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La ley del éxito: cómo lograr prosperidad, salud

y felicidad mediante el poder del Espíritu

♥ ♥ ♥

Por: Paramahansa Yogananda (1893 – 1952)

Aquel que busca a Dios es el más sabio de los hombres; quien le ha encontrado es el más exitoso entre todos”

Lo noble y nuevo

Canta canciones que nadie ha cantado,

Alberga pensamientos que nadie ha concebido,

Camina por senderos que nadie ha transitado,

Derrama lágrimas por Dios como nadie ha vertido,

Brinda paz a quienes ha brindado,

Reclama como tuyo a quien en todas partes es repudiado.

Ama con un amor que nadie ha sentido,

Y afronta la batalla de la vida con brío renovado.

Mi derecho divino de nacimiento

Fui creado a imagen de Dios y lo buscaré primeramente, asegurándome de establecer verdadero contacto con Él; después, si es su voluntad, pueda todo lo demás –sabiduría, abundancia, salud- ser añadido como parte de mi derecho divino de nacimiento.

Deseo obtener éxito sin medida, mas no de fuentes terrenales, sino de las manos de Dios que todo lo poseen, que todo lo pueden, que todo lo dan.

La ley del éxito

¿Es posible que exista algún poder capaz de revelarnos ocultas vetas de riquezas y tesoros insospechados? ¿Existe alguna fuerza a la cual podamos recurrir en nuestra búsqueda de la salud, la felicidad y la iluminación espiritual? Los santos y sabios de la India afirman que tal poder existe. Ellos han demostrado la eficacia de los verdaderos principios espirituales, eficacia que puede ser también comprobada por cualquiera de nosotros, siempre que estemos dispuestos a estudiarlos y aplicarlos objetivamente.

Tu éxito en la vida no depende solamente de tu habilidad y entrenamiento personal, sino también de tu decisión para aprovechar las oportunidades que se te presentan. Las oportunidades se crean en la vida; ellas no vienen por azar. Todas las oportunidades que surgen en tu sendero han sido creadas por ti mismo, ya sea en la actualidad o en el pasado; un pasado que incluye tus vidas anteriores. Puesto que tú mismo te has ganado dichas oportunidades, has de aprovecharlas al máximo.

Si haces uso de todos los medios externos accesibles, así como también de tus habilidades naturales para vencer cada obstáculo que se presente en tu sendero, desarrollarás los poderes que Dios te ha otorgado: poderes ilimitados, que fluyen de los potenciales más íntimos de tu ser. Posees el poder de pensar y el poder de la voluntad: ¡utiliza al máximo tales dones divinos!

El poder del pensamiento

Tú manifiestas éxito o fracaso de acuerdo al curso habitual de tus pensamientos. ¿Cuál es en ti la tendencia más fuerte: los pensamientos de éxito o los de fracaso? Si tu mente se encuentra por lo general en un estado negativo, un pensamiento positivo ocasional no será suficiente para atraer el éxito. Pero si piensas en forma correcta, llegarás a la meta aun cuando parezca que te envuelven las tinieblas.

Tu mismo eres el único responsable de tu destino. Nadie más responderá por tus acciones cuando llegue el momento del juicio final. Tu labor en el mundo –en la esfera en la cual te ha colocado tu propio karma, es decir, el efecto de tus acciones pasadas- no puede ser desarrollada sino por una sola persona: tu mismo. Y tu trabajo puede ser llamado, en verdad, un “éxito”, únicamente en la medida en que haya servido en alguna forma a tu prójimo.

No es aconsejable revisar mentalmente un determinado problema en forma constante. Conviene dejarlo descansar ocasionalmente, dándole así tiempo para que se aclare por sí mismo; pero cuida de que tú no descanses en forma prolongada que llegues a olvidarte completamente de discernir. Aprovecha, más bien, dichos períodos de reposo para profundizar más en tu interior, sumergiéndote en la honda paz de tu íntimo ser. Entonces, una vez que estés en armonía con tu propia alma, serás capaz de analizar todas tus acciones; y si adviertes que tus pensamientos o tus obras se han desviado de la meta, podrás corregir su dirección. Este poder de divina “sintonización” (o armonización) puede desarrollarse a través de la práctica y del esfuerzo.

La voluntad es el motor

Para triunfar en cualquier empresa, además de mantener tus pensamientos en un nivel positivo, debes emplear paralelamente el poder de la voluntad y una actividad continua. Todo el mundo de las manifestaciones externas no es sino el producto de la voluntad; mas dicho poder no siempre es empleado en forma consciente. Así como existe una voluntad consciente, existe también una voluntad mecánica. El motor de todos tus poderes es la volición, la “fuerza de voluntad”. Sin ella no puedes caminar, conversar, trabajar, pensar o sentir. La voluntad es, pues, la fuente de donde brotan todas tus acciones. Si quisieras suspender el ejercicio de la voluntad, sería preciso que permanecieses tanto física como mentalmente en la inactividad más absoluta, ya que en el mero acto de mover una mano, por ejemplo, estas haciendo uso de la voluntad. De hecho es imposible vivir sin hacer uso de esta fuerza.

La voluntad mecánica consiste en el empleo del poder la voluntad en forma inconsciente. La voluntad consciente es una fuerza vital que se acompaña siempre de determinación y de esfuerzo; es un motor que te entrenas en ejercer la voluntad en forma consciente, y no mecánica, debes paralelamente asegurarte que los objetivos perseguidos por tal voluntad sean constructivos y valiosos.

Con el objeto de desarrollar el poder dinámico de la voluntad, es útil proponerse realizar alguna de las cosas que te hayan parecido irrealizables hasta aquí, comenzando primero por las más simples; luego, a medida que tu confianza se fortalece y tu voluntad se torna mas dinámica, puedes intentar realizaciones más difíciles. Una vez que estés seguro de haber elegido bien tu meta, no debes aceptar por ningún motivo someterte al fracaso. Ha de dedicarse toda la fuerza de la voluntad a la consecución de un solo objetivo a la vez, sin dejar jamás algo a medio acabar para emprender algo nuevo; se evita así la dispersión de energías.

Puedes controlar tu destino

La mente es la creadora de todo. Es por ello que deberías dirigir tu mente en tal forma que solo cree el bien. Si te aferras a un determinado pensamiento, aplicando en ello tu fuerza de voluntad dinámica, dicho pensamiento llegará finalmente a manifestarse en forma externa y tangible. Y es así que, cuando eres capaz de utilizar tu voluntad con fines únicamente constructivos, te conviertes en el amo de tu propio destino.

Se han mencionado recientemente tres importantes vías a través de las cuales es posible activar la voluntad, tornándola verdaderamente dinámica: 1) elige una tarea sencilla o alguna actividad que jamás hayas dominado bien, y proponte desarrollarla en forma exitosa; 2) asegúrate de que tu elección haya recaído sobre algo factible y constructivo a la vez, rechazando toda idea de fracaso; 3) concéntrate en un solo objetivo, aplicando todas tus capacidades y aprovechando cuanta oportunidad se te presente para materializar tu propósito.

Mas debes siempre procurar obtener la certeza interior –nacida de la serena profundidad de tu más intimo ser- de que lo que persigues es algo correcto, que te conviene conseguir, y que está de acuerdo con los designios divinos. Una vez obtenida dicha seguridad, puedes entonces aplicar toda la fuerza de tu voluntad para asl alcanzar tu objetivo, pero manteniendo siempre tus pensamientos concentrados en Dios: la fuente suprema de todo poder y de toda realización.

El temor agota la energía vital

El cerebro humano es un almacén de energía. Dicha energía esta siendo constantemente utilizada en los movimientos musculares, en el trabajo del corazón, los pulmones y el diafragma, en el metabolismo de las células tisulares y sanguíneas y en la labor del sistema telefónico sensitivo-motor de los nervios. Además de todo esto, una tremenda cantidad de energía vital se consume en todos los procesos intelectuales, emotivos y volitivos.

El temor agota la energía vital; este es uno de los mayores enemigos de la fuerza de voluntad dinámica. La fuerza vital que fluye habitualmente a través de los nervios en forma constante, es exprimida de ellos de tal manera a causa del temor, que los nervios mismos se comportan como si estuviesen paralizados, y la vitalidad de todo el cuerpo se reduce. El temor no te ayuda alejarte del objeto que lo provoca, sino que solamente debilita tu fuerza de voluntad. Urgido por el temor, el cerebro genera un impulso inhibidor que actúa sobre todos los órganos del cuerpo, constriñendo el corazón, interrumpiendo las funciones digestivas, y provocando numerosas otras perturbaciones físicas. Cuando se mantiene la conciencia enfocada en Dios, no se puede abrigar temor alguno; se dispone entonces la capacidad para vencer todos los obstáculos, a través del valor y la fe.

Un “deseo” es una aspiración carente de energía. Un deseo puede o no ser seguido de una intención, esto es, del proyecto de realizar algo concreto, de satisfacer, de hecho, un determinado anhelo. Mas querer significa decir: trabajo y trabajaré siempre, hasta que consiga cumplir mi deseo”. Toda vez que ejerces tu fuerza de voluntad, pones en acción el poder de la energía vital; mas no sucede así cuando deseas en forma meramente pasiva el poder conquistar un determinado objetivo.

Los fracasos deberían incitar a la determinación

Incluso los fracasos deberían actuar como estimulantes sobre tu fuerza de voluntad y sobre tu crecimiento material y espiritual. Toda vez que se ha fracasado en cualquier proyecto, es conveniente analizar cada factor en la situación, con el objeto de eliminar toda posibilidad futura de repetir los mismos errores.

La estación del fracaso es el periodo mas propicio para sembrar las semillas del éxito. Aun cuando seas azotado por el látigo de las circunstancias, mantén la cabeza erguida. No importa cuantas veces hayas fracasado, trata siempre una vez más. Aun cuando creas que ya no podrás continuar luchando, o que has hecho ya todo cuanto podías, lucha siempre, hasta que tus esfuerzos se vean coronados por el éxito. Un breve relato aclarara el punto anterior.

A y B se encontraban luchando. Al cabo de un largo tiempo, A se dijo a sí mismo: “un momento mas, y caeré desplomado”, mas, simultáneamente B pensaba: ¡”solo un golpe más, y habré triunfado!” y, asestándolo, vio cómo A se desplomaba. Así debes ser tú: asesta siempre ese golpe final. Utiliza el invencible poder de la voluntad para superar todas las dificultades de la vida.

Cuando, luego de un fracaso, reinicias tus esfuerzos con renovados bríos, tales esfuerzos son verdaderos agentes de crecimiento; mas para que den fruto, deben estar bien planeados e imbuidos de una fuerza de voluntad dinámica y de una atención siempre creciente.

Supone que has fracasado hasta el presente. Seria necio, entonces, aceptar el fracaso como un decreto del “destino”. Es preferible morir luchando, antes que abandonar tus esfuerzos mientras exista aun una posibilidad de realizar algo más; pues, incluso cuando llegue la muerte, pronto deberás reiniciar tu lucha en otra vida. Tanto el éxito como el fracaso no son sino los justos resultados de tus obras pasadas, más tus obras actuales. De modo que deberías estimular todos los pensamientos de éxito de tus vidas pasadas, hasta que, una vez revitalizados, se tornen capaces de dominar la influencia de todas las tendencias al fracaso que existan en tu vida presente.

