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EL PODER DE LA NO INTENCIÓN

Atendiendo a la petición de varias personas, comparto la presentación de la conferencia que realizamos en el Grupo Espírita de La Palma el pasado viernes 21 de julio, por si pudiera servir como puntos de meditación para cualquiera de nuestros amigos/as visitantes.

Incluimos un video final con la canción de Franco Battiato “Centro de gravedad permanente”, que también formó parte de la presentación.

 


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LA VIDA EXTRA-CORPORAL

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Capítulo I del libro “Nuestra Última Aventura: una guía racional    

para la Muerte y el Más Allá”, de E. Lester Smith

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Este libro está escrito especialmente para las personas del mundo occidental, la mayoría de las cuales pertenecen a una u otra rama de la fe cristiana. Algunas de un modo sincero, otras, de un modo nominal, y hay otras que son francamente agnósticas. Tendré, pues, que empezar tratando de convenceros de que la vida consciente es realmente posible fuera del cuerpo físico.

Es algo triste. Si estuviera escribiendo para otras regiones del mundo, donde se profesan otras religiones, no tendría necesidad de hacerlo. Pues en estas religiones ya se habla de la vida después de la muerte y los fieles creen en ello. Si sois cristianos sinceros diréis que también habla de ella el cristianismo. Cierto, pero ¿se enseña de un modo efectivo? ¿Se cree en ello? Forma parte del ceremonial religioso de los funerales, pero de otro modo el tema suele evitarse, tanto por parte de la Iglesia como por parte de los creyentes. Toda la información de que se dispone estos días es escasa y muy confusa, especialmente en las Iglesias protestantes, y muy raramente se habla de ello. Existe una desconcertante conspiración de silencio.

Afortunadamente, no necesito pediros que confiéis en lo que yo os digo. Tenéis a vuestra disposición numerosas pruebas y todo ha sido analizado de un modo científico. Pero no se conoce lo suficiente y no podemos afirmar que todas las pruebas hayan sido aceptadas por la mayoría de los científicos. Me parece una lástima, porque yo soy uno de ellos y sé que actualmente la gente tiende a creerse más las palabras de los científicos que las de los ministros de la religión. Pero a la mayoría de los científicos no les interesa, porque estas ideas no concuerdan con sus actuales convicciones, y desechan las ideas sin ni siquiera estudiarlas. Los científicos, en general, no son investigadores de la verdad, ni tienen una mente tan abierta como se suele creer. Pero ésta es otra historia.

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Podría empezar con la pregunta de qué suponéis vosotros que ocurre cuando os dormís. Lo que llamamos la conciencia vigílica queda entonces en suspenso, pero ¿podéis creer que Vosotros, vuestro verdadero yo, ha quedado inconsciente? Eso significaría que, virtualmente, dejáis de existir mientras dormís y que volvéis a nacer, por así decirlo, al despertaros. Yo podría decir que los sueños son una prueba de las actividades extra-corporales. Pero no lo haré. Tengo una base más firme sobre la que apoyar mi caso. Los sueños suelen ser incoherentes, fantasías inconexas, y es fácil imaginar que han sido simplemente elaborados por el cerebro, partiendo de recuerdos antiguos y recientes, cuando éste se halla libre del control consciente.

Y esto me lleva directamente a otra argumentación. Si vosotros sentís, como yo, que el cerebro está realmente bajo control durante la vida despierta, entonces ¿quién o qué lo está controlando?

Naturalmente Vosotros, pero ¿quiénes sois vosotros? Utilizado en ese sentido, «vosotros», seguramente tiene que significar algún ente inmaterial, alguna entidad adicional al cuerpo físico. Para algunos de vosotros, y espero que para la mayoría, lo que digo es bastante obvio. Aunque lo creáis así, muchos científicos materialistas creen realmente que el cuerpo y el cerebro son suficientes para explicar todo el hombre. En el siglo pasado expresaron crudamente esta idea con las palabras «el cerebro segrega el pensamiento del mismo modo que el hígado segrega la bilis». Hoy en día lo hacen de un modo más delicado, pero el significado es el mismo; la mente y el cerebro no son más que aspectos distintos de una y de la misma cosa, según proclaman estos científicos. Además, dado que nuestra civilización está basada con tanto éxito en la ciencia y en la tecnología, mucha gente cree que los científicos deben tener razón y, por lo tanto, adoptan sus ideas.

Wilder Penfield, un distinguido neurocirujano americano, empezó con estas creencias. Dedicó su carrera hacia una exhaustiva investigación sobre el cerebro y sobre la cirugía cerebral con el fin de aliviar la epilepsia y otras enfermedades debidas a un cerebro dañado. Su propia experiencia en el curso de este trabajo le obligó, a regañadientes al principio, a darse cuenta de que la mente es una entidad separada e inmaterial que dirige y usa el cerebro y el cuerpo para sus propios fines. Comparando el cerebro con una computadora llegó a la conclusión de que la mente es algo similar al programador, al ser humano inteligente que manipula la computadora electrónica como una máquina para hacer cálculos rápidos.

Cuando se retiró, Penfield escribió un libro maravilloso: “Los Misterios de la Mente”, en el que describe los numerosos episodios que le llevaron a su «conversión».

Sir John Eccles, un científico inglés todavía más distinguido y que pasó toda su vida estudiando el cerebro, tuvo la misma experiencia. Al final de su vida también escribió un magnífico libro en colaboración con el filósofo Sir Karl Popper: “El Yo y su Cerebro”.

Hacia el final escribió: «Me veo obligado a creer en lo que podríamos llamar un origen sobrenatural de mi única mente autoconsciente o de mi única yoidad o alma… Gracias a esta especie de creación sobrenatural, escapo de la increíble improbabilidad de que la unicidad de mi propio yo esté determinada genéticamente.»

Si queréis seguir el pensamiento de los científicos, entonces hacedlo con personas como ellos. Los dos se hallaban en la situación más favorable para descubrir la verdad del problema mente-cerebro, y ambos tuvieron el valor de formular nuevas conclusiones y de admitir que al principio se habían equivocado.

