto hacia abajo, por debajo del nivel 200. El dolor por la pérdida luego parece traer la culpa con él, junto con la sensación de desesperanza, miedo al futuro, deseo de cambiar todo el suceso e ira. Todo el campo de energía negativa se desata en una gigantesca emergencia. El problema es realmente el de estar desorganizado por el desencadenamiento masivo de energías.

La mente trata de usar la razón para manejar estas energías. Trata de pensar en la manera de salir del dilema y busca explicaciones y razones. La mente no puede tener éxito en esto porque el campo de energía agobiante es tan masivo, que los pensamientos se convierten realmente en un reflejo de la negatividad del campo, por lo que los propios pensamientos se vuelven negativos.

Otra característica común a todas estas experiencias es que todas ellas están en la parte superior de las escalas de calificación del estrés en la vida, que numéricamente tasa el grado de estrés de ciertos acontecimientos de la vida del cero al cien. Los mencionados anteriormente se encuentran en la parte superior de la lista. La muerte de un cónyuge, un hijo o un familiar, junto con el divorcio, se encuentran en la parte superior de esa escala, por lo que son todas ellas las máximas catástrofes que podemos enfrentar en nuestra experiencia de vida en general. El problema a explorar es cómo convertirlas en agudas ganancias, cómo maximizarlas y cómo usarlas como trampolín para grandes saltos en la conciencia.

Es necesario revisar de nuevo la conciencia en sí misma y la relación entre cuerpo, mente y espíritu. ¿Cuál es la naturaleza exacta de esa relación y cómo puede ayudarnos a aprender cómo manejar las grandes crisis? Como se mencionó anteriormente, el cuerpo es incapaz de experimentarse a sí mismo. El cuerpo en realidad es insensible. Sabemos dónde está el cuerpo debido a las sensaciones. No experimentamos el cuerpo, sino que experimentamos las sensaciones del cuerpo. Las sensaciones, en sí mismas, no tienen forma de ser experimentadas, sino que tienen que ser experimentadas en algo mayor que ellas mismas, lo cual está en la mente. Nuestra consciencia de lo que está sucediendo en el cuerpo se debe a lo que se está informando y experimentando en la mente.

La mente no tiene la capacidad de experimentarse a sí misma. Esta parece una idea chocante, pero la memoria no puede experimentar su propia memoridad, un pensamiento no puede experimentar su propia pensatividad, y los sentimientos no pueden experimentar sus propias sensaciones. Esto se debe a que tienen que ser experimentados en algo mayor que la mente, lo cual es la conciencia en sí misma. Debido a la conciencia, uno se da cuenta de lo que está pasando en la mente. La Mente luego informa de lo que está pasando con las sensaciones y las sensaciones informan lo que está pasando con el cuerpo. Por lo tanto, se experimenta a varios niveles de extracción del cuerpo en sí. En consonancia con esto, la conciencia misma es incapaz de experimentarse realmente a sí misma. Es debido al campo de energía de la consciencia que somos capaces de saber lo que está pasando en la conciencia. Ella informa lo que está pasando en las sensaciones y luego informa de lo que está pasando en el cuerpo. Por lo tanto, donde experimentamos las experiencias está considerablemente apartado del propio cuerpo físico en sí.

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Debido a que el experimentar está pasando dentro de la conciencia, podemos abordar la solución de los problemas humanos directamente dentro del campo de la conciencia, acortándolos con ello eficazmente y aliviando la intensidad del dolor y del sufrimiento, logrando un resultado mucho más eficaz. Los resultados de esta técnica y enfoque se han demostrado en el manejo del dolor físico, la enfermedad, el sufrimiento, la depresión, la ansiedad y el miedo. La misma técnica funcionará en el encuentro con estas emergencias catastróficas emocionales agudas, desde donde auténticamente vives este experimentar de la propia experiencia.

Una persona piensa: “Bueno, vivo en el mundo, estoy experimentando el mundo”, pero lo que realmente está siendo registrado es la propia experiencia de esa experiencia (por ejemplo, el “experimentador”). Podemos manejar cualquier cosa si nos dirigimos exactamente por este enfoque. Si nos centramos en donde estamos experimentando la experiencia, podemos manejar las cosas con precisión. En unos momentos y minutos, podemos manejar cosas que nos llevarían semanas, meses, años y, de hecho, incluso toda la vida. Podemos manejar en una hora algo que los demás no han sido capaces de manejar ni siquiera en el curso de toda su vida. Sabemos de personas que han experimentado estos eventos catastróficos en la vida temprana, y cuando las vemos con una edad mayor todavía no han terminado para ellas. El resentimiento, la amargura, la ira, la desilusión, la rabia y las decisiones importantes surgen de esos sentimientos negativos que se mantienen en la persona cincuenta años después. Es como si pensara que el suceso hubiera ocurrido ayer; sigue sin cicatrizar ni deshacerse, y como si el conocimiento de cómo manejar lo abrumador no estuviera disponible para ellos.

Vamos a relatar cómo manejar lo abrumador en el nivel en que está siendo experimentado. Observemos el campo de la vivencia para ser conscientes de dónde lo experimentado está sucediendo. Esto no está sucediendo en el mundo, a los pies de uno, ni en el estómago. Está sucediendo en la conciencia. A medida que examinas donde experimentas la experiencia, encontrarás que es en todas partes. No experimentas las cosas en un punto focal; es decir, en un sistema de creencias de la mente. Por ejemplo, le pido a alguien que sea consciente de esto: “¿Dónde experimentas lo que piensas?” Por costumbre la persona apunta hacia la cabeza y dice: “Aquí”. Ese es un sistema de creencias, los pensamientos sobre los propios pensamientos. Uno piensa que sus pensamientos están en su cabeza, pero eso es sólo un pensamiento. ¿Dónde puede uno realmente pensar que las ideas en las que cree se piensan en la cabeza? A medida que uno realmente considera esto con un poco de contemplación y reflexión, verá que la vivencia real es difusa y pasa en todas partes. Uno no puede poner su dedo en un lugar en particular donde la experiencia está sucediendo. Es a la vez en todas partes y en ninguna.
Trabajar en este punto revela algo sorprendente que hace este tipo de trabajo preciso. Lo sé porque he trabajado en él clínicamente durante más de cincuenta años, y porque ha sido así a través de la mayor parte de las grandes crisis de mi vida. De hecho, hace unos años, pasé por una media docena de ellas y voy a compartir mi experiencia de la verdad de estas cosas, porque uno puede experimentar todo esto en uno mismo.

Es sorprendente que la única cosa que se gestiona en estos sucesos catastróficos agudos, es la energía de las propias emociones. Si nos fijamos en la experiencia, vemos que el problema no es el suceso acaecido o lo que creamos que pasó en el mundo, sino la manera cómo nos sentimos al respecto. ¿A quién le importan los hechos? No significan nada en sí y por sí mismos. Es nuestra propia reacción emocional a los hechos lo que importa. El hecho es sólo un hecho, una ‘nada’. Cómo nos sintamos con el hecho es, por tanto, la única cosa que realmente siempre tendremos que manejar en relación a los acontecimientos de la vida.

Nuestros sentimientos provienen de nuestras actitudes y creencias, nuestra forma de estar con ellas y la forma en que nos vemos a nosotros mismos en el mundo, dando así variedad a las emociones. Sin embargo, en un estado de agobio, el problema es el de gestionar sólo la propia energía emocional. Realmente ni siquiera tenemos que manejar las emociones, tan sólo la energía de las emociones. “Sí”, dice uno, “pero, ¿qué pasa con los acontecimientos externos? ¿Qué voy a hacer ahora sin dinero? ¿Qué voy a hacer sin mi marido?”, y así sucesivamente. Sorprendentemente, los acontecimientos son muy fáciles de gestionar. No hay ninguna catástrofe aguda. Los hechos en sí son en realidad gestionados de forma mecánica una vez que los sentimientos se dejan de lado.

Puede haber cierta resistencia, resentimiento, o arrepentimiento, pero estas son cosas de menor importancia. El manejo de los problemas reales en el mundo de los fenómenos en la vida diaria es, por el contrario, mucho más fácil. Ellos no son el verdadero problema. Los pensamientos que están empezando a salir del campo de energía de las emociones negativas parecen catastróficos, sin esperanza, insoportables e insuperables. Una vez que una persona ve la otra cara, la vida se ajusta por sí misma. Otra cosa viene a llenar el vacío, y la vida continúa hacia adelante. Esas cuestiones fueron fáciles de resolver una vez las emociones se apartaron del camino.

La vida presenta las soluciones a todos los problemas. La necesidad es la madre de la invención, por lo que cualquier dilema que aparezca en la vida de uno se resolverá por sí mismo, y la energía de la vida se reanuda. La vida sigue hacia delante sin importar lo grave que parezca la catástrofe en ese momento. Por lo tanto, el problema no está manejando el suceso “de fuera” o las circunstancias de la vida, ya que ellas se encargarán de sí mismas. Por lo general, los parientes o amigos íntimos se encargarán de la situación de la persona que esté afectada y abrumada. El problema es el manejo de las energías cuando surgen.

Cuando uno de estos grandes campos de energía negativa comienza a desbocarse, tiende a arrastrar al resto con ello. Es raro que una experiencia solo sea de sufrimiento. La culpa se asocia casi siempre con él al culparse uno mismo. Puede adoptar la forma de preguntas como, por ejemplo, “¿por qué no vi como me di la vuelta?” “¿Por qué no me amarré?” “¿Por qué no la llevé al médico antes? Tal vez podríamos haber curado su cáncer”. “¿Por qué no aposté por ese caballo?” Hay una especie de retrospectiva de auto- recriminación. También se da la apatía y la desesperanza, “la vida es inútil”; la vida parece no tener esperanza. Parece que nunca vamos a ser felices otra vez. Es como si la fuente de la felicidad hubiera dejado la vida de uno. Por supuesto, el dolor es natural a la pérdida. Y luego están los miedos que surgen, ¿cómo voy a vivir sin lo que sea que he perdido?

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El constante e incesante deseo nos vuelve locos al intentar cambiarlo. ¿Qué podemos hacer? Se da una negociación, el tratar de manipular, el discutir y el hacer tratos con Dios: “Oh Dios, si tan sólo me dejas tal y cual cosa viva, haré esto y lo otro.” Luego está la ira, la rabia contra la vida y la naturaleza de la vida y la ira que se desplaza hacia la gente de tu vida, es culpa de “alguien”. Todas estas energías negativas suelen desatarse a la vez y, momento a momento, una u otra puede ser dominante. Al mismo tiempo, la mente se retorcía salvajemente, tratando de llegar a explicaciones, tratando de averiguarlo, y se ve inundada por un desbordamiento de energía. El problema es que la energía es demasiada para que la mente la procese. Se desorganiza, la adrenalina y las hormonas del estrés biológico abruman, y ese estrés agudo lanza a la persona al estado de emergencia aguda en la conciencia misma.

Los problemas no son tratados en el nivel en el que parecen estar ocurriendo, sino en el siguiente nivel de energía más elevado. Una energía más elevada significa mayor poder. Cuando trato con ella, se manejan automáticamente, lo cual no es posible en los niveles inferiores. Todo lo que tenemos que manejar son las energías de lo abrumador de lo emocional. ¿Le parece sorprendente escuchar a un psiquiatra decir esto? La mayoría de la gente espera de un psiquiatra que comience a hablar de la psicología, de la intrincada relación entre la persona y de los acontecimientos y lo que significan simbólicamente, es decir, los componentes psicológicos.

En este caso, vamos a pasar por alto todo eso y en su lugar haremos frente a la energía que las emociones liberan, lo que para la psicología puede ser indiferente. Hay una masiva liberación de las emociones negativas y es apropiado hacer frente a la energía de aquellas emociones. Una técnica muy eficaz a utilizar es ignorar los pensamientos, que la mente nunca descifra porque no tiene la capacidad de hacerlo. Se encuentra en un estado abrumador masivo. Los temas son extraordinariamente complejos, se necesitaría toda una vida para desentrañar si una persona realmente quería saber el significado de todas y cada una de las contribuciones de todos los niveles del propio ser psicológico al significado total de las experiencias. No es necesario hacer eso, y es una cosa muy buena no hacerlo. La persona sólo tiene que entrar en el sentimiento en sí mismo.

Observe que la primera sensación se siente de una manera general, y que hay una energía por debajo de ella. Es como si la conciencia trabajara de esta manera, como si hubiera un cuerpo difuso de energía que realmente no tiene nombre. Se podría llamar la energía de la emotividad, la energía tras los sentimientos. Dado un momento en el tiempo, esta energía difusa, sin nombre, comienza a tomar la forma de, por ejemplo, sufrimiento, ira, rabia, indignación, autocompasión o celos. Este campo emocional en un principio era difuso y sin forma, pero ahora se asemeja a la forma del sufrimiento, pero también hay algo de miedo e ira en él. Es la energía de la emotividad en general.

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Cuando se administra una fracción de segundo más, se necesitará una mayor forma de miedo específico, por ejemplo. “¿Cómo voy a vivir ahora sin dinero o sin algo?” El miedo comienza a tomar forma, y entonces los pensamientos comienzan a surgir de la emoción específica de miedo. Es como una secuencia de acontecimientos y un océano de energía suprimida.

Aprenderemos a descomprimir eso. Si uno puede desconectar el fusible y tirar del enchufe, entonces estás desconectado de toda la experiencia y te deja en un estado interior de paz.

Será de gran ayuda que puedas aceptar el hecho de que no tienes que hacer nada respecto a los acontecimientos externos o, incluso, a lo que figura estar pasando fuera. Una persona no puede hacer ningún progreso observando los pensamientos porque son interminables. No vas a avanzar mucho manejando el problema observando la emoción específica, pero habrá un efecto muy profundo si te permites a ti mismo centrarte en la energía que hay por debajo del malestar. A medida que uno se engancha a una experiencia cada vez más incipiente y más incipiente, te darás cuenta de que la energía es difusa y casi sin nombre. Es como un recipiente de gas a presión que busca liberarse. Su energía se ha ido acumulando durante toda la vida y ahora tiene una salida. El evento que ha pasado en la vida ha abierto las compuertas, las rejas, las puertas, y ahora este contenedor de energía emocional comprimida y suprimida, está utilizando esta oportunidad para escapar. Una vez que las puertas del granero se han abierto, todos los animales salen corriendo.

¿Cómo se puede salir de esa vía de animales corriendo? Uno no puede, sin embargo la experiencia puede ser cortada rápidamente al aceptar el hecho de que no puedes escapar de ella. Al tratar de escapar sólo la prolongarás. La mente tratará de averiguar la manera de escapar de la energía emocional como si eso fuera a reducir el dolor; pero el dolor, en realidad, proviene de la resistencia a la experiencia. Para hacer frente a esto, uno simplemente se sienta y deja de resistirla, eligiendo en su lugar estar con ella. Cuanto antes uno se abre a ella, antes la energía se suelta y más rápidamente la experiencia terminará. Todo esto puede ser entregado en lugar de permitir que sea arrastrado interminablemente, agónicamente, por horas, días, semanas, meses, años o, incluso, toda la vida.

Recuerde que dijimos que cuando alguien tiene una lesión aguda, como una quemadura en la mano, si lo dejara todo y utilizara este mismo método del dejar ir el resistir, de sólo abrir la puerta y darle la bienvenida y decir: “De hecho, quiero más de lo mismo”, más de la energía de esa experiencia, y si ignora lo que sucede en la mente, si ignora los pensamientos pero permite la experiencia del campo de energía, la mente dirá: “Bueno, estoy experimentando sufrimiento.” Eso es una etiqueta, por lo que diremos que todos los pensamientos son etiquetas y no tienen realidad, en realidad, ninguna de estas cosas existen. Si muere un ser querido, la mente dice automáticamente “duelo”, lo cual es una etiqueta. Debido a que la mente tiene poder sobre las emociones y la capacidad de darles forma, la creencia de que perder a alguien causa pena da forma a la emoción. El campo de energía de las emociones no tiene en realidad forma, salvo cuando uno insiste en que es sufrimiento, entonces toma la forma del sufrimiento. Si a alguien le ponen un arma en la cabeza, estamos naturalmente convencidos en opinar que esto requiere miedo; por lo tanto, la misma energía ahora asume una forma algo diferente llamada “miedo”.

Es preferible disminuir la forma del campo de energía y dejar de etiquetarla como algo. No le decimos a nadie: “¿Sabes?, voy a tener dolor; estoy pasando miedo, estoy pasando por una sorpresa.” Un “malestar”’ está más cerca de la verdad. Es un término general, ya que es muy difícil decir cuál es la emoción en un malestar agudo. En un principio, por lo general, se experimenta una sensación de shock, entumecimiento e incredulidad de que esto pudiera haber sucedido. Ese es el momento para comenzar esta práctica. La persona está preparada si conoce la técnica de antemano.

Hace varios años pasé por una experiencia parecida y de inmediato comencé a dejar ir el resistir la experiencia. Constantemente cancelé los pensamientos. Por ejemplo, la pérdida parecía para siempre, para toda la vida. No es la pérdida del tiempo de vida lo que es el problema, es la energía de la emoción que surge de ella. Una vez que la energía de la emoción sobre la pérdida se disipa, se convierte en una especie de: “¿Y qué?” El problema es la emotividad catastrófica aguda, por lo que sólo hay que estar con ella. La técnica consiste en dejarse experimentarla. De hecho, para superarla en un apuro, ¡simplemente pide más! Dígase a sí mismo: “Quiero más de lo mismo; quiero más de lo mismo.”

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Finalmente podemos ver que se trata de una gran oportunidad. La causa de todo dolor y sufrimiento es la acumulación de este campo de energía comprimido, y los acontecimientos de la vida nos dan una excusa. Se abren las puertas para que nos permitamos a nosotros mismos sentirnos parte de ella. Por ejemplo, alguien golpea el guardabarros de nuestro coche. Toda la rabia contenida que hemos acumulado a lo largo de nuestra vida ahora tiene una excusa para salir. Se pone furiosa por el guardabarros abollado, se molesta y se dirige hacia la autocompasión y la culpabilidad. Los acontecimientos de la vida son las excusas para dejar ir la energía comprimida. Debido a que se hace insoportable, la mente encuentra una manera de descargarla que sea aceptable para nosotros.

Una persona que esté familiarizada con esto sentirá la energía comprimida y empezará a liberarla sin esperar que la mente cree una excusa que justifique su puesta en libertad. La mente más sofisticada no precisa de un acontecimiento externo para entregar su enfado. Sólo sabe que está construyendo algún enfado contenido, se sienta y dice: “Debería ver mejor esto.” A continuación comienza a soltar esta energía antes de que la mente consiga rodearlo y cree algo “ahí fuera” para aliviar sus necesidades. Es como si los acontecimientos de nuestras vidas fueran casi como válvulas de seguridad o alivio, proporcionando una manera de descomprimir este depósito de energía.

La técnica es la descompresión. Es observar la energía a medida que está siendo experimentada. Nosotros no tenemos que manejar los pensamientos o los problemas que la mente crea en torno a este caso particular. Cuando una persona observe cualquier experiencia vital, vean qué viven dentro de sus sentimientos al respecto. El acontecimiento vital en sí, realmente es una “nada”. Por la mañana puede parecer catastrófico, pero al mediodía podría ser divertido. El acontecimiento no ha cambiado en absoluto. El guardabarros abollado, en el momento en que sucede pudo ser un desastre indignante. En cuanto pensamos en ello, empezamos a sentir culpa. Sabemos muy bien que reaccionamos un poco demasiado bruscamente. Tal vez una hora más tarde nos sentimos mal por el otro chico, porque ahora él tiene un problema con el seguro. Nos damos cuenta de que realmente no fue su culpa, y tenemos el deseo de hacer las paces con él. Ahora estamos teniendo sentimientos de culpa y culpabilidad contra nosotros mismos de nuevo. Entonces nos ponemos a pensar todo de nuevo, y ahora regresamos a la rabia. Vemos que la estamos viviendo. ¿Vivimos con un guardabarros abollado? El hecho es que nunca realmente vivimos con un guardabarros abollado, sólo vivimos nuestra propia experiencia interna de eso. Cómo estemos con ello, así lo estaremos experimentando. Las personas nunca experimentan los guardabarros abollados en su vida, sólo sus emociones sobre ellos.

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Cuando lo observamos desde esta perspectiva, no es tan malo ni tan abrumador. Lo único que siempre vamos a tener que manejar es la misma energía, la sutil, la sensación interior, y luego dejar de resistirnos a ella, renunciar a ella y darle la bienvenida. Decir sí a entregar su energía. Después de hacer esto durante unos minutos, o tal vez incluso una hora (depende de lo hábil que uno sea (algunas personas lo consiguen de inmediato y algunas necesitan un poco de práctica), una persona se queda donde está y ya no tiene, incluso, que manipular o experimentar las emociones como tales. Lo que fue miedo desapareció y ya no se siente como miedo por más tiempo. La ira ya no es sentida como enfado; la culpa ya no es sentida como culpabilidad per se. La emoción que era sentida como abrumadora, proveniente del flujo de una energía negativa es, en realidad, genérica y sin nombre.

Cuando dejamos de nombrar, de etiquetar o llamar a la energía de algún modo, ya no tenemos que manejarla. Cuando dejamos de poner las construcciones e interpretaciones de la mente en ello, cuando nos desprendemos del querer hacer las cosas “bien” o “mal”, o de los acontecimientos, o del equivocarnos nosotros mismos, cuando nos permitimos omitir todo esto, entonces conseguimos sentir todo ello y ver que tenemos que manejar todo eso. Nosotros no tenemos que manejar el pensamiento ni, incluso, las emociones de ello. Todo lo que tenemos que hacer es manejar la misma energía próxima.

¿Podemos hacer eso? Sí, podemos, porque lo estamos haciendo todo el tiempo de todos modos. Es una técnica más efectiva que el ir corriendo frenéticamente alrededor, en nuestra mente, tratando de resolverlo, o ir corriendo al interior de nuestras sensaciones y tratar de manejar las emociones catastróficas, ya que, al mismo tiempo, este dejar ir del campo de energía, está sucediendo de todas formas.

Es útil tomar conciencia de ello para cortar la confusión y conseguir enderezar el punto esencial de lo que es eficaz. Tratar los pensamientos y los acontecimientos con toda la razón, la lógica, averiguarlos y hacer frente a toda la indagación de los significados psicológicos es entretenido, pero completamente ineficaz. Es una pérdida de tiempo y energía y realmente retrasa la recuperación.

La curación de una quemadura aguda en la mano lleva sólo unos segundos. ¿Cuánto tiempo llevaría el detener el sangrado si nos hemos cortado un dedo? De hecho lleva unos segundos. Por ejemplo, cuando sin querer me corté el pulgar, al instante utilicé esta técnica, y el pulgar sangró exactamente ocho gotas. Entregar el dolor y dejar de resistir la abrumadora catástrofe, permitió que el sangrado se detuviera instantáneamente.

Aquellas personas que han probado esta técnica, han tenido la misma experiencia en el nivel físico, lo que demuestra la verdad de esto. Se puede hacer con cualquier emoción. Uno se mete en la emoción, luego pasa la emoción y dejas de llamarla de ninguna forma. Uno se pone en contacto con la energía genérica de lo que está viniendo. Parece venir derecha a través del plexo solar, o parece estar en todas partes. Uno va a recto a donde la vivencia está siendo experimentada. Uno tiene que usar un poco la disciplina con la mente y negarse a tener la mente engaña por uno mismo. La persona dice: “Bueno, estoy experimentando la muerte de esa persona en el exterior.” Uno no está experimentando el “exterior”, estás experimentando el “aquí”. ¿Dónde está eso? Es el mismo lugar donde uno siempre experimenta la experiencia, en la sensación del ser.

