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Posts Tagged ‘espiritismo’

INTRODUCCIÓN

En la época gloriosa del Espiritismo español anterior al drama de la guerra civil de 1936, mucho se publicó para hacer llegar al pueblo el ideario liberador, los principios de sabiduría y los horizontes de progreso que la doctrina de los espíritus proponía a la consideración del entendimiento de hombres y mujeres de buena voluntad. Fue muy frecuente, entre estas publicaciones que vieron la luz en aquellas décadas, la aparición de hojas volanderas y folletos varios con declaraciones y alternativas del movimiento espírita ante las diversas problemáticas sociales, así como textos de discursos, conferencias y, en ocasiones, de comunicaciones mediúmnicas que por la importancia de su contenido, merecieron el esfuerzo de aparecer impresas.

Muchas de estas sencillas publicaciones, en buena medida directamente conectadas a la actualidad de entonces, han llegado hasta nosotros, otras, desgraciadamente, no. Entre las primeras figuran las dos comunicaciones complementarias que reproducimos seguidamente.

Atribuidas a los espíritus de Marieta y Cervantes, fueron recibidas por intermedio del conocido médium Daniel Suárez Artazu en la Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza, una de las más importantes de aquella época, y publicadas en forma de folleto por la misma Sociedad en 1873, en la editorial Juan Torrents, de Barcelona, con el título “Ventajas del Espiritismo, por los espíritus de Marietta y Cervantes”. En años posteriores se volvió a reeditar, como, por ejemplo, lo hizo la editorial Maucci (Barcelona, 1900).

Sin dejar de reconocer que algunas expresiones tienen el gusto y el tono de la época, su contenido sigue plenamente vigente y merecen una lectura detenida en este siglo XXI, a lo que invitamos a nuestros amigos y visitantes.

Idafe

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Retratos mediúmnicos de Cervantes yMarietta

I

Oíd y sabréis, tal cual os podré decir y tal cual podréis comprender las ventajas del Espiritismo.

En el infinito lleno de materia y espíritu, nada muere.

Lo que en la encarnación llamáis muerte en la materia, no es más que la descomposición de un Ser perfecto, para perfeccionarse más

Lo que en la erraticidad llamamos muerte, en el espíritu no es más que su inmersión en la materia para depurarse mejor.

Cuando los encarnados decís que la materia muere, no os apercibís de que un espíritu recobra su libertad; cuando los desencarnados decimos que un espíritu muere, apenas recordamos que a la materia anima.

La descomposición de la materia da vida al espíritu y la encarnación del espíritu en la materia da vida a ésta.

Y de esta acción y reacción de materia y espíritu, resulta la verdadera vida, la mejor manera de ser, la perfección y el progreso.

Los mundos, el hombre y todos los demás seres mueren al parecer; el espíritu sujeto a la materia parece que se asfixia en ella. No. La materia y el espíritu se necesitan, se buscan, se combinan, salen de sí mismos, y se separan para buscar sus centros y llegar a ellos más depurados, más perfectos.

El espíritu perfeccionado busca materia perfeccionada a su altura.

El ser orgánico que se llama hombre, tiene espíritu perfecto, que responde a la perfección de su organismo.

El espíritu que en el hombre vive, encuentra en él condiciones para desarrollar y poner en actividad la idea que de Dios tiene.

Rudo fue el hombre en su principio, pero de generación en generación se perfecciona. Rudas fueron también sus ideas, ruda la idea de Dios; pero como de siglo en siglo más y más se perfeccionan, hoy la idea de Dios en el hombre es más verdadera, más digna, más elevada.

A tal idea de Dios, tal culto y tal religión.

La idea ruda y mezquina de Dios, produjo dioses rudos y mezquinos que se codeaban con los hombres, dioses a la altura del hombre, dioses que veía y tocaba, y que siendo hechura de sus propias manos, tenían para su desgracia todas sus pasiones y ninguna de sus virtudes.

Pero perfeccionándose el hombre y elevando su pensamiento más y más, su Dios también fue subiendo, hasta sentarse en el cielo.

II

Ese cielo del que apenas percibís algunos puntos luminosos, todo es materia.

Y si adquiriendo la extraordinaria velocidad del rayo de luz, os fuera fácil salvar sus distancias inmensas, por mucho que os remontarais, siempre veríais un cielo suspendido a incalculable distancia: materia sobre vuestras cabezas, materia y materia bajo vuestros pies.

El cielo de vuestros ojos materiales, materia es. La materia es una verdad que sentís latir en vosotros mismos y que veis girar en el infinito.

El espíritu es otra verdad que sentís pensar en vosotros y que presentís en la eternidad.

Pero no basta presentir: es preciso ver.

Si sentís la materia en vosotros y en el infinito la veis, al espíritu lo sentís, pero en la eternidad no lo veis.

Lo que se siente y no se ve, no satisface a la comprensión; no basta, pues, presentir: es preciso ver.

El Espiritismo tiende a enseñar el cielo del espíritu con su luz esencial, que es la inteligencia, como Ia luz esencial de la materia os enseña el cielo material que os cubre.

Por eso eI Espiritismo es luz.

Luz que ilumina un cielo, en el que por mucho que se remonte el pensamiento, siempre encontrará cielo eternamente encima y abajo eternamente cielo.

Sentís, pero no veis el cielo del espíritu; el Espiritismo os lo enseñará y lo veréis.

Pero veréis, no como los ojos materiales ven lo que sólo pueden alcanzar: veréis, como la inteligencia ve, lo que sabe penetrar.

Tenéis inteligencia, es decir, luz; aplicadla y veréis.

III

Todas las religiones han creído decir su última y primera palabra; el Espiritismo dijo su primera y sabe que jamás dirá la última.

Todas las religiones salvan o condenan; el Espiritismo salva siempre.

Todas las religiones vengan y castigan el mal; el Espiritismo no lo venga ni castiga; lo corrige y enmienda.

Todas las religiones tienen hijos privilegiados; para eI Espiritismo no hay ser que no lo sea.

Todas Ias religiones tienen cielos, más allá de los cuales nada mejor existe; el Espiritismo tiene un cielo para cada cielo.

Todas las religiones son exclusivas: ninguna otra creencia cabe dentro de las suyas; el Espiritismo no rechaza ninguna para corregirlas.

Muchas religiones castigan la materia como despreciable; el Espiritismo enseña a conservarla como cosa digna.

Muchas religiones, con la ciencia riñen; el Espiritismo se asienta en ella.

Todas las religiones no dan al espíritu más morada que la tierra entre dos límites: uno de placer y otro de pena eterna; el Espiritismo le da por morada el universo sin límites de felicidad y gloria.

Todas las religiones maldicen a quien las daña y contradice; el Espiritismo no ha por qué, y asegura felicidad para todos.

Todas las religiones definen a su Dios, de lo que resulta un definido humano: el Espiritismo no lo define, porque nada humano puede definir lo que está fuera de humanidad.

Todas las religiones prometen; el Espiritismo promete y asegura a todos.

Las promesas de muchas reIigiones son limitadas; las del Espiritismo, no.

Los adeptos de muchas religiones, obedecen; los del Espiritismo, cumplen.

Muchas religiones castigan a quienes no obedecen sus mandatos, que, a pesar del castigo, pueden quedar no cumplidos; el Espiritismo obliga a cumplir, haciendo ver la falta.

Muchas religiones se hacen obedecer más bien por el terror; el Espiritismo, siempre por amor al bien.

Muchas religiones llenan; el Espiritismo rebosa.

Todas las religiones tienen vacíos dondequiera que lo desconocido está; el Espiritismo sólo ve llenos que algún día espera llegar a conocer.

Para abrazar muchas religiones es preciso cerrar los ojos y cruzar los brazos; para abrazar eI Espiritismo es preciso extender los brazos y abrir los ojos.

Para escuchar la verdad que entrañan muchas religiones, es necesario inclinar la frente y cegar la razón; para escuchar las verdades del Espiritismo, es necesario mirar al cielo y desplegar la inteligencia.

Muchas religiones hablan; el Espiritismo hace hablar.

Muchas religiones, al adorar, piden, porque creen en el bien y en el mal; en el Espiritismo, la adoración es gratitud, porque sólo cree en el bien.

Muchas religiones rechazan lo que no es obra suya; el Espiritismo recibe para corregir.

El paganismo embrutece; el judaísmo humaniza; el mahometismo embriaga; el cristianismo civiliza, y el Espiritismo eleva.

El pagano toca a su Dios; el judío le siente; el mahometano sueña en él; el cristiano le ama; el espiritista le ensalza.

Para el pagano cualquier cosa es Dios, para el judío es Señor; para el mahometano es Alá; para el cristiano es Padre; para el espiritista es Dios.

IV

Adiós.

Todo lo que decir pudiera, que es mucho, os lo dirá la ciencia, que busca la verdad en todas sus manifestaciones.

Decid a todos aquellos que no estén con vosotros, que si la virtud es su norte, vosotros estáis con ellos.

Decid a aquel que virtuoso sea, que aun cuando no nos reconozca, nosotros le reconocemos.

Decid, en fin, que amamos al bueno; que procuramos corregir al malo. Nada más.

Espíritus más elevados vendrán a convenceros mejor; yo sólo sé ofreceros esta prueba más de lo mucho que os amo.- MARIETTA.

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I

El hombre ve al hombre, le oye y le toca.

No puede dudar de que el hombre exista.

Aún cuando duda, aún cuando cierra sus ojos, tapa sus oídos y esconde sus manos, una voz interior se levanta y le dice: «Yo soy.»

El hombre no puede negarse, no puede negar al hombre.

El hombre sabe que cerca de él y fuera de él hay algo. Sabe que un mundo, del cual depende, le sostiene.

El hombre ve más allá del mundo que habita, millones de mundos, cuyos movimientos, revoluciones y leyes que los rigen estudia, y observa la gran armonía y la Influencia que con el suyo tienen. El hombre ve en el espacio un más allá grande, inmenso, y presiente un más allá más gigantesco e inconmensurable, y de más allá en más allá, presiente el infinito. El hombre ve en sí mismo algo verdadero; ve cerca algo, también, exacto, ve en el espacio mucho más verdadero, y presiente más allá y más allá mucho más exacto, que, a medida que se dilata, es más y más verdadero; y así, de verdad en verdad, presiente la única y exacta verdad. El hombre, en sí mismo, ve algo bello, ve bellezas que le rodean y ve en el espacio mucho más belleza y remontándose de belleza en beIleza, presiente más allá la gran belleza.

El hombre siente en sí algo grande, algo exacto y algo bello que le guía hacia ese más allá inmensamente grande, cumplidamente exacto y grandemente bello.

El hombre se ve obligado a marchar hacia ese más allá; impulsado con la fuerza de su inteligencia, hacia lo grande; con la medida de su razón, hacia lo exacto; y hacia lo bello, con los movimientos de su corazón.

Aún cuando el hombre se detenga un momento y dude, su inteligencia habla, su razón mide y su corazón late. Y es que lo grande, lo exacto y lo bello, que existen más allá fuera de la mirada del hombre, le atraen y le llaman; y la inteligencia, la razón y el sentimiento de lo bello, chispas despendidas de aquel gran todo, responden.

II

Todas las creencias han inventado un más allá absurdo, un más allá mezquino para la inteligencia, para la razón y el sentimiento.

Todas las creencias combatidas por la inteligencia, negadas por la razón y censuradas por el sentimiento, han intentado detener a la inteligencia que vuela, a la razón que discurre y al sentimiento que crea.

Todas las creencias, impulsadas también hacia ese más allá escondido antes y después del tiempo y del espacio, han dicho haberlo encontrado, siendo así que el más allá huye allá todavía, por más que la inteligencia se esfuerce y crea haberlo encontrado.

Ese más allá se nos presenta de algún modo: corremos a buscarlo, llegamos a encontrarlo y se nos presenta más allá todavía, a incalculable distancia.; corremos de nuevo, llegamos, y más allá lo vemos. Así, de más allá en más allá, el Universo camina. ¿A dónde? Dios lo sabe.

Dios, ¡ah!, cuanto más se piensa en Él, más inaccesible se hace a la inteligencia. Dios está más allá cuanto más allá se vaya.

Todas las creencias han dicho: «Dios está allí», Ha llegado el momento en que basta decir: «Por aquí se va a Dios». ¿Y quién lo dice? El Espiritismo.

Todas las creencias pensaron encontrar el fin, objeto y destino de la creación; el Espiritismo sólo intenta buscar el principio de la senda que hacia el todo grande, bello y verdadero, guía. Todas las creencias han sido audaces en sus investigaciones, que dieron por resultado limitados fines; el Espiritismo, modesto en sus principios, sus fines serán grandiosos, ilimitados. Todas las creencias han pretendido saber el principio; el Espiritismo pretende empezar y sabe que concluir no es dado. Todas las creencias llegaron un límite, más allá del cual, suponen, en un principio, a Dios, entre el principio y la nada, y en fin, a Dios, entre una creación limitada. El Espiritismo presiente a Dios, en el pasado, entre una obra sin principio, y en el porvenir, cada vez a mayor distancia, sobre lo más grande, más bello y más verdadero. Pretender de un solo golpe describir el pasado, tocar el presente y saber el objeto del provenir, es pretensión, tan sólo, de añejas preocupaciones.

El Espiritismo describe el pasado, por lo que ve con la inteligencia; toca el presente, por lo que alcanza con la razón, y sabe el objeto del porvenir, por lo que siente con el corazón.

La inteligencia, la razón y el sentimiento, unidos, ven a gran distancia y con mirada segura, en el tiempo y en el espacio.

Entender, razonar y sentir es preciso unirlos para ver con seguridad y claro. La inteligencia, sin la razón, se pierde; sin el sentimiento, se fatiga; la razón, sin la inteligencia, se tuerce; sin el sentimiento, desvaría; el sentimiento, sin la inteligencia, se confunde; sin la razón, se precipita.

Todas las creencias, por no haber unido estas tres grandes facultades del hombre, se han visto obligadas ha encerrarse en estrechos límites para detener su vuelo, que tiende a remontarse por todas partes; el Espiritismo, uniéndolas, no encuentra límites, y va midiendo la grandeza infinita de la obra de Dios, en razón del cuadrado de las distancias que va descubriendo.

III

Es la ley impuesta a todas las cosas, marchar por distinta vía, según sus funciones, hacia un mismo y grandioso fin.

Detenerse, es fácil; difícil, detenerse mucho; dejar de marchar, imposible.

Todas las creencias se han detenido, pero ya se han detenido demasiado, y ha llegado el momento en que es preciso marchar.

El Espiritismo es la avanzada de todas las creencias que la marcha rompen: la humanidad vendrá después.

El Espiritismo es la continuación del principio que al más allá conduce.