La diferencia entre un hombre de éxito y un hombre fracasado no reside en la cantidad o magnitud de las dificultades con que se han enfrentado ambos, sino en que el primero, aun cuando haya afrontado quizás mayores dificultades, ha dominado el arte de rechazar siempre toda idea de fracaso. Deberías transferir tu atención del fracaso al éxito, de las preocupaciones a la calma, de las divagaciones mentales a la concentración, de la inquietud a la paz, y de la paz a la divina dicha interior. Cuando alcances este último estado de realización del ser, habrás cumplido gloriosamente con el propósito de tu vida.

La necesidad del auto análisis

Otro secreto del progreso consiste en el auto análisis. La introspección es un espejo en el cual te es posible contemplar algunos recodos de tu mente; sin su práctica, estos permanecerían ocultos a tu vista. Diagnostica la causa de tus fracasos y – haciendo un balance de tus buenas y malas tendencias- analiza lo que eres, lo que deseas llegar a ser, y cuales con los defectos que te lo impiden. Determina primero cual ha de ser la verdadera naturaleza de tu obra personal –es decir, cual es tu misión en la vida- para aplicarte luego a la tarea de transfórmate en lo que deberías y quieres ser. A medida que tu mente se mantenga cada vez más enfocada en Dios, y te sintonices así con su voluntad, progresarás en tu sendero con una seguridad cada vez mayor.

Aun cuando tu propósito fundamental consiste en encontrar tu camino de regreso hacia Dios, tienes que desempeñar también una determinada labor en el mundo exterior. Y es la voluntad, combinada con la iniciativa, lo que te ayudará a reconocer y cumplir dicha labor.

El poder creador de la iniciativa

¿En que consiste la iniciativa? Ella es una íntima facultad creadora, una chispa del creador infinito en tu interior. Es ella quien te dota del poder de crear algo que nadie ha creado jamás, impulsándote a realizar las cosas en una forma nueva, original. Si observas las obras de un individuo de iniciativa, te parecerán tan espectaculares como un meteorito. Creando algo a partir aparentemente de la nada, dicha persona te demuestra lo que parece imposible puede tornarse posible, a través del empleo personal del tremendo poder inventivo del espíritu. La iniciativa te capacita para pararte sobre tus propios pies, libre e independiente; es uno de los atributos del éxito.

Contempla la imagen de Dios en todos los hombres

Muchos son los que suelen justificar sus propias faltas, mas juzgan duramente las ajenas; deberíamos invertir tal actitud, excusando los defectos de los demás, mas examinando crudamente los propios.

Puede que, en determinadas ocasiones, sea indispensable analizar a otras personas; en tal caso, lo importante es recordar que, en el acto del análisis, debes mantener tu mente libre de todo prejuicio. Si sostienes un buen espejo firmemente en tus manos, reflejará los objetos que coloques ante él en forma fiel, sin distorsión alguna, así mismo una mente imparcial actúa como un perfecto espejo firmemente sujeto, en el cual se reflejan fielmente las imágenes de las personas, sin ser distorsionadas por las oscilaciones de los juicios precipitados.

Aprende a ver a Dios en todos los hombres, independientemente de su raza o credo. Solo cuando comiences a sentir tu unidad con todo ser humano, conocerás qué es, en verdad, el amor divino, y no antes. A través del servicio mutuo nos olvidamos de nuestro pequeño ser y vislumbramos al único ser infinito, al Espíritu que une a todos los hombres.

Los hábitos del pensamiento controlan tu vida

Los hábitos tienen el poder de acelerar o de retardar el éxito. Son tus hábitos mentales cotidianos los que modelan tu vida; ella no se rige tanto por tus inspiraciones pasajeros o brillantes ideas. Los hábitos del pensamiento funcionan como imanes, atrayendo hacia ti determinados objetos, personas o condiciones. Los buenos hábitos del pensamiento te capacitan para atraerte diversos beneficios y oportunidades, mientras que los malos hábitos del pensamiento te atraen hacia personas de mentalidad materialista y hacia ambientes favorables.

Si aspiras a acabar con un mal habito, debilítalo primero evitando toda circunstancia tendiente a provocarlo o a estimularlo, mas evita concentrarte en él, en tu celo por evadirlo. Encauza luego tu mente hacia algún buen habito, cultivándolo en forma constante, hasta que se convierta definitivamente en parte de tu ser.

Hay en nuestro interior dos fuerzas opuestas, entregadas a una lucha constante. Una de ellas nos insta a hacer lo que no debiésemos, mientras que la otra nos urge a realizar lo debido, lo que parece difícil; una es la voz del mal, y la otra es la voz del bien, o de Dios.

A través de duras lecciones cotidianas, algún día llegarás a ver claramente que los malos hábitos alimentan el árbol de los insaciables deseos materiales, mientras que los buenos hábitos alimentan el árbol de las aspiraciones espirituales. Deberías concentrar tus esfuerzos cada vez más en desarrollar exitosamente el árbol de la espiritualidad, de modo que puedas algún día cosechar del fruto maduro de la realización de tu verdadero ser.

Si eres capaz de liberarte de todo tipo de malos hábitos, y eres capaz de actuar correctamente porque te apetece hacerlo – y no solamente con el objeto de evitar el dolor que acompaña a una mala acción- sabrás entonces que estás progresando de verdad en el espíritu.

Solamente cuando desechas de ti todos tus malos hábitos, eres verdaderamente libre. Tu alma jamás conocerá la libertad mientras no llegues a ser el verdadero amo de ti mismo, mientras no seas capaz de obligarte de realizar lo debido, aun cuando no lo desees. En este poder de autocontrol, yace la semilla de la libertad eterna.

Se han mencionado ya diversos importantes atributos del éxito: los pensamientos positivos, la voluntad dinámica, el auto-análisis, la iniciativa y el autocontrol. Numerosos libros populares destacan una o más de estas condiciones, más no prestan atención alguna al poder divino que yace en fondo de todas ellas. La “sintonización” (armonización) con la voluntad divina constituye el factor más importante para atraer al éxito.

El poder de la voluntad divina es la fuerza que mueve el cosmos y todo cuanto hay en él. Fue la Voluntad de Dios la que arrojó las estrellas en el espacio y es Su Voluntad la que sostiene a los planetas en sus orbitas, y dirige los ciclos de nacimiento, crecimiento y decadencia en todas las formas de la vida.

El poder de la voluntad divina

La voluntad divina no conoce fronteras; opera a través de las leyes tanto conocidas como desconocidas, tanto naturales como aparentemente sobrenaturales. Ella puede modificar el curso de un destino, resucitar a los muertos, arrojar montañas al mar, y crear nuevos sistemas solares.

El hombre, creado a imagen de Dios, posee también en su interior esa misma omnipotente fuerza de voluntad. La suprema responsabilidad del hombre consiste en descubrir cómo mantenerse en armonía con la Voluntad Divina; y ello se logra a través de la práctica de la meditación (1) en forma correcta.

Cuando actúa guiada por el error, la voluntad humana nos extravía; mas cuando es guiada por la sabiduría, dicha voluntad humana se encuentra sintonizada con la voluntad divina. Dios abriga un plan para cada uno de nosotros, y si pudiésemos seguirlo fielmente, contaríamos con una guía interior que nos salvaría de los abismos de la desgracia; mas frecuentemente su plan se ve oscurecido por los conflictos de nuestra vida, y perdemos así dicha guía.

Dijo Jesús: “cúmplase tu voluntad”. Cuando el hombre sintoniza su voluntad con la voluntad de Dios –la cual opera guiada por la sabiduría- él está de hecho empleando la voluntad divina. Todos los hombres pueden llegar a alcanzar la armonía perfecta con la voluntad del Padre Celestial. Por medio de la práctica de las técnicas correctas de meditación, desarrolladas en la antigüedad por los sabios de la India.

Del océano de la abundancia

Tal como todo poder yace en la voluntad divina, así también todo don espiritual y material fluye de la inagotable fecundidad divina. Con el objeto de capacitarte para recibir los dones de Dios, debes desterrar de tu mente toda idea de limitación y de pobreza. La Mente Universal es perfecta y no conoce carencia alguna: si deseas ponerte en contacto con tan infalible fuente de abastecimiento, debes mantener en tu mente una conciencia de abundancia, aun cuando no sepas de donde podrá llegarte el próximo centavo, evita toda aprensión. Si realizas tu parte en la faena, confiando en que Dios realizará la suya, descubrirás que misteriosas fuerzas vienen en tu ayuda, y que tus deseos constructivos se materializan prontamente. Semejante confianza, así como también una conciencia de abundancia, se logran por medio de la meditación.

Puesto que Dios es la fuente de todo poder, paz y prosperidad, no persigas tus deseos ni te pongas en acción jamás, sin comulgar con Él primero. Al proceder de ésta forma, pondrás tanto tu voluntad como tu actividad en la disposición adecuada para conquistar las más altas metas. Tal como no puedes transmitir ningún mensaje a través de un micrófono arruinado, tampoco es posible emitir plegaria alguna mediante un micrófono mental descompuesto por la inquietud. Repara, por lo tanto, tu micrófono mental y aumenta la receptividad de tu intuición, por medio del ejercicio de una profunda calma interior; de esta forma te capacitarás tanto para transmitirle tus mensajes a Dios de manera efectiva, como para recibir sus respuestas.

La vía de la meditación

Una vez que has reparado tu radio mental y te encuentras serenamente sintonizado con vibraciones constructivas, ¿cómo puedes hacer uso de dicho instrumento psicológico para ponerte en contacto con Dios? El método correcto de meditación te aporta la vía.

A través del poder de la concentración y de la meditación, es posible encauzar el inagotable potencial de tu mente en tal forma que te conduzca hacia la materialización de tus deseos, protegiendo a la vez todas las puertas contra la entrada del fracaso. Todos los hombres y mujeres de éxito dedican un tiempo considerable a la concentración profunda. Ellos son capaces de sumergirse hondamente en el océano de sus propias mentes, descubriendo allí perlas de las soluciones correctas para los problemas que les preocupan. Si aprendes cómo retirar tu atención de todos los objetos de distracción, concentrándola por entero en un solo objeto, aprenderás también cómo atraer a voluntad todo cuanto necesites.

Antes de comprometerte en cualquier asunto de trascendencia, siéntate serenamente, aquieta tus sentidos y tus pensamientos, y medita profundamente; será guiado entonces por el gran Poder Creador a continuación, deberás emplear todos los medios materiales necesarios para conquistar tu meta.

No necesitas en tu vida sino solamente aquellos objetos que te servirán de ayuda en la realización de tu propósito fundamental. Todo aquello que tal vez deseas, mas no necesitas, puede desviarte de tal propósito. Solo se alcanza el éxito cuando se subordina todo lo demás en función de tu objetivo primordial.

El éxito se mide por la felicidad

Piensa detenidamente si acaso la conquista de la meta que has elegido te significará o no el éxito. ¿Qué es lo que constituye el éxito? Si dispones, por ejemplo, de salud y de riquezas, mas tienes conflictos con todo el mundo –incluso contigo mismo- entonces tu vida no es ciertamente exitosa. Vana se vuelve tu existencia cuando no puedes encontrar en ella la felicidad. Cuando pierdes tu fortuna, has perdido poco; cuando pierdes la salud, has perdido algo de mayor trascendencia; mas cuando pierdes tu paz mental, entonces has perdido, en verdad, el mayor tesoro.

El éxito, por lo tanto, debería medirse por el criterio de la felicidad, es decir, por tu capacidad para permanecer en serena armonía con las leyes del cosmos. No es posible medir correctamente el éxito aplicando los barómetros mundanos de la riqueza, el prestigio y el poder, ya que ninguno de ellos garantiza la felicidad, salvo que sean empleados en forma correcta. Y para poder hacer un uso correcto de tales dones, debemos poseer sabiduría, y amar a Dios y a los hombres.