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El único problema son los propios sentimientos. El verdadero problema no es en realidad la muerte de alguien “de ahí fuera”, es que la persona esté en contra de la energía de los propios sentimientos, el abrumarse por esa energía. Si uno dirige su atención y se centra en ello con precisión, aborta lo que podría ser una experiencia prolongada y muy dolorosa, llevándola a un final abrupto.

¿Qué pasa si seguimos dejando ir esta energía? ¿Qué pasa si le damos la bienvenida? ¿Y si le decimos: “Qué oportunidad para descomprimir todo esto”? ¿Cuál sería entonces la experiencia? Será relativamente corta en comparación a como lo sería con un estado ordinario de conciencia. De repente, el campo de energía se detiene. Es como cuando el indicador de presión de la cámara de compresión llega a un cierto punto y detiene el flujo de entrada, entonces experimentamos un estado de paz. Nada más salir de una catástrofe grave aparecen estados de paz profunda. Si alguien ha pasado por esto, entenderá lo que se quiere decir aquí. El núcleo del alivio es el entregar la energía a gran profundidad.

De repente, toda la agonía se detiene y en su lugar hay casi un silencio, una presencia infinita, un estado infinito de paz, algo que puede ser mayor que cualquier experiencia que una persona haya tenido en su vida anterior. No son los mismos cuando salen por el otro lado. A partir de entonces, son más ligeros, más libres y menos sujetos al dolor de su propia experiencia emocional.

Clínicamente lo que suele ocurrir es que la persona ahora suspira de alivio. Se dan cuenta de que la vida va a continuar y que pueden vivir con ello. Por malo que pareciera, de alguna manera pueden sobrevivir. La paz continúa durante un período de tiempo variable, y luego una ola de emotividad regresa. Tiende a regresar en oleadas, con períodos de alivio entre medias. Cuando la ola regresa, le dan la bienvenida de nuevo y tratan de liberar la mayor cantidad de presión que puedan, antes de que la válvula se cierre de nuevo. Le dan la bienvenida como una oportunidad muy valiosa, y ya que puede que no ocurra muchas veces en la vida, es algo a ser atesorado. El valor de ello llega sólo cuando una persona está realmente en el otro lado de la experiencia y puede mirar hacia atrás con la sabiduría que ha ganado y comprende que la mente no va a ser de ninguna ayuda real en la experiencia. Esto se debe a que la mente mira en la dirección equivocada y dice: “Si pudiera cambiar las circunstancias del suceso exterior, entonces me sentiría bien.” Hay algunos buenos ejemplos clínicos de eso.

Hubo el caso de una mujer que recibió un telegrama diciendo que su hijo había muerto en Vietnam. Como resultado, ella dejó de hablar, se sentó en una mecedora cerca de una ventana, y siguió meciéndose hacia adelante y hacia atrás, mirando aturdida por la ventana. Estaba en el estado llamado apatía, con una pérdida completa de energía. El mundo parecía desesperado y, para ella, Dios estaba muerto. Se mecía hacia atrás y hacia adelante en este estado de desesperanza, no respondiendo verbalmente a su familia. Se negaba a comer, y apenas dormía algunas siestas, tal vez, durante la noche; tan sólo se quedaba mirando fijamente por la ventana en un estado de apatía total. Encontramos que ciertos cambios habían tenido lugar en la química de su cerebro como resultado de esto, y algunos neurotransmisores estaban agotados.

Mientras tanto, la familia no sabía qué hacer y estaba muy perturbada. Unos diez días después, la familia recibió otro telegrama del Departamento de Defensa de EE.UU. diciendo que todo era un error, y que su hijo no había muerto en acción, que era otro militar con el mismo nombre y un número de identificación que tan sólo difería en un dígito, había habido un error informático. La familia le dijo a la mujer: “Madre, madre, ¡que no está muerto!” Ella continuó meciéndose en la mecedora, mirando fijamente por la ventana, como si ni siquiera los oyera.

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Por lo tanto, el cambio de las circunstancias del mundo exterior no necesariamente va a cambiar el malestar, porque este ha iniciado ya un proceso. Es el proceso lo que ha de ser manejado. Los acontecimientos externos no tienen que ser aceptados, porque eso es justo lo que no podemos hacer. No podemos aceptar las circunstancias que han ocurrido en nuestra vida. Lo que podemos hacer es aceptar y entregarnos al hecho de que hay que hacer de tripas corazón y estar en esa situación en estos momentos. Por ejemplo, si nuestra pierna está atrapada en una trampa para osos y no hay manera de salir, nos entregamos a la experimentación, la necesidad de sentarnos en ella, enfrentarla, manejarla, y entregase a la vivencia de la experiencia con las técnicas que ya presentamos.

Para ser eficaces, uno presta poca atención a la mente, porque la mente realmente no tiene ninguna solución para el problema. La mente dice: “Si tan sólo pudiéramos cambiar las circunstancias externas.” De aquí es de donde provienen a menudo las experiencias de la gente con la oración. Sin saber por qué orar, puede llevarles a la amargura el estar rezando en una dirección equivocada. Muy a menudo la oración se dirige en la dirección de “Por favor, deshaz esto; por favor trae de nuevo la alegría a mi vida; por favor devuélveme mi pulgar; por favor cambia lo que está pasando ahí fuera.” La oración, en este sentido, es muy probable que sea ineficaz, porque la forma de la oración es como: “Querido Dios, por favor, déjame ser unos 30 centímetros más alto.” ¿El problema es de Dios, o el problema es de la falta de comprensión acerca de cómo orar?

En estos momentos, la oración podría ser: “Por favor estate conmigo; enséñame a entregarme y manejar esta experiencia”, y pide la percepción consciente de la Presencia de Dios. Estaríamos pidiéndole a Dios que asumiera la experimentación en lugar de nosotros. Curiosamente, a medida que seguimos entregando la vivencia de la experiencia, a medida que dejamos de resistirla y etiquetarla, estamos progresivamente entregándola.
Hemos de rechazar la atracción a prestar atención a la reflexión y al “hacer algo” exterior para tratar de cambiar la situación. Entonces surge la voluntad de entregar el etiquetar y hacer que la energía emocional tome forma. La total entrega a la propia energía, nos lleva al estado interior a medida que conseguimos profundizar en la entrega de que algo se está experimentando, y que algo está manejando la vivencia de la experiencia por nosotros. Es como si el yo personal ahora se retirara, y lo único que podemos decir es que la energía está siendo manejada.

Los que rezan en esa dirección se vuelven conscientes de lo que está manejando la experiencia, ya que a medida que uno se interna en la entrega de la experiencia, te das cuenta de que está siendo manejada. Es como si algún campo de energía, algún modo infinito de existencia, algún aspecto del ser, lo estuviera manejando. Entonces viene la sorprendente realización de que uno nunca lo manejó en absoluto; para empezar, era una especie de ilusión que estaba proyectándome a mí mismo en ella dándole forma, y la identificación con lo que estaba causando el dolor. El dolor proviene de la resistencia y la insistencia en que el yo personal y todos sus aspectos tienen que ser manejados, que tiene que hacer algo respecto de la experiencia exterior – demandar a alguien, cambiar la casa o mudarse a un lugar diferente- a medida que se entrega a sus pensamientos. Se entrega el querer controlarlo y cambiarlo. Se entrega a la experiencia interior y, finalmente, lo ve como un gran regalo, pero sólo cuando se sale al otro lado.

Para aquellos que están alineados conscientemente en su vida con el trabajo espiritual: ¿Qué aspecto del trabajo espiritual buscas? ¿Qué opinas del trabajo espiritual? ¿Cuál es la naturaleza de lo que usted llama espiritual, o conciencia, o tratar con su inconsciente o su súper-consciente? ¿Qué es lo que le parece a usted?

Algunas personas han pasado muchos años diciendo que veían a una persona de rodillas y rezando, o veían a la persona en la iglesia. Ellos ven a una persona en una reunión donde todos están tomados de la mano y diciendo “Om”, y que ven la luz en el centro del círculo. Se imaginan a sí mismos sentados con un libro y estudiando hasta la medianoche o hasta la una de la madrugada. Se ven a sí mismos escuchando cintas de audio de muy conocidos oradores espirituales, o se ven a sí mismos en las convocatorias de “cuerpo, mente y espíritu”, o en servicios de curación. Este es todo el panorama de lo que la mente abarca y llama “trabajo espiritual”.

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Cuando nos enfrentamos a una crisis vital, sin embargo, no parece trabajo “espiritual”. El trabajo espiritual es descrito como el estudio de un libro de texto, mirar la foto de un gurú, y cantar canciones. Luego se produce una catástrofe aguda, y el trabajo espiritual se pasa por alto. Luego se reanuda, después de haber manejado las diversas situaciones de emergencia y las tareas de uno en la vida.

Es como si en realidad no viéramos la esencia del trabajo espiritual. No vemos que el trabajo espiritual nos lleva a estas crisis agudas, nos lleva a ellas, y que son una oportunidad. Aquí es donde el trabajo espiritual está sucediendo. Lo otro era una preparación, una recopilación de información y experiencias, decidir la dirección y acumular conocimiento espiritual. Entonces, de repente, llega el momento de la verdad, el momento de hacerlo.

Hay gente que ha estado en el trabajo espiritual y en círculos metafísicos durante muchos años, y nada cambia en sus vidas. Tienen las mismas enfermedades y problemas, su vida personal es la misma. No han tenido ninguna de las experiencias de la verdad interior de las que oyen hablar, ¿y por qué es esto así? Cuando la vida nos brinda una oportunidad de oro, ese es el momento de realizar el verdadero conocimiento espiritual. Es el momento de la transformación, el momento de dar ese salto de conciencia. Esos son los momentos de oro.

Las catástrofes agudas son los momentos en los que hacemos grandes saltos, cuando nos enfrentamos a ellos directa y fijamente, y decimos: “No voy a desviarme de este trabajo espiritual.” Ahora estamos realmente confrontados a un verdadero trabajo espiritual. No es como leer unas frases que suenan agradables en un libro o el mirar algunas fotos felices. En cambio, estamos justo en medio de ello, apretando los dientes. El apretar de dientes del trabajo espiritual se produce cuando nos enfrentamos a lo que no podemos evitar. Es la confrontación directa que requiere un salto de conciencia.

Estas son oportunidades de oro que no tienen precio, si las vemos de esa manera, si estamos dispuestos a estar con ellas y decir: “Está bien.” La voluntad de llevarlas adelante, sin importar lo dolorosas que sean, permite un gran salto en la conciencia, un avance real en sabiduría, conocimiento y consciencia. Eso que leemos en los libros y luego se convierte en nuestra propia experiencia interior.

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Hay algo por debajo de la emotividad que está experimentando esta energía que surge de una persona. Ella está, literalmente, siendo manejada por algo mucho mayor que el propio ser personal de uno. Si sólo estuviera presente el pequeño yo personal, estarías totalmente inundado y arrasado por la energía liberada durante estas experiencias. Uno sobrevive a la experiencia porque existe algo mayor que el yo personal que es más que capaz de manejarlo.

El truco de la mente es no ver eso. Trata de cambiar lo que pasa “por ahí fuera”, trata de representarlo y luego vuelve a descender al intelecto y encuentra que el intelecto no va a resolver este tipo de problema. Cuando nos ha caído un gran roble y roto todos los huesos en la parte delantera del pie, lo que se necesita en este momento es nuestra disposición y voluntad para manejar lo que presenta la vida. Tener las herramientas y la voluntad nos brinda una curación muy rápida.

Se da la consciencia en un agobio agudo, de que realmente podemos manejar las experiencias. Parte del pánico proviene de la comprensión de que lo que pensamos que somos – nuestro poder, el yo limitado – no es rival para el poder de esta experiencia. Eso es precisamente lo que está pasando, el yo personal limitado e individual, no puede manejar lo abrumador. Este es el valor espiritual preciso de ello. ¿Qué es lo que realmente queremos cambiar acerca de la experiencia? Veremos que lo que queremos hacer es cambiar cómo nos sentimos al respecto. Lo que podemos saber es que los sentimientos van y vienen. El suceso no nos va a molestar después de sentir ese estado emocional. Todo lo que tenemos que experimentar es el aumento agudo y la energía de la emoción. Los acontecimientos se cuidarán por sí mismos.

El deseo de cambiar lo que ocurrió y cómo nos sentimos al respecto tiene que ser entregado. La confrontación está ahí, y lo único que podemos hacer es decir sí al experimentar a través de ello sin importar cuál sea su naturaleza, ya sea esta la muerte de un ser querido, un divorcio, una separación, una emergencia grave o una lesión catastrófica. Todas provocan un estado de shock que es igual, sin importar cual sea el evento precipitante. El shock es la súbita comprensión de nuestra impotencia, el hecho de que nuestra voluntad se ha encontrado con un muro de ladrillo, que no somos imparables y que hemos sido detenidos, y que la voluntad personal no puede seguir su camino. Por lo tanto, el shock y la realización de todo esto son lo mismo en todas las experiencias, junto al hecho de que es invariable y permanente. Eso es un shock. Es como si nos acercamos a toda velocidad contra una pared de ladrillo, y cada momento en la vida que hacemos esto, se libera el mismo campo de energía.

Si usted ha estado en más de una de estas experiencias en su vida, usted puede mirar hacia atrás y darse cuenta de que esto es así, y que cada vez el estado de shock era el mismo. La experiencia y la secuencia fueron las mismas. Hubo una experiencia de sensación de entumecimiento repentino, el estado de incredulidad, y luego la liberación de todos los sentimientos negativos.

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Cuando nos fijamos en los sentimientos negativos con precisión en algunas de las experiencias que hemos tenido, nos damos cuenta de que hemos experimentado todo esto. Hemos experimentado la totalidad de ese campo de energía negativa, por la mañana estaría presente y por la tarde seguiría estando presente. De hecho, en el plazo de un minuto, fluctuamos adelante y atrás. Es como un campo de energía chispeante en el que la forma de la emotividad alterna de la ira al resentimiento, a la autocompasión a los celos, a la revancha, a la venganza, al odio, a odiar a Dios, a odiarse a uno mismo, a culpabilizar a la familia y a la sociedad, a culpar a los gobiernos y las leyes. La mente corre salvajemente en torno a ese campo de energía negativa. Podemos ver lo difuso y la falta de forma de ello. Es como un cesto lleno de energía negativa, y sólo tenemos que manejar la cesta, no todas las pequeñas cosas que se alternan a su alrededor. Sólo tenemos que manejar el “todo” de ello. Cuando vemos que se está descomprimiendo el “todo” de ello, nos desplaza rápidamente a su través y salimos al otro lado. Vemos qué es, en la experiencia, inevitable, y debemos tener la voluntad de entregarnos al trabajo que ha de hacerse ahora. ¿Cómo podemos saber cuándo se termina ese trabajo? Cuando de repente salimos a ese estado de paz interior.

Sabemos que años después, la gente sigue teniendo resentimiento e ira y todavía están atrapados en algún aspecto de ese campo de energía negativa, porque los acontecimientos no fueron gestionados desde el principio. La persona no estaba dispuesta a sentarse y manejarlos hasta el final. La gente no están dispuesta a hacerlo por el dolor que implica y porque ellos no conocen las técnicas al uso. Cada vez que van a ello, volvieron de nuevo a empezar a tratar de cambiar los acontecimientos del mundo y manejar los pensamientos. El intelecto y la mente tratan de resolverlo, y la persona se dirige al mismo callejón sin salida. Al no tener una herramienta eficaz con la que controlar los acontecimientos, el trabajo sigue siendo incompleto.

¿Qué sucede con el trabajo no completado y las emociones que no fueron liberadas? Lo que quedó deshecho empieza a expresarse en las actitudes emocionales y en el cuerpo en forma de enfermedades. La culpa inconsciente que no fue soltada durante la catástrofe que sucedió hace muchos años, llega más adelante a través del sistema nervioso autónomo y el sistema de energía de la acupuntura y se conecta con algo de la mente.

El campo de energía de la culpa, el miedo o la ira, se acopla luego a algún sistema de creencias en la mente en alguna enfermedad en particular, lo que deriva en una enfermedad física. En el psicoanálisis, sería llamado psicosomática; y, en este caso, la contribución del elemento psicológico está en la superficie y bastante visible. El resultado final de la gestión emocional no resuelta de una experiencia catastrófica es, a menudo, una enfermedad que puede ocurrir muchos años más tarde. El duelo que quedó por resolver en el momento de la muerte de algún familiar hace veinte años, por ejemplo, puede ahora expresarse como un ataque al corazón.

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Una cosa ha sido manejada cuando nos sentimos en paz y plenos con ello. Ya no se repite o nos proporciona dolor cuando pensamos en ello; nos sentimos satisfechos. Puede haber pesar por tener que vivir con ello, pero de algún modo salimos como un tipo de persona diferente y con ese conocimiento, hay una cierta sensación de paz que nos permite saber que ahora ha sido manejado.

Las experiencias catastróficas son las semillas, la esencia misma de la experiencia espiritual última. Dentro de ella y siguiéndola hasta su núcleo central, caminando totalmente por el acantilado en completo abandono, la entrega plena de la experiencia es la misma semilla y el núcleo de eso que el buscador espiritual ha estado buscando todo este tiempo.

En muchas situaciones catastróficas de la vida ordinaria hay una resolución incompleta de la experiencia, junto a la falta de consciencia de las cualidades y oportunidades que son como joyas en los hechos. Estamos abrumados por “el que” y miramos en la dirección equivocada. La mente también recibe una recompensa secreta de las emociones negativas (por ejemplo: atención, autocompasión, drama) además de la indulgencia del martirio, etc.

Muchas veces cuando se introducen drogas se producen estados alterados de conciencia, y a la persona se la lleva a la sala de emergencias. Lo que podría ser un descubrimiento espiritual crucial es cubierto por una venda, y la familia trata de distraer a la persona del trabajo espiritual.

El aspecto esencial del beneficio espiritual proviene de ir directamente a la experiencia. Hay un dicho en el Zen: “Camina hacia adelante, no importa qué”; por lo que cuando esta experiencia catastrófica viene, es beneficioso ir uno mismo derecho a su centro, decirle “sí” y experimentarla.

Ha habido experiencias catastróficas en mi vida cuando las tiritas estaban disponibles y me negué a aceptarlas, porque para entonces ya había aprendido el valor de vivirlas. Las tiritas realmente evitan el experimentar lo que podríamos llamar “tocar fondo”. El concepto de “tocar fondo”, que es bien conocido en el manejo de muchos problemas graves, tales como el alcoholismo, significa el dejarse ir completamente.

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En una situación catastrófica grave, la mente tratará de aferrarse a lo que le es familiar. Intentará el escapismo, las distracciones, los tranquilizantes, las drogas y el alcohol, y otras varias formas de tratar de mejorar la situación en lugar de enfrentarse directamente y trabajar a través de ella.

La esencia de una situación catastrófica es la total entrega al descubrir eso que es mayor que el yo personal. El experimentar totalmente una catástrofe nos lleva a la conexión y la realización de que hay algo dentro de nosotros que tiene el poder de sostenernos, sin importar lo catastrófica que la experiencia parezca ser. Como resultado, salimos al otro lado como personas mejores, con la consciencia de que hay algo, que hay una Presencia, una cualidad o un aspecto de la vida interior que tiene el poder de apoyarnos a través de la mayoría de situaciones que parecían imposibles.

Si la experiencia catastrófica no es trabajada completamente, quedan ciertos residuos. Es como si hubiéramos caído a mitad del precipicio. Algunas personas piensan que han caminado por el precipicio, pero en realidad encontramos que estaban cruzando secretamente sus dedos y colgándose de algún pequeño saliente o línea de vida. El abandono a Dios no fue realmente total, porque una duda permanecía, y esa duda es el residuo de, por ejemplo, el dolor o el miedo a la experiencia. Si no experimentamos algo mayor que el yo personal cuando pasemos por la experiencia, podemos terminarla con una limitación, una cierta parálisis, la imposibilidad de ir más allá de un cierto punto, y la voluntad de participar se vuelve limitada. La persona dice: “Preferiría vivir una vida limitada que enfrentar ese tipo de experiencia de nuevo. Preferiría no volver a amar que amar y perder.” El dicho es: “Es mejor haber amado y perdido, que no haber amado nunca.” La vivencia del amor nos pone en contacto con nuestro Ser, aquello que es mayor que nuestro pequeño y limitado yo.

La completa resolución nos pone en contacto consciente con algo que es mayor que el yo personal. Muchas personas que han probado esto atestiguan el hecho de que cuando entregaron el pequeño yo a algo mayor que ellos mismos, entraron en contacto con lo que ellos consideraron ser “real”. Esa experiencia personal interior de la realidad espiritual, le lleva a uno al aprendizaje de una profunda convicción interior. De esta convicción interior proviene la voluntad de reincorporarse a la vida de nuevo, a participar en ella y a asumir los riesgos y las oportunidades.

¿Cuál es la experiencia interior de tocar fondo? Proviene de los sentimientos de la desesperación y la desesperanza; el pequeño yo de la persona está diciendo: “Yo, por mí mismo, no puedo manejar esto.” La persona se entrega debido a la desesperanza, y de ella proviene la voluntad de dejarse ir, de entregarse a algo mayor que uno mismo. En la parte inferior, metido en el hoyo, uno se da cuenta y acepta la verdad de que “Yo, por mí mismo, por mi propio ser personal e individual, por mi propio ego-yo, soy incapaz de manejar esto. Soy incapaz de resolverlo.” Es a partir de esta derrota que surge la victoria y el éxito. El fénix alza el vuelo desde las cenizas de la desesperación y la desesperanza. No son de valor ni la desesperación ni la desesperanza, sino el dejarlas ir, y la realización de la limitación del pequeño yo. En medio de la catástrofe, la persona dice, “Me rindo; no puedo manejar esto”, y luego, consciente o inconscientemente, pide ayuda a Dios.

Debido a la ley del libre albedrío y a la naturaleza de la conciencia, que es lo que es, se dice que los grandes seres que están dispuestos a ayudarnos a todos nosotros están esperando por nosotros para decir “sí”. Es el súbito giro de estar en el fondo del barril a la voluntad de aceptar que hay algo superior a nosotros mismos a lo que podemos recurrir. Cuando la persona dice: “Si hay un Dios, le pido que me ayude”, entonces ocurren grandes experiencias transformadoras que se han registrado en toda la historia desde el comienzo.

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El comienzo de la gran organización mundial de Alcohólicos Anónimos (AA) surgió de una experiencia así. Bill W., el famoso fundador de AA, había tocado fondo. Se encontraba en un estado de total desesperación, de desesperanza, y entregó el yo personal. En ese momento él no era creyente, pero dijo: “Si hay un Dios, le pido que me ayude.” En ese momento se produjo una gran experiencia transformadora, el poder espiritual de lo que se evidencia en los millones de vidas que han sido afectadas por la energía que fluye al mundo como resultado de que este hombre está compartiendo su experiencia espiritual.

Obviamente, el dejar ir y el tocar fondo son cruciales. Es a partir de la consciencia de que no podemos cambiar las cosas y de que estamos limitados y somos impotentes, que descubrimos lo que tiene poder en el universo. Ese poder viene y se encarga de la experiencia, y sabemos cuando sucede esto debido al profundo estado de paz. Donde había agonía, ahora hay un estado de paz infinita y la inefable conciencia de la Presencia Infinita.

