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Cabecera Regreso a la vida terrestre_cuadro_de_Vladimir_Kush

INTRODUCCIÓN

¿Qué pasa en la vida de un ser humano que ha alcanzado el estado de iluminación espiritual? ¿Volverá a ser la misma de antes? ¿Cómo puede “encajar” en el mundo alguien que ha experimentado un estado de ese calibre? El Dr. David R. Hawkins, nos transmitió su experiencia de iluminación en el libro “El Ojo del Yo”. Esta entrada, por tanto, viene a ser continuación inmediata de la anterior inserta en este mismo blog bajo el título “ILUMINACIÓN”. Léase pues como una segunda entrega de la misma. Y a quien no  haya hecho esa lectura previa, le invitamos a que lo haga para situar lo que sigue en su contexto preciso.

Nuestra intención es continuar con este mismo tema en sucesivas entradas procedentes de la misma fuente.

A todos los buscadores espirituales nos debe de interesar el testimonio de un contemporáneo que ha vivido un estado al que aspiramos, y que ha encontrado las palabras adecuadas para poderlo transmitir y hacérnoslo comprensible, en la medida de la capacidad y estado de conciencia de cada cual, y así permitirnos atisbar el horizonte de ulteriores etapas de nuestro destino, aquello que es patrimonio de cada ser humano por naturaleza.

Que cada cual consulte su voz interna para calibrar la validez de estas palabras. Yo lo he hecho y, al menos para mi Ser interno, ellas rezuman CERTIDUMBRE.

Idafe

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DESPUÉS DE LA ILUMINACIÓN:

EL REGRESO A LA VIDA TERRESTRE

Por: Dr. David R. Hawkins

El mundo de la percepción había sido reemplazado. La identidad había pasado de ser un sujeto limitado (un «yo» personal) a un contexto ilimitado.

Todo se había transformado y revelaba belleza, perfección, amor e inocencia. Todos los rostros brillaban con el resplandor de la belleza interior. Todas las plantas se manifestaban como una forma artística. Todo objeto era una escultura perfecta.

Todo existe sin esfuerzo en su propio lugar, y todo está secuenciado en la sincronicidad. Lo milagroso no tiene interrupción. Los detalles de la vida se acomodan misteriosamente, espontáneamente. La energía de la Presencia consigue sin esfuerzo lo aparentemente imposible y genera fenómenos que el mundo ordinario consideraría milagrosos.

A lo largo de un periodo de varios años, tuvieron lugar de forma regular y espontánea lo que se denomina normalmente como fenómenos psíquicos. Fenómenos como la clarividencia, la visión a distancia (la capacidad de ver lo que está por delante), la telepatía y la psicometría eran del todo comunes. Había un conocimiento automático de lo que las personas pensaban y sentían antes de que hablaran.

El amor divino prevalecía como un poder organizador y era el estadio omnipresente sobre el cual tenían lugar todos los fenómenos.

El cuerpo físico

Una energía sumamente poderosa ascendía por la espina dorsal y la espalda y se concentraba en el cerebro en función de donde se ponía la atención. Luego, la energía pasaba por la cara y descendía hasta la región del corazón. Esta energía era exquisita y, a veces, fluía hacia el mundo exterior, allá donde había seres humanos afligidos.

Una vez, mientras conducía por una lejana autopista, la energía empezó a derramarse desde el corazón y se extendió por la siguiente curva de la autopista. De allí, la energía se derramó sobre el lugar en el que terminaba de acaecer un accidente. La energía tuvo un efecto curativo sobre todos los que allí estaban. Después de un rato, la energía pareció haber cumplido su propósito y, súbitamente, se detuvo. No muchos kilómetros después, en la misma autopista, empezó a repetirse lo mismo. De nuevo, una energía deliciosa y exquisita se derramó desde la región del corazón y se extendió por la carretera alrededor de kilómetro y medio hasta llegar a otra curva. Allí acababa de ocurrir otro accidente. De hecho, las ruedas del automóvil aun estaban girando. La energía se estaba derramando entre los pasajeros del vehículo. Era como si se les estuviera transmitiendo una energía angélica a las angustiadas personas, que estaban rezando.

the_universe_at_my_hands_by_gabiangelo-d6erksiEn otra ocasión, la presencia curativa tuvo lugar mientras paseaba por las calles de Chicago. Esta vez, la energía se derramó entre un grupo de muchachos jóvenes que estaban a punto de pelearse. Cuando la energía los envolvió, fueron retirándose poco a poco, relajándose, y se pusieron a reír. Poco después se separaban, punto en el cual el flujo de energía se detuvo.

El aura energética que emanaba de la Presencia tenía una capacidad infinita. La gente quería sentarse en sus inmediaciones porque, en aquel campo de energía, entraban automáticamente en un estado de dicha o en un estado superior de consciencia, y sentían el amor divino, la dicha y la curación. En él, las personas que estaban alteradas se calmaban y recuperaban el bienestar.

582739_10150715703433058_1350315676_nEl cuerpo que anteriormente yo consideraba como «mío», se curaba ahora de diversas dolencias. Sorprendentemente, ahora veía bien sin llevar gafas. Aquella visión mermada había hecho preciso el uso de lentes trifocales desde los doce años. La capacidad de ver bien sin gafas, incluso a distancia, llegó de repente, sin advertencia previa, y fue una sorpresa agradable. Cuando sucedió, se hizo evidente que las facultades sensoriales estaban en función de la consciencia en sí, y no del cuerpo. Después, vino el recuerdo de la experiencia de estar «fuera del cuerpo, durante la cual se hizo patente que la capacidad para ver y escuchar iba con el cuerpo «etérico» y no estaba conectada en modo alguno con el cuerpo físico, que se encontraba a cierta distancia, en otro lugar.

Parecía que las enfermedades físicas eran ciertamente el resultado de un sistema de creencias negativo, y que el cuerpo podía cambiar literalmente como consecuencia del cambio en el patrón de creencias. Uno solo está realmente sujeto a lo que sustenta en su mente (un hecho bastante conocido es el de que muchas personas se han recuperado casi de cualquier enfermedad conocida siguiendo un sendero espiritual).

Las propiedades aparentemente milagrosas y la capacidad de la energía divina y los fenómenos que generaba eran intrínsecos a ese campo de energía y en modo alguno eran personales. Sucedían espontáneamente, y parecían hacerlo con ocasión de alguna necesidad en algún lugar del mundo.

También resultaba interesante ver que muchas personas normales que presenciaban estos fenómenos optaban por negarlos y por desestimar totalmente lo que habían presenciado, como si aquello estuviera tan completamente fuera del sistema perceptivo del ego y de sus creencias de lo que era posible o no. Si se les preguntaba acerca de los fenómenos, las personas elaboraban rápidamente algún tipo de nacionalización, de una forma parecida a los pacientes que han estado hipnotizados y se fabrican una respuesta plausible cuando se les pide que expliquen un comportamiento post-hipnótico. En cambio, las personas que estaban bastante evolucionadas espiritualmente aceptaban la ocurrencia de fenómenos milagrosos sin hacer ningún comentario, como si fuera una parte natural de sus vidas.

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Tras la transformación principal de la conciencia, la Presencia determina todas las acciones y los acontecimientos. Se establece una alteración permanente de la consciencia, una alteración que está presente constantemente en la quietud y el silencio, aun cuando el cuerpo hable o se mueva en el mundo. Con los años, y con esfuerzo, se desarrolla la capacidad para concentrarse en distintos niveles de verdad, tal como se requiere eventualmente para poder funcionar en el mundo. Si se permite esto, la Paz silenciosa embarga por completo y sumerge en un estado de una dicha serena e infinita. Al retirarse el interés por el mundo exterior y por las funciones ordinarias de la percepción, ese estado de dicha infinita prevalece, pero se puede reducir a través de una concentración intensa en el mundo ordinario. El Yo está más allá del tiempo y de la forma y, dentro de él, la conciencia ordinaria es potencialmente capaz de funcionar simultáneamente de un modo mundano.

Era difícil considerar el mundo de la percepción ordinaria como algo real, y era difícil, por tanto, tomársela en serio. Esto llevaba a una especie de capacidad permanente para ver el mundo con humor. La vida ordinaria parecía una comedía interminable, hasta el punto de que la misma seriedad resultaba cómica. Hubo que sofocar las expresiones de humor, pues había personas incapaces de aceptarlas debido a que se hallaban profundamente implicadas en el mundo perceptivo de la negatividad.

La mayoría de la gente parece tener intereses creados en la negatividad de su mundo perceptivo, y se resisten a dejarla en favor de una conciencia de nivel superior. Hay gente que parece obtener una gran satisfacción en su ira, en su resentimiento, en sus remordimientos y en su interminable compasión por sí misma, de modo que se resisten activamente a entrar en esos niveles de comprensión, de perdón o de compasión. La negatividad parece tener suficientes ventajas como para perpetuar formas de pensamiento que son obviamente ilógicas y autocomplacientes, del mismo modo que los políticos distorsionan la verdad con el fin de obtener votos, o que los que persiguen a los criminales eliminan evidencias de la inocencia del acusado con el fin de obtener una condena. Cuando se renuncia a estas «ventajas» negativas, el mundo se convierte en la interminable presencia de una belleza y una perfección intensas, y el amor domina toda la vida. Todo es luminoso, y la dicha de su esencia divina se irradia al exterior a través de su omnipresente informalidad, que viene expresada en el mundo perceptivo como forma. Ya no es necesario «saber» nada, porque no hace falta saber nada cuando uno es en realidad todo cuanto existe. La mente, en su estado ordinario, conoce meramente esto o aquello. Pero eso ya no hace falta cuando uno es todo lo que se puede ser. La Identidad, que sustituyó a la antigua sensación de «yo», no tiene partes ni divisiones. Nada queda fuera de su Totalidad, y el yo se ha convertido en la esencia, no diferente de la esencia de todo. En la no dualidad, no hay conocedor ni conocido, porque ambos se han convertido en una y misma cosa. Nada está incompleto. La omnisciencia es la propia totalidad. No existe deseo por el próximo segundo de experimentación que impulsa a la mente ordinaria, que de instante en instante se siente siempre incompleta.

Hombre ante puerta cósmica

El sentido de totalidad prevalece con los sentidos físicos. El deseo y la anticipación desaparecen y surge el placer de la actividad en sí. Dado que se ha detenido la experiencia del tiempo, no hay experiencia alguna de sucesión de acontecimientos que haya que anticipar o lamentar. Cada instante es completo y total en sí mismo. El estado de seridad (1) sustituye a toda sensación de pasado, presente o futuro de tal manera que no hay nada que anticipar o que intentar controlar. Esto forma parte de ese profundo estado de paz y serenidad. Toda necesidad y todo deseo se detienen con el cese de cualquier sensación de tiempo. La Presencia, con su infinita serenidad, ha desplazado toda actividad mental y emocional. El cuerpo se auto-perpetúa, se convierte en no más que otra propiedad de la naturaleza que funciona en respuesta al flujo de las circunstancias. Nada se mueve o actúa independientemente del universo total. En una concordancia absoluta, todo vive, se mueve y tiene su existencia en la más absoluta perfección, belleza y armonía del «Todo lo que es».

La motivación, como fundamento de toda acción, ha desaparecido. Los fenómenos de la vida son ahora de una dimensión diferente, y se observan como si uno estuviera en un reino diferente. Todo sucede por sí mismo en ese estado de serenidad y silencio interior, activado por el amor, que se expresa a través del universo y de todo lo que hay en él. La belleza de la vida resplandece como un gozo y una felicidad infinitos, una paz infinita y más allá de toda emoción. La paz de Dios es tan completa y total que no queda nada que se pueda desear o querer. Incluso ha cesado la «experienciacion». En la dualidad está el experimentador y, por otra parte, lo que se experimenta. En la no dualidad, esto se convierte en «Todo lo que es», de tal modo que no existe separación en el tiempo, el espacio o la experiencia subjetiva entre el experimentador y lo que se experimenta.

En la no dualidad de la conciencia, ni siquiera se da ya la secuencia, y la conciencia sustituye a la experienciación. Ya no se experimentan «instantes», dado que solo hay un Ahora constante. El movimiento parece como de cámara lenta, como si estuviera suspendido fuera del tiempo. Nada es imperfecto. Nada se mueve o cambia en realidad; no se da ningún tipo de acontecimiento. En lugar de una secuencia, lo que hay es la observación de que todo se halla en un estado de despliegue, y que toda forma no es más que un fenómeno transitorio creado por la percepción y los hábitos de observación de la mente. En realidad, todo viene a ser una expresión de la potencialidad infinita del universo. Los estadios evolutivos son las consecuencias de las circunstancias, pero no vienen provocados por ellas. Las circunstancias justifican las apariciones, y los fenómenos, en sus cambios, no son en realidad más que el resultado de un punto de observación arbitrario.

PresenciaDesde el punto de vista de la singularidad, parece haber multiplicidad, pero desde la omnipresencia de la multiplicidad simultánea, solo existe la singularidad de la unidad. La omnipresencia echa abajo cualquier artefacto perceptivo, tanto de singularidad como de multiplicidad. En realidad, ni siquiera existen las circunstancias. No hay ni «aquí» ni «allí»; no hay ni «ahora» ni «después»; no hay ni «pasado» ni «futuro»; no hay ni «completo» ni «incompleto», no hay un «llegar a ser», por cuanto cada cosa es ya y totalmente auto-existente. Hasta el tiempo, en sí, es un punto de observación arbitrario, al igual que la velocidad de la luz. Nuestro habitual empeño por describir el universo se puede ver no como una descripción del universo, sino como una descripción desde puntos de observación arbitrarlos, no siendo ciertamente otra cosa que un mapa del modo ordinario en que funciona la mente.

Lo que se describe en realidad no es un universo objetivo y existente en sí, sino meramente las categorías de la actividad de la mente y las estructuras y formas de su procesamiento secuencial. De ahí que las limitaciones de la ciencia estén preordenadas por las limitaciones que le impone el mundo perceptivo de la dualidad. La percepción está limitada de por sí, en el sentido de que solo sabe «acerca de», en lugar de saber. No se espera que la ciencia vaya más allá de los límites de la percepción, ni tampoco habría que culparla por ello. La ciencia solo puede llevarnos hasta el umbral de la consciencia, la cual no depende en absoluto de la percepción. En la actualidad, la ciencia avanza a través de la intuición científica y la lógica, y las pruebas vienen después. Normalmente, denominamos creatividad a estos saltos intuitivos, una creatividad que supera a la lógica y potencia los avances. Así, el descubrimiento es el verdadero manantial de la evolución de la sociedad.

En el estado de Consciencia, la mente se queda en silencio. El pensamiento lógico o secuencial se detiene y, en su lugar, hay silencio y serenidad, así como un despliegue continuo y sin esfuerzo, una presentación que se manifiesta como revelación. El acto del conocimiento se despliega por sí mismo, y la divinidad de «Todo lo que es» brilla silenciosamente, evidente y resplandeciente en su propia esencia. Todo se manifiesta en una revelación completa y continua. No hay nada que buscar ni conseguir, pues todo es ya íntegro y total. Toda acción aparente tiene lugar por sí sola.

Tras la acción, no hay actor, dado que la entidad mítica que uno siempre supuso que constituía el manantial de la experiencia ha desaparecido y se ha disuelto en la unidad absoluta del universo. El Yo, en su totalidad e integridad, está más allá y antes que todos los mundos, universos o tiempos, sin depender de nada ni estar causado por nada. El Yo está más allá de la existencia, no está sujeto a la existencia ni a la no existencia, a principio ni final, a tiempo ni espacio. Ni siquiera se le puede incluir en los conceptos de «es» o «no es». El Yo no es manifiesto ni no manifiesto, y está más allá de cualquier dimensión implícita por tal categorización de conceptos.