Quien dando vuelo a la inteligencia quiera ser obrero razonable de la continuación de un principio que desde el pasado trabajado viene, verá más pronto el más allá que se presiente.

La humanidad ha venido subiendo trabajosamente por la vertiente de los tiempos: Moisés, con la ley en la mano, la condujo a la falda de la gran montaña, sobre la cual se extiende la bóveda de lo desconocido. Jesús, con su moral inquebrantable, la condujo a la cima y Ie enseñó el cielo. Obedezca la humanidad su voz y siga su camino, lanzándose al espacio.

Adiós. No me propuse herir la inteligencia, es imposible: sólo intento moverla con la razón, ya que Marietta lo supo hacer tan admirablemente con el sentimiento. CERVANTES.

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10 Principios espiritas para un mundo mejor

Ricardo Nunes

Por: Ricardo Nunes, Abogado y filósofo – Guarujá, Santos (Brasil)
Extraído de “Abertura” núm. 305, noviembre 2014

Traducción: Pura Argelich

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¿De qué forma nosotros, espiritistas, y el espiritismo, podemos contribuir para el advenimiento de un mundo mejor? ¿Cómo podemos colaborar para el surgimiento de una sociedad más justa, más fraterna, más feliz? Sabemos que la filosofía social espiritista nos enseña a no ser ajenos en relación a los problemas sociales. El pensamiento espiritista nos enseña que somos “cocreadores del universo” y, por eso, nos alerta de que somos responsables por lo que hay de bueno y de ruin en nuestra existencia individual y social.

Sin embargo, en la práctica ¿qué es lo que podemos hacer? Obviamente, existen muchas cosas que podemos llevar a cabo. Podemos actuar en instituciones de caridad, en partidos políticos, en organizaciones no gubernamentales, en nuestros centros espiritas, podemos intentar ser diferentes en nuestras profesiones. De hecho, existen varias trincheras en las cuales podemos actuar con el fin de la búsqueda de un mundo mejor.

En el VI Fórum del Libre Pensar Espírita de Porto Alegre, realizado en el mes de septiembre de 2014, fui invitado a hablar sobre el tema “Utopía de un mundo mejor. La contribución de Ernst Bloch y del Espiritismo”. Al final de la exposición, enumeré algunas formas mediante las cuales los espiritistas y el espiritismo, pueden contribuir para que ocurran transformaciones positivas en la vida colectiva y en la mentalidad de los habitantes de este lindo planeta azul. No pretendía, está claro, ofrecer una enumeración exhaustiva de tales posibilidades de contribución, mi propósito sólo consistía en ofrecer un rol ejemplificador. De hecho, hice un listado de algunos principios espiritas básicos que pretenden responder a la importante pregunta: ¿Cómo pueden contribuir los espiritistas y el espiritismo para el surgimiento de un mundo mejor?

Primer principio – A través de una postura humanista, en la cual el hombre es el fin y no el medio para alcanzar cualquier objetivo. Este humanismo implica una consciencia y actuación pacifista, en la que la violencia es descartada como forma de manifestación y emancipación humana. La violencia, en la visión espirita, será aceptada sólo en el caso de necesidad extrema e inevitable en forma de legítima defensa.

Segundo principio – Reconociendo la dignidad de todos los seres humanos independientemente de la raza, credo, orientación sexual, opinión, clase social, etc. La reencarnación puede ser un gran instrumento de concienciación, pues nos permite experimentar a lo largo del proceso histórico, en el tiempo y en el espacio, la realidad del otro.

Tercer principio – Promoviendo una visión optimista sobre la vida, a partir de la comprensión del hombre como ser que trasciende la muerte biológica. El hombre, en la perspectiva espirita, es un ser para la vida y no para la muerte como pretenden algunas filosofías pesimistas y nihilistas contemporáneas.

Cuarto principio – Realizando una educación para la libertad, pero también para la responsabilidad. La educación, según el espiritismo, no es sólo la educación del intelecto, sino también la de los sentimientos. La educación espirita pretende el desarrollo de la autonomía del individuo, para que éste pueda convivir armoniosamente en sociedad, con el pleno ejercicio de sus derechos y deberes.

Quinto principio – Proponiendo al mundo un espiritualismo no dogmático, racional, neutro en cuestiones religiosas, y libre pensador, como tercera vía alternativa al espiritualismo dogmático y al cientificismo materialista. El espiritualismo espirita ofrece horizontes inéditos para el desarrollo del conocimiento, de la ética y de la espiritualidad.

Sexto principio – Cultivando la vida activa y no la vida contemplativa, como forma de resolución de los problemas individuales y sociales. El espiritismo concibe el hombre en el mundo y no apartado del mundo, en actitud de alienación y renuncia ante los problemas sociales. Jesús de Nazaret, para nosotros espiritistas, es un paradigma de acción en el mundo, pues no sólo oraba, sino que, por encima de todo, actuaba.

Séptimo principio – En términos filosóficos, el espiritismo puede contribuir con la idea de evolución en base ontológica, o sea, con fundamento en la estructura del ser. Según la Doctrina Kardecista, los dos elementos del universo, espíritu y materia, están en perpetua transformación, siendo de la responsabilidad del hombre el desarrollo de su evolución consciente.

Octavo principio – Para el pensamiento político espiritista es necesario reconocer la importancia del binomio individuo-sociedad, no debiendo el individuo aislarse de forma egoísta del grupo social, pero tampoco aceptando la aniquilación o extinción de la individualidad en detrimento del todo social.

Noveno principio – El espiritismo nos recomienda valorar el ser en relación al tener. Distinguir entre lo necesario y lo superfluo y rechazar el consumismo materialista y capitalista. El espiritismo propugna una sociedad en la que todos tengan acceso a los bienes fundamentales de la vida, donde no haya miseria ni exclusión social de cualquier naturaleza.

Décimo principio – Y, finalmente, la doctrina espiritista nos recomienda desarrollar sentimientos de empatía y solidaridad por los que sufren. Nos recomienda una actuación afectiva en el sentido de disminuir los sufrimientos que encontramos por el camino. El espiritismo nos enseña que realizar el bien es un deber del hombre para con la sociedad y no sólo una mera facultad.

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TOMADO DE: http://www.cbce.info/web/index.php/archivo/191-10-principios-espiritas-para-un-mundo-mejor

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violeta (Viola palmensis),Violeta (Viola Palmensis), especie endémica característica de las más altas cumbres de la isla de La Palma.

 

PROGRAMA DE ACTIVIDADES PÚBLICAS DEL GRUPO ESPÍRITA DE LA PALMA – ABRIL 2015

Hola amigos/as: las actividades, charlas, encuentros, debates y convivencias siguen en este primer mes de la primavera en el Grupo Espírita de La Palma. Tenéis a vuestra disposición el programa de conferencias públicas para el mes de abril en la sección “Actividades Públicas”, a la que puedes acceder clicando en la pestaña superior del mismo nombre y consultarlo o, si os apetece, descargarlo como PDF.

Si nos queréis acompañar, estamos cada viernes, salvo casos excepcionales que quedarán reflejados en los programas mensuales, en nuestra sede social:

Av. Carlos Francisco Lorenzo Navarro, 69 – 1º D

38760 Los Llanos de Aridane

Isla de La Palma – CANARIAS

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cabecera Las Tres Luces

Las culturas son formas colectivas de la convivencia humana. Las civilizaciones son también formas culturales colectivas, pero mucho más transversales. Las civilizaciones desarrollan parámetros para el devenir humano que abarcan muchas culturas y muchos pueblos, extendiéndose más ampliamente tanto en el espacio como en el tiempo.

Las culturas son hijas de la afinidad espiritual y la concurrencia ambiental; las civilizaciones son herramientas del progreso de la humanidad, capítulos del proyecto global educativo de la familia planetaria.

Siguiendo con este símil, pero desde otra perspectiva, podemos decir que el Espiritismo sería como una civilización espiritual que cumple en la senda del desarrollo humano una función, una misión.

¿Cuál ha sido esta función? No otra que la de sacar de las garras de la creencia manipulada por el interés humano, el conocimiento del destino del hombre como ser espiritual, devolviendo éste al patrimonio de su conciencia.

Y así como Prometeo hurtó el fuego de los dioses, regalándoselo al ser humano para rescatarle del sometimiento a las fuerzas salvajes de la naturaleza, el Espiritismo arrancó el conocimiento de la trascendencia humana de las manos de los explotadores del miedo.

Al fuego material que devolvió la luz a la oscuridad y el calor a los cuerpos ateridos, y al fuego espiritual que iluminó los horizontes del destino humano, se necesita añadir ahora la luz del sol interior que alumbrando las conciencias de los individuos conforme una mayoría cualificada que haga evidente la trama de la unidad que a hombres y mujeres, así como a toda expresión de vida, engarza indisolublemente.

En ese proceso la humanidad se encuentra ahora completamente inmersa y finalmente dará lugar a seres humanos autoiluminados como soles, que construirán la galaxia de la fraternidad.

Entonces una civilización completamente nueva surgirá, pero ya no tendrá carácter local, la palabra parcial habrá desaparecido, será de ámbito planetario y de ella formará parte toda la humanidad.

Y allá, en otros lejanos mundos más perfectos, tal acontecimiento será anunciado como la aparición de un nuevo astro luminoso en el firmamento del espíritu.

♥♥♥♥♥♥

NOTA: Escrito obtenido en sesión de educación mediúmnica del Grupo Espírita de La Palma, celebrada el jueves 5 de marzo de 2015

 

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Cabecera Programa Actividadees Marzo 2015

Hola amigos/as: ya está a vuestra disposición el nuevo Programa de Actividades Públicas del Grupo Espírita de La Palma para el mes en Marzo de 2015.  Si accedéis a la sección “Actividades Públicas” (pestañas superiores),  podéis consultarlo o descargarlo en formato PDF.

Si os interesa conocernos o acudir a alguna de las actividades programadas, estamos cada viernes en nuestra sede, sita en:

Av. Carlos Francisco Lorenzo Navarro, 69 – 1º D

38760 Los Llanos de Aridane

Isla de La Palma – CANARIAS

¡Os esperamos!

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LA ESENCIA DEL MENSAJE DEL ESPIRITISMO COMO RESPUESTA A LOS DESAFÍOS ACTUALES DEL SER HUMANO

Encabezamiento ponencia Salou

Por: Oscar M. García Rodríguez

 INTRODUCCIÓN

El artículo que presentamos a todos los amigos y visitantes de este blog, constituye la PONENCIA que ofrecimos en el II ENCUENTRO ESPÍRITA BEROAMERICANO, que se desarrolló en la ciudad de Salou (Tarragona, España) entre el 1 y el 4 del pasado mes de mayo del año en curso, organizado por  la Confederación Espírita Panamericana (CEPA) y la Asociación Internacional para el Progreso del Espiritismo (AIPE).

Desde aquí aprovecho la oportunidad para hacer un reconocimiento público al magnífico hacer del Centre Barcelonés de Cultura Espírita, a cuyos miembros cupo, en buena medida, el esfuerzo operativo de la organización del evento, un trabajo que supieron llevar con diligencia y sabiduría a buen término.


CABECERA PONENCIA

1. PRESENTACIÓN

Reflexioné sobre el método más apropiado a usar en esta breve exposición, y entre uno que concite unánimes asentimientos y otro que provoque algunas incomodidades, elijo sin dudar el segundo. Porque, ¿qué significa incomodar? Literalmente “sacar de la comodidad”, ya que, como en cualquier otra área del saber y del hacer humanos, algún sector del Espiritismo tampoco se libra de esa tendencia, tan natural como perjudicial, que ansía espacios de seguridad y comodidad. Solo que eso, a fin de cuentas, se convierte en la antesala de la muerte, entendida no como extinción, claro está, pero si como degradación y disipación.

Sentiremos que hemos cumplido el objetivo propuesto, si logramos al final generar tanto corrientes de sintonía como, en otros casos, dinámicas de incomodidad, paso necesario para una re-evolución que contribuya a desplazar esclerosados esquemas de pensamiento y acción.

2. PREGUNTAS NECESARIAS

Comencemos con algunas preguntas que consideramos necesarias: ¿Es el Espiritismo un ideal del pasado, del presente o del futuro? ¿Es el Espiritismo un ideal enfocado exclusivamente a la vida intimista o, por el contrario, implica una visión integral de la existencia? ¿Tiene la concepción espiritista una proyección en la arquitectura social?

La respuestas a estas cuestiones son claras y tajantes: el Espiritismo ha sido un ideal de ayer, lo es de hoy y lo será de mañana, tanto para el ámbito individual como colectivo, desde el momento en que sus planteamientos filosóficos, científicos y éticos  no solo se mantienen vigentes, sino que se ven reforzados día a día por los descubrimientos del saber humano, y porque los horizontes que idealiza responden a las necesidades y demandas básicas de los hombres y mujeres de este mundo, necesidades de orientación, sentido y plenitud.

El Espiritismo, como paradigma para la vida individual, se extiende a la vida colectiva, porque las transformaciones interiores a que conduce a los individuos, en tanto células que son de un cuerpo social, repercuten en el conjunto. No son ámbitos que se puedan disociar.

Pero no nos engañemos, si los espiritistas no mantienen el ideal que representan en constante actualización mediante la auto-poiesis (auto-recreación) permanente de los que lo sustentan, terminará quedando abandonado a la orilla del camino de la vida, como el resecado esqueleto de un viejo dinosaurio, símbolo de un tiempo pasado.

3. PLANTEAMIENTOS DE BASE: JERARQUÍA DE LOS MUNDOS

Si queremos emprender un camino, hemos de comprender dónde estamos y hacia dónde pretendemos dirigirnos. Vamos a intentar dar respuesta a la primera cuestión y más adelante abordaremos la segunda.

¿Dónde estamos? ¿Desde dónde partimos? ¿En qué punto de la escala evolutiva se encuentra la humanidad terrestre? Según las enseñanzas dadas por los espíritus, los mundos habitados que pueblan el universo pueden encuadrarse en alguno de los estadios de la siguiente escala:

a.- MUNDOS PRIMITIVOS: destinados a las primeras encarnaciones del alma humana.

b.- MUNDOS DE EXPIACIÓN Y PRUEBAS: donde domina el mal.

c.- MUNDOS DE REGENERACIÓN: en los cuales las almas aun tienen algunos aspectos que expiar y sacan nuevas fuerzas, reposando de las fatigas de la lucha.

d.- MUNDOS DICHOSOS: donde el bien sobrepasa al mal.

e.- MUNDOS SUPERIORES, CELESTES O DIVINOS: habitados por espíritus depurados, donde reina exclusivamente el bien.

La Tierra, según esa clasificación, pertenecería a la categoría de “mundos de expiación y prueba”, pero en su última fase; es decir, estaría en transición hacia la siguiente categoría, la de mundo regenerado.