Históricamente, hubo una ocasión especial en donde surgió la comprensión de la verdad, pero eso no es necesario en absoluto; es sólo un tipo de experiencia. En realidad, esta es la naturaleza del trabajo espiritual de todos los tiempos. La persona que está involucrada en un trabajo espiritual está siempre observando lo que está ocurriendo en su vida, viéndola como el maestro, como el grano para el molino. Lo que está sucediendo representa lo que se está trabajando, por lo que una catástrofe grave no sería más que una continuación de un proceso que está en marcha de todos modos. Como resultado, la persona que está intensamente involucrada en el trabajo espiritual, después la verá como una oportunidad de oro, dolorosa y lamentable tal vez, pero de gran beneficio. La naturaleza esencial del trabajo espiritual es permanecer centrado en lo que surge instante a instante y tomar consciencia de “qué” se está experimentando y donde está siendo experimentado.

Existe una técnica meditativa y contemplativa que puede ser utilizada para lograr el mismo resultado. Esta es el proceso de constantemente dejar ir el querer controlar la vivencia, y el experimentarla en sí. Entonces se produce la súbita comprensión de que la consciencia está siendo manejada por algún aspecto infinito de la conciencia (el Ser); lo que puede haber sido sospechado previamente, pero no realizado auténticamente. Después, esta toma de consciencia de la Presencia se produce con mayor frecuencia.

De esta experiencia proviene una disposición cada vez mayor a confiar en esa Presencia interior y la cada vez menor y menor confianza en el pequeño yo. Con menos frecuencia, entonces, la persona va al pequeño para gestionar los problemas de su vida, ya que se da la progresiva voluntad de entregarse al Ser superior de uno. La progresiva pérdida de la identificación con el pequeño yo y la creciente identificación con la Presencia, junto a la voluntad de entregar la vida y todos sus aspectos a la voluntad de Dios, se convierte en la esencia misma del ejercicio espiritual de la persona y la experiencia.

La experiencia catastrófica aguda es una oportunidad clave de aprendizaje que nos enseña a ir al auténtico núcleo, a la esencia misma de la experiencia, para ver cuál es y manejarla en el nivel de la vivencia en el campo de la energía de la conciencia misma. Existe la voluntad de entregar y dejar de querer cambiar lo que pasó “ahí fuera”. Se da el dejar ir del querer controlar al pensar en ello y tratar de manejarlo con el intelecto y las emociones. Existe la voluntad de entregarse a la esencia de la experiencia sin llamarla de ninguna forma, o etiquetarla, o ponerle nombres. Existe la voluntad de manejar el campo de energía de la misma e ir directamente a la experiencia interior. La entrega a la experiencia interior es una puerta abierta a la experiencia de algo mayor que el pequeño yo personal.

Cada catástrofe, por tanto, es una repetición y una representación de otra oportunidad para esta gran experiencia de aprendizaje espiritual; por lo tanto, las personas que han pasado por grandes experiencias catastróficas expresan su gratitud. A menudo la gente dice: “Aunque no me gustaría vivirlo de nuevo, estoy muy agradecido por esa experiencia.”

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¿Cómo puede una persona estar agradecida por lo que el mundo considera una terrible catástrofe o una enfermedad progresiva terrible? Lo que aprendieron de la catástrofe fue de tan gran dimensión, que el precio valió la pena porque, a través de realización de la verdad, descubrieron la reconexión con el núcleo esencial de su ser.

A medida que crecemos espiritualmente y nos volvemos espiritualmente educados, se tarda menos y menos en llevar a cabo la voluntad de hacer frente a esta experiencia interior. Se podría decir que una persona en el “fondo del barril” consigue levantarse progresivamente. La persona no tiene que pasar por el dolor agonizante anterior, están dispuestos a dejarse llevar y entregarse. Cada vez más surge la voluntad de hacerlo sobre la base del día a día, para que se convierta en parte integrante de la propia vida, observando constantemente cómo uno está tratando de controlar las cosas, o tratando de cambiar la voluntad de Dios, o cómo uno está tratando de cambiar y controlar a Dios. A menudo se da la voluntad de entregarse totalmente y a gran profundidad, y entonces uno ve que la entrega se produce a diferentes profundidades.

En la vida ordinaria, nos entregamos poquito. Bajo una presión mayor, estamos dispuestos a entregarnos más y darnos cuenta de que no tenemos que ponernos bajo una presión catastrófica a fin de estar dispuestos a entregarnos a gran profundidad. La transformación de la personalidad, el cambio global de la posición espiritual de uno, vino tradicionalmente por una entrega a gran profundidad. ¿Qué significa entregarse a gran profundidad? ¿Cómo podemos entregarnos a gran profundidad sin tener que ponernos a nosotros mismos en una terrible catástrofe emocional a fin de cumplir el mismo trabajo espiritual? Al ver la naturaleza esencial del proceso, nos educamos. Nuestras posiciones cambian y somos de una manera de ser diferente. Estamos dispuestos a estar en la vida en todas sus expresiones. La voluntad se experimenta entonces como un estado interior de vitalidad. De ella surge la voluntad de aprovechar la oportunidad, porque ahora sabemos que estamos acompañados por algo mayor que el yo personal. No es el yo personal el que tiene que manejar lo que llega a la vida. La Infinita Presencia que está siempre con nosotros es más poderosa que la voluntad humana y el ego. El ser trae dolor y sufrimiento; el Ser irradia curación y paz.

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EL CAMINO DEL CORAZÓN

                                                            Por: Dr. David R. Hawkins

Instrucción

Podría parecer que la información acerca de la conciencia y la estructura y función del pensamiento y la percepción, son principalmente de valor para los buscadores espirituales que han elegido el camino de la no-dualidad (Advaita) (1). Estos temas, sin embargo, tienen un valor igualmente grande para el aspirante que ha elegido el camino de la devoción del corazón. En la práctica, sin embargo, la mayoría de los buscadores combinan estos caminos, y es principalmente una cuestión de énfasis o de estilo de práctica.

El objetivo principal del camino del corazón es llegar a ese nivel de conciencia llamado Amor Incondicional. La energía de la inspiración y la devoción facilita la entrega de los posicionamientos y resulta en la confianza en la gracia de Dios. Aunque este proceso parece conceptualmente simple, como todo el mundo ha encontrado por experiencia, a menudo es más difícil de lo que habrían esperado. El devoto sincero descubre que el esforzarse por el amor incondicional tiene la desagradable facultad de aflorar lo contrario del objetivo al que te has dedicado. Esto está representado en el conciso dicho espiritual “El amor atrae lo opuesto.”

Hay que recordar que el amor y la paz son las mayores amenazas para el “ego”, que se defiende recurriendo a las atrincheradas posiciones que se encuentran ocultas en el inconsciente. Estas actitudes sin amor han surgido de la biológica aún presente, orientada a la supervivencia del cerebro animal que surgen en la infancia, donde las presiones paternas y de la sociedad les obligaron a pasar a la clandestinidad por los mecanismos psicológicos conocidos del ego: la represión, la negación, la supresión, la reacción a la formación, la proyección y la racionalización.

Estos mecanismos auto-ejecutados se aplican a las diversas sub-personalidades, así como a la identidad principal del yo. Las creencias y las emociones se vuelven programadas por el aporte de la sociedad, la historia, la cultura, los compañeros, la iglesia, la escuela, los padres y, ahora, muy importante, los medios de comunicación. Todo lo anterior está fuertemente influenciado y, en cada caso, facilitado o dificultado por el ADN, los factores genéticos, las hormonas de la madre, y el destino biológico innato. El rango de opciones es incluso alineado con la estructura corporal, como en los llamados somatotipos (endomorfo, mesomorfo, ectomorfo).

También hay, obviamente, muchos factores más que influyen en la personalidad y el contenido del ego, como el nivel de Cociente Intelectual, el estatus socio-económico, la clase, la salud, la geografía, el entorno, el cuidado en la infancia y otros. Estos factores, sin embargo, son visibles, y el tema es estudiado por muchas ramas de la ciencia y la investigación.

Tal vez de mayor alcance por su efecto total, es el factor invisible del karma “heredado” y sus influencias multitudinarias e insospechadas. Nacer un ser humano con un ego es ya un profundo “acontecimiento kármico”.

Uno puede ver el ego espiritual como la manifestación actual de su karma, así que “deshacer el ego” es lo mismo que resolver el propio karma porque son operativamente uno y lo mismo. Si el término “karma” no es aceptable, puedes utilizar el término “inconsciente” en su lugar.

A pesar de que los obstáculos a superar serán los mismos si se los considera desde el punto de vista del karma o de lo inconsciente, una importante excepción es que el estudiante que ha hecho alguna investigación sobre sus propios antecedentes kármicos, se liberará de mucha autocompasión, resentimiento e ira, de las ingenuamente asumidas “injusticias” de la vida.

La investigación kármica se hace mejor cuando las respuestas específicas necesitan aclaración. Estos descubrimientos pueden ser de gran ayuda y salvar años, o incluso vidas, de trabajo espiritual estéril. El valor básico de la investigación kármica es que la información derivada, luego recontextualiza el problema, lo coloca en el escenario en el que surgió y facilita su resolución.

La investigación de vidas pasadas revela, a menudo, el origen de sucesos recurrentes en la vida o temas. Los mecanismos psicológicos del ego más frecuentemente encontrados son:

1. Deshacer.- Repites patrones del pasado para tener la oportunidad de tomar mejores decisiones en esta ocasión.

2. Reacción a la Formación.- Tomas un punto de vista en el extremo opuesto o posicionamiento en esta vida para mantener su opuesto reprimido y fuera de la conciencia.

3. Proyección.- Lo que es doloroso para uno mismo es proyectado sobre los demás.

4. Retorno de lo reprimido – En esta vida, lo que hiciste a los demás lo sufres ahora al contrario, como víctima.

5. Negación.- Las motivaciones y pensamientos son totalmente reprimidos y calificados como “no míos”.

Aunque lo anterior pueda parecer una opinión simplista de la psicología básica, estos conceptos deben estar disponibles para un rápido acceso, ya que estos mecanismos están implicados en la purificación espiritual. A menos que los fundamentos sean descubiertos, pueden pasar grandes periodos de tiempo para superar muchas de las características de la personalidad que pueden traer culpa, vergüenza y sufrimiento al devoto espiritual que está atravesando la purificación espiritual.

La investigación kármica/inconsciente es también gratificante, ya que revela que un rasgo específico o suceso surge en un contexto específico – tiempo y lugar – y pierde su energía negativa cuando se ve de nuevo. En el momento en que fue registrado en la conciencia de una “vida anterior”, el ego había exaltado un juicio erróneo basado en un posicionamiento, que luego persistió sin ser curado por la auto-comprensión.

Al mirar en el pasado, es preciso recordar que en siglos anteriores el nivel global de la conciencia de la humanidad estaba por debajo de 190 (2), lo que está por debajo de la Integridad. Por tanto, la vida fue barata, la violencia y la brutalidad eran normales, y la ignorancia prevalecía. Al nivel de conciencia 190, las ejecuciones en masa podían ser fácilmente racionalizadas como, por ejemplo, que se hacían por el bien de la revolución, el país, la causa, la Iglesia, etc. Las mismas acciones, así como sus débiles excusas, no serían aceptadas de manera favorable en el mundo actual, donde el nivel de conciencia ha avanzado globalmente al 207 y tiende a ser de 400s en los países civilizados.

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Cuando uno mira la Escala de la Conciencia, se hace evidente que un nivel específico implica que lo que está por debajo de nuestro nivel actual de funcionamiento ha sido trascendido, al menos de manera importante, y que los niveles superiores presentan el material a ser comprendido y trascendido. Por ejemplo, si una persona está generalmente amando y es capaz del verdadero amor (lo que aplica sólo al cinco por ciento de la población), entonces pueden asumir que su calibración está aproximadamente en el nivel de 500. El siguiente paso sería el de transformar esa capacidad de amar al nivel del Amor Incondicional (que calibra a 540).

Esto significaría buscar las excepciones para amar, que se basan en los posicionamientos, tales como los juicios de bueno/malo, culpable/inocente, merece/no merecen, y el recorrido general de los resentimientos. Estos revelarán los pares de opuestos, cuyos posicionamientos son fácilmente descubiertos. Los bloqueos a aprender esto, entonces son descubiertos debido a la función de la percepción en sí misma. A menudo, los buscadores inspirados tratan de forzarse a amar lo no amado y perdonar a los culpables. Esto se hace imposible debido a que la “mala” gente está siendo percibida como mala; por tanto, el éxito significa trascender la dualidad creada por los posicionamientos de la dualidad. Es útil recordar que la mayoría de las personas no pueden ser diferentes de lo que son, porque están dirigidas por un sinfín de programas y sistemas de creencias.

La razón de que la mente reniegue de la propia tendencia negativa es por la culpa y la vergüenza. Cuando una tendencia es entendida y recontextualiza, ya no se ve tan horrible y, por tanto, ya no tiene que ser reprimida.

Es interesante recordar la herencia biológica y presumir que todo lo que pasó en una vida anterior o tiempo, se compone principalmente de instintos primitivos, lo que Freud llamó el “Id”. Uno puede suponer que la matriz subyacente de mucha negatividad tiene que ver con impulsos e instintos primordiales que son narcisistas, animales, rudos e incivilizados. El primitivo animal interior es, por supuesto, totalmente inexperto y aborda los extremos, y sus instintos predadores no tienen piedad. Piensa en términos de muerte, asesinato, y tomando lo que uno quiere por la violencia, la violación, la violencia hacia los objetos sexuales, masacrando al rival y odiando a todos los que frustran la satisfacción de sus instintos, los cuales quedan marcados como el enemigo. Si la mente percibe que esos pensamientos e impulsos son los “míos”, entonces reacciona con culpa, miedo, negación y proyección.

El trabajo espiritual implica no sólo saber acerca de Dios, sino también “conocer tu propia santidad” (3). Con la adecuada comprensión, el camino del corazón y el camino de la mente se mezclan en cada prójimo, donde los propios términos son simplemente productos de la percepción. En realidad, no hay separación entre mente y corazón. Se podría decir que el corazón tiene una mente propia, y la mente tiene un corazón propio. Al final, ellos son uno y lo mismo en la Totalidad del Ser.

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NOTAS DEL GRUPO ESPÍRITA DE LA PALMA:
1) Bajo diferentes denominaciones, en las distintas tradiciones espirituales se habla de los dos senderos básicos para nuestra evolución interior o, si se quiere decir así, que llevan a Dios, como son el del corazón (el amor, la devoción, el servicio desinteresado, el sometimiento, el culto y la adoración) o el de la mente, llamado “Advaita” o sendero de la no dualidad en los Vedas.
Advaita” es una palabra del sánscrito que significa “no dos”. Advaita no es una filosofía ni una religión, es una experiencia en la que no existe separación entre sujeto y objeto, un “yo” y el resto del universo, un “yo” y Dios. 
2) Para mayor entendimiento, invitamos al lector a que lea las diferentes entradas que encontrará en este mismo blog sobre varios aspectos del trabajo y legado del Dr. David R. Hawkins. Sin embargo, recordaremos que una de sus mayores aportaciones es el Mapa de la Escala Calibrada de la Conciencia (que reproducimos en esta entrada), una herramienta muy útil para entender el proceso evolutivo de la conciencia, sus diferentes estados y correspondencias.
3) Entiéndase en el sentido de integridad e inocencia intrínsecas.

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FUENTE: Fragmento del capítulo 19 de la obra “Yo, Realidad y Subjetividad”, del Dr. David R. Hawkins, titulado precisamente como esta entrada.

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Presentación

El escrito que les traemos aquí es obra del Dr. David R. Hawkins (1927 – 2012), un destacado médico psiquiatra norteamericano que en las últimas décadas de su vida se dedicó de manera incansable a divulgar la preeminencia de la conciencia como factor directriz de la vida humana y que es el trasfondo de toda realidad. Su propia existencia fue un laboratorio de experimentación y él mismo prueba viviente de sus asertos, que terminó por enseñar a cuantos le quisieran escuchar. Constituye el capítulo 19 de su obra «Dejar Ir, el Camino de la Entrega», y su título original es Médico, Cúrate a ti mismo. Nosotros hemos preferido cambiarlo en esta entrada por el de ENFERMO, CÚRATE A TI MISMO.

Como apéndice complementario, hemos visto oportuno incluir un apartado que extraemos del capítulo 14 de la misma obra, el cual habla de creencias y actitudes que nos predisponen a padecer enfermedades.

El contenido es un maravilloso regalo que queremos compartir con todos, en especial con quienes padeciendo en estos momentos alguna dolencia, se encuentran en condiciones de comprenderlo y recibirlo. Que cada cual saque las conclusiones pertinentes y derive sus propias aplicaciones, el resultado que se puede obtener es la propia sanación. ¿No creéis que merece la pena?

(más…)

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Texto Dr Hawkins

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INTRODUCCIÓN

¿Qué pasa en la vida de un ser humano que ha alcanzado el estado de iluminación espiritual? ¿Volverá a ser la misma de antes? ¿Cómo puede “encajar” en el mundo alguien que ha experimentado un estado de ese calibre? El Dr. David R. Hawkins, nos transmitió su experiencia de iluminación en el libro “El Ojo del Yo”. Esta entrada, por tanto, viene a ser continuación inmediata de la anterior inserta en este mismo blog bajo el título “ILUMINACIÓN”. Léase pues como una segunda entrega de la misma. Y a quien no  haya hecho esa lectura previa, le invitamos a que lo haga para situar lo que sigue en su contexto preciso.

Nuestra intención es continuar con este mismo tema en sucesivas entradas procedentes de la misma fuente.

A todos los buscadores espirituales nos debe de interesar el testimonio de un contemporáneo que ha vivido un estado al que aspiramos, y que ha encontrado las palabras adecuadas para poderlo transmitir y hacérnoslo comprensible, en la medida de la capacidad y estado de conciencia de cada cual, y así permitirnos atisbar el horizonte de ulteriores etapas de nuestro destino, aquello que es patrimonio de cada ser humano por naturaleza.

Que cada cual consulte su voz interna para calibrar la validez de estas palabras. Yo lo he hecho y, al menos para mi Ser interno, ellas rezuman CERTIDUMBRE.

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DESPUÉS DE LA ILUMINACIÓN:

EL REGRESO A LA VIDA TERRESTRE

Por: Dr. David R. Hawkins

El mundo de la percepción había sido reemplazado. La identidad había pasado de ser un sujeto limitado (un «yo» personal) a un contexto ilimitado.

Todo se había transformado y revelaba belleza, perfección, amor e inocencia. Todos los rostros brillaban con el resplandor de la belleza interior. Todas las plantas se manifestaban como una forma artística. Todo objeto era una escultura perfecta.

Todo existe sin esfuerzo en su propio lugar, y todo está secuenciado en la sincronicidad. Lo milagroso no tiene interrupción. Los detalles de la vida se acomodan misteriosamente, espontáneamente. La energía de la Presencia consigue sin esfuerzo lo aparentemente imposible y genera fenómenos que el mundo ordinario consideraría milagrosos.

A lo largo de un periodo de varios años, tuvieron lugar de forma regular y espontánea lo que se denomina normalmente como fenómenos psíquicos. Fenómenos como la clarividencia, la visión a distancia (la capacidad de ver lo que está por delante), la telepatía y la psicometría eran del todo comunes. Había un conocimiento automático de lo que las personas pensaban y sentían antes de que hablaran.

El amor divino prevalecía como un poder organizador y era el estadio omnipresente sobre el cual tenían lugar todos los fenómenos.

El cuerpo físico

Una energía sumamente poderosa ascendía por la espina dorsal y la espalda y se concentraba en el cerebro en función de donde se ponía la atención. Luego, la energía pasaba por la cara y descendía hasta la región del corazón. Esta energía era exquisita y, a veces, fluía hacia el mundo exterior, allá donde había seres humanos afligidos.

Una vez, mientras conducía por una lejana autopista, la energía empezó a derramarse desde el corazón y se extendió por la siguiente curva de la autopista. De allí, la energía se derramó sobre el lugar en el que terminaba de acaecer un accidente. La energía tuvo un efecto curativo sobre todos los que allí estaban. Después de un rato, la energía pareció haber cumplido su propósito y, súbitamente, se detuvo. No muchos kilómetros después, en la misma autopista, empezó a repetirse lo mismo. De nuevo, una energía deliciosa y exquisita se derramó desde la región del corazón y se extendió por la carretera alrededor de kilómetro y medio hasta llegar a otra curva. Allí acababa de ocurrir otro accidente. De hecho, las ruedas del automóvil aun estaban girando. La energía se estaba derramando entre los pasajeros del vehículo. Era como si se les estuviera transmitiendo una energía angélica a las angustiadas personas, que estaban rezando.

the_universe_at_my_hands_by_gabiangelo-d6erksiEn otra ocasión, la presencia curativa tuvo lugar mientras paseaba por las calles de Chicago. Esta vez, la energía se derramó entre un grupo de muchachos jóvenes que estaban a punto de pelearse. Cuando la energía los envolvió, fueron retirándose poco a poco, relajándose, y se pusieron a reír. Poco después se separaban, punto en el cual el flujo de energía se detuvo.

El aura energética que emanaba de la Presencia tenía una capacidad infinita. La gente quería sentarse en sus inmediaciones porque, en aquel campo de energía, entraban automáticamente en un estado de dicha o en un estado superior de consciencia, y sentían el amor divino, la dicha y la curación. En él, las personas que estaban alteradas se calmaban y recuperaban el bienestar.

582739_10150715703433058_1350315676_nEl cuerpo que anteriormente yo consideraba como «mío», se curaba ahora de diversas dolencias. Sorprendentemente, ahora veía bien sin llevar gafas. Aquella visión mermada había hecho preciso el uso de lentes trifocales desde los doce años. La capacidad de ver bien sin gafas, incluso a distancia, llegó de repente, sin advertencia previa, y fue una sorpresa agradable. Cuando sucedió, se hizo evidente que las facultades sensoriales estaban en función de la consciencia en sí, y no del cuerpo. Después, vino el recuerdo de la experiencia de estar «fuera del cuerpo, durante la cual se hizo patente que la capacidad para ver y escuchar iba con el cuerpo «etérico» y no estaba conectada en modo alguno con el cuerpo físico, que se encontraba a cierta distancia, en otro lugar.

Parecía que las enfermedades físicas eran ciertamente el resultado de un sistema de creencias negativo, y que el cuerpo podía cambiar literalmente como consecuencia del cambio en el patrón de creencias. Uno solo está realmente sujeto a lo que sustenta en su mente (un hecho bastante conocido es el de que muchas personas se han recuperado casi de cualquier enfermedad conocida siguiendo un sendero espiritual).

Las propiedades aparentemente milagrosas y la capacidad de la energía divina y los fenómenos que generaba eran intrínsecos a ese campo de energía y en modo alguno eran personales. Sucedían espontáneamente, y parecían hacerlo con ocasión de alguna necesidad en algún lugar del mundo.

También resultaba interesante ver que muchas personas normales que presenciaban estos fenómenos optaban por negarlos y por desestimar totalmente lo que habían presenciado, como si aquello estuviera tan completamente fuera del sistema perceptivo del ego y de sus creencias de lo que era posible o no. Si se les preguntaba acerca de los fenómenos, las personas elaboraban rápidamente algún tipo de nacionalización, de una forma parecida a los pacientes que han estado hipnotizados y se fabrican una respuesta plausible cuando se les pide que expliquen un comportamiento post-hipnótico. En cambio, las personas que estaban bastante evolucionadas espiritualmente aceptaban la ocurrencia de fenómenos milagrosos sin hacer ningún comentario, como si fuera una parte natural de sus vidas.