Dios no te premia ni te castiga. Él te ha dotado del poder de autopremiarte o de autocastigarte, por medio del uso o abuso que hagas de tu propia razón y de tu fuerza de voluntad. Cuando se transgreden las leyes de la salud, la prosperidad y la sabiduría, inevitablemente se debe sufrir la enfermedad, la pobreza y la ignorancia. Así pues, deberías fortalecer tu mente, y rehusar continuar soportando la carga de tus propias debilidades psicológicas o morales, adquiridas en el pasado: quémalas en el fuego de tus divinas resoluciones presentes y de tus buenas obras actuales; a través de esta constructiva actitud, alcanzarás la libertad.

La felicidad depende en cierto grado de las condiciones externas, pero, fundamentalmente, de nuestras actitudes mentales. Para ser felices deberíamos poseer buena salud, una mente equilibrada, una vida próspera, un trabajo adecuado, un corazón agradecido y, sobre todo, sabiduría o conocimiento de Dios.

Si adoptas la firme resolución de ser feliz, ello te ayudará. No esperes que las circunstancias se modifiquen, pensando erróneamente que es en ellas en donde yace el problema. No hagas de la infelicidad un habito crónico, afligiendo así a quienes te rodean y a ti mismo. El hecho de que seas feliz constituye una verdadera bendición, tanto para ti mismo como para los demás. Si posees la felicidad, lo posees todo; ser feliz es estar en armonía con Dios. Tal capacidad de ser feliz viene a través de la meditación.

Permite que el poder de Dios guié tus esfuerzos

Pon en acción el poder que ya tienes, empleándolo en propósitos constructivos, y desarrollaras así mayor poder. Avanza en tu sendero con una actitud de inquebrantable determinación, empleando todos los atributos del éxito en tu empresa. Sintonízate con el Poder Creador del espíritu. Estarás entonces en contacto con la Inteligencia Infinita, capaz de guiarte y de resolver todos los problemas. Así, desde la dinámica fuente de tu ser, manará un interrumpido flujo de poder que te capacitará para desempeñarte en forma creativa en cualquiera esfera de actividad.

Antes de decidir cualquier asunto de trascendencia, siéntate en silencio, pidiéndole al Padre su bendición. Si obras así, en el fondo de tu mente, estará su Mente; y en el fondo de tu voluntad, Su Voluntad. No puedes fracasar si Dios trabaja contigo; y cuando así sucede, todas tus facultades aumentan su poder. Cada vez que realizas tu trabajo con la idea de servir a Dios, recibes sus bendiciones.

Aun cuando tu trabajo en esta vida sea humilde, no te sientas obligado a justificarte por ello; siéntete mas bien orgulloso de estar cumpliendo con la tarea que el Padre te ha dado. Él te necesita en tu lugar particular, no todos pueden desempeñar el mismo papel. Mientras trabajes con el objeto de complacer a Dios, todas las fuerzas cósmicas colaborarán armoniosamente contigo.

Cuando convenzas a Dios de que le deseas a Él por encima de todo, estarás en armonía con Su Voluntad. Cuando continúas buscándole, a pesar de todos los obstáculos que surgen a tu paso para alejarte de Él, ésta es la voluntad humana en su forma más altamente constructiva. Y es en ésta forma como pondrás en acción la Ley del Éxito, conocida por los sabios de la antigüedad, y comprendida por todo ser humano que haya alcanzado el verdadero éxito. El Poder Divino está en tus manos, si realizas un decidido esfuerzo por hacer uso de el para alcanzar la salud, la felicidad y la paz. En la medida en que abarque éstas metas en tu vida, avanzarás ciertamente por el camino de la autorrealización (o realización de tu ser espiritual), hacia tu verdadera morada en el Señor.

Afirmación

Padre Celestial, yo razonaré, ejerceré mi voluntad y actuaré, mas te pido que seas Tú, Padre Celestial, quien guié siempre mi razón, mi voluntad y mi acción, hacia la meta correcta.

NOTAS

1) La meditación es aquel tipo especial de concentración en la cual la atención se ha liberado –mediante la aplicación de técnicas científicas de yoga- de la inquietud del estado en que se es consciente del cuerpo, para enfocarse totalmente en Dios. Las lecciones de self-realization fellowship proporcionan instrucción detallada sobre ésta ciencia de la meditación (nota del editor).

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LA PRUEBA INTERIOR: SOBRE LA NATURALEZA DE LA EXPERIENCIA – Por: Óscar García Rodríguez

LA PRUEBA INTERIOR: SOBRE LA

NATURALEZA DE LA EXPERIENCIA

♣ ♣ 

Por: Óscar García Rodríguez

♣ ♣ ♣

 

Todo viene de dentro.

Todo vuelve al interior.

Todo se mantiene en el centro.

«El Mensaje Reencontrado», Louis Cattiaux

LA VERDAD ESTÁ DENTRO

Todos aquellos seres humanos conscientes, autorealizados o iluminados, que a lo largo de la historia se convirtieron en las grandes referencias espirituales de la humanidad, subrayaron que la verdad que instintivamente desde siempre añoramos y buscamos, reside en el corazón de nuestra intimidad. Recordemos aquella vieja fábula que cuenta que, en el principio, la Divinidad escondió la esencia espiritual en el interior del ser humano, porque sabía que ese sería el último lugar en el que  fuésemos a buscar.

En los «Upanishads» hindúes un mantra declara: “El que está en el Sol también está en el hombre”. Un antiguo poema Zen del s. IX, expresa: “No busquéis el camino en los otros, en un lugar lejano; el camino está bajo nuestros pies”. La Biblia enseña: “El reino de Dios está dentro”. Como vemos, no importa a qué fuente de sabiduría, ancestral o no, acudamos, el acuerdo es unánime: la perfección permanece oculta dentro de cada uno de nosotros.

CONÓCETE A TI MISMO

El filósofo griego Sócrates tomó como divisa para su escuela – otros también lo hicieron – la expresión «Nosce te Ipsum» (Conócete a ti mismo), que se encontraba grabada en el frontispicio del templo del Oráculo de Delfos. De ahí que Sócrates proclamase:

“Sólo el conocimiento que llega de dentro es el verdadero conocimiento“.

En el mismo sentido se expresó otro espíritu despierto contemporáneo, el escritor malagueño Cayetano Arroyo (1953 – 1991):

“Llegar a ser “Tú Mismo“ – escribió – es luchar contra la mecanicidad de “dejarse llevar” como consecuencia de tu comodidad, tu herencia, tu educación, tus circunstancias… Cuando entres por la puerta de la “conciencia de Sí” a tu morada interna, verás que este mundo que te presentan los ojos es tan transitorio e insignificante como un lirio marchito en un jardín. Como una gota de agua en una tormenta. Y, sin embargo, es el espejo donde te puedes ver.”


Cayetano Arroyo Flores

LA REALIDAD  QUE SIEMPRE ES

Hay un fondo de realidad permanente sobre el que todo acontece, una fuente eterna desde la cual todo se manifiesta, a partir de la cual todo toma existencia fluyendo para exteriorizarse adquiriendo dimensionalidad. Es ésta la fuente desde donde lo Uno se hace Diverso sin perder, por ello, unidad.

A ese fondo eterno, ámbito que reúne todo potencial existible, lo denominamos Conciencia Universal o, simplemente, el Ser. 

Este fragmento de un pasaje del «Tao Te king», de Lao Tse, da cuenta de esta comprensión:

“Antes aún que el cielo y la tierra ya existía un ser

 inexpresable. Es un ser vacío y silencioso, libre,

inmutable y solitario. Se encuentra en todas partes

 y es inagotable. Puede que sea la Madre del universo.

No sé su nombre, pero lo llamo Tao…“

VIVIENDO DORMIDOS

A lo largo de mucho tiempo (incluso vidas completas) los seres humanos vivimos en una especie de sueño prolongado en total inconsciencia de nuestra realidad, tristes sonámbulos guiados únicamente por procesos automatizados de origen educativo, tradicional, ambiental… Pero esto necesariamente llegará a su fin un día, porque nuestro destino  es despertar.

Sobre esta cuestión el médico y escritor escocés Maurice Nicoll (1884 – 1953) reflexiona lúcidamente en su obra «Comentarios Psicológicos»:

 “¿Cuál es la verdadera explicación de lo que está sucediendo en el mundo?… Que la gente no es consciente, está dormida y actúa en su sueño. Y hasta cuando la gente siente un atisbo de esta situación, no sabe cómo despertar del sueño o qué hacer. Sin embargo, desde la creación del mundo se les dijo a los hombres que estaban dormidos y que debían despertar… la gente no lo entiende o piensa que es una metáfora cuando es literalmente la verdad… Y nada puede cambiar en la vida a menos que se empiece a despertar.”

Maurice Nicoll

 Alguien de la categoría espiritual del maestro sufí Sayj Ahmad Al-Alawi (1869 – 1933) nos dice:

«Existe una jerarquía entre los que están velados: los que están velados con respecto a su Señor,  y los que están velados con respecto a sí mismos.  Y el que está velado con respecto a sí mismo  tiene un velo más espeso que el que está velado con respecto a su Señor.»

LA APARICIÓN DE LA EXPERIENCIA Y SU PAPEL

Cada ser humano, conforme a su estado emocional básico (reflejo de su estado evolutivo), modula automáticamente cada circunstancia que vive y su mente le asigna un significado, conformándose así el plano de los sentimientos (por eso designamos a los sentimientos con la expresión “emociones informadas”). Estos, a su vez, vuelven a realimentar la mente generando “memorias-programas”. Con todo ello elaboramos interiormente una imagen de la realidad la que, con el poder mental de crear lo que creemos, proyectamos como una plantilla  sobre el mundo. Esto explica que unos mismos hechos puedan ser vistos de manera muy diferente por personas distintas, pues la conciencia personal de cada cual, en su interacción con el Ser, genera un patrón de interferencia o experiencia subjetiva, allí donde ambas se solapan.

 

LA EXPERIENCIA RELATIVA COMO VERDAD CONTEXTUAL

La experiencia (relativa o subjetiva) consiste, por tanto, en ese patrón que emerge desde el interior y que reconocemos sobre el fondo de lo real, al producirse una interacción con el material de lo vivido modulado por nuestro nivel de conciencia, lo que determina su amplitud y profundidad. De ahí que la experiencia también podría ser descrita como el patrón de interferencia entre “nuestra realidad ” y “la realidad“. Esto significa que usualmente la experiencia es un formato de realidad asimilable por la conciencia personal del individuo en un momento dado.

Es evidente, pues, que el mundo interno y el mundo externo de los seres humanos se corresponden, son representaciones el uno del otro y, en cierto sentido, se «causan» mutuamente. Por eso podemos afirmar que “siempre estamos el mundo que vemos.“

ORIGEN DE LA MECANICIDAD HUMANA: LA FRAGMENTACIÓN PSICOLÓGICA

El ser humano ordinario carece de unidad, no es una sola voz sino una cacofonía. Los humanos nos expresamos ordinarimente como una multitud de “yoes“ que se desconocen mutuamente y suponen – cada uno – ser el eje central del universo humano. A partir de esa creencia el hacer humano se convierte en una sucesión de escenificaciones automáticas sin guion unitario  ni actor protagonista.

La base de dichos “yoes” procede del mundo instintivo heredado de la fase precendente a la  humana, del reino animal. Pero en la nueva etapa cada instinto, liberado de sus límites naturales, se informa con las vivencias humanas y adquiere una memoria-conciencia que ansía permanecer. Según la demanda percibida en la vida individual, la respuesta adaptativa que cualquiera de ellos representa se activa automáticamente como garantizador  de una existencia  de la que se cree centro nuclear.