El bien que ese tránsito implica y representa, jamás se podrá imponer, tendrá que ser reconocido, comprendido, sentido y, finalmente,  practicado. Por eso decimos que todo tiene su precio y que lo que no cuesta no se valora porque no es apreciado. Todo ha de ser “pagado”.

Que nadie se sorprenda si digo, pues, que el Espiritismo también tiene su “precio” y habrá de ser pagado. Pero, ¿cuál es el “precio” del Espiritismo? Evidentemente no es un valor material, es el precio de la vida insulsa, alienada, acomodaticia y mecánica. Comprender y aceptar los valores espiritistas nos encamina irremediablemente hacia una senda que yo llamo “la bendita maldición”.

4. EL ALGORITMO DE LA CONCIENCIA

La palabra CONCIENCIA proviene del latín conscientia y se define generalmente como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. Conscientĭa significa, literalmente, «con conocimiento» (proveniente del latín cum scientĭa). Aún así, es un concepto que ha estado sujeto a múltiples y dispares interpretaciones.

Entendida, pues, la conciencia como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, surge inmediatamente otra pregunta: ¿Cómo se adquiere? Volvamos sobre nuestros pasos, desandemos el camino.

La expresión máxima de algo de lo que estemos concienciados, de algo que tengamos totalmente interiorizado, se representa cuando SOMOS de acuerdo a eso que tenemos integrado; no obstante, ¿cómo evidenciamos o demostramos que somos? Mediante nuestro HACER. Pero para hacer es necesario antes haber COMPRENDIDO. Y previo a la comprensión, ¿qué se necesita? ENTENDER. Finalmente, ¿qué es aquello imprescindible sin lo cual jamás podría producirse el entendimiento? La ATENCIÓN.

La CONCIENCIA, pues, comienza con la ATENCIÓN. Queda así plasmada la ruta del No-Ser al Ser, el Logaritmo de la Conciencia:

ATENDER   →   ENTENDER    →  COMPRENDER   →    HACER  →   SER

algoritmo de la conciencia 2

La atención es una disposición interior y una actitud exterior, es la manera que encuentra el alma  para escapar de la parálisis existencial y del sufrimiento; responde a un profundo anhelo que permea y termina por despertar al individuo.

Llamamos entendimiento, al proceso por el cual la mente es capaz de vislumbrar la trama de relaciones que enlazan un conjunto de elementos aparentemente diversos y dispersos de la realidad, en un todo coherente. Entender es, pues, tender puentes.

Cuando esa trama de relaciones se aprehende, cuando la hacemos nuestra, cuando somos capaces de “verla” en su totalidad adentro como en una imagen nítida hasta en sus menores detalles, es que empezamos a comprender.

Es en este punto cuando se hace notoria la intención oculta, que no es más que una continuada voluntad de ser, la cual hasta entonces se había mantenido solapada, pero que realmente está en el origen del proceso de concienciación-transformación. Y es que la intención viene a ser la más primaria u original expresión de nuestra esencia espiritual, ya que es la misma alma en proyección.

Pero la intención, como “continuada voluntad de ser”, propende finalmente a concretarse mediante la acción, mediante la obra viva. Así, al proceso por el cual la intención toma forma con la acción, desvelando una parte mayor del SER, es lo que se llama expansión de la conciencia.

Entonces surge, asociada, la PRESENCIA, es decir la capacidad de estar presente, porque solo está presente quien ES y en la medida en que ES. Y aparecen también, como cualidades concomitantes, el CRITERIO y el CARÁCTER.

La expansión de la conciencia supone una extensión del PRESENTE del Ser. Y allí donde para el Ser es Presente, deja de haber separatividad. ¿Qué nombre recibe esto? AMOR.

En suma, donde no hay atención jamás podrá haber intención; es decir, no podrá haber espíritu manifestado, no podrá haber ESPIRITUALIDAD.

Recordemos que Jiddu Krishnamurti exhortaba a sus oyentes a que superasen “la lógica de la reacción”. ¿Cómo? Sustituyéndola por su opuesta, la lógica creativa, aquella que es capaz de saltar por encima de los automatismos y las memorias al aplicar la atención.

5. ESTADOS DE CONCIENCIA Y MODOS DE CONOCER

Cada estado de conciencia se proyecta en un particular modo de conocer. Podemos distinguir en principio tres, cada uno con sus potencialidades y sus límites, más un cuarto que es resultado de una síntesis, del que hablaremos más adelante. Estos modos de conocer se expresan, igualmente, en tres formas de estar en el mundo:

1º. Modo visceral: tiene carácter instintivo-reactivo. Su finalidad principal es garantizar la sobrevivencia.

2º. Modo emocional: de carácter irracional, gira en torno a la dicotomía placer-displacer; es decir, en torno al “me gusta” o “no me gusta”.

3º. Modo intelectual: de carácter racional (analiza, compara, busca patrones, induce, deduce..). Profundiza pero a la  vez disgrega, por lo que no podrá jamás proporcionar una visión de conjunto.

Esos tres modos de conocer, ¿se vincularán fisiológicamente a nuestros tres cerebros? Veamos cuáles son:

– El “Cerebro” o Sistema Nervioso Entérico (SNE). Se trata del sistema digestivo. Se han encontrado aquí suficientes células nerviosas y conexiones como para afirmar que se trata de un tercer cerebro, integrado por más de 100 millones de neuronas distribuidas a lo largo del intestino (más que toda la médula espinal). Estas neuronas están conectadas con el cerebro encefálico e influyen en nuestro estado emocional. Es como si tuviésemos una especie de radar que se constituye en un sexto sentido que nos guía en situaciones complejas de peligro o de extrema emoción. En el SNE se produce el 95% de la serotonina total del cuerpo, un neurotransmisor que tiene entre sus principales funciones las de regular el apetito,  equilibrar el deseo sexual, controlar la temperatura corporal, la actividad motora y las funciones perceptivas y cognitivas.

cerebro entérico 2

 – El Cerebro Cardíaco. Se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas, junto a una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo. Con esos circuitos tan elaborados, parece ser que el corazón es capaz de tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro, puede percibir, aprender y recordar.

CEREBRO CARDIACO

Del corazón parten cuatro tipos de conexiones que van hacia el cerebro de la cabeza:

1ª. La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias.

2ª. La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF (llamada también Factor natriurético atrial o atriopeptina), la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.

3ª. La comunicación biofísica mediante ondas de presión. A través del ritmo cardiaco y sus variaciones, el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.

4ª. La comunicación energética. El campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, unas 5.000 veces más intenso que el del cerebro de la cabeza, extendiéndose alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros. Se ha observado que cambia en función del estado emocional, de forma que, por ejemplo, cuando tenemos miedo, frustración, estrés, ira o desconfianza, se vuelve caótico y, por el contrario, se ordena con las emociones positivas, elevadas y generosas.

Los mismo pasa con el ritmo cardiaco, al punto que las ondas cerebrales se sincronizan con sus variaciones; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza. En conclusión, el llamado “amor del corazón” no es solo una emoción sino un estado de conciencia inteligente.

El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros neuronales novedosos, centros superiores de percepción, que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Su conocimiento es directo, inmediato, instantáneo, y por ello tiene una percepción exacta de la realidad.

Este circuito se activa ejercitando las llamadas “cualidades del corazón”: la apertura hacia los demás, la capacidad de escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias, el coraje… Es decir, con la práctica de los pensamientos y emociones positivas. Esto significa, en esencia, liberarse del espíritu de separación y de sus tres mecanismos primarios: el miedo, el deseo y el ansia de dominio.

equilibrio mente corazón

La forma de liberarnos de estos mecanismos es tomando la posición de testigos  (observadores), observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, y escogiendo las emociones que nos hacen sentir más plenos.

– El Cerebro de la Cabeza o Cerebro Encefálico. Contiene 100.000 millones de neuronas conectadas en forma de una inmensa e intrincada red de sinapsis o conexiones nerviosas, formando redes hebbianas o neuronales. Los bancos de memoria son redes neuronales especializadas, y son ellas quienes sustentan nuestros hábitos y conductas.

Si nos atenemos a la Teoría Sintérgica de neurofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg, nuestro cerebro interactuaría con ese campo informacional al que buena parte de los científicos llama campo cuántico, otros como David Bohm orden implicado y que él denomina Lattice. A partir de esta interacción, como resultado final del procesamiento cerebral y a través de lo que él llama “campo neuronal”, aparecería la realidad perceptual que percibimos tal y como la conocemos, es decir, los objetos, formas, colores, olores y texturas.

6.- UN CUARTO MODO DE CONOCER

Entonces, ¿cuál sería ese cuarto modo de conocer que puede ir más allá del pensamiento discursivo, de los juicios, de las opiniones, de los análisis, de las inducciones y las deducciones, del “me gusta” o “no me gusta”? Ya lo hemos visto: es LA INTUICIÓN. Este no es un modo de conocer ni irracional ni racional, va más allá, tiene carácter arracional.

Maurice Barbanell y Silver Birch

                              Maurice Barbanell                                                             Silver Birch

Como muchos sabrán, Silver Birch es el nombre de un instructor espiritual que se manifestaba bajo la personalidad de un piel roja, responsable invisible de un compendio de maravillosas enseñanzas transmitidas a través de las facultades de intermediación del médium británico Maurice Barbanell. Pues bien, en cierta ocasión se le hizo a dicha entidad la siguiente pregunta: “¿Podrías explicar qué es la intuición?”. Su contestación fue:

“Sí, puedo explicarlo en una frase:  LA SUGESTIÓN DEL ESPÍRITU. La intuición es la manera por la que el espíritu se hace consciente de sí mismo; ataja el proceso normal del razonamiento terrenal. La intuición logra a la velocidad de la luz, lo que normalmente conseguirías después de mucha deliberación. La intuición es ese proceso de sintonismo durante el cual recibís esa sugestión que alcanzaríais después de mucho tiempo y pensamiento sobre el mismo tema”.  (De: Antología de Silver Birch)

Estudios realizados por un equipo de científicos dirigidos por el profesor Marius Usher en la Universidad de Tel Aviv, han demostrado que la intuición es infinitamente más fiable que la razón, confirmando que en un 90% de los casos acierta.

Nuestro entendimiento y nuestro sentir nos llevan a manifestar que ha llegado la hora de activar con énfasis y generalizar esta forma de percibir y conocer la realidad, un modo que trasciende el intelecto, lo discursivo, lo argumentativo y lo cartesiano, en la medida en que todo eso apenas acota, bordea, delinea, pero no entra – porque no puede – en el corazón de la “cosa en sí”.

Termina el tiempo de, simplemente, describir, discursear, opinar y separar, llega tiempo para cultivar las buenas impresiones, unir y vivir. Quien no lo haga así estará prácticamente “muerto” y “ahogará” lo que representa, incluso al Espiritismo, si habla en su nombre.

Lo característico de la intuición como modo de conocer, es que cada vez que se activa promueve una ósmosis de significados. Jamás habrá verdadera comprensión sin ese trasvase, que es lo único que proporcionará SENTIDO. Es mediante la intuición que es posible superar la dualidad o separatividad, raíz de todo conflicto.

¿Pero cuál es el mecanismo que permitirá el afloramiento de este cuarto modo de conocer y qué estado de conciencia representa? Las más modernas investigaciones en neurofisiología, dan a entender que en el plano orgánico es la sincronización hemisférica cerebral el basamento de la manifestación de este modo de conocer, que a su vez es producto del desarrollo armonioso y coherente de valores y facultades interiores complementarios: información más cualidad; forma más estado; estructura más energía; en definitiva, INTUICIÓN.

Para que esto llegue a producirse, se necesita algo que el propio Kardec describió en el ítem 19 de El Libro de los Espíritus, en que nos señala dónde reside la deficiencia que a día de hoy, según nuestro actual estado evolutivo, sigue siendo preciso llenar para dar el salto: el progreso moral: “Sólo el progreso moral puede asegurar la felicidad de los hombres sobre la Tierra – asevera – … él es el encargado de tirar abajo las barreras que separan a los pueblos, el que hará desaparecer los prejuicios de castas y acallará los antagonismos sectarios, enseñando a los hombres a considerarse hermanos destinados a ayudarse y no a vivir parasitariamente los unos de los otros”.

7.- SOCIOLOGÍA ESPIRITA

El 28 de junio de 1872, durante una sesión mediúmnica que se celebró en la Sociedad Espiritista Española de Madrid, se solicitó a los espíritus una fórmula que permitiera resolver lo que entonces se denominaba la “cuestión social“, eso que hoy denominamos “la crisis”. Tal como recoge el secretario de la Sociedad, Diodoro de Tejada, los espíritus respondieron lo siguiente:

“¿Una fórmula pedís? ¿Una fórmula que establezca para el porvenir la felicidad humana? Sólo puede plantearse el resultado, la solución del problema. La fórmula sólo es dada encontrarla a la humanidad, porque en ella misma está la fórmula la busca, puesto que harto presienten vuestros espíritus cuál será su glorioso porvenir, porque lo sienten. Todos producir con arreglo a la aptitud de cada cual y todos participar del producto de los demás. He aquí la aspiración que una vez alcanzada, el cielo bajará a la Tierra, o mejor dicho, la Tierra se elevará hasta el cielo”.(“Sociedad Espiritista Española, Sesión Inaugural del año 1873-1874. Memoria y Discurso”, Folleto editado por la misma Sociedad. Imp. de D. J. M. Alcántara, C/ Fuencarral, nº 81. 16 páginas.)

He aquí, en tan breve texto, la clave de todo lo que venimos exponiendo, el hilo conductor que nos lleva tanto al corazón del problema como a las puertas de su resolución. Tengan bien presentes estas palabras y su significado, en relación con lo que pasaremos a exponer en adelante.

Manuel S. PorteiroUno de los autores espíritas que más avanzó en la clarificación y síntesis de los nuevos conceptos sociológicos derivados de la doctrina de los espíritus, fue el argentino Manuel S. Porteiro (1881-1936). Según podemos extraer de manera muy resumida de su trabajo, los principios fundamentales de esa nueva Sociología, que servirían de base a la sociedad del porvenir, formada por seres humanos de sanos ideales, son:

  • El reconocimiento del derecho natural.
  • El reconocimiento de la igualdad social.
  • El reconocimiento de la igualdad económica, proporcional a las necesidades y aptitudes de cada uno.
  • El reconocimiento de la igualdad de deberes en la producción útil, o sea en el trabajo material o intelectual.
  • La distribución del trabajo social en concordancia con las aptitudes y gustos de cada uno, con libertad en la elección del trabajo y asimismo en su duración.
  • La supresión de todo castigo legal e implantación de nuevos métodos correctivos en concordancia con el concepto espiritual de la vida.
  • La educación moral fundada en la justicia y en el derecho natural igual para todos.
  • El respeto mutuo, sin distinción ni categoría. Libertad, Igualdad y Fraternidad, no solo como meras proclamas constitucionales, sino como hechos sociales, derivados de la justicia económica y social de la nueva moral espírita. (De: “Concepto Espírita de la Sociología”, por Manuel S. Porteiro).