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Hicieron falta algunos ajustes importantes para poder operar de forma convincente en el mundo de la experiencia ordinaria. Hay una continuidad y unidad entre los «reinos» de la dualidad y la no dualidad, y la no dualidad impregna completamente la dualidad. El límite de la dualidad es, ciertamente, el límite de la conciencia, un límite que parece ser una consecuencia del enfoque.

Los seres humanos se ven inocentes debido a la extrema inconsciencia de su verdadera realidad. En este estado, están dirigidos por los programas de su ilusorio sistema de creencias. Pero, al mismo tiempo, la pureza del espíritu brilla igual que su intrínseca belleza.

En términos actuales, se podría decir que la gente está dirigida por sus programas de software, de los cuales no son conscientes. Todas las personas se hallan en un proceso de evolución de la consciencia, habiendo unas más evolucionadas que otras. Cada una de ellas representa el despliegue de la consciencia bajo unas circunstancias diferentes, y de ahí que ofrezcan diferentes niveles de apariencia. Es como si cada persona estuviera cautiva en determinado nivel y no pudiera pasar a otro nivel sin el consentimiento, la decisión y el acuerdo de la voluntad. Por hacer una comparación, la inocencia intrínseca podría entenderse si vemos a la persona como el hardware y a sus acciones y sus creencias como el software. El hardware no se ve afectado por los programas del software, programas que el hardware sigue ciegamente sin tener conciencia de su importancia o de las consecuencias de tales acciones. En términos clásicos, a esos programas inconscientes de software se les ha llamado «karma».

El estado en el cual operan las personas normales no implica ninguna falta o defecto moral, pues no representan más que las posibilidades de los Campos de consciencia expresándose a través de cada entidad viva. Aunque en realidad no hay «buenos» ni «malos», es obvio que todas las acciones tienen consecuencias. Más allá de las diferencias aparentes, lo único que hay es la realidad del Yo único brillando en tanto que fuente de vida en todo lo que vive; cada entidad vive en el fotograma congelado de este instante, que es todo lo que hay realmente más allá de su conciencia.

En la no dualidad, no puede haber instante alguno en el que se pueda dar eso que llamamos «problema», «conflicto» o «sufrimiento». Todo esto surge en la anticipación del instante siguiente o en el recuerdo del pasado. El ego parece ser un producto del miedo, y su objetivo es controlar el siguiente instante de experiencia y asegurarse la supervivencia. Parece vacilar entre el miedo al futuro y los lamentos por el pasado; y el deseo y el sentido del tiempo que repele la acción surgen de la ilusión de la carencia. Con la sensación de que todo está completo, el deseo cesa. Todo aquello que cree que es finito teme por su supervivencia, pues esta está sujeta al tiempo y a las ilusiones de la causalidad.

Conexión

En el momento que desaparecieron las motivaciones habituales de la vida, ésta se hizo fácil. Lo que había sido personalidad no era, ahora, más que una vaga propensión que parecía saber cómo imitar un comportamiento normal a partir del recuerdo de estos patrones, pero su discurrir provenía de otra fuente. Lo que previamente se había considerado como algo personal era ahora obviamente impersonal. En primer lugar, el Yo real no podía explicarse a sí mismo ante los demás. Lo que para este Yo era realidad sólida y sustancial, sonaba a abstracto o filosófico cuando se intentaba transmitir con palabras a personas normales que estaban dirigidas por conceptos y patrones de pensamiento secuenciales; lo que para la persona media era algo místico, desde el Yo se veía como una realidad concreta y subjetiva. Llevaba esfuerzo dar energía a los patrones de pensamiento, ordenarlos para poder facilitar la comunicación verbal. El verdadero «Yo» está más allá de la conciencia misma, pero se puede irradiar en la medida en que sea capaz de retirarse de la dicha para sumergirse en la actividad mundanal. El amor se convierte así en el único motivador para la continuidad de la existencia física.

Durante esta transición, el cuerpo sufrió una tensión considerable, como si el sistema nervioso hubiera tenido que soportar más energía de la que estaba diseñado para soportar originalmente. Los nervios solían sentirse como si hubiera un tendido de alta tensión por el cual pasara una corriente de alto voltaje. Con el tiempo, esto hizo necesario mudarse de la gran ciudad y de la vida urbana hasta una pequeña ciudad del oeste que, durante años, venía atrayendo a la gente que se consagraba a una vida espiritual y no materialista. Entonces, la meditación tomó el lugar de las actividades cotidianas y el estado de dicha volvió, como consecuencia de lo que, bien se podría decir, era un modo de vida ascético, por el simple hecho de no haber necesidades ni deseos. Fue una época de olvidarse incluso de comer, como si el cuerpo fuera ciertamente algo periférico o no existiese siquiera. Uno podía pasar por delante de un espejo y sorprenderse de que hubiera incluso una imagen allí. No había interés alguno por los acontecimientos del mundo, circunstancia que duro unos diez años, tiempo de retirada en relación al funcionamiento habitual, con el fin de ajustarse al estado espiritual que había reemplazado a la consciencia anterior.

Un aspecto de este estado de conciencia lo constituyó la capacidad para discernir cosas de mayor trascendencia dentro de los fenómenos que observaba habitualmente. Así, una técnica clínica tan interesante como la kinesiología se reveló como el eslabón Perdido, como un puente entre la mente y el cuerpo, entre lo manifiesto y lo no manifiesto. Ahora se hacía fácilmente visible lo que es invisible. Este fenómeno clínico iba más allá del sistema nervioso autónomo o del sistema de la acupuntura como explicación del vínculo entre psique y soma. Era obvio que la respuesta kinesiológica tenía su origen en la no ubicación de la conciencia, y que sus limitaciones iniciales para la investigación de los fenómenos locales, eran la expresión de las limitaciones de la percepción de los clínicos o experimentadores.

Aunque podamos decir que la dualidad existe gracias a la no dualidad, la kinesiología se mostró como el fenómeno más sencillo y práctico mediante el cual poder sacar partido de esa realidad. Era obvio que se podían calibrar los diferentes campos de energía dentro de la conciencia y que se podían disponer en una escala jerárquica y, si se calibraban numéricamente, se demostraban cabalmente los niveles clásicos de la conciencia tal como se venían definiendo desde el principio de los tiempos.

Ojos

El aspecto más sorprendente del fenómeno, era que permitía registrar instantáneamente la diferencia entre verdad y falsedad. Se trataba de algo que estaba más allá del tiempo y el espacio, y que superaba a la psique humana y a las mentes de las personas involucradas. Era una cualidad universal de la conciencia, del mismo modo que el protoplasma tiene las cualidades universales de reactividad a los estímulos. El protoplasma reacciona involuntariamente tanto a los estímulos nocivos como a los benéficos, y distingue entre ambos. Se aparta de lo que es contrario a la vida y es atraído por aquello que la sustenta. Del mismo modo, y con la velocidad del rayo, los músculos del cuerpo se debilitan de inmediato en ausencia de la verdad y se fortalecen en presencia de ella o de lo que sustenta a la vida.

Todo en el mundo, incluso los pensamientos, los conceptos, las sustancias y las imágenes, evoca una respuesta que puede ser demostrada como positiva o negativa. La respuesta no está limitada por el tiempo, el espacio, la distancia o la opinión personal.

Con esta sencilla herramienta, se puede explicar y documentar la naturaleza exacta de todo en el universo, en cualquier momento dado. Todo lo que existe o haya existido, sin excepción, irradia una frecuencia y una vibración que es como una huella permanente en el campo impersonal de la conciencia, y que se puede recuperar a través de esta prueba mediante la misma conciencia.

El universo se revelaba, ya no eran posibles los secretos. Era evidente que se podían contar todos y cada uno de los «cabellos de tu cabeza», y que ni siquiera pasaba desapercibida la caída de un gorrión. Aquel «todo os será revelado» se había convertido en un hecho.

Poder frente a fuerza

La prueba se sometió a estudio en miles de sujetos experimentales, tanto de forma individual como en grupos. Los resultados fueron universalmente concordantes, con independencia de la edad o del estado mental de los sujetos. Las aplicaciones del descubrimiento eran obvias en los campos de las actividades clínicas, la investigación y la enseñanza espiritual.

Los descubrimientos hechos se plasmaron en el libro Power versus Force, así como en una disertación de doctorado publicada con el título de «Qualitative and Quantitative Analysis and Calibration of the Levels of Human Consciousness». El objetivo de los esfuerzos posteriores fue aportar credibilidad adicional y validación científica a los descubrimientos que no eran explicables mediante la lógica o las restricciones de la causalidad newtoniana.

tiempo

Aunque la escala numérica de la conciencia se presenta en forma logarítmica y numérica, los campos de la conciencia a los que se hace referencia son no lineales y se hallan más allá del paradigma newtoniano de la realidad. Esta escala proporciona un vínculo entre lo conocido y lo no conocido, entre lo manifiesto y lo no manifiesto, entre la dualidad y la no dualidad. Constituye una herramienta de tan alto valor que muchas personas sufrían un choque de paradigmas cuando conocían el trabajo. El hecho de que cualquier persona, en cualquier lugar, pueda dilucidar instantáneamente la verdad acerca de alguien, algo o todo en cualquier punto del tiempo o del espacio, constituye un avance gigantesco, y puede resultar inquietante al principio en cuanto al sentido de la realidad que tiene uno, ya que todos piensan que están completamente separados del resto del mundo y que sus pensamientos son algo privado.

Una de las ventajas de esta herramienta de investigación era que se podía utilizar para comprobar la veracidad y la validez de la propia investigación y del trabajo experimental. Así, en Power versus Force, al igual que en este libro, se calibro cada página, cada párrafo, cada afirmación, cada oración, frase y capítulo. El libro se calibró también en su integridad, valorándose en 800, y deduciéndose así que la energía del libro en sí alcanzaría su propia difusión y comunicación. Y así fue, sin ningún tipo de publicidad ni promoción. Se difundió por otros países y continentes, y se tradujo a otros idiomas. Con el tiempo, se difundió el interés y la distribución y, en la actualidad se utiliza en grupos de estudio y en universidades, así como en departamentos de investigación.

En el Mapa de la Escala de la Conciencia, el nivel 600 indica el paso desde el mundo perceptivo de la dualidad al mundo no perceptivo de la no dualidad. Curiosamente, el test kinesiológico y la respuesta misma se calibraron en 600. Esto significa que no hay mucha gente que pueda comprender realmente su verdadera naturaleza, aunque todos puedan aprender a hacer uso de ella de forma práctica.

Imagen Mapa Escala de la Conciencia

El libro Power versus Force provocó el interés, en primer lugar, de personas y grupos de orientación espiritual, así como de sanadores y de personas interesadas en el estudio de la conciencia. Aunque el libro ofrece ventajas muy destacadas para la aplicación de la técnica en muchas áreas del habitual devenir humano, ha habido muy poco interés hasta el momento por parte de aquellas áreas de la sociedad que podrían beneficiarse de inmediato y en alto grado con el uso de la técnica. La sociedad aún no ha descubierto sus profundos beneficios.

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NOTA DE IDAFE:
1. “Seridad”, neologismo creado por el autor para expresar el estado en el que el Ser está presente en la vida de un ser humano de forma continua.
FUENTE: capítulo 2 del libro “El Ojo del Yo”, del Dr. David R. Hawkins, titulado originalmente El Regreso a la Vida Terrestre.

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Cabecera iluminación

Por: Dr. David R. Hawkins

Años de luchas y sufrimientos internos, y de un esfuerzo espiritual aparentemente inútil, culminaron con el tiempo en un estado de negra desesperación. Ni siquiera una retirada hacia el ateísmo pudo traer alivio a la incesante búsqueda. Razón e intelecto eran demasiado frágiles para la formidable tarea de hallar la verdad última. Hasta la mente se había encaminado hacia una derrota final, agonizante y aplastante. Hasta la voluntad se había quedado inmóvil. Entonces, una voz interior grito: «Si es que existe un Dios, a Él le pido ayuda».

Después, todo cesó y desapareció en el olvido. La mente y toda sensación de un yo personal desaparecieron. Durante un instante abrumador, todo aquello fue sustituido por una omniabarcante consciencia, una conciencia radiante, completa, total, silenciosa y serena, como la esencia prometida de «Todo lo que es». El exquisito esplendor, la belleza y la paz de la Divinidad brillaron con intensidad. Era algo autónomo, final, intemporal, perfecto, el Yo de lo manifestado y lo no manifestado, la Divinidad Suprema, y así permaneció…

La Presencia

Un profundo silencio lo impregna todo alrededor, y el movimiento se ralentiza y serena. Todo irradia una intensa vitalidad. Todas y cada una de las cosas son conscientes de todas y cada una de las demás. La cualidad luminosa de la radiación es abrumadoramente Divina en su naturaleza. Lo abarca absolutamente todo en su total Unidad, de manera que todas las cosas están interconectadas, en comunicación y armonía, a través de la conciencia y por el hecho de compartir la cualidad básica de la esencia de la misma existencia.

La Presencia es un continuo que ocupa por completo lo que previamente, para la percepción ordinaria, parecía un espacio vacío. Esa Conciencia interior no es diferente del Yo, pues impregna la esencia de todo. La Conciencia es consciente de su propia consciencia y omnipresencia. La existencia y su expresión, tanto en su forma como en su informalidad, es Dios, e impera igualmente en todos los objetos, personas, plantas y animales. Todo se halla unido por la divinidad de la existencia.

Esa Esencia penetrante lo incluye todo sin excepción. Los muebles de la habitación son iguales a las rocas o a las plantas en su importancia o trascendencia. Nada queda fuera de la Totalidad omniabarcante, total, completa, que no carece de nada. Todo es de igual valor, porque el único valor real es la divinidad de la existencia.

Eso que es el Yo es total y completo, y está igualmente presente en todas partes. No existen necesidades, deseos o carencias. Ninguna imperfección ni discordia es posible, y todo objeto parece una obra de arte, una escultura de belleza y armonía perfectas. La Sacralidad de toda la Creación es la reverencia que todas y cada una de las cosas muestran por todas y cada una de las demás. Todo se halla imbuido de un gran esplendor, y todo guarda silencio en su sobrecogimiento y reverencia. La Revelación infunde una serenidad y una Paz infinitas.

Al contemplar el cuerpo, éste se revela igual a todo lo demás: sin pertenecer ni ser poseído por persona alguna, igual a los muebles u otros objetos, y simplemente una parte más de «Todo lo que es». No existe ninguna sensación personal acerca del cuerpo y no hay identificación alguna con él. Se mueve espontáneamente, ejecuta correctamente sus funciones corporales, camina y respira sin esfuerzo. Está autopropulsado y sus acciones vienen determinadas y activadas por la Presencia. El cuerpo es simplemente un «eso», igual a cualquier otra cosa en la habitación.

Si otras personas le interpelan, la voz del cuerpo responde adecuadamente, pero lo que se oye en la conversación resuena en un nivel de significado superior. En cada frase se revela un significado más profundo, más hondo. Toda comunicación se comprende ahora en un nivel más profundo, casi como si hasta la pregunta más sencilla fuera en realidad una pregunta existencial y una declaración acerca de la humanidad en sí. En la superficie, las palabras suenan superficiales, pero en el nivel más profundo tienen penetrantes implicaciones espirituales.

Esas respuestas adecuadas las está dando el cuerpo, al cual todos dan por hecho que es el «yo» al que le están hablando. Esto, en sí, es extraño, porque no hay ningún «yo» real asociado en modo alguno a este cuerpo. El verdadero Yo es invisible y no tiene ubicación. El cuerpo habla y responde a las preguntas simultáneamente en formas paralelas, en dos niveles al mismo tiempo.