Y es que el ser humano representa la fase del desarrollo de la vida  en la que ésta adquiere una mente individualizada. No es casual que el término inglés “man” (hombre) derive de la raíz sánscrita “men”, que en latín originó la palabra “mens” (mente), de donde la toma nuestro idioma. Por tanto el hombre (el ser humano) es el ser que tiene mente individualizada, y por ello está en condiciones de llegar a ser responsable y libre, al disponer ya de una conciencia, ese íntimo ámbito donde se registran todas las vivencias personales con sus causas y efectos. No confundir, pues, con la consciencia, que es  la experiencia del “darse cuenta“.

La conciencia personal consiste en «memorias vivenciales», es decir, patrones emocionales asociados a imágenes mentales que les dotan de significado. Porque la conciencia personal al archivar vivencias y no experiencias, contiene la contabilidad subjetiva de lo que “creemos” haber vivido. Esas “memoria” incluyen respuestas adaptativas reactivas, lo que implica que la conciencia personal esté determinada por algo parecido a programas informáticos semiautónomos – los referidos “yoes o personalidades“ – que parecen marcar una dirección unitaria a la vida individual, al amparo de una superestructura ilusoria que no es más que pura suposición mental – el YO-EGO – de naturaleza básicamente mecánica, bajo cuyo sueño únicamente podemos ser unos autómatas.

Este Yo-Ego es, pues, un sucedáneo del Ser, un ente ficticio, un espejismo mental que ocupa el espacio donde se enseñorea la ignorancia humana, mera excrecencia psíquica apoyada en programas instintivos, memorias e interpretaciones subjetivas automatizadas.

La estructura instintiva heredada por el reino humano representa la respuesta adaptativa, inteligente y global, del propósito de la Creación a los retos representados por las variadas condiciones que definen los nichos vitales del planeta. Y si bien en la fase animal cada instinto era una respuesta acotada a un cierto contexto existencial, en la humana, cuando se hace patente la totalidad de la respuesta instintiva de la vida, salta por los aires cualquier límite o restricción.

Entonces se presenta un nuevo paradigma que está destinado a ser regido por un principio superior, aquel que constituye el potencial propio del género humano: la conciencia iluminada, es decir, la consciencia.

ALGO MÁS SOBRE LA MENTE  Y LA MEMORIA

El plano mental es una de las dimensiones de la naturaleza, sede de todos los códigos de la forma. Nuestra mente individual representa una terminal de la mente universal, de la que realmente no ha estado ni estará nunca separada.

La memoria, función de la mente que registra lo vivido en cualquiera de sus estratos (subconsciente, inconsciente o consciente), no es, como ya se dijo, una suma de experiencias, sino el archivo subjetivo de todo lo que creemos haber experimentado. Es así como la memoria, cuya referencia siempre es el pasado, se convierte en el principal basamento de la conciencia personal. Esto es algo muy distinto a la consciencia, cuyo ámbito natural es el presente.

Esa ilusoria entidad Yo-Ego, al venir informada con la pulsión interna de mantener la existencia, está programada para intentar sortear cualquier circunstancia que perciba como una amenaza al existir. Por eso el propósito del funcionamiento obsesivo del Yo-Ego es obtener el control total para así responder a dicha pulsión y exorcizar su miedo a la muerte (a la posibilidad de no existir), lo cual desemboca en la fiebre del hacer.

De ahí que Adi Sankaracharia, legendario maestro espiritual hindú del S. VIII, dijese en su obra «Atmabhoda»:

“La acción no puede destruir la ignorancia porque la primera no está en conflicto con la segunda. Tan solo la comprensión que otorga el conocimiento es capaz de destruir la ignorancia, como tan solo la luz es capaz de diluir la densa oscuridad”.

Cuando la vida humana está bajo el comando del Yo-Ego, nuestro hacer es puramente mecánico. No obstante, hay una forma de salir de este círculo vicioso, y se llama ATENCIÓN.

Atender es como mirar sin las gafas del juicio, prejuicios y postjuicios, porque no se parte de un posicionamiento que suponga el aferramiento a una parcela de la realidad percibida, convertida en parte de “mi“, que se tenga que defender.

Con esa actitud se está en disposición de observar en libertad para impregnarse con la esencia de lo observado, sin pasarlo por el filtro discriminador de las memorias; así se puede comenzar a “ver“ la realidad tal como es. Esta es la mirada del niño, de la inocencia, la mirada de quien no está lastrado por ninguna identidad.

Visto el papel esencial de la mente como núcleo del Yo-Ego, ese proyectador del espejismo separatista en que creemos vivir, el místico y poeta persa Rumi (1207 – 1273) exclamaba:

“¡Decapítate a ti mismo!…  Disuelve tu cuerpo

entero en Visión: ¡vuélvete ver, ver, ver!”.

El autor inglés Douglas Harding (1909 – 2007) en su obra «No Tener Cabeza», va en la misma dirección al decir: “La luz irrumpe en ámbitos secretos.  Cuando la lógica muere, la verdad salta a través del ojo.”

EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA

Repetimos: la Conciencia Universal o Ser es el ámbito donde confluye todo el potencial posible y existible, en tanto la Consciencia es condición que se adquiere al iluminarse dicho ámbito. Esto equivaldría a un despertar cuya fuente nutricia es la experiencia. Ésta sería la «substancia» que permite que el potencial del Ser se revele, active y convierta en poder.

El proceso de evolución de la conciencia que conduce al despertar del sueño de la mecanicidad comienza, pues, con la atención, la que sólo puede darse al cobijo del silencio mental. El siguiente nivel se produce con el entendimiento, mediante el que se vislumbra la trama de vínculos que configura la estructura básica de la realidad. Un posterior salto adelante se da con la comprensión, donde es la totalidad de los detalles la que se aprehende, permitiendo la elaboración de una imagen completa de la realidad observada… Pero la imagen  no es aún la realidad, sino apenas su reflejo

Tras la comprensión llegará el acto, que se deriva esencialmente de un desarraigo del Ego, de un abandono del conocimiento, de un dejar de hacer o no-acción (no confundir con la inacción, que es una forma de acción por omisión). El acto es manifestación a-causal y espontánea del Ser, y cuando los actos se hacen fluidos y permanentes, es el Ser el que se hace presente en el mundo como pura presenciación o seridad.

Cada uno de esos pasos entre fases no se produce a través de una gradación continua y previsible sino mediante saltos de naturaleza cuántica. Son espontáneos e instantáneos y cada uno tiene, virtualmente, un valor infinito. Al respecto traigo aquí, como ejemplo, un pasaje de «El Libro de los Espíritus». En el Ítem 597, Allan Kardec pregunta a los espíritus sobre el alma de los animales y si se parece a la humana, a lo que ellos le responden:

“Si así lo queréis, también es un alma, esto depende del sentido que se dé a esta palabra; pero es inferior a la del hombre. Del alma de los animales a la del hombre, va tanta diferencia como del alma humana a Dios”.

«NO-ACCIÓN» O ACTUAR SIN HACER

 En el «Tao Te King», de Lao Tse, obra fundamental del Taoísmo, podemos leer un texto que algunos comprenden y muchos otros aún no:

“Por el estudio se acumula día a día. Por el Tao se disminuye día a día. Disminuyendo cada vez más se llega a la no-acción. Por la no-acción nada se deja sin hacer.

El mundo siempre se ha ganado sin acción. La acción no es suficiente para ganar el mundo.”

El Acto es no-acción y, en consecuencia, no implica una subyugación al mundo (no es reactividad) ni una sobreimposición sobre el mundo (no es voluntarismo). El Acto es, sencillamente, la presencia del Ser en el mundo creándolo.

El Ser destila Actos tan naturalmente como una flor esparce su aroma en el ambiente, son fruto de su condición. El Acto es la formalización espontánea e instantánea de la consciencia.

Y es que la esencia del camino espiritual es permitir que la Realidad se realice, que lo que Es, exista, o en palabras del chamán Don Juan a Carlos Castaneda, “ser uno con el Intento”. Esta actitud a-mental, no dirigista ni discriminativa, no impositiva ni reactiva, limpia de deseos, sin pretensión, sin intención, sin objetivo, espontánea, no activa y creativa, es el sello del puro Acto, el sello del Ser expresándose a demanda del aquí-ahora y en el aquí-ahora.

El Acto, en consecuencia, no es otra cosa que la auto-realización del Ser por su poder intrínseco.

Martin Heidegger

En la famosa «Carta sobre el Humanismo», escrita por el filósofo alemán Martin Heidegger (1889 – 1976), se puede leer algo que implícitamente define la esencia de eso que hemos dado en denominar ACTO. Dice allí:

“Estamos muy lejos de pensar la esencia del actuar… Sólo se conoce el actuar como la producción de un efecto, cuya realidad se estima en función de su utilidad. Pero la esencia del actuar es el llevar a cabo. Llevar a cabo significa desplegar algo en la plenitud de su esencia, guiar hacia ella, producere. Por eso, en realidad sólo se puede llevar a cabo lo que ya es (y) lo que ante todo «es» es el ser.”

LIBERÁNDONOS DEL CONOCIMIENTO

Alguien que ejerció en mi vida la función de catalizador, ayudándome a enfocar la atención en varias cosas esenciales, solía decir que “todo es fácil cuando se comprende“. Solicito a quienes no capten inmediatamente el mensaje que sigue, un poco de paciencia y atención para poder comprender.

Sri Nisargadatta Maharaj

El Acto es el idioma en que habla la sabiduría; la acción es el grito de la ignorancia. Decía un maestro espiritual contemporáneo como Sri Nisargadatta Maharaj:

“El descubrimiento de la verdad está en discernir lo falso. Puede conocer lo que no es. Lo que es, sólo puede serlo.”

Y en «Yo soy Eso», añadía: “La muerte de la mente  es el nacimiento de la sabiduría.”

Mil trescientos años atrás (S. VII) Sri Sankaracharia, otro gran maestro del espíritu originario, como Nisargadatta, de la India, dejó escrito la misma enseñanza en su obra «La Joya del Discernimiento»:

“La ignorancia no existe más que en la mente, porque la ignorancia no es más que la mente misma. Cuando la mente desaparece, desaparece la ignorancia; y cuando la mente se manifiesta, se manifiesta su propia  naturaleza, que es la ignorancia y la confusión.”

El conocimiento no es más que un relato conceptualizado, una representación mental de lo aparente, y “parecer” no es lo mismo que “Ser”. Pero cuando empezamos a “saborear” (“saber” viene de la misma raíz etimológica que “sabor”) la realidad que Es mediante la experiencia, lo que se despierta es algo muy distinto: la SABIDURÍA.

El conocimiento es algo acumulativo que se alcanza progresivamente a través de un proceso arduo y finalmente se tiene. La sabiduría, por el contrario, es algo a lo que nos abrimos, algo que llega nosotros no como el producto consecuente a un esfuerzo, sino como un estallido de claridad instantánea al vaciarse la mente de las sombras de los contenidos conceptuales. De ahí que la sabiduría no se la puede poseer sino, todo lo más, que se la encarne o vehiculice, pues representa una transferencia osmótica desde el Ser hacia la existencia.

Anthony de Mello

Mientras que el conocimiento es el producto de una suma, la sabiduría – el reconocimiento o “recuerdo de sí“ – es el producto de una resta. “Dios sólo se lo encuentra por un proceso de sustracción”, decía Anthony de Mello (1931 – 1987), quien en un cuento presenta a un Maestro espiritual que al ser preguntado sobre qué hacía él con sus discípulos, responde:

“Lo mismo que hace un escultor con la estatua de un tigre: toma un bloque de mármol y le quita a golpes todo lo que no se parece a un tigre.“

El conocimiento, atrincherado como memoria, es sólo el residuo de lo no experimentado, el escombro desechado por el escultor, todo aquello que no es tigre en el bloque de mármol.

