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Cabecera iluminación

Por: Dr. David R. Hawkins

Años de luchas y sufrimientos internos, y de un esfuerzo espiritual aparentemente inútil, culminaron con el tiempo en un estado de negra desesperación. Ni siquiera una retirada hacia el ateísmo pudo traer alivio a la incesante búsqueda. Razón e intelecto eran demasiado frágiles para la formidable tarea de hallar la verdad última. Hasta la mente se había encaminado hacia una derrota final, agonizante y aplastante. Hasta la voluntad se había quedado inmóvil. Entonces, una voz interior grito: «Si es que existe un Dios, a Él le pido ayuda».

Después, todo cesó y desapareció en el olvido. La mente y toda sensación de un yo personal desaparecieron. Durante un instante abrumador, todo aquello fue sustituido por una omniabarcante consciencia, una conciencia radiante, completa, total, silenciosa y serena, como la esencia prometida de «Todo lo que es». El exquisito esplendor, la belleza y la paz de la Divinidad brillaron con intensidad. Era algo autónomo, final, intemporal, perfecto, el Yo de lo manifestado y lo no manifestado, la Divinidad Suprema, y así permaneció…

La Presencia

Un profundo silencio lo impregna todo alrededor, y el movimiento se ralentiza y serena. Todo irradia una intensa vitalidad. Todas y cada una de las cosas son conscientes de todas y cada una de las demás. La cualidad luminosa de la radiación es abrumadoramente Divina en su naturaleza. Lo abarca absolutamente todo en su total Unidad, de manera que todas las cosas están interconectadas, en comunicación y armonía, a través de la conciencia y por el hecho de compartir la cualidad básica de la esencia de la misma existencia.

La Presencia es un continuo que ocupa por completo lo que previamente, para la percepción ordinaria, parecía un espacio vacío. Esa Conciencia interior no es diferente del Yo, pues impregna la esencia de todo. La Conciencia es consciente de su propia consciencia y omnipresencia. La existencia y su expresión, tanto en su forma como en su informalidad, es Dios, e impera igualmente en todos los objetos, personas, plantas y animales. Todo se halla unido por la divinidad de la existencia.

Esa Esencia penetrante lo incluye todo sin excepción. Los muebles de la habitación son iguales a las rocas o a las plantas en su importancia o trascendencia. Nada queda fuera de la Totalidad omniabarcante, total, completa, que no carece de nada. Todo es de igual valor, porque el único valor real es la divinidad de la existencia.

Eso que es el Yo es total y completo, y está igualmente presente en todas partes. No existen necesidades, deseos o carencias. Ninguna imperfección ni discordia es posible, y todo objeto parece una obra de arte, una escultura de belleza y armonía perfectas. La Sacralidad de toda la Creación es la reverencia que todas y cada una de las cosas muestran por todas y cada una de las demás. Todo se halla imbuido de un gran esplendor, y todo guarda silencio en su sobrecogimiento y reverencia. La Revelación infunde una serenidad y una Paz infinitas.

Al contemplar el cuerpo, éste se revela igual a todo lo demás: sin pertenecer ni ser poseído por persona alguna, igual a los muebles u otros objetos, y simplemente una parte más de «Todo lo que es». No existe ninguna sensación personal acerca del cuerpo y no hay identificación alguna con él. Se mueve espontáneamente, ejecuta correctamente sus funciones corporales, camina y respira sin esfuerzo. Está autopropulsado y sus acciones vienen determinadas y activadas por la Presencia. El cuerpo es simplemente un «eso», igual a cualquier otra cosa en la habitación.

Si otras personas le interpelan, la voz del cuerpo responde adecuadamente, pero lo que se oye en la conversación resuena en un nivel de significado superior. En cada frase se revela un significado más profundo, más hondo. Toda comunicación se comprende ahora en un nivel más profundo, casi como si hasta la pregunta más sencilla fuera en realidad una pregunta existencial y una declaración acerca de la humanidad en sí. En la superficie, las palabras suenan superficiales, pero en el nivel más profundo tienen penetrantes implicaciones espirituales.

Esas respuestas adecuadas las está dando el cuerpo, al cual todos dan por hecho que es el «yo» al que le están hablando. Esto, en sí, es extraño, porque no hay ningún «yo» real asociado en modo alguno a este cuerpo. El verdadero Yo es invisible y no tiene ubicación. El cuerpo habla y responde a las preguntas simultáneamente en formas paralelas, en dos niveles al mismo tiempo.

Serenada por el Silencio de la Presencia, la mente se encuentra en silencio, sin palabras. No hay imágenes, ni conceptos, ni pensamientos. No hay nadie que los piense. Al no haber nadie presente, no hay quien piense ni quien actúe. Todo sucede por sí mismo, como un aspecto más de la Presencia.

En los estados de consciencia ordinarios, el sonido se impone sobre el fondo del silencio y lo reemplaza. En cambio, en la Presencia, sucede lo contrario. Aunque el sonido es perceptible, se encuentra en el fondo. El Silencio se impone de tal modo que no se ve interrumpido ni desplazado por el sonido. Nada trastorna su serenidad ni interfiere en su paz. Aunque tienen lugar movimientos, estos no son capaces de alterar la inmóvil serenidad que hay más allá del movimiento. Todo parece moverse como a cámara lenta, debido a que el tiempo está ausente. No hay más que un estado constante de Ahora. No hay acontecimientos ni sucesos porque todo comienza y termina, todo empieza y acaba; los acontecimientos solo tienen lugar en la consciencia dualista de un observador. En ausencia de ésta, no hay sucesión de acontecimientos que puedan ser descritos o explicados.

En lugar de un pensar, hay un conocer auto-revelado que imparte un entendimiento completo, que se explica por sí mismo a través de su refulgente esencia. Es como si todo hablara silenciosamente y se presentara en su totalidad en la absoluta belleza de su perfección, manifestando de este modo su gloria y revelando su Divinidad intrínseca.

Ser humano identificado con el Cosmos por Sergio Albiac

La sufusión de la Presencia a través de la totalidad y de la esencia de todo cuanto existe es exquisita en su suavidad, y su tacto es como de algo que se derrite. El Yo interior es su verdadero núcleo. En el mundo ordinario, solo se puede tocar la superficie de las cosas; pero, en la Presencia, la esencia más profunda de cualquier cosa se halla entremezclada con la de todas las demás cosas. Este tacto, que es la Mano de Dios en su tierna suavidad, es al mismo tiempo una expresión y la morada del poder infinito. En su contacto con la esencia interior de todo, uno es consciente de que la Presencia está siendo sentida por todas las demás cosas, objetos o personas.