No he querido basarme antes en los sueños para demostrar la teoría de un cuerpo superfísico. Pero hay dos tipos de sueños que algunas personas tienen de vez en cuando, e incluso regularmente, que nos dan pruebas de ello. El primero es un sueño muy vívido en el que nos encontramos con nuestra madre, u otro pariente próximo o amigo que ha muerto. Casi siempre esta persona muerta parece muy contenta, muy feliz y en perfectas condiciones, como al principio de su vida. A veces, al despertarnos, recordamos un mensaje o una conversación, pero generalmente tenemos la sensación de una feliz comunión. Yo creo que esto representa lo que podríamos llamar «un sueño real», un encuentro real en el otro mundo entre el durmiente en su cuerpo sutil y la persona «muerta» en el suyo.

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El otro tipo es lo que se denomina un sueño lúcido. La palabra «lúcido» no significa que el sueño sea especialmente claro y brillante; significa que el que sueña se da cuenta durante el sueño de que está soñando. En otras palabras, la lucidez no es visual, sino intelectual. En los sueños lúcidos pensáis y actuáis del mismo modo que lo hacéis en la vida normal. Tenéis cierto control sobre el curso del sueño. Estos sueños son suficientemente conocidos como para que se haya publicado al menos un libro sobre el tema, “Los Sueños Lúcidos”, de Celia Green, del Instituto de Investigaciones Psicofísicas. Está basado en materiales de los que dispone este Instituto y en otros materiales más, procedentes de libros sobre temas más amplios. En este tipo de sueño soléis ser conscientes de que os halláis en una especie de cuerpo que claramente no es el cuerpo físico normal, sólido y pesado. Por ejemplo, puede flotar o volar sin ningún esfuerzo. Saltar y volar son rasgos comunes de los sueños lúcidos, tal como demuestran los dos ejemplos siguientes. El primero pertenece al libro de Celia Green:

“Había una época en que tenía sueños lúcidos con mucha frecuencia. Me resultaba muy interesante hacer cosas que no podría haber hecho en la vida normal. Por ejemplo, entraba en las tiendas y no sabía si eran tiendas de verdad, y si alguien se daría cuenta de que robaba algo. Me gustaba saltar desde una gran altura en aquellos sueños. Podía ser en mi piso o en cualquier otro edificio. Pero no había peligro alguno, y era muy agradable saltar desde la ventana. Sin embargo, acabé por asustarme y dejé la práctica, porque tenía miedo de llegar a pensar que estaba soñando cuando no fuera verdad y que pudiera tirarme desde una ventana de verdad.”

En el segundo ejemplo, citado por el escritor ruso Ouspensky, se ve claramente que casi todos los sentidos normales pueden aparecer funcionando en estos sueños.

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P. D. Ouspensky

“Oigo su paso cauteloso y les observo desde la ventana de una casa alta de Galata, en Constantinopla, situada en un estrecho callejón que da al antiguo muelle y al Cuerno de Oro, con sus barcas y vapores, y los minaretes de Estambul detrás de ellos. Los soldados romanos siguen avanzando en apretadas filas por el callejón. Oigo su pesado paso mesurado, y veo como el sol reluce sobre sus cascos. De repente me aparto del marco de la ventana en la que me apoyaba, y en la misma posición reclinada voy volando lentamente por encima del callejón, por encima de las casas, y luego por encima del Cuerno de Oro, en dirección a Estambul. Siento el olor del mar, el viento y el calor del sol.”

A diferencia de los sueños normales, los sueños lúcidos suelen recordarse claramente al despertar, pero podéis tener uno de ellos y olvidarlo. En caso de tener alguno, tratad de no quedar atrapados emocionalmente, en cuyo caso el sueño terminará de inmediato.

Hay que procurar, por todos los medios, evitar el conflicto emocional. El ejemplo final, de Oliver Fox, se refiere a este punto y también menciona el sentido del gusto, el único sentido que no incluía el ejemplo de Ouspensky.

“Era muy difícil mantener el papel de observador impersonal en aquel extraño Mundo de los Sueños, y darse cuenta de que si dejaba que mis emociones dominaran mi control mental, el sueño acabaría abruptamente. Entraba en un restaurante, pedía unos platos, y me despertaba al primer bocado… Conocía a una señora fascinadora y llegaba a hablar con ella un poco, pero el simple pensamiento de un posible abrazo era fatal.”

El sueño lúcido se funde con un tipo de experiencia ligeramente distinta y más conocida. Es la que llamamos «experiencia extracorporal», o según otros, «proyección astral», o más sencillamente «separación». Suele empezar a partir del estado de vigilia sin apenas rompimiento alguno con la conciencia. Es como si quedarais dormidos, pero permaneciendo «despiertos» en un cuerpo diferente, en un mundo diferente, o en un tipo de espacio diferente. Sin embargo, estas experiencias pueden empezar a partir del sueño normal, o a partir de la inconsciencia causada por la anestesia en una operación, o a partir de una conmoción debida a una caída o a cualquier otro accidente. En este estado de separación, probablemente seáis más conscientes de vosotros mismos en el cuerpo inmaterial que no en un sueño lúcido, y con mucha frecuencia podréis mirar vuestro propio cuerpo físico desde fuera. En casos menos corrientes no es ni siquiera necesario que este cuerpo normal esté inconsciente; puede continuar con lo que estaba haciendo antes de ocurrir la separación: hablar, cantar, escribir a máquina, caminar, incluso conducir un coche o una moto. Pero vosotros, con cierto sentido del Yo, del verdadero Yo, estáis siempre en el cuerpo separado. Podéis observar vuestro cuerpo normal, que sigue hablando con sensatez o que sigue actuando como si perteneciese a otra persona. Podéis contemplarlo de un modo objetivo, criticando su manera de hablar o lo que está diciendo, por ejemplo.

Durante el tiempo que dure esta experiencia no tenéis ningún interés especial por ese cuerpo ordinario y ninguna conexión personal en la conciencia con aquello que esté haciendo. Os sentís felices y vívidamente conscientes en vuestro cuerpo separado, excepto en raros ejemplos de conciencia dual. Naturalmente, tiene que existir una conexión, so pena de que el cuerpo se duerma o se desvanezca, o actúe claramente como un simple autómata. Lo que pasa es que, generalmente, no sois conscientes de la sensación, parece que os encontráis completamente al exterior. Sin embargo, es mucho más corriente que la separación empiece cuando estáis en la cama o descansando en una silla.