Serenada por el Silencio de la Presencia, la mente se encuentra en silencio, sin palabras. No hay imágenes, ni conceptos, ni pensamientos. No hay nadie que los piense. Al no haber nadie presente, no hay quien piense ni quien actúe. Todo sucede por sí mismo, como un aspecto más de la Presencia.

En los estados de consciencia ordinarios, el sonido se impone sobre el fondo del silencio y lo reemplaza. En cambio, en la Presencia, sucede lo contrario. Aunque el sonido es perceptible, se encuentra en el fondo. El Silencio se impone de tal modo que no se ve interrumpido ni desplazado por el sonido. Nada trastorna su serenidad ni interfiere en su paz. Aunque tienen lugar movimientos, estos no son capaces de alterar la inmóvil serenidad que hay más allá del movimiento. Todo parece moverse como a cámara lenta, debido a que el tiempo está ausente. No hay más que un estado constante de Ahora. No hay acontecimientos ni sucesos porque todo comienza y termina, todo empieza y acaba; los acontecimientos solo tienen lugar en la consciencia dualista de un observador. En ausencia de ésta, no hay sucesión de acontecimientos que puedan ser descritos o explicados.

En lugar de un pensar, hay un conocer auto-revelado que imparte un entendimiento completo, que se explica por sí mismo a través de su refulgente esencia. Es como si todo hablara silenciosamente y se presentara en su totalidad en la absoluta belleza de su perfección, manifestando de este modo su gloria y revelando su Divinidad intrínseca.

Ser humano identificado con el Cosmos por Sergio Albiac

La sufusión de la Presencia a través de la totalidad y de la esencia de todo cuanto existe es exquisita en su suavidad, y su tacto es como de algo que se derrite. El Yo interior es su verdadero núcleo. En el mundo ordinario, solo se puede tocar la superficie de las cosas; pero, en la Presencia, la esencia más profunda de cualquier cosa se halla entremezclada con la de todas las demás cosas. Este tacto, que es la Mano de Dios en su tierna suavidad, es al mismo tiempo una expresión y la morada del poder infinito. En su contacto con la esencia interior de todo, uno es consciente de que la Presencia está siendo sentida por todas las demás cosas, objetos o personas.

El poder de su suavidad es ilimitado, y dado que es total y omnipresente, es imposible oposición alguna. Impregna «Todo lo que es», y de su poder surge la propia existencia, que es al mismo tiempo creada y sustentada por el poder. Este poder es una cualidad intrínseca de la Presencia, y su presencia es la esencia de la propia existencia. Está presente en todos los objetos. En ningún lugar hay vacuidad, dado que la Presencia llena tanto el espacio como el interior de los objetos. Cada hoja sabe como está siendo experimentada por todo lo demás y comparte el gozo de la divina Presencia.

Todo se halla en un estado de silencioso regocijo, por cuanto su consciencia es una experiencia de la Divinidad. Una peculiaridad de todo cuanto existe es la de una serena gratitud, siempre presente, por habérsele concedido el don de experimentar la presencia de Dios. Esta gratitud es la forma en la cual se expresa la adoración. Todo lo que es creado y tiene existencia comparte el reflejo de la gloria de Dios.

La apariencia humana ha asumido un aura totalmente nueva. El Yo Uno resplandece en los ojos de todos. Todos los rostros irradian y todos son igualmente hermosos. Lo más difícil de describir es la interacción entre las personas, que se mueve en un nivel diferente de comunicación. Existe un amor obvio entre todos. Sin embargo, sus palabras cambian de tal manera que toda conversación se convierte en algo amoroso y pacífico. El significado de las palabras que se escuchan no es el mismo que el que encuentran los demás al escucharlas. Es como si hubiera dos niveles de consciencia distintos en funcionamiento, apareciendo en el mismo escenario de forma y movimiento; dos guiones diferentes se están pronunciando a través de las mismas palabras.

Los yoes superiores de las personas implicadas transforman, en un plano diferente, los significados de las palabras en sí mismas, y la comunicación de comprensión se encuentra en un plano superior. Al mismo tiempo, es evidente que los yoes inferiores de las personas no son conscientes de la comunicación que, simultáneamente, está teniendo lugar entre sus yoes superiores. Las personas están como hipnotizadas al creer en la realidad de sus yoes ordinarios, que no son más que una exteriorización inadvertida e inconsciente de escenarios o papeles, como en una película.

Al ignorar a los yoes inferiores, los yoes superiores se comunican entre sí directamente, y los yoes ordinarios de las personas parecen no ser conscientes de ese nivel superior de conversación que está teniendo lugar. Al mismo tiempo, las personas sienten intuitivamente que algo diferente a lo habitual está sucediendo. La presencia consciente del Yo crea un campo de energía que resulta sumamente agradable a las personas. Este campo de energía lleva a cabo lo milagroso y trae armonía a los acontecimientos, junto con cierta sensación de paz a todos los que lo experimentan.

Las personas que vienen, tras recorrer muchos kilómetros en busca de respuestas a sus preguntas, descubren de repente, en presencia de esa aura, las respuestas que buscan, que les llegan a través de una comprensión interna que hace irrelevantes las preguntas originales. Esto sucede porque la Presencia recontextualiza la ilusión de un «problema», haciendo así que desaparezca.

El cuerpo proseguía con sus operaciones y reflejaba las intenciones transmitidas a través de la consciencia. La continuidad del cuerpo no revestía gran interés, y era evidente que el cuerpo realmente no es más que una propiedad del universo. Los cuerpos y los objetos del mundo reflejan variaciones interminables y no muestran imperfección alguna. Nada es mejor ni peor que ninguna otra cosa, ni es de un valor o una importancia diferente. La cualidad de la perfecta identidad propia define el valor intrínseco de todo cuanto existe como expresiones iguales de divinidad innata. En la Realidad no existen las relaciones, en la medida en que la «relación» es un concepto de observación mental dualista. Todo «Es» meramente, y exhibe la esencia de la existencia.

De forma similar, sin la interposición de un observador activo, con su innata categorización de pensamientos, no puede haber cambios ni movimientos que explicar. Cada «cosa» evoluciona simplemente como una expresión de su esencia divina. De ahí que la evolución tenga lugar como una manifestación de la consciencia, y tome expresión desde niveles abstractos superiores de energía hasta formas inferiores más concretas y, por último, materialidad física. Así, la creación se manifiesta desde una informalidad abstracta, a través de formas progresivas, hasta un patrón de energía final, que da lugar a la materialidad concreta. El poder para manifestarse es la expresión de la divina omnipotencia como creación continua.

La Creación es el Presente y el Ahora. Este Ahora es continuo, de modo que no son posibles principios ni finales. La visibilidad, o la materialidad en sí, no son más que fenómenos sensoriales y no una condición necesaria para la existencia, la cual, en sí misma, carece de forma y, sin embargo, es intrínseca a toda forma.

Dado que todo está siempre en proceso de creación, todo es una expresión de la Divinidad, o de lo contrario no tendría la capacidad de existir en modo alguno. El darse cuenta de que todo lo que existe refleja a la Divinidad de la Creación, es el motivo por el cual merece respeto y reverencia. Y esto justifica la reverencia ante el espíritu que hay dentro de todos los seres vivos y de la naturaleza, que es característica de muchas culturas.

Todos los seres que sienten son iguales. Solo la manifestación material está sujeta al cese; la esencia no se ve afectada y conserva la potencialidad de reaparecer en forma material. La esencia solo se ve afectada por las propias fuerzas de la evolución. La aparición de la forma material a partir de la esencia viene determinada por la presencia de lo que ya está en forma. El contenido de la manifestación material puede facilitar la manifestación de la esencia como forma, o puede no serle favorable, dependiendo de las circunstancias. Se podría decir que la creación satisface sus propias instrucciones o tendencias internas, divinas. Tradicionalmente, se le ha dado en llamar destino, que es el despliegue de la potencialidad y el reflejo de las circunstancias preexistentes (las clásicas «gunas» sanscritas de rajas, satva y tamas, o acción, conciencia y resistencia). Así, el hombre puede influir en las circunstancias con el fin de potenciar la manifestación de las eventualidades deseadas. Mediante su capacidad de decisión, la consciencia humana puede influir en los resultados, pero el poder de la creación es competencia de Dios.

La naturaleza de la creación, que esta más allá del tiempo, del espacio y de la causalidad, se revela por sí misma y se presenta a la consciencia de la Conciencia como un don de la Presencia. Todas las cosas son intrínsecamente sagradas en la divinidad de su creación. Cuando el sentido crítico y la discriminación de la percepción dualista se dejan a un lado, se revela la perfección y la belleza absoluta de todo.

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El arte intenta abstraer esta conciencia cuando toma un instante en el tiempo y lo congela en la escultura o la fotografía. Cada fotograma representa la perfección, que solo se puede apreciar cuando se aísla una visión única de la distorsión de la historia superpuesta. El drama de cada instante de la existencia se presta a ser preservado cuando el arte lo salva de la extinción de la transformación de la forma material que llamamos historia. La inocencia intrínseca de cualquier instante dado, se manifiesta cuando se saca a ese instante del contexto proyectado sobre una secuencia de instantes seleccionados que, posteriormente, se convierten en una «historia». En el momento que la mente dualista los convierte en una historia, se les aplican los términos de «bueno» o «malo». Si quitamos el enjuiciamiento humano de la observación, todo lo que se puede ver es que la forma está en constante evolución, en constante «cambio», que no es intrínsecamente deseable o indeseable.

Todo manifiesta su potencialidad inherente en la medida en que está determinado por su esencia y por las circunstancias imperantes. El esplendor de todas las cosas se halla en su mera existencia, en el hecho de manifestar la gloria de la creación de Dios como existencia en sí. Por virtud del mero «ser», todas y cada una de las cosas que sienten y que no sienten en su existencia cumplen con la voluntad de Dios. Es debido a la intención divina que lo no manifiesto se hace manifiesto; y la creación es el proceso que nosotros presenciamos.

Debido a que la naturaleza de la creación no es evidente para la consciencia ordinaria, la mente manufactura enigmas sin respuesta, por ejemplo, ¿cómo puede un Dios «bueno» permitir tanto «mal»? Más allá de la percepción dualista y de las categorías arbitrarlas de la manifestación, no hay nada bueno ni malo que explicar, y se puede ver que el universo es, en sí mismo, inofensivo. La mente humana construye sus escenarios de objetivos y deseos, y los acontecimientos pueden coincidir con ellos o no. Tanto la tragedia como la victoria tienen lugar solo dentro de las limitaciones de la mente dualista y son independientes de la realidad. Todo lo que hay en este mundo parece surgir y luego disolverse dentro de las limitaciones de la percepción. Pero, en la medida en que la Realidad está más allá del tiempo, el espacio y la forma, es irrelevante si una «cosa» o una «persona» existen durante una décima de segundo o durante miles de años. Así, el empeño por vivir unos cuantos años más o incluso unos pocos instantes más, se antoja una ilusión vacía, porque la existencia no se experimenta en modo alguno dentro del tiempo. Este instante es la única realidad que se está experimentando; todo lo demás es una abstracción y una construcción mental. Por lo tanto, uno no vive en absoluto setenta años; solo este mismo instante fugaz es posible.

En la realidad de la no dualidad, todo está completo, y el deseo se sustituye por la gratitud. A medida que la vida evoluciona, todo ser vivo es la expresión total de su potencialidad en cualquier momento dado. La motivación desaparece como tal, y la acción tiene lugar como una fase en el proceso de actualización de la potencialidad. Por tanto, no hay actor detrás de la acción. Lo que hay es una sensación de totalidad y de completa satisfacción en cada instante. El disfrute de las necesidades físicas es el producto de la propia acción. El apetito de comer, por ejemplo, surge del acto de comer, sin deseo previo alguno por el siguiente bocado; si se deja de comer debido a una interrupción, no existe sentimiento de pérdida. La alegría de vivir tiene su origen en la propia existencia en cualquier momento dado, y la conciencia de totalidad continua es un aspecto de la alegría de la existencia.

La totalidad de la Unidad del Todo no se puede «experimentar». Más Bien, se conoce por virtud de serlo. El «yo» del Yo es el Ojo de Dios presenciando el despliegue de la Creación como un Ahora. La secuencia es una ilusión creada por la percepción del «yo» del ego, que es el punto de observación del proceso que va de lo no local a lo local, de lo no lineal a lo lineal, de la Totalidad al «esto». La percepción es el ojo del ego que, en la medida en que traduce el inaprensible Infinito en un finito experimentable, genera la percepción del tiempo, el espacio, la duración, la dimensión, la posición, la forma, la limitación y la singularidad.

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FUENTE: Prólogo del capítulo 1 del libro “El Ojo del Yo”, del Dr. David R. Hawkins.

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Dejar ir

INTRODUCCIÓN

El Dr. David R. Hawkins nos describe en su obra “Dejar Ir, el Camino de la Entrega”, un sencillo pero a la par profundo y radical método, para alcanzar una gran claridad interior y superar los problemas que aparecen en nuestro camino, si bien “no mediante la búsqueda de respuestas – precisa -, sino deshaciendo las bases del problema.”

Dicha técnica o método ha sido señalada con distintos lenguajes, por los grandes maestros de la historia, pero se revela en las palabras de Dr. Hawkins con explicaciones evidentes y meridianas. Dicho método es lo que él llama el DEJAR IR, o también EL MECANISMO DE LA ENTREGA “es un sistema práctico para eliminar los obstáculos y los apegos…. Existen pruebas científicas de su eficacia… La investigación ha demostrado que la técnica es más eficaz que muchos de los otros enfoques actualmente disponibles para aliviar las respuestas fisiológicas al estrés.”

Pero no olvidemos que las técnicas, en este orden de cosas, son la expresión operativa o práctica de un cierto estado de conciencia. El uso de estas técnicas sin una necesidad interna, sin una predisposición, sin una actitud de superación, son no solo estériles, sino que pueden convertirse en una excusa para el ego.

El autor añade seguidamente: La mente, con sus pensamientos, es dirigida por los sentimientos. Cada sentimiento es la derivada acumulada de muchos miles de pensamientos. Porque la mayoría de las personas durante toda su vida reprimen, suprimen y tratan de escapar de sus sentimientos, la energía suprimida se acumula y busca expresarse a través de la aflicción psicosomática, los trastornos corporales, las enfermedades emocionales, y la conducta desordenada en las relaciones interpersonales. Los sentimientos acumulados bloquean el crecimiento espiritual y la consciencia, así como el éxito en muchas áreas de la vida.”

A partir del uso de esta técnica “el estado alcanzado por los grandes sabios de la historia está disponible; las soluciones están dentro de nosotros y son fáciles de encontrar. El mecanismo de la entrega es sencillo y la verdad es evidente de por sí. Opera en la vida cotidiana. No existe un dogma o sistema de creencias. Verificarás todo por ti mismo, por lo que no puedes ser engañado. No hay dependencia de ninguna enseñanza. De ello se desprende el dictamen “Conócete a ti mismo”; “La verdad os hará libres”; y “El reino de Dios está en vosotros” Funciona para el cínico, el pragmático, el religioso y el ateo. Funciona a cualquier edad o pasado cultural. Funciona para la persona espiritual y para la persona no espiritual por igual.”

También destaca el Dr. Hawkins algo que es sumamente importante para nuestra libertad y empoderamiento personal: “Debido a que el mecanismo es de tu propiedad, nadie te lo puede quitar. Estás a salvo de la desilusión. Descubrirás por ti mismo lo que es real y lo que son solo programas mentales y sistemas de creencias. Mientras todo esto sucede, te volverás más saludable, más exitoso con menor esfuerzo, más feliz, y más capacitado para el auténtico amor. Tus amigos advertirán la diferencia, los cambios son permanentes. Ya no “subirás” para luego caer. Descubrirás que hay un maestro automático dentro de ti”.