El poder de su suavidad es ilimitado, y dado que es total y omnipresente, es imposible oposición alguna. Impregna «Todo lo que es», y de su poder surge la propia existencia, que es al mismo tiempo creada y sustentada por el poder. Este poder es una cualidad intrínseca de la Presencia, y su presencia es la esencia de la propia existencia. Está presente en todos los objetos. En ningún lugar hay vacuidad, dado que la Presencia llena tanto el espacio como el interior de los objetos. Cada hoja sabe como está siendo experimentada por todo lo demás y comparte el gozo de la divina Presencia.

Todo se halla en un estado de silencioso regocijo, por cuanto su consciencia es una experiencia de la Divinidad. Una peculiaridad de todo cuanto existe es la de una serena gratitud, siempre presente, por habérsele concedido el don de experimentar la presencia de Dios. Esta gratitud es la forma en la cual se expresa la adoración. Todo lo que es creado y tiene existencia comparte el reflejo de la gloria de Dios.

La apariencia humana ha asumido un aura totalmente nueva. El Yo Uno resplandece en los ojos de todos. Todos los rostros irradian y todos son igualmente hermosos. Lo más difícil de describir es la interacción entre las personas, que se mueve en un nivel diferente de comunicación. Existe un amor obvio entre todos. Sin embargo, sus palabras cambian de tal manera que toda conversación se convierte en algo amoroso y pacífico. El significado de las palabras que se escuchan no es el mismo que el que encuentran los demás al escucharlas. Es como si hubiera dos niveles de consciencia distintos en funcionamiento, apareciendo en el mismo escenario de forma y movimiento; dos guiones diferentes se están pronunciando a través de las mismas palabras.

Los yoes superiores de las personas implicadas transforman, en un plano diferente, los significados de las palabras en sí mismas, y la comunicación de comprensión se encuentra en un plano superior. Al mismo tiempo, es evidente que los yoes inferiores de las personas no son conscientes de la comunicación que, simultáneamente, está teniendo lugar entre sus yoes superiores. Las personas están como hipnotizadas al creer en la realidad de sus yoes ordinarios, que no son más que una exteriorización inadvertida e inconsciente de escenarios o papeles, como en una película.

Al ignorar a los yoes inferiores, los yoes superiores se comunican entre sí directamente, y los yoes ordinarios de las personas parecen no ser conscientes de ese nivel superior de conversación que está teniendo lugar. Al mismo tiempo, las personas sienten intuitivamente que algo diferente a lo habitual está sucediendo. La presencia consciente del Yo crea un campo de energía que resulta sumamente agradable a las personas. Este campo de energía lleva a cabo lo milagroso y trae armonía a los acontecimientos, junto con cierta sensación de paz a todos los que lo experimentan.

Las personas que vienen, tras recorrer muchos kilómetros en busca de respuestas a sus preguntas, descubren de repente, en presencia de esa aura, las respuestas que buscan, que les llegan a través de una comprensión interna que hace irrelevantes las preguntas originales. Esto sucede porque la Presencia recontextualiza la ilusión de un «problema», haciendo así que desaparezca.

El cuerpo proseguía con sus operaciones y reflejaba las intenciones transmitidas a través de la consciencia. La continuidad del cuerpo no revestía gran interés, y era evidente que el cuerpo realmente no es más que una propiedad del universo. Los cuerpos y los objetos del mundo reflejan variaciones interminables y no muestran imperfección alguna. Nada es mejor ni peor que ninguna otra cosa, ni es de un valor o una importancia diferente. La cualidad de la perfecta identidad propia define el valor intrínseco de todo cuanto existe como expresiones iguales de divinidad innata. En la Realidad no existen las relaciones, en la medida en que la «relación» es un concepto de observación mental dualista. Todo «Es» meramente, y exhibe la esencia de la existencia.

De forma similar, sin la interposición de un observador activo, con su innata categorización de pensamientos, no puede haber cambios ni movimientos que explicar. Cada «cosa» evoluciona simplemente como una expresión de su esencia divina. De ahí que la evolución tenga lugar como una manifestación de la consciencia, y tome expresión desde niveles abstractos superiores de energía hasta formas inferiores más concretas y, por último, materialidad física. Así, la creación se manifiesta desde una informalidad abstracta, a través de formas progresivas, hasta un patrón de energía final, que da lugar a la materialidad concreta. El poder para manifestarse es la expresión de la divina omnipotencia como creación continua.

La Creación es el Presente y el Ahora. Este Ahora es continuo, de modo que no son posibles principios ni finales. La visibilidad, o la materialidad en sí, no son más que fenómenos sensoriales y no una condición necesaria para la existencia, la cual, en sí misma, carece de forma y, sin embargo, es intrínseca a toda forma.

Dado que todo está siempre en proceso de creación, todo es una expresión de la Divinidad, o de lo contrario no tendría la capacidad de existir en modo alguno. El darse cuenta de que todo lo que existe refleja a la Divinidad de la Creación, es el motivo por el cual merece respeto y reverencia. Y esto justifica la reverencia ante el espíritu que hay dentro de todos los seres vivos y de la naturaleza, que es característica de muchas culturas.

Todos los seres que sienten son iguales. Solo la manifestación material está sujeta al cese; la esencia no se ve afectada y conserva la potencialidad de reaparecer en forma material. La esencia solo se ve afectada por las propias fuerzas de la evolución. La aparición de la forma material a partir de la esencia viene determinada por la presencia de lo que ya está en forma. El contenido de la manifestación material puede facilitar la manifestación de la esencia como forma, o puede no serle favorable, dependiendo de las circunstancias. Se podría decir que la creación satisface sus propias instrucciones o tendencias internas, divinas. Tradicionalmente, se le ha dado en llamar destino, que es el despliegue de la potencialidad y el reflejo de las circunstancias preexistentes (las clásicas «gunas» sanscritas de rajas, satva y tamas, o acción, conciencia y resistencia). Así, el hombre puede influir en las circunstancias con el fin de potenciar la manifestación de las eventualidades deseadas. Mediante su capacidad de decisión, la consciencia humana puede influir en los resultados, pero el poder de la creación es competencia de Dios.

La naturaleza de la creación, que esta más allá del tiempo, del espacio y de la causalidad, se revela por sí misma y se presenta a la consciencia de la Conciencia como un don de la Presencia. Todas las cosas son intrínsecamente sagradas en la divinidad de su creación. Cuando el sentido crítico y la discriminación de la percepción dualista se dejan a un lado, se revela la perfección y la belleza absoluta de todo.

hombre futuro

El arte intenta abstraer esta conciencia cuando toma un instante en el tiempo y lo congela en la escultura o la fotografía. Cada fotograma representa la perfección, que solo se puede apreciar cuando se aísla una visión única de la distorsión de la historia superpuesta. El drama de cada instante de la existencia se presta a ser preservado cuando el arte lo salva de la extinción de la transformación de la forma material que llamamos historia. La inocencia intrínseca de cualquier instante dado, se manifiesta cuando se saca a ese instante del contexto proyectado sobre una secuencia de instantes seleccionados que, posteriormente, se convierten en una «historia». En el momento que la mente dualista los convierte en una historia, se les aplican los términos de «bueno» o «malo». Si quitamos el enjuiciamiento humano de la observación, todo lo que se puede ver es que la forma está en constante evolución, en constante «cambio», que no es intrínsecamente deseable o indeseable.