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Tras la transformación principal de la conciencia, la Presencia determina todas las acciones y los acontecimientos. Se establece una alteración permanente de la consciencia, una alteración que está presente constantemente en la quietud y el silencio, aun cuando el cuerpo hable o se mueva en el mundo. Con los años, y con esfuerzo, se desarrolla la capacidad para concentrarse en distintos niveles de verdad, tal como se requiere eventualmente para poder funcionar en el mundo. Si se permite esto, la Paz silenciosa embarga por completo y sumerge en un estado de una dicha serena e infinita. Al retirarse el interés por el mundo exterior y por las funciones ordinarias de la percepción, ese estado de dicha infinita prevalece, pero se puede reducir a través de una concentración intensa en el mundo ordinario. El Yo está más allá del tiempo y de la forma y, dentro de él, la conciencia ordinaria es potencialmente capaz de funcionar simultáneamente de un modo mundano.

Era difícil considerar el mundo de la percepción ordinaria como algo real, y era difícil, por tanto, tomársela en serio. Esto llevaba a una especie de capacidad permanente para ver el mundo con humor. La vida ordinaria parecía una comedía interminable, hasta el punto de que la misma seriedad resultaba cómica. Hubo que sofocar las expresiones de humor, pues había personas incapaces de aceptarlas debido a que se hallaban profundamente implicadas en el mundo perceptivo de la negatividad.

La mayoría de la gente parece tener intereses creados en la negatividad de su mundo perceptivo, y se resisten a dejarla en favor de una conciencia de nivel superior. Hay gente que parece obtener una gran satisfacción en su ira, en su resentimiento, en sus remordimientos y en su interminable compasión por sí misma, de modo que se resisten activamente a entrar en esos niveles de comprensión, de perdón o de compasión. La negatividad parece tener suficientes ventajas como para perpetuar formas de pensamiento que son obviamente ilógicas y autocomplacientes, del mismo modo que los políticos distorsionan la verdad con el fin de obtener votos, o que los que persiguen a los criminales eliminan evidencias de la inocencia del acusado con el fin de obtener una condena. Cuando se renuncia a estas «ventajas» negativas, el mundo se convierte en la interminable presencia de una belleza y una perfección intensas, y el amor domina toda la vida. Todo es luminoso, y la dicha de su esencia divina se irradia al exterior a través de su omnipresente informalidad, que viene expresada en el mundo perceptivo como forma. Ya no es necesario «saber» nada, porque no hace falta saber nada cuando uno es en realidad todo cuanto existe. La mente, en su estado ordinario, conoce meramente esto o aquello. Pero eso ya no hace falta cuando uno es todo lo que se puede ser. La Identidad, que sustituyó a la antigua sensación de «yo», no tiene partes ni divisiones. Nada queda fuera de su Totalidad, y el yo se ha convertido en la esencia, no diferente de la esencia de todo. En la no dualidad, no hay conocedor ni conocido, porque ambos se han convertido en una y misma cosa. Nada está incompleto. La omnisciencia es la propia totalidad. No existe deseo por el próximo segundo de experimentación que impulsa a la mente ordinaria, que de instante en instante se siente siempre incompleta.

Hombre ante puerta cósmica

El sentido de totalidad prevalece con los sentidos físicos. El deseo y la anticipación desaparecen y surge el placer de la actividad en sí. Dado que se ha detenido la experiencia del tiempo, no hay experiencia alguna de sucesión de acontecimientos que haya que anticipar o lamentar. Cada instante es completo y total en sí mismo. El estado de seridad (1) sustituye a toda sensación de pasado, presente o futuro de tal manera que no hay nada que anticipar o que intentar controlar. Esto forma parte de ese profundo estado de paz y serenidad. Toda necesidad y todo deseo se detienen con el cese de cualquier sensación de tiempo. La Presencia, con su infinita serenidad, ha desplazado toda actividad mental y emocional. El cuerpo se auto-perpetúa, se convierte en no más que otra propiedad de la naturaleza que funciona en respuesta al flujo de las circunstancias. Nada se mueve o actúa independientemente del universo total. En una concordancia absoluta, todo vive, se mueve y tiene su existencia en la más absoluta perfección, belleza y armonía del «Todo lo que es».

La motivación, como fundamento de toda acción, ha desaparecido. Los fenómenos de la vida son ahora de una dimensión diferente, y se observan como si uno estuviera en un reino diferente. Todo sucede por sí mismo en ese estado de serenidad y silencio interior, activado por el amor, que se expresa a través del universo y de todo lo que hay en él. La belleza de la vida resplandece como un gozo y una felicidad infinitos, una paz infinita y más allá de toda emoción. La paz de Dios es tan completa y total que no queda nada que se pueda desear o querer. Incluso ha cesado la «experienciacion». En la dualidad está el experimentador y, por otra parte, lo que se experimenta. En la no dualidad, esto se convierte en «Todo lo que es», de tal modo que no existe separación en el tiempo, el espacio o la experiencia subjetiva entre el experimentador y lo que se experimenta.

En la no dualidad de la conciencia, ni siquiera se da ya la secuencia, y la conciencia sustituye a la experienciación. Ya no se experimentan «instantes», dado que solo hay un Ahora constante. El movimiento parece como de cámara lenta, como si estuviera suspendido fuera del tiempo. Nada es imperfecto. Nada se mueve o cambia en realidad; no se da ningún tipo de acontecimiento. En lugar de una secuencia, lo que hay es la observación de que todo se halla en un estado de despliegue, y que toda forma no es más que un fenómeno transitorio creado por la percepción y los hábitos de observación de la mente. En realidad, todo viene a ser una expresión de la potencialidad infinita del universo. Los estadios evolutivos son las consecuencias de las circunstancias, pero no vienen provocados por ellas. Las circunstancias justifican las apariciones, y los fenómenos, en sus cambios, no son en realidad más que el resultado de un punto de observación arbitrario.

PresenciaDesde el punto de vista de la singularidad, parece haber multiplicidad, pero desde la omnipresencia de la multiplicidad simultánea, solo existe la singularidad de la unidad. La omnipresencia echa abajo cualquier artefacto perceptivo, tanto de singularidad como de multiplicidad. En realidad, ni siquiera existen las circunstancias. No hay ni «aquí» ni «allí»; no hay ni «ahora» ni «después»; no hay ni «pasado» ni «futuro»; no hay ni «completo» ni «incompleto», no hay un «llegar a ser», por cuanto cada cosa es ya y totalmente auto-existente. Hasta el tiempo, en sí, es un punto de observación arbitrario, al igual que la velocidad de la luz. Nuestro habitual empeño por describir el universo se puede ver no como una descripción del universo, sino como una descripción desde puntos de observación arbitrarlos, no siendo ciertamente otra cosa que un mapa del modo ordinario en que funciona la mente.

Lo que se describe en realidad no es un universo objetivo y existente en sí, sino meramente las categorías de la actividad de la mente y las estructuras y formas de su procesamiento secuencial. De ahí que las limitaciones de la ciencia estén preordenadas por las limitaciones que le impone el mundo perceptivo de la dualidad. La percepción está limitada de por sí, en el sentido de que solo sabe «acerca de», en lugar de saber. No se espera que la ciencia vaya más allá de los límites de la percepción, ni tampoco habría que culparla por ello. La ciencia solo puede llevarnos hasta el umbral de la consciencia, la cual no depende en absoluto de la percepción. En la actualidad, la ciencia avanza a través de la intuición científica y la lógica, y las pruebas vienen después. Normalmente, denominamos creatividad a estos saltos intuitivos, una creatividad que supera a la lógica y potencia los avances. Así, el descubrimiento es el verdadero manantial de la evolución de la sociedad.

En el estado de Consciencia, la mente se queda en silencio. El pensamiento lógico o secuencial se detiene y, en su lugar, hay silencio y serenidad, así como un despliegue continuo y sin esfuerzo, una presentación que se manifiesta como revelación. El acto del conocimiento se despliega por sí mismo, y la divinidad de «Todo lo que es» brilla silenciosamente, evidente y resplandeciente en su propia esencia. Todo se manifiesta en una revelación completa y continua. No hay nada que buscar ni conseguir, pues todo es ya íntegro y total. Toda acción aparente tiene lugar por sí sola.

Tras la acción, no hay actor, dado que la entidad mítica que uno siempre supuso que constituía el manantial de la experiencia ha desaparecido y se ha disuelto en la unidad absoluta del universo. El Yo, en su totalidad e integridad, está más allá y antes que todos los mundos, universos o tiempos, sin depender de nada ni estar causado por nada. El Yo está más allá de la existencia, no está sujeto a la existencia ni a la no existencia, a principio ni final, a tiempo ni espacio. Ni siquiera se le puede incluir en los conceptos de «es» o «no es». El Yo no es manifiesto ni no manifiesto, y está más allá de cualquier dimensión implícita por tal categorización de conceptos.

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Hicieron falta algunos ajustes importantes para poder operar de forma convincente en el mundo de la experiencia ordinaria. Hay una continuidad y unidad entre los «reinos» de la dualidad y la no dualidad, y la no dualidad impregna completamente la dualidad. El límite de la dualidad es, ciertamente, el límite de la conciencia, un límite que parece ser una consecuencia del enfoque.

Los seres humanos se ven inocentes debido a la extrema inconsciencia de su verdadera realidad. En este estado, están dirigidos por los programas de su ilusorio sistema de creencias. Pero, al mismo tiempo, la pureza del espíritu brilla igual que su intrínseca belleza.

En términos actuales, se podría decir que la gente está dirigida por sus programas de software, de los cuales no son conscientes. Todas las personas se hallan en un proceso de evolución de la consciencia, habiendo unas más evolucionadas que otras. Cada una de ellas representa el despliegue de la consciencia bajo unas circunstancias diferentes, y de ahí que ofrezcan diferentes niveles de apariencia. Es como si cada persona estuviera cautiva en determinado nivel y no pudiera pasar a otro nivel sin el consentimiento, la decisión y el acuerdo de la voluntad. Por hacer una comparación, la inocencia intrínseca podría entenderse si vemos a la persona como el hardware y a sus acciones y sus creencias como el software. El hardware no se ve afectado por los programas del software, programas que el hardware sigue ciegamente sin tener conciencia de su importancia o de las consecuencias de tales acciones. En términos clásicos, a esos programas inconscientes de software se les ha llamado «karma».

El estado en el cual operan las personas normales no implica ninguna falta o defecto moral, pues no representan más que las posibilidades de los Campos de consciencia expresándose a través de cada entidad viva. Aunque en realidad no hay «buenos» ni «malos», es obvio que todas las acciones tienen consecuencias. Más allá de las diferencias aparentes, lo único que hay es la realidad del Yo único brillando en tanto que fuente de vida en todo lo que vive; cada entidad vive en el fotograma congelado de este instante, que es todo lo que hay realmente más allá de su conciencia.

En la no dualidad, no puede haber instante alguno en el que se pueda dar eso que llamamos «problema», «conflicto» o «sufrimiento». Todo esto surge en la anticipación del instante siguiente o en el recuerdo del pasado. El ego parece ser un producto del miedo, y su objetivo es controlar el siguiente instante de experiencia y asegurarse la supervivencia. Parece vacilar entre el miedo al futuro y los lamentos por el pasado; y el deseo y el sentido del tiempo que repele la acción surgen de la ilusión de la carencia. Con la sensación de que todo está completo, el deseo cesa. Todo aquello que cree que es finito teme por su supervivencia, pues esta está sujeta al tiempo y a las ilusiones de la causalidad.

Conexión

En el momento que desaparecieron las motivaciones habituales de la vida, ésta se hizo fácil. Lo que había sido personalidad no era, ahora, más que una vaga propensión que parecía saber cómo imitar un comportamiento normal a partir del recuerdo de estos patrones, pero su discurrir provenía de otra fuente. Lo que previamente se había considerado como algo personal era ahora obviamente impersonal. En primer lugar, el Yo real no podía explicarse a sí mismo ante los demás. Lo que para este Yo era realidad sólida y sustancial, sonaba a abstracto o filosófico cuando se intentaba transmitir con palabras a personas normales que estaban dirigidas por conceptos y patrones de pensamiento secuenciales; lo que para la persona media era algo místico, desde el Yo se veía como una realidad concreta y subjetiva. Llevaba esfuerzo dar energía a los patrones de pensamiento, ordenarlos para poder facilitar la comunicación verbal. El verdadero «Yo» está más allá de la conciencia misma, pero se puede irradiar en la medida en que sea capaz de retirarse de la dicha para sumergirse en la actividad mundanal. El amor se convierte así en el único motivador para la continuidad de la existencia física.

Durante esta transición, el cuerpo sufrió una tensión considerable, como si el sistema nervioso hubiera tenido que soportar más energía de la que estaba diseñado para soportar originalmente. Los nervios solían sentirse como si hubiera un tendido de alta tensión por el cual pasara una corriente de alto voltaje. Con el tiempo, esto hizo necesario mudarse de la gran ciudad y de la vida urbana hasta una pequeña ciudad del oeste que, durante años, venía atrayendo a la gente que se consagraba a una vida espiritual y no materialista. Entonces, la meditación tomó el lugar de las actividades cotidianas y el estado de dicha volvió, como consecuencia de lo que, bien se podría decir, era un modo de vida ascético, por el simple hecho de no haber necesidades ni deseos. Fue una época de olvidarse incluso de comer, como si el cuerpo fuera ciertamente algo periférico o no existiese siquiera. Uno podía pasar por delante de un espejo y sorprenderse de que hubiera incluso una imagen allí. No había interés alguno por los acontecimientos del mundo, circunstancia que duro unos diez años, tiempo de retirada en relación al funcionamiento habitual, con el fin de ajustarse al estado espiritual que había reemplazado a la consciencia anterior.

Un aspecto de este estado de conciencia lo constituyó la capacidad para discernir cosas de mayor trascendencia dentro de los fenómenos que observaba habitualmente. Así, una técnica clínica tan interesante como la kinesiología se reveló como el eslabón Perdido, como un puente entre la mente y el cuerpo, entre lo manifiesto y lo no manifiesto. Ahora se hacía fácilmente visible lo que es invisible. Este fenómeno clínico iba más allá del sistema nervioso autónomo o del sistema de la acupuntura como explicación del vínculo entre psique y soma. Era obvio que la respuesta kinesiológica tenía su origen en la no ubicación de la conciencia, y que sus limitaciones iniciales para la investigación de los fenómenos locales, eran la expresión de las limitaciones de la percepción de los clínicos o experimentadores.

Aunque podamos decir que la dualidad existe gracias a la no dualidad, la kinesiología se mostró como el fenómeno más sencillo y práctico mediante el cual poder sacar partido de esa realidad. Era obvio que se podían calibrar los diferentes campos de energía dentro de la conciencia y que se podían disponer en una escala jerárquica y, si se calibraban numéricamente, se demostraban cabalmente los niveles clásicos de la conciencia tal como se venían definiendo desde el principio de los tiempos.

Ojos

El aspecto más sorprendente del fenómeno, era que permitía registrar instantáneamente la diferencia entre verdad y falsedad. Se trataba de algo que estaba más allá del tiempo y el espacio, y que superaba a la psique humana y a las mentes de las personas involucradas. Era una cualidad universal de la conciencia, del mismo modo que el protoplasma tiene las cualidades universales de reactividad a los estímulos. El protoplasma reacciona involuntariamente tanto a los estímulos nocivos como a los benéficos, y distingue entre ambos. Se aparta de lo que es contrario a la vida y es atraído por aquello que la sustenta. Del mismo modo, y con la velocidad del rayo, los músculos del cuerpo se debilitan de inmediato en ausencia de la verdad y se fortalecen en presencia de ella o de lo que sustenta a la vida.

Todo en el mundo, incluso los pensamientos, los conceptos, las sustancias y las imágenes, evoca una respuesta que puede ser demostrada como positiva o negativa. La respuesta no está limitada por el tiempo, el espacio, la distancia o la opinión personal.

Con esta sencilla herramienta, se puede explicar y documentar la naturaleza exacta de todo en el universo, en cualquier momento dado. Todo lo que existe o haya existido, sin excepción, irradia una frecuencia y una vibración que es como una huella permanente en el campo impersonal de la conciencia, y que se puede recuperar a través de esta prueba mediante la misma conciencia.

El universo se revelaba, ya no eran posibles los secretos. Era evidente que se podían contar todos y cada uno de los «cabellos de tu cabeza», y que ni siquiera pasaba desapercibida la caída de un gorrión. Aquel «todo os será revelado» se había convertido en un hecho.

Poder frente a fuerza

La prueba se sometió a estudio en miles de sujetos experimentales, tanto de forma individual como en grupos. Los resultados fueron universalmente concordantes, con independencia de la edad o del estado mental de los sujetos. Las aplicaciones del descubrimiento eran obvias en los campos de las actividades clínicas, la investigación y la enseñanza espiritual.

Los descubrimientos hechos se plasmaron en el libro Power versus Force, así como en una disertación de doctorado publicada con el título de «Qualitative and Quantitative Analysis and Calibration of the Levels of Human Consciousness». El objetivo de los esfuerzos posteriores fue aportar credibilidad adicional y validación científica a los descubrimientos que no eran explicables mediante la lógica o las restricciones de la causalidad newtoniana.

tiempo

Aunque la escala numérica de la conciencia se presenta en forma logarítmica y numérica, los campos de la conciencia a los que se hace referencia son no lineales y se hallan más allá del paradigma newtoniano de la realidad. Esta escala proporciona un vínculo entre lo conocido y lo no conocido, entre lo manifiesto y lo no manifiesto, entre la dualidad y la no dualidad. Constituye una herramienta de tan alto valor que muchas personas sufrían un choque de paradigmas cuando conocían el trabajo. El hecho de que cualquier persona, en cualquier lugar, pueda dilucidar instantáneamente la verdad acerca de alguien, algo o todo en cualquier punto del tiempo o del espacio, constituye un avance gigantesco, y puede resultar inquietante al principio en cuanto al sentido de la realidad que tiene uno, ya que todos piensan que están completamente separados del resto del mundo y que sus pensamientos son algo privado.

Una de las ventajas de esta herramienta de investigación era que se podía utilizar para comprobar la veracidad y la validez de la propia investigación y del trabajo experimental. Así, en Power versus Force, al igual que en este libro, se calibro cada página, cada párrafo, cada afirmación, cada oración, frase y capítulo. El libro se calibró también en su integridad, valorándose en 800, y deduciéndose así que la energía del libro en sí alcanzaría su propia difusión y comunicación. Y así fue, sin ningún tipo de publicidad ni promoción. Se difundió por otros países y continentes, y se tradujo a otros idiomas. Con el tiempo, se difundió el interés y la distribución y, en la actualidad se utiliza en grupos de estudio y en universidades, así como en departamentos de investigación.

En el Mapa de la Escala de la Conciencia, el nivel 600 indica el paso desde el mundo perceptivo de la dualidad al mundo no perceptivo de la no dualidad. Curiosamente, el test kinesiológico y la respuesta misma se calibraron en 600. Esto significa que no hay mucha gente que pueda comprender realmente su verdadera naturaleza, aunque todos puedan aprender a hacer uso de ella de forma práctica.

Imagen Mapa Escala de la Conciencia

El libro Power versus Force provocó el interés, en primer lugar, de personas y grupos de orientación espiritual, así como de sanadores y de personas interesadas en el estudio de la conciencia. Aunque el libro ofrece ventajas muy destacadas para la aplicación de la técnica en muchas áreas del habitual devenir humano, ha habido muy poco interés hasta el momento por parte de aquellas áreas de la sociedad que podrían beneficiarse de inmediato y en alto grado con el uso de la técnica. La sociedad aún no ha descubierto sus profundos beneficios.

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NOTA DE IDAFE:
1. “Seridad”, neologismo creado por el autor para expresar el estado en el que el Ser está presente en la vida de un ser humano de forma continua.
FUENTE: capítulo 2 del libro “El Ojo del Yo”, del Dr. David R. Hawkins, titulado originalmente El Regreso a la Vida Terrestre.

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Cabecera iluminación

Por: Dr. David R. Hawkins

Años de luchas y sufrimientos internos, y de un esfuerzo espiritual aparentemente inútil, culminaron con el tiempo en un estado de negra desesperación. Ni siquiera una retirada hacia el ateísmo pudo traer alivio a la incesante búsqueda. Razón e intelecto eran demasiado frágiles para la formidable tarea de hallar la verdad última. Hasta la mente se había encaminado hacia una derrota final, agonizante y aplastante. Hasta la voluntad se había quedado inmóvil. Entonces, una voz interior grito: «Si es que existe un Dios, a Él le pido ayuda».

Después, todo cesó y desapareció en el olvido. La mente y toda sensación de un yo personal desaparecieron. Durante un instante abrumador, todo aquello fue sustituido por una omniabarcante consciencia, una conciencia radiante, completa, total, silenciosa y serena, como la esencia prometida de «Todo lo que es». El exquisito esplendor, la belleza y la paz de la Divinidad brillaron con intensidad. Era algo autónomo, final, intemporal, perfecto, el Yo de lo manifestado y lo no manifestado, la Divinidad Suprema, y así permaneció…

La Presencia

Un profundo silencio lo impregna todo alrededor, y el movimiento se ralentiza y serena. Todo irradia una intensa vitalidad. Todas y cada una de las cosas son conscientes de todas y cada una de las demás. La cualidad luminosa de la radiación es abrumadoramente Divina en su naturaleza. Lo abarca absolutamente todo en su total Unidad, de manera que todas las cosas están interconectadas, en comunicación y armonía, a través de la conciencia y por el hecho de compartir la cualidad básica de la esencia de la misma existencia.

La Presencia es un continuo que ocupa por completo lo que previamente, para la percepción ordinaria, parecía un espacio vacío. Esa Conciencia interior no es diferente del Yo, pues impregna la esencia de todo. La Conciencia es consciente de su propia consciencia y omnipresencia. La existencia y su expresión, tanto en su forma como en su informalidad, es Dios, e impera igualmente en todos los objetos, personas, plantas y animales. Todo se halla unido por la divinidad de la existencia.

Esa Esencia penetrante lo incluye todo sin excepción. Los muebles de la habitación son iguales a las rocas o a las plantas en su importancia o trascendencia. Nada queda fuera de la Totalidad omniabarcante, total, completa, que no carece de nada. Todo es de igual valor, porque el único valor real es la divinidad de la existencia.

Eso que es el Yo es total y completo, y está igualmente presente en todas partes. No existen necesidades, deseos o carencias. Ninguna imperfección ni discordia es posible, y todo objeto parece una obra de arte, una escultura de belleza y armonía perfectas. La Sacralidad de toda la Creación es la reverencia que todas y cada una de las cosas muestran por todas y cada una de las demás. Todo se halla imbuido de un gran esplendor, y todo guarda silencio en su sobrecogimiento y reverencia. La Revelación infunde una serenidad y una Paz infinitas.

Al contemplar el cuerpo, éste se revela igual a todo lo demás: sin pertenecer ni ser poseído por persona alguna, igual a los muebles u otros objetos, y simplemente una parte más de «Todo lo que es». No existe ninguna sensación personal acerca del cuerpo y no hay identificación alguna con él. Se mueve espontáneamente, ejecuta correctamente sus funciones corporales, camina y respira sin esfuerzo. Está autopropulsado y sus acciones vienen determinadas y activadas por la Presencia. El cuerpo es simplemente un «eso», igual a cualquier otra cosa en la habitación.