Aplicándolo, la transformación personal será radical: “Con el tiempo descubrirás tu Ser interior. Inconscientemente siempre supiste que estaba allí. Cuando te encuentres con él, entenderás lo que los grandes sabios de la historia estaban tratando de transmitir. Lo entenderás porque la Verdad es evidente por sí misma y está en tu propio Ser.”

Reproducimos el capítulo 2 de la obra citada, titulado “El mecanismo de Dejar Ir”, que ponemos a tu consideración querido/a visitante… Pero antes de discutir, debatir, antes de negar o afirmar categóricamente, ponlo en práctica para comprobarlo. ¿O es que el fruto que puedes obtener no te merece la pena?.

Óscar García

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El MECANISMO DE “DEJAR IR”

Capítulo 2 de la obra
“Dejar Ir, el Mecanismo de la Entrega”,
Por el Dr. David R. Hawkins

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Dr. David R. Hawkins (1913 -1912). Doctor en Medicina y Filosofía, fue director del Instituto para la Investigación Espiritual, S.A, y Fundador del Camino de la Devoción a la No-Dualidad. Reconocido como investigador pionero en el campo de la conciencia, autor, conferenciante, clínico, psiquiatra y científico.
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¿Qué es?

Dejar ir es como el cese repentino de una presión interna o la caída de un peso. Se acompaña de una repentina sensación de alivio y ligereza, y el incremento de la felicidad y la libertad. Se trata de un mecanismo real de la mente y todo el mundo lo ha experimentado en alguna ocasión.

Un buen ejemplo es el siguiente. Estás en medio de una intensa discusión; estás enfadado y molesto, cuando de repente ves que todo es absurdo y ridículo. Y empiezas a reír. La presión se alivia. De la ira, el miedo y la sensación de sentirte atrapado de repente te sientes libre y feliz.

Piensa en lo maravilloso que sería poder hacer eso en todo momento, en cualquier lugar, y en cualquier situación. Que pudieras sentirte siempre libre y feliz y nunca ser acorralado por tus sentimientos enfrentados. De esto trata toda la técnica: dejar ir consciente y frecuentemente a voluntad. Entonces estás a cargo de lo que sientes, y ya no estás a merced del mundo y de tus reacciones hacia él. Ya no eres la víctima. Esto es emplear la enseñanza básica de Buda, que elimina la presión de la reactividad involuntaria.

Llevamos con nosotros un enorme almacén de sentimientos negativos acumulados, actitudes y creencias. La presión acumulada nos hace miserables y es la base de muchas de nuestras enfermedades y problemas. Estamos resignados a ello y lo explicamos como la “condición humana”. Tratamos de escapar de ella de mil maneras. La vida humana media se emplea en tratar de evitar y huir de la confusión interior del miedo y la amenaza de la miseria. La autoestima de todos está constantemente amenazada tanto desde dentro como desde fuera.

Si echamos un vistazo a la vida humana, vemos que es esencialmente una larga lucha elaborada para escapar de nuestros miedos internos y las expectativas que han sido proyectadas sobre el mundo. Se intercalan periodos de celebración cuando hemos escapado momentáneamente de los miedos internos, pero los miedos siguen ahí esperándonos. Nos hemos vuelto temerosos de nuestros sentimientos internos porque tienen tal enorme cantidad de negatividad que tememos quedar sobrepasados si realizamos una observación más profunda.

Pensamiento mujerTenemos miedo de estos sentimientos porque no tenemos ningún mecanismo consciente con el que manejar los sentimientos cuando provienen del interior de nosotros mismos. Debido a que tenemos miedo a enfrentarnos a ellos, continúan acumulándose y, finalmente, en secreto empezamos a buscar como adelantar la muerte para que todo el dolor termine. No son los pensamientos o los hechos los que son dolorosos, sino los sentimientos que los acompañan. Los pensamientos en y por sí mismos no son dolorosos, ¡sino los sentimientos que subyacen en ellos!

Es la presión acumulada de los sentimientos la que provoca los pensamientos. Un sentimiento, por ejemplo, puede crear literalmente miles de pensamientos durante un tiempo. Pensemos, por ejemplo, en un recuerdo doloroso de los primeros años de vida, una pena terrible que se ha ocultado. Observa todos los años y años de pensamientos asociados a ese simple suceso. Si pudiéramos entregar la sensación de dolor subyacente, todos esos pensamientos desaparecerían al instante y nos olvidaríamos del suceso.

Esta observación está en conformidad con la investigación científica. La teoría científica de Gray-LaViolette integra la psicología y la neurofisiología. Su investigación demostró que el tono de los sentimientos organiza los pensamientos y la memoria (Gray-LaViolette, 1981). Los pensamientos son archivados en el banco de la memoria de acuerdo a los diferentes matices de los sentimientos asociados a esos pensamientos. Por lo tanto, cuando renunciamos o apartamos un sentimiento, nos estamos liberando de todos los pensamientos asociados.

El gran valor de saber cómo entregar es que todos y cada uno de los sentimientos se puede dejar en cualquier momento y en cualquier lugar en un instante, y puede hacerse continuamente y sin esfuerzo.

¿Cuál es el estado de entrega? Significa estar libre de sentimientos negativos en un área determinada para que la creatividad y la espontaneidad puedan manifestarse sin la oposición o la interferencia de los conflictos internos. Estar libres de conflictos internos y expectativas es dar a quienes comparten nuestra vida la mayor libertad. Nos permite experimentar la naturaleza básica del universo, que, según se descubrió, es manifestar el mayor bien posible en cada situación. Esto puede sonar filosófico, pero, cuando se hace, es empíricamente cierto.

Los sentimientos y los mecanismos mentales

Tenemos tres maneras principales de manejar los sentimientos: supresión, expresión y escape. Vamos a discutir cada uno de ellas.

1. La supresión y la represión. Estas son las formas más comunes con las que tiramos hacia delante con nuestros sentimientos y los dejamos a un lado. En la represión, esto sucede inconscientemente; en la supresión, sucede conscientemente. No queremos ser molestados por los sentimientos y, además, no sabemos qué más hacer con ellos. Tenemos suerte de sufrir con ellos y tratar de seguir funcionando de la mejor manera que podamos. Los sentimientos que seleccionamos para ser suprimidos o reprimidos lo son en conformidad a los programas consciente e inconsciente que acarreamos por costumbre social y educación familiar. La presión de los sentimientos suprimidos es sentida luego como irritabilidad, cambios de humor, tensión en los músculos del cuello y la espalda, dolores de cabeza, calambres, trastornos menstruales, colitis, indigestión, insomnio, hipertensión, alergias y otras condiciones somáticas.

sentimientos-reprimidosCuando reprimimos un sentimiento, es porque hay tanta culpa y miedo por la sensación que ni siquiera es conscientemente sentida en absoluto. Se convierte al instante en una estocada en el inconsciente tan pronto como amenaza en emerger. El sentimiento reprimido es luego manejado de varias maneras para garantizar que se mantiene reprimido y fuera de la consciencia.

De estos mecanismos utilizados por la mente para mantener el sentimiento reprimido, la negación y la proyección son quizás los métodos más conocidos, ya que tienden a ir juntos y reforzarse el uno al otro. La negación deriva en emociones importantes y bloqueos para la maduración. Es acompañado generalmente por el mecanismo de la proyección. A causa de la culpa y el miedo, reprimimos el impulso o los sentimientos, y nos negamos a su presencia en nosotros. En lugar de sentirlos, los proyectamos sobre el mundo y los que nos rodean. Experimentamos las sensaciones como si perteneciera a “ellos”. “Ellos” se convierten entonces en el enemigo, y la mente busca y encuentra justificación para reforzar la proyección. La culpabilidad se sitúa en las personas, los lugares, las instituciones, los alimentos, las condiciones climáticas, los acontecimientos astrológicos, las condiciones sociales, el destino, Dios, la suerte, el diablo, los extranjeros, los grupos étnicos, los rivales políticos, y otras cosas fuera de nosotros mismos. La proyección es el principal mecanismo utilizado en el mundo de hoy. Es responsable de todas las guerras, los disturbios y los desórdenes civiles. Incluso se anima a odiar al enemigo para convertirse en un “buen ciudadano”. Mantenemos nuestra propia autoestima a costa de los demás y, con el tiempo, esto deriva en descomposición social. El mecanismo de la proyección subyace a todo ataque, violencia, agresión, y toda forma de destrucción social.

2. Expresión. Con este mecanismo, la sensación es aireada, verbalizada, o afirmada por el lenguaje corporal, y representada en un sinfín de demostraciones en grupo. La expresión de los sentimientos negativos permite dejar salir sólo la suficiente presión interior para que, de este modo, el resto pueda ser suprimido. Este es un punto muy importante a entender, porque muchas personas en la sociedad de hoy creen que expresar sus sentimientos les libera de los sentimientos. Los hechos demuestran lo contrario. La expresión de un sentimiento, primero, tiende a propagar ese sentimiento y darle mayor energía. En segundo lugar, la expresión del sentimiento simplemente permite que el resto sea suprimido fuera de la consciencia.

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El equilibrio entre supresión y expresión varía en cada individuo dependiendo de la educación primaria, las actuales normas culturales, las costumbres, y los medios de comunicación. Expresarse está ahora en boga como resultado de una mala comprensión de la obra de Sigmund Freud y el psicoanálisis. Freud señaló que la supresión era la causa de la neurosis; por lo tanto, se pensó erróneamente que la expresión era la cura. Esta mala interpretación se convirtió en una licencia para la auto-indulgencia a costa de los demás. Lo que en realidad dijo Freud, en el psicoanálisis clásico, era que el impulso o sentimiento reprimido debía ser neutralizado, sublimado, socializado, y canalizado por los instintos constructivos del amor, el trabajo y la creatividad.

Si volcamos nuestros sentimientos negativos en los demás, lo experimentarán como un ataque, y a su vez, se verán forzados a suprimir, expresar, o escapar de esos sentimientos; por lo tanto, la expresión de la negatividad deriva en el deterioro y la destrucción de las relaciones. Una alternativa mucho mejor es asumir la responsabilidad de nuestros propios sentimientos y neutralizarlos. Entonces, sólo los sentimientos positivos permanecen y son expresados.

3. Escape. El escape es la evitación de los sentimientos a través de la diversión. Esta evitación es la columna vertebral de las industrias del entretenimiento y los licores, así como la ruta hacia la adicción al trabajo. El escapismo y la evitación de la consciencia interior es un mecanismo socialmente tolerado. Podemos evitar a nuestros propios yoes interiores y apartar nuestros propios sentimientos del emerger de una interminable variedad de búsquedas, muchas de las cuales con el tiempo se convierten en adicciones a medida que nuestra dependencia a ellas crece.

La gente se desespera al permanecer inconsciente. Observemos cómo a menudo las personas echan un vistazo a la televisión en el momento en que entran en una habitación y luego caminan por ella en un estado de cuasi- insomnio, siendo constantemente programados por los datos que provienen en ella. Las personas tienen miedo de enfrentarse a sí mismas. Temen incluso un momento de soledad. De ello, las constantes actividades frenéticas: la interminable socialización, el hablar, el enviar mensajes de texto, leer, escuchar música, trabajar, viajar, hacer turismo, ir de compras, comer en exceso, los juegos de azar, ir al cine, tomar píldoras, el uso de drogas y las fiestas de cóctel.

Party TimeMuchos de los mecanismos anteriores de escape son erróneos, estresantes e ineficaces. Cada uno de ellos requiere cantidades crecientes de energía en y por sí mismos. Se requieren enormes cantidades de energía para mantener baja la presión cada vez mayor de los sentimientos suprimidos y reprimidos. Hay una pérdida progresiva de la consciencia y una detención del crecimiento. Hay una pérdida de creatividad, energía, e interés real en los demás. Hay una detención del crecimiento espiritual y, finalmente, el desarrollo de enfermedades físicas y emocionales, dolencias, envejecimiento y muerte prematura. La proyección de estos sentimientos reprimidos deriva en problemas sociales, trastornos, y el aumento del egoísmo y la crueldad característica de nuestra sociedad actual. Por encima de todo, el efecto es la incapacidad para amar de verdad y confiar en otra persona, lo que resulta en el aislamiento emocional y el odio a uno mismo.

En contraste con lo anterior, ¿qué sucede cuando en lugar de esto dejamos un sentimiento? La energía detrás del sentimiento es instantáneamente entregada y el efecto neto es la descompresión. La presión acumulada comienza a disminuir a medida que lo dejamos constantemente. Todo el mundo sabe que, cuando lo dejamos, nos sentimos mejor inmediatamente. El cuerpo cambia la fisiología. Hay mejoras detectables en el color de la piel, la respiración, el pulso, la presión arterial, la tensión muscular, la función gastrointestinal, y la química de la sangre. En el estado de libertad interior, todas las funciones del cuerpo y los órganos se corrigen en general en dirección a la normalidad y la salud. Hay un aumento inmediato en la potencia muscular. La visión mejora y nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos cambia para mejor. Nos sentimos felices, más cariñosos y más relajados.

Los sentimientos y el estrés

Hay mucha atención y publicidad prestada al tema del estrés sin una comprensión real de su naturaleza esencial. Se dice que somos más propensos al estrés que nunca. ¿Cuál es la causa fundamental del estrés? Ciertamente no son los factores desencadenantes externos. Ellos son meramente ejemplos del mecanismo que hemos descrito como proyección. Son los “ellos” o el “eso” que se piensa que es el culpable cuando, de hecho, lo que estamos sintiendo es simplemente el dejar salir la presión interna de las emociones reprimidas Son estos sentimientos reprimidos los que nos hacen vulnerables al estrés externo.

El verdadero origen del “estrés” es en realidad interno; no es externo, como a la gente le gustaría creer. La predisposición a reaccionar con miedo, por ejemplo, depende de la cantidad de miedo que ya esté presente en nosotros para ser desencadenado ante un estímulo. Cuanto más miedo tenemos en el interior, más cambia nuestra percepción del mundo ante un miedo o expectativa preocupante. Para una persona miedosa, este mundo es un lugar aterrador. Para la persona enfadada, este mundo es un caos de frustración y aflicción. Para la persona culpable, este es un mundo de tentación y pecado, que ven en todas partes. A lo que estamos aferrándonos interiormente colorea nuestro mundo. Si dejamos la culpa, veremos inocencia; sin embargo, una persona con sentimiento de culpa sólo verá el mal. La regla básica es que nos centremos en lo que hemos reprimido.

El estrés deriva de una presión acumulada de nuestros sentimientos reprimidos y suprimidos. La presión busca alivio, y así los acontecimientos externos sólo desencadenan lo que hemos estado manteniendo, tanto consciente como inconscientemente. La energía de nuestros sentimientos bloqueados y expulsados emerge de nuevo a través de nuestro sistema nervioso autónomo y causa cambios patológicos que conducen a los procesos de la enfermedad. Un sentimiento negativo inmediatamente provoca una pérdida del 50% de la fortaleza muscular del cuerpo y también reduce nuestra visión, tanto física como mentalmente. El estrés es nuestra reacción emocional a un factor desencadenante o estímulo. El estrés está determinado por nuestros sistemas de creencias y sus presiones emocionales asociadas. No es el estímulo externo, entonces, lo que causa el estrés, sino nuestro grado de reactividad. Cuanto más entregados estemos, menos propensos somos al estrés. El daño causado por el estrés no es más que el resultado de nuestras propias emociones. La efectividad del dejar ir y reducir la respuesta del cuerpo al estrés se ha demostrado en estudios científicos (véase el capítulo 14).