Todo manifiesta su potencialidad inherente en la medida en que está determinado por su esencia y por las circunstancias imperantes. El esplendor de todas las cosas se halla en su mera existencia, en el hecho de manifestar la gloria de la creación de Dios como existencia en sí. Por virtud del mero «ser», todas y cada una de las cosas que sienten y que no sienten en su existencia cumplen con la voluntad de Dios. Es debido a la intención divina que lo no manifiesto se hace manifiesto; y la creación es el proceso que nosotros presenciamos.

Debido a que la naturaleza de la creación no es evidente para la consciencia ordinaria, la mente manufactura enigmas sin respuesta, por ejemplo, ¿cómo puede un Dios «bueno» permitir tanto «mal»? Más allá de la percepción dualista y de las categorías arbitrarlas de la manifestación, no hay nada bueno ni malo que explicar, y se puede ver que el universo es, en sí mismo, inofensivo. La mente humana construye sus escenarios de objetivos y deseos, y los acontecimientos pueden coincidir con ellos o no. Tanto la tragedia como la victoria tienen lugar solo dentro de las limitaciones de la mente dualista y son independientes de la realidad. Todo lo que hay en este mundo parece surgir y luego disolverse dentro de las limitaciones de la percepción. Pero, en la medida en que la Realidad está más allá del tiempo, el espacio y la forma, es irrelevante si una «cosa» o una «persona» existen durante una décima de segundo o durante miles de años. Así, el empeño por vivir unos cuantos años más o incluso unos pocos instantes más, se antoja una ilusión vacía, porque la existencia no se experimenta en modo alguno dentro del tiempo. Este instante es la única realidad que se está experimentando; todo lo demás es una abstracción y una construcción mental. Por lo tanto, uno no vive en absoluto setenta años; solo este mismo instante fugaz es posible.

En la realidad de la no dualidad, todo está completo, y el deseo se sustituye por la gratitud. A medida que la vida evoluciona, todo ser vivo es la expresión total de su potencialidad en cualquier momento dado. La motivación desaparece como tal, y la acción tiene lugar como una fase en el proceso de actualización de la potencialidad. Por tanto, no hay actor detrás de la acción. Lo que hay es una sensación de totalidad y de completa satisfacción en cada instante. El disfrute de las necesidades físicas es el producto de la propia acción. El apetito de comer, por ejemplo, surge del acto de comer, sin deseo previo alguno por el siguiente bocado; si se deja de comer debido a una interrupción, no existe sentimiento de pérdida. La alegría de vivir tiene su origen en la propia existencia en cualquier momento dado, y la conciencia de totalidad continua es un aspecto de la alegría de la existencia.

La totalidad de la Unidad del Todo no se puede «experimentar». Más Bien, se conoce por virtud de serlo. El «yo» del Yo es el Ojo de Dios presenciando el despliegue de la Creación como un Ahora. La secuencia es una ilusión creada por la percepción del «yo» del ego, que es el punto de observación del proceso que va de lo no local a lo local, de lo no lineal a lo lineal, de la Totalidad al «esto». La percepción es el ojo del ego que, en la medida en que traduce el inaprensible Infinito en un finito experimentable, genera la percepción del tiempo, el espacio, la duración, la dimensión, la posición, la forma, la limitación y la singularidad.

♣ ♣ ♣ ♣ ♣ ♣

FUENTE: Prólogo del capítulo 1 del libro “El Ojo del Yo”, del Dr. David R. Hawkins.

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cuerpo luminoso

MANUAL DEL HOMBRE NUEVO

♣ ♣ ♣

 Todos, con mayor o menor dificultad,

pueden entender,

pero no todos lo desean.

Por tanto, vayan estas palabras

para los que quieren entender.

♣ ♣ ♣

INTRODUCCIÓN

Estas páginas no tienen autor, ya que pertenecen a todos aquellos que consiguieron por su constancia lograr una unidad con el PENSAMIENTO. Su esencia ha sido extraída del ámbito mental de la nueva humanidad, de aquella energía que se irá canalizando en cada uno: en el hombre nuevo.

Estas palabras fueron escritas en momentos de iluminación que llegaron en todos los casos, simultáneamente con estados de laxitud y atención (serena vigilancia). Conveniente es que sean leídas párrafo por párrafo, y nunca más de un número por vez. Al acostarse o al levantarse, o en ambas ocasiones. Debe recordarse que las palabras no son importantes en sí mismas. Por eso “los que desean entender” pasarán por entre ellas, y así descubrirán la luz que ellas ocultan en su afán por descubrirla, ya que no es lo mismo hablar del sol que ver el sol.

Resulta más importante llevar a la acción un solo párrafo o número, que leer cien veces el texto.

Es esencial pensar que el texto nos habla a nosotros mismos y que cada cosa que nos dice está relacionada con los acontecimientos de este mismo día, por más importantes o triviales que los pudiéramos considerar.

Los comentarios entre dos o más personas, podrían ayudar a comprender y dilucidar dudas, pero la puesta en práctica del manual es una tarea y una responsabilidad personal e individual, en este mismo lugar y en cada momento.

 1. Ser, estar y hacer.

Aprender lo que es el ocio silencioso. Saber qué es lo que realmente te agrada.

No desear ser héroe. Simplificar las ideas, aproximarte a la luz.

Estar sereno para comprender y aceptar a los demás como son.

Ser totalmente libre. Fuerte para estar atento. Sobrio para ser fuerte.

Incansable en el tranquilo intento de ver. Valiente para aceptar el ineludible dolor de la existencia. Implacable en destruir el deseo de dejarte engañar.

Existe para ti un trozo de cielo en la tierra: Aquí y ahora .

2. Decir.

Te pueden haber hablado con intención sincera, pero todo lo que te han enseñado es absolutamente mentira. Mentiras que sobrevinieron por repetición de boca oreja entre los humanos a lo largo de milenios.

Salta por sobre todo eso, sin tocarlo y sin mencionarlo. Vuela por sobre eso con los ojos puestos a tu alrededor y dentro de ti, sin mirar hacia abajo.

Hazlo tú. Dilo tú. Piénsalo tú. No creas a los que te digan que no eres capaz o que es una locura. Sigue sin dudas a tu corazón y él te dirá donde está tu verdad. Empieza de nuevo. No consientas con la pausa más pequeña en este sendero hacia el Caminar.