Todo esto incluye, evidentemente, la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre; la libertad de conciencia y de ideas, y, por encima de todo, la certeza de nuestra inmortalidad y del progreso indefinido del Ser. La conjugación de todo ello da forma a la más revolucionaria,  humana y espiritual concepción  que jamás pudiera plantearse.

8.- LAS GRANDES PLAGAS QUE AZOTAN A NUESTRA SOCIEDAD

Podemos decirlo de muchas formas, pero las grandes plagas, males o problemas que afectan a nuestra sociedad, pueden sintetizarse en cuatro grandes bloques:

a.- La violencia: la violencia es fruto de la incoherencia entre el SER y el ESTAR del individuo y tiene infinidad de caras: desprecio, humillación, maledicencia, imposición, irrespeto, desconsideración, descalificación, comparación, crueldad, etc.

Pero, además, esta incoherencia interior anula el carácter, que no es más que la “presencia del Ser”; sin SER no puede haber presencia y donde no hay presencia no habrá carácter. La violencia, en cualquier sentido es, pues, un síntoma más de la falta de carácter.

Cada estado de conciencia es generador de situaciones que nunca son inoperantes o inocuas, trae manifestaciones y consecuencias, bien sea hacia adentro, bien sea hacia afuera, o ambas.

b.- La obnubilante tecnificación: vivimos enfrascados en una tecnocracia incapacitante, que mantiene a una buena parte de la humanidad en un mundo virtual artificial, confuso, alucinado y desconectado de la realidad.

c.- El consumismo exacerbado: todo este sistema de vida produce vacío interior, el cual busca ser llenado con “algo” inmediato, de ahí la loca carrera por las posesiones, el consumo y el derroche, buscando suplantar la falta de sentido.

d.- La oscuridad espiritual: podemos concluir que las tres primeras plagas derivan todas de esta última.

9.- LOS TRES DESTINOS

Este panorama aboca a la humanidad a elegir entre tres posibilidades que se abren ante ella con respecto a su destino futuro, el cual va a depender de la elección colectiva que seamos capaces de hacer: 1) La autodestrucción; 2) La deshumanización, ó 3) La Solidaridad.

Los tres destinos

Tenemos confianza en la naturaleza humana y hay factores en juego que pueden inclinar la balanza. Uno de estos factores lo forman los que denominamos “mensajeros del tiempo venidero”.

Existe un tiempo colectivo y existe un tiempo personal, porque, a fin de cuentas, “el tiempo es “la vida íntima de la conciencia”. Hoy, como en otras épocas, si bien de una manera mucho más notoria y extensa, hay entre nosotros “infiltrados” que son como viajeros del tiempo futuro, los cuales se están revelando ya y se revelarán aún más en adelante. Observemos con detenimiento a los niños que están naciendo.

Niña de la nueva generaciónLos instructores espirituales hablaron a Kardec de una “nueva generación”. Ya en su época enseñaron que al planeta Tierra había llegado el momento de llevarse a cabo “una gran emigración entre sus habitantes”, de forma que una nueva generación de espíritus relativamente más evolucionados irían sustituyendo a la generación más atrasada.  Decía: “ Ubicados en un punto intermedio, asistimos a la partida de una y a la llegada de la otra, presentando cada una características propias… Las dos generaciones que se suceden – añadía – poseen ideas y miras totalmente opuestas. Es fácil distinguir a cuál de ellas pertenece cada individuo por la naturaleza de sus disposiciones morales y, especialmente, por sus disposiciones intuitivas e innatas”.

A los individuos de esa nueva generación los caracterizaría “una inteligencia y una lógica generalmente precoces, unidas al sentimiento innato del bien y de las creencias espiritualistas… No se compondrá exclusivamente – aclara – de espíritus eminentemente superiores, sino de espíritus con un cierto grado de progreso y predispuestos a asimilar todas las ideas progresistas y aptas para secundar el movimiento regenerador”.  (El Génesis, Capítulo  XVIII – Los tiempos han llegado)

El espíritu conocido como Doctor Barry, afirmaba en una comunicación: “Sí, ciertamente, la Humanidad cumple un período de transformación, como los vivió ya en épocas pasadas. Cada transformación está marcada por una crisis que es, para el género humano, lo que son las crisis de crecimiento para el ser humano como individuo. Estas crisis, a menudo dolorosas, se llevan consigo a generaciones e instituciones, pero siempre son seguidas por una fase de progreso material y moral… La Humanidad terrestre llegó a uno de los períodos de crecimiento”. (El Génesis, Capítulo  XVIII – Los tiempos han llegado)

Parece más que evidente que necesitamos una nueva organización social, pero ¿a dónde acudir para inspirarnos? ¿Dónde podremos encontrar modelos de referencia? ¿Puede el Espiritismo aportar alguna orientación para alcanzar este objetivo?

10.- EL FUTURO ESTÁ EN LO COLECTIVO

Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) lo dijo: “La edad de las naciones ya pasó. Si no queremos morir, es la hora de sacudir los viejos prejuicios y de construir la tierra”.

GebserEl filósofo cultural alemán Jean Gebser (1905-1973), uno de los pensadores más importantes del siglo veinte, va en el mismo sentido en su principal obra El Origen Siempre Presente (Alemania, 1949), donde nos habla de “estructuras de conciencia”, afirmando que una nueva forma de conciencia está emergiendo en el seno de la humanidad, la cual él llama “integral”.

Presintió y detectó que se estaban creando las condiciones para lo que él calificó de inminente “mutación” conciencial, una transformación que se hacía evidente en el fracaso de la “estructura mental-racional” de la conciencia, es decir el paradigma reductor racional científico imperante.

Según sus conclusiones, la conciencia se había movido a través de varias “estructuras” previas, cada una de las cuales había conseguido una separación mayor respecto de una fuente atemporal, inmaterial, espiritual, que designaba como “origen”; estas estructuras eran la Mágica, la Mítica y la Racional-mental. Sin embargo, en la estructura de conciencia Integral, el origen se hace perceptible, lo espiritual se concretiza y la “luz no creada” se manifiesta

11.- ¿ESTARÁ LA COLABORACIÓN EN LOS FUNDAMENTOS DE LA VIDA?

LMargulisa destacada bióloga norteamericana Lynn Margulis (1938 – 2011), autora de numerosos trabajos en Biología, destaca por haber descrito un importante hito en la evolución con su teoría sobre la aparición de las células eucariotas, como consecuencia de la incorporación simbiótica de diversas células procariotas (endosimbiosis seriada). También postuló la hipótesis según la cual la simbiogénesis sería la principal fuente de la novedad biológica.

En palabras llanas, esto significa que no siempre es la competición y la sobrevivencia del más adaptado como consecuencia de acumulaciones de mutaciones aleatorias, el factor que determina la evolución, sino que lo sería la cooperación. Toda una redefinición de las leyes evolutivas. ¿No nos estará indicando, pues, la propia Vida, por dónde estaría la ruta de la evolución humana?

Esto mismo ha sido intuido, dicho y enseñado desde siempre por grandes hombres y mujeres de todos los tiempos. El emperador y filósofo romano Marco Aurelio (121-180), expresó: “Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza”.

La búsqueda de una vida colectiva en forma de COMUNIDAD, que representase los ideales más altos para el ser humano, una vida justa, libre y segura, donde todas las necesidades estén satisfechas y las más altas aspiraciones del ser humano encuentren su cauce de expresión, a la vez que todas las potencialidades de sus integrantes vean facilitadas su expresividad sin límites, ha sido una constante en el seno de los individuos y de las sociedades, dando lugar al denominado pensamiento utópico.

Entendemos por UTOPÍA todo plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como deseable pero irrealizable en el momento de su formulación. El vocablo fue creado por Tomás Moro (1478-1535) quien lo usó para denominar el lugar de residencia de una sociedad ideal en el libro del mismo título, la Isla de Utopía (de “u-topos”: en ningún lugar; es decir, inexistente).

Las utopías intentan ser sistemas racionales capaces de concebir nuevos modos de organización social. Implican siempre una voluntad de ir más allá de lo existente, así como, a la vez, constituyen un escape del presente y una crítica del mismo al compararlo con lo que podría ser. Pretenden encarnar, como decía el filósofo judío-austriaco Martin Buber (1878-1965), “la visión de lo justo en un tiempo perfecto”.

Tenemos muchos ejemplos de concepciones utópicas: La “República, de Platón; “La Ciudad de Dios”, de S. Agustín de Hipona (413-427); “La Ciudad del Sol”, de Tommaso Campanella (1623), “La Nueva Atlántida”, de F. Bacon (1627), “Leviatán”, de Thomas Hobbes (1651), “El Naufragio de las Islas Flotantes”, de Étienne-Gabriel Morelly: (1753); El Manifiesto Comunista, de K. Marx y F. Engels, así como diversas otras obras del fructífero siglo XX.

Pero un gran problema ha sobrevenido cuando se ha querido convertir a las utopías en ideologías, porque a la vida no se la puede incrustar, no cabe en marcos teóricos cerrados, ya que su característica medular es el movimiento, la fluidez y la mutación. De ahí que la ideologización de una concepción utópica, equivale a colgar una imagen estática en el tiempo y de ahí a pretender imponerla, hay solo un paso. Para comprobarlo no hay más que ojear la historia.

Parece claro que alcanzar el tan deseado y deseable clímax social no es tarea sencilla. El peso de la historia cae con fuerza al contemplar cómo a pesar de un amplio abanico de variados e incomparables modelos, jamás hemos sido capaces de establecer la deseada COMÚN-UNIDAD.

Comunidad

A día de hoy, la creación de una verdadera COMUNIDAD humana de base espiritual, se presenta como la única puerta abierta progreso, después que todos los otros modelos han fracasado. Es que una vida no compartida no merece ser vivida.

12.- LA GRAN TAREA

Todos seguramente se habrán parado a reflexionar sobre cuál es, en definitiva, la función y sentido de ser esencial del Espiritismo. Tal como lo vemos, este sentido sería el de concienciarnos de quienes somos en realidad para revelar nuestra verdadera naturaleza, activando nuestras potencialidades y reflejar dicha naturaleza en nuestras obras.

Esto ¿cómo se traduce? Cómo humanos es nuestro destino expresar en nuestro hacer lo que somos: seres espirituales. Dicho en otros términos: revelar fuera lo que somos dentro para reflejar y traer “abajo” lo que es “arriba”. Hemos de ser puentes, volvernos diáfanos, convertirnos en espejos de la realidad espiritual. Y ser espejos y reflejar la realidad espiritual en el mundo, ¿no es lo mismo que aquello de “traer el reino de Dios a la Tierra”?

cielo reflejado

En suma: construir en la Tierra una vida que represente lo más fielmente posible la estructura de los planos sutiles superiores del reino del espíritu, es la gran tarea que tenemos por delante. Y esta gran tarea toma forma, se concreta, mediante un encofrado de principios, valores, leyes y referentes, henchidos de energía espiritual.

Pasemos a exponer algunos de esos principios fundamentales, columnas imprescindibles a tener en cuenta a la hora de erigir una verdadera comunidad humana, los que podemos llamar piedras miliarias de la vida comunitaria.

a.- Altruismo.

El altruismo es requisito básico si uno quiere consagrar su talento al trabajo común.

Acuñado originalmente por Auguste Comte allá en el año 1853, altruismo significa justo lo contrario de egoísmo, que es la tendencia, consciente o no, a anteponer los propios intereses a los de los demás. La madre el altruismo es la fraternidad.

Piotr Kropotkin (1842-1921), el geógrafo, naturalista y pensador político ruso, teórico del anarquismo, dijo: “La fraternidad humana y la libertad son los únicos correctivos que hay que oponer a las enfermedades del organismo humano que conducen a lo que se llama crimen”.

Pero ésta ha de ser una fraternidad entendida “como  libertad responsable frente a los demás”, como expresaba un indiscutible referente moral contemporáneo,  José Luis Sampedro.

b.- Buena voluntad y experiencia.

La buena voluntad la podemos definir como la intención dirigida hacia el bien y, la experiencia como la substancia de lo vivido. Cuando la buena voluntad se ve abonada por la experiencia surge un bien mayor, se acorta el tiempo para conseguir resultados y se gana en efectividad. La experiencia permite evitar la repetición indefinida de los errores propios del novato.

No obstante, la experiencia no puede convertirse en el ancla de la evolución, coartando el acceso a los nuevos espacios exploratorios que el ser humano habrá, obligatoriamente, de  sondear para avanzar, arguyendo que “siempre se hizo así”.

c.- Conocimiento y formación.

El conocimiento será una de las bases de la COMUNIDAD, sin ponerle límites a éste. La ignorancia es el peor fundamento para crear comunidad.

El conocimiento puede ser entendido como el volcado inteligible y operativo de la comprensión. El conocimiento es la llave que abre las puertas del futuro, de ahí que ponerle límites significa violentar la inteligencia, cegar la curiosidad, decapitar la imaginación, cristalizar la creatividad, negar nuestra espiritualidad.

Mas el conocimiento necesita verterse como formación, una formación multifacética, porque la especialización, como camino exclusivo, solo lleva a la desintegración.

d.- Compromiso.

El compromiso es la responsabilidad adquirida sobre la base del conocimiento. Esto es algo que va mucho más allá de la implicación. No se puede crear una comunidad sin compromiso.

Lo único que puede hacer tambalearse al compromiso es el miedo, y su presencia es evidencia de un nivel inadecuado de conocimiento-conciencia.

El compromiso es una categoría ética, no legal; cada cual está automáticamente comprometido en correspondencia directa con el nivel de su conciencia, y es la vía para la demostración viva del conocimiento-conciencia adquirido. No es concebible un compromiso pasivo.

e.- Desarrollar el sentimiento de unidad.

La unidad ha sido siempre señalada como el baluarte más importante del éxito. El sentimiento de Unidad es síntoma de la percepción del Plan inmanente, e implica tanto suma de intenciones como conjunción de esfuerzos.

La entidad que sea crea desde lo colectivo, es más que la simple suma aritmética del valor de sus componentes individuales, apareciendo un ente de rango cualitativo superior, que a su vez influye en sus componentes por un proceso de retroalimentación, que conduce a que cada individuo integrante sea capaz de sacar de sí mismo mucho más de lo que nunca pensó que pudiera aportar.

Por el contrario, cuando no hay unidad se contrarrestan, anulan y pierden multitud de esfuerzos. Por eso se ha de acrecentar el sentido de comunidad. Aquí el Espiritismo puede tener una función importante, enseñando la verdadera naturaleza humana.