Muchos programas de reducción de estrés ofrecidos hoy en día a menudo pierden el punto esencial. Tratan de aliviar las secuelas del estrés en lugar de eliminar la causa del propio estrés, o se concentran en los acontecimientos externos. Esto es como tratar de bajar la fiebre sin corregir la infección. Por ejemplo, la tensión muscular es el resultado de la ansiedad, el miedo, la ira y la culpa. Un curso sobre técnicas de relajación muscular va a tener un beneficio muy limitado. Sería mucho más eficaz, en cambio, eliminar el origen de la tensión subyacente, que es la ira reprimida y suprimida, el miedo, la culpa y los demás sentimientos negativos.

Los acontecimientos vitales y las emociones

La mente racional prefiere mantener las verdaderas causas de la emoción fuera de la consciencia y utiliza el mecanismo de la proyección para hacer esto. Culpa a los acontecimientos o a las otras personas por “causar” un sentimiento y se ve a sí misma como la víctima inocente e indefensa de las causas externas. “Ellos me hicieron enfadar.” “El me ha trastornado.” “Eso me asustó”. “Los acontecimientos del mundo son la causa de mi ansiedad”. En realidad, es exactamente lo contrario. Los sentimientos suprimidos y reprimidos buscan una salida y utilizan los acontecimientos como desencadenantes y excusas para desahogarse. Somos como ollas a presión listas para liberar el vapor cuando la oportunidad se presenta. Los factores desencadenantes son configurados y preparados para que salgan. En psiquiatría, este mecanismo se denomina desplazamiento. Es debido a que estamos enfadados que los acontecimientos nos “hacen” enfadar. Si, a través de la constante entrega, nos hemos apartado del almacén reprimido de la ira, es muy difícil, y de hecho, incluso imposible para cualquier persona o cualquier situación “hacernos” enfadar. Lo mismo, por tanto, se aplica a todos los demás sentimientos negativos una vez que hayan sido entregados.

Debido a los condicionamientos sociales de nuestra sociedad, la gente incluso suprime y reprime sus sentimientos positivos. Suprimir el amor deriva en un corazón roto por ataque al corazón. El amor suprimido vuelve a emerger en una excesiva adoración por los animales y diversas formas de idolatría. El verdadero amor está libre de miedos y se caracteriza por el no-apego. El miedo a la pérdida se potencia por el indebido apego y la posesión. Por ejemplo, el hombre que está inseguro en relación a su novia y es muy celoso.

Cuando la presión de los sentimientos suprimidos y reprimidos excede el nivel de tolerancia del individuo, la mente creará un acontecimiento “ahí fuera” en el que se dé rienda suelta y se desplace. Así, la persona con una gran cantidad de dolor reprimido creará inconscientemente acontecimientos tristes en su vida. La persona miedosa precipita las experiencias aterradoras; la persona enfadada se rodea de circunstancias indignantes; y la persona orgullosa está constantemente siendo insultada. Como dijo Jesucristo: “¿Por qué ves la paja que está en el ojo de tu hermano, y no sientes la viga que está en tu propio ojo? (Mateo 7:3)” Todos los Grandes Maestros nos señalan el interior.

Todo en el universo emite una vibración. Cuanto mayor sea la vibración, más poder tiene. Las emociones, también, debido a que son energía, emiten vibraciones. Estas vibraciones emocionales impactan los campos de energía del cuerpo y revelan efectos que se pueden ver, sentir y medir. Las imágenes en movimiento mediante la fotografía Kirlian, como las tomadas por el Dr. Thelma Moss, muestran fluctuaciones rápidas del color y el tamaño del campo de energía a los cambios emocionales (Krippner, 1974). El campo de energía al que tradicionalmente se ha llamado “aura”, puede ser visto por personas que han nacido con o han aprendido la habilidad para ver las vibraciones de esa frecuencia. El aura cambia de color y de tamaño con las emociones. La prueba muscular también demuestra los cambios de energía que acompañan a las emociones, y como los músculos de nuestro cuerpo responden instantáneamente a los estímulos positivos y negativos. Por lo tanto, nuestros estados emocionales básicos se transmiten al universo.

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La mente no tiene dimensiones o tamaño, y no está limitada por el espacio; por lo tanto, la mente transmite su estado básico a través de la energía vibratoria a una distancia ilimitada. Esto significa que de manera rutinaria y sin quererlo afectamos a los demás por nuestro estado emocional y pensamientos. Los patrones emocionales y sus formas de pensamiento asociadas, por ejemplo, pueden ser seleccionados y recibidos conscientemente por los psíquicos a una gran distancia. Esto puede ser demostrado experimentalmente, y la base científica para esto ha sido un tema de gran interés en la física cuántica avanzada.

Debido a que las emociones emiten un campo de energía vibratoria, afectan y determinan las personas que están en nuestras vidas. Los acontecimientos vitales quedan influenciados por nuestras emociones reprimidas y suprimidas en el nivel psíquico. Así, enfadarse atrae pensamientos de enfado. La regla básica del universo psíquico es que “lo semejante atrae a lo semejante”. Del mismo modo, “el amor promueve el amor”, de modo que la persona que ha dejado una gran cantidad de negatividad interior está rodeada de pensamientos de amor, episodios de amor, gente cariñosa, y mascotas cariñosas. Este fenómeno explica muchas citas de las escrituras y refranes comunes que han desconcertado al intelecto, tales como: “Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres” y “los que tienen, consiguen.” Como regla general, por tanto, las personas que acarrean con una conciencia apática atraen circunstancias de pobreza a sus vidas, y los que tienen una conciencia de prosperidad atraen la abundancia a su vida.

Debido a que todos los seres vivos están conectados en los niveles de la energía vibratoria, nuestro estado emocional básico es seleccionado y reaccionado por todas las formas de vida que nos rodean. Es bien sabido que los animales pueden ver instantáneamente el estado emocional básico de una persona. Hay experimentos que demuestran que incluso el crecimiento de las bacterias es afectado por las emociones humanas, y que las plantas registran reacciones medibles a nuestro estado emocional (Backster, 2003)

El mecanismo del Dejar Ir

El dejar ir implica ser consciente de un sentimiento, dejarlo crecer, estar con él, y dejar que siga su curso sin querer que sea diferente o hacer nada en relación a él. Significa simplemente dejar que el sentimiento esté ahí y centrarse en dejar escapar la energía tras él. El primer paso es permitirte a ti mismo tener la sensación sin resistirla, airearla, temerla, condenarla, o moralizar sobre ella. Significa abandonar el juicio y ver que es solo una sensación. La técnica consiste en estar con una sensación y entregar todos los esfuerzos por modificarla de alguna manera. Dejamos de querer resistir la sensación. Es la resistencia la que mantiene activa la sensación. Cuando renuncias a resistir o tratar de modificar la sensación, cambiará a un nuevo sentimiento que será acompañado de una sensación más ligera. Una sensación que no es resistida desaparecerá a medida que la energía tras ella se disipe.

Al comenzar el proceso, te darás cuenta de que tienes miedo y culpa por tener sentimientos; habrán resistencias a los sentimientos en general. Es más fácil permitir que afloren los sentimientos si dejamos antes la reacción a tener esos sentimientos. El miedo al propio miedo es un buen ejemplo de esto. Deja el miedo o la culpa que tienes por la primera sensación, y luego consigue entrar en el sentimiento en sí.

Cuando dejes ir, ignora todo pensamiento. Céntrate en la propia sensación, no en los pensamientos. Los pensamientos son interminables, se auto-refuerzan, y sólo engendran más pensamientos. Los pensamientos no son más que racionalizaciones de la mente para tratar de explicar la presencia de la sensación. La verdadera razón de la sensación es la presión acumulada tras los sentimientos que la está forzando a salir en ese momento. Los pensamientos o acontecimientos externos son sólo una excusa compuesta por la mente.

A medida que nos familiaricemos más con el dejar ir, nos daremos cuenta de que todos los sentimientos negativos están asociados a nuestro miedo básico relacionado con la supervivencia y que todos los sentimientos no son más que programas de supervivencia que la mente cree necesarios. La técnica del dejar ir deshace los programas progresivamente. A través de ese proceso, el motivo subyacente tras los sentimientos se vuelve más y más evidente.

Soltar globosEstar entregado significa no tener emociones fuertes sobre una cosa: “Está bien si pasa, y está bien si no pasa.” Cuando somos libres, dejamos los apegos. Podemos disfrutar de una cosa, pero no la necesitamos para nuestra felicidad. Hay una progresiva disminución de la dependencia de todo y todos fuera de nosotros mismos. Estos principios son conformes a las enseñanzas básicas de Buda de evitar el apego a los fenómenos mundanos, así como también a la enseñanza básica de Jesucristo de “estar en el mundo pero no ser de él”.

A veces entregamos un sentimiento y nos damos cuenta de que retorna o continúa. Esto se debe a que todavía hay más de él a entregar. Hemos rellenado con todos esos sentimientos nuestras vidas y puede haber una gran cantidad de energía presionando que necesite salir y ser reconocida. Cuando se produce la entrega, hay una ligereza inmediata, y mayor sensación de felicidad, casi como un “subidón”.

Al dejar ir continuamente, es posible permanecer en ese estado de libertad. Los sentimientos van y vienen, y con el tiempo te das cuenta de que tú no eres tus sentimientos, sino que el verdadero “tú” se limita a presenciarlos. Dejas de identificarte con ellos. El “tú” que es consciente de lo que está pasando siempre sigue siendo el mismo. A medida que te vuelves más y más consciente de la inmutable presencia interior, empiezas a identificarte con ese nivel de la conciencia. Te conviertes progresivamente ante todo en el testigo y no en el experimentador del fenómeno. Consigues aproximarte más y más al Ser real y empiezas a ver que habías sido engañado por los sentimientos todo el tiempo. Pensaste que eras víctima de tus sentimientos. Ahora ves que no son la verdad sobre ti mismo; sino que son simplemente creados por el ego, ese colector de programas que la mente ha creído erróneamente que son necesarios para la supervivencia.

Los resultados del dejar ir son aparentemente rápidos y sutiles, pero los efectos son muy poderosos. Muchas veces dejamos algo pero creeremos que no es así. Serán nuestros amigos quienes nos hagan conscientes del cambio. Una de las razones para este fenómeno es que, cuando algo es totalmente entregado, desaparece de la conciencia. Ahora, debido a que nunca pensamos en ello, no nos damos cuenta de que se ha ido. Este es un fenómeno común entre las personas que están creciendo en conciencia. No somos conscientes de todo el carbón que hemos paleado; siempre estamos viendo la palada que estamos manejando en estos momentos. No nos damos cuenta de lo mucho que el montón se ha reducido. Muchas veces nuestros amigos y familiares son los primeros en darse cuenta.

Para realizar un seguimiento de los avances, muchas personas mantienen un gráfico de sus ganancias. Esto ayuda a vencer la resistencia que por lo general toma la forma de: “Esto no está funcionando”. Es común que personas que han hecho enormes ganancias digan, “Simplemente no está funcionando”. Tenemos que recordarnos a nosotros mismos a veces como éramos antes de empezar este proceso.

Las resistencias al Dejar Ir

Dejar ir los sentimientos negativos es disolver el ego, el cual resistirá cada paso. Esto puede derivar en escepticismo acerca de la técnica, “olvidando” entregar, el súbito escapismo repentino, o aireando los sentimientos por expresar y representar. La solución es simplemente mantenerse en el dejar ir de los sentimientos que tienes sobre todo el proceso. Deja que la resistencia esté ahí, pero no resistas la resistencia.

Eres libre. No tienes que dejarla. Nadie te está forzando. Mira el miedo tras la resistencia. ¿A qué tienes miedo con respecto a este proceso? ¿Estás dispuesto a dejarlo? Mantente en el dejar ir de todos los miedos a medida que surjan, y la resistencia se resolverá.

No hay que olvidar que estamos abandonando todos los programas que nos han convertido en un esclavo y una víctima durante mucho tiempo. Estos programas nos han cegado a la verdad de nuestra verdadera identidad. El ego está perdiendo terreno e intentará trucos y trampas. Una vez que empecemos a dejar ir, sus días están contados y su poder disminuirá. Uno de sus trucos es mantenerse inconsciente sobre la técnica en sí, por ejemplo, decidir de repente que el mecanismo de la entrega no está funcionando, que las cosas siguen igual, que es confuso, y también que es muy difícil de recordar y hacer. ¡Esto es un signo de progreso real! Esto significa que el ego sabe que tenemos un cuchillo con el que trocearnos libremente y está perdiendo terreno”. El ego no es nuestro amigo. Al igual que el “Control Central” en Tron (1982), quiere mantenernos esclavizados por sus programas.

Camina hacia la luz

El dejar ir es una habilidad natural. No es algo nuevo o extraño. No es una enseñanza esotérica ni la idea de otra persona o un sistema de creencias. Sólo estamos utilizando nuestra propia naturaleza interior para conseguir ser más libres y felices. Cuando dejas ir, no es útil “pensar” sobre la técnica. Es mejor, simplemente, tan sólo hacerlo. Con el tiempo se verá que todos los pensamientos son resistencia. Son todas imágenes que la mente ha hecho para impedirnos experimentar lo que realmente es. Cuando hayamos estado dejando ir un tiempo y hayamos comenzado a experimentar lo que realmente está pasando, nos reiremos de nuestros pensamientos. Los pensamientos son falsos, absurdas creencias construidas que oscurecen la verdad. Perseguir los pensamientos pueden mantenernos ocupados interminablemente. Descubriremos un día que tenemos razón cuando empecemos. Los pensamientos son como peces de colores en un bol; el Ser real es como el agua. El Ser real es el espacio entre los pensamientos, o más exactamente, el campo de la consciencia silente debajo de todos los pensamientos.

Hemos tenido la experiencia de estar totalmente absortos en lo que estábamos haciendo, cuando apenas nos dimos cuenta del paso del tiempo. La mente estaba muy tranquila, y simplemente estábamos haciendo lo que estábamos haciendo sin resistencia o esfuerzo. Nos sentimos felices, tal vez tarareando algo. Haciendo las cosas sin estrés. Estábamos muy relajados, aunque estuviéramos ocupados. De repente nos dimos cuenta de que nunca necesitamos todos esos pensamientos después de todo. Los pensamientos son como la carnada para un pez; y si picamos, nos atrapan. Es mejor no picar en los pensamientos. No los necesitamos.

En nosotros, pero al margen de nuestra consciencia, está la verdad de que “Ya sé todo lo que necesito saber”. Esto sucede automáticamente.

Paradójicamente, la resistencia a la entrega se debe a la eficacia de la técnica. Lo que sucede es que nos mantenemos en el dejar ir aun cuando la vida no vaya demasiado bien y estemos acosados por emociones desagradables. Cuando finalmente entregamos nuestra manera de salir de ellas y todo va bien, entonces abandonamos el dejar ir. Esto es un error porque, por muy bien que nos podamos sentir, por lo general hay más por hacer. Aprovecha los estados elevados y el impulso de dejar ir. Sigue adelante porque será mejor y mejor a cada momento. El dejar ir gana cierto impulso. Es fácil mantenerlo una vez se ha empezado. Cuanto mejor nos sintamos, más fácil es dejar. Ese es un buen momento para descender y dejar algunas cosas (la “basura” suprimida y reprimida) que no habríamos querido abordar si estuviéramos en el vertedero. Siempre hay una sensación de estar menguando y entregado. Cuando nos sentimos bien, las emociones son simplemente sutiles.