3. Fortaleza y esperanza.

La fortaleza del hombre es su energía psicofísica que le permite la atención de cada instante (que no es análisis) a la vida interior y exterior.

La debilidad del hombre es la persecución de distracciones, excitaciones y estímulos cada vez más numerosos. Es una pausa y un atraso indeseable en su Andar.

La esperanza del hombre nuevo está en liberarse de las adquisiciones, el consumismo, la experiencia del hombre viejo y de las guerras del hombre viejo (sean conflictos mundiales, nacionales, familiares, o los propios íntimos de cada día).

La única opción auténtica para el hombre nuevo radica en recomenzar todo y Atreverse, aún sin esperanzas

 4. Palabras.

Basta de argumentos. Basta de discusiones intelectuales. Basta de conversaciones estereotipadas y banales. Es necesario estar muy atento para no llegar ni a mencionar siquiera lo viejo, para no enredarse en lo viejo ni siquiera con la palabra.

Palabra pausada, con ritmo humano, no con el ritmo frenético de las máquinas que te rodean. Palabra amable, sin agredir a nadie porque aceptas a todos tal cual son, que es la mejor manera de permitirles que cambien, ya que nada más puedes hacer por ellos. Y tampoco nada menos. Aceptarlos.

El cambio es personal y asunto de cada uno. El cambio no te separa de nadie. Te une a todos.

Si aceptas a tu amigo, esposa, marido o hijo tal cual es, le permites ser sincero, ser él mismo (o ella). Y nadie puede transformarse si no sabe primero quién y cómo es. El esfuerzo de verdadero valor social no radica en hacerse escuchar, sino en saber permanecer a pesar de uno mismo dentro del silencio creador.

5. Energía.

Poco alimento. Alimento menos elaborado y más natural.

Mucha serenidad.

Toda la alegría que te surja sin buscarla.

No pienses sino en aquello que te ocurre en este momento, que haces en este momento, que te dicen en este momento.

Ejercítate incansablemente en el muy difícil arte del silencio amable. Así reunirás la energía inmensa que necesitas para darte cuenta completamente de lo que ocurre.

A cada instante vive aquí y ahora.

6. La transmutación.

En la crisis total, regida por la completa confusión, cada verdad ha sido transmutada para servir a los astutos. Ese astuto es el hombre viejo . El que sabe gratificar sus deseos, cualesquiera que sean éstos.

El hombre nuevo es inteligente. El hombre nuevo comprende. El mundo nuevo es el de la comprensión y en él no hay lugar para la vieja astucia que decae y muere, porque la astucia es tangencial a la realidad. En el mundo nuevo, no se transmutan las realidades. La realidad se enfrenta y se comprende, por encima del dolor y del placer, por encima de los deseos individuales o colectivos, pequeños o grandes.

El hombre nuevo comprende cada verdad, porque sólo la inteligencia sincera penetra la médula de la verdad. Menosprecia con alegre tranquilidad las interrupciones de su camino. El hombre nuevo necesita aprender a estar sólo y triste en el centro de la realidad. El hombre nuevo necesita aprender a estar solo y alegre en el silencio sin pausa de la realidad. Y desde esa soledad, que no es tal, se intuye la comunión consigo mismo, con los otros hombres y con todo.

7. Trabajo y recreación.

Cuando hayas hecho de la Religión, la Política, el Trabajo, la Técnica, la Ciencia, la Sicología, la Economía, la Recreación y la Amistad, una sola y misma cosa, habrás dado el paso más decisivo para terminar con la confusión y el conflicto creciente en nuestro planeta.

Mirar realmente la gloria diurna o nocturna del cielo, o la belleza de una cara, o hacer simplemente cualquier cosa, muriendo en ese instante a toda otra cosa que seas o hayas sido, que haces o hayas hecho, es dar crepitante lumbre a cada instante de tu vida.

El trabajo realizado con gozo, como una constante recreación, será un trabajo ineludiblemente bien realizado y esa es la más pura y honesta política, la mejor higiene mental, porque pertenece a cada momento y a la eternidad misma. Mirar, trabajar, escuchar, caminar, vivir de esa manera a cada momento y no consentir bajo ningún punto de vista en vivir de otra manera, es la mejor contribución a la economía del planeta, a la salud mental y física, a la armonía del mundo que es reflejo último de nuestra propia armonía. Sé inflexible contigo mismo para no impedirte vivir de esa manera flexible, floja, abierta y vivaz.

¿Por qué esperas salir del trabajo para recrearte o actuar en política, cuando ambas, recreación y política están en el mismo instante en el que se trabaja plenamente? Si tu trabajo no puede ser así, recreativo y total, significa que debes cambiarlo.

Si tus relaciones no son místicas, recreativas (lo que no significa divertidas), saludables, armónicas, amistosas, es fundamental poner tu esencia frente al espejo, porque te falta misticismo, recreación, salud, amor y armonía, porque estás confuso y en conflicto

Diversión no es más que un intento de escapar transitoriamente de una realidad que de alguna manera no nos gusta del todo.

Recreación es enfrentar la realidad a cada momento de una manera total y coherente, es crear continuamente y, por ende, el gusto y el disgusto no tienen cabida. Lo que haces o eres no puede gustarte o disgustarte ya que se está quemando a cada momento en el fuego de una vida única y completa. Una vida recreativa.

8. Ayuda.

Cuando te sientas impulsado a ayudar, detente. Es muy probable que tu intento surja de un oscuro sentimiento de superioridad: Tú, superior, eres el que da; el otro, sutilmente menospreciado, recibe.

En esa ayuda deliberada, existe un espacio inmenso entre tú y aquel a quien ayudas, pero cuando te sientes en comunión con todos y hay amor, surge una ayuda que no has buscado, que no tiene objeto y a la que ni se te ocurrirá poner el nombre de “ayuda”. Cuando ese espacio inmenso desaparece, como ocurre entre verdaderos amigos, surge la ayuda sin nombre, que no se busca, no se pide, ni se otorga, la ayuda sin espacio y sin pausa y que no tiene ni siquiera el retorno de una satisfacción momentánea.

9. Para los temas.

Los astros, los seres humanos, los alimentos, las radiaciones, las ideas, el reloj, el dinero, mil cosas te influyen; es decir, te alegran o te entristecen, te exaltan o te deprimen, te dan vida y salud o enfermedad y muerte.

Pero hay un estado del ser en que eres libre de todo eso: cuando te independizas del pasado y del futuro, cuando aunque existan no te afectan los planes y los recuerdos. Un estado en que el tiempo no existe: cuando pegamos, llenos de vida, el salto súbito y atemporal a la eternidad.

Entonces te haces libre del cosmos, de los hombres, de las mujeres, de las ideas y de las cosas. Entonces eres Uno con todo eso, y ese vacío se llena sin pausa, del gozo de una profunda y vibrante independencia total.