Me gustaría poder escribir de una manera consciente sobre mis propias experiencias en la separación, pero son demasiado insignificantes para tener relevancia. Hay ejemplos mucho mejores que podéis encontrar en numerosos libros sobre el tema. Para vosotros, mis propias experiencias no son importantes, pero para mí son cruciales. Me permiten escribir partiendo de una experiencia personal vívida, totalmente incuestionable. No se trata de una cuestión de fe. Yo sé, sin posibilidad de duda, que tengo este segundo cuerpo superfísico. Y como supongo que no soy único, creo firmemente que vosotros y todos los demás tenéis este cuerpo, aunque no seáis todavía conscientes de ello. Pero, de hecho, probablemente seáis ya conscientes de él, aunque no sea de este modo tan aparatoso. La mayoría de la gente civilizada no vive demasiado en su cuerpo físico. Centran sus intereses especialmente en niveles superiores y tienden a vivir en sus emociones y pensamientos. Si reflexionamos sobre esto os daréis cuenta de que cuando estáis atrapados por la emoción, o cuando algo os obliga a pensar en profundidad, en esos momentos apenas si os dais cuenta de vuestro cuerpo. Estáis conscientes en otro reino, en otro estado del ser, efectivamente en un cuerpo sutil y no físico. Volveré a insistir en este razonamiento más adelante.

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Entretanto, tenemos pruebas más fehacientes de personas que nos cuentan sus experiencias sobre la separación o experiencia extra-corporal. Ya he mencionado el libro de Celia Green, “Sueños Lúcidos”. Ha escrito otro llamado “Experiencias Extra-corporales” que analiza estos hechos extraños desde todos los ángulos. Es un libro interesante que, a diferencia del otro, no está basado en ninguna publicación previa. Pidió, a través de la prensa y la radio, que todo aquel que hubiera tenido tales experiencias le escribiera. Los cientos de personas que le escribieron recibieron un cuestionario para rellenar. Se recibieron 326 respuestas, a las cuales se mandó un segundo cuestionario que fue contestado por 251 personas. El libro está basado en todas estas experiencias. Tenemos, pues, unas 300 personas corrientes, que no sólo tuvieron esas extrañas experiencias, sino que también oyeron o leyeron la petición y sintieron el interés suficiente como para rellenar cuestionarios. Por ello, esto no debe ser más que una pequeña muestra. Hay muchos miles de personas entre nosotros que han experimentado la separación en algún momento, pero que rara vez la mencionan, por miedo a parecer excéntricos o diferentes. Más adelante mencionaré a otro autor que consiguió recoger más de 800 casos. Parece, pues, después de todo, que estos sueños no son tan extraños.

Lo primero que diría sobre este estado de separación es que suele recordarse siempre como una condición de deliciosa libertad y felicidad. Mucha gente lo acepta inmediatamente y se deleitan con la experiencia. Otros, hay que admitirlo, quedan perplejos y asustados por su novedad. Puede incluso que se pregunten si han muerto. O bien, tras disfrutar un rato con su aventura, de repente se sienten perdidos y no saben si serán capaces de regresar. Yo lo sé porqué a mí me ha ocurrido. En realidad, estos temores no tienen fundamento; en cuanto se siente miedo, el cuerpo separado queda automáticamente atraído por el físico con el que vuelve a unirse y la persona se despierta, a veces con un sobresalto, recordando lo que ha ocurrido. Después de unas cuantas experiencias como ésta, ya sabes qué esperar, y que no hay razón para sentir miedo.

El otro punto importante es que la mayoría de estas personas son conscientes de estar en un cuerpo sutil que suele parecerse muchísimo a su cuerpo físico corriente. Puede parecer más joven por estar libre de cualquier incapacidad de las que obligan al cuerpo normal, por la edad, enfermedad o accidente. Si ha perdido un miembro, por ejemplo, el cuerpo sutil vuelve a estar entero. Suele aparecer vestido con la ropa o el pijama que en aquel momento esté llevando en realidad, o con alguna otra prenda que lleve habitualmente. Hay personas que se ven envueltas en una tenue vestimenta, generalmente blanca. Este es el modo en que suelen aparecer los fantasmas. ¿Es eso tan extraño? ¿No se os ocurre pensar que en ese estado de separación sois un fantasma? Si conseguís haceros visible a cualquier otra persona viva (lo cual no suele ser posible) os considerarán un fantasma y se preguntarán si estáis muertos.

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Ocasionalmente, la aparición parece tan real que puede confundirse con una persona real en su cuerpo físico, hasta que desaparece o atraviesa una pared y se va. Otra característica común es que muchas personas miran hacia atrás y ven su propio cuerpo echado en la cama, o sentado en una silla, ya veces despierto y trabajando. Su reacción no suele ser la de alarmarse, o escandalizarse, sino que adoptan una actitud bastante indiferente, «mira, éste soy yo, éste es el aspecto que ofrezco ante los demás». Lo que resulta sorprendente es la falta de interés que muchas personas sienten por su cuerpo físico inerte, por su habitáculo normal. La razón es que su conciencia está casi totalmente centrada en su cuerpo separado; y es éste el que se siente realmente vivo, mientras que el otro no tiene más interés que el de un abrigo que se cuelga al entrar en una casa caliente.

“Yo no sentía ningún interés por mi cuerpo físico, ni por mi vida física. Sólo quería seguir y prolongar aquel estado feliz de existencia donde todo era más brillante, más vívido y más real que todo lo que había conocido antes”. Celia Green, “Experiencias Extra-Corporales.”

Para aquellos que lo han experimentado, esta capacidad de mirar atrás y adelante de un cuerpo a otro es una prueba irrefutable de que realmente poseen este segundo cuerpo en el que la vida puede continuar independientemente del marco físico. Estas personas insistieron en la cualidad «positiva» del desapego que experimentaron, y no en la resignación. Algunos se sintieron muy interesados por su experiencia, pero no se involucraron emocionalmente. Es muy fácil que la emoción impulse el retorno. El interés fue descrito como «académico», «crítico» o «interés y fascinación objetivos». «Los problemas de la vida cotidiana son muy triviales», «Fue como si todas las preocupaciones de mi vida hubiesen desaparecido». Pero algunas personas sienten compasión por sus cuerpos sufrientes.