Pero este llamado a la UNIDAD no se puede confundir con la anulación de la diversidad, todo lo contrario, la unidad a la que nos referimos no tiene nada que ver con uniformización.

f.- Desarrollar la cooperación.

Cooperar es trabajar juntos para y por una misma finalidad, sin perjuicio para nadie. Deberes y derechos son las dos caras de una misma moneda, los dos extremos de una misma cuerda. Necesitamos fundar una RECIPROCRACIA

Sin embargo, nadie puede desarrollar armoniosamente un trabajo, aún compartiendo la finalidad, si no se siente encajado desde su peculiaridad y valores distintivos en el marco de la labor colectiva. Para que esto se dé, se necesita favorecer y desarrollar la VOCACIÓN.

g.- Cultivar la amistad.

La amistad es la red energética afectiva aglutinante que se extiende entre semejantes que se entienden, respetan, colaboran y crean juntos, con prevalencia del bienestar común por encima del exclusivo personal. La amistad es el preludio de la fraternidad y la hermandad. ¿Concebís la posibilidad de una comunidad sin la urdimbre estructuradora de la amistad?

h.- Fundamentar en la ayuda mutua la búsqueda del bienestar general.

El sendero de la vida es de ayuda mutua. Esta es la comprensión de la interdependencia puesta al servicio del sentido de unidad. Con la ayuda mutua se supera la competitividad como base del desarrollo social.

En una COMUNIDAD no puede haber exitosos y fracasados, vencedores y vencidos, ricos y pobres. No se puede convivir en comunidad desde el derroche o desde la necesidad.

En una COMUNIDAD tampoco puede haber igualdad absoluta – uniformidad – porque es un hecho que no somos iguales y tenemos necesidades dispares.

La ayuda mutua es indispensable para lograr el bienestar general, que es la tarea común. La malicia estará descartada porque es una intención deformada por un falso conocimiento, o mejor dicho, por la ignorancia. Luego, la malicia y el bienestar general, son absolutamente incompatibles.

¿En qué terreno se enraíza la tarea del bienestar general? En el suelo de la confianza. Y éste lo forma la tierra de la certidumbre.

i.- Ejercitar la sobriedad.

La SOBRIEDAD es la equidad y el respeto en el uso y disfrute de los recursos. Implica certidumbre, plenitud interior, eficacia energética, capacidad de adaptación, justicia distributiva, abundancia, solidaridad, libertad, salud, equilibrio, flexibilidad y belleza.

Desde la sobriedad cualquier cambio es posible y más fácil de realizar.

j.- Elaborar reglas claras.

La cooperación es la base de una vida comunitaria y  necesita estar basada sobre reglas claras, unas reglas inspiradas en las grandes leyes del Universo.

La presencia de reglas claras enseña orden y disciplina, que a su vez ayudan a la adquisición de un ritmo. Además, tener reglas claras denota un plan o proyecto por el que se saben las condiciones de partida, a dónde se va y cómo se va. Representa también el desarrollo de un criterio claro, ayudando a evitar los perjuicios y los abusos.

El criterio es como una plantilla con la que se puede calibrar la realidad o irrealidad de un planteamiento. Es un patrón que resulta de una estructura interior equilibrada.

Estas reglas de cooperación serán pocas. Desconfiad siempre de todo sistema social que esté atiborrado de leyes y normativas; eso es señal de la existencia de una superpoblación de tramposos, lo que, a su vez, indica la prevalencia de la intención del engaño, el fraude, la hipocresía, el egoísmo y la corrupción. En una sola palabra, de la ignorancia.

Bien claro lo decía José Martí: “Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí“.

k.- Asimilar la dignidad y el valor del verdadero trabajo.

Dignidad es reflejo de saberse que se ES; es una actitud nacida de la autoestima. Los espíritus dijeron a Kardec que todo aquello que se hiciera que fuera útil, era TRABAJO. O como lo define Khalil Gibrán: ”El trabajo es el amor hecho visible” ¿Y qué es lo útil, sinónimo del amor hecho visible? Pues lo que hace bien a todos y a nadie perjudica.

¿Qué sucede cuando comprendemos que SOMOS en la interrelación con los demás y en el trabajo? Pues que reconocemos el valor de las cosas bien hechas porque se activa el amor a la obra. Imaginad una comunidad humana donde todos sus miembros estén imbuidos de un permanente afán por hacer las cosas cada vez mejor, por el solo placer de hacerlas bien. ¿Dónde serían capaces de llegar?

Pero, además, el  trabajo será continuo. La labor continua es un indicativo de estar vivos, porque la vida se caracteriza por un fluir constante y estar vivos es permitir que la vida fluya por nosotros. Desde el momento en que perdemos esa fluidez, esa creatividad, es que hay obstáculos interfiriendo, de aquí el dolor, la enfermedad, el conflicto.

Recordemos aquí las palabras de nuestra recordada Amalia Domingo Soler: “Yo antes me quejaba de todo. Después de conocer el Espiritismo sólo pienso en trabajar”.

El trabajo, la labor, la cooperación, será voluntario. El trabajo no puede ser una esclavitud forzada, sino que tiene que ser voluntario como expresión natural consecuente al aumento de la conciencia. Si no es así, hay falsedad e ignorancia y todo lo que se quiera construir sobre esa roída base, será falso. El avance real solo se puede realizar desde la libertad, en caso contrario provocará tensión, deformación y, consecuentemente, un engendro monstruoso y autodestrucción, tanto en lo personal como en lo social.

Las tareas que se desempeñen serán vocacionales. Recordemos que en su sentido etimológico original vocación es la “acción y efecto de llamar”. Hacer algo con agrado, que a uno le llene, contribuye a que los resultados sean más efectivos, productivos, perfeccionados, creativos y útiles. En el orden individual habrá mayores cotas de satisfacción y realización personal, de plenitud. En el orden social habrá más integración, coherencia y paz.

Aún así hay aspectos en la vida de una comunidad que serán ser realizados por la totalidad de sus miembros, en particular todas las actividades básicas. Es necesario tener siempre una toma de tierra, una cura de realidad. Grandes problemas vienen cuando se pierde este sentido de la realidad, si no véase la lejanía actual entre gobernantes y pueblo.

l.- Revalorizar las labores manuales.

Decíamos antes y repetimos ahora, que no se puede perder el contacto con la realidad. El desarrollo de las habilidades manuales nos compenetra con el mundo concreto, ayudando a enlazar idea y fenómeno. Esto quiere decir que nos convertimos en creadores completos, que son aquellos que además de concebir la idea, desarrollan la capacidad de formalizarla.

Quien hace creando, valora lo que otros hacen creando y esto da solidez a la comunidad, convirtiéndose en argamasa social sobre la base de la confianza, el respeto, el aprecio y la estima mutuos.

Cooperación conscientem.- Desarrollar la cooperación consciente.

Ningún trabajo es nocivo; sólo lo serán, si las hay, las condiciones ignorantes que lo puedan rodear. Todos los trabajos son importantes y solo una cooperación consciente permitirá un trabajo sano.

No se puede tener amor a la obra, si no se siente uno parte de algo superior que dote de sentido. Cuando las cosas cobran sentido es como si se iluminasen desde dentro y se comienzan a ver como son en realidad, cobrando todo su valor.

Cuando hago lo que hago porque sé y siento eso que hago y para qué lo hago, y comprendo su valor en el marco de la totalidad, es que estoy desarrollando una cooperación consciente.

n.- Desarrollar la justicia y la protección mutua.

Para que cada cual pueda poner en el trabajo lo mejor de sí mismo, se precisa calentar el corazón. Una COMUNIDAD es un organismo donde todas sus partes trabajan con un sentido unitario.

La justicia y la protección mutua derivan precisamente de percibir, comprender y sentir ese sentido unitario. Piezas de un mismo motor, piezas distintas en forma y función pero todas contribuyendo a una finalidad común; desde el momento en que una pieza es desatendida y falla, todo el motor se resiente y pierde su sentido de actuación. Por eso la conciencia colectiva comprende y siente que su supervivencia se asienta en la protección individual, y la protección individual se asienta en el realce de lo colectivo.

ñ.- Adquirir conciencia de la responsabilidad espiritual.

La manera de ennoblecer las conquistas sociales y de despertar las mejores posibilidades, es despojándolas de todo carácter competitivo. Esto únicamente se consigue cuando las cosas se hacen sin expectativas, sin pretensiones.

En esencia, ¿en qué consiste eso de “percibir todo con una conciencia espiritual”? Formulado de otra forma: ¿cuál es el síntoma más evidente de que todo se percibe con conciencia espiritual? Cuando hay conciencia de la Unidad.

o.- Establecer las metas más altas que seamos capaces de concebir.

Es necesario esforzarse hacia lo sumo, hacia lo absoluto. “Seamos realistas, hagamos lo imposible”, rezaba uno de los slogans más conocidos de la revolución parisina de 1968. Si no nos lo creemos, no lo haremos. Aquí está el secreto de la única fe posible y válida

¿Cuál es la llave de toda realización? La continuidad, sin bajones, en la tensión creativa, en el trabajo desde la unidad interna, porque solo la unidad es fuente.

p.- Exaltar la sencillez desde el reconocimiento de lo esencial.

¿Cómo será posible mover los corazones? No perdiendo sencillez. La exaltación de la sencillez únicamente podrá venir desde el reconocimiento de lo esencial a partir de una visión de conjunto, resultado de la comprensión sentida y anclada en la realidad mediante la acción práctica.

Es desde aquí donde se perciben los cuadros de correspondencias entre todo lo existente, desde donde se detecta y siente el hilo conductor de la Creación, el sentido unitario de la totalidad: la intención del Creador.

Desde esa perspectiva, la inmensa mayoría de los problemas y conflictos que sufrimos se revelan como auténticas nimiedades, que se disuelven de igual forma que la niebla de la mañana ante los primeros rayos de sol.

Tomar conciencia 03

13. CONCLUSIÓN

Sabemos la meta porque la sentimos y la siente un creciente sector de la humanidad que pronto será cualitativamente mayoritario. Nos resta identificar las fórmulas y modelos que encaucen y encarnen esa visión. Pero lo alentador, lo significativo, lo maravilloso, es que esas fórmulas las tenemos delante de nosotros, están aquí, tocándonos ahora mismo. El futuro de la humanidad está ya, ahora, aquí, ¿o es que no lo veis?

El problema es de visión interior y exterior. Todos los mecanismos, los adelantos y los modelos están ya en el presente. Hay que entrenar la vista intuitiva mediante la expansión de la conciencia y ejercitar el compromiso, entonces la historia dará un giro hacia un extraordinario horizonte de luz.

¿Qué habrá problemas? Si ¿Más agudos que los actuales durante un tiempo? Posiblemente. ¿Esto nos habrá de echar para atrás? En absoluto. ¿Qué la victoria es segura? Indudablemente.

Esta es, a nuestro modo de ver, la esencia del mensaje del Espiritismo como respuesta a los desafíos actuales del ser humano.

Oscar M. García Rodríguez    (GRUPO ESPÍRITA DE LA PALMA)

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AMADO-NERVO

AMADO NERVO: APUNTES BIOGRÁFICOS

Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo, conocido como Amado Nervo, nace en Tepic, Nayarit (México), el 27 de agosto de 1870. El sonoro nombre de Amado Nervo, frecuentemente tomado por seudónimo, era en realidad el que le habían dado al nacer, tras la decisión de su padre de simplificar su verdadero apellido, Ruiz de Nervo. Él mismo bromeó alguna vez sobre la influencia en su éxito de un nombre tan adecuado a un poeta.

Su vida estuvo signada por la tragedia. Su padre muere en 1879, posteriormente se suicida su hermano Luis, y también desaparece Ana Cecilia, su gran amor, en 1912.

Estudia Ciencias, Filosofía y Teología.

En México, donde reside a partir de 1894, funda una revista de renovación artística, Revista azul, junto a Manuel Gutiérrez Nájera. En 1896, aparece su primera obra, El bachiller, de rasgos naturalistas.

En 1898, aparece la Revista Moderna, en colaboración con Jesús Valenzuela. El mismo año se conocen Perlas negras y Místicas, poemas modernistas. Este último estilo se refuerza con el contacto con Rubén Darío y Leopoldo Lugones, con quienes inicia una estrecha vinculación, durante su viaje a París, realizado como corresponsal del diario El Mundo, a la Exposición Universal.

Publica en esa época un libro de poesías: El éxodo y las flores del camino (1902). Allí conoce a quien sería la musa de los poemas contenidos en La amada inmóvil, publicados en 1922, luego de su muerte. Esa mujer a la que ama para siempre es Ana Cecilia Luisa Dailliez.

Al volver a México trabaja como docente de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria.

Ingresa en 1905, en el mundo diplomático, como Secretario de la Embajada de México en Madrid.

Su carrera se suspende entre 1914 y 1918, a causa de la revolución, para retomar en ese último año, como Ministro Plenipotenciario en Argentina y Uruguay, cargo que ocupa hasta su muerte, acaecida en Montevideo, el 24 de mayo de 1919. Posteriormente, sus restos son trasladados a México, donde descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Publica también ensayos, como Juana de Asbaje (1910), en homenaje a la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, y Mil filosofías (1912). Entre sus prosas figuran Almas que pasan (1906) y Ellos.

VINCULACIONES CON EL ESPIRITISMO

Del apartado que le dedica Jon Aizpúrua al este sublime poeta mexicano en su obra El espiritismo y la creación poética (1993 ), extraemos los siguientes comentarios:

“Doce años de dichosa vida en París, unido por amor, que no por las leyes, a un alma femenina exquisita, culta y sensible: Ana Cecilia Luisa Dailliez, lograrán que su poesía trasunte expresiones sublimes de amor y optimismo, reflejando en el verso su inocultable felicidad. Pero esta se acabará en 1912, cuando su amada parte hacia la otra dimensión, minado su organismo por la fiebre tifoidea. En su conmovedora obra, La amada inmóvil, inmortaliza el mayor amor y dolor de su vida, resumiendo en una totalización espiritual deslumbrante, alegórica, intimista, el sentimiento de estar enamorado y el horrible sufrimiento por la pérdida de su ser más querido. En relato emocionante, confiesa que, solo pudo evadir la tentación de acortar su vida, por su fe en lo espiritual: “Y he aquí como inveteradas ideas espiritualistas , que desde mi infancia anclaron en el alma, ahondadas por tantas lecturas, me han impedido la muerte: gracias a ellas… ¡ni puedo vivir ni puedo morir!”.