Si otras personas le interpelan, la voz del cuerpo responde adecuadamente, pero lo que se oye en la conversación resuena en un nivel de significado superior. En cada frase se revela un significado más profundo, más hondo. Toda comunicación se comprende ahora en un nivel más profundo, casi como si hasta la pregunta más sencilla fuera en realidad una pregunta existencial y una declaración acerca de la humanidad en sí. En la superficie, las palabras suenan superficiales, pero en el nivel más profundo tienen penetrantes implicaciones espirituales.

Esas respuestas adecuadas las está dando el cuerpo, al cual todos dan por hecho que es el «yo» al que le están hablando. Esto, en sí, es extraño, porque no hay ningún «yo» real asociado en modo alguno a este cuerpo. El verdadero Yo es invisible y no tiene ubicación. El cuerpo habla y responde a las preguntas simultáneamente en formas paralelas, en dos niveles al mismo tiempo.

Serenada por el Silencio de la Presencia, la mente se encuentra en silencio, sin palabras. No hay imágenes, ni conceptos, ni pensamientos. No hay nadie que los piense. Al no haber nadie presente, no hay quien piense ni quien actúe. Todo sucede por sí mismo, como un aspecto más de la Presencia.

En los estados de consciencia ordinarios, el sonido se impone sobre el fondo del silencio y lo reemplaza. En cambio, en la Presencia, sucede lo contrario. Aunque el sonido es perceptible, se encuentra en el fondo. El Silencio se impone de tal modo que no se ve interrumpido ni desplazado por el sonido. Nada trastorna su serenidad ni interfiere en su paz. Aunque tienen lugar movimientos, estos no son capaces de alterar la inmóvil serenidad que hay más allá del movimiento. Todo parece moverse como a cámara lenta, debido a que el tiempo está ausente. No hay más que un estado constante de Ahora. No hay acontecimientos ni sucesos porque todo comienza y termina, todo empieza y acaba; los acontecimientos solo tienen lugar en la consciencia dualista de un observador. En ausencia de ésta, no hay sucesión de acontecimientos que puedan ser descritos o explicados.

En lugar de un pensar, hay un conocer auto-revelado que imparte un entendimiento completo, que se explica por sí mismo a través de su refulgente esencia. Es como si todo hablara silenciosamente y se presentara en su totalidad en la absoluta belleza de su perfección, manifestando de este modo su gloria y revelando su Divinidad intrínseca.

Ser humano identificado con el Cosmos por Sergio Albiac

La sufusión de la Presencia a través de la totalidad y de la esencia de todo cuanto existe es exquisita en su suavidad, y su tacto es como de algo que se derrite. El Yo interior es su verdadero núcleo. En el mundo ordinario, solo se puede tocar la superficie de las cosas; pero, en la Presencia, la esencia más profunda de cualquier cosa se halla entremezclada con la de todas las demás cosas. Este tacto, que es la Mano de Dios en su tierna suavidad, es al mismo tiempo una expresión y la morada del poder infinito. En su contacto con la esencia interior de todo, uno es consciente de que la Presencia está siendo sentida por todas las demás cosas, objetos o personas.

El poder de su suavidad es ilimitado, y dado que es total y omnipresente, es imposible oposición alguna. Impregna «Todo lo que es», y de su poder surge la propia existencia, que es al mismo tiempo creada y sustentada por el poder. Este poder es una cualidad intrínseca de la Presencia, y su presencia es la esencia de la propia existencia. Está presente en todos los objetos. En ningún lugar hay vacuidad, dado que la Presencia llena tanto el espacio como el interior de los objetos. Cada hoja sabe como está siendo experimentada por todo lo demás y comparte el gozo de la divina Presencia.

Todo se halla en un estado de silencioso regocijo, por cuanto su consciencia es una experiencia de la Divinidad. Una peculiaridad de todo cuanto existe es la de una serena gratitud, siempre presente, por habérsele concedido el don de experimentar la presencia de Dios. Esta gratitud es la forma en la cual se expresa la adoración. Todo lo que es creado y tiene existencia comparte el reflejo de la gloria de Dios.

La apariencia humana ha asumido un aura totalmente nueva. El Yo Uno resplandece en los ojos de todos. Todos los rostros irradian y todos son igualmente hermosos. Lo más difícil de describir es la interacción entre las personas, que se mueve en un nivel diferente de comunicación. Existe un amor obvio entre todos. Sin embargo, sus palabras cambian de tal manera que toda conversación se convierte en algo amoroso y pacífico. El significado de las palabras que se escuchan no es el mismo que el que encuentran los demás al escucharlas. Es como si hubiera dos niveles de consciencia distintos en funcionamiento, apareciendo en el mismo escenario de forma y movimiento; dos guiones diferentes se están pronunciando a través de las mismas palabras.

Los yoes superiores de las personas implicadas transforman, en un plano diferente, los significados de las palabras en sí mismas, y la comunicación de comprensión se encuentra en un plano superior. Al mismo tiempo, es evidente que los yoes inferiores de las personas no son conscientes de la comunicación que, simultáneamente, está teniendo lugar entre sus yoes superiores. Las personas están como hipnotizadas al creer en la realidad de sus yoes ordinarios, que no son más que una exteriorización inadvertida e inconsciente de escenarios o papeles, como en una película.

Al ignorar a los yoes inferiores, los yoes superiores se comunican entre sí directamente, y los yoes ordinarios de las personas parecen no ser conscientes de ese nivel superior de conversación que está teniendo lugar. Al mismo tiempo, las personas sienten intuitivamente que algo diferente a lo habitual está sucediendo. La presencia consciente del Yo crea un campo de energía que resulta sumamente agradable a las personas. Este campo de energía lleva a cabo lo milagroso y trae armonía a los acontecimientos, junto con cierta sensación de paz a todos los que lo experimentan.

Las personas que vienen, tras recorrer muchos kilómetros en busca de respuestas a sus preguntas, descubren de repente, en presencia de esa aura, las respuestas que buscan, que les llegan a través de una comprensión interna que hace irrelevantes las preguntas originales. Esto sucede porque la Presencia recontextualiza la ilusión de un «problema», haciendo así que desaparezca.

El cuerpo proseguía con sus operaciones y reflejaba las intenciones transmitidas a través de la consciencia. La continuidad del cuerpo no revestía gran interés, y era evidente que el cuerpo realmente no es más que una propiedad del universo. Los cuerpos y los objetos del mundo reflejan variaciones interminables y no muestran imperfección alguna. Nada es mejor ni peor que ninguna otra cosa, ni es de un valor o una importancia diferente. La cualidad de la perfecta identidad propia define el valor intrínseco de todo cuanto existe como expresiones iguales de divinidad innata. En la Realidad no existen las relaciones, en la medida en que la «relación» es un concepto de observación mental dualista. Todo «Es» meramente, y exhibe la esencia de la existencia.

De forma similar, sin la interposición de un observador activo, con su innata categorización de pensamientos, no puede haber cambios ni movimientos que explicar. Cada «cosa» evoluciona simplemente como una expresión de su esencia divina. De ahí que la evolución tenga lugar como una manifestación de la consciencia, y tome expresión desde niveles abstractos superiores de energía hasta formas inferiores más concretas y, por último, materialidad física. Así, la creación se manifiesta desde una informalidad abstracta, a través de formas progresivas, hasta un patrón de energía final, que da lugar a la materialidad concreta. El poder para manifestarse es la expresión de la divina omnipotencia como creación continua.

La Creación es el Presente y el Ahora. Este Ahora es continuo, de modo que no son posibles principios ni finales. La visibilidad, o la materialidad en sí, no son más que fenómenos sensoriales y no una condición necesaria para la existencia, la cual, en sí misma, carece de forma y, sin embargo, es intrínseca a toda forma.

Dado que todo está siempre en proceso de creación, todo es una expresión de la Divinidad, o de lo contrario no tendría la capacidad de existir en modo alguno. El darse cuenta de que todo lo que existe refleja a la Divinidad de la Creación, es el motivo por el cual merece respeto y reverencia. Y esto justifica la reverencia ante el espíritu que hay dentro de todos los seres vivos y de la naturaleza, que es característica de muchas culturas.

Todos los seres que sienten son iguales. Solo la manifestación material está sujeta al cese; la esencia no se ve afectada y conserva la potencialidad de reaparecer en forma material. La esencia solo se ve afectada por las propias fuerzas de la evolución. La aparición de la forma material a partir de la esencia viene determinada por la presencia de lo que ya está en forma. El contenido de la manifestación material puede facilitar la manifestación de la esencia como forma, o puede no serle favorable, dependiendo de las circunstancias. Se podría decir que la creación satisface sus propias instrucciones o tendencias internas, divinas. Tradicionalmente, se le ha dado en llamar destino, que es el despliegue de la potencialidad y el reflejo de las circunstancias preexistentes (las clásicas «gunas» sanscritas de rajas, satva y tamas, o acción, conciencia y resistencia). Así, el hombre puede influir en las circunstancias con el fin de potenciar la manifestación de las eventualidades deseadas. Mediante su capacidad de decisión, la consciencia humana puede influir en los resultados, pero el poder de la creación es competencia de Dios.

La naturaleza de la creación, que esta más allá del tiempo, del espacio y de la causalidad, se revela por sí misma y se presenta a la consciencia de la Conciencia como un don de la Presencia. Todas las cosas son intrínsecamente sagradas en la divinidad de su creación. Cuando el sentido crítico y la discriminación de la percepción dualista se dejan a un lado, se revela la perfección y la belleza absoluta de todo.

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El arte intenta abstraer esta conciencia cuando toma un instante en el tiempo y lo congela en la escultura o la fotografía. Cada fotograma representa la perfección, que solo se puede apreciar cuando se aísla una visión única de la distorsión de la historia superpuesta. El drama de cada instante de la existencia se presta a ser preservado cuando el arte lo salva de la extinción de la transformación de la forma material que llamamos historia. La inocencia intrínseca de cualquier instante dado, se manifiesta cuando se saca a ese instante del contexto proyectado sobre una secuencia de instantes seleccionados que, posteriormente, se convierten en una «historia». En el momento que la mente dualista los convierte en una historia, se les aplican los términos de «bueno» o «malo». Si quitamos el enjuiciamiento humano de la observación, todo lo que se puede ver es que la forma está en constante evolución, en constante «cambio», que no es intrínsecamente deseable o indeseable.

Todo manifiesta su potencialidad inherente en la medida en que está determinado por su esencia y por las circunstancias imperantes. El esplendor de todas las cosas se halla en su mera existencia, en el hecho de manifestar la gloria de la creación de Dios como existencia en sí. Por virtud del mero «ser», todas y cada una de las cosas que sienten y que no sienten en su existencia cumplen con la voluntad de Dios. Es debido a la intención divina que lo no manifiesto se hace manifiesto; y la creación es el proceso que nosotros presenciamos.

Debido a que la naturaleza de la creación no es evidente para la consciencia ordinaria, la mente manufactura enigmas sin respuesta, por ejemplo, ¿cómo puede un Dios «bueno» permitir tanto «mal»? Más allá de la percepción dualista y de las categorías arbitrarlas de la manifestación, no hay nada bueno ni malo que explicar, y se puede ver que el universo es, en sí mismo, inofensivo. La mente humana construye sus escenarios de objetivos y deseos, y los acontecimientos pueden coincidir con ellos o no. Tanto la tragedia como la victoria tienen lugar solo dentro de las limitaciones de la mente dualista y son independientes de la realidad. Todo lo que hay en este mundo parece surgir y luego disolverse dentro de las limitaciones de la percepción. Pero, en la medida en que la Realidad está más allá del tiempo, el espacio y la forma, es irrelevante si una «cosa» o una «persona» existen durante una décima de segundo o durante miles de años. Así, el empeño por vivir unos cuantos años más o incluso unos pocos instantes más, se antoja una ilusión vacía, porque la existencia no se experimenta en modo alguno dentro del tiempo. Este instante es la única realidad que se está experimentando; todo lo demás es una abstracción y una construcción mental. Por lo tanto, uno no vive en absoluto setenta años; solo este mismo instante fugaz es posible.

En la realidad de la no dualidad, todo está completo, y el deseo se sustituye por la gratitud. A medida que la vida evoluciona, todo ser vivo es la expresión total de su potencialidad en cualquier momento dado. La motivación desaparece como tal, y la acción tiene lugar como una fase en el proceso de actualización de la potencialidad. Por tanto, no hay actor detrás de la acción. Lo que hay es una sensación de totalidad y de completa satisfacción en cada instante. El disfrute de las necesidades físicas es el producto de la propia acción. El apetito de comer, por ejemplo, surge del acto de comer, sin deseo previo alguno por el siguiente bocado; si se deja de comer debido a una interrupción, no existe sentimiento de pérdida. La alegría de vivir tiene su origen en la propia existencia en cualquier momento dado, y la conciencia de totalidad continua es un aspecto de la alegría de la existencia.

La totalidad de la Unidad del Todo no se puede «experimentar». Más Bien, se conoce por virtud de serlo. El «yo» del Yo es el Ojo de Dios presenciando el despliegue de la Creación como un Ahora. La secuencia es una ilusión creada por la percepción del «yo» del ego, que es el punto de observación del proceso que va de lo no local a lo local, de lo no lineal a lo lineal, de la Totalidad al «esto». La percepción es el ojo del ego que, en la medida en que traduce el inaprensible Infinito en un finito experimentable, genera la percepción del tiempo, el espacio, la duración, la dimensión, la posición, la forma, la limitación y la singularidad.

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FUENTE: Prólogo del capítulo 1 del libro “El Ojo del Yo”, del Dr. David R. Hawkins.

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Dejar ir

INTRODUCCIÓN

El Dr. David R. Hawkins nos describe en su obra “Dejar Ir, el Camino de la Entrega”, un sencillo pero a la par profundo y radical método, para alcanzar una gran claridad interior y superar los problemas que aparecen en nuestro camino, si bien “no mediante la búsqueda de respuestas – precisa -, sino deshaciendo las bases del problema.”

Dicha técnica o método ha sido señalada con distintos lenguajes, por los grandes maestros de la historia, pero se revela en las palabras de Dr. Hawkins con explicaciones evidentes y meridianas. Dicho método es lo que él llama el DEJAR IR, o también EL MECANISMO DE LA ENTREGA “es un sistema práctico para eliminar los obstáculos y los apegos…. Existen pruebas científicas de su eficacia… La investigación ha demostrado que la técnica es más eficaz que muchos de los otros enfoques actualmente disponibles para aliviar las respuestas fisiológicas al estrés.”

Pero no olvidemos que las técnicas, en este orden de cosas, son la expresión operativa o práctica de un cierto estado de conciencia. El uso de estas técnicas sin una necesidad interna, sin una predisposición, sin una actitud de superación, son no solo estériles, sino que pueden convertirse en una excusa para el ego.

El autor añade seguidamente: La mente, con sus pensamientos, es dirigida por los sentimientos. Cada sentimiento es la derivada acumulada de muchos miles de pensamientos. Porque la mayoría de las personas durante toda su vida reprimen, suprimen y tratan de escapar de sus sentimientos, la energía suprimida se acumula y busca expresarse a través de la aflicción psicosomática, los trastornos corporales, las enfermedades emocionales, y la conducta desordenada en las relaciones interpersonales. Los sentimientos acumulados bloquean el crecimiento espiritual y la consciencia, así como el éxito en muchas áreas de la vida.”

A partir del uso de esta técnica “el estado alcanzado por los grandes sabios de la historia está disponible; las soluciones están dentro de nosotros y son fáciles de encontrar. El mecanismo de la entrega es sencillo y la verdad es evidente de por sí. Opera en la vida cotidiana. No existe un dogma o sistema de creencias. Verificarás todo por ti mismo, por lo que no puedes ser engañado. No hay dependencia de ninguna enseñanza. De ello se desprende el dictamen “Conócete a ti mismo”; “La verdad os hará libres”; y “El reino de Dios está en vosotros” Funciona para el cínico, el pragmático, el religioso y el ateo. Funciona a cualquier edad o pasado cultural. Funciona para la persona espiritual y para la persona no espiritual por igual.”

También destaca el Dr. Hawkins algo que es sumamente importante para nuestra libertad y empoderamiento personal: “Debido a que el mecanismo es de tu propiedad, nadie te lo puede quitar. Estás a salvo de la desilusión. Descubrirás por ti mismo lo que es real y lo que son solo programas mentales y sistemas de creencias. Mientras todo esto sucede, te volverás más saludable, más exitoso con menor esfuerzo, más feliz, y más capacitado para el auténtico amor. Tus amigos advertirán la diferencia, los cambios son permanentes. Ya no “subirás” para luego caer. Descubrirás que hay un maestro automático dentro de ti”.

Aplicándolo, la transformación personal será radical: “Con el tiempo descubrirás tu Ser interior. Inconscientemente siempre supiste que estaba allí. Cuando te encuentres con él, entenderás lo que los grandes sabios de la historia estaban tratando de transmitir. Lo entenderás porque la Verdad es evidente por sí misma y está en tu propio Ser.”

Reproducimos el capítulo 2 de la obra citada, titulado “El mecanismo de Dejar Ir”, que ponemos a tu consideración querido/a visitante… Pero antes de discutir, debatir, antes de negar o afirmar categóricamente, ponlo en práctica para comprobarlo. ¿O es que el fruto que puedes obtener no te merece la pena?.

Óscar García

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El MECANISMO DE “DEJAR IR”

Capítulo 2 de la obra
“Dejar Ir, el Mecanismo de la Entrega”,
Por el Dr. David R. Hawkins

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Dr. David R. Hawkins (1913 -1912). Doctor en Medicina y Filosofía, fue director del Instituto para la Investigación Espiritual, S.A, y Fundador del Camino de la Devoción a la No-Dualidad. Reconocido como investigador pionero en el campo de la conciencia, autor, conferenciante, clínico, psiquiatra y científico.
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¿Qué es?

Dejar ir es como el cese repentino de una presión interna o la caída de un peso. Se acompaña de una repentina sensación de alivio y ligereza, y el incremento de la felicidad y la libertad. Se trata de un mecanismo real de la mente y todo el mundo lo ha experimentado en alguna ocasión.

Un buen ejemplo es el siguiente. Estás en medio de una intensa discusión; estás enfadado y molesto, cuando de repente ves que todo es absurdo y ridículo. Y empiezas a reír. La presión se alivia. De la ira, el miedo y la sensación de sentirte atrapado de repente te sientes libre y feliz.

Piensa en lo maravilloso que sería poder hacer eso en todo momento, en cualquier lugar, y en cualquier situación. Que pudieras sentirte siempre libre y feliz y nunca ser acorralado por tus sentimientos enfrentados. De esto trata toda la técnica: dejar ir consciente y frecuentemente a voluntad. Entonces estás a cargo de lo que sientes, y ya no estás a merced del mundo y de tus reacciones hacia él. Ya no eres la víctima. Esto es emplear la enseñanza básica de Buda, que elimina la presión de la reactividad involuntaria.

Llevamos con nosotros un enorme almacén de sentimientos negativos acumulados, actitudes y creencias. La presión acumulada nos hace miserables y es la base de muchas de nuestras enfermedades y problemas. Estamos resignados a ello y lo explicamos como la “condición humana”. Tratamos de escapar de ella de mil maneras. La vida humana media se emplea en tratar de evitar y huir de la confusión interior del miedo y la amenaza de la miseria. La autoestima de todos está constantemente amenazada tanto desde dentro como desde fuera.

Si echamos un vistazo a la vida humana, vemos que es esencialmente una larga lucha elaborada para escapar de nuestros miedos internos y las expectativas que han sido proyectadas sobre el mundo. Se intercalan periodos de celebración cuando hemos escapado momentáneamente de los miedos internos, pero los miedos siguen ahí esperándonos. Nos hemos vuelto temerosos de nuestros sentimientos internos porque tienen tal enorme cantidad de negatividad que tememos quedar sobrepasados si realizamos una observación más profunda.

Pensamiento mujerTenemos miedo de estos sentimientos porque no tenemos ningún mecanismo consciente con el que manejar los sentimientos cuando provienen del interior de nosotros mismos. Debido a que tenemos miedo a enfrentarnos a ellos, continúan acumulándose y, finalmente, en secreto empezamos a buscar como adelantar la muerte para que todo el dolor termine. No son los pensamientos o los hechos los que son dolorosos, sino los sentimientos que los acompañan. Los pensamientos en y por sí mismos no son dolorosos, ¡sino los sentimientos que subyacen en ellos!

Es la presión acumulada de los sentimientos la que provoca los pensamientos. Un sentimiento, por ejemplo, puede crear literalmente miles de pensamientos durante un tiempo. Pensemos, por ejemplo, en un recuerdo doloroso de los primeros años de vida, una pena terrible que se ha ocultado. Observa todos los años y años de pensamientos asociados a ese simple suceso. Si pudiéramos entregar la sensación de dolor subyacente, todos esos pensamientos desaparecerían al instante y nos olvidaríamos del suceso.

Esta observación está en conformidad con la investigación científica. La teoría científica de Gray-LaViolette integra la psicología y la neurofisiología. Su investigación demostró que el tono de los sentimientos organiza los pensamientos y la memoria (Gray-LaViolette, 1981). Los pensamientos son archivados en el banco de la memoria de acuerdo a los diferentes matices de los sentimientos asociados a esos pensamientos. Por lo tanto, cuando renunciamos o apartamos un sentimiento, nos estamos liberando de todos los pensamientos asociados.

El gran valor de saber cómo entregar es que todos y cada uno de los sentimientos se puede dejar en cualquier momento y en cualquier lugar en un instante, y puede hacerse continuamente y sin esfuerzo.

¿Cuál es el estado de entrega? Significa estar libre de sentimientos negativos en un área determinada para que la creatividad y la espontaneidad puedan manifestarse sin la oposición o la interferencia de los conflictos internos. Estar libres de conflictos internos y expectativas es dar a quienes comparten nuestra vida la mayor libertad. Nos permite experimentar la naturaleza básica del universo, que, según se descubrió, es manifestar el mayor bien posible en cada situación. Esto puede sonar filosófico, pero, cuando se hace, es empíricamente cierto.

Los sentimientos y los mecanismos mentales

Tenemos tres maneras principales de manejar los sentimientos: supresión, expresión y escape. Vamos a discutir cada uno de ellas.

1. La supresión y la represión. Estas son las formas más comunes con las que tiramos hacia delante con nuestros sentimientos y los dejamos a un lado. En la represión, esto sucede inconscientemente; en la supresión, sucede conscientemente. No queremos ser molestados por los sentimientos y, además, no sabemos qué más hacer con ellos. Tenemos suerte de sufrir con ellos y tratar de seguir funcionando de la mejor manera que podamos. Los sentimientos que seleccionamos para ser suprimidos o reprimidos lo son en conformidad a los programas consciente e inconsciente que acarreamos por costumbre social y educación familiar. La presión de los sentimientos suprimidos es sentida luego como irritabilidad, cambios de humor, tensión en los músculos del cuello y la espalda, dolores de cabeza, calambres, trastornos menstruales, colitis, indigestión, insomnio, hipertensión, alergias y otras condiciones somáticas.

sentimientos-reprimidosCuando reprimimos un sentimiento, es porque hay tanta culpa y miedo por la sensación que ni siquiera es conscientemente sentida en absoluto. Se convierte al instante en una estocada en el inconsciente tan pronto como amenaza en emerger. El sentimiento reprimido es luego manejado de varias maneras para garantizar que se mantiene reprimido y fuera de la consciencia.