A veces te sentirás atrapado por un sentimiento en particular. Basta con entregar la sensación de estar atrapado. Solo déjalo estar ahí y no lo resistas. Si no desaparece, ve si puedes dejar el sentimiento punto por punto y por partes. Otro bloqueo que puede ocurrir es el miedo de que si dejamos el deseo por algo, no lo conseguiremos. A menudo es beneficioso examinar algunas creencias comunes y dejar de creer que son ciertas desde el principio, como: (1) Sólo nos merecemos las cosas por el trabajo duro, la lucha, el sacrificio y el esfuerzo, (2) Sufrir es beneficioso y bueno para nosotros, (3) No conseguimos nada a cambio de nada; (4) Las cosas sencillas no valen mucho. Dejar ir algunas de estas barreras psicológicas hacia la propia técnica, permitirá el disfrutar de su esfuerzo y facilidad.

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Cabellera de estrellas

QUÉ ES EL MIEDO Y CÓMO SUPERARLO: EL GRAN SECRETO

DE LA TRANSFORMACIÓN PERSONAL Y SOCIAL

  Barraseparadora artística

Este artículo es un resumen del capítulo 9 del libro

“Selección de conferencias holísticas”, del Dr. David R. Hawkins,

titulado Preocupación, Miedo y Ansiedad.

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Revisión de la traducción, introducción,

comentarios, notas y conclusión: Óscar García


INTRODUCCIÓN

Dice Silo en “La Mirada Interna”: “Si te hablo con desinterés de aquello que hace libre al ser, merece la pena que intentes comprender”. Nada mejor que esta frase para introducir este artículo cuyo contenido es uno de los máximos regalos que nos ha hecho el Dr. David R. Hawkins, un psiquiatra, científico y descollante personalidad norteamericana, cuya obra resulta fundamental conocer para todo sincero buscador de sí mismo.

El asunto que aquí se trata – el miedo y cómo superarlo -, en la forma y profundidad con que lo desentraña el Dr. Hawkins, nos proporciona los elementos comprensivos y algunas herramientas imprescindibles para salir de la esclavitud y alcanzar nuestra libertad espiritual, así como para construir las bases de una sociedad verdaderamente solidaria y justa.

Por tanto, repetimos: si se nos habla con desinterés de aquello que hace libre al ser humano, vale la pena que intentemos comprender. Así pues, amigo/a: lee, estudia y medita con atención el contenido de este artículo. Compartir es parte de la atmósfera de la comprensión y el camino para transformar este mundo en un verdadero hogar.

Cabecera preocupación miedo y ansiedad

“La salud holística utiliza la frase ‘cuerpo, mente y espíritu’ con frecuencia, por lo que será útil entender más sobre ella. ¿Qué significa realmente? ¿Es sólo una frase o un eslogan? ¿Es el “espíritu” una abstracción metafísica o una sentencia religiosa? ¿Se trata de una fantasía de las personas que no están muy bien conectadas con el mundo real? Definir esta relación una vez más, nos ayudará a acelerar nuestro trabajo a través de una mayor comprensión.”

“Una vez más queremos revisar cómo la experiencia humana se da y buscar en nuestro interior para ver cómo este fenómeno se produce realmente. Al analizar la relación entre el cuerpo, la mente y el espíritu desde la perspectiva de la experiencia, algunas cosas pueden sonar un tanto sorprendentes, como el hecho de que el cuerpo no puede experimentarse a sí mismo…. Todos tendemos a pensar en nosotros como un cuerpo y creer que “yo soy el cuerpo”. Sin embargo esto no es cierto, porque el cuerpo es incapaz de experimentarse a sí mismo. Por ejemplo, mi brazo izquierdo no puede experimentarse como brazo izquierdo. Hay sensaciones provenientes del cuerpo, pero no estoy experimentando el cuerpo…, estoy experimentando las sensaciones del cuerpo pero… ellas no pueden experimentarse a sí mismas. Las sensaciones procedentes del brazo tienen que ser experimentadas en algún lugar que está en la mente.”

“Si hacemos una incisión en el cerebro que borre parte de la mente en funcionamiento, o al menos la forma en que opera en el plano físico, no somos capaces de experimentar el lado opuesto del cuerpo. Esto es muy común después de un derrame cerebral, cuando el paciente es incapaz de experimentar en la mente… la existencia de una parte de su cuerpo. Por lo tanto, el cuerpo no puede ser experimentado sin la sensación y la sensación sólo puede ser experimentada en la mente. Curiosamente, la mente no puede experimentarse a sí misma. Un pensamiento no puede experimentar su propio pensar, un recuerdo no puede experimentar su propia memoria, y una fantasía no puede experimentar su propia fantasiosidad. Lo que pasa por la mente tiene que ser experimentado en realidad en un campo de energía que es mayor que la propia mente, el cual es llamado ‘la conciencia’.”

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“La conciencia le permite a uno ser consciente de lo que sucede en la mente y es el motivo básico para anestesiar. Con la anestesia la conciencia es borrada, lo que resulta en no ser consciente de lo que está pasando en la mente. Sin conciencia, no hay consciencia de la mente o el cuerpo; sin la mente, no hay consciencia de las sensaciones o el cuerpo. En consecuencia nos daremos cuenta, observándonos a lo largo del día, que todas nuestras experiencias se están experimentando de un modo más general, que se realizaron en un campo de experiencia que es casi difuso. Es casi como si estuviera en todas las partes del espacio y éste estuviera en el interior de la propia conciencia.”

“Un interesante experimento es averiguar dónde creemos que realmente experimentamos un pensamiento. La mayoría de la gente piensa que es en su cabeza, pero eso es un pensamiento sobre el pensamiento. Si les pedimos que ahora dejen cualquier creencia acerca de dónde creen que están experimentando un pensamiento y, en su lugar, apunten exactamente donde un pensamiento está siendo experimentado – la verdad básica de donde el fenómeno se está produciendo – aprenden que no hay ningún lugar en particular donde el pensamiento ocurre. Todo lo que pueden decir es que el pensamiento está ocurriendo y que ellos tienen una consciencia del pensamiento, pero no pueden poner su dedo donde ello está siendo posible, en ningún lugar en particular donde esté siendo experimentado, en general, de una forma integral.”

“Es muy necesario para nosotros saber esto, porque algunas de las técnicas que utilizaremos anulan muchos de los sistemas de creencias que están en la base del sufrimiento humano. La conciencia en sí es como una pantalla de cine en la que aquello que está cambiando es experimentado. Si nos fijamos, veremos que toda la experiencia es experiencia de cambio. El movimiento que experimentamos es el ir y venir, el retroceso, la decadencia y el flujo. La razón por la que podemos experimentar lo que cambia, es porque se está experimentando desde un fondo que es inmutable. Es debido a que la pantalla de la película permanece, que podamos ver el movimiento de la película. Por lo tanto, aquello que cambia es lo que es experimentado y es experimentado en la propia conciencia, la cual no tiene una ubicación exacta.”

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Antes de pasar a otras consideraciones referidas al miedo y la ansiedad como consecuencia de cierto nivel y estado de la conciencia, el Dr. Hawkins explica la llamada ‘Función Hipoglucémica’, como factor orgánico desencadenante de muchas emociones negativas:

“Un origen frecuente de la ira y otras emociones negativas es el problema psicológico de la ‘función hipoglucémica’ (bajo azúcar en sangre), que se asocia con una reacción exagerada a la ingesta de azúcar en la dieta. Esto también se denomina “hiperinsulinismo”, que es una reacción exagerada a la glucosa y a la sacarosa. La caída repentina de azúcar en la sangre puede precipitar reacciones emocionales internacionales de ira, rabia, miedo, temblores, pánico, o incluso violencia.”

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“El diagnóstico se puede hacer clínicamente simplemente deteniendo todo el consumo de azúcar y observando la desaparición de los síntomas negativos. Puede ser verificado por una prueba de tolerancia a la glucosa de cinco horas. En una persona normal, los niveles de glucosa al principio aumentan rápidamente y luego poco a poco desaparecen. El patrón de la hipoglucemia, sin embargo, muestra una rápida caída en el nivel de glucosa en sangre y la repentina caída puede entonces precipitar emociones negativas bastante graves, agitación física, debilidad o incluso desmayos. También puede derivar en el ansia por el alcohol o los sedantes. El trastorno es bien conocido en los programas de recuperación como el de Alcohólicos Anónimos…”

“Cuando los posibles pacientes llamaban a mi oficina, les decía que dejaran de ingerir todo el azúcar (y alcohol) hasta que los viera en la consulta. Con los años, el veinticinco por ciento de los pacientes estaban ‘curados’ (asintomáticos) en el momento en que los veía. Debido a la alta prevalencia de este trastorno clínico y sus diversas formas de expresión, vale la pena investigarlo como un elemento que contribuye en todos los trastornos emocionales. Puede incluso ser el detonante de episodios psicóticos, así como de violencia física. Algunas personas sin diagnosticar terminaron en la cárcel o en prisión por asalto y otros delitos de violencia. Es una causa frecuente de conflictos conyugales o de tipo social, fricción familiar y trastornos del comportamiento.”

violencia interior

“El miedo – continúa Hawkins – es un nivel de conciencia a ser abordado donde está, no en su expresión y extensión en el mundo – el miedo a esto, el miedo a aquello – y no tratar de controlarlo en el ámbito de lo particular, sino manejarlo más bien como un nivel de conciencia. Esto se hace tomando consciencia de lo que somos, que es mayor que el miedo, y aprender a dejar de identificarnos con la emoción porque no somos eso. Somos un campo global en el que el miedo está siendo experimentado. Este se convierte en una pequeña cosa que ocurre dentro de un contexto más amplio, en el cual nos volvemos conscientes de nosotros mismos como lo que realmente somos.”

“Uno de los mayores obstáculos para gestionar el dejar ir del miedo, es el miedo al propio miedo. Vamos a describir una técnica que disipa el miedo al miedo. Una vez que ya no tenemos miedo al miedo, el asunto se convierte en muy simple. ¿No es el miedo al miedo el problema? Una persona que tiene miedo al miedo, al igual que la persona que va al dentista, está preocupada por el dolor; ese es el temor inicial. Cuando empezamos a buscar la naturaleza del miedo, podemos ver que el número de miedos es interminable; por lo tanto, las personas se convierten en víctimas y se convencen de que el origen del miedo está fuera de ellos mismos.”

“Si la gente piensa que el origen o la fuente del miedo está fuera de sí mismos, entonces sería muy poco lo que podrían hacer al respecto. De hecho, realmente, nada podrían hacer. En tanto que continúe la creencia de que el origen está fuera de ellos mismos, siempre serán las víctimas del miedo, hasta que comiencen a darse cuenta de que es una condición presente en ellos y que ellos son el origen del miedo que proyectan sobre el mundo. Por supuesto, están seguros de verlo ‘ahí fuera’ porque simplemente lo proyectaron hacia fuera.”

“Cuando nos fijamos en el miedo, vemos lo omnipresente que puede llegar a ser. Si nos damos cuenta de que el miedo es un nivel de conciencia, entonces nos daremos cuenta que a partir de ese nivel de conciencia el miedo puede ser adherido a todo. Tratar de superar los miedos particulares puede tener un cierto valor limitado, pero eso no le cambia a uno como persona temerosa… El temor a un miedo específico puede ser clínicamente útil y de utilidad práctica en la vida, pero no altera lo que uno es. Las condiciones del miedo pueden ser cambiadas para que ya no te sientas como un pequeño ser que no tiene poder y está en camino de ser la víctima del propio miedo.”

espiral

“… .Al abordar el campo de energía del Miedo, empezamos a darnos cuenta de que el tener miedo puede unirse a cualquier cosa y a todo en nuestras vidas… Queremos a nuestra madre y surge el miedo de “¿qué pasaría si la perdiéramos?” Nos encanta nuestro cuerpo hasta que surge el miedo a la muerte o enfermedad. Nos encanta el dinero hasta que surge el miedo a la pérdida o a ser acusados de codiciosos. No importa lo que pensemos sobre algo, el miedo puede ser adherido a ello. Nos gusta nuestro automóvil hasta que surge el miedo a un accidente. Una persona miedosa une el miedo a todo; por lo tanto, todo lo que llega a la mente proviene de un campo de energía temeroso y se colorea de miedo…”

“Si nosotros somos el origen de ese campo de energía, entonces toda nuestra experiencia provendrá del campo del miedo y todo en nuestra vida puede convertirse en miedo. El futuro es terrible: la vejez, el envejecer, lo que va a pasar con el cuerpo, lo que va a pasar con mis finanzas, lo que va a pasar con mis relaciones, qué le va a pasar a mi familia, qué le va a pasar a mi cuenta bancaria, qué le va a pasar a mi país, y qué va a pasar al mundo.”

“Las personas que desarrollan miedo global te hablarán de su miedo a la aniquilación nuclear, o a las guerras intergalácticas, o a los meteoros, o a catastróficos ‘fin de los tiempos’. La expansión del miedo no cambia el hecho de que todavía es sólo miedo. Exaltarlo y hacerlo parecer dramático no cambia el hecho de que es sólo miedo. Los miedos a la guerra intergaláctica o a la destrucción y el fin de la raza humana, no son diferentes al miedo del niño a la oscuridad o el miedo a que un perro pueda mordernos. Experimentalmente, el miedo siempre es la misma emoción.”

“Característico a todos ellos es el campo de energía llamado Miedo. El Miedo a ‘qué’ es en realidad inmaterial. Hemos de aprender a buscar entre los pensamientos y sentimientos. Realmente hemos de buscar por debajo de las sensaciones el campo de energía del cual surge la sensación que se está originando y luego aprender a manejar este campo de energía. Cuando hacemos esto perdemos nuestro miedo al miedo, y en la medida en que esto sucede, empezamos a aprender a manejar el miedo directamente. Es una cosa extremadamente sencilla de manejar una vez que estamos familiarizados con algunas de las técnicas fáciles preferidas.”

“El mundo funciona bastante bien con gente miedosa, ya que las vidas personales también están predominantemente dirigidas por el miedo. Pero una vez que hemos aprendido una manera de evitar ser acorralados por el miedo, empezamos a trascender el mundo, así como a trascender el ser una víctima, ya que el mundo puede amenazarnos sólo por el miedo. Si nos cierran nuestra cuenta bancaria, realizan una auditoría, nos persiguen, nos dejan o nos provocan, el arma sobre nuestras cabezas es siempre la misma: el arma del miedo…, no hay ningún final al número de temores, pero hay un fin al miedo y a ser una víctima del miedo.”

Texto 1a

“Aprenderemos a perder el miedo al miedo, a disfrutar el proceso, a empezar a sentirnos realmente bien con nosotros mismos, cuando nos demos cuenta de que ya no somos la víctima…, que es el efecto de ese miedo omnipresente. El problema no es el miedo en sí, sino el campo de energía del miedo. Podemos empezar a ver que estamos controlándolo, porque nosotros somos el origen del mismo. Comenzamos admitiendo la verdad de que “yo soy el origen del mi miedo”. Sabemos que en un estado de ánimo diferente una cosa temible no es tan temible. Se podría decir acerca de lo que tememos: “tengo miedo de eso”, pero cuando estamos acompañados por otra persona o en un estado de ánimo diferente, con humor y pasando un buen rato riendo, entonces aquello ya no engendra miedo, así que el origen del miedo no está en el mundo.”

“No hay manera de superar el miedo de uno al mundo, porque no hay manera de que el mundo pueda ser controlado para acabar con el miedo de uno, ni puede el miedo ser superado cambiando la sociedad, cambiando la ley o cambiando las reglas. El origen del miedo está en el interior de uno mismo.”