Su constante preocupación por indagar qué hay tras la apariencia sensible de las cosas, por descifrar el misterio que envuelve a la personalidad humana, le vincula con los grandes nombres de la lírica espírita. Y puede considerarse perfectamente a Nervo como un poeta espiritista, porque su concepción del mundo no era la de un intelectual adscrito a una visión espiritualista teórica, abstracta o ambigua, sino que se nutría de las tesis kardecianas en relación con la mediumnidad, la reencarnación, la multiplicidad de la vida en el Universo, la envoltura periespiritual, los fenómenos de hipnotismo, magnetismo y desdoblamiento, temas todos omnipresentes en sus creaciones, sobre los cuales escribió con acierto y convicción. Sus poesías reúnen tanta belleza y espiritualidad que han sido y seguirán siendo, números obligados de todo recital poético, en las instituciones espiritistas de todo el mundo”.

A continuación transcribimos el Prefacio que Amado Nervo escribió para La amada inmóvil.

Encabezamiento Amado Nervo

Creí que Serenidad sería mi último libro de versos, y así lo afirmé a un amigo. Esta afirmación me perdió, porque la vida no gusta que le tracen caminos, y el arcano burla los propósitos de los hombres. He vuelto, pues, a componer poemas. Un nuevo dolor, el más formidable de mi vida, los ha dictado, y sollozo a sollozo, lágrima a lágrima, formaron al fin el collar de obsidiana de estas rimas que cronológicamente siguen a las de Serenidad.

¡Serenidad! Pensé que en la madurez de la vida iba a llegar a esa altiplanicie desde la cual dominamos los acontecimientos, vemos pasar la caravana de trivialidades y miserias terrestres y sonreímos piadosamente “del Circo de las Civilizaciones”. Pensé que si hasta entonces mi vida había sido conturbada e inquieta, él hondo deseo de ser sereno y el tesón en expresarlo acabarían por serenarme de veras, haciéndome adquirir por fin el más precioso de los dones que he ansiado en la turbulencia y la amargura de mis días: la ecuanimidad.

Complacíame en el viejo símil de la montaña: arriba, nieve, el inmutable firmamento sin límites; abajo, nubes, tormentas, ciclones, torrentes bravíos, árboles desgajados. . .

¡Pobre superhombre! La mano de Dios se abatió sobre mí, y en un instante el alma himalayesca, cobijada, por el azul, no fue más que un pobre guiñapo sangriento, convulso y sollozante.

Tenía yo un cariño, uno solo, ornamento de mi soledad, alivio de mi melancolía, flor de mi heredad modesta, dignidad de mi retiro, lamparita santa y dulce de mis tinieblas, y en unos cuantos días, ante mis ojos despavoridos, ante mi amor estupefacto, se me fue de la vida, dejándome de tal manera atónito frente a la realidad., que necesito cogerme la cabeza entre las manos febriles y apretármela como entre dos tenazas para convencerme de que es verdad lo que sé, lo que pienso, lo que me pasa; que no se trata de una macabra prestidigitación, de un espantoso escamoteo, y de que todo lo que amé se ha desvanecido de veras y se ha vuelto fantasma.

Va a hacer un mes, un mes solamente, y, sin embargo, en esos treinta días, en esos treinta relámpagos he llorado más lágrimas que estrellas visibles tiene la noche.

Páginas escritas en los últimos días de enero y primeros días de febrero de 1912.

Va a hacer un mes, y en esos treinta relámpagos he acumulado tal cantidad de dolor, que me parece que todos mis males pasados y que todos mis males posibles se dieron cita para invadir y llenar mi espíritu, a fin de que no quedase en él un solo hueco que no fuese angustia.

Ana cecilia DailliezVa a hacer un mes que, a las doce y cuarto del día, se extinguió blandamente Ana Cecilia Luisa Dailliez, mujer excepcional por su gracia, su bondad y la persistencia extraordinaria de su ternura, a quien conocí en París en una noche en que mi alma estaba muy sola y muy triste, la noche del 31 de agosto de 1901, y con quien viví desde entonces en la más cordial y noble de las compañías hasta el 7 de enero de 1912, en que murió en mis brazos.

Esta muerte ha sido la amputación más dolorosa de mí mismo. Un hacha invisible me ha dado un hachazo en mitad del corazón. Los pedazos de la entraña quedaron allí trémulos, entre borbotones de sangre. Luego uno de ellos fue arrebatado por el brazo omnipotente de la muerte, y el otro, el otro, mísero, siguió latiendo, latiendo… La tremenda rudeza del golpe no pudo apagar el ritmo de la vida… Siguió latiendo, sí, la triste entraña mutilada; siguió latiendo entre los coágulos obscuros, y late todavía.

Veintiún días duró la enfermedad de Ana; veintiún días que fueron necesarios para poder clavarme en la conciencia la convicción de que iba a morir. Esta convicción era de tal suerte desmesurada para mis fuerzas, que hoy mismo, a pesar de todas las evidencias, me rebelo a veces contra ella, y entonces a mí soledad se une la más impotente de las desesperaciones.

El domingo, 17 de diciembre, la dulce y adorable compañerita de mi vida volví a casa herida ya por el terrible bacilo de la fiebre tifoidea. El lunes empezó a sentirse mal; el jueves, 21, se encamó definitivamente y comenzó su calvario hasta el 3 de enero, en que, perdida la lucidez, fue cayendo, apaciblemente recostada sobre el almohadón blandísimo de la inconsciencia, en el seno insondable de la muerte.

Yo la velé todas las noches, con excepción de algunos ratos de imprescindible pero inquieto reposo, que quizá no sumaron en las veintiuna jornadas el espacio de diez horas. Mis días se pasaban en la obscuridad de la alcoba, al lado del lecho, espiando su respiración, aguzando mis ojos para ver los suyos, entrecerrados apenas o abiertos en la sombra. Esa perenne y angustiosa vigilia sólo alternaba con un tormento indecible: el de ir tarde por tarde a mis quehaceres, a despachar, imprescindiblemente, los múltiples asuntos de mi incumbencia.

Como aquel nuestro cariño inmenso no estaba sancionado por ninguna ley; como ningún sacerdote nos había recitado maquinalmente, uniendo” nuestras manos, algunas frases latinas; como ningún juez civil nos había gangueado algunos artículos del Código, no teníamos el derecho de amarnos a la luz del día, y nos habíamos amado en la penumbra de un siglo y de una intimidad tales, que casi nadie en el mundo sabía nuestro secreto. Aparentemente, yo vivía solo, y muy raro debió ser el amigo cuya perspicacia adivinara, al visitarme, que allí, a dos pasos de él, latía por mí, por mí solo, el corazón más noble, más desinteresado y más afectuoso de la tierra.

Pocas veces, muy pocas, salíamos juntos, evitando las arterias febriles ¿le la metrópoli, donde mi relativa popularidad podía prepararme sorpresas. En cambio, en ciertos viajes nos desquitábamos ampliamente, y brazo con brazo, enredadas las diestras con una ternura que tenía mucho de fraternal, nos dedicábamos a ese flaneo deleitable de París, de Londres, de Bruselas, buscando el bibelot gracioso, deteniéndonos ante el deslumbramiento de los escaparates, refugiándonos en los íntimos y perfumados rincones de los restaurantes, donde los gourmets de buena cepa, como nosotros, compensaban tantas acritudes de la vida…

Pero tal persistente secreto fue mi tortura persistente también, y en los días de la enfermedad de mi Ana esta tortura llegó a su máximum. A las tres de la tarde, a las tres y media a lo sumo, era preciso dejar a la idolatrada enferma y partir. Eran días aquellos de un trabajo incesante. Tenía yo entre manos innumerables asuntos diversos. Acudían, además, las visitas a todas horas. Y mientras el amor de mis amores se agitaba presa de la fiebre en su lecho, yo, a tres kilómetros de mi casa, hacía sumas, multiplicaciones y divisiones, redactaba notas, sonreía a los diversos visitantes, respondía a consultas de toda índole e inventaba todos los días una nueva mentira para escapar a las invitaciones, para despistar la curiosidad en acecho de los íntimos, sustraerme a su torturadora compañía, y correr, volar entre la multitud atareada, entre el enmadejamiento de tranvías y automóviles, a mi habitación, subir con ansias de muerte las escaleras, llamar directamente para que el sonido brusco de la campanilla no alarmase, a mi doliente idolatrada, y preguntar con voz temblorosa a quien me abría:

-¿Cómo sigue? ¿Cómo sigue?

Si debe creerse que nuestra existencia es una expiación de yerros anteriores, sabe Dios que yo expié en esas horas muchas faltas de otras vidas, o de esta mi pobre vida incoherente y mediocre, en la que ni siquiera ha habido un gran pecado, porque su magnitud no rimaba con mi alma, tipo aun de evoluciones intermedias.

Por fin, un día ya fue imposible el fingimiento, y, a pesar de que mi enfermita me insinuaba: “No le digas nada, mon mignon… ¡Para qué!”, yo dejé caer en manos de mi “superior inmediato” (los diplomáticos, ¡ay!, no somos más que unos animales jerárquicos) mi ingenuo secreto de tantos años, para tener el derecho de escapar de la Cancillería en cuanto lo esencial había terminado, ¡y de estar una hora antes a la cabecera del alma de mi alma, que se me moría! nada noche en que su sufrimiento era muy intenso y en que, abandonados, al parecer, de Dios y de los hombres, yo sollozaba al borde del lecho, mientras ella se retorcía de angustia le dije, aprovechando la pequeña tregua de su alivio: “Rica mía, óyeme: es preciso que tengas la voluntad de vivir. Hazte una resolución poderosa. Di: “¡Quiero vivir, quiero vivir!” (Je veux vivre!) Me acordaba quizá de la frase de lord Bacon de Verulan, citada por Edgard Poe: “El hombre no se rinde ni a los ángeles ni a la muerte sino por el achaque de su propia voluntad”.

La pobrecita mía me respondió: “Oui, mon mignon, oui…” Pero ¡todo en vano’ Dios había hecho ya un signo a la muerte, y el ser más amado de mi existencia, el gran cariño de más de diez años, se me hundía, ¡se me hundía irrevocablemente en la eternidad! La perspectiva de su muerte había despertado siempre en mí un pánico tal, que en estos dos lustros, yo, que a pesar de todo he permanecido espiritualista; yo, que desligado de fórmulas y recetas religiosas he amado a Dios y a Cristo en espíritu y en verdad, casi no tuve en la mente más que esta oración, vuelta ya a modo de jaculatoria: “¡Señor, haz que muera yo antes que ella!”

Y con tal fervor la había repetido, que estaba seguro de haber sido escuchado. Así, pues, mi desorientación, a medida que la gravedad se extremaba, era inmensa. Más de tres veces se leen en el Evangelio estas palabras de Jesús: “En verdad, en verdad os digo que todo lo que pidiereis al Padre, en mi nombre, os será concedido”. Y cuando mi perpetua súplica salía de mi corazón, tenía yo cuidado de añadir: “Te lo pido, Señor, en nombre de Cristo, que nos dijo: “Todo lo que pidiereis al Padre, etc.”

En los últimos días, mi oración se iba volviendo imperiosa. ¡Creía yo tener el derecho de que se me oyese! Se trataba de la promesa del ser más puro, más luminoso y más grande que había pasado por la tierra. Era asunto de dignidad divina. Dios no podía dejar de cumplir la palabra del espíritu que más le ha amado y se le ha acercado más en la sucesión de los siglos: “En verdad os digo que todo lo que pidiereis al Padre, en mi nombre, os será concedido.”

¡Y no fue así! Nadie ha orado con más fervor que yo, y nadie quizás, en diez años, ha recordado con tal energía a la Causa de las causas La última noche de mi Anita, mi jaculatoria y la exigencia de la promesa que hay en ella fueron de una exasperación bronca, violenta. Me encaraba yo locamente con lo Desconocido y le exigía que hiciese honor al compromiso de Cristo.

Uno de los médicos de cabecera, llamado violentamente a eso de las ocho, me había dicho: C’est fin¡, y después. “Pero vamos a rendir la jornada de la muerte. Vamos a hacerle vivir artificialmente ocho o diez oras, a fin de ver si la naturaleza se aprovecha de ellas, intenta un nuevo esfuerzo y la salva. Sólo que había añadido- no abrigue usted esperanzas… Son tan lejanas, tan lejanas…”

Yo acepté; ¡qué había de hacer! Sabía, por otra parte, que las inyecciones no iban a hacerla sufrir, gracias a su bendita inconsciencia de tres días.

Y se le inyectó aceite alcanforado, cafeína, ¡qué se yo! Y se le dio café negro con esencia de canela y de clavo, y se la galvanizó así en modo tal, que debiendo morir a las nueve de la noche, a juzgar por su aplanamiento, murió al día siguiente, a las doce y cuarto del día. Y durante esas horas, en que a cada inyección sucedía una resurrección momentánea, como aquellas del horrible cuento de Poe, yo, atrozmente balanceando entre el desaliento y la esperanza, no cesaba de clamar de alma a alma, de la mía, mísera y mezquina, al alma eterna de Dios: Señor, te lo ruego en nombre de Cristo, que nos dijo: “En verdad, en verdad, todo lo que pidiereis al Padre, en mi nombre, os será concedido.”

Tres o cuatro días antes de sentirse enferma mi adorada tuvo un presentimiento, raro en su carácter. “Esta tarde me dijo, al volver a casa, se me ocurrió de pronto que debía indicarte una cosa. Si me muero, en el tercer cajón de mi cómoda, en una cajita circular, está la llave de mi secrétaire, en el cual se hallan mis papeles. No sé por qué se me ocurrió esto— y pensé: Toma, ¡si se lo dijese a Amado! “Yo sentí una como onda de hielo en el corazón. .. pero, no queriendo dar consistencia a su idea, le respondí: “Yo también te recuerdo que en el mueble tal, en el cajón que tú sabes, está mi testamento”. Como de ordinario, cuando hacía yo alusión a mi muerte, ella exclamó exaltada: “Por Dios, no hablemos de esto”. Y ya no hablamos más aquel día. Pero, a pesar de la oleada de hielo en las entrañas, pensé que nada debía yo temer, que el hombre que perennemente había orado para que se le concediese morir antes que ella no podía morir después. Y las palabras mágicas, la promesa de Jesús, me invadió el alma con su certidumbre consoladora: “En verdad, en verdad os digo que todo lo que pidiereis al Padre, en mi nombre, os será concedido”.

¿Inutilidad de la plegaria? ¡Sí, inutilidad de la plegaria! ¡Oh.! almas que aun creéis, como cree aún mi alma: la plegaría es nula e indica una concepción infantil, y hasta ofensiva, del principio eterno que nos rige.

Pues qué, ¿esa inteligencia infinitamente lúcida, previsora, lógica, para la cual no existe limitación ninguna de espacio y de tiempo, a quien achicarnos con sólo darle nombre; ese ser inconmensurable que ha ordenado, para fines de El sólo conocidos, todos los universos, va a torcer sus designios porque un pobre espíritu conturbado de hijo, de esposo o de padre, le pide que los tuerza?