EL VERDADERO SABER

Por su parte Jean Klein (1912 – 1998) en «¿Quién soy Yo?», declara:

“Debemos distinguir entre aprender, acumular conocimiento y entender, o conocer el discernimiento inmediato de nuestra verdadera naturaleza. La apropiación de datos es necesaria cuando se estudia un oficio, un instrumento, una lengua y demás. Pero no podemos adquirir lo que fundamentalmente somos. Sólo podemos reconocerlo.“

Jean Klein

Reconocer (volver a conocer) es lo mismo que  recordarse a sí mismo (adquirir consciencia), al resintonizarnos  e integrarnos en la unidad esencial. Por eso el maestro taoísta Chuang Tzu (s. IV a. C.) decía: “El gran conocimiento lo ve todo en uno; el poco conocimiento se deshace en la multiplicidad.“

Ese «gran conocimiento» es la sabiduría que se alcanza con la comprensión espontánea e instantánea, donde los pensamientos dejan de articularse en una serie secuencial, con aprehensión «inmediata», fuera de análisis, reflexiones o interpretaciones, sin deliberación ni pasos intermedios entre propuestas previas y conclusiones finales, que es lo propio de la lógica mecanicista lineal.

IGNORANCIA ILUMINADA

El desaparecido neurofisiólogo mejicano Jacobo Grinberg aludía a la sabiduría del Ser con la expresión «Ignorancia Iluminada», que es una bellísima y casi inmejorable manera de decirlo. En uno de los poemas que integran su obra «Cantos de Ignorancia Iluminada», proclama:

“No dispongo de memorias

situaciones y heredades.”

Jacobo Grinberg

Y en versos de otro poema de la misma obra, que  podrían ser continuación natural de los anteriores, expresa:

“Surge entonces la Realidad

del saberme iluminado

en total ignorancia.”

He aquí definida la naturaleza de la Sabiduría sin conocimiento: la de una  ignorancia iluminada.

Pero, ¿por qué esto tendría que ser y sólo podría ser así?  Porque solo hay un “sitio“ que pueda contener la totalidad: el VACÍO.

En este sentido Jacobo Grinberg ser expresa con gran profundidad en su obra “Fluir en el Sin Yo”:

“Liberarse es salirse del yo, dejarlo atrás para fluir en El. En esa condición se cura y se es curado. Aparece la sabiduría y la ignorancia se diluye en su propio jugo. Se recupera la fe y se recobra el Poder. Todo contesta y todo se vive en plenitud y con misterio. Ignorancia Iluminada se llama ese estado bendito, en el cual todo es nuevo como la visión para un bebé recién nacido. Frescura en todo y silencio lleno de Luz adentro.“

LA VOZ DE LA SABIDURÍA

La espontaneidad silenciosa es la voz de la sabiduría sin conocimiento, de la ignorancia iluminada. Porque siempre es lo espontáneo una respuesta no premeditada ni calculada, carente de referencias, sin memoria, sin objetivos y libre, que salta a la existencia sin intermediaciones. Nada creativo saldrá jamás de lo deliberado o reflexionado, porque se  estructura a partir de contenidos previamente almacenados. De lo registrado no puede surgir más que una voz vieja y distorsionada por los posicionamientos y las interpretaciones, desprovista de presencia, realidad y vida. Pero en la iluminación no se acude ya a recursos personales, pues tú no puedes poseer la sabiduría, ella es la que te posee a ti y tú solo le das voz.

“En la meditación existe un instante en el cual el Observador se conecta con el silencio (que) es en realidad una conexión con el Todo. Aquí es donde funciona la intuición y la sensación de poseer un colosal caudal de conocimientos es real. El Observador se conecta con su origen al lograr el silencio, y el silencio es Infinito en posibilidades. En ese punto se establece el contacto con Dios y se dialoga con él.“

 «Los Chamanes de México (Vol. 6): La Voz del Ver»,  Jacobo Grinberg

 OBSERVACIÓN DE SÍ

La posibilidad de despertar adquiriendo consciencia de sí, comienza mediante la “observación de sí”, tratando de retener la sensación “Yo soy“ o “yo estoy aquí”, nada más. ¿Simple? La verdad es simple, nosotros solemos complicarlo todo.

Según ciertos autores y escuelas, el ser humano solo puede recordarse a sí mismo a través de un prolongado esfuerzo. Pero esto, como veremos, puede abordarse de otro modo.

Con la técnica del “dejar ir” que el Dr. David R. Hawkins explica en su libro «Dejar Ir, el Camino de la Entrega», se nos propone un enfoque distinto que si bien parece algo nuevo, es muy viejo. No consiste tanto en “conquistar” la consciencia – lo cual exigiría un esfuerzo ímprobo- sino en desarraigar las resistencias que nos mantienen inconscientes para permitir que el recuerdo de sí aflore solo. Desde esta perspectiva la “observación de sí” consistiría en reconocer los estados emocionales de bajo poder que provocan los pensamientos negativos sin rechazarlos, proyectarlos, suprimirlos o expresarlos. Se nos invita a sentirlos plenamente sin etiquetarlos, para luego dejar que su energía se difumine tal como un globo se desinfla al perder gas.

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD

Esto implica tener que comprender el estado de identificación, ya que el mismo nos incapacita para el “recuerdo de sí”. Creer que somos “parte” y que estamos apartes, impide que sintamos la unidad, condición concomitante al “recuerdo de sí.” Sobre esta cuestión, el escritor ruso P. D. Ouspensky comenta en su trabajo «La Conciencia»: 

“La “identificación” es un curioso estado en el que el hombre pasa la mitad de su vida, estando en estado de sueño la otra mitad… se identifica con todo: con lo que dice, con lo que siente, con lo que cree, con lo que no cree, con lo que desea, con lo que no desea, con lo que le atrae, con lo que le repele. Todo se convierte en él o, mejor dicho, él se convierte en ello. Se convierte en lo que le gusta y en lo que le disgusta… En estado de identificación el hombre es incapaz de separarse del objeto de su identificación… En estado de identificación es cuando el hombre tiene menos control sobre sus reacciones mecánicas.”

INDIVIDUALIDAD CONTRA IDENTIDAD

La individualidad es lo opuesto a la identidad. Te reconoces como individuo al adquirir consciencia de la unidad. Eres, así, un todo, una completitud que no demanda ninguna identidad, ningún “otro“ ante quien autoafirmarse, porque la plena individualidad no necesita distingirse, marcar fronteras, trazar límites, determinar diferenciaciones, confirmarse ni justificarse. Es, sabe que es, y basta.

Abraham Maslow en «El Hombre Autorrealizado» estudió las llamadas «experiencias-cumbre», que podemos denominar también como “momentos de recuerdo de sí”. Dice que ellas representan “la cima de la unicidad, individualidad e idiosincrasia.” Añadiendo de seguido: “Si las personas son en principio distintas las unas de las otras, son más puramente distintas en las experiencias-cumbre (aquí) los individuos se hacen menos intercambiables. Sea lo que sea aquello que son en el fondo, cualquier cosa que la palabra «yo único» signifique, lo son con mayor intensidad en las experiencias-cumbre.“

Jacobo Grinberg en «La Luz Angelmática» alude de forma genial al origen de esa sentida «totalidad-unidad-individualidad»: “Lo individualizado es la focalización concentrada del todo en un punto.”

Es decir, la individualidad sería un “modo” de la totalidad dotado de conciencia.

CONSCIENCIA  DE SÍ

La conciencia objetiva o, simplemente, la consciencia (recuerdo de sí) supone la experiencia directa al vincularse con la no identificación, que es cuando nos disolvemos a nosotros mismos en las cosas y las cosas se disuelven en nosotros (cesación de la dualidad sujeto-objeto). O, si se quiere decir de otra forma, de la entrega de las identidades y la aparición plena de la individualidad, esa que sólo vive en un tiempo unificado: la eternidad. Me encanta como Jacobo Grinberg expresa esta comprensión en otra frase que considero imperecedera: “El recuerdo lo hace el tiempo que contiene a todos los tiempos.”

RECORDARSE A SÍ MISMO COMO SER

Teniendo en cuenta que el “recuerdo de sí” no es otra cosa que la “consciencia de sí”, podemos decir que los descubrimientos internos son realmente revelaciones, y toda revelación, como tal “recuerdo de sí”, representa la exteriorización del Ser.

La memoria, esa suma de patrones automatizados de  comportamientos cuyo producto final es la entelequia Yo-Ego, constituye el fundamento de la vida mecánica y representa la principal resistencia para el “recuerdo de sí”, donde se prescinde  de la memoria personal.

Cuando se empieza a trascender el Yo-Ego, el resultado que sobreviene no es otro que el “recuerdo de sí” con el despertar el Ser. Dicho de otro modo: con la entrega de la Conciencia-Yo,  amanece la Consciencia-Ser.

En el estado de “recuerdo de sí” todo está presente y disponible. La sola evocación trae a la existencia lo evocado y lo hace tangible,  presente y vivaz. Entonces ya no existe más la dualidad sujeto-objeto, solo la experiencia y el observador de la misma. Finalmente ambos se funden en lo único real, la Conciencia Iluminada.

A esto es a lo que alude Louis Pauwels en su obra “Gurdjieff”:

“El hombre despierto, cuando nombra alguna cosa, le confiere la existencia absoluta.”

El “recuerdo de sí” supone la liberación final de la ignorancia, la ilusión y la auto-esclavitud, porque mientras la conciencia conoce que existe, la consciencia sabe que ES. Esto significa en palabras de J. Grinberg en su obra «Meditación Autoalusiva» “llegar al propio Ser, aquel que lo incluye todo, pero que no se identifica con nada, aquel que lo puede observar todo, pero que no puede ser abarcado por ningún esquema mental, analítico o intelectual.“

LOS TRES OJOS DEL ALMA

El mundo que se presenta a nuestros sentidos y a la mente  no es más que una apariencia. Materia, información y energía, las tres propiedades del mundo concreto, son expresiones intercambiables de algo unitario que subyace a todo ello: la Conciencia.

El camino hacia la consciencia puede tomar como eje cualquiera de esas tres expresiones citadas (materia-voluntad, información-mente, o energía-sensibilidad).

De ahí que en la tradición teólógica cristiana San Buenaventura (1217 – 1274) afirmase que los seres humanos disponen, por lo menos, de tres formas de adquirir conocimiento, de «tres ojos», parafraseando a Hugo de San Víctor, otro místico famoso: el «ojo de la carne», por medio del cual percibimos el mundo externo del espacio, el tiempo y los objetos; el «ojo de la razón», que nos permite alcanzar el conocimiento de la filosofía, de la lógica y de la mente; y el «ojo de la contemplación», por el cual tenemos acceso a las realidades trascendentes.

San Buenaventura

El «ojo de la carne» tiene como base la voluntad y se vierte como práctica y acción (empirismo), cuyo desarrollo más evidente es la ciencia moderna, especialmente la técnica. El «ojo de la razón» es la vía especulativa propia de la filosofía y de la lógica mental, que intenta reconocer las formas que adopta la realidad mediante la abstracción (racionalismo).  El «ojo de la contemplación» es la vía del corazón, de la sensibilidad, que intenta conectar con el sentido de lo existente sintonizando con su condición interna o estado energético. Cada una de estas perspectivas es útil y permite avanzar, pero pronto se hace evidente su limitación consubstancial (parcialidad) y la necesidad de converger hacia una visión holística, que recupere la unidad propia del Ser. No olvidemos que “el objetivo del camino espiritual es el estado de total integración llamado iluminación o autorrealización”.