De estos mecanismos utilizados por la mente para mantener el sentimiento reprimido, la negación y la proyección son quizás los métodos más conocidos, ya que tienden a ir juntos y reforzarse el uno al otro. La negación deriva en emociones importantes y bloqueos para la maduración. Es acompañado generalmente por el mecanismo de la proyección. A causa de la culpa y el miedo, reprimimos el impulso o los sentimientos, y nos negamos a su presencia en nosotros. En lugar de sentirlos, los proyectamos sobre el mundo y los que nos rodean. Experimentamos las sensaciones como si perteneciera a “ellos”. “Ellos” se convierten entonces en el enemigo, y la mente busca y encuentra justificación para reforzar la proyección. La culpabilidad se sitúa en las personas, los lugares, las instituciones, los alimentos, las condiciones climáticas, los acontecimientos astrológicos, las condiciones sociales, el destino, Dios, la suerte, el diablo, los extranjeros, los grupos étnicos, los rivales políticos, y otras cosas fuera de nosotros mismos. La proyección es el principal mecanismo utilizado en el mundo de hoy. Es responsable de todas las guerras, los disturbios y los desórdenes civiles. Incluso se anima a odiar al enemigo para convertirse en un “buen ciudadano”. Mantenemos nuestra propia autoestima a costa de los demás y, con el tiempo, esto deriva en descomposición social. El mecanismo de la proyección subyace a todo ataque, violencia, agresión, y toda forma de destrucción social.

2. Expresión. Con este mecanismo, la sensación es aireada, verbalizada, o afirmada por el lenguaje corporal, y representada en un sinfín de demostraciones en grupo. La expresión de los sentimientos negativos permite dejar salir sólo la suficiente presión interior para que, de este modo, el resto pueda ser suprimido. Este es un punto muy importante a entender, porque muchas personas en la sociedad de hoy creen que expresar sus sentimientos les libera de los sentimientos. Los hechos demuestran lo contrario. La expresión de un sentimiento, primero, tiende a propagar ese sentimiento y darle mayor energía. En segundo lugar, la expresión del sentimiento simplemente permite que el resto sea suprimido fuera de la consciencia.

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El equilibrio entre supresión y expresión varía en cada individuo dependiendo de la educación primaria, las actuales normas culturales, las costumbres, y los medios de comunicación. Expresarse está ahora en boga como resultado de una mala comprensión de la obra de Sigmund Freud y el psicoanálisis. Freud señaló que la supresión era la causa de la neurosis; por lo tanto, se pensó erróneamente que la expresión era la cura. Esta mala interpretación se convirtió en una licencia para la auto-indulgencia a costa de los demás. Lo que en realidad dijo Freud, en el psicoanálisis clásico, era que el impulso o sentimiento reprimido debía ser neutralizado, sublimado, socializado, y canalizado por los instintos constructivos del amor, el trabajo y la creatividad.

Si volcamos nuestros sentimientos negativos en los demás, lo experimentarán como un ataque, y a su vez, se verán forzados a suprimir, expresar, o escapar de esos sentimientos; por lo tanto, la expresión de la negatividad deriva en el deterioro y la destrucción de las relaciones. Una alternativa mucho mejor es asumir la responsabilidad de nuestros propios sentimientos y neutralizarlos. Entonces, sólo los sentimientos positivos permanecen y son expresados.

3. Escape. El escape es la evitación de los sentimientos a través de la diversión. Esta evitación es la columna vertebral de las industrias del entretenimiento y los licores, así como la ruta hacia la adicción al trabajo. El escapismo y la evitación de la consciencia interior es un mecanismo socialmente tolerado. Podemos evitar a nuestros propios yoes interiores y apartar nuestros propios sentimientos del emerger de una interminable variedad de búsquedas, muchas de las cuales con el tiempo se convierten en adicciones a medida que nuestra dependencia a ellas crece.

La gente se desespera al permanecer inconsciente. Observemos cómo a menudo las personas echan un vistazo a la televisión en el momento en que entran en una habitación y luego caminan por ella en un estado de cuasi- insomnio, siendo constantemente programados por los datos que provienen en ella. Las personas tienen miedo de enfrentarse a sí mismas. Temen incluso un momento de soledad. De ello, las constantes actividades frenéticas: la interminable socialización, el hablar, el enviar mensajes de texto, leer, escuchar música, trabajar, viajar, hacer turismo, ir de compras, comer en exceso, los juegos de azar, ir al cine, tomar píldoras, el uso de drogas y las fiestas de cóctel.

Party TimeMuchos de los mecanismos anteriores de escape son erróneos, estresantes e ineficaces. Cada uno de ellos requiere cantidades crecientes de energía en y por sí mismos. Se requieren enormes cantidades de energía para mantener baja la presión cada vez mayor de los sentimientos suprimidos y reprimidos. Hay una pérdida progresiva de la consciencia y una detención del crecimiento. Hay una pérdida de creatividad, energía, e interés real en los demás. Hay una detención del crecimiento espiritual y, finalmente, el desarrollo de enfermedades físicas y emocionales, dolencias, envejecimiento y muerte prematura. La proyección de estos sentimientos reprimidos deriva en problemas sociales, trastornos, y el aumento del egoísmo y la crueldad característica de nuestra sociedad actual. Por encima de todo, el efecto es la incapacidad para amar de verdad y confiar en otra persona, lo que resulta en el aislamiento emocional y el odio a uno mismo.

En contraste con lo anterior, ¿qué sucede cuando en lugar de esto dejamos un sentimiento? La energía detrás del sentimiento es instantáneamente entregada y el efecto neto es la descompresión. La presión acumulada comienza a disminuir a medida que lo dejamos constantemente. Todo el mundo sabe que, cuando lo dejamos, nos sentimos mejor inmediatamente. El cuerpo cambia la fisiología. Hay mejoras detectables en el color de la piel, la respiración, el pulso, la presión arterial, la tensión muscular, la función gastrointestinal, y la química de la sangre. En el estado de libertad interior, todas las funciones del cuerpo y los órganos se corrigen en general en dirección a la normalidad y la salud. Hay un aumento inmediato en la potencia muscular. La visión mejora y nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos cambia para mejor. Nos sentimos felices, más cariñosos y más relajados.

Los sentimientos y el estrés

Hay mucha atención y publicidad prestada al tema del estrés sin una comprensión real de su naturaleza esencial. Se dice que somos más propensos al estrés que nunca. ¿Cuál es la causa fundamental del estrés? Ciertamente no son los factores desencadenantes externos. Ellos son meramente ejemplos del mecanismo que hemos descrito como proyección. Son los “ellos” o el “eso” que se piensa que es el culpable cuando, de hecho, lo que estamos sintiendo es simplemente el dejar salir la presión interna de las emociones reprimidas Son estos sentimientos reprimidos los que nos hacen vulnerables al estrés externo.

El verdadero origen del “estrés” es en realidad interno; no es externo, como a la gente le gustaría creer. La predisposición a reaccionar con miedo, por ejemplo, depende de la cantidad de miedo que ya esté presente en nosotros para ser desencadenado ante un estímulo. Cuanto más miedo tenemos en el interior, más cambia nuestra percepción del mundo ante un miedo o expectativa preocupante. Para una persona miedosa, este mundo es un lugar aterrador. Para la persona enfadada, este mundo es un caos de frustración y aflicción. Para la persona culpable, este es un mundo de tentación y pecado, que ven en todas partes. A lo que estamos aferrándonos interiormente colorea nuestro mundo. Si dejamos la culpa, veremos inocencia; sin embargo, una persona con sentimiento de culpa sólo verá el mal. La regla básica es que nos centremos en lo que hemos reprimido.

El estrés deriva de una presión acumulada de nuestros sentimientos reprimidos y suprimidos. La presión busca alivio, y así los acontecimientos externos sólo desencadenan lo que hemos estado manteniendo, tanto consciente como inconscientemente. La energía de nuestros sentimientos bloqueados y expulsados emerge de nuevo a través de nuestro sistema nervioso autónomo y causa cambios patológicos que conducen a los procesos de la enfermedad. Un sentimiento negativo inmediatamente provoca una pérdida del 50% de la fortaleza muscular del cuerpo y también reduce nuestra visión, tanto física como mentalmente. El estrés es nuestra reacción emocional a un factor desencadenante o estímulo. El estrés está determinado por nuestros sistemas de creencias y sus presiones emocionales asociadas. No es el estímulo externo, entonces, lo que causa el estrés, sino nuestro grado de reactividad. Cuanto más entregados estemos, menos propensos somos al estrés. El daño causado por el estrés no es más que el resultado de nuestras propias emociones. La efectividad del dejar ir y reducir la respuesta del cuerpo al estrés se ha demostrado en estudios científicos (véase el capítulo 14).

Muchos programas de reducción de estrés ofrecidos hoy en día a menudo pierden el punto esencial. Tratan de aliviar las secuelas del estrés en lugar de eliminar la causa del propio estrés, o se concentran en los acontecimientos externos. Esto es como tratar de bajar la fiebre sin corregir la infección. Por ejemplo, la tensión muscular es el resultado de la ansiedad, el miedo, la ira y la culpa. Un curso sobre técnicas de relajación muscular va a tener un beneficio muy limitado. Sería mucho más eficaz, en cambio, eliminar el origen de la tensión subyacente, que es la ira reprimida y suprimida, el miedo, la culpa y los demás sentimientos negativos.

Los acontecimientos vitales y las emociones

La mente racional prefiere mantener las verdaderas causas de la emoción fuera de la consciencia y utiliza el mecanismo de la proyección para hacer esto. Culpa a los acontecimientos o a las otras personas por “causar” un sentimiento y se ve a sí misma como la víctima inocente e indefensa de las causas externas. “Ellos me hicieron enfadar.” “El me ha trastornado.” “Eso me asustó”. “Los acontecimientos del mundo son la causa de mi ansiedad”. En realidad, es exactamente lo contrario. Los sentimientos suprimidos y reprimidos buscan una salida y utilizan los acontecimientos como desencadenantes y excusas para desahogarse. Somos como ollas a presión listas para liberar el vapor cuando la oportunidad se presenta. Los factores desencadenantes son configurados y preparados para que salgan. En psiquiatría, este mecanismo se denomina desplazamiento. Es debido a que estamos enfadados que los acontecimientos nos “hacen” enfadar. Si, a través de la constante entrega, nos hemos apartado del almacén reprimido de la ira, es muy difícil, y de hecho, incluso imposible para cualquier persona o cualquier situación “hacernos” enfadar. Lo mismo, por tanto, se aplica a todos los demás sentimientos negativos una vez que hayan sido entregados.

Debido a los condicionamientos sociales de nuestra sociedad, la gente incluso suprime y reprime sus sentimientos positivos. Suprimir el amor deriva en un corazón roto por ataque al corazón. El amor suprimido vuelve a emerger en una excesiva adoración por los animales y diversas formas de idolatría. El verdadero amor está libre de miedos y se caracteriza por el no-apego. El miedo a la pérdida se potencia por el indebido apego y la posesión. Por ejemplo, el hombre que está inseguro en relación a su novia y es muy celoso.

Cuando la presión de los sentimientos suprimidos y reprimidos excede el nivel de tolerancia del individuo, la mente creará un acontecimiento “ahí fuera” en el que se dé rienda suelta y se desplace. Así, la persona con una gran cantidad de dolor reprimido creará inconscientemente acontecimientos tristes en su vida. La persona miedosa precipita las experiencias aterradoras; la persona enfadada se rodea de circunstancias indignantes; y la persona orgullosa está constantemente siendo insultada. Como dijo Jesucristo: “¿Por qué ves la paja que está en el ojo de tu hermano, y no sientes la viga que está en tu propio ojo? (Mateo 7:3)” Todos los Grandes Maestros nos señalan el interior.

Todo en el universo emite una vibración. Cuanto mayor sea la vibración, más poder tiene. Las emociones, también, debido a que son energía, emiten vibraciones. Estas vibraciones emocionales impactan los campos de energía del cuerpo y revelan efectos que se pueden ver, sentir y medir. Las imágenes en movimiento mediante la fotografía Kirlian, como las tomadas por el Dr. Thelma Moss, muestran fluctuaciones rápidas del color y el tamaño del campo de energía a los cambios emocionales (Krippner, 1974). El campo de energía al que tradicionalmente se ha llamado “aura”, puede ser visto por personas que han nacido con o han aprendido la habilidad para ver las vibraciones de esa frecuencia. El aura cambia de color y de tamaño con las emociones. La prueba muscular también demuestra los cambios de energía que acompañan a las emociones, y como los músculos de nuestro cuerpo responden instantáneamente a los estímulos positivos y negativos. Por lo tanto, nuestros estados emocionales básicos se transmiten al universo.

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La mente no tiene dimensiones o tamaño, y no está limitada por el espacio; por lo tanto, la mente transmite su estado básico a través de la energía vibratoria a una distancia ilimitada. Esto significa que de manera rutinaria y sin quererlo afectamos a los demás por nuestro estado emocional y pensamientos. Los patrones emocionales y sus formas de pensamiento asociadas, por ejemplo, pueden ser seleccionados y recibidos conscientemente por los psíquicos a una gran distancia. Esto puede ser demostrado experimentalmente, y la base científica para esto ha sido un tema de gran interés en la física cuántica avanzada.

Debido a que las emociones emiten un campo de energía vibratoria, afectan y determinan las personas que están en nuestras vidas. Los acontecimientos vitales quedan influenciados por nuestras emociones reprimidas y suprimidas en el nivel psíquico. Así, enfadarse atrae pensamientos de enfado. La regla básica del universo psíquico es que “lo semejante atrae a lo semejante”. Del mismo modo, “el amor promueve el amor”, de modo que la persona que ha dejado una gran cantidad de negatividad interior está rodeada de pensamientos de amor, episodios de amor, gente cariñosa, y mascotas cariñosas. Este fenómeno explica muchas citas de las escrituras y refranes comunes que han desconcertado al intelecto, tales como: “Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres” y “los que tienen, consiguen.” Como regla general, por tanto, las personas que acarrean con una conciencia apática atraen circunstancias de pobreza a sus vidas, y los que tienen una conciencia de prosperidad atraen la abundancia a su vida.

Debido a que todos los seres vivos están conectados en los niveles de la energía vibratoria, nuestro estado emocional básico es seleccionado y reaccionado por todas las formas de vida que nos rodean. Es bien sabido que los animales pueden ver instantáneamente el estado emocional básico de una persona. Hay experimentos que demuestran que incluso el crecimiento de las bacterias es afectado por las emociones humanas, y que las plantas registran reacciones medibles a nuestro estado emocional (Backster, 2003)

El mecanismo del Dejar Ir

El dejar ir implica ser consciente de un sentimiento, dejarlo crecer, estar con él, y dejar que siga su curso sin querer que sea diferente o hacer nada en relación a él. Significa simplemente dejar que el sentimiento esté ahí y centrarse en dejar escapar la energía tras él. El primer paso es permitirte a ti mismo tener la sensación sin resistirla, airearla, temerla, condenarla, o moralizar sobre ella. Significa abandonar el juicio y ver que es solo una sensación. La técnica consiste en estar con una sensación y entregar todos los esfuerzos por modificarla de alguna manera. Dejamos de querer resistir la sensación. Es la resistencia la que mantiene activa la sensación. Cuando renuncias a resistir o tratar de modificar la sensación, cambiará a un nuevo sentimiento que será acompañado de una sensación más ligera. Una sensación que no es resistida desaparecerá a medida que la energía tras ella se disipe.

Al comenzar el proceso, te darás cuenta de que tienes miedo y culpa por tener sentimientos; habrán resistencias a los sentimientos en general. Es más fácil permitir que afloren los sentimientos si dejamos antes la reacción a tener esos sentimientos. El miedo al propio miedo es un buen ejemplo de esto. Deja el miedo o la culpa que tienes por la primera sensación, y luego consigue entrar en el sentimiento en sí.

Cuando dejes ir, ignora todo pensamiento. Céntrate en la propia sensación, no en los pensamientos. Los pensamientos son interminables, se auto-refuerzan, y sólo engendran más pensamientos. Los pensamientos no son más que racionalizaciones de la mente para tratar de explicar la presencia de la sensación. La verdadera razón de la sensación es la presión acumulada tras los sentimientos que la está forzando a salir en ese momento. Los pensamientos o acontecimientos externos son sólo una excusa compuesta por la mente.

A medida que nos familiaricemos más con el dejar ir, nos daremos cuenta de que todos los sentimientos negativos están asociados a nuestro miedo básico relacionado con la supervivencia y que todos los sentimientos no son más que programas de supervivencia que la mente cree necesarios. La técnica del dejar ir deshace los programas progresivamente. A través de ese proceso, el motivo subyacente tras los sentimientos se vuelve más y más evidente.

Soltar globosEstar entregado significa no tener emociones fuertes sobre una cosa: “Está bien si pasa, y está bien si no pasa.” Cuando somos libres, dejamos los apegos. Podemos disfrutar de una cosa, pero no la necesitamos para nuestra felicidad. Hay una progresiva disminución de la dependencia de todo y todos fuera de nosotros mismos. Estos principios son conformes a las enseñanzas básicas de Buda de evitar el apego a los fenómenos mundanos, así como también a la enseñanza básica de Jesucristo de “estar en el mundo pero no ser de él”.

A veces entregamos un sentimiento y nos damos cuenta de que retorna o continúa. Esto se debe a que todavía hay más de él a entregar. Hemos rellenado con todos esos sentimientos nuestras vidas y puede haber una gran cantidad de energía presionando que necesite salir y ser reconocida. Cuando se produce la entrega, hay una ligereza inmediata, y mayor sensación de felicidad, casi como un “subidón”.

Al dejar ir continuamente, es posible permanecer en ese estado de libertad. Los sentimientos van y vienen, y con el tiempo te das cuenta de que tú no eres tus sentimientos, sino que el verdadero “tú” se limita a presenciarlos. Dejas de identificarte con ellos. El “tú” que es consciente de lo que está pasando siempre sigue siendo el mismo. A medida que te vuelves más y más consciente de la inmutable presencia interior, empiezas a identificarte con ese nivel de la conciencia. Te conviertes progresivamente ante todo en el testigo y no en el experimentador del fenómeno. Consigues aproximarte más y más al Ser real y empiezas a ver que habías sido engañado por los sentimientos todo el tiempo. Pensaste que eras víctima de tus sentimientos. Ahora ves que no son la verdad sobre ti mismo; sino que son simplemente creados por el ego, ese colector de programas que la mente ha creído erróneamente que son necesarios para la supervivencia.

Los resultados del dejar ir son aparentemente rápidos y sutiles, pero los efectos son muy poderosos. Muchas veces dejamos algo pero creeremos que no es así. Serán nuestros amigos quienes nos hagan conscientes del cambio. Una de las razones para este fenómeno es que, cuando algo es totalmente entregado, desaparece de la conciencia. Ahora, debido a que nunca pensamos en ello, no nos damos cuenta de que se ha ido. Este es un fenómeno común entre las personas que están creciendo en conciencia. No somos conscientes de todo el carbón que hemos paleado; siempre estamos viendo la palada que estamos manejando en estos momentos. No nos damos cuenta de lo mucho que el montón se ha reducido. Muchas veces nuestros amigos y familiares son los primeros en darse cuenta.

Para realizar un seguimiento de los avances, muchas personas mantienen un gráfico de sus ganancias. Esto ayuda a vencer la resistencia que por lo general toma la forma de: “Esto no está funcionando”. Es común que personas que han hecho enormes ganancias digan, “Simplemente no está funcionando”. Tenemos que recordarnos a nosotros mismos a veces como éramos antes de empezar este proceso.

Las resistencias al Dejar Ir

Dejar ir los sentimientos negativos es disolver el ego, el cual resistirá cada paso. Esto puede derivar en escepticismo acerca de la técnica, “olvidando” entregar, el súbito escapismo repentino, o aireando los sentimientos por expresar y representar. La solución es simplemente mantenerse en el dejar ir de los sentimientos que tienes sobre todo el proceso. Deja que la resistencia esté ahí, pero no resistas la resistencia.

Eres libre. No tienes que dejarla. Nadie te está forzando. Mira el miedo tras la resistencia. ¿A qué tienes miedo con respecto a este proceso? ¿Estás dispuesto a dejarlo? Mantente en el dejar ir de todos los miedos a medida que surjan, y la resistencia se resolverá.

No hay que olvidar que estamos abandonando todos los programas que nos han convertido en un esclavo y una víctima durante mucho tiempo. Estos programas nos han cegado a la verdad de nuestra verdadera identidad. El ego está perdiendo terreno e intentará trucos y trampas. Una vez que empecemos a dejar ir, sus días están contados y su poder disminuirá. Uno de sus trucos es mantenerse inconsciente sobre la técnica en sí, por ejemplo, decidir de repente que el mecanismo de la entrega no está funcionando, que las cosas siguen igual, que es confuso, y también que es muy difícil de recordar y hacer. ¡Esto es un signo de progreso real! Esto significa que el ego sabe que tenemos un cuchillo con el que trocearnos libremente y está perdiendo terreno”. El ego no es nuestro amigo. Al igual que el “Control Central” en Tron (1982), quiere mantenernos esclavizados por sus programas.

Camina hacia la luz

El dejar ir es una habilidad natural. No es algo nuevo o extraño. No es una enseñanza esotérica ni la idea de otra persona o un sistema de creencias. Sólo estamos utilizando nuestra propia naturaleza interior para conseguir ser más libres y felices. Cuando dejas ir, no es útil “pensar” sobre la técnica. Es mejor, simplemente, tan sólo hacerlo. Con el tiempo se verá que todos los pensamientos son resistencia. Son todas imágenes que la mente ha hecho para impedirnos experimentar lo que realmente es. Cuando hayamos estado dejando ir un tiempo y hayamos comenzado a experimentar lo que realmente está pasando, nos reiremos de nuestros pensamientos. Los pensamientos son falsos, absurdas creencias construidas que oscurecen la verdad. Perseguir los pensamientos pueden mantenernos ocupados interminablemente. Descubriremos un día que tenemos razón cuando empecemos. Los pensamientos son como peces de colores en un bol; el Ser real es como el agua. El Ser real es el espacio entre los pensamientos, o más exactamente, el campo de la consciencia silente debajo de todos los pensamientos.

Hemos tenido la experiencia de estar totalmente absortos en lo que estábamos haciendo, cuando apenas nos dimos cuenta del paso del tiempo. La mente estaba muy tranquila, y simplemente estábamos haciendo lo que estábamos haciendo sin resistencia o esfuerzo. Nos sentimos felices, tal vez tarareando algo. Haciendo las cosas sin estrés. Estábamos muy relajados, aunque estuviéramos ocupados. De repente nos dimos cuenta de que nunca necesitamos todos esos pensamientos después de todo. Los pensamientos son como la carnada para un pez; y si picamos, nos atrapan. Es mejor no picar en los pensamientos. No los necesitamos.

En nosotros, pero al margen de nuestra consciencia, está la verdad de que “Ya sé todo lo que necesito saber”. Esto sucede automáticamente.

Paradójicamente, la resistencia a la entrega se debe a la eficacia de la técnica. Lo que sucede es que nos mantenemos en el dejar ir aun cuando la vida no vaya demasiado bien y estemos acosados por emociones desagradables. Cuando finalmente entregamos nuestra manera de salir de ellas y todo va bien, entonces abandonamos el dejar ir. Esto es un error porque, por muy bien que nos podamos sentir, por lo general hay más por hacer. Aprovecha los estados elevados y el impulso de dejar ir. Sigue adelante porque será mejor y mejor a cada momento. El dejar ir gana cierto impulso. Es fácil mantenerlo una vez se ha empezado. Cuanto mejor nos sintamos, más fácil es dejar. Ese es un buen momento para descender y dejar algunas cosas (la “basura” suprimida y reprimida) que no habríamos querido abordar si estuviéramos en el vertedero. Siempre hay una sensación de estar menguando y entregado. Cuando nos sentimos bien, las emociones son simplemente sutiles.