El pensamiento y la memoria persisten en la forma separada, frecuentemente más agudizados que en la vida despierta. El mero hecho de pensar en otro lugar basta para volar hacia allí casi al instante. La separación es causada, en ocasiones, por la tensión, cuando nos damos cuenta de un peligro inminente, como el que nos ilustra el siguiente caso; ocurrió antes de que la persona chocara realmente contra el suelo en su caída.

“Mi experiencia tuvo lugar en «Harrison’s Rocks», un pequeño acantilado rocoso del sur de Londres. Después de dormir durante la noche, me levanté un domingo por la mañana y, creo recordar que sin comer nada, empecé a escalar las rocas en solitario. A unos quince o veinte pies por encima del suelo resbalé y caí. Objetivamente la altura no era muy grande, pero creo que me asusté mucho por el posible dolor o la muerte y por un momento abandoné la idea de vivir. Mientras caía, me parecía estar a unos cinco o diez pies de las rocas, viendo como mi cuerpo caía. Recuerdo vagamente que me hubiera gustado investigar aquella extraña sensación girando al otro lado de mi cuerpo para mirarlo. Cuando dí contra el suelo el dolor fue lo que me preocupó de inmediato; me había torcido gravemente los dos tobillos”. Celia Green, “Experiencias Extra-Corporales.”

Resulta difícil describir las percepciones sensoriales del cuerpo sutil. Evidentemente, una vez separado, no puede utilizar los órganos ni los sentidos del cuerpo físico; ni tampoco tiene un duplicado de sus sentidos, aunque pudiéramos creerlo así después de leer narraciones sobre algunas experiencias de separación. Únicamente los observadores más experimentados reconocen que el cuerpo sutil adquiere conciencia de sus alrededores de un modo totalmente diferente y único, es como si tuviese un único órgano sensorial que combina las capacidades de los otros cinco sentidos normales, incluso más. Tal vez no haya ningún órgano sensorial localizado, pero todo el cuerpo es sensible y receptivo. Pero ¿cómo podemos describirlo? No tenemos palabras para ello. Se ha usado el término sinestesia, como la síntesis de todos los sentidos, pero no resulta muy útil en las narraciones de estas experiencias. Por eso, lo que casi todos los escritores hacen, incluso aquellos que comprenden bien la situación, es utilizar palabras familiares como ver, sentir, oír, etc. Pero al leer estas explicaciones tendríamos que imaginar estas palabras entre comillas, pues no tienen su significado ordinario. Están usadas en un sentido imaginario. Si alguien dice: «estaba fuera de mi cuerpo y ví un ángel», mentalmente deberíais traducir la frase en algo como «Estaba fuera de mi cuerpo físico, y en mi cuerpo sutil adquirí consciencia de un Ser.

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No puedo describir exactamente lo que ocurrió. Fue como si le viera, pero era algo mucho más importante que la visión terrenal. También sabía que era un Ser Espiritual bondadoso, de gran esplendor, que había venido para ayudarme. En parte, me recordaba las descripciones de los ángeles que había leído, pero era mucho más glorioso y más bondadoso de lo que hubiera podido imaginar.»

Es en gran parte esta clase de concienciación lo que hace que la vida «del otro lado» sea al principio tan desconcertante, pero también mucho más vívida y más satisfactoria que nuestras experiencias terrenas. En comparación, éstas parecen primitivas, a pesar de las capacidades verdaderamente maravillosas del oído y de los ojos, en combinación con el cerebro. Otra capacidad del estado «desencarnado» es la habilidad de «ver» en todas direcciones y no sólo desde la posición que ocupan los ojos, y ver los dos lados de un objeto simultáneamente. Esto explica el ocasional giro al revés de un objeto cuando se regresa al cuerpo. El número «78» puede recordarse como «87 » por la dificultad de distinguir la derecha y la izquierda. También es posible ver en la oscuridad cuando uno está fuera del cuerpo, y ver a través de los objetos, o ver su exterior y su interior al mismo tiempo. El sentido del tiempo también puede ser distinto al del estado normal de vigilia.

Varias personas han intentado visitar a un amigo cuando salían de su cuerpo. Generalmente, el amigo no es consciente de su visitante, pero a veces la presencia se ve o se siente como una impresión.

La psicokinesis, es decir, el movimiento físico de objetos mediante el pensamiento o mediante el cuerpo separado, no suele ser posible. La persona es a menudo consciente de que su mano sutil atraviesa el objeto que quiere mover sin afectarlo en absoluto. Similarmente, la forma separada puede atravesar un techo o una pared sin ninguna dificultad, pero a menudo la persona está inhibida por su experiencia normal y no intenta estos experimentos.

Hace cincuenta años o más, varios escritores quisieron explicar la sorprendente naturaleza del plano astral (1) sugiriendo que es un mundo de cuatro dimensiones, en lugar de las tres dimensiones del mundo normal. Para ayudarnos a visualizar la situación presentaron una analogía. Se nos hacía imaginar una raza de hombres planos, sin grosor alguno, confinados en un mundo plano bidimensional. (2D) Para ellos, nuestro mundo normal tridimensional (3D) sería tan desconcertante como un mundo cuatridimensional (4D) pudiera serlo para nosotros. La analogía, sin embargo, no era muy convincente, porque casi es más difícil imaginar hombres bidimensionales que hombres cuatridimensionales. Creo que la razón es que estamos rodeados por representaciones del mundo tridimensional en superficies planas bidimensionales, y tenemos dibujos, cuadros, fotografías y ahora imágenes televisivas. Con ayuda de la perspectiva y la colaboración de los ojos, el cerebro y la mente, no tenemos dificultad alguna para imaginar la dimensión que falta, la de la profundidad.

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Creo que hay una analogía mejor, la del dibujo de la sombra o silueta. Si, por ejemplo, el perfil de la cabeza de una persona está iluminado por una sola luz concentrada puede proyectar una sombra delineada sobre una pared blanca, y entonces, tendréis una verdadera proyección bidimensional de la cabeza de esa persona.