Nos recuerda Savita Taylor en «El Camino del Desplegar» que “el objetivo del camino espiritual es el estado de total integración que es llamado iluminación o autorrealización”. Que independientemente de la duración de ese camino “la iluminación viene en un fogonazo”, y que “la autorrealización es justo eso: una iluminación. Una realización repentina, que incluye todo de la verdadera naturaleza del ser y de la naturaleza ilusoria del débil reflejo del ser que llamamos el ego. El velo final es apartado y la fuerza completa de la luz pura interior brilla a través, sin trabas, dentro de nuestro ser completo.“

CUANDO LA FÍSICA CUÁNTICA NOS SITÚA  MÁS ALLÁ  DE LA LÓGICA LINEAL     

Con la Mecánica Cuántica nos hemos ido familiarizando con conceptos tan “extraños“ como: dualidad onda-partícula; principio de incertidumbre; superposición; entrelazamiento; efecto túnel… Y resulta muy curioso que rastros de lo que hizo revolverse en sus lechos a tantos físicos, se encuentren en los relatos de la experiencias de los místicos y  las creaciones de los poetas.

La Mecánica Cuántica, considerada por muchos como la teoría física más exitosa de la historia por la coincidencia entre sus predicciones calculadas y  los resultados experimentales, quebró algunos consensos perceptivos y supuso un reto tremendo para el entendimiento humano por sus planteamientos paradójicos, ajenos a la forma habitual en que funciona la razón. Einstein le tenía gran resistencia, nunca la aceptó y trató de desmontarla. Decía que la Mecánica Cuántica era igual a “matemática más magia negra”.

SECUENCIALIDAD Y LINEALIDAD 

Observemos la evolución de cualquier proceso y cómo se producen los cambios desde el inicio al final del mismo. Intentemos encontrar, en cada caso, las fases intermedias o tránsitos entre fases y luego los puntos medios de esos mismos tránsitos… Intentemos hacer esto indefinidamente…  ¿A dónde nos conducirá esta búsqueda?

Al ver una película, las escenas se suceden dándonos la sensación de una historia continua. Pero en realidad estamos viendo una ilusión consistente en una serie intermitente de planos o imágenes proyectados a una cierta velocidad, instantes que nuestro cerebro “une“ provocando la ilusión de la continuidad. En la vida esta apariencia de flujo es la que nos da la apreciación de la línea temporal pasado-presente-futuro y, por tanto, de la interpretación causalista. Pero, ¿qué hay entre un instante y otro instante? En realidad una discontinuidad o salto; la continuidad es una ilusión y la ciencia física lo ha constatado fehacientemente.

UNA REALIDAD DISCONTINUA

Esto contradice la vieja premisa de la ciencia clásica: “La naturaleza no da saltos”. Con los descubrimiento de la Física Cuántica puede afirmarse que la naturaleza sí que da saltos y que lo que es una ilusión es la continuidad, la linealidad de un flujo constante.

¿Pero cuál es el fundamento que hace que todos los procesos en la realidad – y a partir de ahí todo cambio y evolución, incluyendo el acceso a nuevos niveles de conciencia – sean necesariamente espontáneos e instantáneos? Pues la ley, verificada experimentalmente, que afirma que los procesos de la realidad están cuantificados. Esto significa que el paso de un estado energético (y/o información, y/o substancia) a otro, se realiza sin pasar por etapas intermedias. Los tránsitos graduales son sólo apariencias.

Max Planck

La física de los albores del siglo veinte, afirmaba que la energía podía expresarse en un abanico de infinitas longitudes de onda.  Pero a comienzos del s. XX, el físico alemán Max Planck (1858 – 1947) planteó que la energía solo podía expresarse en múltiplos de una constante,  que en la naturaleza no existían expresiones continuas de energía sino “exclusivamente” manifestaciones en ciertos niveles discretos o “cuantos”, siempre múltiplos de un coeficiente que él mismo logró calcular y que, en su reconocimiento, se denominó “Constante de Planck“.”.

La propuesta fue inicialmente sólo un recurso matemático, que intentaba encontrar una manera de explicar y predecir ciertos hechos que en aquel entonces no encajaban en las teorías clásicas de la física, los cuales venían siendo considerados  flecos residuales de una visión que se estimaba acabada. Tal era así que el recurso ni siquiera gustaba a su mismo promotor. Todo ello inició una revolución que llevó a establecer un conjunto de nuevos principios en el mundo de las partículas subatómicas, que se denominó justamente “mecánica cuántica”.

SIN CAUSAS Y SIN PORQUÉS

Y si la linealidad y el causalismo son resultado de una apariencia, los “porqués“ no son más que constructos o artificios del sueño causal cuando el Yo-Ego se percibe impotente al enfrentarse con el misterio de lo real. Con ese ánimo comprensivo desde el que se sabe que lo que Es – el Qué – es sin causa y sin razón – sin Porqué -, el poeta místico Johann Scheffler (1624 – 1677), más conocido como Angelo Silesio, escribiría bellísimamente en «El Peregrino Querubínico»:

“La rosa es sin porqué,

florece porque florece”.

EL SABER INTUITIVO

La intuición es “la aprehensión inmediata de un objeto sin la intermediación de ningún tipo de proceso racional”. Spinoza la llamaba “scientia intuitiva”, y la consideraba como la tercera y más elevada forma de conocimiento: la percepción de algo “exclusivamente a través de su esencia”. Emerson resalta su carácter espontáneo y representativo de la sabiduría primigenia.

El saber intuitivo no se alcanza a través de métodos indirectos, lógicos o racionales, es directo e inmediato, producto de la unión del observador con “la cosa en sí”, pues en la esfera del saber intuitivo deja de haber separación entre conocedor y conocido, entre sujeto y objeto.

La «intuición» resulta de un funcionamiento no-dual que está más allá de la mente, pues el funcionamiento dual es la propia esencia de la mente, tal como se dice en el viejo poema taoísta conocido como «Hsin-hsin Ming»: “El conflicto entre el bien y el mal es la enfermedad de la mente”.

Lo intuitivo no tiene nada que ver con lo deducible ni con lo inferible, no es lógico, no es lineal ni predictible, no es accesible mediante un sistema o con el uso de cualquier tipo de tecnología espiritual. Tampoco es voluntario y, por tanto, no hay acciones, técnicas o caminos que puedan llevarnos hasta ahí, y ni siquiera puede ser considerado un objetivo o una meta. Es, sobre todo, un regalo y un don de la conciencia que se va iluminando.

De ahí que la intuición ocurra espontáneamente y al producirse, sea totalizadora, completa, llegando saturada de claridad interior, de energía y de verdad. En el momento en que la intuición se activa sabemos sin un Yo que sepa, pues nos hemos convertido en el saber.

La intuición es la puerta de acceso al mundo de la “conciencia consciente”, al mundo de la sabiduría, pero nadie tiene la llave de  dicha puerta ni su apertura puede controlarse, simplemente ocurre.

La intuición aparece en el silencio de la mente, cuando ella se convierte en un espejo al que nada se fija, libre de apegos y de aversiones, que recibe sin identificarse, que permite en y a través de su superficie aquietada e inmaculada, el afloramiento de la realidad tal como ES.

DESPUÉS DE LA MENTE

En conclusión: la mente nunca podrá darnos lo que no tiene en sus registros mnemónicos, ni la conciencia  personal lo que ella no es aún ni puede extraer de sus archivos vivenciales.  Es por eso que los cambios reales se producen sólo cuando la mente se rinde y calla, y el Yo-Ego ve desactivados sus programas, filtrándose el Ser como presencia.

Eliminadas así las resistencias, el oculto potencial infinito latente puede entonces emerger y te cambia en el Ahora y el Aquí, es decir, instantáneamente.

Trascender los límites en los que hemos vivido y entrar en un nuevo nivel, deriva de aquellas experiencias capaces de aportarnos la cantidad de “energía-información-substancia” (consciencia) que se ocultaba tras nuestros bloqueos disueltos, lo que da lugar a la reformulación del mundo externo al reflejar el nuevo cosmos interno que se ha configurado en nosotros.  Esto se manifiesta no de forma gradualizada sino repentinamente, pues no hay acontecer que no sea, en esencia, súbito.

SÓLO ERES CUANDO ERES NADIE

 El Yo-Ego, la personalidad, epítome de la dualidad y la separatividad, mantiene la ilusión de su permanencia en base a la auto-justificación de ser causa y la auto-atribución del mérito. Ser “algo“ distinto, separado, definido, perimetrado e identificable es su pulsión. Se afirma en la reactividad frente a algo o contra algo.

De ahí que Siddharameshwar Maharaj (1888 – 1936) en «Enseñanzas sobre el Estado sin Estado», dijese:

“A menos que se extinga el «yo», no puede verse el Cielo… Erradicad de vuestra mente que sois algún «yo» particular… El que dice «yo soy el que experimenta», permanece aún en la ilusión.”

Es lo mismo que remarca Ramesh S. Balsekar en «El Buscador es lo Buscado»:

“El despertar no puede darse en tanto persista la idea de que uno es alguien que busca”.

 También está implícito en estas palabras que el Maestro Echkhart (1260 – 1327) escribió hace más de 600 años:

“Cuanto menos hay de sí mismo, más hay de Sí mismo“.

 Así como en lo que Nisargadatta en «Yo Soy Eso», asevera:

“Para ser no debe ser nadie.”

La consciencia total sólo puede florecer en el seno de la individualidad, en la pura existencia sin identidad particular, como una suerte de onda estable en el campo de la conciencia. De ahí que la individualidad pueda compararse a una especie de solitón.

Recordemos que los solitones son, en Física, entidades ondulatorias localizadas con propiedades de estabilidad que se propagan sin deformarse en un medio no lineal, comportándose como partículas. Existe un tipo especial de solitones espacio-temporales denominados “balas de luz”, consistentes en pulsos de energía electromagnética que pueden confinarse en las tres dimensiones del espacio y en el tiempo, sin disiparse o colapsarse.

La individualidad se presentaría, pues, allí donde «lo mismo no es igual», según una feliz expresión del filósofo Martín Heidegger que aplico al caso que nos ocupa. Llegaríamos así a la consciencia de sí en el seno del Todo, es decir, a la consciencia como sustrato de la individualidad.

¿MERECIMIENTO O CONVERSIÓN?

 Comenta Eckhart Tolle en «Practicando el Poder del Ahora»:

“Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia Fuente y regresa a casa, a lo No Manifestado.“

Eckhart Tolle

La corriente hacia fuera se dirige hacia la existencia, hacia la dimensionalidad, lo mensurable, distinguible y separado. Es la vía de la manifestación. La corriente hacia dentro nos vuelve al Ser, a la unidad, a la adimensionalidad, a lo inmensurable e inefable. Es la vía de regreso a la conciencia iluminada por medio de la experiencia, que es el proceso que nos permite despertar a la autonomía de la responsabilidad. Y con la creciente responsabilidad cada quien construye su espacio de libertad con sus actos, que es el idioma en que habla la realidad interior. Entonces comprendemos que nuestra vida es siempre el reflejo de aquello en lo que nos hemos convertido.

Pero tenemos que darnos permiso a nosotros mismos para ser distintos y adquirir otro “estar”, para renacer mediante una auto-conversión, dejando de llenar nuestra vida de justificaciones y argumentarios mentales que nos excusan para mantenernos en la relativa comodidad de la inconsciencia.