10. Activarse.

Únete sin perder tu propio ser. Acepta a los demás totalmente, sin buscar causas. Sorprende a los que te rodean con ternuras imprevistas.

Mira el reloj, pero con la mente liberada del tiempo. Entra en tu casa sin preocuparte porque sea tuya. Sonríe.

No seas un gran estómago, centro de todo y dispuesto siempre a recibir elogios, fama, ganancias, alegría e incluso amor, pasivamente. Actívate.

Tú puedes hacerlo solo. Eres absolutamente capaz. Eres fuerte, no aplastes tu potencia latente con el abandono engolosinado de esta civilización que nos destruye sutilmente y nos distrae groseramente, con el diario, la TV, la radio, el trabajo febril y displacentero, las modas (lo último y más nuevo) los alimentos de gran variedad y cantidad, pero escasa calidad, igual que la literatura.

Tu puedes prescindir de estas falsas necesidades, eres capaz. No permitas que aplasten esa luz, que no elige, no analiza, no interpreta y no acumula, que está dentro de ti, continuamente, sin pausas.

11. Tinieblas y distracción.

Las tinieblas que laten dentro de ti, son viejas y profundas. Te acompañan desde siempre y crecen contigo desde tu nacimiento.

Las tinieblas que te rodean, aunque muchas veces te parezcan ser la luz, junto con las que persisten en tu interior, están en continua expansión para invadir y ocultar la luz que arde en la esencia de tu ser. Es por eso que un minuto de desatención equivale a mucho tiempo de oscuridad. No te distraigas.

Vigila continuamente, a cada instante. Observa tranquilamente cada voz, cada sonido, cada silencio. Todo aquello que te rodea a cada momento. Verás tu mismo y únicamente tú, como todo pasa a formar parte de tu luz interna, esencial y permanente.

12. Bienestar y maestros.

Lo más importante es que te sientas bien en lo íntimo de tu ser.

Necesitas atención floja y espontánea, tranquila y continua vigilancia para identificar las cosas que verdaderamente se oponen a tu real y profundo bienestar, que es una de las bases más firmes del bienestar de todos los que te rodean. Si no abandonas esa contemplación continuada, no podrás equivocarte. No necesitas quien te lo haga ver. No precisas de maestros ni consejeros. No esperes que tu fuerza llegue desde el exterior, tu puedes hacerlo, eres absolutamente capaz, no creas a quien te diga que eres débil o loco.

No dudes. Las dudas producen atraso. Pega el salto ya mismo.

Deshace tu corazón, tus manos y tu cerebro para poder reconstruirlos a tu propia manera. No argumentes, comienza a vivir de una vez por todas tu propia vida. Los gatos, los millonarios, el trabajo agradable, el ocio silencioso, el viento, los mendigos, tus amigos, la luna, las sonrisas, entre otras muchas cosas, serán tus maestros. Tú mismo lo verás.

Si abres tus ojos, tu mente y tu corazón, no necesitarás interrumpir tu despertar.

13. Interpretación intelectual.

Estas palabras, como cualquier cosa que exista, pueden tener un inmenso significado para quien realmente ha abierto los ojos, y está bien despierto en su mente y en su corazón. Estas mismas palabras, elegidas, memorizadas, o interpretadas meramente con el intelecto, carecen de todo valor. No analices estos párrafos. Intenta comprender súbitamente su esencia última. Aún el que no lee estas palabras, pero ha abierto el torrente inacabable y profundo de su vigilancia laxa, es capaz de comprender.

Pero, si estas palabras te sirven para que se desvista tu luz, bienvenidas sean.

Serenamente, con una suave sonrisa interior contempla todo; verás cuál es el lugar que ocupas dentro de ese gran conjunto, y surgirá tu acción esencial, verdadera, que no podrá ser una actitud vulgar, fugaz y superficial.

14. Ya mismo.

Deseas comenzar de nuevo toda tu vida. Pues no esperes más. Eres tan capaz como cualquier otro ser humano.

Disminuye tu ración de alimentos a la mitad. Es suficiente. Que tu alimento sea natural. Camina el doble. Haz algo con tus manos. Destruye todo lo que tu cerebro está produciendo, y reconstrúyelo totalmente nuevo.

Habla lo menos posible, sobre todo de ti mismo y de la vida privada de las demás personas. No te entrometas en la vida de los que te rodean. Vive tu propia vida y deja que cada cual vida la suya propia. No eres dueño de nadie y nadie es tu dueño.

El amor no nos da derechos ni deberes.

Escucha a todos, pero no sólo con los oídos, sino también con tus sentimientos, si no has permitido que esta torpe civilización te los haya destruido por completo (tanto los oídos como los sentimientos).

A solas mira frecuentemente al horizonte, así no olvidarás que aún el cielo se puede unir con la tierra. No pretendas ver nada, mira atenta y espontáneamente todo aquello que vaya surgiendo en cada uno de tus momentos. No busques escuchar nada, solo escucha con tranquilidad, sin formar parte de la confusión, el chisme, el ruido y la trivial frivolidad que te rodea. El silencio también puede curarte.

Piensa si todo lo que posees es realmente necesario para tu supervivencia. Piensa por qué no eres capaz de gozar con la simple satisfacción de tus necesidades. Piensa alguna vez, muy seriamente, si algo de lo que haces (o la manera en que lo haces), está destruyendo tu serenidad y tu alegría.

Recuerda que tu tranquilidad y tu capacidad de gozar son muy importantes para el bienestar de los que te rodean.

Acepta a todos tal cual son, no pretendas cambiar a nadie, pero no temas ser diferente a ellos. No busques causas para alegrarte de estar vivo.

Todo se puede comenzar de nuevo.

¿Adónde? ¿Y dónde sino dentro de ti mismo?.

Adelante. Puedes hacerlo. ¡Puedes hacerlo! No argumentes. Dentro del próximo minuto puedes llegar a convertirte en Ser Humano.

Vamos ¡ salta ! ….. ¡Salta ya mismo!

15. Confusión y consejos.

Escuchaste, seguramente, muchas veces consejos iguales o parecidos a este: “Fíjate como los monstruos se aplastan mutuamente la cabeza. ¡Cómo se devoran unos a otros! Nunca seas como los monstruos, y cuando veas uno de ellos, aplástale la cabeza y devóralo”.

La confusión es polimorfa. Puede tomar el aspecto de cualquier cosa. Solamente tu luz interior, desenmascarada sólo por ti mismo en un momento de coraje, puede identificar la sutileza de la confusión y sus múltiples apariencias.

Ya demasiado se ha dicho para enriquecer la confusión. Sólo queda recurrir implacablemente al silencio.

Sólo es capaz de amar un hombre independiente. Por eso para amar a tu familia, independízate de ella. Y para amar a tu cónyuge, también debes darte tu independencia.