Si fuera un desconocido, os costaría mucho imaginar qué aspecto tiene esa persona realmente, pues la silueta no da una indicación de la profundidad como lo hace el dibujo. Creo que esta analogía nos permite apreciar mejor nuestra dificultad para imaginar la profundidad todavía mayor, la complejidad y amplia visión de la imagen astral. Normalmente, nosotros percibimos desde un punto fijo, el de nuestros ojos, y todo cuanto vemos de un objeto sólido es la parte de una superficie externa visible desde ese punto de vista.

No estoy sugiriendo que el otro mundo sea realmente cuatridimensional en un sentido literal (geométrico). Hay otra explicación de sus propiedades que encuentro más satisfactoria. Pero la idea de una cuarta dimensión imaginaria puede ser útil para algunas personas.

Otros libros que tratan sobre el tema incluyen recopilaciones de casos, especialmente Crookall y otros libros que explican las propias incursiones repetidas del autor en este otro mundo. Tal vez el más conocido de éstos sea uno que fue publicado en 1929 por Muldoon y Carrington, “La Proyección del Cuerpo Astral”. Muldoon vivía en una parte rural de los Estados Unidos y experimentaba lo que él llama proyecciones astrales, desde los doce años. Tenía sólo veinticinco cuando empezó a escribir su libro, animado por el otro autor, un famoso escritor de temas ocultos. Por entonces, ya había tenido cientos de estas experiencias, algunas espontáneas y otras inducidas deliberadamente. La separación le era muy fácil, y escribe con la convicción de que la mayoría de la gente puede experimentarla por sí misma siguiendo su técnica. En la práctica no resulta ni mucho menos tan sencilla como él supone. Admite que puede ser difícil para personas de salud robusta. Sorprendentemente, afirma que la separación es más fácil cuando el cuerpo está fatigado, enfermo o viejo: él inducía un estado adecuado de pasividad reduciendo el ritmo de los latidos de su corazón, algo que podía hacer a voluntad, pero algo poco común. Luego, se recomienda la relajación del cuerpo, mientras se mantiene la mente alerta pensando en la proyección e imaginando con todas las fuerzas cómo el cuerpo astral se eleva por encima de la forma física que yace en la cama. Pero el estado emocional debe ser de tranquilidad y sin miedo. Sin embargo, para Muldoon, la proyección con plena conciencia era a veces una experiencia desagradable, acompañada de una sensación vibratoria de arriba a abajo, y de dolor en la nuca.

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Otros practicantes, especialmente Monroe (véase más adelante) han mencionado fuertes ruidos extraños en los oídos, como ruidos de rugidos y ráfagas de viento. Es preferible, dice este autor, dormirse normalmente y luego «despertarse» en una conciencia astral. Entonces, uno puede despertarse del todo directamente desde ese estado, o puede volver a caer primero en el sueño normal. El despertar directo desde la conciencia astral, especialmente si se debe al miedo, puede ser desagradable e incluso doloroso, pues los cuerpos quedan repentinamente «en coincidencia», como dice Muldoon. El resultado es una «repercusión» que sacude el cuerpo.

Yo mismo suelo tener ligeras repercusiones cuando intento dormirme con la mente todavía activa. Supongo que me adormezco y tengo que volver al instante para terminar el curso de mis pensamientos. De cualquier modo, esta noción del paso desde el sueño a la conciencia astral tiene algo familiar: esto es lo que muchos de nosotros hacemos por la noche, pero al despertar, raramente recordamos nuestras excursiones. En realidad, la separación en sí no es nada inusual, pero hemos de aprender a recordarlo, cosa todavía poco común. Muldoon afirma que a partir de observaciones de su familia y amigos en estado de separación, el cuerpo sutil se separa normalmente del cuerpo físico durante el sueño. Pero, generalmente, se mantiene a una distancia de un pie por encima del cuerpo dormido, quedando en un estado parecido al sueño, mientras los dos cuerpos van reorganizándose, por así decirlo, para el trabajo del día siguiente. A veces el cuerpo sutil puede vagar un poco, envuelto en sus propios pensamientos y fijándose poco en lo que le rodea. Pero otras personas están totalmente «despiertas» en el plano astral, aunque raramente recuerdan sus viajes por la mañana.

Tal vez sea éste el mecanismo protector de la Naturaleza: en la conciencia despierta ya tenemos suficientes preocupaciones como para cargarnos con el peso de nuestras actividades nocturnas. Estas personas tienen, por así decirlo, la doble personalidad de Jekill y Hyde, pero es muy probable que sea el doctor Jekill quien se encuentra activo por la noche en misiones altruistas. Más adelante volveré a tocar este tema.

Muchos autores han hablado de un «cordón de plata» que conecta el cuerpo físico con el cuerpo sutil. Muldoon siempre fue consciente del «cordón de plata» que los unía. No solamente podía verlo, sino que podía sentirlo como un cable, aparentemente blando y elástico, pero sólido. También sentía una especie de tirón elástico del cordón, que tendía a atraerlo hacia el cuerpo, y su tensión parecía aumentar hasta que se alejaba unos diez o veinte pies de su cuerpo. Pero en cuanto conseguía rebasar esta distancia, el cordón se hacía más fino convirtiéndose en un hilo y dejaba de tirarle hacia atrás. Sin embargo, cuando llegaba el momento de finalizar la separación, el cordón volvía siempre a atraerlo hacia atrás. Si alguna vez tenéis esta experiencia, tratad de recordar que es imposible perderse. El cordón os volverá siempre al lugar, sanos y salvos. Se nos dice que únicamente al morir se corta finalmente ese cordón.

Las máximas experiencias de Muldoon eran, en su mayoría, monótonas. Se encontraba en un mundo muy parecido al mundo normal en que vivía, en un cuerpo igual a su cuerpo físico, con la excepción de que era ligero y podía viajar libremente. Una de sus experiencias más interesantes y convincentes fue cuando visitó una extraña casa, viajando en proyección astral. Pudo fijarse en su situación, en una ciudad cercana y memorizar detalles de su interior. Vio a la familia que vivía allí, incluyendo a una niña de su misma edad aproximadamente que estaba cosiendo. Más tarde, una vez despierto, encontró a aquella niña y la reconoció, presentándose y describiendo detalles de su casa que ella confirmó inmediatamente. Se hicieron amigos y se dispusieron a llevar a cabo algunos experimentos en la proyección astral.