Rambo contra el mundo

“Imagina un gran acontecimiento. Se dan dos aspectos, uno es el acontecimiento en sí mismo y el segundo es cómo nos sentimos al respecto. Tener más policía en el acontecimiento podría hacernos sentir mejor; pero, de hecho, ¿a dónde iba la policía en el momento en que nuestro apartamento estaba siendo robando? Al otro extremo de la ciudad, naturalmente. Por lo tanto, nuestra gestión del miedo realmente depende de nosotros mismos. Surge de nuestra propia voluntad de que nosotros somos el origen de ese miedo, el cual está ocurriendo en el interior de nuestra propia conciencia. Por lo tanto, queremos dirigirla donde verdaderamente está siendo experimentado.”

“La mayoría de la gente experimenta el miedo de alguna manera física, así que lo primero a hacer en la experiencia del miedo es eliminar el prestar ninguna atención al pensamiento. Una sensación de miedo generará, literalmente, millones de pensamientos. No hay fin a los pensamientos de miedo, porque están saliendo del campo de energía del propio miedo, lo que genera una serie interminable de pensamientos. Clínicamente hablando, el control de los pensamientos específicos en sí tiene un valor limitado y el miedo simplemente genera más pensamientos después, por lo que queremos utilizar una técnica que se encargará del propio miedo.”

Texto 4

“… A media que observan lo que está siendo experimentado verán, cuando observan más allá del pensamiento, que eso está siendo experimentando primeramente en el cuerpo. Pueden notar una tensión en los músculos del estómago, una sensación de náuseas en el estómago, temblores en brazos y piernas o sequedad en la boca. Algunas personas tienen cólicos intestinales o dificultad para respirar. Sea lo que sea, ellos observan en su interior para ver lo que realmente se está experimentando. La verdad esencial es lo que está siendo experimentado, no lo que uno está pensando sobre ello, o los conceptos que uno está proyectando sobre la experiencia; no es la etiqueta de ella sino lo que uno está, literalmente, experimentando en el interior.”

“La técnica consiste en dejar de resistir la vivencia de lo que está, literalmente, siendo experimentando. Dejar de resistir la sequedad de la boca. Dejarla ahí y darle la bienvenida. Dejar de resistir la sensación de estómago revuelto y el temblor en los brazos y las piernas. Cuando hacemos esto, estamos dejando de centrarnos en los pensamientos de lo que está siendo experimentado. Nos dejamos llevar totalmente y nos entregamos a esas sensaciones. El dejarse ir es como ser el sauce ante el viento.”

El autor nos recuerda la antigua sabiduría del Taoísmo, la cual enseña que el roble que se resiste al viento, es susceptible a la rotura, mientras que el sauce, que se inclina, sobrevive:

“Al igual que el sauce – comenta – nos inclinamos con la experiencia que nos viene. Dejamos que esté, nos mezclamos con ella y le damos la bienvenida. Le decimos: “Tengamos más de esto”. Al hacerlo descubriremos, para nuestra sorpresa, que hay una cantidad limitada de esa sensación. Es como si la cantidad de miedo que tenemos estuviera limitada. ¿Cómo puede ser esto? Es como si este miedo fuera un compresor que contiene todo el miedo reprimido que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, empezando en nuestra infancia. Está todo el miedo que no hubiéramos experimentado o expresado, o no se le hubiera permitido expresarse… por lo que el miedo se suprime, se reprime y nos esforzamos por sacarlo de la consciencia.”

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“…El miedo llegó y sin darnos cuenta nos encorsetó. El miedo está empujándonos afuera de la consciencia o golpeando los dedos sobre el escritorio. El miedo es tan rápidamente suprimido que no nos damos cuenta ni de que estuvo allí. A medida que pasan los años, hemos acumulado la energía de este miedo. La energía tras él aumenta la presión y cuando llega a cierto punto, es como si la aguja hubiera llegado a una línea roja en el dial y la presión de este miedo ahora empezará a expresarse. Se desborda sobre nuestra experiencia y comienza a colorearla. Si no lo examinamos, pensamos que este miedo está viniendo del mundo y le echamos la culpa al mundo por ello. Creemos que es una experiencia espantosa que está pasando ahí fuera…”

Texto 5

“Entonces nos apropiamos de esta fuente de miedo, que es nuestro propio miedo acumulado. Empezamos a darle la bienvenida y esperamos la oportunidad para que este miedo salga. La liberación básica del miedo es por una gran entrega profunda. Las sensaciones y la experiencia interior del miedo siguen siendo la misma, no importa lo que pensemos o temamos. Si alguien apunta una escopeta a nuestro corazón y dice: ‘Dame todo tu dinero’, ¿qué vamos a experimentar? Vamos a experimentar la boca seca, debilidad en las rodillas, y la vieja y familiar sensación del estómago revuelto. Si un tanque enemigo llega a nuestra casa, llama, gira el cañón y apunta derecho a nuestra cabeza, ¿qué vamos a experimentar? Lo mismo ocurre si alguien pone un ratón sobre nuestra cabeza. Vamos a experimentar una sequedad de boca, náuseas en el estómago, calambres en nuestro intestino y ese sentimiento de debilidad en nuestros músculos.”

“Todos, alguna vez, hemos reaccionado a esas sensaciones. Al experimentar con esta técnica aprenderemos que todo de lo que hemos de ocuparnos es de lo que estamos experimentando en la propia conciencia, se localice en el cuerpo o en otro lugar. Después de la meditación y el trabajo con esta técnica, nos daremos cuenta de que esta experiencia está verdaderamente sucediendo en un difuso por todas partes. El fenómeno de las náuseas, el estómago revuelto y la sequedad de boca, están siendo experimentados en un vago, en un difuso por todas partes. Simplemente permitimos a la experiencia estar presente, sin resistirnos a ella. Desde que nos centramos en esto, el miedo comienza a disminuir porque ya no estamos prestando atención a los pensamientos. Los propios pensamientos están generando más miedo.”

flexibilidad“Si estamos muy ocupados con esta técnica de, simplemente, dejar de lado la resistencia al miedo, estamos ahora concentrados en el campo de energía en sí. Tras este miedo hay una energía y estamos dejando de resistir la liberación progresiva y la descarga de esa energía. Al hacer esto perdemos el miedo al miedo. Ya no es un impresionante terror el que nos despierta en medio de la noche. No es más que una experiencia emocional interior, sensaciones que pueden ser tratadas fácilmente. Podemos preguntarnos: ¿Verdaderamente puedo controlar una boca seca? Por supuesto, puedo.”

“Otra técnica para eliminar las emociones negativas es dejar de lado sus imágenes mentales asociadas que atraen y amplifican las emociones vinculadas. Simplemente niega la imagen y anula la tentación de caer en ella.”

“… Nosotros no conseguimos ir más allá, así que nos convertimos en víctimas de nuestros propios miedos, a menos que nos apropiemos de eso que es su origen. Mientras lo racionalicemos y digamos que el origen del miedo está ‘ahí fuera’, no lo podremos superar. Una vez que comenzamos a reconocer que somos el experimentador, que somos quienes establecemos la manera en la que experimentamos las cosas, entonces nos volveremos dueños de la situación. Nuestra autoestima se ve afectada. Ya no somos alguien víctima o estamos sujetos al miedo. Somos algo más que el miedo. El miedo no es más que una experiencia en la conciencia y ya no tenemos que darle realidad etiquetándola como ‘miedo a algo’, lo cual puede ser un proceso interminable.”

“El miedo se une a todas las cosas del mundo para la gente miedosa. Cambiar el mundo no lo cambiará. Una persona puede estar terriblemente preocupada en una situación muy segura y no temer nada en absoluto en una situación que es hipotéticamente muy peligrosa. Por ejemplo, una persona que está siendo asaltada es una cosa, y luego está el miedo a ser asaltado, que es distinto. El miedo a ser asaltado no es el mismo al de verdaderamente ser asaltado. Es muy posible que ocurran circunstancias muy desafortunadas en la vida y no sentir miedo en absoluto. De hecho, incluso puedes experimentar que eres simplemente testigo del fenómeno.”

El Dr. David R. Hawkins refiere varias experiencias personales donde usando la técnica descrita pudo controlar, disminuir e, incluso, anular completamente el miedo. La primera le permitió superar su acendrado miedo a las alturas y la otra consistió en un encuentro frontal con una serpiente de cascabel en que no cabía la posibilidad de huida o defensa:

“Todos los pensamientos de auto-protección que la conciencia social me había programado, estuvieron presentes. Afortunadamente y por suerte para mí, o yo no estaría hablando de esto ahora, había aprendido esta técnica. Al instante me di cuenta de que mi vida dependía de utilizarla, por lo que automáticamente inicié esta técnica exacta. Automáticamente dejé de querer hacer nada con el miedo, de querer controlar o cambiar nada al respecto. En cambio fui a mi Ser interior y simplemente acepté la experiencia interior al liberarme de cualquier resistencia. Me alegré incluso porque, de alguna manera, cuando realmente experimentamos nuestra conciencia interior, vemos que nuestra supervivencia depende de ésta en todo momento. Vi que mi supervivencia realmente dependía de la excelencia con la que me dejara ir, me entregué a Dios y me liberé, dejando de resistir la experiencia. Mientras lo hacía, los pensamientos de miedo desaparecieron al instante y sentí un profundo estado de paz que se asentaba tanto en la serpiente como en mí.”

Y añade: “Era como si me hubiera convertido en el testigo, no en el testigo limitado a este cuerpo, sino en el testigo de la conciencia, que parecía no tener dimensión. Esta dimensión sin forma fue entonces el experimentador de la presencia de un estado de tranquilidad. Este estado profundo era de tal poder, que prevaleció en la conciencia tanto de la serpiente como de la personalidad de esta persona que les habla acerca de esto. La serpiente me miró con interés, probablemente no había visto a un ser humano en toda su vida y mucho menos a 30 cm de distancia Yo miraba a la serpiente de cascabel con gran curiosidad y pensé en ella como en un hermano. Los dos fuimos introducidos en la unidad de este espacio de nuestro propio ser juntos, en un estado de extrema intimidad. Salido de éste vino una especie de alegría interior y sentí amor por la serpiente, que surgía del campo de donde el miedo había sido eliminado”.

“… De este modo, tanto la serpiente como yo mismo trascendimos el miedo y nos trasladamos a un silencio atemporal. La serpiente estaba como encantada. Nos miramos durante unos minutos y fui reacio a romper el hechizo dejándola. La serpiente serpenteó entonces lejos sin agitar su cascabel.”

“Esto es valioso porque muestra la falsedad de otro de los sistemas de creencias de la mente del que tenemos que aprender a liberarnos, que es la idea de que el miedo es el origen de nuestra seguridad. Nos daremos cuenta de que la mente parece adorar el miedo como si fuera una especie de semidiós. La mente tiene un programa que dice: ‘La razón por la que estoy vivo es gracias a mis miedos. Estoy vivo porque permito al miedo que decida lo que voy a hacer’. Un poco de introspección nos demostrará que este sistema de creencias está operando. Una persona dice: ‘Bien, si no estuviera preocupado por ser pobre en mi vejez, no podría conseguir un seguro. Si no me preocupara el tener un accidente con el coche, no podría conducir de manera segura’. Por lo que la personalidad comienza a atribuir la fuente de su vitalidad, la fuente de su vida, al miedo, el cual es el dios de su vida. Realmente comienzan a adorar el miedo.”

“Podemos ver en el ejemplo anterior, que lo contrario es cierto. Lo que garantiza nuestra supervivencia es la ausencia de miedo y su sustitución por la cautela y el sentido común realista. Hemos logrado sobrevivir a pesar de nuestros miedos, no a causa de ellos. Podemos tomar decisiones basadas en elecciones racionales, sobre nuestro conocimiento y sobre el valor que proviene del estado de ser de lo que realmente somos, sin miedo a entrar en la escena en absoluto. Durante todo el día tomamos decisiones basadas sólo en nuestra propia consciencia de la realidad, sin ningún miedo implicado. El miedo no es necesario. Existe la idea de que el miedo es bueno para nosotros, que es beneficioso y que tiene todo tipo de valores ocultos y misteriosos. La gente mirará atrás y racionalizará cómo el miedo consiguió hacer esto o aquello, y todo lo que puedo decir es: ‘Lástima’. Lástima que no lo hicieran por amor a sí mismos o a sus semejantes. Es una pena que no surgiera del amor a la vida misma del amor a su propia vitalidad y del amor a su cuerpo. ¿Por qué no hacer cosas por nuestro cuerpo, por amor a él, en vez de por miedo a las consecuencias? ¿Por qué no mantenerlo sano y feliz porque lo amamos y valoramos y no porque nos preocupe un ataque al corazón o algo parecido?”

El Dr. Hawkins describe una tercera técnica para descargar el miedo, a la cual llama “el peor de los casos”, y que es el miedo a la muerte que subyace oculto tras una ingente variedad de miedos aparentes:

“Si nos atenemos al miedo y preguntamos: ‘¿Por qué tengo miedo a eso?’, veremos que nos lleva a otro miedo. ¿Por qué tenemos miedo de conducir un coche? Puede ser que tengamos un accidente. ¿Por qué tenemos miedo de un accidente? Porque podemos herirnos. ¿Qué pasa si nos herimos? Entonces podemos sufrir dolor, y así sucesivamente. Encontraremos que todos los miedos, en última instancia, conducen al miedo a la muerte, el miedo a que el cuerpo muera…”

Tumba de arena

“Por ejemplo, digamos que nuestros miedos financieros son que nos quedáramos totalmente sin dinero, sin un lugar donde vivir, sin dinero para comida o ropa, y que terminemos semidesnudos en algún lugar de una esquina fría de la calle sin ningún lugar donde ir y sin ayuda médica. Lo que hacemos es constantemente dejar de resistirnos a esta sensación e imaginar lo peor que nos puede pasar a nosotros, como terminar en el albergue de los pobres o sentado en una esquina de la calle, como un vagabundo o un peregrino. Luego dejamos de imaginar el peor escenario posible, que estamos junto a nuestra mochila, sentados en una fría esquina de la calle a media noche, sin amigos.”

“Nos imaginamos el peor de los miedos que pudiera ser posible y continuamos con la práctica. Si vamos al interior de nosotros mismos y seguimos dejando de resistirnos a la experiencia interior de lo que estamos viniendo, muy pronto el miedo al peor de los escenarios cesará. Si continuamos con esta práctica lo suficiente, con el tiempo finalmente se asienta y controlamos la ‘grandeza’ que es imaginarnos a nosotros mismos en el ataúd… ¿Cuál es el peor escenario que la mayoría de la gente puede visualizar?: la muerte física.”

Texto 6

“Existe la creencia de que somos el cuerpo material, y de que eso es todo lo que hay para nosotros. Tarde o temprano llegamos a ese miedo y cuando lo hacemos, lo acomodamos de la misma forma que nos acomodamos a cualquier otro miedo. Dejamos ir la muerte, que es una etiqueta, un pensamiento y un concepto. No tenemos experiencia de esa verdad, sólo nuestras fantasías, pensamientos y creencias; por lo tanto, tenemos que etiquetarla como una fantasía de nuestra mente. Que la gente realmente lo experimente como lo imagine y deje de resistir esos sentimientos y sensaciones es algo muy sorprendente. Cuando han pasado por el proceso y se han convertido en algo que es mayor que toda la experiencia, se dan cuenta de que han sobrevivido al peor escenario posible.”

Esto explica perfectamente el hecho de que tantas personas que han experimentado casos de “muerte clínica”, hayan salido de aquella vivencia sin tener ya, en adelante, ningún temor a la ominosa parca, recargados con una energía y una determinación singulares para operar cambios substanciales en la dirección de sus vidas.