A veces te sentirás atrapado por un sentimiento en particular. Basta con entregar la sensación de estar atrapado. Solo déjalo estar ahí y no lo resistas. Si no desaparece, ve si puedes dejar el sentimiento punto por punto y por partes. Otro bloqueo que puede ocurrir es el miedo de que si dejamos el deseo por algo, no lo conseguiremos. A menudo es beneficioso examinar algunas creencias comunes y dejar de creer que son ciertas desde el principio, como: (1) Sólo nos merecemos las cosas por el trabajo duro, la lucha, el sacrificio y el esfuerzo, (2) Sufrir es beneficioso y bueno para nosotros, (3) No conseguimos nada a cambio de nada; (4) Las cosas sencillas no valen mucho. Dejar ir algunas de estas barreras psicológicas hacia la propia técnica, permitirá el disfrutar de su esfuerzo y facilidad.

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Cabellera de estrellas

QUÉ ES EL MIEDO Y CÓMO SUPERARLO: EL GRAN SECRETO

DE LA TRANSFORMACIÓN PERSONAL Y SOCIAL

  Barraseparadora artística

Este artículo es un resumen del capítulo 9 del libro

“Selección de conferencias holísticas”, del Dr. David R. Hawkins,

titulado Preocupación, Miedo y Ansiedad.

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Revisión de la traducción, introducción,

comentarios, notas y conclusión: Óscar García


INTRODUCCIÓN

Dice Silo en “La Mirada Interna”: “Si te hablo con desinterés de aquello que hace libre al ser, merece la pena que intentes comprender”. Nada mejor que esta frase para introducir este artículo cuyo contenido es uno de los máximos regalos que nos ha hecho el Dr. David R. Hawkins, un psiquiatra, científico y descollante personalidad norteamericana, cuya obra resulta fundamental conocer para todo sincero buscador de sí mismo.

El asunto que aquí se trata – el miedo y cómo superarlo -, en la forma y profundidad con que lo desentraña el Dr. Hawkins, nos proporciona los elementos comprensivos y algunas herramientas imprescindibles para salir de la esclavitud y alcanzar nuestra libertad espiritual, así como para construir las bases de una sociedad verdaderamente solidaria y justa.

Por tanto, repetimos: si se nos habla con desinterés de aquello que hace libre al ser humano, vale la pena que intentemos comprender. Así pues, amigo/a: lee, estudia y medita con atención el contenido de este artículo. Compartir es parte de la atmósfera de la comprensión y el camino para transformar este mundo en un verdadero hogar.

Cabecera preocupación miedo y ansiedad

“La salud holística utiliza la frase ‘cuerpo, mente y espíritu’ con frecuencia, por lo que será útil entender más sobre ella. ¿Qué significa realmente? ¿Es sólo una frase o un eslogan? ¿Es el “espíritu” una abstracción metafísica o una sentencia religiosa? ¿Se trata de una fantasía de las personas que no están muy bien conectadas con el mundo real? Definir esta relación una vez más, nos ayudará a acelerar nuestro trabajo a través de una mayor comprensión.”

“Una vez más queremos revisar cómo la experiencia humana se da y buscar en nuestro interior para ver cómo este fenómeno se produce realmente. Al analizar la relación entre el cuerpo, la mente y el espíritu desde la perspectiva de la experiencia, algunas cosas pueden sonar un tanto sorprendentes, como el hecho de que el cuerpo no puede experimentarse a sí mismo…. Todos tendemos a pensar en nosotros como un cuerpo y creer que “yo soy el cuerpo”. Sin embargo esto no es cierto, porque el cuerpo es incapaz de experimentarse a sí mismo. Por ejemplo, mi brazo izquierdo no puede experimentarse como brazo izquierdo. Hay sensaciones provenientes del cuerpo, pero no estoy experimentando el cuerpo…, estoy experimentando las sensaciones del cuerpo pero… ellas no pueden experimentarse a sí mismas. Las sensaciones procedentes del brazo tienen que ser experimentadas en algún lugar que está en la mente.”

“Si hacemos una incisión en el cerebro que borre parte de la mente en funcionamiento, o al menos la forma en que opera en el plano físico, no somos capaces de experimentar el lado opuesto del cuerpo. Esto es muy común después de un derrame cerebral, cuando el paciente es incapaz de experimentar en la mente… la existencia de una parte de su cuerpo. Por lo tanto, el cuerpo no puede ser experimentado sin la sensación y la sensación sólo puede ser experimentada en la mente. Curiosamente, la mente no puede experimentarse a sí misma. Un pensamiento no puede experimentar su propio pensar, un recuerdo no puede experimentar su propia memoria, y una fantasía no puede experimentar su propia fantasiosidad. Lo que pasa por la mente tiene que ser experimentado en realidad en un campo de energía que es mayor que la propia mente, el cual es llamado ‘la conciencia’.”

decalcomania

“La conciencia le permite a uno ser consciente de lo que sucede en la mente y es el motivo básico para anestesiar. Con la anestesia la conciencia es borrada, lo que resulta en no ser consciente de lo que está pasando en la mente. Sin conciencia, no hay consciencia de la mente o el cuerpo; sin la mente, no hay consciencia de las sensaciones o el cuerpo. En consecuencia nos daremos cuenta, observándonos a lo largo del día, que todas nuestras experiencias se están experimentando de un modo más general, que se realizaron en un campo de experiencia que es casi difuso. Es casi como si estuviera en todas las partes del espacio y éste estuviera en el interior de la propia conciencia.”

“Un interesante experimento es averiguar dónde creemos que realmente experimentamos un pensamiento. La mayoría de la gente piensa que es en su cabeza, pero eso es un pensamiento sobre el pensamiento. Si les pedimos que ahora dejen cualquier creencia acerca de dónde creen que están experimentando un pensamiento y, en su lugar, apunten exactamente donde un pensamiento está siendo experimentado – la verdad básica de donde el fenómeno se está produciendo – aprenden que no hay ningún lugar en particular donde el pensamiento ocurre. Todo lo que pueden decir es que el pensamiento está ocurriendo y que ellos tienen una consciencia del pensamiento, pero no pueden poner su dedo donde ello está siendo posible, en ningún lugar en particular donde esté siendo experimentado, en general, de una forma integral.”

“Es muy necesario para nosotros saber esto, porque algunas de las técnicas que utilizaremos anulan muchos de los sistemas de creencias que están en la base del sufrimiento humano. La conciencia en sí es como una pantalla de cine en la que aquello que está cambiando es experimentado. Si nos fijamos, veremos que toda la experiencia es experiencia de cambio. El movimiento que experimentamos es el ir y venir, el retroceso, la decadencia y el flujo. La razón por la que podemos experimentar lo que cambia, es porque se está experimentando desde un fondo que es inmutable. Es debido a que la pantalla de la película permanece, que podamos ver el movimiento de la película. Por lo tanto, aquello que cambia es lo que es experimentado y es experimentado en la propia conciencia, la cual no tiene una ubicación exacta.”

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Antes de pasar a otras consideraciones referidas al miedo y la ansiedad como consecuencia de cierto nivel y estado de la conciencia, el Dr. Hawkins explica la llamada ‘Función Hipoglucémica’, como factor orgánico desencadenante de muchas emociones negativas:

“Un origen frecuente de la ira y otras emociones negativas es el problema psicológico de la ‘función hipoglucémica’ (bajo azúcar en sangre), que se asocia con una reacción exagerada a la ingesta de azúcar en la dieta. Esto también se denomina “hiperinsulinismo”, que es una reacción exagerada a la glucosa y a la sacarosa. La caída repentina de azúcar en la sangre puede precipitar reacciones emocionales internacionales de ira, rabia, miedo, temblores, pánico, o incluso violencia.”

Falta de energís

“El diagnóstico se puede hacer clínicamente simplemente deteniendo todo el consumo de azúcar y observando la desaparición de los síntomas negativos. Puede ser verificado por una prueba de tolerancia a la glucosa de cinco horas. En una persona normal, los niveles de glucosa al principio aumentan rápidamente y luego poco a poco desaparecen. El patrón de la hipoglucemia, sin embargo, muestra una rápida caída en el nivel de glucosa en sangre y la repentina caída puede entonces precipitar emociones negativas bastante graves, agitación física, debilidad o incluso desmayos. También puede derivar en el ansia por el alcohol o los sedantes. El trastorno es bien conocido en los programas de recuperación como el de Alcohólicos Anónimos…”

“Cuando los posibles pacientes llamaban a mi oficina, les decía que dejaran de ingerir todo el azúcar (y alcohol) hasta que los viera en la consulta. Con los años, el veinticinco por ciento de los pacientes estaban ‘curados’ (asintomáticos) en el momento en que los veía. Debido a la alta prevalencia de este trastorno clínico y sus diversas formas de expresión, vale la pena investigarlo como un elemento que contribuye en todos los trastornos emocionales. Puede incluso ser el detonante de episodios psicóticos, así como de violencia física. Algunas personas sin diagnosticar terminaron en la cárcel o en prisión por asalto y otros delitos de violencia. Es una causa frecuente de conflictos conyugales o de tipo social, fricción familiar y trastornos del comportamiento.”

violencia interior

“El miedo – continúa Hawkins – es un nivel de conciencia a ser abordado donde está, no en su expresión y extensión en el mundo – el miedo a esto, el miedo a aquello – y no tratar de controlarlo en el ámbito de lo particular, sino manejarlo más bien como un nivel de conciencia. Esto se hace tomando consciencia de lo que somos, que es mayor que el miedo, y aprender a dejar de identificarnos con la emoción porque no somos eso. Somos un campo global en el que el miedo está siendo experimentado. Este se convierte en una pequeña cosa que ocurre dentro de un contexto más amplio, en el cual nos volvemos conscientes de nosotros mismos como lo que realmente somos.”

“Uno de los mayores obstáculos para gestionar el dejar ir del miedo, es el miedo al propio miedo. Vamos a describir una técnica que disipa el miedo al miedo. Una vez que ya no tenemos miedo al miedo, el asunto se convierte en muy simple. ¿No es el miedo al miedo el problema? Una persona que tiene miedo al miedo, al igual que la persona que va al dentista, está preocupada por el dolor; ese es el temor inicial. Cuando empezamos a buscar la naturaleza del miedo, podemos ver que el número de miedos es interminable; por lo tanto, las personas se convierten en víctimas y se convencen de que el origen del miedo está fuera de ellos mismos.”

“Si la gente piensa que el origen o la fuente del miedo está fuera de sí mismos, entonces sería muy poco lo que podrían hacer al respecto. De hecho, realmente, nada podrían hacer. En tanto que continúe la creencia de que el origen está fuera de ellos mismos, siempre serán las víctimas del miedo, hasta que comiencen a darse cuenta de que es una condición presente en ellos y que ellos son el origen del miedo que proyectan sobre el mundo. Por supuesto, están seguros de verlo ‘ahí fuera’ porque simplemente lo proyectaron hacia fuera.”

“Cuando nos fijamos en el miedo, vemos lo omnipresente que puede llegar a ser. Si nos damos cuenta de que el miedo es un nivel de conciencia, entonces nos daremos cuenta que a partir de ese nivel de conciencia el miedo puede ser adherido a todo. Tratar de superar los miedos particulares puede tener un cierto valor limitado, pero eso no le cambia a uno como persona temerosa… El temor a un miedo específico puede ser clínicamente útil y de utilidad práctica en la vida, pero no altera lo que uno es. Las condiciones del miedo pueden ser cambiadas para que ya no te sientas como un pequeño ser que no tiene poder y está en camino de ser la víctima del propio miedo.”

espiral

“… .Al abordar el campo de energía del Miedo, empezamos a darnos cuenta de que el tener miedo puede unirse a cualquier cosa y a todo en nuestras vidas… Queremos a nuestra madre y surge el miedo de “¿qué pasaría si la perdiéramos?” Nos encanta nuestro cuerpo hasta que surge el miedo a la muerte o enfermedad. Nos encanta el dinero hasta que surge el miedo a la pérdida o a ser acusados de codiciosos. No importa lo que pensemos sobre algo, el miedo puede ser adherido a ello. Nos gusta nuestro automóvil hasta que surge el miedo a un accidente. Una persona miedosa une el miedo a todo; por lo tanto, todo lo que llega a la mente proviene de un campo de energía temeroso y se colorea de miedo…”

“Si nosotros somos el origen de ese campo de energía, entonces toda nuestra experiencia provendrá del campo del miedo y todo en nuestra vida puede convertirse en miedo. El futuro es terrible: la vejez, el envejecer, lo que va a pasar con el cuerpo, lo que va a pasar con mis finanzas, lo que va a pasar con mis relaciones, qué le va a pasar a mi familia, qué le va a pasar a mi cuenta bancaria, qué le va a pasar a mi país, y qué va a pasar al mundo.”

“Las personas que desarrollan miedo global te hablarán de su miedo a la aniquilación nuclear, o a las guerras intergalácticas, o a los meteoros, o a catastróficos ‘fin de los tiempos’. La expansión del miedo no cambia el hecho de que todavía es sólo miedo. Exaltarlo y hacerlo parecer dramático no cambia el hecho de que es sólo miedo. Los miedos a la guerra intergaláctica o a la destrucción y el fin de la raza humana, no son diferentes al miedo del niño a la oscuridad o el miedo a que un perro pueda mordernos. Experimentalmente, el miedo siempre es la misma emoción.”

“Característico a todos ellos es el campo de energía llamado Miedo. El Miedo a ‘qué’ es en realidad inmaterial. Hemos de aprender a buscar entre los pensamientos y sentimientos. Realmente hemos de buscar por debajo de las sensaciones el campo de energía del cual surge la sensación que se está originando y luego aprender a manejar este campo de energía. Cuando hacemos esto perdemos nuestro miedo al miedo, y en la medida en que esto sucede, empezamos a aprender a manejar el miedo directamente. Es una cosa extremadamente sencilla de manejar una vez que estamos familiarizados con algunas de las técnicas fáciles preferidas.”

“El mundo funciona bastante bien con gente miedosa, ya que las vidas personales también están predominantemente dirigidas por el miedo. Pero una vez que hemos aprendido una manera de evitar ser acorralados por el miedo, empezamos a trascender el mundo, así como a trascender el ser una víctima, ya que el mundo puede amenazarnos sólo por el miedo. Si nos cierran nuestra cuenta bancaria, realizan una auditoría, nos persiguen, nos dejan o nos provocan, el arma sobre nuestras cabezas es siempre la misma: el arma del miedo…, no hay ningún final al número de temores, pero hay un fin al miedo y a ser una víctima del miedo.”

Texto 1a

“Aprenderemos a perder el miedo al miedo, a disfrutar el proceso, a empezar a sentirnos realmente bien con nosotros mismos, cuando nos demos cuenta de que ya no somos la víctima…, que es el efecto de ese miedo omnipresente. El problema no es el miedo en sí, sino el campo de energía del miedo. Podemos empezar a ver que estamos controlándolo, porque nosotros somos el origen del mismo. Comenzamos admitiendo la verdad de que “yo soy el origen del mi miedo”. Sabemos que en un estado de ánimo diferente una cosa temible no es tan temible. Se podría decir acerca de lo que tememos: “tengo miedo de eso”, pero cuando estamos acompañados por otra persona o en un estado de ánimo diferente, con humor y pasando un buen rato riendo, entonces aquello ya no engendra miedo, así que el origen del miedo no está en el mundo.”

“No hay manera de superar el miedo de uno al mundo, porque no hay manera de que el mundo pueda ser controlado para acabar con el miedo de uno, ni puede el miedo ser superado cambiando la sociedad, cambiando la ley o cambiando las reglas. El origen del miedo está en el interior de uno mismo.”

Rambo contra el mundo

“Imagina un gran acontecimiento. Se dan dos aspectos, uno es el acontecimiento en sí mismo y el segundo es cómo nos sentimos al respecto. Tener más policía en el acontecimiento podría hacernos sentir mejor; pero, de hecho, ¿a dónde iba la policía en el momento en que nuestro apartamento estaba siendo robando? Al otro extremo de la ciudad, naturalmente. Por lo tanto, nuestra gestión del miedo realmente depende de nosotros mismos. Surge de nuestra propia voluntad de que nosotros somos el origen de ese miedo, el cual está ocurriendo en el interior de nuestra propia conciencia. Por lo tanto, queremos dirigirla donde verdaderamente está siendo experimentado.”

“La mayoría de la gente experimenta el miedo de alguna manera física, así que lo primero a hacer en la experiencia del miedo es eliminar el prestar ninguna atención al pensamiento. Una sensación de miedo generará, literalmente, millones de pensamientos. No hay fin a los pensamientos de miedo, porque están saliendo del campo de energía del propio miedo, lo que genera una serie interminable de pensamientos. Clínicamente hablando, el control de los pensamientos específicos en sí tiene un valor limitado y el miedo simplemente genera más pensamientos después, por lo que queremos utilizar una técnica que se encargará del propio miedo.”

Texto 4

“… A media que observan lo que está siendo experimentado verán, cuando observan más allá del pensamiento, que eso está siendo experimentando primeramente en el cuerpo. Pueden notar una tensión en los músculos del estómago, una sensación de náuseas en el estómago, temblores en brazos y piernas o sequedad en la boca. Algunas personas tienen cólicos intestinales o dificultad para respirar. Sea lo que sea, ellos observan en su interior para ver lo que realmente se está experimentando. La verdad esencial es lo que está siendo experimentado, no lo que uno está pensando sobre ello, o los conceptos que uno está proyectando sobre la experiencia; no es la etiqueta de ella sino lo que uno está, literalmente, experimentando en el interior.”

“La técnica consiste en dejar de resistir la vivencia de lo que está, literalmente, siendo experimentando. Dejar de resistir la sequedad de la boca. Dejarla ahí y darle la bienvenida. Dejar de resistir la sensación de estómago revuelto y el temblor en los brazos y las piernas. Cuando hacemos esto, estamos dejando de centrarnos en los pensamientos de lo que está siendo experimentado. Nos dejamos llevar totalmente y nos entregamos a esas sensaciones. El dejarse ir es como ser el sauce ante el viento.”

El autor nos recuerda la antigua sabiduría del Taoísmo, la cual enseña que el roble que se resiste al viento, es susceptible a la rotura, mientras que el sauce, que se inclina, sobrevive:

“Al igual que el sauce – comenta – nos inclinamos con la experiencia que nos viene. Dejamos que esté, nos mezclamos con ella y le damos la bienvenida. Le decimos: “Tengamos más de esto”. Al hacerlo descubriremos, para nuestra sorpresa, que hay una cantidad limitada de esa sensación. Es como si la cantidad de miedo que tenemos estuviera limitada. ¿Cómo puede ser esto? Es como si este miedo fuera un compresor que contiene todo el miedo reprimido que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, empezando en nuestra infancia. Está todo el miedo que no hubiéramos experimentado o expresado, o no se le hubiera permitido expresarse… por lo que el miedo se suprime, se reprime y nos esforzamos por sacarlo de la consciencia.”

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“…El miedo llegó y sin darnos cuenta nos encorsetó. El miedo está empujándonos afuera de la consciencia o golpeando los dedos sobre el escritorio. El miedo es tan rápidamente suprimido que no nos damos cuenta ni de que estuvo allí. A medida que pasan los años, hemos acumulado la energía de este miedo. La energía tras él aumenta la presión y cuando llega a cierto punto, es como si la aguja hubiera llegado a una línea roja en el dial y la presión de este miedo ahora empezará a expresarse. Se desborda sobre nuestra experiencia y comienza a colorearla. Si no lo examinamos, pensamos que este miedo está viniendo del mundo y le echamos la culpa al mundo por ello. Creemos que es una experiencia espantosa que está pasando ahí fuera…”

Texto 5

“Entonces nos apropiamos de esta fuente de miedo, que es nuestro propio miedo acumulado. Empezamos a darle la bienvenida y esperamos la oportunidad para que este miedo salga. La liberación básica del miedo es por una gran entrega profunda. Las sensaciones y la experiencia interior del miedo siguen siendo la misma, no importa lo que pensemos o temamos. Si alguien apunta una escopeta a nuestro corazón y dice: ‘Dame todo tu dinero’, ¿qué vamos a experimentar? Vamos a experimentar la boca seca, debilidad en las rodillas, y la vieja y familiar sensación del estómago revuelto. Si un tanque enemigo llega a nuestra casa, llama, gira el cañón y apunta derecho a nuestra cabeza, ¿qué vamos a experimentar? Lo mismo ocurre si alguien pone un ratón sobre nuestra cabeza. Vamos a experimentar una sequedad de boca, náuseas en el estómago, calambres en nuestro intestino y ese sentimiento de debilidad en nuestros músculos.”

“Todos, alguna vez, hemos reaccionado a esas sensaciones. Al experimentar con esta técnica aprenderemos que todo de lo que hemos de ocuparnos es de lo que estamos experimentando en la propia conciencia, se localice en el cuerpo o en otro lugar. Después de la meditación y el trabajo con esta técnica, nos daremos cuenta de que esta experiencia está verdaderamente sucediendo en un difuso por todas partes. El fenómeno de las náuseas, el estómago revuelto y la sequedad de boca, están siendo experimentados en un vago, en un difuso por todas partes. Simplemente permitimos a la experiencia estar presente, sin resistirnos a ella. Desde que nos centramos en esto, el miedo comienza a disminuir porque ya no estamos prestando atención a los pensamientos. Los propios pensamientos están generando más miedo.”

flexibilidad“Si estamos muy ocupados con esta técnica de, simplemente, dejar de lado la resistencia al miedo, estamos ahora concentrados en el campo de energía en sí. Tras este miedo hay una energía y estamos dejando de resistir la liberación progresiva y la descarga de esa energía. Al hacer esto perdemos el miedo al miedo. Ya no es un impresionante terror el que nos despierta en medio de la noche. No es más que una experiencia emocional interior, sensaciones que pueden ser tratadas fácilmente. Podemos preguntarnos: ¿Verdaderamente puedo controlar una boca seca? Por supuesto, puedo.”

“Otra técnica para eliminar las emociones negativas es dejar de lado sus imágenes mentales asociadas que atraen y amplifican las emociones vinculadas. Simplemente niega la imagen y anula la tentación de caer en ella.”

“… Nosotros no conseguimos ir más allá, así que nos convertimos en víctimas de nuestros propios miedos, a menos que nos apropiemos de eso que es su origen. Mientras lo racionalicemos y digamos que el origen del miedo está ‘ahí fuera’, no lo podremos superar. Una vez que comenzamos a reconocer que somos el experimentador, que somos quienes establecemos la manera en la que experimentamos las cosas, entonces nos volveremos dueños de la situación. Nuestra autoestima se ve afectada. Ya no somos alguien víctima o estamos sujetos al miedo. Somos algo más que el miedo. El miedo no es más que una experiencia en la conciencia y ya no tenemos que darle realidad etiquetándola como ‘miedo a algo’, lo cual puede ser un proceso interminable.”

“El miedo se une a todas las cosas del mundo para la gente miedosa. Cambiar el mundo no lo cambiará. Una persona puede estar terriblemente preocupada en una situación muy segura y no temer nada en absoluto en una situación que es hipotéticamente muy peligrosa. Por ejemplo, una persona que está siendo asaltada es una cosa, y luego está el miedo a ser asaltado, que es distinto. El miedo a ser asaltado no es el mismo al de verdaderamente ser asaltado. Es muy posible que ocurran circunstancias muy desafortunadas en la vida y no sentir miedo en absoluto. De hecho, incluso puedes experimentar que eres simplemente testigo del fenómeno.”