Sólo un hombre libre es capaz de Saber. Pero para saber tienes que librarte de cualquier cerco, doctrina o institución. Los confusos llaman “fanatismo”, “locura” y de muchas otras formas a la acción (o inacción) esencial, y al pensamiento (o la falta de intelectualización) que es la esencia de la vida sana, alegre y verdadera.

16. Por ninguna causa.

La vida es algo así como un milagro. Cada segundo de tu vida es una maravilla casi increíble, y ese mismo segundo está alimentado por esa luz tuya, sea que la veas o no, y no otro segundo: este mismo instante.

Vívelo, no lo mates con sonidos ni palabras. No lo oscurezcas ni siquiera con luz. No dejes, por ninguna causa, la oportunidad de vivir este instante plenamente.

Ilumínate. Renace. Eres absolutamente capaz de hacerlo. Aquí mismo. ¡Ya! No dejes ni un solo segundo vacío tu camino hacia la Luz.

17. Semejanzas.

El hombre viejo tiene las mismas capacidades que tú. La misma energía potencial, casi la misma arquitectura básica, pero él aplastó todo eso en cada segundo de su vida, con las distracciones de la realidad, con la falta de atención, aceptando sin dudas las reglas y la moral imperantes, perpetuando un pasado absurdo, limitando el espacio, limitando el tiempo, limitándose.

No sofoques eso que está dentro de ti. Permite que crezca. Muere ya mismo, en vida, y vuelve a nacer en el próximo instante. Y en cada segundo de tu nueva vida, dale vida a toda tu potencia. Ilumínate. Expande tu esencia.

18. Culpas y complicidad.

No te sientas culpable. Empieza todo de nuevo, como en un nacimiento.

Escucha con atención al hombre viejo. Comprende lo que te dice. Con la nueva mente tuya, despierta y serena, podrás morir del todo a lo que te diga y no ser cómplice de lo que él haga.

No busques excusas y causas para justificarte.

No te detengas con intelectuales conversaciones y astutos argumentos, mientras tus acciones siguen siendo viejas. Quien ya tiene conciencia de su conciencia como tú, no tiene otro remedio que dar el pequeño gran salto y convertirse en el Ser Total.

Ya mismo, completamente nuevo. Por encima del dolor, y sin respetar tu dolor, que con dolor se muere y con dolor se nace.

19. Hombre viejo.

El hombre viejo tiene cualquier sexo y edad. Ha encajonado el tiempo y ha dividido la tierra y el mundo. Tiene reglas fijas, moral aceptada aunque solo en apariencia la respete, pertenece a alguna iglesia o a algo que la sustituya, aunque ignore lo que es la religión y la religiosidad. Tiene partido político definido, seguro de vida, un trabajo que lo aburre, opiniones, bienes, cuenta bancaria y tarjeta de crédito, y deseando asegurar su vida, vive semimuerto; aprende a matar y a morir, tiene los enemigos que alguien le señala, y va a la guerra cuando se lo indican, pero no sabe lo que es la vida, pues rara vez le han hablado seriamente de ella.

Prefiere medallas de honor y honras póstumas de hijos héroes y no hijos vivos, en cualquier condición que sea. Huye del silencio o la quietud, porque en ellos se puede encontrar con su verdadero rostro y verse tal cual es, lo que lo asusta.

Pero le teme más a la posibilidad de cambiar totalmente de un momento para otro.

Da solamente si recibe algo en trueque.

Sonríe si con eso se asegura alguna cosa futura. Sólo se ama a sí mismo y finge amar cuando lo aman. Se entretiene consumiendo: nuevos vestidos, la televisión masificada, los diarios, las conversaciones sin sentido, la hoy llamada “acción política”, el cine, la opinión de los vecinos y el psicoanálisis cuando puede pagarlo.

Va postergando.

Cree estar cómodo aunque esté insatisfecho secretamente y sea terriblemente desdichado.

20. Tú mismo.

Sal a caminar, contempla los ojos de todos aquellos que comparten tu mismo destino de vivir y de morir.

Si no cejas en tu atención laxa sin prisa y sin pausa, podrás identificar hasta en una bella jovencita al hombre viejo en descomposición.

Acéptalos y sigue tu camino. No eres héroe ni deseas serlo, basta de ellos, y no pretendes cambiar a nadie ni entrometerte. Pero en ti y a partir de ti se gesta la regeneración de la especie humana. Es suficiente aceptar el salto.

Súbitamente dejar de ser, y nuevamente ser el mismo, con el mismo nombre, pero ser nuevo: Tú Mismo.

21. Despertar.

Despierta. Estás adormecido por las distracciones cotidianas o semanales. Por las palabras vanas. Por el ruido.

Con tu cerebro iluminado comprenderás en un solo momento hacia dónde marcha el hombre viejo.

Con esa misma luz verás la urgente necesidad de dar un vuelco a tus palabras y tus acciones de cada instante. Sin duda hallarás también la fuerza serena, sin espantarte, para que tu transformación sea estable.

No dejarás dentro tuyo ningún eslabón de la cadena del pasado, ni tu patria, ni tu nombre si es necesario, para terminar con los cercos y las bombas y la persuasión para la muerte.

Forjarás a tu alrededor, poco a poco, al mundo nuevo, el que se construye a cada momento y que quizás no se vea nunca, lleno de Vida, al lado del hombre viejo y aún sin su ayuda, porque tu nueva luz te ha hecho tan Fuerte que nunca más podrás creer que naciste débil y que no podrías hacer el cielo en la tierra.

No esperes a que comience tu hermano, tu esposa, tu compañero, tu hijo, tu maestro o tu vecino.

Piénsalo tú. Háblalo tú. Hazlo tú mismo. Es urgente que renazcan en ti mismo a cada instante los hombres nuevos de toda la historia.

Es urgente que mates oportunamente todos los hombres viejos que surgen sorpresivamente desde lo íntimo de tu propio ser.

22. El comienzo y el final.

Difunde estas palabras dictadas por la Luz interior. Multiplícalas por sus mismos sones. Comienza a hacerlo. Dilas de nuevo con su mismo sentido en tu propio lenguaje. Aún en silencio.

Termina con las frases dichas sólo para llenar minutos. Termina con las frases pensadas sólo para llenar tus pensamientos. En el silencio de tu mente, hablará la Luz.

Termina con los actos estereotipados o automáticos.

Estas palabras no son consejos ni dictan reglas. Te dejan totalmente libre para que con tu propia atención descubras toda la verdad que te rodea y que desprecias sin saberlo.

Comprende simplemente que estás semidormido, y ese será el comienzo y el final del despertar. Date cuenta de lo que haces, aunque lo consideres pequeñeces. Date cuenta laxamente. A cada momento. Ya mismo.