Así es como hemos creado todo tipo de dualidades antagónicas: lo “bueno” y lo “malo”; los “cielos” y los “infiernos”; lo “moral” y lo “inmoral”; lo “justo” y lo “injusto”; los “méritos” y los “pecados”…

A la consciencia no se accede como resultado de una ganancia ni a través de una conquista, sino que es el producto de una correspondencia, no es un mérito sino una sintonía con la eterna realidad del Ser.

PRUEBA INTEGRAL – EXPERIENCIA INTEGRAL

 Atendiendo a todo lo visto hasta aquí:

“No puede haber ninguna prueba de la Realidad que no sea serla.“

 «El Buscador es lo Buscado», Nisargadatta  (1897 – 1981)

Por tanto:

“La experiencia del Sí mismo es la única prueba. Todo lo demás es engaño, ilusión.“

 «Amrut Laya, Enseñanzas sobre el  Estado sin Estado» – Shri  Sadguru Maharaj (1888 – 1936):

En definitiva:

 “La experiencia de la Unidad es la experiencia de la Realidad.”

«Meditación Autoalusiva», Jacobo Grinberg

UNA PUERTA DE DOBLE SENTIDO

Hemos estado hablando de la naturaleza de la experiencia, el factor que ilumina la conciencia, y de los actos, la voz del Ser en el mundo. Bien comprendidos ambos aspectos son las dos caras de una misma moneda, forman una única realidad vista desde puntos opuestos. De hecho no puede existir el uno sin el otro.

Por eso un ser humano con la conciencia iluminada se convierte en una puerta de doble sentido, que comunica dos ámbitos: el de la unidad esencial del Ser, de un lado, y el de la realidad  manifiesta, el mundo, de otro. Cuando la puerta se abre desde el mundo hacia el Ser, surge la experiencia; cuando se abre desde  el Ser hacia el mundo, brota el acto.  El sentido de la apertura depende de la actitud íntima que adopte el ser consciente, receptora o dadora. Y como todo lo que se recibe cobra pleno sentido sólo cuando se da, esa puerta puede continuar funcionando siempre que sus goznes se mantengan engrasados mediante la entrega.

DOS ÚLTIMOS APORTES PRÁCTICOS: 

 1°. ¿Quién sufre?

Llegado el momento preciso, la experiencia se abre paso y fructifica como revelación, Nosotros únicamente podemos constatarla siendo sus testigos, condición que permite la experienciación. Pero la experiencia completa solo puede hacerse presente en total ausencia de percepciones e interpretaciones, sobre la base de la ecuanimidad – virtud suprema del corazón- tras liberarnos de los filtros condicionantes de las memorias y con la mente silenciada.

El dolor es memoria genética; el sufrimiento es memoria psicológica. La mente, sustentada en la memoria, se proyecta al futuro como un explorador obsesivo que busca anticiparse en un intento baldío por controlar el devenir, lo que termina por sustraernos del presente y nos hace vivir en los escombros del pasado o en la fantasía del futuro.

Realmente sólo puede sufrir la personalidad; el YO-Esencia, el Ser, el espíritu, es inviolable, inmarcesible, inatacable e inasible para el sufrimiento. Siempre es un «quien» (una identidad) el/la que sufre, y mientras haya un «quien» el ser humano será permeable al sufrimiento. Cuando todos los «quien» desaparezcan, el sufrimiento se esfumará. Sé nadie y el sufrimiento se extinguirá por falta de base sustentadora.

2°. El inmenso poder de elegir la respuesta

No hay nada en este mundo o en el otro, que nos obligue a ofrecer una respuesta prefijada o estereotipada a las situaciones que nos ocurren. Uno de los más grandes logros de la comprensión y la consciencia es el descubrimiento del poder de elegir la respuesta, la libertad de vivir descondicionados.

Un ser despierto puede ser desconcertante e indescifrable para los sistematizados autómatas. Como  ha  dejado de ser reactivo es imprevisible, no puede ser manipulado, no se siente “obligado“ a nada, no tiene “deberes“, carece de “culpas“, no se apropia de “méritos“, no espera nada de nadie y nada exige a otros, sólo a sí mismo. En la forma de vivir de un ser humano despierto no existen “agarres“ para los mecanismos reactivos de aquellos con que se relaciona. Un ser humano despierto ya no es ni lógico ni ilógico, situado  fuera de  esa  dicotomía  es a-lógico y, por tanto,  libre y creativo.

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ESPIRITUALIDAD ES DIFERENTE A RELIGIÓN

 

 De: «Una Nueva Tierra»

¿Cuál es el papel de las religiones convencionales en el surgimiento de la nueva conciencia? Muchas personas ya han tomado conciencia de la diferencia entre la espiritualidad y la religión. Reconocen que el hecho de tener un credo (una serie de creencias consideradas como la verdad absoluta) no las hace espirituales, independientemente de cuál sea la naturaleza de esas creencias. En efecto, mientras más se asocia la identidad con los pensamientos (las creencias), más crece la separación con respecto a la dimensión espiritual interior. Muchas personas “religiosas” se encuentran estancadas en ese nivel. Equiparan la verdad con el pensamiento y, puesto que están completamente identificadas con el pensamiento (su mente), se consideran las únicas poseedoras de la verdad, en un intento inconsciente por proteger su identidad. No se dan cuenta de las limitaciones del pensamiento. A menos de que los demás crean (piensen) lo mismo que ellas, a sus ojos, estarán equivocados; y en un pasado no muy remoto, habrían considerado justo eliminar a esos otros por esa razón. Hay quienes todavía piensan así en la actualidad.

La nueva espiritualidad, la transformación de la conciencia, comienza a surgir en gran medida por fuera de las estructuras de las religiones institucionalizadas. Siempre hubo reductos de espiritualidad hasta en las religiones dominadas por la mente, aunque las jerarquías institucionalizadas se sintieran amenazadas por ellos y muchas veces trataran de suprimirlos. La apertura a gran escala de la espiritualidad por fuera de las estructuras religiosas es un acontecimiento completamente nuevo. Anteriormente, esa manifestación habría sido inconcebible, especialmente en Occidente, cultura en la cual es más grande el predominio de la mente y en donde la Iglesia cristiana tenía prácticamente la franquicia sobre la espiritualidad. Era imposible pensar en dar una charla o publicar un libro sobre espiritualidad sin la venia de la Iglesia. Y sin esa venia, el intento era silenciado rápidamente. Pero ya comienzan a verse señales de cambio inclusive en el seno de ciertas iglesias y religiones…

Esto sucede en parte como resultado de las enseñanzas espirituales surgidas por fuera de las religiones tradicionales, pero también debido a la influencia de las enseñanzas de los antiguos sabios orientales, que un número creciente de seguidores de las religiones tradicionales pueden dejar de identificarse con la forma, el dogma y los credos rígidos para descubrir la profundidad original oculta dentro de su propia tradición espiritual, y descubrir al mismo tiempo la profundidad de su propio ser. Se dan cuenta de que el grado de “espiritualidad” de la persona no tiene nada que ver con sus creencias sino todo que ver con su estado de conciencia. Esto determina a su vez la forma como actúan en el mundo y se relacionan con los demás.

Quienes no logran ver más allá de la forma se encierran todavía más en sus creencias, es decir, en su mente. En la actualidad estamos presenciando un surgimiento sin precedentes de la conciencia, pero también el atrincheramiento y la intensificación del ego. Habrá algunas instituciones religiosas que se abrirán a la nueva conciencia mientras que otras endurecerán sus posiciones doctrinarias para convertirse en parte de todas esas otras estructuras forjadas por el hombre detrás de las cuales se ha de atrincherar el ego para “dar la pelea”. Algunas iglesias, sectas, cultos o movimientos religiosos son básicamente entidades egotistas colectivas identificadas tan rígidamente con sus posiciones mentales como los seguidores de cualquier ideología política cerrada ante cualquier otra interpretación diferente de la realidad.

Pero el ego está destinado a disolverse, y todas sus estructuras osificadas, ya sea de las religiones o de otras instituciones, corporaciones o gobiernos, se desintegrarán desde adentro, por afianzadas que parezcan. Las estructuras más rígidas, las más refractarias al cambio, serán las primeras en caer. Esto ya sucedió en el caso del comunismo soviético. A pesar de cuán afianzado, sólido y monolítico parecía, al cabo de unos cuantos años se desintegró desde adentro. Nadie lo vio venir. A todos nos cayó por sorpresa. Y son muchas otras las sorpresas que nos esperan.

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TÚ TIENES LA LLAVE DE TU VIDA

 

Por: Swami Vivekananda, de la obra “Karma Yoga”

 

Así como cada acción que emana de nosotros nos vuelve como reacción, también nuestras acciones pueden obrar sobre otras personas y las de éstas sobre nosotros. Quizá todos habréis observado que cuando las personas cometen malas acciones se vuelven más y más malvadas, y que cuando principian a hacer el bien se vuelven más y más fuertes y aprenden a hacer el bien en todas las ocasiones. Esta intensificación de la influencia de la acción sólo se explica de este modo: porque podemos actuar y reaccionar unos sobre otros.

Tomemos un ejemplo de la ciencia física: mientras ejecuto una acción dada, puede decirse que mi mente vibra de cierta manera; todas las mentes que se hallen en estados similares, tendrán la tendencia a ser afectadas por mi mente. Si en una habitación hay diferentes instrumentos musicales afinados al mismo tono, notaréis que cuando se toca uno, los otros tienden a vibrar reproduciendo la misma nota. Del mismo modo, todas las mentes que tienen la misma tensión, por así decirlo, serán igualmente afectadas por el mismo pensamiento. Naturalmente, esta influencia del pensamiento sobre la mente varía de acuerdo con la distancia y otras causas, pero la mente está siempre dispuesta a ser afectada. Suponed que estoy haciendo algo malo, mi mente vibra de cierto modo y todas las mentes del universo que estén en un estado similar tienen la posibilidad de ser afectadas por la vibración de mi mente. Por otra parte, cuando estoy haciendo una buena acción mi mente vibra de otro modo y todas las mentes que estén al unísono con la mía tienen la posibilidad de ser afectadas por ella; y este poder de una mente sobre otra es mayor o menor según sea más o menos grande la fuerza de la tensión.

Procediendo con este símil, es muy posible que así como las ondas de la luz pueden tardar millones de años antes de encontrar un objeto, así también, las ondas producidas por los pensamientos pueden viajar centenares de años antes de que encuentren un objeto con el cual vibren al unísono. Es muy posible, por lo tanto, que nuestra atmósfera esté llena de tales pulsaciones del pensamiento, buenos y malos. Todo pensamiento proyectado por cada cerebro sigue vibrando, por decirlo así, hasta que encuentra el objeto apto para recibirla. Cualquier mente abierta para recibir esos impulsos los captará inmediatamente. Así, cuando un hombre hace malas acciones pone su mente en cierto estado de vibración, y todas las ondas que correspondan a esta misma tensión y que, podemos decir, ya están en la atmósfera, pugnarán por entrar en su mente. Esta es la causa por la que un malhechor, generalmente, se hace cada vez más malo. Sus acciones se vuelven más intensas.

Similar es el caso del que hace bien; se abre a todas las buenas ondas que hay en la atmósfera y sus buenas acciones se irán, también, intensificando. Por eso, corremos un doble peligro al hacer mal; primero, nos abrimos a todas las malas influencias que nos rodean, y segundo, creamos mal que afectará a otros, tal vez, de aquí a centenares de años. Al hacer el mal nos dañamos a nosotros mismos y, también a otros. Al hacer el bien nos lo hacemos a nosotros mismos y al mismo tiempo a los otros, y como todas las otras fuerzas del hombre, las del bien y el mal también recogen fuerza del exterior.