El corazón nace con una potencialidad determinada para latir, y no dará un latido más de los millones que constituyen su rendimiento vital, aunque os pongáis a verter todas vuestras lágrimas y a exhalar todas vuestras oraciones.

Lo que sucede debe suceder y está bien que así suceda. Los designios de Dios se patentizan en los hechos inevitables, y todo lo inevitable es bueno. “Un hecho tan universal como la muerte debe ser un gran beneficio”, dijo Schiller. La única plegaria posible es, por lo tanto, la que nos enseñó Jesús desde la montaña, en una tarde misteriosa de otros siglos: “¡Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo! “Sí, la petición es inútil; pero no lo es la oración. El alma humana debe elevarse hasta una serena y constante contemplación del Arcano. La vida por excelencia es la del hombre cuyas actividades diarias se emplean en el bien y cuya mente superior, cima espiritual, está en perfecto contacto con lo invisible. Hay que orar, sí, para reunirse a lo Increado; pero es fuerza no pedir mercedes de esas que Jesús nos dijo que se nos darían por añadidura.

Fuerza es orar, sí porque, por remota que supongamos a la inteligencia creadora, inteligencia es, alma es de la esencia misma de la nuestra, y el ímpetu y el pensamiento de un alma llegarían siempre a otra alma. No hay distancia a través de la cual dos almas no puedan tender un puente. Tendámoslo por la contemplación entre nosotros a Dios; pero Jamás pidamos nada. Nuestro destino es inflexible como la mano que nos lleva a través del abismo, Nuestro destino es inflexible, sí, y su inflexibilidad es el signo por excelencia de su divinidad. Un destino sesgo, poligonal, que fuese torciéndose a cada paso por efecto de nuestras plegarias, sería indigno de nuestro acatamiento y merecedor de nuestro desprecio. Dios no puede tener piedad, porque ésta supondría una regresión en la voluntad increada, algo como una rectificación, como un arrepentimiento.

Mi lógica concibe todo esto.. . y, sin embargo, noche a noche, llena el alma de una angustia encrespada, de los huesos, pido a Dios que me restituya a mi Ana.

¿En qué forma puede restituírmela? Ya han pasado más de dos mil años desde que Jesús dijo a Lázaro: “Ven fuera”, y exclamó de la hija de Jairo: “No está muerta, es que duerme”, No hay más que dos formas de restitución: o que ella venga a mí espiritualmente, o que yo vaya a ella por el gran camino, por el camino real de la muerte. Con respecto al primer modo, centenares de miles de hombres pretenden conversar con los muertos, penetrar en el plano astral donde viven, verlos y seguirlos en sus evoluciones.

Según ellos, los muertos nos rodean. No están ausentes, sino invisibles, como dijo Hugo… Pero nosotros, a menos de tener desarrollado este sexto sentido de la visión subconsciente, de la evidencia, no podemos verlos… Acaso, como dice Maeterlinck “continúan viviendo alrededor de nosotros; pero no logran, a pesar de sus esfuerzos, hacerse reconocer ni darnos una idea de su presencia, porque no tenemos el órgano necesario para percibirlos…” Sólo los muertos pueden ver a los muertos.-. .

Según William T. Stead, entre los muertos hay tanto escepticismo acerca de la posibilidad de comunicar con los vivos como lo hay entre los vivos acerca de la posibilidad de comunicar con los muertos. Unos y otros comprendemos que entre ambos se extiende un mar de misterio.

Sólo que los cientos de miles de hombres de que hablaba yo antes pretenden haber franqueado ese mar en una nave mágica que se llama clarividencia, visión astral, y con timoneles enigmáticos que se llaman me diunis o adeptos. El propio Stead exclama: “He visto, y por eso creo. He visto a: mi hijo materializarse ante mis ojos…” Y el eminente Lealcater, basado en experimentos personales, nos afirma que la muerte no existe.

Ahora bien, a mí me ha sido hasta hoy negada toda videncia. Lo que cientos de miles de hombres pretenden haber, visto yo no lo vi jamás. Y, sin embargo, aunque soy pequeño entre los pequeños, aunque constituyo un tipo de evolución media, difícil ha de ser hallar en el mundo un hombre que con más encarnizamiento haya tocado a la puerta de acero del misterio, que se endereza imponente en la montaña, en medio de la noche. El aldabón resuena en las tinieblas, con sonoridades pavorosas: ¡pero nadie me responde! Todos los anhelos de mi vida han volado hacia el Arcano. He podido ser vicioso, mediocre, malo; pero en mi espíritu ha habido siempre. un aleteo, un verberar ansioso hacia lo Desconocido. Siempre he creído en Dios, no en el Dios antropomorfo de las religiones, sino en la incomprensible Causa de las causas, y ciertamente por esa fe, que si ha podido padecer eclipses, porque soy hombre no más, han sido eclipses momentáneos, yo merecería quizá que ahora, en que he perdido el único bien que tenía en la vida, la pupila interior que todos tenernos en germen se abriese y ¡por fin! mírase el más allá, el borderland de los ingleses, el plano superfísico en que vive una vida más amplia que la mía mi muerta, mi muerta adorada, que acaso revolotea en torno mío, con la angustia de que no. percibo ni sus palabras de consuelo ni sus divinos besos impalpables! (*) “Extraño espectáculo dice “Julia” en sus Cartas- De vuestro lado, almas llenas de angustia por los muertos; del nuestro, almas llenas de tristeza porque no pueden comunicarse con los que aman… ¿Qué podría. nos hacer para unir a esas personas tristes, abrumadas despena?”

Amado Nervo y MargaritaAmado Nervo y su hija adoptiva, Margarita Dailliez

En cierta ocasión ella me dijo: “Anoche soñé que estaba muerta y que tú llorabas sin consuelo cerca de mi cadáver. Pero yo continuaba viviendo, yo me hallaba a tu lado y te decía: ¡No llores! aquí estoy. Mírame… Sólo que tú no me mirabas y seguías llorando.”

¿Será ésta, Dios mío, la maravillosa realidad presente? ¿Fue verdad su sueño? ¿Se halla a mi lado y yo no la veo, porque inexorablemente se niega a abrirse mi pupila interior?

Muerta mía, muerta mía, ¿no me ha de quedar, pues, más vehículo para comunicarme contigo que el de mi propio cuerpo, que convulsivamente se agita con mis sollozos? ¡Ven, mira con mis ojos la soledad infinitamente hosca de mi vida! Gusta con mi boca la salsedumbre de mis lágrimas. Haz el bien con mis pobres manos que se enclavijan o agitan en las tinieblas. Marcha con mis pies, en pos de todas las desgracias, para socorrerlas; conmuévete con mi corazón de todos los dolores humanos; logra que mi vida sea una continuación de la tuya… No te estorbará mi espíritu para infundir el tuyo en mi cerebro. ¿No eres por ventura más yo que yo mismo? ¡Realizaremos, pues, así el ensueño de dos almas en un solo cuerpo! Swedenborg, en su tratado de las Delicias de la Sabiduría Angélica, sobre el amor conyugal, dice: “Y he aquí que en aquel instante apareció un carro que bajaba del cielo supremo o tercer cielo; en ese carro se veía un solo ángel; pero, al aproximarse, se vio que eran dos…”

Mas hablemos del segundo modo de que ella me sea restituida, que es el de ir a buscarla, por el camino real de la muerte.

Cuando yacía en su ataúd negro, rodeada de cirios, cubierta de flores, mostrando esa sonrisa prodigiosa de serenidad con que sonríen algunos. Según Annie Besant, existen ya en el cerebro los órganos del sentido o visión astral Y. de la percepción del pensamiento: son la glándula pituitaria y la glándula pineal. En algunos seres privilegiados funcionan ya…muertos, yo experimenté, y lo he experimentado después con gran vehemencia, el deseo de matarme, lo que los portugueses llaman con tanto acierto “a vontade da morrer…”Rémy de Gourmont, en su libro deliciosamente escéptico, Una noche en el Luxemburgo, pone impíamente en boca de Cristo esta defensa del suicidio: “El suicidio es un monstruo que deberíamos acostumbrarnos a mirar con calma. Comparado a ciertos males físicos, a ciertos dolores, a ciertos infortunios, se nos mostraría pronto como un amigo muy feo, pero muy cordial. ¿No merece acaso los nombres más dulces? ¿No es el consolador? ¿No es la manumisión?”

Dentro de mí alguien defendía también el acto aniquilador en parecidos términos; pero… ¡tuve miedo, miedo de que, según tantas lecturas pretenden, mi voluntaria destrucción me apartase para siempre del objeto adorado, en cuya busca justamente quería ir, Varias veces acaricié la “cacha” de mi browning, un verdadero jugué. te, construido en Bélgica, que automáticamente podía disparar en mi sien seis balas blindadas, como otras tantas llaves para abrir las puertas del au delá… Pero me asustó, no la aprensión vulgar de la muerte, sino el horror de una ausencia todavía más terrible infligida por castigo, y junto a la cual nada significa este relámpago, esta ilusión, esta fantasmagoría de la vida, tras de la que Ana me aguarda, quizá, de par en par abiertos los amorosos brazos invisibles! “¡Desgraciado! exclamó la Espirita de Téophile Gautier, estrechando contra su corazón de fantasma a Guido, que iba a -suicidarse- ¡No hagas eso! ¡No te mates por unirte a mí! ¡Tu muerte así provocada, nos separaría sin esperanza, y abriría entre nosotros abismos que millones de años no bastarían a franquear! ¡Vuelve en ti! Soporta la vida, que, por larga que sea, no dura más que la caída de un grano de arena… Para soportar el tiempo, piensa en la eternidad, en que podremos amarnos siempre”.

Y he aquí cómo inveteradas ideas espiritualistas, que desde mi infancia anclaron en el alma, ahondadas por tantas lecturas, me han impedido la muerte; gracias a ellas. . . ¡ni puedo vivir ni puedo morir!

El tormento empero de esta mutilación, de esta cirugía brutal de la muerte, no consiste para mí, precisamente, en la separación, en el dolor atroz que trae aparejado; consiste, sobre todo, en una idea irremovible, indescepable, que pesa sobre mi corazón y gravita sobre mi alma despiadadamente: la idea de que la vida en cuyos brazos no somos más que míseras briznas de heno, ha de recobrar por fuerza sus fueros y me ha de traer por fuerza el olvido. Esta idea me es tan intolerable, que me hace desear fervorosa, apasionadamente la muerte. En las cartas de pésame, en las palabras de consuelo de los amigos, esta idea horrible, hija de la milenaria experiencia de los hombres, se encuentra a cada paso: “Ya se resignará usted. Ya olvidará usted. Ya se tranquilizará usted. Ello es inevitable. Nadie escapa a ese leteo … ” ¡Nadie! ¡Nadie! El dolor posee las mismas leyes rítmicas que el movimiento, y como un péndulo cuya oscilación disminuye de amplitud, la excitación de la angustia se apacigua y se cambia en una especie de apatía, como enseñan las metafísica.

Y mis entrañas sangran al oírles y al leerles, y experimento inefable angustia, porque yo también sé que, irrevocablemente, tengo que consolarme; que ni siquiera, alma mediocre, mesócrata mezquino, puedo aspirar al privilegio de llorar mientras viva, a mi muerta… ¡a menos que viva poco! Esta fatalidad del consuelo me es más odiosa que la fatalidad de la tortura, porque el dolor ennoblece (La douleur C’est la noblesse unique) y el consuelo, la alegría, son bellacos. En los brazos invisibles de ese gigante que parece sombrío y que es luminoso: el dolor, me he sentido, un poquito dignificado. Desde que mi Ana cayó estrujada por la fiebre, he crecido. Mi talla moral ha ganado algunos centímetros. ¿Y he de volver a achicarme? ¿He de volver a sonreír y a decir frases sonoras en las triviales asambleas de los hombres? ¿Han de absorberme otra vez las tareas burocráticas? ¿He de vestirme y desvestirme el frac para hacer reverencias y distribuir sonrisas en los salones mundanos? Y el freno que hoy he puesto a mi deseo, al impulso incontrarrestable de la vida, ¿ha de romperse? ¿Y he de buscar a la hembra? -¡yo que tenía a mi lado a la mujer casi perfecta, llena de una dignidad amable y de una altivez graciosa; a la mujer solícita, que me envolvía, me penetraba, me saturaba de su ternura …

¡Oh!, que aquellos cuya alma delicada haya pasado por la amargura de estos pensamientos, se conduelan de mi mal. El Destino nos dice: -¡Pobre criatura; ni siquiera te es dado sufrir perennemente; ni siquiera eres capaz de llorar toda una vida! ¡Para sufrir siempre se necesitan almas elegidas! La tuya no es de su temple. Yo quiero que vivas, aunque tú no lo quieras. Eso es asunto mío. ¡Qué me importan a mí tus ideologías! ¿Acaso no eres carne? Pues a comer, a reír, a buscar a la hembra placentera… y a llorar a veces, sí, pero por otras cosas. ¿Qué estas cosas serán menos nobles que lo que ahora te penetra y te domina? ¡Y a mí qué! No es humano morar en excelsitudes espirituales como las que sueñas. .. Hay que bajar, hay que descender a las capas inferiores a que te arrastra tu densidad espiritual.

¡Ay!, yo soñé con que mi Ana me acompañase hasta la vejez. Pensé que, en un porvenir indefinido, uno de los dos (probablemente yo) habría de irse primero, pero diciendo al otro: Mira, es forzoso que en esta estación tome yo el tren para el destino común, para la ciudad serena, adonde vamos… Tú seguirás aún un poco, hasta la estación inmediata, y allí tomarás el tren a tu vez, y nos encontraremos en la ciudad dentro, de poco. ¡Allí te espero! Mas partir ella así, en plena juventud, y dejarme a los cuarenta y un años, solo, en una estación, quizá muy lejana de aquella donde yo debo emprender el definitivo viaje.. .

A menos que… Sí; a menos que la misericordia de Dios luzca al fin sobre mi cabeza, y el Destino haga otro signo a la muerte…

¡Oh, amigo, que quizás leerás estas páginas deshilvanadas, inconexas y tristes! ¡Ojalá que, al leerlas, sepas ya que mi deseo fue realizado!

Ojalá que, lleno de una generosa simpatía para mí, exclames: -¡No se mostró con él inexorable la muerte! De la estación donde se quedó solo, a aquella donde debía tomar el tren para la Ciudad Serena, había poco trecho. ¡Pero él no lo sabía! ¡Su adorada sí lo supo, y por eso sonreía en su ataúd con esa sonrisa que contagiaba de paz!