23. Basta con eso.

Necesitas la fortaleza, la firmeza y la flexibilidad, pero no para soportar mejor esta situación de comodidad golosa, de ajetreo absurdo, de ruido, de conversaciones insignificantes, de competitividad aplastante.

La fortaleza utilizada para tu adaptación, ya cumplió su cometido: ha producido al hombre viejo.

Míralo con los ojos iluminados por la atención serena. Basta con eso.

Escúchalo atentamente: basta con eso para develar el nuevo sentido que tiene tu firmeza.

Despojarte. Abandonarte. Saltar. Zambullirte en el silencio sin tenerte piedad. Dar un gran vuelco a tu pensamiento y actividades comunes de cada momento. Empezar de nuevo.

Salir de los escombros del pasado hacia la luz menospreciada del presente es flexibilidad. Basta con eso

24. El umbral.

Te dicen para qué sirves, para qué estás en el mundo, qué debes hacer y cómo debes gozar. Pero eso debe ser pensado y decidido sólo por ti mismo.

Puedes hacerlo. No temas. Rompe con los carteles, los afiches, los consejos, la radio, los diarios, la televisión, y con cualquier cosa que te diga lo que hacen las demás personas (chismes y noticias) y lo que debes hacer o cómo comportarte en diversas situaciones (consejos, propagandas, etc.).

Rompe con el ruido. Destruye los límites del espacio y del tiempo. Del tiempo mental más que el del reloj. No te entrometas en la vida ajena, que es toda la vida que late fuera de tu piel.

Impide laxamente que se entrometan en tu propia vida. Eres libre. Vive tu libertad lo más plenamente que puedas. La comunión es del hombre nuevo, el entrometimiento es del hombre viejo.

Deja vivir la libertad ajena. No aceptes argumentos viejos ni conceptos repetidos que pretenden suavizar esta verdad indiscutible y grande que sólo es el umbral del portal de la Luz.

25. El cuerpo.

Has abandonado las cosas que interfieren en la actividad de tu cuerpo y de tu mente. Alcohol, tabaco y otras drogas, exceso de alimentos, charlas vanas, exceso de sonidos, y aquello que tú mismo descubriste. Pero esa es una parte muy pequeña del proceso de cambio. No te detengas en los esfuerzos que te exigen las pequeñas renuncias. Que no haya esfuerzo, aflójate.

No te detengas en el primer pequeño paso, el de liberar tu cuerpo. Hay un océano de luz que te espera. Salta de tu oscuridad. Lánzate al vacío.

26. Ejemplos.

No pidas ejemplos de hombres nuevos, porque todo ejemplo limita la verdad o la de forma. Podrás reconocer a los hombres nuevos que te rodean y aún a los que han muerto, cuando tú mismo lo seas. Hoy.

Comprende en forma global. Abre tu mente, serena y valientemente a la luz. No aprecies tu pena. No la respetes. No vivas la vida de los otros. No vivas de segunda mano. Muere para los chismes.

Vive tu propia vida. Los ejemplos, no pueden ser más que viejos. El hombre nuevo de ayer hoy es viejo, y su camino no es el tuyo. No puede existir un ejemplo que no sea del pasado, aún si surgió sólo de tu pensamiento. Ignora los ejemplos.

No pidas nada, entrégate con tranquilidad. Piénsalo tú mismo. Hazlo tú mismo. Decide tú mismo. Ahora. Entenderás sin palabras.

27. El baño.

El agua baña el cuerpo. El silencio baña también. Tómate semanalmente (si es posible, diariamente) un baño de algunas horas de silencio. Totalmente solo y despojado. Sin libros, sin palabras, sin amigos, sin dinero, sin enemigos, sin trabajo, sin ocio, sin máquinas ni aparatos de especie alguna. Sin ruido interno, y de ser posible sin ruido externo.

Totalmente libre. Inúndate de silencio, los domingos desde el amanecer, o los miércoles al atardecer, o cuando quieras, tanto da. Pero decídelo.

Toma ese baño que es tanto o más importante que el baño de agua. Inúndate de silencio y luz. Comprenderás tú mismo.

28. No.

El hombre nuevo no desea el cambio. Va más profundamente, lo realiza.

Dice que no, sencilla y amablemente a todo aquello que lo rodea y que destruyó al hombre viejo. Sin reglas, sin buscar ejemplos y sin darlos, realiza el cambio en sí mismo.

Súbitamente, como un destello, serenamente, hay una explosión silenciosa en la mente del hombre nuevo. Hay una flexible firmeza, una paz y una alegría que han llegado sin haber sido buscadas entre las múltiples y torpes maneras que utiliza el hombre viejo.

29. Acción.

No importa lo que hagas. Pero que te agrade. En la misma rutina puede estar lo nuevo, si has dado la necesaria voltereta interior, el esencial salto mental.

Vive cada segundo intensamente, es decir con atención. Sin esfuerzo. Serenamente. No te aísles. Aproxímate a todos y acéptalos como son, pero tú permanece viviendo de la nueva manera hasta entre ellos. No temas ser diferente, no temas no ser igual. No temas. Adelante. ¡Salta!.

30. Apego.

Te han herido. ¿Por qué te sientes herido?

No te han agradecido. ¿Por qué esperas agradecimiento?

Has fracasado. ¿Por qué esperas siempre algún resultado por lo que haces? ¿Quizás porque no te agrada lo que haces en el momento mismo de realizarlo?

No te apegues al trabajo. Acéptalo y goza con él, como un niño y su juguete.

No te aferres a las personas. Acéptalas y goza con ellas.

No te apegues a las ideas. No las aceptes. No las niegues. Vuela muy alto por encima de ellas.

31. La importancia de las cosas.

Todas las cosas tienen importancia, en función de volvernos conscientes y despiertos. Y las cosas se viven solamente en el despertar. Si no despiertas totalmente, no podrás recordar siquiera tus sueños del dormir.

Todo aquello que te adormezca o distraiga de lo que acontece aquí y ahora (y no sólo de lo que hagas acontecer) destruye lo más noble y sutil, lo más esencial del ser humano.

Todo problema que no sea abordado con laxitud y atención, trae consigo oscuridad, es decir la perpetuación del problema. No consientas con las discusiones, las conversaciones banales, los chismes, las burlas, las reuniones intelectuales.

La comprensión global hará que te des cuenta de realidades que al principio no podrás soportar, porque el corazón es más lento que el cerebro, porque has sido construido con mentiras y consejos, con información y opiniones, con chismes y noticias, con excitación y ruidos, y porque no has crecido con cada verdad. Pero no cierres los ojos, espera laxamente que la Luz invada también el corazón.

32. Confusión, ignorancia, estupidez.

El hombre más confuso es capaz de tomar una actitud esclarecida: La Inacción.