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Robert Monroe

Otro autor que ha escrito sobre sus numerosas experiencias extracorporales es Monroe, un ingeniero en electrónica y un ejecutivo. De repente, empezó a tener estas experiencias que continuaron y fueron haciéndose más interesantes cada vez. Como era una persona del campo científico, se ofreció para reconocimientos médicos y experimentos científicos, y describió sus observaciones de un modo más científico que la mayoría de los otros autores. Sus experiencias en lo que él llama Locale I, que se parece mucho al mundo ordinario, eran realmente similares a las de otras personas. Pero en su Locale II, encontró un mundo menos familiar en el que tuvo muchas aventuras, conoció a mucha gente interesante y «conversó» con ellos, generalmente mediante una especie de telepatía, sin palabras. El tiempo y el lugar parecían actuar de modo diferente. Ante su menor deseo, se encontraba en otra localidad. Además de escribir un libro, “Viajes Extracorporales”, Monroe siguió sus propias experiencias, elaborando unas técnicas para inducir la misma condición en otros voluntarios. Era consciente de unas sensaciones vibratorias en el cuerpo y de unos sonidos en los oídos, como unos fuertes rugidos, precisamente antes de abandonar el cuerpo. Hacía relajar a los voluntarios en un colchón de agua, con unos auriculares estereofónicos en las orejas, y a través de ellos les transmitía varios sonidos. Un tono puro en su oído, y un tono ligeramente diferente en el otro se combinaban en el cerebro para producir un tono vibratorio bajo. Un «sonido blanco» a todo volumen para simular el rugido, más unas campanas del templo y otros sonidos más musicales, era suficiente para conseguir que la mayoría de las personas saliesen de su cuerpo. Sin embargo, conservaban cierto grado de conciencia dual, podían dictar sus experiencias a una grabadora mientras sucedían. Oí decir que había tenido éxito en 600 personas, pero gran parte de su material tenía que ser analizado todavía. Más interesante aún, es que Monroe ha formado un Grupo de Exploradores, formado por sus mejores sujetos, que se dedican a examinar repetidamente estos otros mundos.

Además, cuando uno de ellos se halla «fuera» y narra una extraña experiencia, puede mandarse allí un segundo miembro del equipo para que le encuentre y confirme su observación. El hecho de que las experiencias puedan ser compartidas es especialmente significativo y demuestra que es mucho menos probable que sean alucinaciones de cualquier clase. En principio me preocupaba un poco pensar que tantas personas parecían tener sus propias experiencias únicas. Pero tampoco es realmente sorprendente, pues si cien visitantes del espacio fuesen enviados a distintos puntos separados de la tierra, contarían cien historias distintas de sus aventuras. No hay razón para suponer que los otros mundos sean más uniformes que nuestro mundo conocido.

En su libro “La Vida Mística” Whiteman habla extensamente de sus propias experiencias espontáneas que se cuentan a miles. Whiteman es catedrático de Universidad y también ha sometido sus experiencias al análisis y clasificación científicos. Describe varios tipos distintos de separación y llega a la conclusión de que el grado de separación depende del grado de conquista sobre las fijaciones emocionales e intelectuales. En sus separaciones no se limitaba a aquellos reinos o espacios parecidos a la tierra, como la mayoría de la gente. El describe espacios superiores de creciente pureza y espiritualidad. Las experiencias más elevadas de Whiteman eran comparables a las de los famosos místicos cristianos y a las de los más experimentados yoguis hindúes. De éstas hablaré en un capítulo posterior. Sin embargo, la actitud espiritual de Whiteman respecto a sus experiencias es digna de mención. Eran todas espontáneas. Nunca intentó inducir la separación, aunque a veces trató de modificarla con la intención de elevar su conciencia a niveles espirituales superiores, a través del Amor y la Obediencia. Consideraba cada acontecimiento como algo que se le otorgaba para aumentar su comprensión, y él ha pagado estos regalos escribiendo libros para guiar a otros hacia la vida espiritual.

Volviendo a los compiladores de experiencias extracorporales de otras personas, debo mencionar que tres libros escritos por Crookall hablan de no menos de 800 casos. Con algunas excepciones que pertenecen al capítulo siguiente, no añaden mucho a la información que he recogido de otras fuentes. Pero lo que más me interesó fue el título de su último libro “Lo que Ocurre Cuando Morirnos”. Como voy a intentar demostrar, éste es un título presuntuoso y confuso. Según mi modo de pensar, trata sólo de lo que puede suponerse que ocurre a algunas personas durante los primeros minutos u horas después del «despertar» al otro lado. Sin embargo, este título del libro plantea una cuestión importante: ¿podemos asumir que las experiencias extracorporales durante la vida física son una premonición exacta de la vida después de la muerte?

El leer sobre estas experiencias puede no ser convincente; es posible despreciarlas considerándolas sueños o alucinaciones, a pesar de los 2.000 casos o más que se han podido recoger y de los muchos miles que deben haberse conservado como algo privado y precioso. Pero incluso una sola experiencia vívida personal de vida en un cuerpo separado, y más todavía si el cuerpo físico también se ve, es totalmente convincente. Es decir, proporciona una prueba irrefutable, por experiencia directa, de que es posible funcionar en este «Cuerpo de Luz», como podemos llamarle. Si una persona piensa en todo esto, probablemente reflexionará y dirá: ¿Sí tengo este otro cuerpo -y sé ahora que lo tengo- entonces cuando me muera ¿qué va a impedirme seguir viviendo conscientemente en este cuerpo? Verdaderamente ¿qué? Es difícil contrarrestar un argumento así.

Personalmente yo estoy de acuerdo con esa persona, aunque por lo que he leído, supongo que habrá algunas diferencias de detalle en la calidad de la vida después de la muerte, en comparación con los breves episodios extracorporales. Particularmente creo que, a medida que nos vamos familiarizando con las condiciones después de la muerte, la vida se abre y florece de un modo que pocos han experimentado durante su vida sobre la tierra. Si no estáis convencidos todavía, leed al menos el siguiente capítulo que ofrece pruebas más directas.