Dios no quiso que en mi vida, resultante de un Karma mediocre, hubiera grandes nobleza. Ni siquiera me ha sido dado realizar el poco bien que intenté. Pero ¿quién me dice que, ante la humanidad de mi ruego. la sombra no ha de tener oídos? ¿Quién me dice que la concesión suprema e. inmerecida que ansío, no ha de regocijar mis huesos? ¿Quién me dice. en fin, no he de partir, joven aún, en busca de mi alma gemela, antes de que ella ascienda: a planos donde el aire espiritual, enrarecido para mí, no me permita respirar?

Entre los versos de Serenidad hay unos que dicen:

                                                No te apartes de mi vera,

                                                muere tú cuando yo muera.

                                                ¡Yo te lleve, pues te traje!

                                                Fuiste noble compañera de viaje.

                                                Rimemos nuestros destinos

                                                para todos los caminos

                                                que habremos de recorrer

                                                en lo inmenso del arcano,

                                                y vayamos por la muerte de la mano,

                                                como fuimos por la vida: ¡sin temer!

Estos versos la complacieron en extremo. Repitió varias veces los últimos, y aun vibra en mis oídos el metal de su acento, cuando insistía en el final: ¡sin temer! Yo no soy más que la cuerda que pulsan manos desconocidas. Yo no compongo mis versos: ¡únicamente los escribo!

Yo soy la mano que traza las líneas. El espíritu sopla donde quiere.

Ego sum vox clamantis in deserto.

Entonces. . . cabe una esperanza: ¡la de haber acertado! ¡Oh!, Dios en quien creo y a quien amo sobre todas las cosas: ¡dame esta suprema dicha de morir ahora! ¡Hay en la otra ribera una mano amorosa, que está extendida esperando la mía para el divino viaje! ¡No retardes la unión de las dos! Da a mis versos el prestigio de una profecía hecha por los ángeles.

Y vayamos por la muerte de la mano, como fuimos por la vida: ¡sin temer! Y si, como afirman los teólogos, la muerte no es sino un incidente periódico en una existencia sin fin, de la mano volveremos a ir por las vidas sucesivas: de la mano por las vidas y por las muertes. Pero si, lector, por el contrario, al leer estas notas sabes que existo,

compadéceme. Envejezco en alguna metrópoli, cogido entre los engranajes del vivir cotidiano; acaso he contraído lazos… Tengo deberes, tediosos quizás; y en tanto, mi pobre desaparecida se hunde, se hunde en los abismos del infinito: navega sola en otro cielo, hacia riberas tan remotas, que nuestra mente se fatiga sólo de pensarlas. Les morts font de longs voyages… Compadéceme, porque Dios no quiso oírme, y no merecí de su misericordia esa serena dignidad de la muerte. Caeré, pero más tarde, profanado por la baba del mundo, agobiado por esfuerzos triviales de esos que demanda hora a hora la lucha por la existencia.

Quizá -¡oh, vergüenza suprema!-, como el presidiario acaba por amar su jergón maloliente y la húmeda penumbra de su calabozo, yo habré acabado por amar con egoísmo senil la vida, y tosiendo y claudicando, me aferraré, sin embargo, al horror y a la vulgaridad de mis días.

¡Oh!, yo merezco ciertamente este crepúsculo…, ¡pero ahora no quiero presentirlo! ¡Ilusión, nodriza de las almas, no me abandones! ¡Déjame creer que soy amado de los dioses, y que en plena virilidad voy a rendir mi espíritu y a volar libérrimo al lado del alma que me aguarda más allá de las puertas!

Todas las noches, al sentir la, suave invasión del sueño, me digo: “Quizá no despertaré”. Y me complazco en cruzar las manos sobre él pecho, con esa definitiva actitud de reposo… ¡que tanto ansío! Y por las mañanas el alba que se cuela, con su insoportable tinte azul, por las rendijas me produce desconsuelos insondables. Es ésta la hora más terrible de las veinticuatro, que como dos docenas de puñales se me clavan a diario In el corazón. La angustia de vivir trepa hasta mi garganta, y me produce náuseas invencibles.

Afuera, el invierno, de una crudeza excepcional, sacude los árboles, el viento aúlla, la lluvia azota las vidrieras; nubes bajas ventrudas, de un plomo cobrizo, pasan atormentadas y trágicas.

Y yo, echando mano de mis reservas de voluntad, hago dolorosamente el esfuerzo previo para vivir, y con el gesto resignado del enfermo que accede a tomar la poción nauseabunda, empiezo a tragarme el contenido turbio del vaso de la existencia.

Pero no blasfemo: acato. Lo inevitable es la única certidumbre que tenemos de la voluntad de Dios. “Todos y cada uno me adoran dice el Eterno en un diálogo de Renán por la resignación que ponen en soportar la vida para fines de mí sólo conocidos.” Y nada, ni la espantosa mutilación que he sufrido, puede arrancarme la le en Cristo. ¡El ha partido en dos mi corazón, mas en la mitad sangrienta y temblorosa que me queda, hay todavía bastante amor para bendecir a Jesús!

Sobre el mármol de su cómoda ha quedado su sombrero, tal como ella lo puso el último día que salió al tornar a casa. Sus pieles y su blusa negra, pendientes de la percha en que sus manos las colocaron con esa meticulosidad que le era propia y que hacía de ella la ménagére por excelencia, tienen aún su’ olor de mujer limpia, su olor que respiré más de diez años. Las otras prendas de su ropa cuelgan lacias en el vestidor. Por dondequiera sus huellas me salen al paso. El lecho vacío me parece desmesurado:

Ha de sobrarme la mitad del lecho, y ha de faltarme la mitad del alma.

Frecuentemente coloco una silla al borde de la cama, pegado al sitio donde expiró, y en la penumbra de la alcoba evoco toda una vida: la noche de París en que la conocí, el 31 de agosto de 1901. Yo iba en busca de una muchacha del Barrio Latino, con quien me permitía matar el tiempo, que por aquel entonces, y a raíz de grandes contrariedades, no tenía para mí más que tedio. La muchacha no acudió a la cita y, en cambio, la mano misteriosa que teje los destinos, nos puso a Ana y a mí frente a frente. Ella paseaba con una hermana y, según supe después, había salido aquella noche impulsada por un tedio tan grande como el mío. También ella tenía dolores, y su hermana, solícita, angustiada al verla lloraran el rincón de su casa, insistió para que saliese: Si tu restes le dijo tu deviendras folle Ella se dejó convencer… El arcano iba a arrojarla en mis brazos.

Un minuto más o menos, y no nos hubiéramos encontrado.

Pero estaba escrito.

Nuestra simpatía fue inmediata; mas a pesar de ella, la almita ingenua y temerosa se resistía a entregarse. La vida había sido hosca con ella y tenía miedo.

Yo no soy una mujer para un día me dijo enérgica, pero sonriente. Pues ¿para cuánto tiempo? le pregunté, entre ligero y ansioso. Para toda la vida. -¡Está bien! Y cuando al fin (después de días deliciosos en que la persistencia del amor, aunque no lograba la posesión, ya se la prometía serena) ella se entregó sin reserva al hombre a quien empezaba a conocer y estimar, nos repetimos: “¡Para toda la vida!” Y para toda la vida fue… desde aquella noche bendita del estío de 1901, hasta esta lívida mañana del invierno de 1912 en que su hipo de agonizante resonó como eco espantoso en mi corazón.

Más de diez años de un amor confiado, lleno de abandonos. Más de diez a de esa cosa deliciosa y divina que se llama el cariño, y que resume todas las cordialidades, todas las intimidades, todas las seguridades de la vida.

París, Londres, Nueva York, México, Bruselas, Roma, Venecia, Florencia… Medio mundo nos vio juntos. ¡Adónde iré ahora que no me encuentre con su fantasma! ¡En qué lugar no he de ver su huella bendita! ¡Qué paisaje no ha de reconstruírmela!

Por dondequiera que me empuje mi hosco destino, he de abrir los brazos para apretar contra mi corazón su espectro adorado, y no he de estrechar más que mi angustia…, mi angustia y la trenza de su cabello castaño, impregnado del sudor de su agonía, que es lo solo material que me queda de la compañera única de mi vida, de la que me quiso pobre y triste, enfermo y olvidado; de la que me ofreció siempre con ímpetu generoso la cordialidad de sus brazos, la seguridad de su apoyo, la lucidez de su instinto; a la que debo la orientación de mi existencia y el no haber caído definitivamente tantas veces en los hoyancos del camino.

-¡Ah, Señor!, cómo no creer en Ti, cuando vemos disolverse todo esto en la incomprensible negrura de la muerte. Un instinto invencible nos fuerza a asirnos con crispada mano a la promesa de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. Es imposible que ese instinto nos engañe. La naturaleza no nos ha atormentado el alma con sed de inmortalidad, para volvernos tántalos inexplicables en un infinito hipotético (natura nihil facit frustra). Este amor, esta avidez de lo absoluto tan contraria a las exigencias materiales, esta atracción invencible que el arcano ejerce sobre nuestros espíritus, esta ansia inconmensurable de persistir, son un indicio seguro de eternidad.

Creo en Ti, Señor; creo que los vivos y los muertos estamos, por el mismo concepto, en tus brazos. En ti vivimos, nos movemos y somos, La muerte, como tantas veces lo repetí a mi adorada, es sólo una ilusión. ¡La muerte no existe! ¡Yo lo proclamo con energía, a pesar de mi soledad aparente, a pesar de mi angustia inefable! Mi pobre alma está encerrada en esta fortaleza del cuerpo. Es una triste princesa metida en una torre impenetrable, con cinco mezquinas ventanillas (los cinco sentidos) para adivinar el inmenso mundo exterior. A veces le parece escuchar como el ruido de un mar que con rumores de seda que se desgarra, bate los pies de su fortaleza… A veces cree haber visto pasar seres alados que con majestad inmensa agitan sus plumajes níveos; a veces oye rumores armoniosos de palabras, fragmentos de músicas… Ansiará empinarse y ver los horizontes que presiente… ¡Pero las cinco ventanas están muy altas, son muy estrechas!

Mi alma, la infinita prisionera, sabe que los muertos amados que, al derrumbarse su castillo de carne, adquirieron el privilegio del vuelo, pugnan por acercarse a ella, la solicitan, la guardan, pero sabe también que el castillo es inexpugnable por ahora, que la coraza de carne es invencible. . — que sólo a veces, cuando duerme, esa muerte periódica del sueño le abre las puertas de la prisión; pero que al despertar se halla de nuevo presa y no puede acordarse sino con una enigmática vaguedad de sus departimientos con las otras almas…

Sabe todo esto, sí, y se resigna a la ley de Dios, que un día desmoronará piadosamente la dolorida arquitectura de sus huesos. Su convicción indestructible le dice que amores como el amor de que fue objeto son más poderosos que la muerte, y llena de unción, exclama ¡Oh!, muerte, ¿dónde está tu aguijón? ¡Oh!, sepulcro, ¿dónde está tu victoria?

Además, un raciocinio piadoso le argumenta de esta suerte para consolarle: “Cuando vivías con ella, cada instante os separaba, porque os acercaba al día tremendo de su muerte; ahora que se ha ido, cada instante que pasa os acerca, porque es un instante menos en la vida y por lo tanto de ausencia, porque abrevia el plazo, vencido el cual, tu alma, que se exhalará de tus labios descoloridos, y su alma, que te aguarda en la ribera, se fundirán locamente en un divino beso de amor!”

Así, pues, lector, tú que pensaste acaso hallar en este libro, como en el anterior, el ambiente del célebre cuadro de Henri Martin que se llama Sérénité, aquel ambiente lleno de radiaciones crepusculares, de sosiego augusto, y aquella asamblea de seres nobilísimos, en un bosque saturado de paz, sólo te encuentras con un nuevo sollozo del atribulado poeta de las Místicas y de los Jardines interiores.

¡Serenidad! ¿La merecía yo por ventura? Ella es privilegio de espíritus incomparablemente más altos que mi espíritu. Mi serenidad en este libro se llama Resignación.

Perdóname, tú que me lees. Pude suprimir la intimidad de un prefacio tan sombrío; pero sentí que debía a mi Muerta estas páginas. Aquí, donde las escribo, hace apenas dos meses, le leía aún mis versos…

Sólo me queda ahora por decir a mi Ana lo que pensé al besar su frente (tan fría que hasta los cabellos estaban helados) en el momento supremo en que iban a cerrar su ataúd:

Gracias, idolatrada mía, del fondo de mis entrañas, por los diez años de amor que me diste. ¡Que Dios te bendiga!

Y tú, lector, si crees en las promesas de Jesús y has llegado hasta estas líneas, ruega por Ana Cecilia Luisa Dailliez, para quien amorosa mente escribo este libro. ¡Ora por ella y que Dios te bendiga también!

AMADO NERVO.

Febrero de 1912, Madrid.

DOS ESCRITOS MÁS DE AMADO NERVO

                                                            «GRATIA PLENA»

                                            Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:

                                            su mirada:, su gesto, su sonrisa, su andar…

                                            El ingenio de Francia de su boca fluía.

                                            Era llena de gracia, como el Avemaría;

                                           ¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar

                                           Ingenua como el agua, diáfana como el día,

                                           rubia y nevada como Margarita sin par,

                                           al influjo de su alma celeste amanecía…

                                           Era llena de gracia., como el Avemaría;

                                           ¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

                                           Cierta dulce y amable dignidad la investía

                                           de no sé qué prestigio lejano y singular.

                                           Más que muchas princesas, princesa parecía:

                                           era llena de gracia como el Avemaría:

                                           ¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

                                           Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía

                                           dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar,

                                           y cadencias arcanas halló mi poesía.

                                           Era llena de gracia como el Avemaría;

                                          ¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

                                          ¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;

                                          pero flores tan bellas nunca pueden durar!

                                          ¡Era llena de gracia, como el Avenaría,

                                          y a la Fuente de gracia, de donde procedía,

                                          se volvió. . . como gota que se vuelve a la mar!

DENTRO DE TI ESTÁ EL SECRETO

Busca dentro de ti la solución de todos los problemas, hasta de aquellos que creas más exteriores y materiales.

Dentro de ti está siempre el secreto; dentro de ti están todos los secretos.

Aún para abrirte camino en la selva virgen, aún para levantar un muro, aún para tender un puente, has de buscar antes, en ti, el secreto.

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes.

Están cortadas dentro de ti las malezas y lianas que cierran los caminos.

Todas las arquitecturas están ya levantadas dentro de ti.

Pregunta al arquitecto escondido: él te dará sus fórmulas.

Antes ir a buscar el hacha de más filo, la piqueta más dura, la pala más resistente, entra en tu interior y pregunta…

Y sabrás lo esencial de todos los problemas, y se te enseñará la mejor de todas las fórmulas, y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente, puesto que dentro de ti llevas la luz misteriosa de todos los secretos.

♦♦♦♦♦♦

NOTA: Publicado en la revista “La Luz del Porvenir” (Órgano de la Federación Espiritista Española), noviembre de 1931, pág. 233.

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