El hombre más ignorante es capaz de manifestar las más sabias palabras y que mejor conoce: “No Sé”.

El hombre más estúpido deja de serlo cuando comprende las consecuencias de una tontería.

33. Después del comienzo.

Esta nueva acción total no va contigo, con esa parte tuya construida con información y opiniones. Buscas entonces alguna actividad fragmentaria para recomenzar el círculo del absurdo, de la nada oscura que te llama con inquietud y nostalgia desde tu propio ser.

Pero estás solemnemente despierto y ves la imposibilidad de retornar desde el todo a la parte. Te hallas en un infierno de paz.

Ocultar una pena, sepultar un dolor con el sexo, con la acción social, con la bebida, con la llamada “religión”, con la llamada “política”, con cualquiera de las innumerables palas que usamos, es semejante a enterrar una semilla que inevitablemente estallará en cientos de raíces ocultas de nuevos dolores, de nuevas penas. Enfrenta el dolor, no lo respetes, que muera ahora cuando surge, porque con la primer palada de distracción o consuelo, no haces sino enriquecer su fertilidad. Destroza las semillas del dolor abordando la pena ahora mismo, con las armas más difíciles de forjar: la quietud y el silencio.

Tienes que enfrentar la esencia de tu problema. Aprender a arder con tu propia tranquilidad, a quemarte a cada segundo en el sagrado arte y la difícil ciencia de tu propio silencio, y aprender la inagotable lección de tu silencio.

34. La herencia.

El hombre viejo no está satisfecho con el nuevo mundo. El hombre nuevo sufre frente al hombre viejo. Pero ya no se trata de estar satisfecho ni de no sufrir. Tampoco se trata de estar satisfecho y/o feliz. La cuestión trasciende todo límite.

Se trata de la muerte o de la vida del hombre. Se trata de continuar el camino del hombre viejo hacia la automatización, la rigidez y la prohibición, la mineralización, la inconsciencia, el autoritarismo, las guerras periódicas, la enfermedad psicosomática y la muerte. O de regenerar la especie humana en uno mismo para que siga el sendero nuevo hacia la amistad, la flexibilidad y la comprensión, la consciencia, la cooperación voluntaria, la paz duradera, la salud total y la vida, Se trata de que mueran en ti todos los elementos del hombre viejo que has heredado en mente y en cuerpo. Identificar esos elementos viejos que se manifiestan a cada momento en tu ser, en actos, pensamientos y sobre todo en las palabras, es la tarea más urgente que conviene emprender, percatándote además de la incongruencia del hombre viejo que favorece y justifica todas sus actitudes (autoritarismo, guerra, etc.) en nombre de la “Nueva Humanidad”.

Cada palabra y hecho tuyos será un testamento, trata que no sea el mismo que nos legó el hombre viejo. Da el afecto, da el amor sin miedo y sin causa, con palabras (pocas), con hechos y con silencio. Da el amor sobre todo si no lo has recibido. Da el cariño, la amistad, el amor, la amabilidad, porque son el remedio principal, y sobre todo porque has heredado muy poco de ello. Lega el cariño y la amistad, porque no hay otros caminos ni métodos para llegar al camino luminoso del amor. El llega cuando uno mismo decide abrir los ojos y caminar.

Destruye tu herencia de prohibiciones, y deje por herencia la libertad. Sé libre: da libertad.

Así crecerá tu capacidad de identificar y escuchar a todos los hombres nuevos de todas las épocas y de que todas sus verdades se hagan en ti una sola verdad, Hoy y Aquí.

35. El ser humano nuevo.

Puede ser hombre o mujer. Puede tener reloj. Puede no tenerlo, pero su mente se ha liberado del tiempo. Puede tener o no tener, pero se ha liberado de ambas cosas. Puede vivir en cualquier país, pero no pertenece ni siquiera al mundo.

No prepara revoluciones grupales armadas. Realiza su única revolución en sí mismo, lo que es más valiente y mucho menos cómodo; es la única revolución directa, es una revolución de cada momento, en la calle, en la casa, en el trabajo y hasta en el mismo lecho de muerte, si lamentablemente no la ha comenzado antes.

No pide reglas, ni ejemplos, ni consejos. Tampoco los da.

No busca la alegría, la vive sin esperarla.

No busca la serenidad, la vive sin esperarla.

No busca emociones, encuentra la maravilla de la vida a cada momento, en todo lugar. Su templo está dentro de su piel, y dentro del templo está aquello que ni él mismo por más que se esfuerce desmedidamente podrá expresar.

Es un gran político, construyendo sin descanso la nueva humanidad, la humanidad unida. Su política es el gesto amigable sin hipocresía, su actitud de respeto y la profunda mirada, cada palabra, cada acción, a cada instante, en todo lugar. No comparte ningún tipo de discriminación entre los humanos. No busca seguridad porque, sin quererlo, en este momento la posee y buscándola no la hallará.

Se aleja del ruido. Sabe que lo destruye, incluso “materialmente” u orgánicamente. Conoce su ritmo psicobiológico. Lo respeta, impide con tranquilidad que se altere, sabe que lo alteran fácilmente las conversaciones agitadas o insulsas, la televisión masificada, o la radio comercial-publicitaria, la competitividad, el consumismo, el análisis, la acumulación, la opinión, la interpretación y la condena.

Se acepta tal cual es. No desea cambiar, porque sabe que estando vivo y despierto, será distinto a cada instante.

No adquiere ni consume continuamente porque conoce sus necesidades físicas. Le basta con satisfacerlas, natural, tranquila y gozosamente. Simplemente protege su vida. Incondicionalmente protege la vida.

Puede tener esposo o esposa. Puede no tener. En todos los casos es libre. Y acepta la libertad del otro.

No tiene derechos ni deberes. Toda su acción surge espontáneamente de la total aceptación de la vida, es decir del amor. Sus relaciones son estables porque son sanas y sus relaciones en el amor surgen de la total aceptación no deliberada.

No puede concebir que las relaciones del amor tengan un final, porque conoce el amor, ni que existan relaciones que persistan solamente por el deber y el derecho, la culpa o la responsabilidad.

Jamás espera que sea otro quien salte antes. Salta él sin desear ser el primero que lo hace.

No interrumpe su despertar ni siquiera cuando duerme.

El Ser Humano Nuevo está solo y lo sabe. Solo aún en la multitud. Solo en la vida y en la muerte, y sabe también que su destino es el destino de todos. Por eso comprende que con su propia libertad real y con su propia regeneración, recién ha comenzado a regenerarse y liberarse la humanidad entera.

Quien tenga ojos para ver, que vea. Quien tenga oídos para oír que escuche.

Si crees en esta posibilidad, transmite este mensaje a otros. Puede haber alguien que vislumbra pero no llega a ver, y esto ayuda.

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