 

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DISERTACIONES DE GURDJIEFF: EL “SABER” Y EL “SER”

DE: “Fragmentos de una Enseñanza Desconocida”

Por: P. D. Ouspensky

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En casi todas sus exposiciones, Gurdjieff regresaba a un tema que evidentemente consideraba de suma importancia, pero que era para muchos de nosotros difícil de asimilar.

El desarrollo del hombre, decía él, se opera a lo largo de dos líneas: «saber» y «ser». Para que la evolución se realice correctamente, ambas líneas deben avanzar juntas, paralelas una a otra y sosteniéndose una a otra. Si la línea del saber sobrepasa demasiado a la del ser, o si la línea del ser sobrepasa demasiado a la del saber, el desarrollo del hombre no puede hacerse regularmente; tarde o temprano tiene que detenerse.

gurdjieff“La gente capta lo que debe entenderse por «saber». Reconocen la posibilidad de diferentes niveles de saber: comprenden que el saber puede ser más o menos elevado, es decir, de más o menos buena calidad. Pero esta comprensión no la aplican al ser. Para ellos, el ser designa simplemente «la existencia», que ellos oponen a la «no existencia». No comprenden que el ser puede situarse a niveles muy diferentes, incluir varias categorías. Tomen, por ejemplo, el ser de un mineral y el ser de una planta. Son dos seres diferentes. El ser de una planta y el de un animal, son también dos seres diferentes. Igualmente lo son el ser de un animal y el ser de un hombre. Pero dos hombres pueden diferir en su ser más aún que un mineral y un animal. Esto es exactamente lo que la gente no capta. Ellos no comprenden que el saber depende del ser. Y no solamente no lo comprenden, sino que no quieren comprenderlo. En la civilización occidental en particular, se admite que un hombre pueda poseer un saber vasto, que pueda ser por ejemplo un sabio eminente, autor de grandes descubrimientos, un hombre que hace progresar la ciencia, y que al mismo tiempo pueda ser, y tiene el derecho de ser, un pobre hombre egoísta, discutidor, mezquino, envidioso, vanidoso, ingenuo y distraído. Parece que aquí se considera que un profesor tiene que olvidar en todas partes su paraguas.

“Y sin embargo, tal es su ser. Pero en Occidente se estima que el saber de un hombre no depende de su ser. La gente da mayor valor al saber, pero no sabe darle al ser un valor igual, y no tiene vergüenza del nivel inferior de su propio ser. Ni siquiera comprende lo que esto quiere decir. Nadie comprende que el grado del saber de un hombre es función del grado de su ser.

“Cuando el saber excede demasiado al ser, se vuelve teórico, abstracto, inaplicable a la vida, aun puede tornarse nocivo, porque en lugar de servir a la vida y de ayudar a la gente en su lucha contra las dificultades que la asaltan, tal saber comienza a complicarlo todo; desde luego, ya no puede aportar sino nuevas dificultades, nuevos problemas y toda clase de calamidades que no existían antes.

“La razón de esto es que el saber que no está en armonía con el ser, nunca puede ser bastante grande o, mejor dicho, no puede estar lo suficientemente calificado para las necesidades reales del hombre. Éste será el saber de una cosa, ligado a la ignorancia de otra: será el saber del detalle, ligado a la ignorancia del todo: el saber de la forma, ignorante de la esencia.

“Tal preponderancia del saber sobre el ser puede ser comprobada en la cultura actual. La idea del valor y de la importancia del nivel del ser está completamente olvidada. Y se ha olvidado también que el nivel del saber está determinado por el nivel del ser. De hecho, a cada nivel de ser corresponden ciertas posibilidades de saber bien definidas. Dentro de los limites de un «ser» dado, la calidad del saber no se puede cambiar, y dentro de estos límites, la única posibilidad de cambio reside en la acumulación de informaciones de una sola y misma naturaleza. Un cambio en la naturaleza del saber es imposible sin un cambio en la naturaleza del ser.

“Tomado en sí, el ser de un hombre presenta múltiples aspectos. El del hombre moderno se caracteriza sobre todo por la ausencia de unidad en si mismo y por la ausencia aun de la menor traza de aquellas propiedades que le complace especialmente atribuirse, la «conciencia lúcida», la «libre voluntad», un «ego permanente» o «Yo», y la «capacidad de hacer». Sí, por asombroso que esto les parezca, les diré que el rasgo principal1 del ser de un hombre moderno, que explica todo lo que le falta, es el sueño.

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“El hombre moderno vive en el sueño. Nacido en el sueño, muere en el sueño. Del sueño, de su significado y de su papel en la vida, hablaremos más tarde. Ahora, reflexionen solamente en esto: ¿qué puede saber un hombre que duerme? Si ustedes piensan en ello, recordando al mismo tiempo que el sueño es el rasgo principal de nuestro ser, no lardará en ser evidente para ustedes que Un hombre, si verdaderamente quiere saber, debe reflexionar ante todo en las maneras de despertarse, es decir, de cambiar su ser.

“El ser exterior del hombre tiene muchos lados diferentes: actividad o pasividad; veracidad o mala fe; sinceridad o falsedad; coraje o cobardía; control

de sí mismo o libertinaje; irritabilidad, egoísmo, disposición al sacrificio, orgullo, vanidad, presunción, asiduidad, pereza, sentido moral, depravación; todos estos rasgos, y muchos más, componen el ser de un hombre.

“Pero todo esto en el hombre es enteramente mecánico. Si miente, significa que no puede dejar de mentir. Si dice la verdad, significa que no puede dejar de decir la verdad; y así es en todo. Todo sucede: un hombre no puede hacer nada, ni interior ni exteriormente.

“Sin embargo, hay límites. Por regla general, el ser del hombre moderno es de una calidad muy inferior. A veces de una calidad tan inferior que no hay posibilidad de cambio para él.

Nunca hay que olvidarlo. Aquellos cuyo ser puede aún cambiar se pueden considerar afortunados. ¡Hay tantos que son definitivamente enfermos, máquinas rotas con las cuales no se puede hacer nada! Son la gran mayoría. Pocos son los hombres que pueden recibir el verdadero saber; si ustedes reflexionan sobre esto, comprenderán por qué no lo pueden los otros: su ser se opone a ello.