Ni siquiera el dinero, en el que muchas personas cifran su seguridad, puede anular el miedo ni protegernos de lo que tememos, como bien asevera el Dr. Hawkins:

“No importa cuánto dinero se tenga, ese miedo está presente. La idea de que podemos ganar más y más dinero y amontonarlo en el banco, es inútil… El dinero no nos va a proteger en absoluto, ni poner barricadas, ni seis pestillos en nuestra puerta o contratar a más policías. La única protección es el apropiarnos de que somos el origen de nuestra propia experiencia, que somos dueños de ella, que podemos encauzarla y que somos más grandes que ella.”

“La mente siempre trata de justificar nuestros miedos, por supuesto. Dice: ‘Bueno, hay una gran cantidad de atolondrados; por lo tanto, mi miedo está justificado’. ¿Por qué hay que justificar el miedo? ¿Quién lo necesita? ¿Por qué caminamos a casa eligiendo la forma en que sabemos que no nos atracan? ¿Por qué no nos amamos lo suficiente? ¿Por qué no simplemente salimos a disfrutar de la vida y la valoramos tanto que no queremos correr el riesgo de elegir?”

“La supervivencia no depende del miedo a ser asaltados o atracados. Depende de la pre-elección, que es hecha por una mente que no tiene miedo. Debido al “no miedo”, estoy hoy vivo.”

“No fue la preocupación lo que persuadió a la serpiente de cascabel de morderme cuando estaba realmente a sólo unos centímetros de distancia. Fue por la pérdida del miedo y el dejarlo ir. Es posible estar en situaciones muy graves, peligrosas (como la Segunda Guerra Mundial, etc.) y experimentar solamente alegría, felicidad y confianza en esas circunstancias. He caminado a través de una multitud de asesinos que habrían fácilmente atacado a una persona que tuviera miedo y lo hice con una sonrisa feliz y alegre en sus rostros. Ellos se ‘apartaban’ cuando un tipo como yo caminaba entre ellos mientras sostenían sus intimidatorias armas, cadenas y navajas. Si hubiera ido con miedo, habrían tenido un desafío al que atreverse y me hubieran atacado. La seguridad provenía del dejar ir el miedo. Sin miedo ni bravuconería, no hubo nada que pagar a la emocionalidad.”

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“El ‘dejar ir’ el peor de los casos es muy beneficioso. Al hacer esto, nos damos cuenta de que algo ha sido activado por el miedo en nosotros. Ahora que hemos perdido el miedo al miedo, cuando se presenta sólo caminamos un rato con él. Una vez anduve con miedo dos semanas completas. Con esa sensación de temblores eléctricos que recorrían el cuerpo, seguí con lo mío y seguí dejando que el miedo me recorriera, porque me di cuenta de que podría terminar. Sin embargo, a medida que hacemos eso, podemos darnos cuenta de que hay otra fuente subyacente al miedo original que lo inicia, la culpa.”

Texto 7

“Ahora comenzamos a ver el valor del trabajo que el mundo llama conciencia espiritual o algo similar. Podemos ver los beneficios de técnicas tales como el concentrarse en el valor del perdón. Al perdonarnos a nosotros mismos y a los demás seres humanos y entregar el juicio a Dios, empezamos a encontrar que al dejar ir el condenarnos a nosotros mismos y a los demás, el sentimiento de culpa inconsciente comienza a aliviar el miedo, ya que el miedo se mantuvo en la mente porque inconscientemente esperábamos un retorno de las represalias a nuestros ataques. Esperamos venganza y contraataque. Cada pensamiento negativo y hostil que sostenemos sobre los demás genera nuestros propios miedos, porque en el plano psíquico o mental, que son invisibles al ojo humano, es como si estuviéramos construyendo lo que nos amenaza para volverse contra nosotros. Aprendemos que el miedo comienza a disminuir a medida que dejamos de lado nuestra ira, hostilidad, crítica, y los pensamientos de condena a los demás. Aprendemos el valor de dejar ir los pensamientos que hacen que otras personas se equivoquen. Empezamos a valorarlos y amarlos por su ser, por lo que son. Empezamos a vernos diferentes y, por tanto, empezamos a ver los demás diferentes. Nos volvemos dispuestos a perdonar, olvidar y pasar por alto.”

“Como resultado, empezamos a ver que todas las cosas que condenamos en los demás son en realidad solo expresiones de su humanidad. Lo que hemos estado condenando de nosotros y de los demás es la humanidad, la inocencia del niño pequeño interior que creyó todo lo que oyó mientras crecía. La conciencia del niño es inocente, ¿no? Ama y confía en sus padres. Ama a su madre. Por lo tanto, la inocencia del niño se programa. Es el niño inocente que cree todo lo que le dicen los padres, maestros, y la programación política-social que se produce a través de la televisión y los sistemas de creencias del país.”

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“¿Quién o qué compró todos los sistemas de creencias de nuestra mente? ¿Quién compró lo que creemos? Fue la mente interior inocente, porque en la mente de ese niño inocente, la naturaleza de la conciencia en sí misma, no ha cambiado desde que nacimos. Lo que está leyendo esto ahora mismo, es la conciencia inocente del niño diciendo: ‘Creo esto. Lo considero en mí.’ El niño inocente nunca muere, esa inocencia está todavía presente. Vemos en el mundo de hoy las acciones de los hombres jóvenes ignorantes y susceptibles que están siendo programados para odiar (paradójicamente, por la religión)….”

“Comenzamos a ver esa inocencia intrínseca y nos damos cuenta de que todas las cosas que hemos aprendido y terminaron siendo erróneas, se adoptaron por el estado intrínseco de no conocer la verdad y también de aprender lo que no era verdad. Por lo tanto, estamos dispuestos a dejar de lado nuestras condenas a los demás y a nosotros mismos. Estamos comenzando a apropiarnos de nuestra propia inocencia y la de los demás. Es desafortunado y quizás lamentable, que la desinformación entre en la mente inocente.”

“Podemos ver la mente como el hardware del ordenador y sus sistemas de creencias como el software. ¿Puede el niño de cinco años cuestionar el sistema político que escucha en el jardín de infancia a sus compañeros, padres o abuelos? Podemos ver que es por su ‘no saber interior’. Es a partir de la inocencia de su ‘no saber interior’ que él cree lo que cree. Como resultado, estamos dispuestos a perdonar a los demás, y en lugar de condenarlos, los entendemos.”

“A partir de esta comprensión se desarrolla una cierta compasión. Una persona compasiva no tiene ningún miedo. ¿Qué hay que temer en un mundo compasivo en la medida en que somos el origen de nuestra propia experiencia y compasión cuando somos dueños de nuestro interior? Vemos nuestra propia inocencia y la inocencia de los demás seres y tenemos la experiencia de un mundo compasivo y de amor. Ya no caminamos con miedo porque ya no es lo que creamos en nuestro interior. Vemos que fuimos el origen de nuestros miedos. El mundo nunca fue el origen de nuestro miedo, fuimos nosotros. Al haber dejado de lado la creación y propagación del miedo a través de la culpa interminable, que se produce a través de los juicios interminables que el condicionamiento social nos ha impuesto, la culpa inconsciente disminuye…”

Sol en movimiento

“Cada vez que decidimos dejar de condenar a una persona y en su lugar tratamos de entenderla, nuestro propio almacén de culpa inconsciente disminuye. En el inconsciente está el ojo por ojo y diente por diente. Si deseamos que alguien caiga muerto, ¿qué crees que es equivalente en nuestra mente inconsciente? Que debemos caer muertos. No pensamos que nuestros pensamientos acerca de ‘si tan sólo sucediera esto o aquello podría caer muerto’, tienen algo que ver con nuestros miedos a un ataque al corazón; pero, por supuesto, tienen que ver. A medida que dejamos de desear a otras personas que mueran, encontraremos, curiosamente, que nuestros miedos y obsesiones de que podamos o vayamos a tener un infarto y todas las precauciones dietéticas que lo acompañan, disminuirán. En su lugar, estamos muy tranquilos por eso. Cuando vamos, vamos. Si nos quedamos, nos quedamos. ¡Gran cosa!”

“Lo que valoramos es la vida y ya no nos centramos en el final potencial de esta vida; por lo tanto, entramos en una experiencia diferente al experimentar la vida y quiénes somos. Somos aquel en quien se está experimentando lo que sucede… Nos hemos identificado con lo que somos en realidad y ya no somos más la víctima.”

“La victimización surge del inconsciente. Significa ser inconsciente de esta configuración del juego que ha estado sucediendo en nuestras mentes. Simplemente tomamos consciencia de que ya estamos fuera de él…”

Texto 8

“Cuando el miedo llega, le damos la bienvenida y decimos: ‘¡Genial! ¡Qué oportunidad para dejar ir más de esto!’, porque ahora estamos sintiendo el beneficio de la disminución de los miedos que hemos tenido toda nuestra vida. Pocos llegan a darse cuenta del alcance de los miedos que se mantienen hasta que comienzan a desaparecer y entonces es alucinante. Decimos: ‘Nunca me di cuenta que era un ser humano tan miedoso’ …”

“… La mente es tan poderosa que la forma en que sostiene nuestra experiencia literalmente determina nuestra experiencia. El miedo crea una cierta visión del mundo y tiende a convertirse en una profecía auto-cumplida. Recientes investigaciones universitarias, así como nuestra propia investigación, muestran que lo que uno mantiene en mente tiende a manifestarse en la propia experiencia del mundo. El mundo de nuestra experiencia se convierte en la representación exterior de lo que hemos estado llevando a cabo en la mente, así que nuestra vida es realmente un mundo de espejos. Lo que estamos verdaderamente viendo y experimentando es una proyección de nuestro propio nivel de conciencia…”

CONCLUSIÓN

Entre lo que vivimos objetivamente y lo que registramos subjetivamente, puede haber muchas veces una gran diferencia; es decir, una gran incoherencia. Nuestra esencia espiritual, en cuyo seno está todo nuestro potencial esperando su actualización, tiene su propio sistema de guía para inducir la vía correcta al Ser en la senda de la experimentación en los mundos materiales. En etapas anteriores de la vida, la expresión de esa señal guía serían los instintos, en la fase humana serían primeramente las emociones. Cuando la incoherencia se detecta, la señal es de alarma y toma la forma de emociones negativas. Las emociones positivas serían justo lo contrario: señales de autoafirmación interna.

Así, esa señal original es – o contiene – también una semilla de información. Si la señal de alarma – emociones negativas – no se atiende o no se sabe cómo atenderla porque o bien se la niega o bien se la acalla justificándola, a raíz de un estado de conciencia no adecuado, la mente se ve empujada a formalizarla en un argumentario racional, un imaginario interior y una visión de la vida que se traduce en valores, ideologías y, finalmente – cuando es compartido por muchos – en sistemas sociales que, inevitablemente, portarán en su seno su naturaleza intrínsecamente incoherente (destructiva). Esta íntima condición inestable se hará, tarde o pronto, evidente y terminará por hacer entrar en crisis al sistema que fundamenta. De ahí que las crisis sociales sean el equivalente colectivo de la falta de respuesta constructiva a las emociones negativas en la dimensión personal: una señal de alarma que invita a un profundo cambio.

Pero cuando las emociones negativas son atendidas, cuando es comprendido su mensaje y se sintoniza con el nivel de conciencia preciso, la mente comienza a traducir o formalizar la semilla informacional que incorporan, en valores, ideas y visiones de la vida coherentes… Esto sitúa al ser humano que vive esta situación al borde de un gran cambio personal, y cuando son muchos individuos los que experimentan al unísono un proceso semejante, se está al borde de un gran cambio social. Dicho en otros términos, se está cerca de de un inminente cambio de paradigma.

Las ideas coherentes con las emociones que se sienten, aportan certidumbre, sentido vital, alegría interior, optimismo, reconocimiento de la unidad y, consecuentemente, de la responsabilidad individual.

Una vez aquí, ¿qué resta? ¿Cómo convertir los ideales en realidades prácticas? ¿De qué modos operativos se produciría el cambio personal y el social? Este es un paso crítico y muchos seres y sociedades humanas corren, en este punto, el riesgo de quedar empantanados en la duda sobre cómo hacerlo.

Solo se sale de este impasse tomando REFERENCIAS del EJEMPLO de quienes han andado el camino antes que nosotros: la vida de los maestros y los “grandes despiertos” que ha registrado la historia humana, son ese manantial de inspiradores. Allí se encuentra un tesoro de modelos a los que podemos acudir. Y si tenemos el privilegio de tratar a lo largo de nuestra vida con alguno de estos “grandes despiertos”, es que se nos ha dado una oportunidad inestimable. Y si no es así, aprendamos la alternativa que nos enseña esta fábula:

Hace mucho tiempo un joven guerrero, cansado de la vida que llevaba, se acercó a la cueva donde vivía un eremita reputado de gran sabio. Cuando llegó a su presencia le refirió sus deseos de convertirse en su discípulo para aprender de su sabiduría. Mas el sabio eremita le dijo:

-Aún no estás preparado; antes de que te conviertas en mi discípulo, debes ir por el mundo y acumular la experiencia que te falta. Vete, pues, viaja por todas las tierras, aprende y cuando te sientas capaz, regresa y yo compartiré contigo mi sabiduría.

Y aquel guerrero hizo caso al sabio maestro y se lanzó a viajar por el mundo. Conoció tierras y países que nunca sospechó existieran, gentes de las más diversas razas, amó, luchó, vivió y después de muchos años regresó a la cueva del viejo sabio. Cuando aquel le vio y le reconoció, le dijo:

-Ahora si estás preparado. Siéntate a mi lado y te haré depositario de mi sabiduría.

Pero entonces el viajero le respondió:

-No venerable anciano, ahora no te necesito, pues he comprendido que el camino también puede ser un gran maestro.

Pero aún pudiera quedar un último vestigio de resistencia para que la realidad ideal pase a ser realidad objetiva y para trascenderla se precisa que la necesidad interior supere la inercia del acomodo. Y esto se vincula a la intensidad– cuantificación – de la señal interior, pues para que efectivamente se opere el salto evolutivo, se necesita llegar a cierto umbral.

Las emociones correctamente informadas – formalizadas – se convierten en sentimientos y su centro de irradiación es el corazón – cerebro cardíaco – con su potente y complejo campo magnético. ¿Por qué los grandes maestros y las tradicionales enseñanzas espirituales de las más grandes civilizaciones, siempre se referían al CORAZÓN como el CENTRO que debería guiar nuestra vida? Porque nuestro corazón es la síntesis de nuestro estado evolutivo, una suerte de resultante final entre nuestro cerebro emocional o entérico – situado en nuestros intestinos – y nuestro cerebro racional o encefálico.

En concomitancia al logro de esta coherencia interna, asomará cada vez más fuerte la voz de la intuición, una forma de conocer directa, inmediata, que acalla los inservibles diálogos internos autojustificadores. La voz del espíritu se hace presente y patente.

Desde muchas fuentes de sabiduría espiritual se nos ha enseñado desde siempre, que en el ser humano solo existen dos fuerzas en acción, el amor y el miedo, cuando falta el amor aparece el miedo. Mas el miedo se disfraza bajo innumerables formas y se esconde tras incontables actitudes. Todo se reduciría, pues, a la presencia del amor o a su falta. Pero la falta de amor carece de entidad, no es un principio absoluto opuesto al amor, es su ausencia. Como la oscuridad no es un principio opuesto a la luz, sino su carencia. En definitiva, el miedo, cada miedo, todo miedo, no es y  no son sino expresiones pequeñas, raquíticas a veces, escasas otras, inadecuadas las más, incoherentes – no proporcionadas – siempre, del gran principio del AMOR que es esencia y substrato de toda existencia.

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