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LA MEJOR AYUDA

 

Por: Swami Vivekananda, de la obra “Karma Yoga”

Swami Vivekahanda, 1863 – 1902

Ayudar a otros físicamente aliviando sus necesidades físicas es, ciertamente, grande; pero la ayuda es mayor cuando la necesidad es más grande y duradera la ayuda. Si las necesidades de un hombre se pueden aliviar por una hora, el hacerla es, en verdad, ayudarle; si le pueden ser solventadas por un año, la ayuda será mejor; pero si se le eliminaran para siempre, ésta sería, seguramente, la más grande ayuda que podría prestársele. El conocimiento espiritual es la única cosa que puede destruir nuestras miserias para siempre; cualquier otro conocimiento sólo satisface las necesidades por cierto tiempo. El conocimiento del espíritu es el único que destruye para siempre la condición de necesitado; así, la ayuda espiritual es la más elevada ayuda que puede brindarse al hombre; aquel que da conocimiento espiritual es el más grande benefactor de la humanidad y como tal vemos que los hombres más poderosos son aquellos que han ayudado al hombre en sus necesidades espirituales; porque la espiritualidad es la verdadera base de todas nuestras actividades en la vida. Un hombre sano y fuerte espiritualmente, será fuerte en todo otro aspecto, si así lo desea; mientras no haya fortaleza espiritual en el hombre ni siquiera las necesidades físicas podrán ser bien satisfechas.

Después de la ayuda espiritual viene la intelectual; el dar conocimiento es mucho más elevado que dar alimento y vestido; es aun más grande que dar la vida a un hombre, porque la vida real de éste consiste en el conocimiento; la ignorancia es muerte, el conocimiento, vida. La vida es de muy poco valor si transcurre en la oscuridad, marchando a tientas entre la ignorancia y la desdicha.

Sigue en orden, naturalmente, la ayuda física. Por lo tanto, al considerar la cuestión de ayudar a los demás, debemos tratar siempre de no cometer el error de creer que la ayuda física es la única que puede brindarse; no sólo es la última sino la menor, pues no puede producir satisfacción permanente. El malestar que siento cuando tengo hambre, lo satisfago comiendo, pero el hambre vuelve; mi sufrimiento sólo acaba cuando estoy satisfecho más allá de toca necesidad. Entonces, el hambre no me hará desdichado; ningún sufrimiento ni pena podrá conmoverme. Así es que la ayuda que tiende a hacernos espiritualmente fuertes es la más elevada, luego sigue la intelectual y después la física.

El sufrimiento del mundo no puede ser remediado solo por la ayuda física; en tanto que la naturaleza del hombre sufra cambios, esas necesidades físicas surgirán siempre y las desventuras serán continuamente sentidas sin que ninguna suma de ayuda física pueda remediarlas completamente. La única solución a este problema es hacer que la humanidad sea pura. La ignorancia es la madre de todo el mal y de todo el sufrimiento que vemos. Que el hombre cultive la inteligencia, sea puro y espiritualmente fuerte y educado, sólo entonces cesará toda desdicha en el mundo; antes no. Podemos hacer de cada casa un asilo; podemos llenar la tierra de hospitales, las desdichas humanas continuarán existiendo mientras el hombre no cambie su carácter.

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Cuando ya no hay actor ni acción, ¿qué queda? 

Sólo subsiste el Acto. Es decir,  la sonrisa del Gozo.

● ● ●

Desde ahora,

Veo lo visto;

Oigo lo oído:

Gusto lo gustado;

Toco lo tocado;

Siento lo sentido.

¡Pasa, pasajero!

Soy sin tú el mundo entero,

Nadie soy, nada espero.

Pues al mirar me vi que veo

Mirándome en mí,

Y por donde quiera que fuí,

Sonriendo de gozo,

Todo lo creo.

● ● ●

Óscar García Rodríguez

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SOLO QUIERO CONOCERTE A TI

Por favor, no me hables de ‘Consciencia Pura’ o de ‘Vivir en lo Absoluto’. Quiero ver cómo tratas a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tu preciado cuerpo.

Por favor, no me des sermones de ‘la ilusión del yo separado’ o cómo lograr felicidad en solo siete días.

Quiero sentir un calor genuino que irradie de tu corazón. Quiero escuchar lo bien que escuchas. Cómo te abres a la información que no se ajusta a tu filosofía personal.

Quiero ver cómo tratas a quienes no están de acuerdo contigo. No me digas lo despierto que estás, lo libre que estás del ego.

Quiero conocerte por debajo de las palabras. Quiero saber cómo eres cuando te encuentras en problemas.

Si puedes admitir tu dolor plenamente sin pretender ser invulnerable.

Si puedes sentir tu ira sin dar paso a la violencia.

Si puedes permitir la entrada a tu dolor sin volverte su esclavo.

Si puedes sentir tu vergüenza sin humillar a los demás.

Si puedes fastidiarlo todo, y admitirlo.

Si puedes decir ‘lo siento’, desde tu corazón.

Si puedes ser plenamente humano en tu gloriosa divinidad.

No me hables de tu espiritualidad, amigo. Realmente no estoy tan interesado.

Solo quiero conocerte a TI. Conocer tu misterioso corazón. Conocer al hermoso humano que lucha por la luz. Antes de ‘la persona iluminada’. Antes de cualquier palabra ingeniosa.

SOBRE EL AUTOR

Jeff Foster nació en Londres (Inglaterra) en 1980. Estudió Astrofísica en la Universidad de Cambridge. En este momento, se sintió abrumado por sentimientos de desesperación y soledad, que finalmente lo llevó a una enfermedad física y un colapso personal poco después de la graduación. Estaba convencido de que iba a morir. Regresó a vivir con sus padres y durante un año se dedicó a leer y estudiar sobre espiritualidad buscando alivio a su depresión. Esto terminó en 2006 con la disolución del sentido de separación, que él entendió como un despertar espiritual.

HISTORIA DEL DESPERTAR DE JEFF FOSTER CONTADA POR ÉL MISMO

Todo comenzó (y debo decir que no es mucho lo que ahora puedo recordar) una fría y lluviosa tarde de otoño en Oxford mientras paseaba. El cielo estaba oscureciendo y yo me arropaba en mi nuevo abrigo cuando, súbitamente y sin advertencia previa, la búsqueda de algo más se esfumó y, con ella, toda separación y toda soledad.

Y con la muerte de la separación, yo era todo lo que había. Yo era el cielo oscuro, el hombre de mediana edad que paseaba con su perro perdiguero y la anciana menuda que caminaba torpemente con sus botas de agua. Yo era los patos, los cisnes, los gansos y el pájaro de aspecto divertido con cresta roja en la frente. Yo era el encanto otoñal de los árboles y el barro que se me pegaba a los zapatos; yo era todo mi cuerpo, los brazos, las piernas, el torso, el rostro, las manos, los pies, el cuello, el pelo y los genitales. Yo era las gotas de lluvia que caían sobre mi cabeza (aunque, hablando con propiedad, no se trataba exactamente de “mi” cabeza, pero como desde luego estaba ahí, considerarla “mi cabeza” era tan adecuado como cualquier otra cosa). Yo era el chapoteo del agua en el suelo, el agua que se acumulaba en los charcos y llenaba el estanque hasta el punto de desbordarlo. Era los árboles empapados de agua, el abrigo empapado de agua, el agua que todo lo empapaba. Yo era todo empapado de agua y hasta el agua empapada de sí misma.

Entonces fue cuando lo que, durante toda mi vida, me había parecido lo más normal y corriente se convirtió súbitamente en algo tan extraordinario que me pregunté si las cosas no habrían sido siempre tan vivas, claras e intensas. Quizás había sido mi búsqueda vital de lo espectacular y de lo extraordinario la que me había llevado a desconectarme de lo absolutamente ordinario y a perder también el contacto, en el mismo movimiento, de lo absolutamente extraordinario.

Y lo absolutamente extraordinario de ese día era que todo estaba empapado de agua y yo no estaba separado de nada; es decir, yo no estaba. Como dijo un viejo maestro zen al escuchar el sonido de la campana, No hay yo ni campana, lo único que existe es el tañido, ese día no había “yo” alguno experimentando esa claridad, sólo había claridad, sólo el despliegue instante tras instante de lo absolutamente obvio.

Tampoco había, en ese momento, forma alguna de saber todo eso, porque no había pensamiento que nombrase nada como “experiencia”. Lo único que había era lo que estaba ocurriendo, sin forma alguna de conocerlo. Las palabras llegaron luego.

Y también había la sensación omnipresente de que todo estaba bien, de que todo estaba impregnado de una sensación de paz y de ecuanimidad, como si todo fuesen versiones diferentes de esa paz, aparte de la cual nada existía. Yo era la paz, y también lo eran el pato que sobrevolaba la escena y la anciana renqueante; la paz lo saturaba todo, todo estaba lleno de esa paz, de esa gracia y de esa presencia incondicional y libre, de ese amor desbordante que parecía ser la esencia del mundo, la razón misma del mundo, el alfa y el omega de todo. A esa paz parecían apuntar las palabras “Dios”, “Tao” y “Buda”. Esa era la experiencia a la que, en última instancia, parecen apuntar todas las religiones. Ésa parecía la esencia misma de la fe, la muerte del yo, la muerte del “pequeño yo”, con sus mezquinos deseos, quejas y planes, la muerte de todo lo que aleja al individuo de Dios, la muerte incluso de la misma idea de Dios (no en vano los budistas dicen: ¡Si ves al Buda, mátale!) y la zambullida en la Nada que se revela como Dios más allá de Dios, la Nada que constituye la esencia de todas las cosas, la Nada que da origen a todas las formas, la Nada que es el mundo con todo su sufrimiento y maravilla, la Nada que es la Plenitud total.

Pero esa supuesta “experiencia religiosa” no es ningún tipo de experiencia, porque en ella el “yo” que experimenta ha desaparecido. No, eso es algo previo y que se encuentra más allá de toda experiencia. Es el fundamento de toda experiencia, el sustrato mismo de la existencia que nadie podría experimentar por más que el mundo durase mil millones de años más.

Fue un paseo otoñal y húmedo en un día muy normal y corriente. Pero en esa misma normalidad se reveló lo extraordinario, resplandeciendo tan intensamente en la humedad, la oscuridad y el barro del suelo que el yo se disolvió, desapareció y se convirtió en Ello.

Y aunque esta descripción suene como si hubiera ocurrido algo muy especial, ese día, bajo la lluvia, no pasó absolutamente nada. Sólo fue un paseo normal y corriente un día de lo más normal y de lo más corriente.

Atravesé la gran puerta de hierro, crucé la calzada y me uní a otras personas para esperar, bajo la marquesina de la parada, la llegada del autobús.

Nada había cambiado, pero todo era diferente. Había atisbado algo, algo muy profundo y extraordinario que, a pesar de ello, era completamente normal y corriente. No había nada sorprendente en el hecho de que lo más ordinario se revelase como el significado único de la vida y de que quien hasta entonces había creído ser se revelase como un mero relato.

No había nada sorprendente en el hecho de que lo divino se revelase en lo absolutamente obvio y de que Dios fuese uno con el mundo y estuviera presente en todas y cada una de las cosas.

Subí al autobús y, cuando la lluvia arreció contra sus sucios cristales, sonreí. ¡Qué auténtico regalo estar vivo, ahora, en este instante, en este cuerpo y en este lugar concretos, aunque todo sea un sueño, aunque todo sea impermanente y aunque, por más que busquemos, no encontremos sino vacuidad!

Jeff Foster

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