El Dr. David R. Hawkins refiere varias experiencias personales donde usando la técnica descrita pudo controlar, disminuir e, incluso, anular completamente el miedo. La primera le permitió superar su acendrado miedo a las alturas y la otra consistió en un encuentro frontal con una serpiente de cascabel en que no cabía la posibilidad de huida o defensa:

“Todos los pensamientos de auto-protección que la conciencia social me había programado, estuvieron presentes. Afortunadamente y por suerte para mí, o yo no estaría hablando de esto ahora, había aprendido esta técnica. Al instante me di cuenta de que mi vida dependía de utilizarla, por lo que automáticamente inicié esta técnica exacta. Automáticamente dejé de querer hacer nada con el miedo, de querer controlar o cambiar nada al respecto. En cambio fui a mi Ser interior y simplemente acepté la experiencia interior al liberarme de cualquier resistencia. Me alegré incluso porque, de alguna manera, cuando realmente experimentamos nuestra conciencia interior, vemos que nuestra supervivencia depende de ésta en todo momento. Vi que mi supervivencia realmente dependía de la excelencia con la que me dejara ir, me entregué a Dios y me liberé, dejando de resistir la experiencia. Mientras lo hacía, los pensamientos de miedo desaparecieron al instante y sentí un profundo estado de paz que se asentaba tanto en la serpiente como en mí.”

Y añade: “Era como si me hubiera convertido en el testigo, no en el testigo limitado a este cuerpo, sino en el testigo de la conciencia, que parecía no tener dimensión. Esta dimensión sin forma fue entonces el experimentador de la presencia de un estado de tranquilidad. Este estado profundo era de tal poder, que prevaleció en la conciencia tanto de la serpiente como de la personalidad de esta persona que les habla acerca de esto. La serpiente me miró con interés, probablemente no había visto a un ser humano en toda su vida y mucho menos a 30 cm de distancia Yo miraba a la serpiente de cascabel con gran curiosidad y pensé en ella como en un hermano. Los dos fuimos introducidos en la unidad de este espacio de nuestro propio ser juntos, en un estado de extrema intimidad. Salido de éste vino una especie de alegría interior y sentí amor por la serpiente, que surgía del campo de donde el miedo había sido eliminado”.

“… De este modo, tanto la serpiente como yo mismo trascendimos el miedo y nos trasladamos a un silencio atemporal. La serpiente estaba como encantada. Nos miramos durante unos minutos y fui reacio a romper el hechizo dejándola. La serpiente serpenteó entonces lejos sin agitar su cascabel.”

“Esto es valioso porque muestra la falsedad de otro de los sistemas de creencias de la mente del que tenemos que aprender a liberarnos, que es la idea de que el miedo es el origen de nuestra seguridad. Nos daremos cuenta de que la mente parece adorar el miedo como si fuera una especie de semidiós. La mente tiene un programa que dice: ‘La razón por la que estoy vivo es gracias a mis miedos. Estoy vivo porque permito al miedo que decida lo que voy a hacer’. Un poco de introspección nos demostrará que este sistema de creencias está operando. Una persona dice: ‘Bien, si no estuviera preocupado por ser pobre en mi vejez, no podría conseguir un seguro. Si no me preocupara el tener un accidente con el coche, no podría conducir de manera segura’. Por lo que la personalidad comienza a atribuir la fuente de su vitalidad, la fuente de su vida, al miedo, el cual es el dios de su vida. Realmente comienzan a adorar el miedo.”

“Podemos ver en el ejemplo anterior, que lo contrario es cierto. Lo que garantiza nuestra supervivencia es la ausencia de miedo y su sustitución por la cautela y el sentido común realista. Hemos logrado sobrevivir a pesar de nuestros miedos, no a causa de ellos. Podemos tomar decisiones basadas en elecciones racionales, sobre nuestro conocimiento y sobre el valor que proviene del estado de ser de lo que realmente somos, sin miedo a entrar en la escena en absoluto. Durante todo el día tomamos decisiones basadas sólo en nuestra propia consciencia de la realidad, sin ningún miedo implicado. El miedo no es necesario. Existe la idea de que el miedo es bueno para nosotros, que es beneficioso y que tiene todo tipo de valores ocultos y misteriosos. La gente mirará atrás y racionalizará cómo el miedo consiguió hacer esto o aquello, y todo lo que puedo decir es: ‘Lástima’. Lástima que no lo hicieran por amor a sí mismos o a sus semejantes. Es una pena que no surgiera del amor a la vida misma del amor a su propia vitalidad y del amor a su cuerpo. ¿Por qué no hacer cosas por nuestro cuerpo, por amor a él, en vez de por miedo a las consecuencias? ¿Por qué no mantenerlo sano y feliz porque lo amamos y valoramos y no porque nos preocupe un ataque al corazón o algo parecido?”

El Dr. Hawkins describe una tercera técnica para descargar el miedo, a la cual llama “el peor de los casos”, y que es el miedo a la muerte que subyace oculto tras una ingente variedad de miedos aparentes:

“Si nos atenemos al miedo y preguntamos: ‘¿Por qué tengo miedo a eso?’, veremos que nos lleva a otro miedo. ¿Por qué tenemos miedo de conducir un coche? Puede ser que tengamos un accidente. ¿Por qué tenemos miedo de un accidente? Porque podemos herirnos. ¿Qué pasa si nos herimos? Entonces podemos sufrir dolor, y así sucesivamente. Encontraremos que todos los miedos, en última instancia, conducen al miedo a la muerte, el miedo a que el cuerpo muera…”

Tumba de arena

“Por ejemplo, digamos que nuestros miedos financieros son que nos quedáramos totalmente sin dinero, sin un lugar donde vivir, sin dinero para comida o ropa, y que terminemos semidesnudos en algún lugar de una esquina fría de la calle sin ningún lugar donde ir y sin ayuda médica. Lo que hacemos es constantemente dejar de resistirnos a esta sensación e imaginar lo peor que nos puede pasar a nosotros, como terminar en el albergue de los pobres o sentado en una esquina de la calle, como un vagabundo o un peregrino. Luego dejamos de imaginar el peor escenario posible, que estamos junto a nuestra mochila, sentados en una fría esquina de la calle a media noche, sin amigos.”

“Nos imaginamos el peor de los miedos que pudiera ser posible y continuamos con la práctica. Si vamos al interior de nosotros mismos y seguimos dejando de resistirnos a la experiencia interior de lo que estamos viniendo, muy pronto el miedo al peor de los escenarios cesará. Si continuamos con esta práctica lo suficiente, con el tiempo finalmente se asienta y controlamos la ‘grandeza’ que es imaginarnos a nosotros mismos en el ataúd… ¿Cuál es el peor escenario que la mayoría de la gente puede visualizar?: la muerte física.”

Texto 6

“Existe la creencia de que somos el cuerpo material, y de que eso es todo lo que hay para nosotros. Tarde o temprano llegamos a ese miedo y cuando lo hacemos, lo acomodamos de la misma forma que nos acomodamos a cualquier otro miedo. Dejamos ir la muerte, que es una etiqueta, un pensamiento y un concepto. No tenemos experiencia de esa verdad, sólo nuestras fantasías, pensamientos y creencias; por lo tanto, tenemos que etiquetarla como una fantasía de nuestra mente. Que la gente realmente lo experimente como lo imagine y deje de resistir esos sentimientos y sensaciones es algo muy sorprendente. Cuando han pasado por el proceso y se han convertido en algo que es mayor que toda la experiencia, se dan cuenta de que han sobrevivido al peor escenario posible.”

Esto explica perfectamente el hecho de que tantas personas que han experimentado casos de “muerte clínica”, hayan salido de aquella vivencia sin tener ya, en adelante, ningún temor a la ominosa parca, recargados con una energía y una determinación singulares para operar cambios substanciales en la dirección de sus vidas.

Ni siquiera el dinero, en el que muchas personas cifran su seguridad, puede anular el miedo ni protegernos de lo que tememos, como bien asevera el Dr. Hawkins:

“No importa cuánto dinero se tenga, ese miedo está presente. La idea de que podemos ganar más y más dinero y amontonarlo en el banco, es inútil… El dinero no nos va a proteger en absoluto, ni poner barricadas, ni seis pestillos en nuestra puerta o contratar a más policías. La única protección es el apropiarnos de que somos el origen de nuestra propia experiencia, que somos dueños de ella, que podemos encauzarla y que somos más grandes que ella.”

“La mente siempre trata de justificar nuestros miedos, por supuesto. Dice: ‘Bueno, hay una gran cantidad de atolondrados; por lo tanto, mi miedo está justificado’. ¿Por qué hay que justificar el miedo? ¿Quién lo necesita? ¿Por qué caminamos a casa eligiendo la forma en que sabemos que no nos atracan? ¿Por qué no nos amamos lo suficiente? ¿Por qué no simplemente salimos a disfrutar de la vida y la valoramos tanto que no queremos correr el riesgo de elegir?”

“La supervivencia no depende del miedo a ser asaltados o atracados. Depende de la pre-elección, que es hecha por una mente que no tiene miedo. Debido al “no miedo”, estoy hoy vivo.”

“No fue la preocupación lo que persuadió a la serpiente de cascabel de morderme cuando estaba realmente a sólo unos centímetros de distancia. Fue por la pérdida del miedo y el dejarlo ir. Es posible estar en situaciones muy graves, peligrosas (como la Segunda Guerra Mundial, etc.) y experimentar solamente alegría, felicidad y confianza en esas circunstancias. He caminado a través de una multitud de asesinos que habrían fácilmente atacado a una persona que tuviera miedo y lo hice con una sonrisa feliz y alegre en sus rostros. Ellos se ‘apartaban’ cuando un tipo como yo caminaba entre ellos mientras sostenían sus intimidatorias armas, cadenas y navajas. Si hubiera ido con miedo, habrían tenido un desafío al que atreverse y me hubieran atacado. La seguridad provenía del dejar ir el miedo. Sin miedo ni bravuconería, no hubo nada que pagar a la emocionalidad.”

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“El ‘dejar ir’ el peor de los casos es muy beneficioso. Al hacer esto, nos damos cuenta de que algo ha sido activado por el miedo en nosotros. Ahora que hemos perdido el miedo al miedo, cuando se presenta sólo caminamos un rato con él. Una vez anduve con miedo dos semanas completas. Con esa sensación de temblores eléctricos que recorrían el cuerpo, seguí con lo mío y seguí dejando que el miedo me recorriera, porque me di cuenta de que podría terminar. Sin embargo, a medida que hacemos eso, podemos darnos cuenta de que hay otra fuente subyacente al miedo original que lo inicia, la culpa.”

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“Ahora comenzamos a ver el valor del trabajo que el mundo llama conciencia espiritual o algo similar. Podemos ver los beneficios de técnicas tales como el concentrarse en el valor del perdón. Al perdonarnos a nosotros mismos y a los demás seres humanos y entregar el juicio a Dios, empezamos a encontrar que al dejar ir el condenarnos a nosotros mismos y a los demás, el sentimiento de culpa inconsciente comienza a aliviar el miedo, ya que el miedo se mantuvo en la mente porque inconscientemente esperábamos un retorno de las represalias a nuestros ataques. Esperamos venganza y contraataque. Cada pensamiento negativo y hostil que sostenemos sobre los demás genera nuestros propios miedos, porque en el plano psíquico o mental, que son invisibles al ojo humano, es como si estuviéramos construyendo lo que nos amenaza para volverse contra nosotros. Aprendemos que el miedo comienza a disminuir a medida que dejamos de lado nuestra ira, hostilidad, crítica, y los pensamientos de condena a los demás. Aprendemos el valor de dejar ir los pensamientos que hacen que otras personas se equivoquen. Empezamos a valorarlos y amarlos por su ser, por lo que son. Empezamos a vernos diferentes y, por tanto, empezamos a ver los demás diferentes. Nos volvemos dispuestos a perdonar, olvidar y pasar por alto.”

“Como resultado, empezamos a ver que todas las cosas que condenamos en los demás son en realidad solo expresiones de su humanidad. Lo que hemos estado condenando de nosotros y de los demás es la humanidad, la inocencia del niño pequeño interior que creyó todo lo que oyó mientras crecía. La conciencia del niño es inocente, ¿no? Ama y confía en sus padres. Ama a su madre. Por lo tanto, la inocencia del niño se programa. Es el niño inocente que cree todo lo que le dicen los padres, maestros, y la programación política-social que se produce a través de la televisión y los sistemas de creencias del país.”

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“¿Quién o qué compró todos los sistemas de creencias de nuestra mente? ¿Quién compró lo que creemos? Fue la mente interior inocente, porque en la mente de ese niño inocente, la naturaleza de la conciencia en sí misma, no ha cambiado desde que nacimos. Lo que está leyendo esto ahora mismo, es la conciencia inocente del niño diciendo: ‘Creo esto. Lo considero en mí.’ El niño inocente nunca muere, esa inocencia está todavía presente. Vemos en el mundo de hoy las acciones de los hombres jóvenes ignorantes y susceptibles que están siendo programados para odiar (paradójicamente, por la religión)….”

“Comenzamos a ver esa inocencia intrínseca y nos damos cuenta de que todas las cosas que hemos aprendido y terminaron siendo erróneas, se adoptaron por el estado intrínseco de no conocer la verdad y también de aprender lo que no era verdad. Por lo tanto, estamos dispuestos a dejar de lado nuestras condenas a los demás y a nosotros mismos. Estamos comenzando a apropiarnos de nuestra propia inocencia y la de los demás. Es desafortunado y quizás lamentable, que la desinformación entre en la mente inocente.”

“Podemos ver la mente como el hardware del ordenador y sus sistemas de creencias como el software. ¿Puede el niño de cinco años cuestionar el sistema político que escucha en el jardín de infancia a sus compañeros, padres o abuelos? Podemos ver que es por su ‘no saber interior’. Es a partir de la inocencia de su ‘no saber interior’ que él cree lo que cree. Como resultado, estamos dispuestos a perdonar a los demás, y en lugar de condenarlos, los entendemos.”

“A partir de esta comprensión se desarrolla una cierta compasión. Una persona compasiva no tiene ningún miedo. ¿Qué hay que temer en un mundo compasivo en la medida en que somos el origen de nuestra propia experiencia y compasión cuando somos dueños de nuestro interior? Vemos nuestra propia inocencia y la inocencia de los demás seres y tenemos la experiencia de un mundo compasivo y de amor. Ya no caminamos con miedo porque ya no es lo que creamos en nuestro interior. Vemos que fuimos el origen de nuestros miedos. El mundo nunca fue el origen de nuestro miedo, fuimos nosotros. Al haber dejado de lado la creación y propagación del miedo a través de la culpa interminable, que se produce a través de los juicios interminables que el condicionamiento social nos ha impuesto, la culpa inconsciente disminuye…”

Sol en movimiento

“Cada vez que decidimos dejar de condenar a una persona y en su lugar tratamos de entenderla, nuestro propio almacén de culpa inconsciente disminuye. En el inconsciente está el ojo por ojo y diente por diente. Si deseamos que alguien caiga muerto, ¿qué crees que es equivalente en nuestra mente inconsciente? Que debemos caer muertos. No pensamos que nuestros pensamientos acerca de ‘si tan sólo sucediera esto o aquello podría caer muerto’, tienen algo que ver con nuestros miedos a un ataque al corazón; pero, por supuesto, tienen que ver. A medida que dejamos de desear a otras personas que mueran, encontraremos, curiosamente, que nuestros miedos y obsesiones de que podamos o vayamos a tener un infarto y todas las precauciones dietéticas que lo acompañan, disminuirán. En su lugar, estamos muy tranquilos por eso. Cuando vamos, vamos. Si nos quedamos, nos quedamos. ¡Gran cosa!”

“Lo que valoramos es la vida y ya no nos centramos en el final potencial de esta vida; por lo tanto, entramos en una experiencia diferente al experimentar la vida y quiénes somos. Somos aquel en quien se está experimentando lo que sucede… Nos hemos identificado con lo que somos en realidad y ya no somos más la víctima.”

“La victimización surge del inconsciente. Significa ser inconsciente de esta configuración del juego que ha estado sucediendo en nuestras mentes. Simplemente tomamos consciencia de que ya estamos fuera de él…”

Texto 8

“Cuando el miedo llega, le damos la bienvenida y decimos: ‘¡Genial! ¡Qué oportunidad para dejar ir más de esto!’, porque ahora estamos sintiendo el beneficio de la disminución de los miedos que hemos tenido toda nuestra vida. Pocos llegan a darse cuenta del alcance de los miedos que se mantienen hasta que comienzan a desaparecer y entonces es alucinante. Decimos: ‘Nunca me di cuenta que era un ser humano tan miedoso’ …”

“… La mente es tan poderosa que la forma en que sostiene nuestra experiencia literalmente determina nuestra experiencia. El miedo crea una cierta visión del mundo y tiende a convertirse en una profecía auto-cumplida. Recientes investigaciones universitarias, así como nuestra propia investigación, muestran que lo que uno mantiene en mente tiende a manifestarse en la propia experiencia del mundo. El mundo de nuestra experiencia se convierte en la representación exterior de lo que hemos estado llevando a cabo en la mente, así que nuestra vida es realmente un mundo de espejos. Lo que estamos verdaderamente viendo y experimentando es una proyección de nuestro propio nivel de conciencia…”

CONCLUSIÓN

Entre lo que vivimos objetivamente y lo que registramos subjetivamente, puede haber muchas veces una gran diferencia; es decir, una gran incoherencia. Nuestra esencia espiritual, en cuyo seno está todo nuestro potencial esperando su actualización, tiene su propio sistema de guía para inducir la vía correcta al Ser en la senda de la experimentación en los mundos materiales. En etapas anteriores de la vida, la expresión de esa señal guía serían los instintos, en la fase humana serían primeramente las emociones. Cuando la incoherencia se detecta, la señal es de alarma y toma la forma de emociones negativas. Las emociones positivas serían justo lo contrario: señales de autoafirmación interna.

Así, esa señal original es – o contiene – también una semilla de información. Si la señal de alarma – emociones negativas – no se atiende o no se sabe cómo atenderla porque o bien se la niega o bien se la acalla justificándola, a raíz de un estado de conciencia no adecuado, la mente se ve empujada a formalizarla en un argumentario racional, un imaginario interior y una visión de la vida que se traduce en valores, ideologías y, finalmente – cuando es compartido por muchos – en sistemas sociales que, inevitablemente, portarán en su seno su naturaleza intrínsecamente incoherente (destructiva). Esta íntima condición inestable se hará, tarde o pronto, evidente y terminará por hacer entrar en crisis al sistema que fundamenta. De ahí que las crisis sociales sean el equivalente colectivo de la falta de respuesta constructiva a las emociones negativas en la dimensión personal: una señal de alarma que invita a un profundo cambio.

Pero cuando las emociones negativas son atendidas, cuando es comprendido su mensaje y se sintoniza con el nivel de conciencia preciso, la mente comienza a traducir o formalizar la semilla informacional que incorporan, en valores, ideas y visiones de la vida coherentes… Esto sitúa al ser humano que vive esta situación al borde de un gran cambio personal, y cuando son muchos individuos los que experimentan al unísono un proceso semejante, se está al borde de un gran cambio social. Dicho en otros términos, se está cerca de de un inminente cambio de paradigma.

Las ideas coherentes con las emociones que se sienten, aportan certidumbre, sentido vital, alegría interior, optimismo, reconocimiento de la unidad y, consecuentemente, de la responsabilidad individual.

Una vez aquí, ¿qué resta? ¿Cómo convertir los ideales en realidades prácticas? ¿De qué modos operativos se produciría el cambio personal y el social? Este es un paso crítico y muchos seres y sociedades humanas corren, en este punto, el riesgo de quedar empantanados en la duda sobre cómo hacerlo.

Solo se sale de este impasse tomando REFERENCIAS del EJEMPLO de quienes han andado el camino antes que nosotros: la vida de los maestros y los “grandes despiertos” que ha registrado la historia humana, son ese manantial de inspiradores. Allí se encuentra un tesoro de modelos a los que podemos acudir. Y si tenemos el privilegio de tratar a lo largo de nuestra vida con alguno de estos “grandes despiertos”, es que se nos ha dado una oportunidad inestimable. Y si no es así, aprendamos la alternativa que nos enseña esta fábula:

Hace mucho tiempo un joven guerrero, cansado de la vida que llevaba, se acercó a la cueva donde vivía un eremita reputado de gran sabio. Cuando llegó a su presencia le refirió sus deseos de convertirse en su discípulo para aprender de su sabiduría. Mas el sabio eremita le dijo:

-Aún no estás preparado; antes de que te conviertas en mi discípulo, debes ir por el mundo y acumular la experiencia que te falta. Vete, pues, viaja por todas las tierras, aprende y cuando te sientas capaz, regresa y yo compartiré contigo mi sabiduría.

Y aquel guerrero hizo caso al sabio maestro y se lanzó a viajar por el mundo. Conoció tierras y países que nunca sospechó existieran, gentes de las más diversas razas, amó, luchó, vivió y después de muchos años regresó a la cueva del viejo sabio. Cuando aquel le vio y le reconoció, le dijo:

-Ahora si estás preparado. Siéntate a mi lado y te haré depositario de mi sabiduría.

Pero entonces el viajero le respondió:

-No venerable anciano, ahora no te necesito, pues he comprendido que el camino también puede ser un gran maestro.

Pero aún pudiera quedar un último vestigio de resistencia para que la realidad ideal pase a ser realidad objetiva y para trascenderla se precisa que la necesidad interior supere la inercia del acomodo. Y esto se vincula a la intensidad– cuantificación – de la señal interior, pues para que efectivamente se opere el salto evolutivo, se necesita llegar a cierto umbral.

Las emociones correctamente informadas – formalizadas – se convierten en sentimientos y su centro de irradiación es el corazón – cerebro cardíaco – con su potente y complejo campo magnético. ¿Por qué los grandes maestros y las tradicionales enseñanzas espirituales de las más grandes civilizaciones, siempre se referían al CORAZÓN como el CENTRO que debería guiar nuestra vida? Porque nuestro corazón es la síntesis de nuestro estado evolutivo, una suerte de resultante final entre nuestro cerebro emocional o entérico – situado en nuestros intestinos – y nuestro cerebro racional o encefálico.

En concomitancia al logro de esta coherencia interna, asomará cada vez más fuerte la voz de la intuición, una forma de conocer directa, inmediata, que acalla los inservibles diálogos internos autojustificadores. La voz del espíritu se hace presente y patente.

Desde muchas fuentes de sabiduría espiritual se nos ha enseñado desde siempre, que en el ser humano solo existen dos fuerzas en acción, el amor y el miedo, cuando falta el amor aparece el miedo. Mas el miedo se disfraza bajo innumerables formas y se esconde tras incontables actitudes. Todo se reduciría, pues, a la presencia del amor o a su falta. Pero la falta de amor carece de entidad, no es un principio absoluto opuesto al amor, es su ausencia. Como la oscuridad no es un principio opuesto a la luz, sino su carencia. En definitiva, el miedo, cada miedo, todo miedo, no es y  no son sino expresiones pequeñas, raquíticas a veces, escasas otras, inadecuadas las más, incoherentes – no proporcionadas – siempre, del gran principio del AMOR que es esencia y substrato de toda existencia.

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