“En general, el equilibrio del ser y del saber es aún más importante que el desarrollo separado de uno o del otro. Porque un desarrollo separado del ser o del saber no es deseable de ninguna manera, aunque este desarrollo unilateral sea precisamente lo que parece atraer de manera especial a la gente.

“Cuando el saber predomina sobre el ser, el hombre sabe, pero no tiene el poder de hacer. Es un saber inútil. Inversamente, cuando el ser predomina sobre el saber, el hombre tiene el poder de hacer, pero no sabe qué hacer. Así el ser que él ha adquirido no le puede servir para nada, y todos sus esfuerzos han sido inútiles.

“En la historia de la humanidad, encontramos numerosos ejemplos de civilizaciones enteras que perecieron ya sea porque su saber sobrepasaba a su ser, o porque su ser sobrepasaba a su saber.”

¿A qué conduce un desarrollo unilateral del saber y un desarrollo unilateral del ser? – preguntó uno de los asistentes.

El desarrollo de la línea del saber sin un desarrollo correspondiente de la línea del ser, respondió G., produce un Yogui débil, quiero decir un hombre que sabe mucho, pero que no puede hacer nada, un hombre que no comprende (acentuó esta palabra) lo que sabe, un hombre que no aprecia, es decir: incapaz de evaluar las diferencias entre uno y otro tipo de saber. Y el desarrollo de la línea del ser sin un correspondiente desarrollo del saber produce un Santo estúpido. Es un hombre que puede hacer mucho pero que no sabe qué hacer, ni con qué; y si hace algo, actúa esclavizado por sus sentimientos subjetivos que pueden desviarlo y hacerle cometer graves errores, es decir, de facto, lo contrario de lo que quiere. Por consiguiente, en ambos casos, tanto el Yogui débil como el Santo estúpido llegan a un punto muerto. Se han vuelto incapaces de todo desarrollo ulterior.

“Para captar esta distinción y, de una manera general, la diferencia entre la naturaleza del saber y la del ser, y su interdependencia, es indispensable comprender la relación que tienen con la comprensión el saber y el ser, tomados en conjunto. El saber es una cosa, la comprensión es otra. Pero la gente confunde a menudo estas dos ideas, o bien no ve claramente donde está la diferencia.

“El saber por sí solo no da comprensión. Y la comprensión no se puede aumentar por el solo acrecentamiento del saber. La comprensión depende de la relación entre el saber y el ser. La comprensión resulta de la conjunción del saber y del ser. Por consecuencia, el ser y el saber no deben divergir demasiado, de otra manera la comprensión se encontraría muy alejada de ambos. Como ya hemos dicho, la relación del saber con el ser no cambia por el simple acrecentamiento del saber. Sólo cambia cuando el ser crece paralelamente al saber. En otras palabras, la comprensión no crece sino en función del desarrollo del ser.

“Con el pensamiento ordinario, la gente no distingue entre saber y comprensión. Piensan que cuanto más saben tanto mas deben comprender. Es por esto que acumulan el saber o lo que ellos así llaman, pero no saben cómo se acumula la comprensión y no les importa saberlo.

“Por lo tanto, una persona ejercitada en la observación de sí, sabe con certidumbre que en diferentes períodos de su vida ha comprendido una sola y misma idea, un solo y mismo pensamiento, de maneras totalmente diferentes. A menudo le parece extraño que haya podido comprender tan mal lo que ahora comprende tan bien, según cree. Sin embargo, se da cuenta que su saber sigue siendo el mismo; que hoy no sabe nada más que ayer. ¿Qué es, entonces, lo que ha cambiado? Lo que ha cambiado es su ser. Tan luego cambia el ser, la comprensión tiene también que cambiar. La diferencia entre el saber y la comprensión se aclara al darnos cuenta que el saber puede ser la función de un solo centro. Por el contrario, la comprensión es la función de tres centros. De modo que el aparato del pensar puede saber algo. Pero la comprensión aparece solamente cuando un hombre tiene el sentimiento y la sensación de todo lo que está vinculado a su saber.

“Anteriormente hemos hablado de la mecanicidad. Un hombre no puede decir que comprende la idea de la mecanicidad, cuando la sabe solamente con su cabeza. Tiene que sentirla con toda su masa, con su ser entero. Sólo entonces la comprenderá.

“En el campo de las actividades prácticas, la gente sabe muy bien diferenciar entre el simple saber y la comprensión. Se da cuenta que saber y saber hacer son dos cosas completamente distintas, y que saber hacer no es fruto sólo del saber. Pero, fuera de este campo de actividad práctica, la gente deja de comprender lo que significa «comprender».

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NOTA:
1) En el sistema de Gurdjieff se denomina “rasgo principal” al que aparece como la debilidad principal en la “falsa personalidad” de un individuo.

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INTRODUCCIÓN: GENEROSIDAD HACIA UNO MISMO

Para leer y extraer el significado del siguiente texto – realmente para cualquiera, pero particularmente para aquellos que hablan de cosas para los que la palabra, hablada o escrita, es apenas una referencia lejana – hay que hacer un gran ejercicio de generosidad… hacia uno mismo. Y este ejercicio únicamente puede provenir, de un lado, de la plena consciencia de nuestra limitaciones, y de otro de una total confianza íntima en que cuando somos capaces de ponernos en sintonía, contactamos directamente con la fuente de lo que ES, disipando las dudas. Y a veces con solo sentir su proximidad asoma LA SOSPECHA DE LO QUE ES, y esto ya basta para sentirse orientados, como aquel espeleólogo que sumergido en la absoluta oscuridad de una profunda caverna, detecta el leve fulgor de una claridad que le alerta de la proximidad de una salida HACIA LA LUZ. Sé, pues, generoso contigo mismo, permítete SER.

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JESÚS PRESENTA UN CODIGO PRÁCTICO

DE ÉTICA ESPIRITUAL

Jesus 02Hay una regla que el hombre carnal ha hecho y que rígidamente observa:

Haz a otros lo que ellos te hagan. Como los otros juzgan, juzga; como los otros dan, da.

 

Ahora bien, mientras andáis con los hombres, no juzguéis y no seréis juzgados.

Porque como vosotros juzguéis, así seréis juzgados, y lo que vosotros deis, eso se os dará.

Si, pues, vosotros condenáis, condenados seréis vosotros.

(más…)

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